Ahora mismo son una fuente de poder innegable. Coto exclusivo de los panistas como en su tiempo lo fueron de los priistas. Aun cuando se hable de blindaje electoral y todas esas vaciladas, siempre encontrarán la forma de incidir o al menos de influir en el ánimo de los electores para que voten por el partido que los promovió, cuyo ejecutivo es el mismísimo dueño de todas las delegaciones federales del país: el Presidente de la República. En este momento, en el estado maravilla, todos los delegados son panistas que cumplieron en su tiempo con el requisito, insalvable, de saber rezar un rosario completo.
Hay una razón para que las delegaciones federales tengan tanto poder, económico y político, aunque ya no como antes, y este poder se origina del presupuesto que manejan y de los disminuidos cuadros técnicos que trabajan en las delegaciones para los fines del poder central; y debo reconocer que, históricamente, los mejores cuadros técnicos y profesionales trabajaban ahí, hubo personal muy capaz y experto en sus materias. No hay que escatimar el reconocimiento a estos cuadros técnicos, quienes fueron los responsables del desarrollo del país durante 70 años.
Pero sucede que también ya existen estos cuadros profesionales en los estados.
Antes, este poder, casi absoluto, le pertenecía al PRI, y era, como lo es hoy, una especie de agencia de colocaciones para los miembros locales o foráneos del partido en ejercicio del poder federal, y fueron también, en el pasado, una fuente de negociación con el poder local.
En el pasado, no muy reciente, ocurría que los gobernadores podían influir de manera decisiva en el nombramiento de los delegados federales, situación que poco a poco fue cambiando conforme los estados arribaban a la transición y el poder cambiaba de manos pero no de fondo.
Cuando el PRI perdió el poder en BCS y dimos inicio a la época perredista, no hubo ninguna posibilidad de que el gobernador del estado influyera en la designación de algún delegado federal en el estado, nomás los veía pasar y hacer.
Antes del arribo de los perredistas, durante el gobierno de Mercado, se perdió la fuerza política para solicitarle a algún secretario, o al mismo Presidente de la República, la designación de delegados proclives al gobernador o de su equipo. Esa prerrogativa se perdió por completo y me parece que por una decisión local del gobernador -inteligente según algunos, incluido el propio Mercado y por incapacidad para influir según otros, - porque pensó que si le permitía al secretario tal nombrar a sus amigos en las delegaciones federales pues el estado tendría mayores apoyos, en agradecimiento porque el gobernador le habría permitido a un poderoso del centro que le diera trabajo a sus cuates o que cumpliera compromisos. De esta manera, los estados representaban no solamente una fuente de trabajo para el propio delegado sino que además, éste tenía a su disposición los puestos de mandos medios que no son nada despreciables en términos de ingreso. Para aquellos secretarios con presencia nacional, que los había y varios, era fundamental tener a alguien de su confianza en los estados para operar en su favor, y si lograban colocar a sus amigos o personal de su absoluta confianza, pues podían maniobrar políticamente para sus propios fines, porque además, tenían picaporte con los gobernadores y con los mandos políticos medios de las estructuras estatales y municipales debido a la fuerza e influencia que ejercían gracias al poder del presupuesto federal. Es más había estados en los cuales un delegado tenía más poder y más presupuesto que todo el gobierno del estado, más aviones, más vehículos y más de todo.
La realidad política actual ha cambiado para muy poco, casi nada. Prevalecen los mismos criterios centralistas de beneficio para los amigos del ejecutivo federal en el nombramiento de los delegados federales y sus mandos medios. El país cambió en el 2000 para que todo, absolutamente todo, siguiera igual. O peor según algunos.
¿Cuánto nos cuestan las delegaciones federales? Un dineral.
El costo se ha estimado en 100 mil millones de pesos anuales. Más o menos.
¿Y para que sirven las delegaciones federales? Pues para promover el desarrollo de las entidades federativas. ¿Y entonces qué hacen todos los estados de la república en sus respectivos territorios? Exactamente lo mismo, y en muchos casos, lo hacen mejor.
Pues entonces ya no entendí nada.
Es probable que antes del cambio de partido en el poder federal en el 2000, se justificara la presencia de personal federal en las entidades federativas, porque las estructuras y el capital humano era, casi en todos los estados del país, muy deficiente, deplorable, y el personal federal tenía cuadros profesionales muy competentes en el desempeño de tareas que requerían de alta especialización.
Pero hoy es injustificable que tengamos tantas delegaciones federales cuando existen estructuras eficaces en las administraciones locales para atender las tareas del desarrollo y cuadros técnicos suficientes para enfrentar y resolver los problemas locales.
Estas ideas ya campean en el Senado de la República y en la Cámara de Diputados y es probable que en este año se concrete alguna medida para resolver este atavismo.
Aquellos que estiman un ahorro de tal magnitud cuando desaparezcan las delegaciones federales tal vez incurran en un error. El hecho de que desaparezca el ámbito federal en los estados no implica necesariamente que las funciones que realizan las delegaciones se dejen de hacer, al contrario, las hará el estado, pero éste requerirá necesariamente de personal técnico que actualmente se encuentra en las delegaciones federales para realizar los trabajos adicionales que implica esta carga extra de trabajo para las administraciones locales. En todo caso, habría que echarle cuentas al asunto, pero el problema de fondo es que se requiere, ya, una decisión política del más alto nivel para que se inicie un verdadero cambio de fondo y logremos la desaparición de las delegaciones federales en todas las entidades de la república.
A favor de esta decisión diremos que el poder público cuenta ahora con herramientas de control como es el caso de la Secretaría de la Función Pública y la Auditoría Superior de la Federación. Eso sin contar los Órganos de Control que existen en los estados a cargo de los ejecutivos locales y los que poseen los Congresos estatales. Todos estos organismos fiscalizadores tienen atribuciones legales en sus respectivos ámbitos de competencia para revisar el ejercicio del gasto, independientemente de su origen, y otras funciones de fiscalización, de modernización e innovación administrativa. Vamos, incluso los municipios cuentan ya con estructuras y herramientas que les permitirían municipalizar buena parte del gasto y de las funciones que desempeñan actualmente varias dependencias no sólo federales sino del propio estado.
El hecho es que no se ha llevado a cabo esta medida sencillamente porque nadie ha querido hacerlo. Falta la decisión del Presidente de la República y de quienes despachan en el Congreso de la Unión. O de ambos.
Sin embargo, no veo en el corto plazo una visión federalista salvo aquella que usan los políticos para quedar bien, y es como usted se podrá imaginar, federalista lector, de pura saliva. Y más allá, veo menos en nuestros políticos un genuino ánimo municipalista, el nivel de gobierno más próximo a la gente y el más abandonado.
La modernidad y el desarrollo de las fuerzas sociales exigen enfrentar las nuevas realidades de los estados para que las fuentes de poder competentes tomen una decisión histórica y operen la desaparición de las delegaciones federales porque ya dejaron de ser útiles para los estados, y se han convertido en un lastre que representa un gasto muy significativo para el erario.
Así que agarre su pañuelito y dígale adiós, para siempre, a las delegaciones federales en México. Ya pronto.
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
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