22 abril 2008

ENGATUSADO EN INFINITUM

Había llegado la hora de la modernización, de la conexión de alta velocidad, del acceso fulminante al sorprendente mundo de la Internet. Por cierto bastante tarde, como en muchas otras materias. A veces uno no se moderniza por razones tan pedestres como la falta de dinero, o por carencia de equipo el cual, desde luego, tiene un costo alto. Sin olvidar la razón más importante: el analfabetismo digital, la negación personal a incorporarse a la tecnología porque no se tienen los conocimientos básicos o de plano miedo porque no se tiene ninguna intención de entrarle a la este tipo de temas. La tecnología cuesta y una cosa lleva a la otra. Es como las mujeres que tienen una boda programada y se compran unos cómodos y hermosos zapatos, al último grito de la moda; pero ahí comienza apenas gasto. Luego se dan cuenta de que requieren de un vestido adecuado para calzar los zapatos que se compraron y comienzan a sumarle otros pequeños gastos como la obligada manita de gato en el salón de belleza, una bolsa, y en la suma total el gasto ascenderá a varios miles de pesos o cientos, depende de los ingresos y los gustos de cada quien.
Igual pasa con la tecnología en lo que se ha llamado genéricamente informática que para el caso es simplemente un conjunto de dos computadoras y un modem.
Bueno, pues finalmente me decidí a contratar el infinitum de alta velocidad, anunciado hasta la náusea por la empresa promotora, en realidad ni tanta rapidez porque solamente contrate el paquete de 1 mega, aunque comparados con los 50 kbps de la línea telefónica equivalía a un salto cuántico. Me dijeron por teléfono, y en la tienda y en los correos recibidos, que la velocidad contratada sería de 1 mega y yo estuve de acuerdo. Cerramos el trato en forma rápida una vez que se tomaron las decisiones y listo. Inició la espera. A los tres días me llegó el modem inalámbrico y a conectar y revisar durante los tiempos libres del día y de la noche, hasta que todas las conexiones estuvieron en su lugar. Como sucede con todo lo nuevo, la ansiedad llega a la desesperación cuando ya se quiere estrenar la reciente adquisición.
Todo listo. Pero había que esperar para configurar ahora el modem y para ello había que llamar al 01800 del proveedor y lo hicimos. El acceso vía telefónica a los servicios de asesoría es fácil y cómodo. No importa que a los usuarios nos quede la impresión de que los asesores a cargo transmitan a veces la impresión de estar tratando con retardados, o que lo traten a uno como a párvulos dejando notar una cierta impaciencia con los usuarios. Intentan ocultar, sin conseguirlo, su desesperación por tener que repetir hasta el agotamiento casi las mismas cosas a cientos o a miles de clientes que requieren asesoría. Desde luego nada que no pueda ser tolerado y superado, y digamos que, en general, el servicio que proporcionan los asesores es bueno a secas y tiene la ventaja de la disponibilidad siempre que se ofrece.
Al fin quedó configurado el sistema, que incluye desde luego las computadoras desde donde se accederá al modem y a la conexión a Internet. Y uno piensa que ya está todo listo… pero no es así.
La primera sorpresa recibida, fue que la velocidad no era la que yo suponía haber contratado, digamos que 1000 kbps, para hacerlo más sencillo, y equivalen más o menos a 1 mega. La conexión exitosa inicial la tuve a 250 kbps, aproximadamente, pero no pasé, en estos primeros intentos, de los 500 kbps. Y comencé a montar en cólera porque no se había respetado mi contrato original por el que pagaría lo convenido, mes a mes, puntualmente. De inmediato me comunique con los asesores por teléfono y comenzó la cauda de explicaciones de un lado y de otro; a veces tenía la sensación de que estaba hablando con una pared porque asesores y asesoras estaban cortados por la misma tijera, no respondían a las preguntas y reclamos, solamente recitaban la misma cantaleta impersonal y mis razonamientos se quedaban en el aire, lo cual me enfurecía aún más. Mi reclamo mayor era que no me habían entregado la velocidad contratada y fue en un momento de lucidez de mis asesores cuando recibí la respuesta: “es que la publicidad dice claramente que es hasta 1 mega de velocidad”. Yo les explicaba, una y otra vez, que si eso decía la publicidad pues tendría que haber momentos en los cuales la velocidad llegara a los 1000 kbps, pero el caso es que nunca me han dado esa cantidad. Después de mis quejas por la bajísima velocidad, los asesores movieron algo y fueron subiéndola poco a poco hasta que después de unos 7 intentos comencé a navegar a 850 kbps, más o menos. Había transcurrido una semana. La última prueba de velocidad la hice el sábado anterior con resultados variables en tres distintos medidores: la menor fue 465 kbps y en otro llegué hasta 861 kbps.
El caso es que nunca conseguí, ni espero llegar, “hasta” la velocidad prometida, ni siquiera de vez en cuando, porque así entiendo que puede suceder cuando alguien ofrece “hasta” tal o cual velocidad. Yo alegaba que si ellos prometían “hasta 1 mega”, pues en alguna ocasión debería de lograr esa meta y jamás he rebasado los 870 kbps. Siempre es menos pero nunca es más. Lo que digo es que podría pasar una semana o algunos días en que pudiera alcanzar la velocidad de 1 mega, y en otros días eso no ocurra y baje a 900 o a 500, pero en algún momento debería llegar “hasta”, la ansiada velocidad de 1 mega. Según la trampa, en tanto ellos me den entre 0.1kbps y un mega pues estarán dentro de lo que prometen: el “hasta”.
Todavía se alcanzaron la puntada genial de acusarme al decir que seguramente mi equipo no era muy moderno, y según ellos, pues ahí estaba el problema. Encima de que no entregan lo que prometen le cargan todas las culpas al cliente, por obsoleto y pobretón, porque no tiene una computadora ultramoderna para recibir sus “hasta” grandes velocidades. No les dije que no mamen porque ya no quiero enojarme por teléfono. Así que aguanté vara y aquí me tienen.
Pasaron varios días hasta que me di cuenta del gran truco encerrado en el “hasta”. Pero ya estaba engatusado, y en este camino es más fácil empujar para adelante que echar reversa.
También descubrí que yo les puedo pagar “hasta” 599 pesos igual que ellos me prometieron “hasta” 1000 kbps. A ver si resulta. Y cuando me digan “oiga, le faltan 200 pesos” les tendré que recordar que nuestro contrato decía “hasta”. Pero como sé que son bien gandallas, tengo la certeza de que si hago lo que digo, entonces con solo apretar un botón me pueden enviar de regreso a la máquina de escribir que usaba mi hija en la secundaria. Y al buró, y al infierno financiero, al ostracismo, y me cancelarán el teléfono por jodón y porque soy un cliente demasiado exigente. La realidad es que quiero contribuir a mantener al señor Slim en el primerísimo lugar que ocupa como el más rico del mundo. Hasta arriba. Faltaba más.Y ya ni les cuento de la computadora portátil que me acabo de comprar para estar a tono con la “alta velocidad” que me ofrecieron, eso no se los voy a reclamar. Lo que sí les puedo decir a mis megalectores, es que esta modernizada me costó un ojo de la cara.

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