No sé si reír o ponerme a llorar. Presentar una demanda en contra de las autoridades o de plano ver cómo nos pasa por encima el largo ferrocarril de la corrupción sin hacer nada porque el animal es muy grande. Yo, y muchos otros también, hacemos lo que podemos, lo que está a nuestro alcance pero eso no es nada, no pinta, no alcanza. La hidra de la corrupción crece y nos devora cada día. Nos alcanzó en síndrome de aquí mi chu: un pasito para delante y dos para atrás. Somos maestros del claroscuro, grandes avances y monumentales omisiones.
A la luz negra de los resultados de la encuesta bianual del Índice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno 2007, recientemente publicados por Transparencia Mexicana, hay diversas maneras de revisar el fenómeno de la corrupción y la falta de transparencia en Baja California Sur. Me referiré, principalmente, a la medición sistemática de la corrupción. Una visión, la pesimista, me permite afirmar que vamos perdiendo la dura batalla en contra de la corrupción. Los excelentes resultados obtenidos en nuestro estado en 2001, 2003 y 2005 (2º, 1º y 3er lugar) los botamos por el caño en el 2007 y descendimos hasta el lugar 17 porque las autoridades no tuvieron consistencia en su actuar ni energía para sancionar los casos claros. Tampoco tuvieron la preocupación ni la sensibilidad para darle continuidad al combate a la corrupción que vuelve a imperar en el estado. Y lo peor, con el asco de sistema de justicia penal y administrativa prevaleciente en el estado no se ve por dónde aminorar, ya no digamos resolver, este problema.
Las autoridades fueron, aún lo son, permisivas en exceso y tolerantes en demasía con los actos de corrupción que cometen los servidores públicos, se amilanan cuando hay que aplicar castigos ejemplares porque las pruebas no son de la contundencia requerida a pesar de las tropelías y se prefirieron las sanciones menores o de plano no quisieron hacer nada y los dejaban pasar para evitarse problemas. La consecuencia fatal: impunidad a placer. Los pocos juicios administrativos en curso han sido eternos, y cuando culminan, la autoridad pierde el caso y se les obliga a pagar inmensas cantidades de dinero que no tienen. La Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos está diseñada para cansar al denunciante, y si a eso le sumamos abogados incompetentes, el resultado de los procesos es una caricatura.
Lo mismo ocurre con los particulares, casi todo se permite o se tolera.
Otra forma de ver esta tragedia sería la de considerar que, sencillamente, volvimos a recuperar nuestra verdadera naturaleza: los sudcalifornianos somos corruptos de media tabla, y continuamos perdiendo los lugares de excelencia que ocupamos en relación a otros estados de la república, cuyas autoridades sí tienen un real y verdadero compromiso por atacar la corrupción grande y chiquita, no se han dormido en sus laureles y se han aplicado.
El compromiso innegable de los gobiernos que ocuparon los tres primeros lugares como los estados con menos corrupción en el país, fue más allá de aparecer en los medios repitiendo hasta el fastidio que no existe corrupción, y tampoco se termina esta lacra hablando en contra de ella en los actos públicos repletos de correligionarios. Por ahí no es.
Las actuales autoridades estatales y municipales son las responsables de que hayamos caído tanto en el índice de corrupción en el estado maravilla. Y eso no se vale. Implica dejadez, conlleva desánimo en la lucha, falta de compromiso social y en el peor de los casos complicidad.
La corrupción es un problema multifactorial enraizado en lo más hondo de la cultura nacional y a causa de la impunidad, tolerancia y complicidad existentes, goza de cabal salud; y no es patrimonio exclusivo de un solo partido, grupo social o de un nivel de gobierno en particular. Su carácter multifacético obliga a atacar el fenómeno de distintas maneras y con diversas herramientas, una de ellas, de manera destacada, es la transparencia y la rendición de cuentas, en donde también continuamos siendo opacos y muy remolones para rendir cuentas. En 2005, 2006 y 2007 BCS ocupó los lugares 27, 17 y 19 respectivamente, entre 32 estados del país, venimos remontando, es cierto, desde las más oscuras profundidades de la turbidez clandestina para situarnos, otra vez, en la media tabla, para ser más o menos transparentes o más o menos opacos, según el nivel de optimismo desde el que se juzgue.
En el caso de Baja California Sur todos perdemos con la corrupción, pero pierden más quienes ganan menos porque tienen que destinar hasta el 18% de su salario a la entrega de mordidas y pagos ilegales a las autoridades de toda laya.
De los 35 servicios públicos en los que se basó la encuesta de Transparencia aplicada en el estado maravilla, 11 empeoraron y son básicamente del ámbito municipal, eso también hay que decirlo. Destacan: estacionar el coche en la vía pública, evitar ser infraccionado y trabajar o vender en la vía pública. Pasamos de un índice de 3.9 en el 2001 a otro de 7.3 en el 2007, casi duplicamos el índice de corrupción en ese lapso. Estos conceptos de corrupción tienen que ver en primerísimo lugar con la actividad de la policía, y en segundo lugar, con las eternas mafias toleradas, las cuales, han resultado una verdadera fuente de riqueza y manipulación política para todos los partidos gobernantes: los vendedores ambulantes, fijos y semifijos.
No hace mucho, en septiembre de 2005, escribí en este mismo espacio con relación al tema: “Cada vez que quiero sentirme bien por vivir en BCS, veo con deleite, casi orgásmico, los resultados de la Encuesta Nacional de Corrupción y Buen Gobierno 2001 y 2003, en la cual, aparecemos en primerísimo lugar en la más reciente. Y de verdad que me causa una satisfacción inmensa. Reconozco que este sentimiento puede ser medio estúpido y cursi y tal vez hasta patético dirían algunos. Pero en realidad lo disfruto, es más, ya copie el reporte de la encuesta además del que me enviaron de Transparencia. En una de esas hasta lo pongo en un cuadrito en la sala de mi casa”. Soy un pinche iluso, porque ya sé que no hay nada para siempre. Ni modo.
En un tiempo no muy lejano fuimos el estado menos corrupto del país, ahora ya no estamos en ninguno de los tres primeros lugares. Fuimos un lugar privilegiado para vivir. Ya no lo somos.
¿Y ahora que hago, en dónde voy a poner el pinche cuadro que ya no sirve para nada?
Ya sé, lo pondré en el caño, que es adonde no fuimos.
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
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