Los gringos de plano no se aguantaron. Les brotó a borbotones el ADN que tienen tatuado en cada una de las células de su cuerpo. Me refiero a la mayoría del pueblo norteamericano y a sus representantes en las cámaras de senadores y diputados, no a las pequeñas minorías inteligentes, que sí las hay pero no deciden nada, por ahora.
No podía ser de otra manera.
Para todos aquellos que esperaban alguna rectificación consecuente con la letra y el espíritu bilateral de la Iniciativa Mérida, se toparon con un muro del mismo tamaño del que están construyendo lo largo de la frontera. Y nos volvieron a escupir.
La primera muestra de esta añeja impudicia, fue la explicación fallida y patética del embajador gringo en México porque percibió que los actos intervencionistas del Congreso estadounidense causaron una gran molestia en el pueblo de México. El discurso de Felipe Calderón el 30 de mayo anterior, en presencia del embajador y tres gobernadores gringos sonó a reclamo cuando sencillamente les dijo que “Estados Unidos es el país que más drogas consume en el mundo y eso ocasiona la violencia en la frontera norte de México”.
Lo que causa mayor sorpresa, en especial para quien no conozca a los gringos, es el hecho de que para ellos es “normal” que su país a través de su gobierno y sus cámaras le pidan toda clase de informes, según se les ocurra, a otros estados soberanos porque según palabras del propio embajador, en una pretendida justificación, para ellos este es un proceso habitual. Y sí, lo es, en su larga tradición de abusos nos han dejado constancia de esa “normalidad”.
El problema es que su propia historia de latrocinios los confunde y piensan, siempre a su conveniencia, que todo lo que hacen ellos está bien y el resto de la humanidad debe plegarse a sus exigencias aún cuando impliquen un atropello, y a pesar de que los esfuerzos antidrogas de México sean, en lo inmediato, en su propio beneficio. Su avidez por las drogas les agudizará el ingenio para desarrollar nuevos proveedores en su propia casa o en donde sea.
Están en el proceso de aprobar algunos centavos, migajas para el tamaño del problema, para resolver una crisis monstruosa que los carcome, creada por ellos mismos y para la cual casi nada hacen para resolver. El efecto inmediato de su descomunal demanda de drogas explica en gran parte el florecimiento de la delincuencia organizada mundial. México no fue la excepción, su delincuencia ya es transnacional. Todas estas bandas delincuenciales únicamente aplicaron la teoría económica de las leyes del mercado y de la teoría de la oferta y la demanda, en la que son expertos los gringos, e hicieron lo necesario para abastecer esa demanda descomunal de drogas generada por los millones de drogadictos gringos. Y casi de manera natural los narcos nos invadieron de drogas y nuestros jóvenes y niños mexicanos están pagando el alto precio de sus letales apetitos.
¿Se imagina usted lo que pasaría si los gringos se dedicaran realmente, digo, con seriedad, de a deveras, con valentía, a combatir el narcotráfico en su propio territorio?
Es fácil de imaginar, tendrían tiroteos y muertos en cada esquina, batallas colosales en cada barrio y más cadáveres de los que han visto en todas sus destructivas películas a lo largo y ancho de su territorio; como producto de esta guerra habría más cadáveres de gringos acumulados en las calles que en las últimas guerras que se han inventado. Esta experiencia terrible ya la vivieron los gringos entre 1919 y 1933, durante la famosa Ley Seca que propició el surgimiento de toda clase de bandas criminales dentro y fuera de los Estados Unidos hasta que derogaron la Ley dando origen a la enmienda XXI de la Constitución norteamericana. Por eso ahora prefieren cerrar los ojos ante el tamaño del problema y que otros les hagan la chamba, es más fácil joder a los países soberanos con requisitos intervencionistas, e incluso idiotas, que lo único que buscan en el fondo es no hacer olas. Si así, Estados Unidos es actualmente el país con mayor cantidad de población carcelaria del mundo, por cada preso inglés ellos tienen cinco, seis los chinos, siete Alemania y Francia y 12 Japón; el 25% de la población penitenciaria mundial está en cárceles gringas. No hay cárceles internacionales si no ahí estarían los principales políticos de esa nación. Florecen las cárceles privadas y la explotación del trabajo penitenciario. Esto sucede en país más libre del mundo, el más democrático y el más desarrollado. Según ellos, claro. ¿Armas? Las que quieran, ahora mismo los gringos poseen 4.5 de cada diez armas que existen en el mundo.
¿Por qué no hacen lo mismo que hicieron durante la época de la prohibición y legalizan las drogas y a sus drogadictos y se dejan de tonterías?
Vea usted hasta donde llega el cinismo de los gringos. El domingo 25 de mayo de 2008 nos enteramos por El Universal, que había sido detenido un tal George Inkadosian porque desde su tienda de armamento en Phoenix, Arizona, surtía todo tipo de armas y lo que le demandaran los cárteles de la droga en México. Pues la gran noticia es que este sujeto está libre, anda en la calle con un grillete electrónico, pero libre. Además le decomisaron 1300 armas. El industrioso comerciante de la muerte únicamente tuvo que pagar una fianza de 75 mil dólares. Según los gringos lo van a llevar a juicio, dicen, por fraude, lavado de dinero, y asistencia a una organización criminal, entre otros cargos. El caso es que el tipo anda libre, con puños de dinero en los bolsillos y ya sabemos lo que eso significa en el país de los bisnes, en donde manda el billete verde: San Dólar.
Como este tipo de “comerciantes” existen cientos o miles en los Estados Unidos.
Al igual que drogas de todo tipo, venden cualquier clase de arma en cada esquina. Y como sigan ciegos y sordos, no falta mucho para que cada vivienda de su territorio se convierta en un supermercado en donde puedan conseguir pistolas, granadas y viajes al paraíso.
Desde el observatorio en el que me encuentro, sospecho que el humo de esos cigarrillos maravillosos que usan en su vida cotidiana, los efectos mágicos del polvo blanco que aspiran y las inyecciones paradisiacas que tanto aman, les obnubiló el cerebro y los llevó al túnel sin retorno de la estupidez. Para terminar, una pequeña muestra: “La Universidad de Oaksterdam, en Los Ángeles, abrió sus puertas en noviembre de 2007, para todos los que quieran variar su historial académico e incluir en su currículum clases sobre los negocios, la medicina y la política de la cannabis. ´Si alguien quiere aprender a cultivar y comerciar con la mariguana debe estudiar con nosotros´, dice Illia Gvozdenovic, director de la institución educativa”. Excélsior 04/06/08. Preocupados por la educación de sus jóvenes, ya tienen su universidad de la mariguana. Así son los gringos, industriosos, ingeniosos y mariguanos hasta el delirio.
Si usted es de los que ingenuamente piensan que con Obama o McCain en la presidencia las cosas cambiarán en los Estados Unidos déjeme decirle, iluso lector, que está usted rotundamente equivocado. Ambos políticos votaron por la construcción del muro en la frontera. Los gringos serán iguales hoy, mañana y siempre. Así es el ADN.
México recuperó la dignidad porque ya rechazó esta “ayuda” de manera contundente. ¡Vaya!
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
09 junio 2008
04 junio 2008
TRANSPARENCIA EN BCS CORRUPCIÓN Y DESCUIDO
No sé si reír o ponerme a llorar. Presentar una demanda en contra de las autoridades o de plano ver cómo nos pasa por encima el largo ferrocarril de la corrupción sin hacer nada porque el animal es muy grande. Yo, y muchos otros también, hacemos lo que podemos, lo que está a nuestro alcance pero eso no es nada, no pinta, no alcanza. La hidra de la corrupción crece y nos devora cada día. Nos alcanzó en síndrome de aquí mi chu: un pasito para delante y dos para atrás. Somos maestros del claroscuro, grandes avances y monumentales omisiones.
A la luz negra de los resultados de la encuesta bianual del Índice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno 2007, recientemente publicados por Transparencia Mexicana, hay diversas maneras de revisar el fenómeno de la corrupción y la falta de transparencia en Baja California Sur. Me referiré, principalmente, a la medición sistemática de la corrupción. Una visión, la pesimista, me permite afirmar que vamos perdiendo la dura batalla en contra de la corrupción. Los excelentes resultados obtenidos en nuestro estado en 2001, 2003 y 2005 (2º, 1º y 3er lugar) los botamos por el caño en el 2007 y descendimos hasta el lugar 17 porque las autoridades no tuvieron consistencia en su actuar ni energía para sancionar los casos claros. Tampoco tuvieron la preocupación ni la sensibilidad para darle continuidad al combate a la corrupción que vuelve a imperar en el estado. Y lo peor, con el asco de sistema de justicia penal y administrativa prevaleciente en el estado no se ve por dónde aminorar, ya no digamos resolver, este problema.
Las autoridades fueron, aún lo son, permisivas en exceso y tolerantes en demasía con los actos de corrupción que cometen los servidores públicos, se amilanan cuando hay que aplicar castigos ejemplares porque las pruebas no son de la contundencia requerida a pesar de las tropelías y se prefirieron las sanciones menores o de plano no quisieron hacer nada y los dejaban pasar para evitarse problemas. La consecuencia fatal: impunidad a placer. Los pocos juicios administrativos en curso han sido eternos, y cuando culminan, la autoridad pierde el caso y se les obliga a pagar inmensas cantidades de dinero que no tienen. La Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos está diseñada para cansar al denunciante, y si a eso le sumamos abogados incompetentes, el resultado de los procesos es una caricatura.
Lo mismo ocurre con los particulares, casi todo se permite o se tolera.
Otra forma de ver esta tragedia sería la de considerar que, sencillamente, volvimos a recuperar nuestra verdadera naturaleza: los sudcalifornianos somos corruptos de media tabla, y continuamos perdiendo los lugares de excelencia que ocupamos en relación a otros estados de la república, cuyas autoridades sí tienen un real y verdadero compromiso por atacar la corrupción grande y chiquita, no se han dormido en sus laureles y se han aplicado.
El compromiso innegable de los gobiernos que ocuparon los tres primeros lugares como los estados con menos corrupción en el país, fue más allá de aparecer en los medios repitiendo hasta el fastidio que no existe corrupción, y tampoco se termina esta lacra hablando en contra de ella en los actos públicos repletos de correligionarios. Por ahí no es.
Las actuales autoridades estatales y municipales son las responsables de que hayamos caído tanto en el índice de corrupción en el estado maravilla. Y eso no se vale. Implica dejadez, conlleva desánimo en la lucha, falta de compromiso social y en el peor de los casos complicidad.
La corrupción es un problema multifactorial enraizado en lo más hondo de la cultura nacional y a causa de la impunidad, tolerancia y complicidad existentes, goza de cabal salud; y no es patrimonio exclusivo de un solo partido, grupo social o de un nivel de gobierno en particular. Su carácter multifacético obliga a atacar el fenómeno de distintas maneras y con diversas herramientas, una de ellas, de manera destacada, es la transparencia y la rendición de cuentas, en donde también continuamos siendo opacos y muy remolones para rendir cuentas. En 2005, 2006 y 2007 BCS ocupó los lugares 27, 17 y 19 respectivamente, entre 32 estados del país, venimos remontando, es cierto, desde las más oscuras profundidades de la turbidez clandestina para situarnos, otra vez, en la media tabla, para ser más o menos transparentes o más o menos opacos, según el nivel de optimismo desde el que se juzgue.
En el caso de Baja California Sur todos perdemos con la corrupción, pero pierden más quienes ganan menos porque tienen que destinar hasta el 18% de su salario a la entrega de mordidas y pagos ilegales a las autoridades de toda laya.
De los 35 servicios públicos en los que se basó la encuesta de Transparencia aplicada en el estado maravilla, 11 empeoraron y son básicamente del ámbito municipal, eso también hay que decirlo. Destacan: estacionar el coche en la vía pública, evitar ser infraccionado y trabajar o vender en la vía pública. Pasamos de un índice de 3.9 en el 2001 a otro de 7.3 en el 2007, casi duplicamos el índice de corrupción en ese lapso. Estos conceptos de corrupción tienen que ver en primerísimo lugar con la actividad de la policía, y en segundo lugar, con las eternas mafias toleradas, las cuales, han resultado una verdadera fuente de riqueza y manipulación política para todos los partidos gobernantes: los vendedores ambulantes, fijos y semifijos.
No hace mucho, en septiembre de 2005, escribí en este mismo espacio con relación al tema: “Cada vez que quiero sentirme bien por vivir en BCS, veo con deleite, casi orgásmico, los resultados de la Encuesta Nacional de Corrupción y Buen Gobierno 2001 y 2003, en la cual, aparecemos en primerísimo lugar en la más reciente. Y de verdad que me causa una satisfacción inmensa. Reconozco que este sentimiento puede ser medio estúpido y cursi y tal vez hasta patético dirían algunos. Pero en realidad lo disfruto, es más, ya copie el reporte de la encuesta además del que me enviaron de Transparencia. En una de esas hasta lo pongo en un cuadrito en la sala de mi casa”. Soy un pinche iluso, porque ya sé que no hay nada para siempre. Ni modo.
En un tiempo no muy lejano fuimos el estado menos corrupto del país, ahora ya no estamos en ninguno de los tres primeros lugares. Fuimos un lugar privilegiado para vivir. Ya no lo somos.
¿Y ahora que hago, en dónde voy a poner el pinche cuadro que ya no sirve para nada?
Ya sé, lo pondré en el caño, que es adonde no fuimos.
A la luz negra de los resultados de la encuesta bianual del Índice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno 2007, recientemente publicados por Transparencia Mexicana, hay diversas maneras de revisar el fenómeno de la corrupción y la falta de transparencia en Baja California Sur. Me referiré, principalmente, a la medición sistemática de la corrupción. Una visión, la pesimista, me permite afirmar que vamos perdiendo la dura batalla en contra de la corrupción. Los excelentes resultados obtenidos en nuestro estado en 2001, 2003 y 2005 (2º, 1º y 3er lugar) los botamos por el caño en el 2007 y descendimos hasta el lugar 17 porque las autoridades no tuvieron consistencia en su actuar ni energía para sancionar los casos claros. Tampoco tuvieron la preocupación ni la sensibilidad para darle continuidad al combate a la corrupción que vuelve a imperar en el estado. Y lo peor, con el asco de sistema de justicia penal y administrativa prevaleciente en el estado no se ve por dónde aminorar, ya no digamos resolver, este problema.
Las autoridades fueron, aún lo son, permisivas en exceso y tolerantes en demasía con los actos de corrupción que cometen los servidores públicos, se amilanan cuando hay que aplicar castigos ejemplares porque las pruebas no son de la contundencia requerida a pesar de las tropelías y se prefirieron las sanciones menores o de plano no quisieron hacer nada y los dejaban pasar para evitarse problemas. La consecuencia fatal: impunidad a placer. Los pocos juicios administrativos en curso han sido eternos, y cuando culminan, la autoridad pierde el caso y se les obliga a pagar inmensas cantidades de dinero que no tienen. La Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos está diseñada para cansar al denunciante, y si a eso le sumamos abogados incompetentes, el resultado de los procesos es una caricatura.
Lo mismo ocurre con los particulares, casi todo se permite o se tolera.
Otra forma de ver esta tragedia sería la de considerar que, sencillamente, volvimos a recuperar nuestra verdadera naturaleza: los sudcalifornianos somos corruptos de media tabla, y continuamos perdiendo los lugares de excelencia que ocupamos en relación a otros estados de la república, cuyas autoridades sí tienen un real y verdadero compromiso por atacar la corrupción grande y chiquita, no se han dormido en sus laureles y se han aplicado.
El compromiso innegable de los gobiernos que ocuparon los tres primeros lugares como los estados con menos corrupción en el país, fue más allá de aparecer en los medios repitiendo hasta el fastidio que no existe corrupción, y tampoco se termina esta lacra hablando en contra de ella en los actos públicos repletos de correligionarios. Por ahí no es.
Las actuales autoridades estatales y municipales son las responsables de que hayamos caído tanto en el índice de corrupción en el estado maravilla. Y eso no se vale. Implica dejadez, conlleva desánimo en la lucha, falta de compromiso social y en el peor de los casos complicidad.
La corrupción es un problema multifactorial enraizado en lo más hondo de la cultura nacional y a causa de la impunidad, tolerancia y complicidad existentes, goza de cabal salud; y no es patrimonio exclusivo de un solo partido, grupo social o de un nivel de gobierno en particular. Su carácter multifacético obliga a atacar el fenómeno de distintas maneras y con diversas herramientas, una de ellas, de manera destacada, es la transparencia y la rendición de cuentas, en donde también continuamos siendo opacos y muy remolones para rendir cuentas. En 2005, 2006 y 2007 BCS ocupó los lugares 27, 17 y 19 respectivamente, entre 32 estados del país, venimos remontando, es cierto, desde las más oscuras profundidades de la turbidez clandestina para situarnos, otra vez, en la media tabla, para ser más o menos transparentes o más o menos opacos, según el nivel de optimismo desde el que se juzgue.
En el caso de Baja California Sur todos perdemos con la corrupción, pero pierden más quienes ganan menos porque tienen que destinar hasta el 18% de su salario a la entrega de mordidas y pagos ilegales a las autoridades de toda laya.
De los 35 servicios públicos en los que se basó la encuesta de Transparencia aplicada en el estado maravilla, 11 empeoraron y son básicamente del ámbito municipal, eso también hay que decirlo. Destacan: estacionar el coche en la vía pública, evitar ser infraccionado y trabajar o vender en la vía pública. Pasamos de un índice de 3.9 en el 2001 a otro de 7.3 en el 2007, casi duplicamos el índice de corrupción en ese lapso. Estos conceptos de corrupción tienen que ver en primerísimo lugar con la actividad de la policía, y en segundo lugar, con las eternas mafias toleradas, las cuales, han resultado una verdadera fuente de riqueza y manipulación política para todos los partidos gobernantes: los vendedores ambulantes, fijos y semifijos.
No hace mucho, en septiembre de 2005, escribí en este mismo espacio con relación al tema: “Cada vez que quiero sentirme bien por vivir en BCS, veo con deleite, casi orgásmico, los resultados de la Encuesta Nacional de Corrupción y Buen Gobierno 2001 y 2003, en la cual, aparecemos en primerísimo lugar en la más reciente. Y de verdad que me causa una satisfacción inmensa. Reconozco que este sentimiento puede ser medio estúpido y cursi y tal vez hasta patético dirían algunos. Pero en realidad lo disfruto, es más, ya copie el reporte de la encuesta además del que me enviaron de Transparencia. En una de esas hasta lo pongo en un cuadrito en la sala de mi casa”. Soy un pinche iluso, porque ya sé que no hay nada para siempre. Ni modo.
En un tiempo no muy lejano fuimos el estado menos corrupto del país, ahora ya no estamos en ninguno de los tres primeros lugares. Fuimos un lugar privilegiado para vivir. Ya no lo somos.
¿Y ahora que hago, en dónde voy a poner el pinche cuadro que ya no sirve para nada?
Ya sé, lo pondré en el caño, que es adonde no fuimos.
28 mayo 2008
Gringos, insolencia sin límite
Una noticia publicada en toda la prensa nacional (19/05/2008) me confirmó que los gringos carecen del más elemental sentido de la vergüenza, son cínicos, no tienen remedio, y como ya he dicho en una ocasión de otros actores, su sentido de la legalidad, de justicia y ética es equivalente a la que tiene una rata. Con perdón de las ratas. Son los amos del doble discurso y de la triple moral, según les convenga, como cualquiera podrá darse cuenta después de leer la nota titulada en la prensa nacional con la siguiente cabeza: "Condicionan fondos del Plan Mérida a reformas legales y respeto a garantías" en referencia a los fondos del mencionado plan para ayudar, con migajas, a combatir el cáncer del narcotráfico en México.
Sobran las crónicas y gráficas de los abusos recientes cometidos por los desmemoriados gringos por todo el ancho mundo, para no citar las trapacerías que han perpetrado, impunemente, a lo largo de toda su abultada historia delincuencial.
Según ellos, andan a la búsqueda de corruptos por todo el mundo pero toleran y protegen a los que se encuentran en su casa. Los gringos no viven en el país más corrupto del mundo, es cierto, pero están ubicados en el lugar 20 según Transparencia Internacional en su reporte del 2007 sobre la percepción de la corrupción. Si este tipo de condicionamientos, señalamientos o peticiones los hicieran los gobiernos de países como Dinamarca, Finlandia o Nueva Zelanda pues está bien, porque ocupan el primer lugar como los países menos corruptos del mundo según el estudio referido. Pero que los cínicos consejeros gringos nos instruyan desde el lugar número 20, y nos vengan a tratar de dar clases de moral, derechos humanos y ética, o de políticas en contra del abuso policiaco y del ejército, o en contra de la tortura o condicionar este apoyo a que se lleven a cabo reformas legales y judiciales, eso es haber perdido la razón y la vergüenza, si alguna vez tuvieron.
¿En que hueco de su cuerpo tendrán los gringos ubicada la decencia y el respeto por los demás? Estados Unidos, con el cinco por ciento de la población mundial, consume casi el 85 por ciento de la cocaína del mundo y cantidades colosales de una gran variedad de drogas de abuso que aman desaforadamente 20.4 millones de estadounidenses mayores de 12 años y esa cifra representa el 8.3% de la población mayor de 12 años (Results from the 2006 National Survey on Drug Use and Health:National Findings). Otras fuentes suben la cifra de adictos a 40 millones.
Además, son los principales productores de marihuana del mundo.
México ha puesto en la guerra en contra de la delincuencia organizada no menos de 7,000 muertos en los últimos años para combatir, en serio, el tráfico de drogas que agobia a lo mejor de nuestro país: sus jóvenes, pero que parece no complacer al país que consume la mayor cantidad de drogas por persona en el mundo. Si tuvieran un mínimo de decoro y pundonor, ofrecerían ayuda sin condiciones y de manera inmediata porque el efecto será en su propio beneficio.
Le han hecho al cuento, hasta cansarse, para aportar pinchurrientos 500 millones de dólares solicitados inicialmente y ahora terminan autorizando miserables 350 millones de dólares... y en especie. Ni para su propia conveniencia son buenos. En cambio si "nutren" al narcotráfico mexicano con 10,000 millones de dólares por año y México se obliga a gastar unos 3,900 millones de dólares anuales que merecerían un mejor destino. Pero el daño va más allá del dinero.
Vea usted, justiciero lector, lo que nos piden a los mexicanos y a sus autoridades: "Estados Unidos considera que México debe reforzar la independencia y autonomía de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y crear comisiones de quejas policiales para recibir alegatos y realizar investigaciones. Además señala la necesidad de crear un mecanismo independiente, con participación de la sociedad civil, para monitorear los programas de combate al tráfico de drogas, según el proyecto de ley".
Cómo es posible que senadores y diputados de los Estados Unidos, hayan caído en tamaño disparate. Los Estados Unidos son el país con más drogadictos en el mundo, causante directo de que los criminales organizados de México y de varias partes del orbe hayan convertido a nuestros países en un campo de batalla degradante para la vida comunitaria porque tienen que cubrir su demanda de drogas, que crece y crece año con año. Cómo es posible que el Comité de Gastos del Senado condicione la autorización de una porción de estos minúsculos fondos a que la Secretaria de Estado Condoleezza Rice, entregue al Congreso un reporte en el cual avale el inicio de una serie de reformas legales y judiciales.
Nos quieren volver a certificar exhibiendo su certificado de drogadictos.
¡Es el colmo!
De cuál fumaron.
¿Cómo es posible que el principal lavador de dólares en el mundo se atreva siquiera a dar consejos o poner condiciones de cómo deben actuar otros países para detener esta lacra maldita? ¿Quién les va a creer a los gringos que, de buena gana, renunciarían a los flujos financieros producidos por el movimiento económico del crimen organizado que significan 500 mil millones de dólares anuales en los circuitos financieros por la venta de drogas y armas realizadas a los narcotraficantes?¿En dónde tendrán la decencia o la vergüenza los gringos? O mejor dicho, ¿tendrán?
Lo que sí tienen, de eso estoy seguro, es una desfachatez insuperable y una arrogancia que solamente pueden tener los adictos que han perdido la razón y el sentido de la ética y el honor.
Después de pensar a qué obedece este tipo de comportamiento ahora sí ya me quedó claro el deseo oculto de los gringos: no quieren que baje el flujo de drogas para su población de jóvenes y menos que disminuya el flujo de armas para los delincuentes organizados de México y otras partes del mundo.
Más claro ni el agua.
Se trata de estorbar para que esta lucha de los mexicanos no dé resultados. Estamos solos en esta ofensiva y el gobierno de la república no debe aflojar ni un milímetro, vamos con los gringos o sin ellos, mejor dicho, a pesar de ellos, y por lo que vemos, tal vez sea mejor continuar sin su participación cómplice y estorbosa.
Por mi parte les pediría a los senadores y diputados de los Estados Unidos, por supuesto con todo el respeto que se merecen, que dedicaran sus míseros 350 millones de dólares es especie para atender a su creciente e imparable población de adictos o que busquen entre los pliegues de su cuerpo alguna oquedad apropiada para que ahí se los guarden. Y buen provecho.
Mejor continúen librando su "importantísima guerra estratégica" en contra de indocumentados indefensos, pobres y desarmados.
Ah, y Felipe, por favor, muestra un poquitín de dignidad.
Sobran las crónicas y gráficas de los abusos recientes cometidos por los desmemoriados gringos por todo el ancho mundo, para no citar las trapacerías que han perpetrado, impunemente, a lo largo de toda su abultada historia delincuencial.
Según ellos, andan a la búsqueda de corruptos por todo el mundo pero toleran y protegen a los que se encuentran en su casa. Los gringos no viven en el país más corrupto del mundo, es cierto, pero están ubicados en el lugar 20 según Transparencia Internacional en su reporte del 2007 sobre la percepción de la corrupción. Si este tipo de condicionamientos, señalamientos o peticiones los hicieran los gobiernos de países como Dinamarca, Finlandia o Nueva Zelanda pues está bien, porque ocupan el primer lugar como los países menos corruptos del mundo según el estudio referido. Pero que los cínicos consejeros gringos nos instruyan desde el lugar número 20, y nos vengan a tratar de dar clases de moral, derechos humanos y ética, o de políticas en contra del abuso policiaco y del ejército, o en contra de la tortura o condicionar este apoyo a que se lleven a cabo reformas legales y judiciales, eso es haber perdido la razón y la vergüenza, si alguna vez tuvieron.
¿En que hueco de su cuerpo tendrán los gringos ubicada la decencia y el respeto por los demás? Estados Unidos, con el cinco por ciento de la población mundial, consume casi el 85 por ciento de la cocaína del mundo y cantidades colosales de una gran variedad de drogas de abuso que aman desaforadamente 20.4 millones de estadounidenses mayores de 12 años y esa cifra representa el 8.3% de la población mayor de 12 años (Results from the 2006 National Survey on Drug Use and Health:National Findings). Otras fuentes suben la cifra de adictos a 40 millones.
Además, son los principales productores de marihuana del mundo.
México ha puesto en la guerra en contra de la delincuencia organizada no menos de 7,000 muertos en los últimos años para combatir, en serio, el tráfico de drogas que agobia a lo mejor de nuestro país: sus jóvenes, pero que parece no complacer al país que consume la mayor cantidad de drogas por persona en el mundo. Si tuvieran un mínimo de decoro y pundonor, ofrecerían ayuda sin condiciones y de manera inmediata porque el efecto será en su propio beneficio.
Le han hecho al cuento, hasta cansarse, para aportar pinchurrientos 500 millones de dólares solicitados inicialmente y ahora terminan autorizando miserables 350 millones de dólares... y en especie. Ni para su propia conveniencia son buenos. En cambio si "nutren" al narcotráfico mexicano con 10,000 millones de dólares por año y México se obliga a gastar unos 3,900 millones de dólares anuales que merecerían un mejor destino. Pero el daño va más allá del dinero.
Vea usted, justiciero lector, lo que nos piden a los mexicanos y a sus autoridades: "Estados Unidos considera que México debe reforzar la independencia y autonomía de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y crear comisiones de quejas policiales para recibir alegatos y realizar investigaciones. Además señala la necesidad de crear un mecanismo independiente, con participación de la sociedad civil, para monitorear los programas de combate al tráfico de drogas, según el proyecto de ley".
Cómo es posible que senadores y diputados de los Estados Unidos, hayan caído en tamaño disparate. Los Estados Unidos son el país con más drogadictos en el mundo, causante directo de que los criminales organizados de México y de varias partes del orbe hayan convertido a nuestros países en un campo de batalla degradante para la vida comunitaria porque tienen que cubrir su demanda de drogas, que crece y crece año con año. Cómo es posible que el Comité de Gastos del Senado condicione la autorización de una porción de estos minúsculos fondos a que la Secretaria de Estado Condoleezza Rice, entregue al Congreso un reporte en el cual avale el inicio de una serie de reformas legales y judiciales.
Nos quieren volver a certificar exhibiendo su certificado de drogadictos.
¡Es el colmo!
De cuál fumaron.
¿Cómo es posible que el principal lavador de dólares en el mundo se atreva siquiera a dar consejos o poner condiciones de cómo deben actuar otros países para detener esta lacra maldita? ¿Quién les va a creer a los gringos que, de buena gana, renunciarían a los flujos financieros producidos por el movimiento económico del crimen organizado que significan 500 mil millones de dólares anuales en los circuitos financieros por la venta de drogas y armas realizadas a los narcotraficantes?¿En dónde tendrán la decencia o la vergüenza los gringos? O mejor dicho, ¿tendrán?
Lo que sí tienen, de eso estoy seguro, es una desfachatez insuperable y una arrogancia que solamente pueden tener los adictos que han perdido la razón y el sentido de la ética y el honor.
Después de pensar a qué obedece este tipo de comportamiento ahora sí ya me quedó claro el deseo oculto de los gringos: no quieren que baje el flujo de drogas para su población de jóvenes y menos que disminuya el flujo de armas para los delincuentes organizados de México y otras partes del mundo.
Más claro ni el agua.
Se trata de estorbar para que esta lucha de los mexicanos no dé resultados. Estamos solos en esta ofensiva y el gobierno de la república no debe aflojar ni un milímetro, vamos con los gringos o sin ellos, mejor dicho, a pesar de ellos, y por lo que vemos, tal vez sea mejor continuar sin su participación cómplice y estorbosa.
Por mi parte les pediría a los senadores y diputados de los Estados Unidos, por supuesto con todo el respeto que se merecen, que dedicaran sus míseros 350 millones de dólares es especie para atender a su creciente e imparable población de adictos o que busquen entre los pliegues de su cuerpo alguna oquedad apropiada para que ahí se los guarden. Y buen provecho.
Mejor continúen librando su "importantísima guerra estratégica" en contra de indocumentados indefensos, pobres y desarmados.
Ah, y Felipe, por favor, muestra un poquitín de dignidad.
22 mayo 2008
OPACOS, ABUSIVOS Y GANDALLAS
Hay una lucha descarnada entre los que tienen la obligación constitucional de revisar los presupuestos ejercidos que autoriza anualmente el Congreso de la Unión y aquellos funcionarios que han hecho de la opacidad, la falta de transparencia y la rendición de cuentas una forma de vida y un sistema de gobierno rapaz. Siempre han pensado que el dinero autorizado es de su propiedad, o que se los heredó su bisabuela, y que lo pueden gastar sin freno, a discreción, para lo que perversamente se le ocurra aduciendo una verdadera estupidez: un poder no puede fiscalizar a otro. Es decir, invocan que como el órgano fiscalizador del Congreso, la Auditoría Superior de la Federación, pertenece al poder legislativo pues sencillamente no se pueden meter a husmear para saber el destino del dinero autorizado... ¡por la misma Cámara de Diputados! a los diferentes órganos públicos del estado mexicano.
Se han resistido como un cochi muerto de hambre se aferra a una desdentada mazorca.
He leído con vergüenza y algo de irritación, he de reconocerlo, un documento que publica la Auditoria Superior de la Federación (ASF) en su sitio Web, titulado Obstáculos a la Fiscalización Superior, en donde, con toda claridad, señala haber advertido actitudes de cuestionamiento y oposición “para el desarrollo de sus revisiones lo que ha dificultado sus trabajos y muestra cierta tendencia a inhibir la fiscalización superior, la que no puede permitir excepción alguna”.
Y la sorpresa aumenta, aunque en realidad sólo para aquellos que no han tenido el privilegio de leer una columna que se llama Némesis, porque ¿adivine usted fiscalizado lector, quienes son los que se han opuesto a que la ASF los revise para ver si están gastando el dinero público conforme lo autorizó el Congreso en el Presupuesto de Egresos de la Federación? Pues muy bien, acertado lector, los que se opusieron, en primerísimo término, son los tradicionales abusivos y vividores del Poder Judicial de la Federación encabezados y defendidos por la Suprema Corte. Por su parte, en el Poder Ejecutivo hay algunas dependencias a las que les rechinan los dientes cada vez que escuchan el término auditoría, como las secretarías de Energía, la del Medio Ambiente y Recursos Naturales, la de Gobernación y la de Comunicaciones y Transportes. Hasta les suda la cola porque uno debe suponer que la tienen muy larga, larguísima y sucia.
Entre el Ejecutivo Federal y la Suprema Corte han formado una mancuerna fenomenal para cerrarles al paso a los auditores de la federación cuando quieren hacer alguna revisión. Y la coartada perfecta para impedirlo es que la opaca dependencia que no acepta ser auditada planta inmediatamente una controversia constitucional en contra de la ASF ¿y adivine usted ante quien?, pues ante sus aparentes y turbios cómplices: la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Con eso se cierra el círculo infame y así ambos poderes se defienden de los aguerridos auditores del Congreso de la Unión.
Y uno se pregunta ¿pues de dónde viene tanta oposición?, puede que en realidad tengan razón y exista algún impedimento constitucional por el cual no puedan revisarles sus cuentas. Pero no, no es así, no existe fundamento legal válido. Vea usted cuáles son los conceptos de las auditorias que estas autoridades han tratado de impedir.
En la Secretaría de Gobernación pretendían revisar tres conceptos: Programas y Campañas de Comunicación Social del Gobierno Federal; Evaluación de Proceso para el Otorgamiento de Permisos de Sorteos; y Evaluación del Proceso para el Otorgamiento de Modificaciones a los Permisos para la Operación de Casas de Juego. ¡Gulp! Qué bárbaros estos de la ASF cómo se quieren meter en ese estercolero. Pues claro que las autoridades afectadas se van a oponer con todos sus recursos tramposos y se apoyarán en los leguleyos que haga falta para impedir, cueste lo que cueste, la revisión de esos programas “ultrasecretos”.
Y en el caso de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes se pretende revisar a una empresa llamada Administración Portuaria Integral de Dos Bocas S. A. de C. V. (¿le suena a alguna parecida?) y en vez de permitir la auditoria promovieron un amparo indirecto contra la revisión denominada Evaluación del Proceso Utilizado para el Otorgamiento de Contratos de Prestación de Servicios Portuarios. El alegato es el mismo manido de siempre en donde argumentan que el objeto de la revisión “no corresponde a la gestión financiera, excediendo las facultades de la ASF”. El caso es impedir a toda costa que los auditen.
Y que pasa con la Secretaría de Energía en donde huele a petróleo, a gas, y desde luego, a carretadas de dinero fresco y sin huella, un aroma de varios miles de millones de pesos. En este caso se pretendía auditar los programas: Evaluación del Proceso para el Otorgamiento de Permisos de Estaciones de Carburación de Gas L. P. y comenzaron a escucharse rechinidos por todos los rincones. También se llevaría a cabo la auditoria Evaluación del Proceso Utilizado para el Otorgamiento de Permisos de Certificados Fitosanitarios, y una más, denominada Evaluación del Proceso para el Otorgamiento de Permisos de Exploración y Explotación de Hidrocarburos. Porque tanta inquina, caray.
No, pues así quien no se va a oponer y a patalear. En un ataque de vergüenza tardía el 18 de febrero, la Secretaría de Gobernación decidió retirar la controversia planteada para tres auditorías y la ASF estaba a la espera del comunicado oficial, pero el resto de las dependencias no las han retirado, y aunque lo hicieran, esa acción no borraría el hecho de un manejo oscuro en las decisiones y en el uso de los fondos presupuestales. La Comisión de Vigilancia del Congreso de la Unión anunció recientemente la entrega de ocho iniciativas de reformas a leyes secundarias en materia de fiscalización superior “para acotar la discrecionalidad de recursos públicos, así como para evaluar el desempeño y las metas en gobiernos estatales”, esperando que una vez aprobadas se les quite, con la fuerza de la ley, lo gandallas.
Para que mis dos laboriosos lectores se den una idea de la bajísima estatura moral de los prohombres de la Suprema Corte, sepan ustedes que hay un juicio, promovido por ellos mismos, en donde nos percatamos que son naturalmente abusivos y gandallas porque lo llevan en su ADN, vea usted: “Los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación decidieron mandar el caso a la congeladora; se trata del litigio que promueve el Poder Judicial para no pagar agua y el impuesto sobre la nómina de sus trabajadores. El ministro encargado del tema, Sergio Valls, estará fuera una semana y varios de sus compañeros tienen un compromiso ´ineludible´ en las playas de Cancún, para participar en un Congreso sobre derecho constitucional”. (Bajo Reserva, El Universal 14-05-2008). ¿Es este el Poder Judicial? Si, tal cual.
Se han resistido como un cochi muerto de hambre se aferra a una desdentada mazorca.
He leído con vergüenza y algo de irritación, he de reconocerlo, un documento que publica la Auditoria Superior de la Federación (ASF) en su sitio Web, titulado Obstáculos a la Fiscalización Superior, en donde, con toda claridad, señala haber advertido actitudes de cuestionamiento y oposición “para el desarrollo de sus revisiones lo que ha dificultado sus trabajos y muestra cierta tendencia a inhibir la fiscalización superior, la que no puede permitir excepción alguna”.
Y la sorpresa aumenta, aunque en realidad sólo para aquellos que no han tenido el privilegio de leer una columna que se llama Némesis, porque ¿adivine usted fiscalizado lector, quienes son los que se han opuesto a que la ASF los revise para ver si están gastando el dinero público conforme lo autorizó el Congreso en el Presupuesto de Egresos de la Federación? Pues muy bien, acertado lector, los que se opusieron, en primerísimo término, son los tradicionales abusivos y vividores del Poder Judicial de la Federación encabezados y defendidos por la Suprema Corte. Por su parte, en el Poder Ejecutivo hay algunas dependencias a las que les rechinan los dientes cada vez que escuchan el término auditoría, como las secretarías de Energía, la del Medio Ambiente y Recursos Naturales, la de Gobernación y la de Comunicaciones y Transportes. Hasta les suda la cola porque uno debe suponer que la tienen muy larga, larguísima y sucia.
Entre el Ejecutivo Federal y la Suprema Corte han formado una mancuerna fenomenal para cerrarles al paso a los auditores de la federación cuando quieren hacer alguna revisión. Y la coartada perfecta para impedirlo es que la opaca dependencia que no acepta ser auditada planta inmediatamente una controversia constitucional en contra de la ASF ¿y adivine usted ante quien?, pues ante sus aparentes y turbios cómplices: la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Con eso se cierra el círculo infame y así ambos poderes se defienden de los aguerridos auditores del Congreso de la Unión.
Y uno se pregunta ¿pues de dónde viene tanta oposición?, puede que en realidad tengan razón y exista algún impedimento constitucional por el cual no puedan revisarles sus cuentas. Pero no, no es así, no existe fundamento legal válido. Vea usted cuáles son los conceptos de las auditorias que estas autoridades han tratado de impedir.
En la Secretaría de Gobernación pretendían revisar tres conceptos: Programas y Campañas de Comunicación Social del Gobierno Federal; Evaluación de Proceso para el Otorgamiento de Permisos de Sorteos; y Evaluación del Proceso para el Otorgamiento de Modificaciones a los Permisos para la Operación de Casas de Juego. ¡Gulp! Qué bárbaros estos de la ASF cómo se quieren meter en ese estercolero. Pues claro que las autoridades afectadas se van a oponer con todos sus recursos tramposos y se apoyarán en los leguleyos que haga falta para impedir, cueste lo que cueste, la revisión de esos programas “ultrasecretos”.
Y en el caso de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes se pretende revisar a una empresa llamada Administración Portuaria Integral de Dos Bocas S. A. de C. V. (¿le suena a alguna parecida?) y en vez de permitir la auditoria promovieron un amparo indirecto contra la revisión denominada Evaluación del Proceso Utilizado para el Otorgamiento de Contratos de Prestación de Servicios Portuarios. El alegato es el mismo manido de siempre en donde argumentan que el objeto de la revisión “no corresponde a la gestión financiera, excediendo las facultades de la ASF”. El caso es impedir a toda costa que los auditen.
Y que pasa con la Secretaría de Energía en donde huele a petróleo, a gas, y desde luego, a carretadas de dinero fresco y sin huella, un aroma de varios miles de millones de pesos. En este caso se pretendía auditar los programas: Evaluación del Proceso para el Otorgamiento de Permisos de Estaciones de Carburación de Gas L. P. y comenzaron a escucharse rechinidos por todos los rincones. También se llevaría a cabo la auditoria Evaluación del Proceso Utilizado para el Otorgamiento de Permisos de Certificados Fitosanitarios, y una más, denominada Evaluación del Proceso para el Otorgamiento de Permisos de Exploración y Explotación de Hidrocarburos. Porque tanta inquina, caray.
No, pues así quien no se va a oponer y a patalear. En un ataque de vergüenza tardía el 18 de febrero, la Secretaría de Gobernación decidió retirar la controversia planteada para tres auditorías y la ASF estaba a la espera del comunicado oficial, pero el resto de las dependencias no las han retirado, y aunque lo hicieran, esa acción no borraría el hecho de un manejo oscuro en las decisiones y en el uso de los fondos presupuestales. La Comisión de Vigilancia del Congreso de la Unión anunció recientemente la entrega de ocho iniciativas de reformas a leyes secundarias en materia de fiscalización superior “para acotar la discrecionalidad de recursos públicos, así como para evaluar el desempeño y las metas en gobiernos estatales”, esperando que una vez aprobadas se les quite, con la fuerza de la ley, lo gandallas.
Para que mis dos laboriosos lectores se den una idea de la bajísima estatura moral de los prohombres de la Suprema Corte, sepan ustedes que hay un juicio, promovido por ellos mismos, en donde nos percatamos que son naturalmente abusivos y gandallas porque lo llevan en su ADN, vea usted: “Los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación decidieron mandar el caso a la congeladora; se trata del litigio que promueve el Poder Judicial para no pagar agua y el impuesto sobre la nómina de sus trabajadores. El ministro encargado del tema, Sergio Valls, estará fuera una semana y varios de sus compañeros tienen un compromiso ´ineludible´ en las playas de Cancún, para participar en un Congreso sobre derecho constitucional”. (Bajo Reserva, El Universal 14-05-2008). ¿Es este el Poder Judicial? Si, tal cual.
22 abril 2008
ENGATUSADO EN INFINITUM
Había llegado la hora de la modernización, de la conexión de alta velocidad, del acceso fulminante al sorprendente mundo de la Internet. Por cierto bastante tarde, como en muchas otras materias. A veces uno no se moderniza por razones tan pedestres como la falta de dinero, o por carencia de equipo el cual, desde luego, tiene un costo alto. Sin olvidar la razón más importante: el analfabetismo digital, la negación personal a incorporarse a la tecnología porque no se tienen los conocimientos básicos o de plano miedo porque no se tiene ninguna intención de entrarle a la este tipo de temas. La tecnología cuesta y una cosa lleva a la otra. Es como las mujeres que tienen una boda programada y se compran unos cómodos y hermosos zapatos, al último grito de la moda; pero ahí comienza apenas gasto. Luego se dan cuenta de que requieren de un vestido adecuado para calzar los zapatos que se compraron y comienzan a sumarle otros pequeños gastos como la obligada manita de gato en el salón de belleza, una bolsa, y en la suma total el gasto ascenderá a varios miles de pesos o cientos, depende de los ingresos y los gustos de cada quien.
Igual pasa con la tecnología en lo que se ha llamado genéricamente informática que para el caso es simplemente un conjunto de dos computadoras y un modem.
Bueno, pues finalmente me decidí a contratar el infinitum de alta velocidad, anunciado hasta la náusea por la empresa promotora, en realidad ni tanta rapidez porque solamente contrate el paquete de 1 mega, aunque comparados con los 50 kbps de la línea telefónica equivalía a un salto cuántico. Me dijeron por teléfono, y en la tienda y en los correos recibidos, que la velocidad contratada sería de 1 mega y yo estuve de acuerdo. Cerramos el trato en forma rápida una vez que se tomaron las decisiones y listo. Inició la espera. A los tres días me llegó el modem inalámbrico y a conectar y revisar durante los tiempos libres del día y de la noche, hasta que todas las conexiones estuvieron en su lugar. Como sucede con todo lo nuevo, la ansiedad llega a la desesperación cuando ya se quiere estrenar la reciente adquisición.
Todo listo. Pero había que esperar para configurar ahora el modem y para ello había que llamar al 01800 del proveedor y lo hicimos. El acceso vía telefónica a los servicios de asesoría es fácil y cómodo. No importa que a los usuarios nos quede la impresión de que los asesores a cargo transmitan a veces la impresión de estar tratando con retardados, o que lo traten a uno como a párvulos dejando notar una cierta impaciencia con los usuarios. Intentan ocultar, sin conseguirlo, su desesperación por tener que repetir hasta el agotamiento casi las mismas cosas a cientos o a miles de clientes que requieren asesoría. Desde luego nada que no pueda ser tolerado y superado, y digamos que, en general, el servicio que proporcionan los asesores es bueno a secas y tiene la ventaja de la disponibilidad siempre que se ofrece.
Al fin quedó configurado el sistema, que incluye desde luego las computadoras desde donde se accederá al modem y a la conexión a Internet. Y uno piensa que ya está todo listo… pero no es así.
La primera sorpresa recibida, fue que la velocidad no era la que yo suponía haber contratado, digamos que 1000 kbps, para hacerlo más sencillo, y equivalen más o menos a 1 mega. La conexión exitosa inicial la tuve a 250 kbps, aproximadamente, pero no pasé, en estos primeros intentos, de los 500 kbps. Y comencé a montar en cólera porque no se había respetado mi contrato original por el que pagaría lo convenido, mes a mes, puntualmente. De inmediato me comunique con los asesores por teléfono y comenzó la cauda de explicaciones de un lado y de otro; a veces tenía la sensación de que estaba hablando con una pared porque asesores y asesoras estaban cortados por la misma tijera, no respondían a las preguntas y reclamos, solamente recitaban la misma cantaleta impersonal y mis razonamientos se quedaban en el aire, lo cual me enfurecía aún más. Mi reclamo mayor era que no me habían entregado la velocidad contratada y fue en un momento de lucidez de mis asesores cuando recibí la respuesta: “es que la publicidad dice claramente que es hasta 1 mega de velocidad”. Yo les explicaba, una y otra vez, que si eso decía la publicidad pues tendría que haber momentos en los cuales la velocidad llegara a los 1000 kbps, pero el caso es que nunca me han dado esa cantidad. Después de mis quejas por la bajísima velocidad, los asesores movieron algo y fueron subiéndola poco a poco hasta que después de unos 7 intentos comencé a navegar a 850 kbps, más o menos. Había transcurrido una semana. La última prueba de velocidad la hice el sábado anterior con resultados variables en tres distintos medidores: la menor fue 465 kbps y en otro llegué hasta 861 kbps.
El caso es que nunca conseguí, ni espero llegar, “hasta” la velocidad prometida, ni siquiera de vez en cuando, porque así entiendo que puede suceder cuando alguien ofrece “hasta” tal o cual velocidad. Yo alegaba que si ellos prometían “hasta 1 mega”, pues en alguna ocasión debería de lograr esa meta y jamás he rebasado los 870 kbps. Siempre es menos pero nunca es más. Lo que digo es que podría pasar una semana o algunos días en que pudiera alcanzar la velocidad de 1 mega, y en otros días eso no ocurra y baje a 900 o a 500, pero en algún momento debería llegar “hasta”, la ansiada velocidad de 1 mega. Según la trampa, en tanto ellos me den entre 0.1kbps y un mega pues estarán dentro de lo que prometen: el “hasta”.
Todavía se alcanzaron la puntada genial de acusarme al decir que seguramente mi equipo no era muy moderno, y según ellos, pues ahí estaba el problema. Encima de que no entregan lo que prometen le cargan todas las culpas al cliente, por obsoleto y pobretón, porque no tiene una computadora ultramoderna para recibir sus “hasta” grandes velocidades. No les dije que no mamen porque ya no quiero enojarme por teléfono. Así que aguanté vara y aquí me tienen.
Pasaron varios días hasta que me di cuenta del gran truco encerrado en el “hasta”. Pero ya estaba engatusado, y en este camino es más fácil empujar para adelante que echar reversa.
También descubrí que yo les puedo pagar “hasta” 599 pesos igual que ellos me prometieron “hasta” 1000 kbps. A ver si resulta. Y cuando me digan “oiga, le faltan 200 pesos” les tendré que recordar que nuestro contrato decía “hasta”. Pero como sé que son bien gandallas, tengo la certeza de que si hago lo que digo, entonces con solo apretar un botón me pueden enviar de regreso a la máquina de escribir que usaba mi hija en la secundaria. Y al buró, y al infierno financiero, al ostracismo, y me cancelarán el teléfono por jodón y porque soy un cliente demasiado exigente. La realidad es que quiero contribuir a mantener al señor Slim en el primerísimo lugar que ocupa como el más rico del mundo. Hasta arriba. Faltaba más.Y ya ni les cuento de la computadora portátil que me acabo de comprar para estar a tono con la “alta velocidad” que me ofrecieron, eso no se los voy a reclamar. Lo que sí les puedo decir a mis megalectores, es que esta modernizada me costó un ojo de la cara.
Igual pasa con la tecnología en lo que se ha llamado genéricamente informática que para el caso es simplemente un conjunto de dos computadoras y un modem.
Bueno, pues finalmente me decidí a contratar el infinitum de alta velocidad, anunciado hasta la náusea por la empresa promotora, en realidad ni tanta rapidez porque solamente contrate el paquete de 1 mega, aunque comparados con los 50 kbps de la línea telefónica equivalía a un salto cuántico. Me dijeron por teléfono, y en la tienda y en los correos recibidos, que la velocidad contratada sería de 1 mega y yo estuve de acuerdo. Cerramos el trato en forma rápida una vez que se tomaron las decisiones y listo. Inició la espera. A los tres días me llegó el modem inalámbrico y a conectar y revisar durante los tiempos libres del día y de la noche, hasta que todas las conexiones estuvieron en su lugar. Como sucede con todo lo nuevo, la ansiedad llega a la desesperación cuando ya se quiere estrenar la reciente adquisición.
Todo listo. Pero había que esperar para configurar ahora el modem y para ello había que llamar al 01800 del proveedor y lo hicimos. El acceso vía telefónica a los servicios de asesoría es fácil y cómodo. No importa que a los usuarios nos quede la impresión de que los asesores a cargo transmitan a veces la impresión de estar tratando con retardados, o que lo traten a uno como a párvulos dejando notar una cierta impaciencia con los usuarios. Intentan ocultar, sin conseguirlo, su desesperación por tener que repetir hasta el agotamiento casi las mismas cosas a cientos o a miles de clientes que requieren asesoría. Desde luego nada que no pueda ser tolerado y superado, y digamos que, en general, el servicio que proporcionan los asesores es bueno a secas y tiene la ventaja de la disponibilidad siempre que se ofrece.
Al fin quedó configurado el sistema, que incluye desde luego las computadoras desde donde se accederá al modem y a la conexión a Internet. Y uno piensa que ya está todo listo… pero no es así.
La primera sorpresa recibida, fue que la velocidad no era la que yo suponía haber contratado, digamos que 1000 kbps, para hacerlo más sencillo, y equivalen más o menos a 1 mega. La conexión exitosa inicial la tuve a 250 kbps, aproximadamente, pero no pasé, en estos primeros intentos, de los 500 kbps. Y comencé a montar en cólera porque no se había respetado mi contrato original por el que pagaría lo convenido, mes a mes, puntualmente. De inmediato me comunique con los asesores por teléfono y comenzó la cauda de explicaciones de un lado y de otro; a veces tenía la sensación de que estaba hablando con una pared porque asesores y asesoras estaban cortados por la misma tijera, no respondían a las preguntas y reclamos, solamente recitaban la misma cantaleta impersonal y mis razonamientos se quedaban en el aire, lo cual me enfurecía aún más. Mi reclamo mayor era que no me habían entregado la velocidad contratada y fue en un momento de lucidez de mis asesores cuando recibí la respuesta: “es que la publicidad dice claramente que es hasta 1 mega de velocidad”. Yo les explicaba, una y otra vez, que si eso decía la publicidad pues tendría que haber momentos en los cuales la velocidad llegara a los 1000 kbps, pero el caso es que nunca me han dado esa cantidad. Después de mis quejas por la bajísima velocidad, los asesores movieron algo y fueron subiéndola poco a poco hasta que después de unos 7 intentos comencé a navegar a 850 kbps, más o menos. Había transcurrido una semana. La última prueba de velocidad la hice el sábado anterior con resultados variables en tres distintos medidores: la menor fue 465 kbps y en otro llegué hasta 861 kbps.
El caso es que nunca conseguí, ni espero llegar, “hasta” la velocidad prometida, ni siquiera de vez en cuando, porque así entiendo que puede suceder cuando alguien ofrece “hasta” tal o cual velocidad. Yo alegaba que si ellos prometían “hasta 1 mega”, pues en alguna ocasión debería de lograr esa meta y jamás he rebasado los 870 kbps. Siempre es menos pero nunca es más. Lo que digo es que podría pasar una semana o algunos días en que pudiera alcanzar la velocidad de 1 mega, y en otros días eso no ocurra y baje a 900 o a 500, pero en algún momento debería llegar “hasta”, la ansiada velocidad de 1 mega. Según la trampa, en tanto ellos me den entre 0.1kbps y un mega pues estarán dentro de lo que prometen: el “hasta”.
Todavía se alcanzaron la puntada genial de acusarme al decir que seguramente mi equipo no era muy moderno, y según ellos, pues ahí estaba el problema. Encima de que no entregan lo que prometen le cargan todas las culpas al cliente, por obsoleto y pobretón, porque no tiene una computadora ultramoderna para recibir sus “hasta” grandes velocidades. No les dije que no mamen porque ya no quiero enojarme por teléfono. Así que aguanté vara y aquí me tienen.
Pasaron varios días hasta que me di cuenta del gran truco encerrado en el “hasta”. Pero ya estaba engatusado, y en este camino es más fácil empujar para adelante que echar reversa.
También descubrí que yo les puedo pagar “hasta” 599 pesos igual que ellos me prometieron “hasta” 1000 kbps. A ver si resulta. Y cuando me digan “oiga, le faltan 200 pesos” les tendré que recordar que nuestro contrato decía “hasta”. Pero como sé que son bien gandallas, tengo la certeza de que si hago lo que digo, entonces con solo apretar un botón me pueden enviar de regreso a la máquina de escribir que usaba mi hija en la secundaria. Y al buró, y al infierno financiero, al ostracismo, y me cancelarán el teléfono por jodón y porque soy un cliente demasiado exigente. La realidad es que quiero contribuir a mantener al señor Slim en el primerísimo lugar que ocupa como el más rico del mundo. Hasta arriba. Faltaba más.Y ya ni les cuento de la computadora portátil que me acabo de comprar para estar a tono con la “alta velocidad” que me ofrecieron, eso no se los voy a reclamar. Lo que sí les puedo decir a mis megalectores, es que esta modernizada me costó un ojo de la cara.
09 abril 2008
TERMINÓ LA MISIÓN IMPOSIBLE
El 30 de abril termina el periodo constitucional del XII Ayuntamiento de La Paz.
Fueron apenas tres años de gobierno municipal. Para algunos muy pocos si vemos el tamaño de la tarea en el momento en que iniciaron. Para otros, esta administración municipal significó un reto desocomunal al que había que aplicarse al máximo para tener resultados en un plazo tan corto como un periodo de gobierno municipal.
Al inicio de esta administración, el ruinoso barco llamado municipio de La Paz, se encontraba semi hundido, casi a pique, con la proa bajo el mar. No es que sólo hiciera agua, no, la nave estaba a punto de hundirse en ese momento. Se ocupaba un buen capitán. Llegaron las elecciones y la gente votó mayoritariamente por Víctor Castro Cosío, depositó en él sus esperanzas y le otorgó un mandato claro: dedíquese a gobernar, sin poses ni trapacerías, con orden y honestidad; con sentido común y sensatez. No más.
Hubo que entrarle al desafío con algo más que ganas y saliva. La aplicación de la pura política no era suficiente, había que administrar técnicamente. Se requirió primero de la integración de un equipo de navegantes que contara con un espíritu de cuerpo, un equipo consistente, confiable y comprometido para rescatar al municipio.
No se trataba de reunir palomilla buena para nada, de esos que solamente asisten con entusiasmo a las farras y al desmadre. No. Tampoco se trató de dar premios a nadie por meritos en campaña para beneficiarse del saqueo y el pillaje. Había que enfrentar una tarea trascendental y para ello se requería de gente probada, leal y eficaz. Muchos de ellos ya estaban trabajando en el ayuntamiento pero sin una clara idea del propósito ni de sus fines por la falta de liderazgo. Sus referentes durante la “administración” anterior en donde les tocó colaborar eran ineficaces y depredadores. Eran víctimas o piezas simples de ajedrez en un juego perverso.
Simplemente no hay comparación entre los resultados de la administración anterior y la que termina. Es más, los paceños memoriosos, que hay algunos, podrán evaluar con certeza los avances logrados durante los últimos tres años, y calificarán, seguramente mejor que yo, el desempeño del XII Ayuntamiento de La Paz presidido por Víctor Castro Cosío. El equipo de trabajo del XII ayuntamiento se integró con personal eficaz y comprometido, conocedor de sus materias en la gran mayoría de los casos, lo que les permitió obtener resultados en un plazo breve.
El primer paso estratégico consistió en implantar un programa de austeridad obligatorio e integral, parejo, había que administrar la miseria y el cascajo que dejaron. Y construir.
Después, con el enojo y la molestia de muchos, se cancelaron los privilegios y vieron su fin los bonos, el pago de celulares, el consumo particular de gasolina, los premios, los prestamos, el uso personal de los carros, los descuentos en el pago de los servicios municipales, el gasto sin sustento presupuestal y decenas de gastos devastadores y abusivos. Un dato le dará a usted lector, la dimensión clara del impacto de estas medidas. El consumo anual de gasolina en el 2004, fue de poco más de dos millones de litros, y cayó a 1.7 millones en el 2005 para terminar con 1.9 millones de litros en el 2007, pero con una pequeña diferencia: la flota vehicular ahora es 10 veces mayor que en la anterior administración.
Antes, la prioritaria tarea de la seguridad pública contaba apenas con 11 patrullas en el 2004, eso fue lo que dejaron, destartaladas, viejas o descompuestas para el servicio de la ciudad capital del estado y de sus cinco delegaciones municipales; hoy existen 64 funcionando. Antes, el grado de corrupción en la función pública alcanzó niveles vergonzozos de impunidad pero no hubo un solo servidor público sancionado y a los escasos cuatro funcionarios que tenían en capilla no los quisieron sancionar y se hizo justicia hasta que inició la XII administración. En estos tres años se han castigado a cien servidores públicos municipales por diversas faltas y grados de responsabilidad, y las sanciones van desde la destitución del empleo hasta la suspensión y amonestación. Se acabó la impunidad y se escuchó y atendió a la población agraviada por servidores públicos, bajo la premisa de que toda queja o denuncia tuviera una respuesta.
Antes, en 2004, el municipio captaba apenas 183 millones de pesos anuales de recursos propios, ahora son 320 millones, un 75% mayor. El presupuesto total del ayuntamiento se incrementó en más del 54% entre 2004 y 2007.
Antes casi no existían computadoras ni conectividad; el numero de estos equipos por trabajador era bajísimo, sin servidores ni Internet y cero sistemas integrados para dar un mejor servicio a los paceños; hoy cada trabajador que ocupa una computadorea para desarrollar mejor su trabajo, la tiene; hay conexión a la red de alta velocidad, bases de datos y sistemas en proceso de integración. Existe una página de Internet del Ayuntamiento alojada en un servidor propio y con contenidos relevantes que facilitan los procesos de transparencia y acceso a la información pública, y además, premiada por un organismo intenacional.
Nunca, no me equivoqué, dije nunca, en la historia del municipio de La Paz se había hecho una entrega recepción como la que se hará a la XIII administración: todo documentado, con orden y finanzas claras acompañadas por una auditoría externa. Y una organización de la administración pública municipal totalmente modernizada.
Víctor Castro entrega buenas cuentas. Tan buenas que hizo ganar a su partido porque la gente se dio cuenta de que hubo un desempeño sensato y eficaz. No tengo referencia de servidores públicos del equipo cercano del alcalde que fueran abusivos o que dejaran fama pública de corruptos o de ser nuevos ricos. Víctor Castro y su equipo cercano de colaboradores podrán pasear por las calles de su pueblo sin oprobio ni riesgo de ser insultados. Al contrario, serán saludados con respeto, afecto y reconocimiento.
Hay, seguramente, infinidad de cosas por hacer, pendientes que cumplir, pero ya no habrá tiempo para este equipo, ahora viene un relevo para continuar y dispondrán de una ventaja extraordinaria: tendrán algo de dinero en caja, lo cual es insólito, además de un equipo consolidado y en marcha en las áreas operativas.
A los que llegan y a los que se vayan, buena suerte. Y un buen desempeño para los que continuen. Las nuevas autoridades tienen, para empezar, un digno referente en el ayuntamiento que termina y en su líder que entrega.
Y como la política no es gripa, es decir, no hay cura posible, habrá oportunidad de revalidar con votos, en el futuro cercano, el buen desempeño al que lo merezca.
Por lo pronto, bien vale agradecer, sin mezquindades, el esfuerzo personal invertido: gracias, pues, a Don Víctor Castro Cosío y a su equipo. Hasta siempre.
Fueron apenas tres años de gobierno municipal. Para algunos muy pocos si vemos el tamaño de la tarea en el momento en que iniciaron. Para otros, esta administración municipal significó un reto desocomunal al que había que aplicarse al máximo para tener resultados en un plazo tan corto como un periodo de gobierno municipal.
Al inicio de esta administración, el ruinoso barco llamado municipio de La Paz, se encontraba semi hundido, casi a pique, con la proa bajo el mar. No es que sólo hiciera agua, no, la nave estaba a punto de hundirse en ese momento. Se ocupaba un buen capitán. Llegaron las elecciones y la gente votó mayoritariamente por Víctor Castro Cosío, depositó en él sus esperanzas y le otorgó un mandato claro: dedíquese a gobernar, sin poses ni trapacerías, con orden y honestidad; con sentido común y sensatez. No más.
Hubo que entrarle al desafío con algo más que ganas y saliva. La aplicación de la pura política no era suficiente, había que administrar técnicamente. Se requirió primero de la integración de un equipo de navegantes que contara con un espíritu de cuerpo, un equipo consistente, confiable y comprometido para rescatar al municipio.
No se trataba de reunir palomilla buena para nada, de esos que solamente asisten con entusiasmo a las farras y al desmadre. No. Tampoco se trató de dar premios a nadie por meritos en campaña para beneficiarse del saqueo y el pillaje. Había que enfrentar una tarea trascendental y para ello se requería de gente probada, leal y eficaz. Muchos de ellos ya estaban trabajando en el ayuntamiento pero sin una clara idea del propósito ni de sus fines por la falta de liderazgo. Sus referentes durante la “administración” anterior en donde les tocó colaborar eran ineficaces y depredadores. Eran víctimas o piezas simples de ajedrez en un juego perverso.
Simplemente no hay comparación entre los resultados de la administración anterior y la que termina. Es más, los paceños memoriosos, que hay algunos, podrán evaluar con certeza los avances logrados durante los últimos tres años, y calificarán, seguramente mejor que yo, el desempeño del XII Ayuntamiento de La Paz presidido por Víctor Castro Cosío. El equipo de trabajo del XII ayuntamiento se integró con personal eficaz y comprometido, conocedor de sus materias en la gran mayoría de los casos, lo que les permitió obtener resultados en un plazo breve.
El primer paso estratégico consistió en implantar un programa de austeridad obligatorio e integral, parejo, había que administrar la miseria y el cascajo que dejaron. Y construir.
Después, con el enojo y la molestia de muchos, se cancelaron los privilegios y vieron su fin los bonos, el pago de celulares, el consumo particular de gasolina, los premios, los prestamos, el uso personal de los carros, los descuentos en el pago de los servicios municipales, el gasto sin sustento presupuestal y decenas de gastos devastadores y abusivos. Un dato le dará a usted lector, la dimensión clara del impacto de estas medidas. El consumo anual de gasolina en el 2004, fue de poco más de dos millones de litros, y cayó a 1.7 millones en el 2005 para terminar con 1.9 millones de litros en el 2007, pero con una pequeña diferencia: la flota vehicular ahora es 10 veces mayor que en la anterior administración.
Antes, la prioritaria tarea de la seguridad pública contaba apenas con 11 patrullas en el 2004, eso fue lo que dejaron, destartaladas, viejas o descompuestas para el servicio de la ciudad capital del estado y de sus cinco delegaciones municipales; hoy existen 64 funcionando. Antes, el grado de corrupción en la función pública alcanzó niveles vergonzozos de impunidad pero no hubo un solo servidor público sancionado y a los escasos cuatro funcionarios que tenían en capilla no los quisieron sancionar y se hizo justicia hasta que inició la XII administración. En estos tres años se han castigado a cien servidores públicos municipales por diversas faltas y grados de responsabilidad, y las sanciones van desde la destitución del empleo hasta la suspensión y amonestación. Se acabó la impunidad y se escuchó y atendió a la población agraviada por servidores públicos, bajo la premisa de que toda queja o denuncia tuviera una respuesta.
Antes, en 2004, el municipio captaba apenas 183 millones de pesos anuales de recursos propios, ahora son 320 millones, un 75% mayor. El presupuesto total del ayuntamiento se incrementó en más del 54% entre 2004 y 2007.
Antes casi no existían computadoras ni conectividad; el numero de estos equipos por trabajador era bajísimo, sin servidores ni Internet y cero sistemas integrados para dar un mejor servicio a los paceños; hoy cada trabajador que ocupa una computadorea para desarrollar mejor su trabajo, la tiene; hay conexión a la red de alta velocidad, bases de datos y sistemas en proceso de integración. Existe una página de Internet del Ayuntamiento alojada en un servidor propio y con contenidos relevantes que facilitan los procesos de transparencia y acceso a la información pública, y además, premiada por un organismo intenacional.
Nunca, no me equivoqué, dije nunca, en la historia del municipio de La Paz se había hecho una entrega recepción como la que se hará a la XIII administración: todo documentado, con orden y finanzas claras acompañadas por una auditoría externa. Y una organización de la administración pública municipal totalmente modernizada.
Víctor Castro entrega buenas cuentas. Tan buenas que hizo ganar a su partido porque la gente se dio cuenta de que hubo un desempeño sensato y eficaz. No tengo referencia de servidores públicos del equipo cercano del alcalde que fueran abusivos o que dejaran fama pública de corruptos o de ser nuevos ricos. Víctor Castro y su equipo cercano de colaboradores podrán pasear por las calles de su pueblo sin oprobio ni riesgo de ser insultados. Al contrario, serán saludados con respeto, afecto y reconocimiento.
Hay, seguramente, infinidad de cosas por hacer, pendientes que cumplir, pero ya no habrá tiempo para este equipo, ahora viene un relevo para continuar y dispondrán de una ventaja extraordinaria: tendrán algo de dinero en caja, lo cual es insólito, además de un equipo consolidado y en marcha en las áreas operativas.
A los que llegan y a los que se vayan, buena suerte. Y un buen desempeño para los que continuen. Las nuevas autoridades tienen, para empezar, un digno referente en el ayuntamiento que termina y en su líder que entrega.
Y como la política no es gripa, es decir, no hay cura posible, habrá oportunidad de revalidar con votos, en el futuro cercano, el buen desempeño al que lo merezca.
Por lo pronto, bien vale agradecer, sin mezquindades, el esfuerzo personal invertido: gracias, pues, a Don Víctor Castro Cosío y a su equipo. Hasta siempre.
03 abril 2008
LA IMPUDICIA DEL SEÑOR FLORES
Hay una dolencia grave que infecta a todos aquellos que por suerte o designación de alguna autoridad, saborean el ejercicio del poder y de su consustancial añadido: los presupuestos. Los calificativos para este tipo de sujetos sobran en el diccionario: cínico, desvergonzado, impúdico, desfachatado, mezquino, insensible, codicioso, egoísta y los que usted, sagaz lector, quiera agregar.
El inefable señor Flores fue atacado por el virus perverso de la ambición malsana. Llegó a la rectoría como por obra y gracia del Espíritu Santo y quiere estacionarse ahí ocho largos años. La quiere a como dé lugar, poniendo en riesgo a la propia institución, la cual, por cierto, se encuentra todavía en terapia intensiva. El señor Flores llegó a la universidad para cumplir con una función específica y temporal, claramente acotada por la ley, pero se le hizo poco y quiere quedarse cuatro años más porque se imagina a sí mismo como el “salvador de la Uni” a pesar de que viola flagrantemente la Ley Orgánica que le permitió regresar a la UABCS por una decisión del ejecutivo del estado y del Congreso.
Pero qué afán el suyo, señor Flores, qué absurda ambición, qué extravío y falta de perspectiva del futuro de la Universidad.
De qué tamaño será su obcecación procaz, señor Flores, que los funcionarios que usted mismo nombró le allanaron el camino por medios ilegales para volver a ocupar una posición que, de antemano, le estaba prohibida por la Ley. Usted designó, o intervino para que así fuera, a los integrantes del Consejo General Universitario, “el máximo órgano legislativo” de la UABCS; y ¡oh coincidencia! usted lo presidió en su carácter de rector interino, lo cual quiere decir, que fue usted, además, presidente del Consejo, y nombró a la mayoría de los nueve alcahuetes que lo integran quienes le dieron unánime cobijo a su codicia para elaborarse una convocatoria al tamaño justo de su ambición.
¡No es posible tanta desvergüenza! ¿Dígame alguien en dónde están los universitarios?
De qué tamaño será su calentura, señor Flores, que consumido por la ambición y la codicia tiró la toalla sin siquiera haber terminado la encomienda que le asignaron y que usted aceptó. Si usted, señor Flores, se hubiera ido después de haber tirado irresponsablemente la toalla pues está bien, adiós. Pero no, se va para no irse, y además de abandonar el mandato que recibió, ahora se dispone a regresar a “salvar” a la universidad. ¡Vaya cara dura!
Usted, señor Flores, no puede volver a ser rector porque ya lo fue. Y lo sabe. El artículo 13 fracción primera de la Ley Orgánica aprobada por el Congreso así lo establece. Usted, señor Flores, lo sabe perfectamente y parece que no le importa. Es lamentable percibir que su sentido de la legalidad es equivalente a la que posee un sapo.
Me lo imagino a usted, señor Flores, sentado en su mesa de trabajo, rodeado de incondicionales estudiando durante horas, días, semanas y meses, el diseño de la estrategia, maquinándo una y otra vez, leyendo en voz alta, cientos de veces, el fatídico artículo 13 de la Ley Orgánica para ver por dónde le podrían sacar la vuelta sus secuaces leguleyos y quedarse abrazado a la rectoría cuatro años más, y entonces sí, con todo el poder, tendría posibilidades de repetir otros cuatro años.
Le notificó, señor Flores, que voy a proponer que se agreguen dos incisos más al artículo 14 de la Ley Orgánica, en donde se definen los requisitos para ser rector. El primero será certificado por un siquiatra: no estar enfermo de ambición; y el segundo lo diagnosticará un abogado, no ser un violador de su propio estatuto ni de la ley.
¿Qué le pasó, señor Flores, en dónde y cuándo le picó esa terrible alimaña?
Uno de los principales efectos de la desmedida ambición personal, señor Flores, es que el alucinado pierde el piso también de manera colosal.
Tal vez sean los 250 millones de pesos del presupuesto anual y sus accesorios. No lo sé, pero el dinero es canijo, y junto con el poder, siempre dará más. Así lo atestiguan el señor Vale y el señor Druk, un par de “triunfadores” que ya transitaron por el escabroso camino que usted ambiciona.
En usted, señor Flores, se materializa aquella frase muy conocida y certera: el poder convierte en tontos a los inteligentes y a los tontos los vuelve locos.
Yo agregaría algo más: a ambos los envilece.
Pero supongamos, señor Flores, que los expertos de Chametla no lograran aliviarlo de su perturbador trastorno, y llegara usted a ser rector, sería un rector espurio porque lo logró pasando por encima de la ley, a través de un reglamento especial, ilegal, hecho a la medida de sus apetitos en complicidad con sus corifeos.
Para fortuna de todos, señor Flores, tengo la certeza de que su ambición enfermiza será sometida al imperio de la ley por el otorgamiento de un simple amparo de la justicia federal, instrumento sanador que lo regresará a su cruda realidad. Al final, la resolución del juez desnudará lo ilegal de sus empeños exhibiéndolo como un delincuente, al condenarlo por la irrebatible violación a la Ley Orgánica aprobada por el Congreso.
Francamente no espero que haya largas filas para solicitar un amparo en contra del ilegítimo procedimiento que lo podría llevar a usted, señor Flores, al ejercicio de una rectoría espuria, pero bastará que lo solicite un estudiante, un diputado, un académico, un trabajador o alguien que se sienta agraviado por sus tácticas distintivas de una coalición ilegal de funcionarios que operó en su beneficio.
¿Se dará usted cuenta, señor Flores, que su avaricia configura un factor más de inestabilidad al interior de la Universidad? Yo creo, señor Flores, que usted de verdad no lo sabe, ni quiere saberlo, por la sencilla razón de que está usted emponzoñado, obnubilado, a punto del desahucio que lo hará víctima del descrédito público por el suicidio que está a punto de cometer.
Que tenga buen provecho.
¿Dónde estarán los universitarios?
El inefable señor Flores fue atacado por el virus perverso de la ambición malsana. Llegó a la rectoría como por obra y gracia del Espíritu Santo y quiere estacionarse ahí ocho largos años. La quiere a como dé lugar, poniendo en riesgo a la propia institución, la cual, por cierto, se encuentra todavía en terapia intensiva. El señor Flores llegó a la universidad para cumplir con una función específica y temporal, claramente acotada por la ley, pero se le hizo poco y quiere quedarse cuatro años más porque se imagina a sí mismo como el “salvador de la Uni” a pesar de que viola flagrantemente la Ley Orgánica que le permitió regresar a la UABCS por una decisión del ejecutivo del estado y del Congreso.
Pero qué afán el suyo, señor Flores, qué absurda ambición, qué extravío y falta de perspectiva del futuro de la Universidad.
De qué tamaño será su obcecación procaz, señor Flores, que los funcionarios que usted mismo nombró le allanaron el camino por medios ilegales para volver a ocupar una posición que, de antemano, le estaba prohibida por la Ley. Usted designó, o intervino para que así fuera, a los integrantes del Consejo General Universitario, “el máximo órgano legislativo” de la UABCS; y ¡oh coincidencia! usted lo presidió en su carácter de rector interino, lo cual quiere decir, que fue usted, además, presidente del Consejo, y nombró a la mayoría de los nueve alcahuetes que lo integran quienes le dieron unánime cobijo a su codicia para elaborarse una convocatoria al tamaño justo de su ambición.
¡No es posible tanta desvergüenza! ¿Dígame alguien en dónde están los universitarios?
De qué tamaño será su calentura, señor Flores, que consumido por la ambición y la codicia tiró la toalla sin siquiera haber terminado la encomienda que le asignaron y que usted aceptó. Si usted, señor Flores, se hubiera ido después de haber tirado irresponsablemente la toalla pues está bien, adiós. Pero no, se va para no irse, y además de abandonar el mandato que recibió, ahora se dispone a regresar a “salvar” a la universidad. ¡Vaya cara dura!
Usted, señor Flores, no puede volver a ser rector porque ya lo fue. Y lo sabe. El artículo 13 fracción primera de la Ley Orgánica aprobada por el Congreso así lo establece. Usted, señor Flores, lo sabe perfectamente y parece que no le importa. Es lamentable percibir que su sentido de la legalidad es equivalente a la que posee un sapo.
Me lo imagino a usted, señor Flores, sentado en su mesa de trabajo, rodeado de incondicionales estudiando durante horas, días, semanas y meses, el diseño de la estrategia, maquinándo una y otra vez, leyendo en voz alta, cientos de veces, el fatídico artículo 13 de la Ley Orgánica para ver por dónde le podrían sacar la vuelta sus secuaces leguleyos y quedarse abrazado a la rectoría cuatro años más, y entonces sí, con todo el poder, tendría posibilidades de repetir otros cuatro años.
Le notificó, señor Flores, que voy a proponer que se agreguen dos incisos más al artículo 14 de la Ley Orgánica, en donde se definen los requisitos para ser rector. El primero será certificado por un siquiatra: no estar enfermo de ambición; y el segundo lo diagnosticará un abogado, no ser un violador de su propio estatuto ni de la ley.
¿Qué le pasó, señor Flores, en dónde y cuándo le picó esa terrible alimaña?
Uno de los principales efectos de la desmedida ambición personal, señor Flores, es que el alucinado pierde el piso también de manera colosal.
Tal vez sean los 250 millones de pesos del presupuesto anual y sus accesorios. No lo sé, pero el dinero es canijo, y junto con el poder, siempre dará más. Así lo atestiguan el señor Vale y el señor Druk, un par de “triunfadores” que ya transitaron por el escabroso camino que usted ambiciona.
En usted, señor Flores, se materializa aquella frase muy conocida y certera: el poder convierte en tontos a los inteligentes y a los tontos los vuelve locos.
Yo agregaría algo más: a ambos los envilece.
Pero supongamos, señor Flores, que los expertos de Chametla no lograran aliviarlo de su perturbador trastorno, y llegara usted a ser rector, sería un rector espurio porque lo logró pasando por encima de la ley, a través de un reglamento especial, ilegal, hecho a la medida de sus apetitos en complicidad con sus corifeos.
Para fortuna de todos, señor Flores, tengo la certeza de que su ambición enfermiza será sometida al imperio de la ley por el otorgamiento de un simple amparo de la justicia federal, instrumento sanador que lo regresará a su cruda realidad. Al final, la resolución del juez desnudará lo ilegal de sus empeños exhibiéndolo como un delincuente, al condenarlo por la irrebatible violación a la Ley Orgánica aprobada por el Congreso.
Francamente no espero que haya largas filas para solicitar un amparo en contra del ilegítimo procedimiento que lo podría llevar a usted, señor Flores, al ejercicio de una rectoría espuria, pero bastará que lo solicite un estudiante, un diputado, un académico, un trabajador o alguien que se sienta agraviado por sus tácticas distintivas de una coalición ilegal de funcionarios que operó en su beneficio.
¿Se dará usted cuenta, señor Flores, que su avaricia configura un factor más de inestabilidad al interior de la Universidad? Yo creo, señor Flores, que usted de verdad no lo sabe, ni quiere saberlo, por la sencilla razón de que está usted emponzoñado, obnubilado, a punto del desahucio que lo hará víctima del descrédito público por el suicidio que está a punto de cometer.
Que tenga buen provecho.
¿Dónde estarán los universitarios?
08 marzo 2008
¡QUE VIVAN LAS ENCUESTAS!
Las encuestas son muestreos técnicamente diseñados para obtener información relevante de una población homogénea sin tener que hacer un costoso censo. Sirven para investigar con precisión matemática casi cualquier cosa, y sus resultados permiten inferir, con un grado conocido de error, información pertinente sobre esa población respecto de un factor o conducta que se quiere medir. Es una herramienta de la estadística y sus fundamentos son matemáticos. Son producto de la ciencia. No son actos de magia ni tienen que ver con rituales vudú o maldiciones del chamuco. Hay diversas formas de hacerlas pero se pueden resumir en dos principales: las patito y las de buena factura. La incredulidad y la descalificación de este formidable instrumento siempre será producto de la ignorancia supina o del interés tribal. Los afectados por sus resultados, simplemente las desautorizan sin mayores fundamentos ni explicaciones. Al conocer sus predicciones, los perdedores pasan de la frustración a la histeria y de ésta a la ceguera; y en automático, proceden a acusar a las empresas encuestadoras de fraudulentas y de que fueron compradas por sus enemigos políticos para desprestigiarlos, como si un político bien identificado por sus trapacerías necesitara de una encuesta para que la gente sepa su grado de pudrición. Los más sensatos, aducen “vamos a esperar a la verdadera encuesta que será el día de las votaciones” pero en su interior ya saben que van a perder si esa fue la sentencia de las encuestas.
Para aquellos que no creen en estas investigaciones, especialmente cuando no son favorecidos por sus resultados, la terca y medible realidad los obligará a ilustrarse para creer en ellas. Sin embargo, les crean o no, el entorno que miden los muestreos ahí estará para demostrarles su eficacia. Veamos porqué.
Puntos más puntos menos dentro de los márgenes de error, la empresa encuestadora acertó al ganador en todos los puestos en disputa para los cuales realizó el levantamiento unos días antes de la justa electoral.
Veamos los resultados que obtuvo una de las empresas que ya acreditó con su trabajo de muchos años que sí sabe bien cómo hacer este tipo de trabajos. No es patito.
En la elección de Ayuntamientos, Mitofsky le dio a la Coalición ganadora del municipio de La Paz, el 34% de la votación y obtuvieron 37% de los votos emitidos. ¡Pum!
En Los Cabos, los ganadores obtuvieron el 52.4% de los votos y Mitofski les asignó únicamente el 42.2%, pesaron mucho los indecisos (23%) a favor de la Coalición por el Bien de Sudcalifornia, y después de todo, tal vez sí contó a su favor la gran actuación del candidato. ¡Zas!
En Comondú, Mitofsky les dio a los ganadores el 51.3% y los votantes comundeños los armaron con el 48%. ¡Bum!
En Mulegé, 41.2% de Mitofsky contra el 47.2% que les otorgaron los votantes. ¡Toing!
Y finalmente, en el caso de Loreto, Mitofsky estimó el 35.2% a favor del PRD, PT y Convergencia, contra 54.2% que le dieron los votantes loretanos a la Coalición. ¡Pácatelas! Con los muleginos sí fallaron, con mucho, pero a favor del ganador que representó a la Coalición, y da la impresión de que la mayor parte de los indecisos detectados (20%) se inclinaron a su causa.
¿Fallaron las encuestas? Yo sostengo que no ¿y usted?
En esta elección, la totalidad de los votos se repartió como era predecible. Si tomamos como base la elección de diputados, las posiciones quedaron repartidas así: primera fuerza política del estado el PRD-PT-Convergencia con más de dos a uno sobre el que le sigue; la segunda le correspondió, sorpresivamente, al PAN y a su aliado el PVEM; en tercer lugar el PRI, solo y subiendo; y en cuarto lugar el panal también solo, pero en la cuarta posición, tal como este clarividente columnista lo vaticinó. Le siguen otros dos “partidos” casi desconocidos, el PMRPS en quinto lugar; y el PAS en la cola, en ambos casos sus votos no pintan.
Otra forma de ubicar las posiciones de cada partido o coalición para identificar su peso político en la entidad, aunque es un poco tramposo hacerlo de esta manera, consistiría en sumar los votos emitidos para cada fuerza política en la elección de los cinco Ayuntamientos, bajo esta óptica, la primera fuerza política es la Coalición PRD, PT y Convergencia por más de tres votos a uno sobre el que le sigue; en segundo lugar, asombrado lector, el panal con 2,258 votos arriba del que le sigue; en tercero el PAN en alianza con el PVEM; en cuarto lugar el PRI, solo; en quinto el PMRPS; y en el último lugar el PAS.
Cada organización política usará los datos a su conveniencia, manipulando los que les den una mejor posición para engañar a los incautos, y desde luego, los harán públicos divulgando los resultados que los ubiquen mejor en el contexto político del estado, pero insisto, la forma más correcta de medir su fuerza electoral siempre será la posición ocupada en la elección de los diputados por una simple razón: la diversidad y cobertura.
Finalmente, a la empresa que se hizo cargo del Programa de Resultados Preliminares, PREP, le otorgo un diez, su trabajo fue muy profesional, oportuno y preciso. Honor a quien honor merece. Los felicito.
Y usted, sufragista lector, ¿cómo leyó estos resultados?
¿Y con qué anteojos?
Ah, el título de la columna es una paráfrasis de los gritos que vociferó machaconamente uno de los candidatos perdedores en la pasada contienda. Por si a alguien le interesa.
Para aquellos que no creen en estas investigaciones, especialmente cuando no son favorecidos por sus resultados, la terca y medible realidad los obligará a ilustrarse para creer en ellas. Sin embargo, les crean o no, el entorno que miden los muestreos ahí estará para demostrarles su eficacia. Veamos porqué.
Puntos más puntos menos dentro de los márgenes de error, la empresa encuestadora acertó al ganador en todos los puestos en disputa para los cuales realizó el levantamiento unos días antes de la justa electoral.
Veamos los resultados que obtuvo una de las empresas que ya acreditó con su trabajo de muchos años que sí sabe bien cómo hacer este tipo de trabajos. No es patito.
En la elección de Ayuntamientos, Mitofsky le dio a la Coalición ganadora del municipio de La Paz, el 34% de la votación y obtuvieron 37% de los votos emitidos. ¡Pum!
En Los Cabos, los ganadores obtuvieron el 52.4% de los votos y Mitofski les asignó únicamente el 42.2%, pesaron mucho los indecisos (23%) a favor de la Coalición por el Bien de Sudcalifornia, y después de todo, tal vez sí contó a su favor la gran actuación del candidato. ¡Zas!
En Comondú, Mitofsky les dio a los ganadores el 51.3% y los votantes comundeños los armaron con el 48%. ¡Bum!
En Mulegé, 41.2% de Mitofsky contra el 47.2% que les otorgaron los votantes. ¡Toing!
Y finalmente, en el caso de Loreto, Mitofsky estimó el 35.2% a favor del PRD, PT y Convergencia, contra 54.2% que le dieron los votantes loretanos a la Coalición. ¡Pácatelas! Con los muleginos sí fallaron, con mucho, pero a favor del ganador que representó a la Coalición, y da la impresión de que la mayor parte de los indecisos detectados (20%) se inclinaron a su causa.
¿Fallaron las encuestas? Yo sostengo que no ¿y usted?
En esta elección, la totalidad de los votos se repartió como era predecible. Si tomamos como base la elección de diputados, las posiciones quedaron repartidas así: primera fuerza política del estado el PRD-PT-Convergencia con más de dos a uno sobre el que le sigue; la segunda le correspondió, sorpresivamente, al PAN y a su aliado el PVEM; en tercer lugar el PRI, solo y subiendo; y en cuarto lugar el panal también solo, pero en la cuarta posición, tal como este clarividente columnista lo vaticinó. Le siguen otros dos “partidos” casi desconocidos, el PMRPS en quinto lugar; y el PAS en la cola, en ambos casos sus votos no pintan.
Otra forma de ubicar las posiciones de cada partido o coalición para identificar su peso político en la entidad, aunque es un poco tramposo hacerlo de esta manera, consistiría en sumar los votos emitidos para cada fuerza política en la elección de los cinco Ayuntamientos, bajo esta óptica, la primera fuerza política es la Coalición PRD, PT y Convergencia por más de tres votos a uno sobre el que le sigue; en segundo lugar, asombrado lector, el panal con 2,258 votos arriba del que le sigue; en tercero el PAN en alianza con el PVEM; en cuarto lugar el PRI, solo; en quinto el PMRPS; y en el último lugar el PAS.
Cada organización política usará los datos a su conveniencia, manipulando los que les den una mejor posición para engañar a los incautos, y desde luego, los harán públicos divulgando los resultados que los ubiquen mejor en el contexto político del estado, pero insisto, la forma más correcta de medir su fuerza electoral siempre será la posición ocupada en la elección de los diputados por una simple razón: la diversidad y cobertura.
Finalmente, a la empresa que se hizo cargo del Programa de Resultados Preliminares, PREP, le otorgo un diez, su trabajo fue muy profesional, oportuno y preciso. Honor a quien honor merece. Los felicito.
Y usted, sufragista lector, ¿cómo leyó estos resultados?
¿Y con qué anteojos?
Ah, el título de la columna es una paráfrasis de los gritos que vociferó machaconamente uno de los candidatos perdedores en la pasada contienda. Por si a alguien le interesa.
26 febrero 2008
LOS QUE GANARON PERDIENDO
Los ganadores del carro completo deben sentirse satisfechos, sin duda. Su triunfo es legítimo porque está respaldado con sufragios tangibles, voto por voto y casilla por casilla. Pero deben abandonar el triunfalismo ramplón, porque hubo un crujido, imperceptible a los ojos de la mayoría, y se encendieron los ruidos inconfundibles de las alarmas: sus candidatos fueron electos por una minoría de la población en edad de votar, que a los ojos de muchos, les resta legitimidad, no la cancela, sólo la disminuye.
Con respecto a su seguidor más cercano, la Coalición ganó, contundentemente, en una proporción mayor de dos a uno en el caso de los diputados, y ligeramente menor, en el caso de los ayuntamientos. El trío de partidos ganadores en la contienda de diputados, unidos en una Coalición, lo lograron con 65,819 votos, apenas el 18.3% de la lista nominal de electores. La Coalición obtuvo el respaldo de menos de la quinta parte de los posibles electores, y van a gobernar a una población estatal que ronda hoy los 551 525 habitantes. Es decir, seremos representados en los municipios y el Congreso del Estado por lideres elegidos apenas por el 11.9% de la población total de Sudcalifornia. De manera concluyente, y a la luz de los resultados finales, podemos afirmar que nos gobernará una minoría, ciertamente la mayor, pero minoría al fin, activa, dominante y participativa, por la simple razón de que así lo resolvió, también, el 54.3% de electores inscritos en el listado nominal, quienes decidieron no votar en esta elección. Con esta actitud indiferente nos impidieron tener una idea de las afiliaciones o intenciones de esos posibles votantes respecto a la elección de sus gobernantes. Sin restarles mérito a los que sí acudieron a votar, fueron los ausentes en las urnas, en verdad, quienes inclinaron la balanza y zanjaron, sin votar, el rumbo del estado y la elección. Que así sea. Un cínico candidato, diría: a final de cuentas lo que importa son los votos emitidos que me dieron el triunfo, y los que no votaron pues no cuentan. O me aferraría a la vieja conseja: el que calla otorga, y supondría que los ausentes en las urnas no quisieron molestarse en ir a votar a la casilla, pero en el fondo, están de acuerdo, tácitamente, con los vencedores.
El reto no es solamente ganar una elección, sino cómo se logra y con cuántos votos, y este último balance es, en realidad, el que puede conceder la ansiada e incuestionable legitimidad.
En la democracia se requieren competidores reales y opciones claras para decidir, y es mentira que un solo voto de diferencia otorgue legitimidad plena para gobernar.
Los actores políticos que consiguieron dividir el voto impidiendo una gran alianza de partidos para disputarle el poder a la coalición gobernante, lo lograron con amplitud, si esa fue su aviesa intención. En su momento cobrarán por los servicios prestados; y en todo caso, muy pronto nos daremos cuenta si actuaron simplemente guiados por sus propios egoísmos personales o partidarios. Vea usted, críptico lector, en la elección de los diputados, el conjunto de partidos de oposición obtuvo un total de 84,921 votos, los cuales significan 19,102 votos por arriba de los que obtuvo la Coalición por el Bien de Sudcalifornia, y serían suficientes para instalarse en el gobierno, si así lo hubieran acordado. Los electores que sí votaron, dejaron de manifiesto, en una mayoría indiscutible, que están explícitamente en contra del PRD y de sus dos escuderos. La Coalición por el Bien de Sudcalifornia ganó, es cierto, y ganando perdieron. Hoy tienen en su contra a la mayoría de los electores que fueron a votar. Y conste, no estoy pidiendo resultados unánimes a favor de algún partido o coalición. No. Me queda claro que la democracia es construida por la mayoría, incluso cuando ésta es la minoría mayor entre nueve de la misma categoría; también entiendo que las unanimidades sólo pueden encontrarse en los panteones, no en una sociedad civil dinámica con un nivel razonable de desarrollo cívico.
¿Qué harán los ganadores para recuperar a los huidos, convencer a los desertores y catequizar a sus enemigos?
¿Qué imanes y seducciones aplicarán para recuperar a los votantes que se les fueron por la mismísima puerta del frente: la de las urnas?
¿Se imagina usted, futurista lector, lo que sucedería si los partidos en el poder, PRD, PT y Convergencia, enfrentaran una coalición acordada por partidos de oposición organizada por el PAN, PRI, PVEM, PMRPS, PAS y el PANAL?
Primero veríamos una verdadera batalla campal. Y en segundo lugar, acertó usted, pitoniso lector, les darían hasta con la cubeta, y más duro todavía, si logran unificarse alrededor de un candidato presentable, hasta ahora inexistente.
Pero que nadie se apanique, tengo una certeza absoluta: esta utopía no sucederá nunca.Por lo pronto, estaremos pendientes a las resoluciones del Tribunal Estatal Electoral por las impugnaciones en curso, la prueba de fuego de Augusto Jiménez Beltrán.
Con respecto a su seguidor más cercano, la Coalición ganó, contundentemente, en una proporción mayor de dos a uno en el caso de los diputados, y ligeramente menor, en el caso de los ayuntamientos. El trío de partidos ganadores en la contienda de diputados, unidos en una Coalición, lo lograron con 65,819 votos, apenas el 18.3% de la lista nominal de electores. La Coalición obtuvo el respaldo de menos de la quinta parte de los posibles electores, y van a gobernar a una población estatal que ronda hoy los 551 525 habitantes. Es decir, seremos representados en los municipios y el Congreso del Estado por lideres elegidos apenas por el 11.9% de la población total de Sudcalifornia. De manera concluyente, y a la luz de los resultados finales, podemos afirmar que nos gobernará una minoría, ciertamente la mayor, pero minoría al fin, activa, dominante y participativa, por la simple razón de que así lo resolvió, también, el 54.3% de electores inscritos en el listado nominal, quienes decidieron no votar en esta elección. Con esta actitud indiferente nos impidieron tener una idea de las afiliaciones o intenciones de esos posibles votantes respecto a la elección de sus gobernantes. Sin restarles mérito a los que sí acudieron a votar, fueron los ausentes en las urnas, en verdad, quienes inclinaron la balanza y zanjaron, sin votar, el rumbo del estado y la elección. Que así sea. Un cínico candidato, diría: a final de cuentas lo que importa son los votos emitidos que me dieron el triunfo, y los que no votaron pues no cuentan. O me aferraría a la vieja conseja: el que calla otorga, y supondría que los ausentes en las urnas no quisieron molestarse en ir a votar a la casilla, pero en el fondo, están de acuerdo, tácitamente, con los vencedores.
El reto no es solamente ganar una elección, sino cómo se logra y con cuántos votos, y este último balance es, en realidad, el que puede conceder la ansiada e incuestionable legitimidad.
En la democracia se requieren competidores reales y opciones claras para decidir, y es mentira que un solo voto de diferencia otorgue legitimidad plena para gobernar.
Los actores políticos que consiguieron dividir el voto impidiendo una gran alianza de partidos para disputarle el poder a la coalición gobernante, lo lograron con amplitud, si esa fue su aviesa intención. En su momento cobrarán por los servicios prestados; y en todo caso, muy pronto nos daremos cuenta si actuaron simplemente guiados por sus propios egoísmos personales o partidarios. Vea usted, críptico lector, en la elección de los diputados, el conjunto de partidos de oposición obtuvo un total de 84,921 votos, los cuales significan 19,102 votos por arriba de los que obtuvo la Coalición por el Bien de Sudcalifornia, y serían suficientes para instalarse en el gobierno, si así lo hubieran acordado. Los electores que sí votaron, dejaron de manifiesto, en una mayoría indiscutible, que están explícitamente en contra del PRD y de sus dos escuderos. La Coalición por el Bien de Sudcalifornia ganó, es cierto, y ganando perdieron. Hoy tienen en su contra a la mayoría de los electores que fueron a votar. Y conste, no estoy pidiendo resultados unánimes a favor de algún partido o coalición. No. Me queda claro que la democracia es construida por la mayoría, incluso cuando ésta es la minoría mayor entre nueve de la misma categoría; también entiendo que las unanimidades sólo pueden encontrarse en los panteones, no en una sociedad civil dinámica con un nivel razonable de desarrollo cívico.
¿Qué harán los ganadores para recuperar a los huidos, convencer a los desertores y catequizar a sus enemigos?
¿Qué imanes y seducciones aplicarán para recuperar a los votantes que se les fueron por la mismísima puerta del frente: la de las urnas?
¿Se imagina usted, futurista lector, lo que sucedería si los partidos en el poder, PRD, PT y Convergencia, enfrentaran una coalición acordada por partidos de oposición organizada por el PAN, PRI, PVEM, PMRPS, PAS y el PANAL?
Primero veríamos una verdadera batalla campal. Y en segundo lugar, acertó usted, pitoniso lector, les darían hasta con la cubeta, y más duro todavía, si logran unificarse alrededor de un candidato presentable, hasta ahora inexistente.
Pero que nadie se apanique, tengo una certeza absoluta: esta utopía no sucederá nunca.Por lo pronto, estaremos pendientes a las resoluciones del Tribunal Estatal Electoral por las impugnaciones en curso, la prueba de fuego de Augusto Jiménez Beltrán.
17 febrero 2008
AL CARRO COMPLETO LE PONCHARON DOS LLANTAS
Es un contratiempo sin mayor trascendencia en el empedrado camino de la democracia chollera. Las dos llantas ponchadas simplemente se le cambiaron al carro y le pusieron otras iguales a las que ya traía, nuevas, pero de la misma rodada y dibujo. Solamente la marca está un poco borrosa pero se alcanza a distinguir que son muy parecidas. Es decir, no son las mismas pero son iguales.
El distrito V es para mí un enigma. Se obtuvo un resultado totalmente atípico que todavía tendrá que explicarse con un análisis más a fondo; al momento de escribir esta columna, el PREP reportó dos casillas ausentes en el cómputo, la 207 y la 256, una cuya acta no era legible y otra en donde el sobre no se entregó. Sin embargo, aún contabilizando ambas actas se ve difícil revertir el resultado y Diana se queda en el camino con una diferencia, hasta ahora, de 498 votos sin contar las actas pendientes.
Los resultados de las votaciones no deben ser un acto de fe porque los votos están ahí, contados y en la urna. Si hubiera incertidumbre, los votos se contarán, se deben contar, en particular si existen dudas razonables sobre algún resultado. Si después del recuento los resultados son los mismos pues ya estuvo, ganó el que ganó y a otra cosa. Pero más allá de estos datos fríos y contundentes, habrá que investigar qué fue lo que ocurrió con los votantes en el distrito V porque resulta incomprensible, al menos para mí, que en una buena parte de las casillas superaran a la Coalición en la elección de diputados por dos a uno a favor del panal, hecho que no me puedo explicar por el “carisma de político setentero” del candidato hasta ahora ganador. He escuchado algunas versiones sobre lo que pudo haber ocurrido pero no quiero hacerme eco de historias sin fundamento porque no tengo pruebas ni elementos de juicio concluyentes. Lo más sano sería investigar el asunto con los propios electores y una forma de hacerlo podría ser mediante el levantamiento de una encuesta únicamente con los electores del distrito V. Yo la haría de inmediato para no alargar el estudio de este caso y sacar algunas conclusiones sólidas que expliquen este comportamiento enigmático de los electores, raro en mi opinión, que salió de la normalidad electoral o de la votación esperada que todos suponíamos muy competida pero a favor de la Coalición de Diana.
Ya sabemos cómo se las gastan las huestes de la dama Gordillo, son expertos en trácalas y fraudes, maestros de la trampa y el atraco, docentes doctorados en la grilla y el control político, y con mafiosos expertos en estas materias a su incondicional servicio. Y dinero como arroz. En fin, esperemos a los que deciden y tienen los medios para investigar a conciencia lo que sucedió en ese distrito quinto. Aclaro, tampoco quiero ser mezquino, y en su momento, reconoceré los resultados que demuestren, sin sombra de duda, que esos votos fueron legítimos. La mula no era arisca. La líder del Panal vino a ver qué tan bien funcionó el sistema que usaron en el 2006. Probaron que sí funciona.
A ver, matemático lector, fíjese bien.
El porcentaje de votación de la jornada fue miserable, vergonzoso, votó solamente el 45.7% de los posibles votantes. El 99.5% de los electores inscritos en el listado nominal que no quisieron ir a votar, lo hicieron por una sencilla razón: por huevones e irresponsables. Sus argumentos para dejar de votar no son ideológicos, no exhiben una postura política o una razonada posición anarquista; si usted les pregunta a estos apáticos porqué no fueron a cumplir con su obligación ciudadana le contestarán una tontería que confirmará mi hipótesis. Tendrá que modificarse la ley para que una obligación de tal importancia, como el hecho de ir a votar para elegir a nuestros representantes y autoridades, se cumpla, y no hacerlo por negligencia o desidia, debe tener alguna consecuencia asociada, necesariamente, a una penalidad para exigir a los ciudadanos el cumplimiento de sus obligaciones cívicas. Es absurdo que una simple infracción de tránsito sí esté penada con una multa y cuando no votas no pasa nada. Es incomprensible que no sufragar merezca un cínico aplauso y carcajadas, en cambio, sí me sancionen, por tirar agua sucia en la calle o cuando decido no ir a pagar el predial o si dejo de llevar mi vehículo a pasar la revista, llegando al extremo de embargarme estos bienes en caso de no cumplir con mis obligaciones. No debemos confundir civismo con cinismo, se parecen pero…
La proporción de votantes fue realmente minúscula, ridícula. ¿Qué pasó? Pues que, entre otras cosas, la gente simplemente no quiso salir a votar, y cuando “pensaron” hacerlo, ya había comenzado el partido de futbol americano más visto de toda la historia, recordemos que un tercio de los votantes tienen menos de 30 años, lo cual podría revelar que sus preocupaciones están en otros escenarios y nada tienen que ver con la democracia. En una casilla del Esterito, me comentó un funcionario que la mayor parte de quienes acudieron a ejercer su obligación de votar, eran personas mayores, y extrañamente, casi no se presentaron jóvenes a votar. Ya veremos en los resultados definitivos cuáles fueron los grupos de edad que acudieron a votar.
En la votación general se reporta una abstención del 54.3%. Lamentable por donde se le vea. El Instituto Estatal Electoral nos debe una explicación. No los culpo de nada, digo que ellos tendrán la obligación de investigar lo que está ocurriendo con los votantes sudcalifornianos. Tienen la obligación de hacerlo por dos razones poderosas: primero porque nos cuestan mucho y en segundo lugar porque son de los nuestros, de los ciudadanos. Ojalá no lo olviden.
La tarea monumental de los partidos será intentar, de manera inteligente, bajar sus altísimos niveles de desprestigio y la falta de confianza de la población en sus propuestas, y probablemente, en sus candidatos, o en ambos. Los partidos que tenemos, han provocado, ellos sí, todos, que la gente no quiera votar. Es lo que han construido.
El distrito V es para mí un enigma. Se obtuvo un resultado totalmente atípico que todavía tendrá que explicarse con un análisis más a fondo; al momento de escribir esta columna, el PREP reportó dos casillas ausentes en el cómputo, la 207 y la 256, una cuya acta no era legible y otra en donde el sobre no se entregó. Sin embargo, aún contabilizando ambas actas se ve difícil revertir el resultado y Diana se queda en el camino con una diferencia, hasta ahora, de 498 votos sin contar las actas pendientes.
Los resultados de las votaciones no deben ser un acto de fe porque los votos están ahí, contados y en la urna. Si hubiera incertidumbre, los votos se contarán, se deben contar, en particular si existen dudas razonables sobre algún resultado. Si después del recuento los resultados son los mismos pues ya estuvo, ganó el que ganó y a otra cosa. Pero más allá de estos datos fríos y contundentes, habrá que investigar qué fue lo que ocurrió con los votantes en el distrito V porque resulta incomprensible, al menos para mí, que en una buena parte de las casillas superaran a la Coalición en la elección de diputados por dos a uno a favor del panal, hecho que no me puedo explicar por el “carisma de político setentero” del candidato hasta ahora ganador. He escuchado algunas versiones sobre lo que pudo haber ocurrido pero no quiero hacerme eco de historias sin fundamento porque no tengo pruebas ni elementos de juicio concluyentes. Lo más sano sería investigar el asunto con los propios electores y una forma de hacerlo podría ser mediante el levantamiento de una encuesta únicamente con los electores del distrito V. Yo la haría de inmediato para no alargar el estudio de este caso y sacar algunas conclusiones sólidas que expliquen este comportamiento enigmático de los electores, raro en mi opinión, que salió de la normalidad electoral o de la votación esperada que todos suponíamos muy competida pero a favor de la Coalición de Diana.
Ya sabemos cómo se las gastan las huestes de la dama Gordillo, son expertos en trácalas y fraudes, maestros de la trampa y el atraco, docentes doctorados en la grilla y el control político, y con mafiosos expertos en estas materias a su incondicional servicio. Y dinero como arroz. En fin, esperemos a los que deciden y tienen los medios para investigar a conciencia lo que sucedió en ese distrito quinto. Aclaro, tampoco quiero ser mezquino, y en su momento, reconoceré los resultados que demuestren, sin sombra de duda, que esos votos fueron legítimos. La mula no era arisca. La líder del Panal vino a ver qué tan bien funcionó el sistema que usaron en el 2006. Probaron que sí funciona.
A ver, matemático lector, fíjese bien.
El porcentaje de votación de la jornada fue miserable, vergonzoso, votó solamente el 45.7% de los posibles votantes. El 99.5% de los electores inscritos en el listado nominal que no quisieron ir a votar, lo hicieron por una sencilla razón: por huevones e irresponsables. Sus argumentos para dejar de votar no son ideológicos, no exhiben una postura política o una razonada posición anarquista; si usted les pregunta a estos apáticos porqué no fueron a cumplir con su obligación ciudadana le contestarán una tontería que confirmará mi hipótesis. Tendrá que modificarse la ley para que una obligación de tal importancia, como el hecho de ir a votar para elegir a nuestros representantes y autoridades, se cumpla, y no hacerlo por negligencia o desidia, debe tener alguna consecuencia asociada, necesariamente, a una penalidad para exigir a los ciudadanos el cumplimiento de sus obligaciones cívicas. Es absurdo que una simple infracción de tránsito sí esté penada con una multa y cuando no votas no pasa nada. Es incomprensible que no sufragar merezca un cínico aplauso y carcajadas, en cambio, sí me sancionen, por tirar agua sucia en la calle o cuando decido no ir a pagar el predial o si dejo de llevar mi vehículo a pasar la revista, llegando al extremo de embargarme estos bienes en caso de no cumplir con mis obligaciones. No debemos confundir civismo con cinismo, se parecen pero…
La proporción de votantes fue realmente minúscula, ridícula. ¿Qué pasó? Pues que, entre otras cosas, la gente simplemente no quiso salir a votar, y cuando “pensaron” hacerlo, ya había comenzado el partido de futbol americano más visto de toda la historia, recordemos que un tercio de los votantes tienen menos de 30 años, lo cual podría revelar que sus preocupaciones están en otros escenarios y nada tienen que ver con la democracia. En una casilla del Esterito, me comentó un funcionario que la mayor parte de quienes acudieron a ejercer su obligación de votar, eran personas mayores, y extrañamente, casi no se presentaron jóvenes a votar. Ya veremos en los resultados definitivos cuáles fueron los grupos de edad que acudieron a votar.
En la votación general se reporta una abstención del 54.3%. Lamentable por donde se le vea. El Instituto Estatal Electoral nos debe una explicación. No los culpo de nada, digo que ellos tendrán la obligación de investigar lo que está ocurriendo con los votantes sudcalifornianos. Tienen la obligación de hacerlo por dos razones poderosas: primero porque nos cuestan mucho y en segundo lugar porque son de los nuestros, de los ciudadanos. Ojalá no lo olviden.
La tarea monumental de los partidos será intentar, de manera inteligente, bajar sus altísimos niveles de desprestigio y la falta de confianza de la población en sus propuestas, y probablemente, en sus candidatos, o en ambos. Los partidos que tenemos, han provocado, ellos sí, todos, que la gente no quiera votar. Es lo que han construido.
06 febrero 2008
SOLILOQUIO DE CASILLA
Llegó el día de cumplir las promesas y compromisos para el más asediado de los ciudadanos del estado: el votante con credencial de elector.
Con la fresca de las una de la tarde me apresto a ir a la casilla para emitir mi voto. Voy caminando… sin desayunar. Ni frío ni calor, cero grados como dijo aquel. Entrego mi credencial a los gozosos responsables de cuidar la votación; verifican que sí aparezco en el listado nominal en donde está impresa mi credencial con foto pero varios años más joven, delgado y hasta peinado. Todavía tenía esa mirada democrática. Juro que después de estas elecciones cambiaré mi credencial de elector, nomás porque las nuevas son más cachondas. En esas disquisiciones estaba cuando me dieron dos boletas para emitir el voto. Me encamino hacia la mampara y me encierro en esa pequeña cámara de la verdad. Tomo un cabo de crayola. Estoy más sólo que un náufrago. Comienzo a inquietarme.
¡En la madre!, y ahora por quien votaré, si a cada uno de los treinta candidatos que me visitaron en mi casa o en la colonia les dije que votaría por ellos, sin ninguna duda; es más, me apuntaron en una lista y me pidieron el nombre de todos mis familiares y el de mis amigos. Por pena, se los tuve que dar, incluyendo a los que viven en Mazatlán, en Hermosillo y en Tijuana. Todos los candidatos visitantes se llevaron la misma lista, con los mismos 22 nombres y con las mismas promesas juradas de fidelidad política, y de que ahora sí, llegarían al poder con la fuerza de mi voto, al que se sumarían los de mi familia, amigos y conocidos que fueron apuntados en su lista. Eso sí, me aclararon que yo tenía la sagrada misión de convencerlos.
Todos me recomendaron, de manera personal y casi secreta, ese mandato cívico.
Tengo enfrente las boletas, una para presidente municipal de La Paz y otra para elegir al diputado que nos representará en este distrito electoral, el numero 1.
¿Y ahora que hago para cumplirles a todos? Debajo de la camisa llevo la playera que me dieron los amarillos y en el carro traigo la gorra y el encendedor junto con la pluma de los azules. En la casa tengo dos bultos de cemento que me regalaron los del partido rojo, y también tengo la despensa y las láminas que me obsequiaron los del otro partido, que ya ni recuerdo cuál era. En mi mente resuena el eco de sus ofrecimientos, el “ahora sí les voy a cumplir” y los gritos comprometidos de un amasijo de perversos refugiados en un pantanal transformado en partido donde lograron concertar una de las mezclas políticas más inverosímiles de corrupción, control político, cinismo, charrería, trapacerías, ambición e ineptitud.
¿Qué hago con estas boletas? No me alcanzan para pagarles a todos los candidatos, y me da pena porque los conozco a todos, pero solamente puedo emitir un voto para diputado y otro para presidente. Con lo preocupado que estoy vagan por mi mente, como ánimas en pena, los sonrientes retratos de los candidatos en campaña: de los pillos y los decentes, de los trabajadores y los huevones, los cínicos y los responsables, los ladrones y los honrados, los simpáticos y los detestables… La bronca es que a todos les dije que sí, que yo y mi voto los llevaríamos al Congreso y a la Presidencia Municipal. ¿Y ahora que hago?, ojalá fuera la mitad de cínico que el pillo ese al que le dije que votaría por él porque me dio pena mandarlo al carajo, eso me facilitaría las cosas. Comienzo a sentirme molesto.
¿Qué destino le doy a estas dos boletas?
¿A quién puedo convertir en presidente y en diputado?
¡Carajo! ¡Qué difícil es elegir! ¡Qué difícil es votar!
Me pongo serio y comienzo a reflexionar sobre lo que ha hecho cada uno de estos personajes en mi colonia, por mí, por mi estado, por mi familia, por la comunidad y por las leyes. Espero que mi sesudo análisis me ayude a razonar el voto porque quiero un buen presidente y un mejor diputado, casi una quimera. Pero aún no puedo decidirme.
¿Será que me estoy poniendo demasiado chiquión?
Todavía tengo enfrente las boletas. Me queman. ¡Que difícil es votar!
A estas alturas ya llevó media hora en la mampara, ese pequeño espacio se ha convertido en una cámara de tortura. Sudo. Los funcionarios de casilla y representantes de los partidos han comenzado a camelar que estoy preparando el fraude del siglo o cuando menos un gran tamal. Ya me hicieron sentir mal, perseguido, vigilado, culpable, pero, ¿sabrán cómo me siento? Sus acusadoras miradas ya me convirtieron en un tipo sospechoso y ahora piensan que soy un malhechor electoral que está a punto de reventar el sagrado ejercicio electoral ciudadano.
¡Malditas boletas! Y yo que pensaba nada más llegar a la casilla, votar, y tan tan.
Pues no está fácil esta cosa de votar. ¿Cuál fiesta democrática? Esto es un martirio.
Comienzo a pensar quién nos gobierna, de qué partido o partidos, medito si han hecho un gobierno razonable, digo, porque tampoco existen los milagros. Ya me duele la cabeza, no sé si por el esfuerzo mental o por la desvelada de ayer. Tengo hambre. Pienso que una buena birria me caería muy bien, unos dos taquitos de dorada, un buen consomé y una chelita.
¡Malditas boletas! No sé para que vine, ahora tengo que decidir a huevo y hacerlo bien. El presidente de la casilla llamó a un policía porque ya me convertí en presunto culpable de haber cometido un delito electoral. Veo gruesos barrotes. Ya pasó una hora y no puedo salir de la cámara mortuoria en que se ha convertido la estúpida mampara. Por lo pronto, solamente redoblan la vigilancia de la caja de plástico en donde me encuentro escondido a punto de ser declarado y condenado como bandolero electoral. Por pasmado.
¿Y que les diré a los candidatos cuando me pregunten si de verdad voté por ellos o cuando me den las gracias porque mi voto los convirtió en diputado o presidente? Me van a cachar en la maroma, seré un elector traidor que no sabe cumplir sus promesas juradas.
Ya me salieron ronchas en la cara y en una nalga, de esas que me produce el nerviosismo y comienzo con una rascadera de perro. En una de esas hasta la cárcel me llevan por intento de fraude. ¿Yo seré el fraude o los candidatos? Perdí el rumbo. No hay pistas. Estoy mareado.
La verdad es que no quiero votar por mis cuates o por los conocidos sino por aquellos que realmente van a trabajar por la comunidad. Y me digo a mi mismo: “no seas mamón”. Esa idea me ayuda un poco, y luego, me deja más preocupado. ¿Cuáles de los próceres candidatos se dedicarán realmente a desarrollar su trabajo con responsabilidad y de cara a sus electores? En eso me acuerdo del merolico que recitaba, a gritos, verdades de a kilo, según él, y me digo que puede ser su última oportunidad de agarrar algo. Votaré por él por lástima. No. Esa no es razón suficiente para votar por él. Comienzo a ponerme dramático.
Alucinado veo pendones por todos lados con las sonrisas francas, alegres, comprometidas y cumplidoras, de todos los candidatos, como si ya hubieran ganado.
“Señor, señor, oiga, disculpe, ya fue tiempo suficiente para que emita su voto, le vamos a pedir, de favor, que se apure porque ya lleva más de una hora en la mampara y aquí no es estacionamiento”.
Así me dijo el irrespetuoso presidente de la casilla, y lo único que logró fue que me salieran más ronchas, ahora en la otra nalga. Aumentan los nervios, más preocupación. Me apanico. Tiemblo.
Ante tal apresuramiento, mortificado y con salpullido, tomé la decisión, cerré los ojos y voté.
Doble las boletas en forma de paloma tronadora y las enterré, junto con mi vergüenza, en las urnas transparentes. Me pintaron el dedo, recogí mi credencial y me fui enronchado pero con la satisfacción del deber cumplido. Todos me siguieron con una mirada acusadora hasta que logré salir de la escuela en donde estaba la casilla. Iba como espinado, con hambre y sed.
Enfilé rumbo a la Rosales y llegué a la birria con los doscientos pesos que me dieron para votar por un partido, por el que no voté, y luego, a dormir.
Esta monserga de votar con responsabilidad y bajo tanta presión cansa a cualquier fanático de la democracia, como yo.
Con la fresca de las una de la tarde me apresto a ir a la casilla para emitir mi voto. Voy caminando… sin desayunar. Ni frío ni calor, cero grados como dijo aquel. Entrego mi credencial a los gozosos responsables de cuidar la votación; verifican que sí aparezco en el listado nominal en donde está impresa mi credencial con foto pero varios años más joven, delgado y hasta peinado. Todavía tenía esa mirada democrática. Juro que después de estas elecciones cambiaré mi credencial de elector, nomás porque las nuevas son más cachondas. En esas disquisiciones estaba cuando me dieron dos boletas para emitir el voto. Me encamino hacia la mampara y me encierro en esa pequeña cámara de la verdad. Tomo un cabo de crayola. Estoy más sólo que un náufrago. Comienzo a inquietarme.
¡En la madre!, y ahora por quien votaré, si a cada uno de los treinta candidatos que me visitaron en mi casa o en la colonia les dije que votaría por ellos, sin ninguna duda; es más, me apuntaron en una lista y me pidieron el nombre de todos mis familiares y el de mis amigos. Por pena, se los tuve que dar, incluyendo a los que viven en Mazatlán, en Hermosillo y en Tijuana. Todos los candidatos visitantes se llevaron la misma lista, con los mismos 22 nombres y con las mismas promesas juradas de fidelidad política, y de que ahora sí, llegarían al poder con la fuerza de mi voto, al que se sumarían los de mi familia, amigos y conocidos que fueron apuntados en su lista. Eso sí, me aclararon que yo tenía la sagrada misión de convencerlos.
Todos me recomendaron, de manera personal y casi secreta, ese mandato cívico.
Tengo enfrente las boletas, una para presidente municipal de La Paz y otra para elegir al diputado que nos representará en este distrito electoral, el numero 1.
¿Y ahora que hago para cumplirles a todos? Debajo de la camisa llevo la playera que me dieron los amarillos y en el carro traigo la gorra y el encendedor junto con la pluma de los azules. En la casa tengo dos bultos de cemento que me regalaron los del partido rojo, y también tengo la despensa y las láminas que me obsequiaron los del otro partido, que ya ni recuerdo cuál era. En mi mente resuena el eco de sus ofrecimientos, el “ahora sí les voy a cumplir” y los gritos comprometidos de un amasijo de perversos refugiados en un pantanal transformado en partido donde lograron concertar una de las mezclas políticas más inverosímiles de corrupción, control político, cinismo, charrería, trapacerías, ambición e ineptitud.
¿Qué hago con estas boletas? No me alcanzan para pagarles a todos los candidatos, y me da pena porque los conozco a todos, pero solamente puedo emitir un voto para diputado y otro para presidente. Con lo preocupado que estoy vagan por mi mente, como ánimas en pena, los sonrientes retratos de los candidatos en campaña: de los pillos y los decentes, de los trabajadores y los huevones, los cínicos y los responsables, los ladrones y los honrados, los simpáticos y los detestables… La bronca es que a todos les dije que sí, que yo y mi voto los llevaríamos al Congreso y a la Presidencia Municipal. ¿Y ahora que hago?, ojalá fuera la mitad de cínico que el pillo ese al que le dije que votaría por él porque me dio pena mandarlo al carajo, eso me facilitaría las cosas. Comienzo a sentirme molesto.
¿Qué destino le doy a estas dos boletas?
¿A quién puedo convertir en presidente y en diputado?
¡Carajo! ¡Qué difícil es elegir! ¡Qué difícil es votar!
Me pongo serio y comienzo a reflexionar sobre lo que ha hecho cada uno de estos personajes en mi colonia, por mí, por mi estado, por mi familia, por la comunidad y por las leyes. Espero que mi sesudo análisis me ayude a razonar el voto porque quiero un buen presidente y un mejor diputado, casi una quimera. Pero aún no puedo decidirme.
¿Será que me estoy poniendo demasiado chiquión?
Todavía tengo enfrente las boletas. Me queman. ¡Que difícil es votar!
A estas alturas ya llevó media hora en la mampara, ese pequeño espacio se ha convertido en una cámara de tortura. Sudo. Los funcionarios de casilla y representantes de los partidos han comenzado a camelar que estoy preparando el fraude del siglo o cuando menos un gran tamal. Ya me hicieron sentir mal, perseguido, vigilado, culpable, pero, ¿sabrán cómo me siento? Sus acusadoras miradas ya me convirtieron en un tipo sospechoso y ahora piensan que soy un malhechor electoral que está a punto de reventar el sagrado ejercicio electoral ciudadano.
¡Malditas boletas! Y yo que pensaba nada más llegar a la casilla, votar, y tan tan.
Pues no está fácil esta cosa de votar. ¿Cuál fiesta democrática? Esto es un martirio.
Comienzo a pensar quién nos gobierna, de qué partido o partidos, medito si han hecho un gobierno razonable, digo, porque tampoco existen los milagros. Ya me duele la cabeza, no sé si por el esfuerzo mental o por la desvelada de ayer. Tengo hambre. Pienso que una buena birria me caería muy bien, unos dos taquitos de dorada, un buen consomé y una chelita.
¡Malditas boletas! No sé para que vine, ahora tengo que decidir a huevo y hacerlo bien. El presidente de la casilla llamó a un policía porque ya me convertí en presunto culpable de haber cometido un delito electoral. Veo gruesos barrotes. Ya pasó una hora y no puedo salir de la cámara mortuoria en que se ha convertido la estúpida mampara. Por lo pronto, solamente redoblan la vigilancia de la caja de plástico en donde me encuentro escondido a punto de ser declarado y condenado como bandolero electoral. Por pasmado.
¿Y que les diré a los candidatos cuando me pregunten si de verdad voté por ellos o cuando me den las gracias porque mi voto los convirtió en diputado o presidente? Me van a cachar en la maroma, seré un elector traidor que no sabe cumplir sus promesas juradas.
Ya me salieron ronchas en la cara y en una nalga, de esas que me produce el nerviosismo y comienzo con una rascadera de perro. En una de esas hasta la cárcel me llevan por intento de fraude. ¿Yo seré el fraude o los candidatos? Perdí el rumbo. No hay pistas. Estoy mareado.
La verdad es que no quiero votar por mis cuates o por los conocidos sino por aquellos que realmente van a trabajar por la comunidad. Y me digo a mi mismo: “no seas mamón”. Esa idea me ayuda un poco, y luego, me deja más preocupado. ¿Cuáles de los próceres candidatos se dedicarán realmente a desarrollar su trabajo con responsabilidad y de cara a sus electores? En eso me acuerdo del merolico que recitaba, a gritos, verdades de a kilo, según él, y me digo que puede ser su última oportunidad de agarrar algo. Votaré por él por lástima. No. Esa no es razón suficiente para votar por él. Comienzo a ponerme dramático.
Alucinado veo pendones por todos lados con las sonrisas francas, alegres, comprometidas y cumplidoras, de todos los candidatos, como si ya hubieran ganado.
“Señor, señor, oiga, disculpe, ya fue tiempo suficiente para que emita su voto, le vamos a pedir, de favor, que se apure porque ya lleva más de una hora en la mampara y aquí no es estacionamiento”.
Así me dijo el irrespetuoso presidente de la casilla, y lo único que logró fue que me salieran más ronchas, ahora en la otra nalga. Aumentan los nervios, más preocupación. Me apanico. Tiemblo.
Ante tal apresuramiento, mortificado y con salpullido, tomé la decisión, cerré los ojos y voté.
Doble las boletas en forma de paloma tronadora y las enterré, junto con mi vergüenza, en las urnas transparentes. Me pintaron el dedo, recogí mi credencial y me fui enronchado pero con la satisfacción del deber cumplido. Todos me siguieron con una mirada acusadora hasta que logré salir de la escuela en donde estaba la casilla. Iba como espinado, con hambre y sed.
Enfilé rumbo a la Rosales y llegué a la birria con los doscientos pesos que me dieron para votar por un partido, por el que no voté, y luego, a dormir.
Esta monserga de votar con responsabilidad y bajo tanta presión cansa a cualquier fanático de la democracia, como yo.
31 enero 2008
¡ ADIÓS A LAS DELEGACIONES FEDERALES !
Ahora mismo son una fuente de poder innegable. Coto exclusivo de los panistas como en su tiempo lo fueron de los priistas. Aun cuando se hable de blindaje electoral y todas esas vaciladas, siempre encontrarán la forma de incidir o al menos de influir en el ánimo de los electores para que voten por el partido que los promovió, cuyo ejecutivo es el mismísimo dueño de todas las delegaciones federales del país: el Presidente de la República. En este momento, en el estado maravilla, todos los delegados son panistas que cumplieron en su tiempo con el requisito, insalvable, de saber rezar un rosario completo.
Hay una razón para que las delegaciones federales tengan tanto poder, económico y político, aunque ya no como antes, y este poder se origina del presupuesto que manejan y de los disminuidos cuadros técnicos que trabajan en las delegaciones para los fines del poder central; y debo reconocer que, históricamente, los mejores cuadros técnicos y profesionales trabajaban ahí, hubo personal muy capaz y experto en sus materias. No hay que escatimar el reconocimiento a estos cuadros técnicos, quienes fueron los responsables del desarrollo del país durante 70 años.
Pero sucede que también ya existen estos cuadros profesionales en los estados.
Antes, este poder, casi absoluto, le pertenecía al PRI, y era, como lo es hoy, una especie de agencia de colocaciones para los miembros locales o foráneos del partido en ejercicio del poder federal, y fueron también, en el pasado, una fuente de negociación con el poder local.
En el pasado, no muy reciente, ocurría que los gobernadores podían influir de manera decisiva en el nombramiento de los delegados federales, situación que poco a poco fue cambiando conforme los estados arribaban a la transición y el poder cambiaba de manos pero no de fondo.
Cuando el PRI perdió el poder en BCS y dimos inicio a la época perredista, no hubo ninguna posibilidad de que el gobernador del estado influyera en la designación de algún delegado federal en el estado, nomás los veía pasar y hacer.
Antes del arribo de los perredistas, durante el gobierno de Mercado, se perdió la fuerza política para solicitarle a algún secretario, o al mismo Presidente de la República, la designación de delegados proclives al gobernador o de su equipo. Esa prerrogativa se perdió por completo y me parece que por una decisión local del gobernador -inteligente según algunos, incluido el propio Mercado y por incapacidad para influir según otros, - porque pensó que si le permitía al secretario tal nombrar a sus amigos en las delegaciones federales pues el estado tendría mayores apoyos, en agradecimiento porque el gobernador le habría permitido a un poderoso del centro que le diera trabajo a sus cuates o que cumpliera compromisos. De esta manera, los estados representaban no solamente una fuente de trabajo para el propio delegado sino que además, éste tenía a su disposición los puestos de mandos medios que no son nada despreciables en términos de ingreso. Para aquellos secretarios con presencia nacional, que los había y varios, era fundamental tener a alguien de su confianza en los estados para operar en su favor, y si lograban colocar a sus amigos o personal de su absoluta confianza, pues podían maniobrar políticamente para sus propios fines, porque además, tenían picaporte con los gobernadores y con los mandos políticos medios de las estructuras estatales y municipales debido a la fuerza e influencia que ejercían gracias al poder del presupuesto federal. Es más había estados en los cuales un delegado tenía más poder y más presupuesto que todo el gobierno del estado, más aviones, más vehículos y más de todo.
La realidad política actual ha cambiado para muy poco, casi nada. Prevalecen los mismos criterios centralistas de beneficio para los amigos del ejecutivo federal en el nombramiento de los delegados federales y sus mandos medios. El país cambió en el 2000 para que todo, absolutamente todo, siguiera igual. O peor según algunos.
¿Cuánto nos cuestan las delegaciones federales? Un dineral.
El costo se ha estimado en 100 mil millones de pesos anuales. Más o menos.
¿Y para que sirven las delegaciones federales? Pues para promover el desarrollo de las entidades federativas. ¿Y entonces qué hacen todos los estados de la república en sus respectivos territorios? Exactamente lo mismo, y en muchos casos, lo hacen mejor.
Pues entonces ya no entendí nada.
Es probable que antes del cambio de partido en el poder federal en el 2000, se justificara la presencia de personal federal en las entidades federativas, porque las estructuras y el capital humano era, casi en todos los estados del país, muy deficiente, deplorable, y el personal federal tenía cuadros profesionales muy competentes en el desempeño de tareas que requerían de alta especialización.
Pero hoy es injustificable que tengamos tantas delegaciones federales cuando existen estructuras eficaces en las administraciones locales para atender las tareas del desarrollo y cuadros técnicos suficientes para enfrentar y resolver los problemas locales.
Estas ideas ya campean en el Senado de la República y en la Cámara de Diputados y es probable que en este año se concrete alguna medida para resolver este atavismo.
Aquellos que estiman un ahorro de tal magnitud cuando desaparezcan las delegaciones federales tal vez incurran en un error. El hecho de que desaparezca el ámbito federal en los estados no implica necesariamente que las funciones que realizan las delegaciones se dejen de hacer, al contrario, las hará el estado, pero éste requerirá necesariamente de personal técnico que actualmente se encuentra en las delegaciones federales para realizar los trabajos adicionales que implica esta carga extra de trabajo para las administraciones locales. En todo caso, habría que echarle cuentas al asunto, pero el problema de fondo es que se requiere, ya, una decisión política del más alto nivel para que se inicie un verdadero cambio de fondo y logremos la desaparición de las delegaciones federales en todas las entidades de la república.
A favor de esta decisión diremos que el poder público cuenta ahora con herramientas de control como es el caso de la Secretaría de la Función Pública y la Auditoría Superior de la Federación. Eso sin contar los Órganos de Control que existen en los estados a cargo de los ejecutivos locales y los que poseen los Congresos estatales. Todos estos organismos fiscalizadores tienen atribuciones legales en sus respectivos ámbitos de competencia para revisar el ejercicio del gasto, independientemente de su origen, y otras funciones de fiscalización, de modernización e innovación administrativa. Vamos, incluso los municipios cuentan ya con estructuras y herramientas que les permitirían municipalizar buena parte del gasto y de las funciones que desempeñan actualmente varias dependencias no sólo federales sino del propio estado.
El hecho es que no se ha llevado a cabo esta medida sencillamente porque nadie ha querido hacerlo. Falta la decisión del Presidente de la República y de quienes despachan en el Congreso de la Unión. O de ambos.
Sin embargo, no veo en el corto plazo una visión federalista salvo aquella que usan los políticos para quedar bien, y es como usted se podrá imaginar, federalista lector, de pura saliva. Y más allá, veo menos en nuestros políticos un genuino ánimo municipalista, el nivel de gobierno más próximo a la gente y el más abandonado.
La modernidad y el desarrollo de las fuerzas sociales exigen enfrentar las nuevas realidades de los estados para que las fuentes de poder competentes tomen una decisión histórica y operen la desaparición de las delegaciones federales porque ya dejaron de ser útiles para los estados, y se han convertido en un lastre que representa un gasto muy significativo para el erario.
Así que agarre su pañuelito y dígale adiós, para siempre, a las delegaciones federales en México. Ya pronto.
Hay una razón para que las delegaciones federales tengan tanto poder, económico y político, aunque ya no como antes, y este poder se origina del presupuesto que manejan y de los disminuidos cuadros técnicos que trabajan en las delegaciones para los fines del poder central; y debo reconocer que, históricamente, los mejores cuadros técnicos y profesionales trabajaban ahí, hubo personal muy capaz y experto en sus materias. No hay que escatimar el reconocimiento a estos cuadros técnicos, quienes fueron los responsables del desarrollo del país durante 70 años.
Pero sucede que también ya existen estos cuadros profesionales en los estados.
Antes, este poder, casi absoluto, le pertenecía al PRI, y era, como lo es hoy, una especie de agencia de colocaciones para los miembros locales o foráneos del partido en ejercicio del poder federal, y fueron también, en el pasado, una fuente de negociación con el poder local.
En el pasado, no muy reciente, ocurría que los gobernadores podían influir de manera decisiva en el nombramiento de los delegados federales, situación que poco a poco fue cambiando conforme los estados arribaban a la transición y el poder cambiaba de manos pero no de fondo.
Cuando el PRI perdió el poder en BCS y dimos inicio a la época perredista, no hubo ninguna posibilidad de que el gobernador del estado influyera en la designación de algún delegado federal en el estado, nomás los veía pasar y hacer.
Antes del arribo de los perredistas, durante el gobierno de Mercado, se perdió la fuerza política para solicitarle a algún secretario, o al mismo Presidente de la República, la designación de delegados proclives al gobernador o de su equipo. Esa prerrogativa se perdió por completo y me parece que por una decisión local del gobernador -inteligente según algunos, incluido el propio Mercado y por incapacidad para influir según otros, - porque pensó que si le permitía al secretario tal nombrar a sus amigos en las delegaciones federales pues el estado tendría mayores apoyos, en agradecimiento porque el gobernador le habría permitido a un poderoso del centro que le diera trabajo a sus cuates o que cumpliera compromisos. De esta manera, los estados representaban no solamente una fuente de trabajo para el propio delegado sino que además, éste tenía a su disposición los puestos de mandos medios que no son nada despreciables en términos de ingreso. Para aquellos secretarios con presencia nacional, que los había y varios, era fundamental tener a alguien de su confianza en los estados para operar en su favor, y si lograban colocar a sus amigos o personal de su absoluta confianza, pues podían maniobrar políticamente para sus propios fines, porque además, tenían picaporte con los gobernadores y con los mandos políticos medios de las estructuras estatales y municipales debido a la fuerza e influencia que ejercían gracias al poder del presupuesto federal. Es más había estados en los cuales un delegado tenía más poder y más presupuesto que todo el gobierno del estado, más aviones, más vehículos y más de todo.
La realidad política actual ha cambiado para muy poco, casi nada. Prevalecen los mismos criterios centralistas de beneficio para los amigos del ejecutivo federal en el nombramiento de los delegados federales y sus mandos medios. El país cambió en el 2000 para que todo, absolutamente todo, siguiera igual. O peor según algunos.
¿Cuánto nos cuestan las delegaciones federales? Un dineral.
El costo se ha estimado en 100 mil millones de pesos anuales. Más o menos.
¿Y para que sirven las delegaciones federales? Pues para promover el desarrollo de las entidades federativas. ¿Y entonces qué hacen todos los estados de la república en sus respectivos territorios? Exactamente lo mismo, y en muchos casos, lo hacen mejor.
Pues entonces ya no entendí nada.
Es probable que antes del cambio de partido en el poder federal en el 2000, se justificara la presencia de personal federal en las entidades federativas, porque las estructuras y el capital humano era, casi en todos los estados del país, muy deficiente, deplorable, y el personal federal tenía cuadros profesionales muy competentes en el desempeño de tareas que requerían de alta especialización.
Pero hoy es injustificable que tengamos tantas delegaciones federales cuando existen estructuras eficaces en las administraciones locales para atender las tareas del desarrollo y cuadros técnicos suficientes para enfrentar y resolver los problemas locales.
Estas ideas ya campean en el Senado de la República y en la Cámara de Diputados y es probable que en este año se concrete alguna medida para resolver este atavismo.
Aquellos que estiman un ahorro de tal magnitud cuando desaparezcan las delegaciones federales tal vez incurran en un error. El hecho de que desaparezca el ámbito federal en los estados no implica necesariamente que las funciones que realizan las delegaciones se dejen de hacer, al contrario, las hará el estado, pero éste requerirá necesariamente de personal técnico que actualmente se encuentra en las delegaciones federales para realizar los trabajos adicionales que implica esta carga extra de trabajo para las administraciones locales. En todo caso, habría que echarle cuentas al asunto, pero el problema de fondo es que se requiere, ya, una decisión política del más alto nivel para que se inicie un verdadero cambio de fondo y logremos la desaparición de las delegaciones federales en todas las entidades de la república.
A favor de esta decisión diremos que el poder público cuenta ahora con herramientas de control como es el caso de la Secretaría de la Función Pública y la Auditoría Superior de la Federación. Eso sin contar los Órganos de Control que existen en los estados a cargo de los ejecutivos locales y los que poseen los Congresos estatales. Todos estos organismos fiscalizadores tienen atribuciones legales en sus respectivos ámbitos de competencia para revisar el ejercicio del gasto, independientemente de su origen, y otras funciones de fiscalización, de modernización e innovación administrativa. Vamos, incluso los municipios cuentan ya con estructuras y herramientas que les permitirían municipalizar buena parte del gasto y de las funciones que desempeñan actualmente varias dependencias no sólo federales sino del propio estado.
El hecho es que no se ha llevado a cabo esta medida sencillamente porque nadie ha querido hacerlo. Falta la decisión del Presidente de la República y de quienes despachan en el Congreso de la Unión. O de ambos.
Sin embargo, no veo en el corto plazo una visión federalista salvo aquella que usan los políticos para quedar bien, y es como usted se podrá imaginar, federalista lector, de pura saliva. Y más allá, veo menos en nuestros políticos un genuino ánimo municipalista, el nivel de gobierno más próximo a la gente y el más abandonado.
La modernidad y el desarrollo de las fuerzas sociales exigen enfrentar las nuevas realidades de los estados para que las fuentes de poder competentes tomen una decisión histórica y operen la desaparición de las delegaciones federales porque ya dejaron de ser útiles para los estados, y se han convertido en un lastre que representa un gasto muy significativo para el erario.
Así que agarre su pañuelito y dígale adiós, para siempre, a las delegaciones federales en México. Ya pronto.
28 enero 2008
BLANCA NIEVES Y LOS SIETE ENANOS. EL CARRO COMPLETO
Esta columna no fue publicada el El Sudacaliforniano porque al momento de seleccionarla la Ley Electoral del Estado de B.C.S. ya impedía tratar el tema de las encuestas.
Yo no sé quien vaya a ganar la presidencia municipal en las votaciones del cercanísimo 3 de febrero. Lo puedo suponer, o decir yo quiero que gane tal o cual candidato por la razón que mejor me acomode. Hay incertidumbre y nerviosismo en los candidatos y en sus equipos de campaña porque lo que está en juego es mucho. Imagínese, despierto lector, que el PRD y sus aliados perdieran el municipio de Los Cabos o el de La Paz, sería una tragedia de efectos múltiples y de consecuencias desastrosas para el partido en el poder. Podemos imaginar también, en caso de perder los dos municipios más importantes del estado, la cantidad de muertos que saldrían del closet y las filas para ingresar a ese hotel de cinco estrellas que llaman Cereso. Perder significaría un reconocimiento de la población votante de que las obras y servicios de los actuales gobiernos, o más bien, las funciones de gobierno no las han desempeñado con eficiencia ni en beneficio de la población. Y aquí debemos entender que la gobernabilidad no es una responsabilidad exclusiva de los presidentes municipales o del gobernador, también hacen gobierno los diputados y los mandos medios y superiores que trabajan cotidianamente en los distintos niveles de gobierno. También hace gobierno el Poder Judicial del estado. En síntesis, el gobierno lo realizan los tres poderes, unos de manera directa y otros como apoyo aun cuando no aparezcan en la prensa escrita o en los noticieros de la televisión.Todo este conjunto de servidores públicos son percibidos por la población por lo que hacen, y de manera más importante, por lo que dejan de hacer. Y los califican. Cuando la evaluación es aprobatoria lo más seguro es que los candidatos del partido o partidos en el gobierno repitan porque tendrán el reconocimiento y la confianza de los votantes. No digo que haya unanimidad respecto a la aprobación de la obra de gobierno, afortunadamente no existe, pero sí hay mayoría, y con eso, se construye la democracia, para bien o para mal.
Pero si yo quisiera saber con certeza matemática cuáles podrían ser los resultados o las intenciones de voto de los electores ahora mismo, en una foto del instante en que le pregunto a algún posible votante, pues simplemente realizo una encuesta con determinada metodología, universalmente válida y bajo ciertas condicionantes. La primera, es que no debo contratar a una empresa patito para que me ofrezca resultados a modo, porque si yo fuera candidato, de nada me serviría el resultado porque no me estaría reflejando las intenciones reales del voto de los electores, ni tampoco mostraría objetivamente los resultados del trabajo hecho durante la campaña, ni me permitiría dimensionar el tamaño del esfuerzo que tengo que hacer para remontar, si fuera el caso. La segunda condición es que debo investigar cuáles son las empresas encuestadoras serias, profesionales, que realizan este tipo de estudios para que me den un resultado fidedigno; y debo constatar, también, que no tengan fama pública o privada de que se venden al mejor postor o de que no saben hacer su trabajo. Encuestadoras serias hay varias, y una de ellas, Mitofsky, acaba de publicar los resultados del muestreo realizado apenas entre el 15 y el 20 de enero anterior y es continuación de otra parcial que hicieron entre el 28 de diciembre y el 2 de enero. La primera proporciona los resultados obtenidos en los cinco municipios del estado y el Distrito 12, midiendo las intenciones de voto para cada uno de los partidos o coaliciones contendientes. Estos resultados ya fueron oportunamente publicados por El Sudcaliforniano y otros medios.
¿Y qué dicen las encuestas? Pues dicen carro completo para el PRD, PT y Convergencia. Arrasarían en todo el estado, quedándose con todas las diputaciones y presidencias municipales en disputa. Todas.
Vea usted. En La Paz hay una diferencia a favor de la candidata de esta coalición de 18.7 puntos porcentuales con respecto al candidato más cercano, el priista. También hay un 27.8% de los encuestados que no manifiesta su preferencia y serán quienes inclinen la balanza. Eso si quieren y amanecen sanos y con ganas de ir a votar. Y el 57.2% de los encuestados cree que ganará Rosa Delia.
Mis poderes de pitoniso resultaron certeros: el Panal y sus candidos ocupan el penúltimo lugar en la intención de voto, es decir, de abajo para arriba ocupan el segundo lugar, apenas superan a la candidata promovida por una entelequia que llaman MRPS y eso me devuelve la confianza en los electores.
En Los Cabos, el artista del momento, el de la coalición PRD, PT y Convergencia le lleva a su más cercano contendiente 18.5 puntos porcentuales y el 65% de los encuestados cree que ganará. En Comondú el candidato de esta coalición tripartita tiene una diferencia a su favor de 37.4 puntos arriba de su contendiente más cercano y la diferencia es mayor cuando se le pregunta a los encuestados quién cree que ganará la elección. En Mulegé se acorta la diferencia porque el candidato del PRD, PT y Convergencia va arriba “solamente” por 12.6 puntos. La más baja diferencia entre dos contendientes se dio en Loreto, allá el candidato de esta coalición tiene una mínima ventaja de 3.6 puntos sobre el candidato verde panista, en términos técnicos es un empate, pero la diferencia a favor del puntero es abrumadora cuando se les pregunta a los votantes quién cree usted que ganará.
Las encuestas bien hechas son producto de la ciencia matemática. No son cuentos. Son el producto acabado de un muestreo estadístico con validez científica. En cambio el 3 de febrero, que ya se nos vino encima, haremos un censo que incluirá a toda la población inscrita en el listado nominal, y entonces veremos cómo han cambiado los electores desde la encuesta. Lo que sí está en chino es remontar estas diferencias en el tiempo que resta, eso es casi imposible. ¿Mutarán los electores del estado? Yo no lo creo.Ganará quien decida la mayoría, no las minorías. Lo demás sí son cuentos chinos. Nos vemos en la casilla. Ah y apunten las placas.
22 enero 2008
VA MI RESTO POR UNA CURUL
Están por cerrar las campañas políticas de los cándidos candidatos. Unos casi amarrados porque tienen el triunfo en la bolsa al carecer de contrincantes de peso que sean del conocimiento de los electores por su trabajo social o político. Otros, son comparsas sin destino seguro y me pregunto si calibraron sus posibilidades reales para contender con alguna razonable certeza de competir y ganar; hay evidentes casos en los cuales es claro que los empujó un voluntarioso deseo de “contender” a sabiendas de que van a perder todos sus ahorros, pero suponen que ganarán algo de imagen, y seguramente, alguna compensación dependiendo de cómo, con quién y porqué la jugaron.
Dividamos a los actuales candidatos al Congreso en tres grupos: los que van a ganar, los nacidos para perder porque no los conocen ni en su casa y los que solamente van a jugar.
No hay más.
En el primer grupo van candidatos con una cómoda ventaja y tal vez el caso más claro es el de Armando Cota patrocinado por el PRD, PT y Convergencia. Influye, desde luego, que no tiene contrincantes de importancia enfrente. También lo hará ganar su desempeño reciente como Tesorero del XII Ayuntamiento en donde le tapó todos los agujeros al barco y pudo sacar a flote lo básico, a partir de los despojos que dejo, por cierto, un candidato a la Presidencia Municipal de La Paz quien anhela y jura, que ahora sí va a “construir La Paz que todos soñamos”. Nuestro compañero en esta página, Alejandro Álvarez, lo definió con maestría retratándolo para siempre como lo que es: “un cínico con mención honorífica”. Su fama pública de desvergonzado se hará cargo de sepultar al resto de los aventureros del panal de la Gordillo, tal como lo acreditó la más reciente encuesta de Mitofsky.
De manera que en el caso de Armando Cota su trabajo previo en la Tesorería Municipal lo acercará, irremediablemente, a comandar en el Congreso la Comisión de Vigilancia en donde será provechosa su experiencia técnica en materia de presupuestal y contable, porque a esta importantísima Comisión le reporta el órgano fiscalizador del Congreso: la Contaduría Mayor de Hacienda. Y vaya que hacen falta personas preparadas en el Congreso, porque esta ha sido siempre una de sus grandes carencias históricas.
Ante el alud de candidatos, más de 400, la mayoría de los votantes serán víctimas de la confusión cuando tengan que resolver, en plena casilla, por quiénes votar. Sin embargo, me parece que el factor que inclinará a los votantes a decidir será el partido (s) postulante en donde el PRD está a cargo del gobierno. Bajo esta óptica, es crucial la percepción que tienen los ciudadanos votantes sobre la efectividad y desempeño del gobierno actual, y según los datos disponibles, la mayor parte de la sociedad sudcaliforniana aprecia que ha habido, en general, un buen gobierno. Los ciudadanos asocian un desempeño razonable del gobierno a la realización de una gran cantidad de obras grandes y pequeñas y al mejoramiento general de los servicios. Además, hay mediciones objetivas que así lo demuestran, no es una ocurrencia mía, son datos duros obtenidos por medio de calificaciones que otorgan los propios ciudadanos a sus gobernantes.
Recuerde usted, informado lector, que uno de los actuales diputados reconoció que sus pares no pueden distinguir entre una vaca y un burro, declaración que yo tomé como un axioma que retrata a los integrantes del Congreso del Estado. Conste, yo no lo dije, fue un diputado quien lo declaró. También me queda claro que los partidos son los únicos responsables de que se cuelen al Congreso individuos ignorantes y personajes indeseables, mujeres y varones, sin ninguna preparación ni experiencia para la importantísima función que habrán de desempeñar.
Bueno, pero ese no es el tema sino los candidatos.
Vayamos al caso del “caliente” distrito cinco, donde resalta la estridencia de un par de gritones. Entre ellos me llama la atención un dizque profesor de apellido impronunciable, carente del más mínimo sentido de autocrítica, quien de veras cree ser el líder que todos estábamos esperando, padece verborrea y es enfadoso hasta la nausea; es una caricatura de los políticos de los setentas que para toda ocasión se tiraban el mismo rollo, aburrido, pesado, monótono, labioso y ladino, pero muy ambiciosos. Me imagino a este espécimen de museo representándonos en el Congreso apoderado de la tribuna y del micrófono, recetándonos “sesudos” discursos huecos, carentes de sustancia y fondo que agravarán más la desgraciada imagen del Congreso. Mi mejor esperanza es que la gente de ese distrito electoral reaccione con energía para rechazar en las urnas a este tipo de charros anclados en el siglo pasado, forjadores del desastre educativo nacional que padecemos en el país. El distrito cinco es, sin duda, el más competido de los XVI que entrarán en elección, pero haciendo uso de mis dotes de pitoniso, me parece que ganará una discreta, seria y ocupada profesora, Diana Von Borstel, tal vez con alguna dificultad, pero ganará. En este caso pesará mucho su trabajo y el voto favorable al partido que la postula, el PRD. Insisto, la competencia será aparentemente reñida, por los alaridos que escuchamos, pero la fuerza del partido que la promueve le dará el triunfo.
En política hay un hecho esencial para ganar y los actuales gobernantes lo aprendieron ya en la dura competencia por conservar el poder: contra el buen gobierno no hay antídoto. La gente lo sabe y también las autoridades políticas del estado y municipios. En el horizonte político no veo autoridades abusivas ni vejatorias de los derechos de los ciudadanos, no digo que no las haya, o que no existan algunos casos, pero la regla, me parece, es que el desempeño del poder ejecutivo estatal y el del municipio de La Paz han sido razonablemente acertados.
Serán los electores quienes calificarán a los candidatos mejor que yo, sin duda, y pondrán a los aventureros y ambiciosos en el basurero que les corresponde, como a ese otro gritón, abogado merolico, lenguaraz, estridente y codicioso en el quinto distrito, a quien los votantes no tolerarán en el Congreso. De eso estoy seguro porque nunca lo han elegido para nada.
Ah, sobre los candidatos del segundo grupo, los nacidos para perder, ni me ocupo, porque a lo más que llegarán es a jugar sin esperanza alguna de ganar, y son la mayoría, su foto y “propuestas” serán consumidas, en un instante, por el polvo del olvido. Y a los ilusos que juegan pues que sigan jugando.
Respecto a los candidatos a la Presidencia Municipal me ocuparé próximamente porque sí hay algunos candidatos que vale la pena analizar, desgraciadamente, pocos.
Dividamos a los actuales candidatos al Congreso en tres grupos: los que van a ganar, los nacidos para perder porque no los conocen ni en su casa y los que solamente van a jugar.
No hay más.
En el primer grupo van candidatos con una cómoda ventaja y tal vez el caso más claro es el de Armando Cota patrocinado por el PRD, PT y Convergencia. Influye, desde luego, que no tiene contrincantes de importancia enfrente. También lo hará ganar su desempeño reciente como Tesorero del XII Ayuntamiento en donde le tapó todos los agujeros al barco y pudo sacar a flote lo básico, a partir de los despojos que dejo, por cierto, un candidato a la Presidencia Municipal de La Paz quien anhela y jura, que ahora sí va a “construir La Paz que todos soñamos”. Nuestro compañero en esta página, Alejandro Álvarez, lo definió con maestría retratándolo para siempre como lo que es: “un cínico con mención honorífica”. Su fama pública de desvergonzado se hará cargo de sepultar al resto de los aventureros del panal de la Gordillo, tal como lo acreditó la más reciente encuesta de Mitofsky.
De manera que en el caso de Armando Cota su trabajo previo en la Tesorería Municipal lo acercará, irremediablemente, a comandar en el Congreso la Comisión de Vigilancia en donde será provechosa su experiencia técnica en materia de presupuestal y contable, porque a esta importantísima Comisión le reporta el órgano fiscalizador del Congreso: la Contaduría Mayor de Hacienda. Y vaya que hacen falta personas preparadas en el Congreso, porque esta ha sido siempre una de sus grandes carencias históricas.
Ante el alud de candidatos, más de 400, la mayoría de los votantes serán víctimas de la confusión cuando tengan que resolver, en plena casilla, por quiénes votar. Sin embargo, me parece que el factor que inclinará a los votantes a decidir será el partido (s) postulante en donde el PRD está a cargo del gobierno. Bajo esta óptica, es crucial la percepción que tienen los ciudadanos votantes sobre la efectividad y desempeño del gobierno actual, y según los datos disponibles, la mayor parte de la sociedad sudcaliforniana aprecia que ha habido, en general, un buen gobierno. Los ciudadanos asocian un desempeño razonable del gobierno a la realización de una gran cantidad de obras grandes y pequeñas y al mejoramiento general de los servicios. Además, hay mediciones objetivas que así lo demuestran, no es una ocurrencia mía, son datos duros obtenidos por medio de calificaciones que otorgan los propios ciudadanos a sus gobernantes.
Recuerde usted, informado lector, que uno de los actuales diputados reconoció que sus pares no pueden distinguir entre una vaca y un burro, declaración que yo tomé como un axioma que retrata a los integrantes del Congreso del Estado. Conste, yo no lo dije, fue un diputado quien lo declaró. También me queda claro que los partidos son los únicos responsables de que se cuelen al Congreso individuos ignorantes y personajes indeseables, mujeres y varones, sin ninguna preparación ni experiencia para la importantísima función que habrán de desempeñar.
Bueno, pero ese no es el tema sino los candidatos.
Vayamos al caso del “caliente” distrito cinco, donde resalta la estridencia de un par de gritones. Entre ellos me llama la atención un dizque profesor de apellido impronunciable, carente del más mínimo sentido de autocrítica, quien de veras cree ser el líder que todos estábamos esperando, padece verborrea y es enfadoso hasta la nausea; es una caricatura de los políticos de los setentas que para toda ocasión se tiraban el mismo rollo, aburrido, pesado, monótono, labioso y ladino, pero muy ambiciosos. Me imagino a este espécimen de museo representándonos en el Congreso apoderado de la tribuna y del micrófono, recetándonos “sesudos” discursos huecos, carentes de sustancia y fondo que agravarán más la desgraciada imagen del Congreso. Mi mejor esperanza es que la gente de ese distrito electoral reaccione con energía para rechazar en las urnas a este tipo de charros anclados en el siglo pasado, forjadores del desastre educativo nacional que padecemos en el país. El distrito cinco es, sin duda, el más competido de los XVI que entrarán en elección, pero haciendo uso de mis dotes de pitoniso, me parece que ganará una discreta, seria y ocupada profesora, Diana Von Borstel, tal vez con alguna dificultad, pero ganará. En este caso pesará mucho su trabajo y el voto favorable al partido que la postula, el PRD. Insisto, la competencia será aparentemente reñida, por los alaridos que escuchamos, pero la fuerza del partido que la promueve le dará el triunfo.
En política hay un hecho esencial para ganar y los actuales gobernantes lo aprendieron ya en la dura competencia por conservar el poder: contra el buen gobierno no hay antídoto. La gente lo sabe y también las autoridades políticas del estado y municipios. En el horizonte político no veo autoridades abusivas ni vejatorias de los derechos de los ciudadanos, no digo que no las haya, o que no existan algunos casos, pero la regla, me parece, es que el desempeño del poder ejecutivo estatal y el del municipio de La Paz han sido razonablemente acertados.
Serán los electores quienes calificarán a los candidatos mejor que yo, sin duda, y pondrán a los aventureros y ambiciosos en el basurero que les corresponde, como a ese otro gritón, abogado merolico, lenguaraz, estridente y codicioso en el quinto distrito, a quien los votantes no tolerarán en el Congreso. De eso estoy seguro porque nunca lo han elegido para nada.
Ah, sobre los candidatos del segundo grupo, los nacidos para perder, ni me ocupo, porque a lo más que llegarán es a jugar sin esperanza alguna de ganar, y son la mayoría, su foto y “propuestas” serán consumidas, en un instante, por el polvo del olvido. Y a los ilusos que juegan pues que sigan jugando.
Respecto a los candidatos a la Presidencia Municipal me ocuparé próximamente porque sí hay algunos candidatos que vale la pena analizar, desgraciadamente, pocos.
11 diciembre 2007
EL ASCO DE LA CORTE
Lo volvieron a hacer.
Lo hicieron con Lydia Cacho quien denunció a pederastas y pornógrafos que operaron al amparo del gober precioso y al cobijo una red de autoridades protectoras que se dedican a este lucrativo negocio. La recompensa es mucho más que las supuestas botellas de coñac, cualquier cosa que esto signifique.
No voy a abundar en los detalles de este caso típico de abuso de autoridad y protectores de pederastas porque éstos han sido públicos desde hace tiempo y quien los conoce resulta asqueado hasta el vómito. Hoy el asco que siento supera el que me produjeron los detalles enfermizos de las aventuras de quienes abusan de niñas y niños por simple “placer”, impunes gracias a sus protectores poderosos.
Ahora la vergüenza recayó solamente seis “defensores de la legalidad”, entre ellos dos mujeres: Margarita Luna Ramos, Olga Sánchez Cordero, Salvador Aguirre Anguiano, Mariano Azuela, Guillermo Ortiz Mayagoitia, y Sergio Valls.
Los otros cuatro fueron consistentes con lo que muchos esperábamos de la Corte.
Hubo algunos ingenuos que llegamos a pensar que los vividores de la Corte serían, por fin, la tabla de salvación de la legalidad en este país, que podrían cambiar y defendernos. Nos equivocamos rotundamente. Algunos de estos vividores fueron consistentes pero el resto no podrá cambiar. El mal está en su ADN. Están criados y cebados en un estercolero pletórico de complicidades y blindados en contra de las demandas de los molestos ciudadanos. Únicamente responden a sus propios intereses mezquinos, conservadores, misóginos (incluidas las dos señoras que asisten a la Corte), tolerantes y sórdidos.
¿En manos de quién estamos los mexicanos? ¿A qué o a quién se pueden atener los hombres y mujeres de bien, esforzados, de buena fe, cuando denuncian con pruebas y reclaman justicia?
Lo que nos dijeron los “impartidores de justicia” a los mexicanos, en cadena nacional, fue que el sistema de justicia existente hay que echarlo al bote de la basura y enterrarlo, comenzando por quienes dicen estar a cargo de esta tarea pero a la hora buena resultan blandengues y leguleyos. Una de las señales ominosas que nos enviaron tiene el significado de que cada quien se defienda como pueda, que cada quien se haga justicia por su propia cuenta y riesgo porque no hay quien nos defienda. O callar por miedo, porque denunciar y exigir justicia puede ser peligroso.
El mensaje que enviaron los vividores de la Corte es pavoroso para todos los mexicanos. Nos dijeron que podemos ser vejados, violados, torturados, maltratados y sometidos por las autoridades confabuladas y en complicidad con el crimen organizado, siempre y cuando estos abusos “no sean graves”. La inmensa mayoría de los que han tenido que ver con aquellos que procuran justicia y con quienes la administran, dan testimonio de los abusos, maltratos, torturas y vejaciones producto de la ilegalidad impune bajo la cual operan las autoridades de todos los niveles de gobierno, en más de una ocasión. También nos dijeron los vivillos, claro y fuerte, que hay que acostumbrarse a ser vejados y a respetar a los abusadores de niños y niñas.
Algo está mal en esta Corte. Algo no funciona bien. Los intereses que defienden no son los de la justicia y menos los de la gente común como usted y como yo.
Qué pena, que gran tragedia. Pobres mexicanos que padecemos a este conjunto de vividores que ya nos demostraron una vez más, por si había dudas, que no sirven más que para cobrar sus insólitos y desvergonzados emolumentos y privilegios.
La mayoría de estos cortesanos parásitos a quienes mantenemos, a costa de la indigencia de millones de compatriotas miserables, no tienen la estatura moral que hace falta para comprometerse con las mejores causas de este país, en una época en la que se requiere de hombres y mujeres valerosos que luchen por las mejores causas de la verdad y la justicia, esas grandes ausentes en nuestra sociedad.
A los vividores les pusieron una rolita para que pegaran un gran palo de vuelta entera y contentos se batieron en el lodo de su propia ineptitud, de su rancio conservadurismo e intereses. ¿No les dará pena? ¿No sentirán lástima de sí mismos cuando sus hijos, parejas o amigos los interrogan sobre el tema de Lydia Cacho y los pederastas y la pornografía, al enterarse de cómo votaron, mejor dicho, de cómo se exhibieron en la Corte?
Nos han demostrado que nada los apena, porque están forrados de su propio cinismo.
¿Qué les hizo falta para darnos, y darse a sí mismos, una lección ética y recuperar la confianza ahora totalmente perdida entre las montañas de sus prerrogativas?
El olor repugnante que emana la Corte de los vividores volvió a inundar a la República con su nauseabunda fetidez. Ad náuseam para que me entiendan.
Hemos quedado inermes.
A la señora Lydia Cacho y a las otras decenas de víctimas, y a nosotros con ellas, les queda recurrir a los organismos internacionales de justicia y derechos humanos, ante quienes, seguramente, presentarán las denuncias correspondientes.
Mientras, atribulado lector, haga caso del mensaje enviado por los inservibles vividores de la Corte y búsquese una pistola o de perdida una resortera para que se defienda, porque con esta Corte no vamos ni a la esquina.
Lo hicieron con Lydia Cacho quien denunció a pederastas y pornógrafos que operaron al amparo del gober precioso y al cobijo una red de autoridades protectoras que se dedican a este lucrativo negocio. La recompensa es mucho más que las supuestas botellas de coñac, cualquier cosa que esto signifique.
No voy a abundar en los detalles de este caso típico de abuso de autoridad y protectores de pederastas porque éstos han sido públicos desde hace tiempo y quien los conoce resulta asqueado hasta el vómito. Hoy el asco que siento supera el que me produjeron los detalles enfermizos de las aventuras de quienes abusan de niñas y niños por simple “placer”, impunes gracias a sus protectores poderosos.
Ahora la vergüenza recayó solamente seis “defensores de la legalidad”, entre ellos dos mujeres: Margarita Luna Ramos, Olga Sánchez Cordero, Salvador Aguirre Anguiano, Mariano Azuela, Guillermo Ortiz Mayagoitia, y Sergio Valls.
Los otros cuatro fueron consistentes con lo que muchos esperábamos de la Corte.
Hubo algunos ingenuos que llegamos a pensar que los vividores de la Corte serían, por fin, la tabla de salvación de la legalidad en este país, que podrían cambiar y defendernos. Nos equivocamos rotundamente. Algunos de estos vividores fueron consistentes pero el resto no podrá cambiar. El mal está en su ADN. Están criados y cebados en un estercolero pletórico de complicidades y blindados en contra de las demandas de los molestos ciudadanos. Únicamente responden a sus propios intereses mezquinos, conservadores, misóginos (incluidas las dos señoras que asisten a la Corte), tolerantes y sórdidos.
¿En manos de quién estamos los mexicanos? ¿A qué o a quién se pueden atener los hombres y mujeres de bien, esforzados, de buena fe, cuando denuncian con pruebas y reclaman justicia?
Lo que nos dijeron los “impartidores de justicia” a los mexicanos, en cadena nacional, fue que el sistema de justicia existente hay que echarlo al bote de la basura y enterrarlo, comenzando por quienes dicen estar a cargo de esta tarea pero a la hora buena resultan blandengues y leguleyos. Una de las señales ominosas que nos enviaron tiene el significado de que cada quien se defienda como pueda, que cada quien se haga justicia por su propia cuenta y riesgo porque no hay quien nos defienda. O callar por miedo, porque denunciar y exigir justicia puede ser peligroso.
El mensaje que enviaron los vividores de la Corte es pavoroso para todos los mexicanos. Nos dijeron que podemos ser vejados, violados, torturados, maltratados y sometidos por las autoridades confabuladas y en complicidad con el crimen organizado, siempre y cuando estos abusos “no sean graves”. La inmensa mayoría de los que han tenido que ver con aquellos que procuran justicia y con quienes la administran, dan testimonio de los abusos, maltratos, torturas y vejaciones producto de la ilegalidad impune bajo la cual operan las autoridades de todos los niveles de gobierno, en más de una ocasión. También nos dijeron los vivillos, claro y fuerte, que hay que acostumbrarse a ser vejados y a respetar a los abusadores de niños y niñas.
Algo está mal en esta Corte. Algo no funciona bien. Los intereses que defienden no son los de la justicia y menos los de la gente común como usted y como yo.
Qué pena, que gran tragedia. Pobres mexicanos que padecemos a este conjunto de vividores que ya nos demostraron una vez más, por si había dudas, que no sirven más que para cobrar sus insólitos y desvergonzados emolumentos y privilegios.
La mayoría de estos cortesanos parásitos a quienes mantenemos, a costa de la indigencia de millones de compatriotas miserables, no tienen la estatura moral que hace falta para comprometerse con las mejores causas de este país, en una época en la que se requiere de hombres y mujeres valerosos que luchen por las mejores causas de la verdad y la justicia, esas grandes ausentes en nuestra sociedad.
A los vividores les pusieron una rolita para que pegaran un gran palo de vuelta entera y contentos se batieron en el lodo de su propia ineptitud, de su rancio conservadurismo e intereses. ¿No les dará pena? ¿No sentirán lástima de sí mismos cuando sus hijos, parejas o amigos los interrogan sobre el tema de Lydia Cacho y los pederastas y la pornografía, al enterarse de cómo votaron, mejor dicho, de cómo se exhibieron en la Corte?
Nos han demostrado que nada los apena, porque están forrados de su propio cinismo.
¿Qué les hizo falta para darnos, y darse a sí mismos, una lección ética y recuperar la confianza ahora totalmente perdida entre las montañas de sus prerrogativas?
El olor repugnante que emana la Corte de los vividores volvió a inundar a la República con su nauseabunda fetidez. Ad náuseam para que me entiendan.
Hemos quedado inermes.
A la señora Lydia Cacho y a las otras decenas de víctimas, y a nosotros con ellas, les queda recurrir a los organismos internacionales de justicia y derechos humanos, ante quienes, seguramente, presentarán las denuncias correspondientes.
Mientras, atribulado lector, haga caso del mensaje enviado por los inservibles vividores de la Corte y búsquese una pistola o de perdida una resortera para que se defienda, porque con esta Corte no vamos ni a la esquina.
06 diciembre 2007
¿GOBERNADOR INMUNE O IMPUNE?
Esta columna no fue publicada en el periódico por causas que desconozco.
Hace unos días, me enteré, como todos, de una noticia inusitada en el medio político local: el Gobernador del Estado fue denunciado ante el Congreso Local por violaciones recurrentes al Artículo 134 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la Ley suprema en este país. Por cierto, apenas reformado de manera polémica pero clara y contundente, en el marco de los cambios constitucionales relacionados con asuntos electorales, especialmente, en lo concerniente a la prohibición para los tres órdenes de gobierno de realizar propaganda que promueva la imagen de cualquier servidor público en la que se incluyan nombres, imágenes, voces o símbolos que evidencien su promoción personal.En esta demanda los denunciantes exigieron que el Jefe del Poder Ejecutivo fuera sometido a juicio político.
En el supuesto, que conste, es una hipótesis, de que el juicio político solicitado se lleve a cabo y culminara con éxito en una resolución condenatoria contra el gobernante acusado, ello implicaría castigar al actual gobernador del estado con la única sanción prevista en la Constitución Federal y Local para este tipo de actos: la destitución del servidor público y su inhabilitación para desempeñar funciones, empleos, cargos o comisiones de cualquier naturaleza en el servicio público. ¿A poco sí? Pues sí, al menos eso es lo que dicen.
¿O sea que, en donde florece la justicia pronta y expedita, existe el riesgo de que nos quedemos sin gobernador? En la madre. Qué susto. Que meio.
Calma, calma, que nadie se apanique. Cero manifestaciones de desagravio, todavía.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, les da a los gobernadores de los estados inmunidad casi absoluta, ¿o será impunidad?, y sólo pueden ser juzgados por delitos federales y por violaciones graves a esa misma Ley Suprema. La Norma Federal establece en el artículo 110 que “Los Gobernadores de los Estados, Diputados Locales, Magistrados de los Tribunales Superiores de Justicia Locales y, en su caso, los miembros de los Consejos de las Judicaturas Locales, sólo podrán ser sujetos de juicio político… por violaciones graves a esta Constitución y a las leyes federales que de ella emanen, así como por el manejo indebido de fondos y recursos federales…”. Gulp. Tranquilos todos, porque el mismo artículo señalado termina reculando en la parte final del párrafo al señalar ” …pero en este caso la resolución será únicamente declarativa y se comunicará a las Legislaturas Locales para que, en ejercicio de sus atribuciones, procedan como corresponda”. ¡Uffffff¡ Sin embargo, la denuncia fue presentada ante el Congreso Local y no en la Cámara de Diputados.
Aquí es donde todo se convierte en un mal chiste al estilo de la Suprema Corte.
Pero supongamos que se hubiera presentado ante la Cámara de Diputados.
¿Entonces, bajo nuestro supuesto, qué van a hacer los próceres diputados locales una vez que reciban la resolución declarativa condenatoria, en contra del gobernador?
Pues nada, excepto darle el uso que mejor les convenga al papel en que va escrita la tal demanda.
Y le voy a tratar de explicar porqué, jurisperito lector, cuando menos hasta donde el seso me alcance. Les aclaro a mis dos lectores que este es un punto de vista sobre el tema y estoy seguro de que habrá más, y seguramente, mejor documentados que estos garabatos que ahora escribo.
Vea usted, justiciero lector, el artículo 158 de la Constitución Local no señala específicamente al Gobernador del Estado como uno de los servidores públicos que pueda ser sujeto a juicio político. Sí incluye, en cambio, a diputados, magistrados, secretarios, presidentes municipales, síndicos y regidores, directores, y otros muchos servidores públicos, y hasta los delegados municipales. Pero no aparece por ningún lado el Gobernador del Estado.
¡Ufffff¡ ¡Qué salvada!
Y en lo que se refiere al procesamiento penal de los servidores públicos que establece el artículo 159 de la Constitución Local, solamente se aplica a los servidores públicos señalados en el artículo 158 ya citado en donde no figura el gobernador del estado. Cualquiera supondría que el Gobernador es un servidor público, suena lógico y consistente por la función que desempeña. Así lo reconocen ambas Constituciones, la Federal y la Estatal, al señalar ésta última en el artículo 156 que es servidor público toda persona que desempeñe un empleo, cargo o comisión de cualquier naturaleza, en la administración pública estatal o municipal; y en su primer párrafo indica que se reputarán como servidores públicos a los representantes de elección popular, a los miembros del poder Judicial y a los funcionarios y empleados. Insisto, no se menciona específicamente al Gobernador del Estado. Por los argumentos ya citados estamos obligados a suponer que el Gobernador sí es un servidor público pero la Constitución local no lo incluye en la lista de quienes pueden ser sujetos a juicio político.
El camino a seguir sería presentar la denuncia ante la Cámara de Diputados quien procedería a la acusación respectiva ante la Cámara de Senadores, previa declaración de la mayoría absoluta del número de los miembros presentes en sesión de aquella Cámara, después de haber sustanciado el procedimiento respectivo y con audiencia del inculpado. De ahí, el Senado de la República emitiría una resolución puramente declarativa, la cual se comunicará al Congreso Local para que, en ejercicio de sus atribuciones, procedan como corresponda, según reza la Constitución Federal.
¿Y que es lo que corresponde? Nada porque según la Constitución Local y la Ley de Responsabilidades vigente en nuestro estado maravilla, el Gobernador no se encuentra entre los servidores públicos citados en el artículo 158 a quienes puede someterse a juicio político. Todo se convertiría en una especie de condena moral. Y tan tan.
Este hecho es una omisión grave en la Constitución Local y no creo que sea accidental o producto de la ignorancia. Recuerde usted el viejo refrán “el que hace la ley hace la trampa” que se cumple fatalmente en la legislación estatal. Pero en vez de ocuparse de estos asuntos nimios, y en calidad de mientras, nuestros próceres diputados locales continúan atareados en asuntos de enorme trascendencia, como pedirle a la Secretaría de la Función Pública que revisen la correcta construcción de ¡toda la obra pública del estado! sólo porque se cayó la cimbra de un puente. Para Rypley.
Lo bueno es que ya se van.
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