17 febrero 2008

AL CARRO COMPLETO LE PONCHARON DOS LLANTAS

Es un contratiempo sin mayor trascendencia en el empedrado camino de la democracia chollera. Las dos llantas ponchadas simplemente se le cambiaron al carro y le pusieron otras iguales a las que ya traía, nuevas, pero de la misma rodada y dibujo. Solamente la marca está un poco borrosa pero se alcanza a distinguir que son muy parecidas. Es decir, no son las mismas pero son iguales.
El distrito V es para mí un enigma. Se obtuvo un resultado totalmente atípico que todavía tendrá que explicarse con un análisis más a fondo; al momento de escribir esta columna, el PREP reportó dos casillas ausentes en el cómputo, la 207 y la 256, una cuya acta no era legible y otra en donde el sobre no se entregó. Sin embargo, aún contabilizando ambas actas se ve difícil revertir el resultado y Diana se queda en el camino con una diferencia, hasta ahora, de 498 votos sin contar las actas pendientes.
Los resultados de las votaciones no deben ser un acto de fe porque los votos están ahí, contados y en la urna. Si hubiera incertidumbre, los votos se contarán, se deben contar, en particular si existen dudas razonables sobre algún resultado. Si después del recuento los resultados son los mismos pues ya estuvo, ganó el que ganó y a otra cosa. Pero más allá de estos datos fríos y contundentes, habrá que investigar qué fue lo que ocurrió con los votantes en el distrito V porque resulta incomprensible, al menos para mí, que en una buena parte de las casillas superaran a la Coalición en la elección de diputados por dos a uno a favor del panal, hecho que no me puedo explicar por el “carisma de político setentero” del candidato hasta ahora ganador. He escuchado algunas versiones sobre lo que pudo haber ocurrido pero no quiero hacerme eco de historias sin fundamento porque no tengo pruebas ni elementos de juicio concluyentes. Lo más sano sería investigar el asunto con los propios electores y una forma de hacerlo podría ser mediante el levantamiento de una encuesta únicamente con los electores del distrito V. Yo la haría de inmediato para no alargar el estudio de este caso y sacar algunas conclusiones sólidas que expliquen este comportamiento enigmático de los electores, raro en mi opinión, que salió de la normalidad electoral o de la votación esperada que todos suponíamos muy competida pero a favor de la Coalición de Diana.
Ya sabemos cómo se las gastan las huestes de la dama Gordillo, son expertos en trácalas y fraudes, maestros de la trampa y el atraco, docentes doctorados en la grilla y el control político, y con mafiosos expertos en estas materias a su incondicional servicio. Y dinero como arroz. En fin, esperemos a los que deciden y tienen los medios para investigar a conciencia lo que sucedió en ese distrito quinto. Aclaro, tampoco quiero ser mezquino, y en su momento, reconoceré los resultados que demuestren, sin sombra de duda, que esos votos fueron legítimos. La mula no era arisca. La líder del Panal vino a ver qué tan bien funcionó el sistema que usaron en el 2006. Probaron que sí funciona.
A ver, matemático lector, fíjese bien.
El porcentaje de votación de la jornada fue miserable, vergonzoso, votó solamente el 45.7% de los posibles votantes. El 99.5% de los electores inscritos en el listado nominal que no quisieron ir a votar, lo hicieron por una sencilla razón: por huevones e irresponsables. Sus argumentos para dejar de votar no son ideológicos, no exhiben una postura política o una razonada posición anarquista; si usted les pregunta a estos apáticos porqué no fueron a cumplir con su obligación ciudadana le contestarán una tontería que confirmará mi hipótesis. Tendrá que modificarse la ley para que una obligación de tal importancia, como el hecho de ir a votar para elegir a nuestros representantes y autoridades, se cumpla, y no hacerlo por negligencia o desidia, debe tener alguna consecuencia asociada, necesariamente, a una penalidad para exigir a los ciudadanos el cumplimiento de sus obligaciones cívicas. Es absurdo que una simple infracción de tránsito sí esté penada con una multa y cuando no votas no pasa nada. Es incomprensible que no sufragar merezca un cínico aplauso y carcajadas, en cambio, sí me sancionen, por tirar agua sucia en la calle o cuando decido no ir a pagar el predial o si dejo de llevar mi vehículo a pasar la revista, llegando al extremo de embargarme estos bienes en caso de no cumplir con mis obligaciones. No debemos confundir civismo con cinismo, se parecen pero…
La proporción de votantes fue realmente minúscula, ridícula. ¿Qué pasó? Pues que, entre otras cosas, la gente simplemente no quiso salir a votar, y cuando “pensaron” hacerlo, ya había comenzado el partido de futbol americano más visto de toda la historia, recordemos que un tercio de los votantes tienen menos de 30 años, lo cual podría revelar que sus preocupaciones están en otros escenarios y nada tienen que ver con la democracia. En una casilla del Esterito, me comentó un funcionario que la mayor parte de quienes acudieron a ejercer su obligación de votar, eran personas mayores, y extrañamente, casi no se presentaron jóvenes a votar. Ya veremos en los resultados definitivos cuáles fueron los grupos de edad que acudieron a votar.
En la votación general se reporta una abstención del 54.3%. Lamentable por donde se le vea. El Instituto Estatal Electoral nos debe una explicación. No los culpo de nada, digo que ellos tendrán la obligación de investigar lo que está ocurriendo con los votantes sudcalifornianos. Tienen la obligación de hacerlo por dos razones poderosas: primero porque nos cuestan mucho y en segundo lugar porque son de los nuestros, de los ciudadanos. Ojalá no lo olviden.
La tarea monumental de los partidos será intentar, de manera inteligente, bajar sus altísimos niveles de desprestigio y la falta de confianza de la población en sus propuestas, y probablemente, en sus candidatos, o en ambos. Los partidos que tenemos, han provocado, ellos sí, todos, que la gente no quiera votar. Es lo que han construido.

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