Hoy es Puebla. Mañana quien sabe. Ésta mítica tierra cambia de lugar casi todos los días.
Gracias a las campañas políticas de los últimos 20 años el deporte nacional de nuestros políticos se ha convertido en una absurda y deprimente guerra de caca para la que muestran una enorme y enfermiza afición. En los últimos siete años la lluvia cacalotera ha arreciado. Es un huracán grado cinco. Nos inundaron de aguas negras.
Lo fundamental para ganar esta guerra infernal, ya inscrita en lo más selecto de la escatología política, es que se localicen, primero, suficientes depósitos de inmundicia pública o privada en cualquier lugar del país. Ésta inmundicia siempre es exuberante, lo que comprueba la certeza de aquel cuento que les enseñaban en la primaria a los niños en el siglo pasado: México es el cuerno de la abundancia. Y si.
Estamos sobrados y con mucho parque. No hay un solo estado del país que no disponga de arsenales hediondos, nauseabundos, rebosantes de asquerosidades para ventilarlas y repartir sus efluvios en los ámbitos públicos o privados por todo el país.
Las torpezas y los intereses juegan.
El aderezo de este plato fuerte es la corrupción infinita.
Para que se le pueda jalar al WC hace falta acumular suficiente inmundicia para volver dejar el agua limpia y preparar el baño para la otra deyección que ya viene, porque será mejor que la previa y de mayor daño y escándalo.
No sirven de protección ni las sombrillas ni los biombos.
Ni los trajes especiales.
Los especialistas en control de daños se cotizan altísimo. Todos han fracasado.
Los atacantes tienen mucho parque y harto material fétido en sus alforjas para que les alcance hasta 40 días antes de la elección, plazo que determinó el IFE en su acuerdo de neutralidad electoral. La inercia de la diarrea hará añicos plazos y restricciones.
Y si algo no se les va a terminar a los contrincantes es precisamente la caca. Los adversarios y enemigos políticos tienen cientos de miles de toneladas en sus pestilentes reservorios para que no les pase lo que les sucede a aquellos que pierden la guerra por falta de municiones. Todos tienen metralla para dar y repartir.
En los estercoleros de los partidos, del gobierno federal, y en los estatales y municipales disponen de estrategias bien definidas en sus cuartos de guerra sobre la mejor forma de acomodar la boñiga en el poderoso ventilador nacional para asegurarse de que todos, contendientes y espectadores, queden permanentemente embarrados de mierda y con eso destruir a sus enemigos y de paso la frágil dignidad nacional, lo que sea que esto signifique.
La consigna es que nadie quede limpio. Todos de clavado en el albañal.
Es tal la fuerza distribuidora del abanico, que alcanza a quienes suponen no deber nada y alegan que ni tienen vela en el entierro, pero saldrán de todas formas embarrados y hediondos. Y aquellos ilusos que piensan que su plumaje no queda manchado están errados, porque en esta guerra interminable no hay lejos ni cerca, todos estamos ya en uno de los infiernos pestilentes de Dante, y tomados de la mano del poeta atestiguaremos como se degrada y castiga a la escoria humana con el desprestigio mediático sin importar la validez jurídica de los argumentos.
Sin salvación.
Esta por escribirse el mejor libro de escatología (“tratado de cosas excrementicias”) en el cual aportarán su granito de arena los mejores políticos nacionales, empresarios y prohombres de la sociedad. En su papel de autores, forman ya una kilométrica fila para que sus obras se publiquen en lo que será el libro más vendido. Los futuros dramaturgos de esta fenomenal obra del siglo XXI se encuentran eufóricos por demostrar sus grandes talentos para generar montañas de inmundicia y podredumbre.
Los problemas nacionales como la pobreza, la corrupción del FONDEN, el desempleo, la salud, la educación, la gripe aviar y decenas más, pasan a segundo, tercero o ultimo término en las listas de pendientes de los gobernantes, los partidos políticos y sus candidatos.
Sus prédicas quedan sepultadas en toneladas de caca.
La obligación de estos modernos cruzados es destruir al contrario al costo que sea, bajarle puntos en las encuestas con sus carambolas de tres y cuatro bandas en las que nadie queda limpio porque no hay control que contenga la fuerza del oleaje. El fin justifica los medios.
Todos compiten por ocupar el primerísimo lugar en la lista de los record Guinness en donde la competencia para definir un ganador absoluto será la persona, grupo, partido o gobierno que logre quedar más y mejor embarrado de mierda. Los competidores enlodados también se pueden ganar varios puntos adicionales acreditando que despiden el mayor grado de fetidez midiéndose ellos mismos con un pestilómetro o un tufometro de alta tecnología.
Así vemos proliferar los bejaranazos, los ahumadazos, la pareja presidencial, los martitos, los montielazos, el negociazo de los gasolineros, los asesinatos de periodistas en donde México ocupa el primer lugar mundial, los líderes sindicales, los marinazos poblanos y... con un poco de paciencia veremos desfilar hasta los más prístinos políticos cuando los cadáveres que tienen escondidos en el closet salgan y se comiencen a orear en los tribunales inapelables y justicieros de la opinión pública nacional.
Más funesto aún, es el hecho de que no son las instituciones que procuran justicia ni el poder judicial quienes procesan estos cerros de caca como seria deseable en una democracia con instituciones sólidas, no es esa la intención. Lo que se busca es el desprestigio del enemigo, provocar que su sola presencia contamine con su miasma todo su entorno y el ajeno.
Hasta ahora los perjuicios han sido incalculables.
Sálvese el que pueda porque todavía no vemos nada. Lo “mejor” del estercolero está por llegar desde Puebla y Cancún. Provendrá de los expedientes de la PGR sobre el caso (Averiguación previa 447/2003-IV) contra el pederasta y pornógrafo infantil más famoso del mundo en vías de extradición desde los Estados Unidos. Ah y del “gober precioso” y sus amiguitos. En este desfile fecal, el hedor anuncia que continuarán apareciendo santo y seña de quienes menos esperamos: dignísimos empresarios y ejecutivos de prosapia, financieros, ejecutivos de medios, columnistas, legisladores y gobernantes en activo y en la banca. Todos ellos asistentes a las grandes orgías llamadas “fiestas infantiles” donde los invitados “degustaban” con furor ”hermosas botellas de cognac”, lo que en su clave siniestra significó el abuso y la violación de niñas y niños.
El escándalo anterior quedará como un relato costumbrista comparado con el siguiente aquelarre y así seguiremos moviéndonos en un eterno vomitivo.
El poder excrementicio es de tal magnitud que no se agotará.
Sucede como en aquel chiste, en donde los encausados pueden escoger uno de tres cuartos llenos a rebozar de heces pestilentes; en el primero la caca llega hasta las rodillas pero pasa frecuentemente una filosa cuchilla que obligará al castigado a hacer un bucito para no morir y queda destilando porquería y embarrado sin remedio; en el segundo aposento el nivel de caca llega hasta el corazón pero pasa un tubo con cuchillos que obliga al condenado a meter el cuerpo totalmente en esa pútrida alberca para no morir degollado; y en la tercera cámara no hay cuchillas ni riesgos de muerte, la caca le llega al condenado hasta el bigote y aquí lo único que pide el presunto inculpado es que, por piedad, nadie haga olas. Los mexicanos ya llegamos al tercer cuarto gracias a estos engendros dantescos llamados políticos y sus cómplices “empresarios” corruptos y depravados.
La historia reciente de México nos ha demostrado que tenemos verdaderos especialistas en producir no solamente olas y grandes mareas sino devastadores Tsunamis mexicanos de caca, y logran salpicarnos a todos, de costa a costa y de frontera a frontera. Y la cresta que ya se asoma producirá un daño descomunal. Prepárese.
Usted, paciente e impoluto lector, tome su silla, disfrute de este nuevo deporte nacional y prepárese a votar en las próximas elecciones para elegir a su presidente, a sus senadores y a sus diputados.
Para no sentirnos fuera de lugar, nuestras sacrosantas autoridades han dispuesto que las casillas electorales sean instaladas en un obrador portátil y las boletas para elegir a los “mejores” prohombres estarán impresas en papel higiénico suavecito, de triple hoja para no batallar.
Y para no errarle.
¡Diooooss que país!
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
21 febrero 2006
15 febrero 2006
PELIGRO... PILLOS TRABAJANDO
¿Los sudcalifornianos están a punto de explotar porque están hartos de que los gasolineros les roben? Desde luego que no. Todos continuamos durmiendo la mona: las autoridades federales, las autoridades estatales, las municipales, las organizaciones de consumidores, la PROFECO... todos.
Mientras los gasolineros nos siguen robando.
Han conjugado el verbo saquear a placer.
Las 72 gasolinerías que existen en el estado continúan desvalijándonos a todos los sudcalifornianos. Años de impunidad y complicidades.
A manos llenas y con total impunidad. No tienen llenadera.
Su cinismo es imperdonable y punible.
En un país de a deveras ya los hubieran metido a la cárcel además de obligarlos a regresarnos a los consumidores todo lo que por años nos han robado. A resarcir el daño según dirían algunos abogados.
¿Por qué debemos permitirles a estos “empresarios” que nos asalten? ¿Porqué debemos “pagarles” un porcentaje de nuestro escaso salario a estas ratas cada vez que vamos a uno de sus malditos negocios? ¿Por qué cuando pago 100 pesos de gasolina sólo me dan una parte? ¿Por qué nunca venden litros de 1,000 mililitros? Siempre venden menos de lo que el consumidor paga, nunca de más. Todos los “errores” de las máquinas son siempre a su favor. La Ley de Herodes.
¿Qué se creen estos ladrones sinvergüenzas?
¡Ya basta! Porque no van a desvalijar a su...
Pero veamos que han hecho los diversos ámbitos de gobierno para solucionar este problema que ocasionan un conjunto de pandilleros dizque “empresarios” mafiosos y ladrones. Le adelanto algo: nuestras autoridades doblaron las manitas y les están pidiendo perdón por haberlos ofendido.
El gobierno federal que fue quien “descubrió” el atraco por conducto de la Secretaría de Seguridad Pública Federal generó un estudio técnico, serio y documentado, y con datos y pruebas de los robos en la mano no ha querido hacer nada. Pero resulta que Fernando Canales Clariond, un verdadero zopenco foxista que no ata ni desata, Secretario de Energía, reconoció que “ninguna dependencia gubernamental tiene un censo exacto de cuántas gasolineras despachan litros incompletos... en un plazo menor a un año se tendrá un diagnóstico confiable que permitirá conocer cuáles son las estaciones de servicio que continúan defraudando al público consumidor.” ¡Bolas! Para rematar les otorga un año más de absoluta impunidad. Otra vez nos demuestran que el gobierno federal no sabe qué hace el gobierno federal. Sólo queda el ruido y la confusión. ¡Que país! ¡Pobre país! ¡Pobres mexicanos y pobres sudcalifornianos!
La opinión pública tiene la certeza de que las autoridades federales no han actuado en contra de estos criminales porque algunos de ellos están involucrados en uno de los negocios más antiguos y productivos de México y que únicamente movieron el avispero para obtener más lana.
Ahora nadie les peló los machetes para que recularan, los mafiosos simplemente alardearon con darnos sólo un chisguete de gasolina intimidaron a las autoridades con esa babosada de que cerrarían las bombas si continuaban con sus “amenazas” de meter en cintura a estos pandilleros mafiosos. Con eso tuvieron Fox y sus aguerridas huestes. El gobierno de “los empresarios para empresarios” respondió con la ya clásica actitud blandengue conocida por todos los mexicanos, que ya es un icono y materia de exportación a todos los rincones del mundo.
Y en el colmo de la sinrazón, las complicidades y las amenazas de los gasolineros, Pemex ¡les aumentó! las comisiones por venta de combustibles; además, les van a dar financiamientos a modo para ver si nos hacen el favor de cambiar las bombas hasta dentro de un año o dos o nunca; tampoco tendrán que pagar las comisiones por emitir facturas cuando se pague con tarjeta de crédito; les dieron un año más de robo impune... y recibieron la promesa de que a los consumidores nos pueden seguir esquilmando y empinando para servirnos los litros de gasolina como ellos quieran. Todo a su gusto y medida. Todo en la impunidad absoluta como si no estuviera pasando nada. Es el cuento sin fin. Una más de las tragedias de México.
Así pues, con el gobierno federal no contamos y como dijo Don Teofilito... ni contaremos. No sirven para nada. Los funcionarios federales son los dueños de ese pastel. Solamente ellos pueden intervenir en estos negocios porque la legislación establece que corresponde al ámbito federal porque es una franquicia de Pemex.
Según el señor Kafka, el Delegado Federal de la Profeco no puede ir a cualquier gasolinería ni siquiera con una botellita a medir cuánta gasolina despachan de menos estos bribones; tampoco pueden ir a revisar las bombas ni los sistemas electrónicos que controlan el despacho del combustible y en consecuencia nada puede hacer para impedir el robo infame y artero que cometen en contra de usted, atracado lector porque “esa tarea corresponde a nuestras autoridades centrales”, dicen sin el menor decoro. ¿Para que nos sirve a los sudcalifornianos una delegación federal a la que no se le delega nada, que supuestamente está obligada por ley a proteger a los consumidores en el estado? ¿Su función se reducirá a que los centros comerciales no vendan un miserable cuaderno de tres pesos en tres veinte? Encima de todo cuando logran llegar a una gasolinería se topan con un amparo otorgado por algún juez que protege a estos malvivientes atracadores. Y ya con el permiso en la mano nos siguen robando.
¿Y que pasa con los del equipo del señor “Vamos-por-más”? ¿Adónde irán por más? ¿A una gasolinería? Esta es su gran oportunidad de ir por más... si quieren. Aplícate Narciso. Tienen ante sí un monumental robo, un delito gigantesco cometido en perjuicio de los sudcalifornianos y no han dicho esta boca es mía. Amparados por el clásico “no es mi ámbito de competencia” nadie se quiere meter. Las autoridades estatales también permiten, por omisión, que los gasolineros nos sigan asaltando y a la larga resultan cómplices de estos rateros tramposos. ¿No tendremos ningún resquicio legal en el estado para que se impida este despojo? ¿No sería posible que nuestros diputados y diputadas en el Congreso legislaran con ingenio e inteligencia alguna disposición para que se impida este inmenso robo a sus representados? ¿Será tan difícil hacer algo?
¿De verdad no hay un solo político o autoridad en el estado puede hacer nada para detener esta rapiña?
¿El marco legal del estado y de los municipios les permite a estos bandidos que nos atraquen? ¿Será posible que localmente no podamos hacer nada más que agachar la cerviz?
Deben de hacer algo. Tienen que pensar en algo. En este caso particular los consumidores no podemos hacer nada porque no es un servicio como el de los celulares o la luz eléctrica en donde sí podemos tomar represalias en contra de las empresas. Dejar de consumir combustibles nos paralizaría y esos resultados negativos operarían en contra nuestra. A eso se atienen estos delincuentes rapaces.
¿Porque a las personas que se roban un jabón y un par de calzones en un centro comercial los meten a la cárcel?
Si en un restaurante le sirven a usted, martirizado lector, cucarachas en la comida o no cumplen disposiciones de protección civil o de salubridad con toda certeza ese lugar será multado o cerrado sin importar que sea una franquicia. ¿O no? Y si reinciden, adiós.
¿Porqué a quien se roba una chatarra de carro lo condenan a varios años de prisión?
¿Por qué a los que se roban alambres de cobre los refunden en la cárcel casi de por vida?
A quienes cometen un fraude simplemente los meten a la cárcel.
A quien extorsiona también. A los que se roban la gasolina marina también.
¿Cuántas personas viven hoy en la cárcel por robarse unos centavos?
¿PORQUÉ A UN CONJUNTO DE VIVALES GASOLINEROS LADRONES QUE NOS ASALTAN ROBÁNDOSE ¡192,000 PESOS DIARIOS! NADIE LES HACE NADA?
¿Usted, lector vejado y atracado, entiende algo de este desmadre?
¿Por qué nos dejamos humillar de esa manera los mexicanos?
¿Qué perverso karma tenemos que estar pagando para soportar a estos tramposos?
Y con toda esta confusión inmovilizante de competencias federales, estatales y municipales, los gasolineros continúan dedicados con alegría e impunidad a robarnos, sin recato alguno, sin consecuencias, a todos los automovilistas del estado. Protegidos y amparados por SU ley, la de Herodes.
Son 20 mil millones de pesos en todo el país lo que nos roban estos mal nacidos a usted, a mí y a todos los mexicanos.
Malditos miserables ladrones.
Y ojo, no son los empleados que le despachan el combustible porque ellos también son víctimas de los mismos estafadores cuando compran gasolina y porque ni siquiera son empleados formales con plenos derechos. Así que no los escupa cuando los vea, ellos no lo merecen.
Pero como decía mi abuela cuando se convertía en víctima de los pérfidos gandallas, ladrones, prevaricadores y mezquinos: ¡se han de morir con una rata atravesada en el hocico!
Y que les haga buen provecho.A ver hasta cuando vamos por más. Mientras sigamos durmiendo la mona.
Mientras los gasolineros nos siguen robando.
Han conjugado el verbo saquear a placer.
Las 72 gasolinerías que existen en el estado continúan desvalijándonos a todos los sudcalifornianos. Años de impunidad y complicidades.
A manos llenas y con total impunidad. No tienen llenadera.
Su cinismo es imperdonable y punible.
En un país de a deveras ya los hubieran metido a la cárcel además de obligarlos a regresarnos a los consumidores todo lo que por años nos han robado. A resarcir el daño según dirían algunos abogados.
¿Por qué debemos permitirles a estos “empresarios” que nos asalten? ¿Porqué debemos “pagarles” un porcentaje de nuestro escaso salario a estas ratas cada vez que vamos a uno de sus malditos negocios? ¿Por qué cuando pago 100 pesos de gasolina sólo me dan una parte? ¿Por qué nunca venden litros de 1,000 mililitros? Siempre venden menos de lo que el consumidor paga, nunca de más. Todos los “errores” de las máquinas son siempre a su favor. La Ley de Herodes.
¿Qué se creen estos ladrones sinvergüenzas?
¡Ya basta! Porque no van a desvalijar a su...
Pero veamos que han hecho los diversos ámbitos de gobierno para solucionar este problema que ocasionan un conjunto de pandilleros dizque “empresarios” mafiosos y ladrones. Le adelanto algo: nuestras autoridades doblaron las manitas y les están pidiendo perdón por haberlos ofendido.
El gobierno federal que fue quien “descubrió” el atraco por conducto de la Secretaría de Seguridad Pública Federal generó un estudio técnico, serio y documentado, y con datos y pruebas de los robos en la mano no ha querido hacer nada. Pero resulta que Fernando Canales Clariond, un verdadero zopenco foxista que no ata ni desata, Secretario de Energía, reconoció que “ninguna dependencia gubernamental tiene un censo exacto de cuántas gasolineras despachan litros incompletos... en un plazo menor a un año se tendrá un diagnóstico confiable que permitirá conocer cuáles son las estaciones de servicio que continúan defraudando al público consumidor.” ¡Bolas! Para rematar les otorga un año más de absoluta impunidad. Otra vez nos demuestran que el gobierno federal no sabe qué hace el gobierno federal. Sólo queda el ruido y la confusión. ¡Que país! ¡Pobre país! ¡Pobres mexicanos y pobres sudcalifornianos!
La opinión pública tiene la certeza de que las autoridades federales no han actuado en contra de estos criminales porque algunos de ellos están involucrados en uno de los negocios más antiguos y productivos de México y que únicamente movieron el avispero para obtener más lana.
Ahora nadie les peló los machetes para que recularan, los mafiosos simplemente alardearon con darnos sólo un chisguete de gasolina intimidaron a las autoridades con esa babosada de que cerrarían las bombas si continuaban con sus “amenazas” de meter en cintura a estos pandilleros mafiosos. Con eso tuvieron Fox y sus aguerridas huestes. El gobierno de “los empresarios para empresarios” respondió con la ya clásica actitud blandengue conocida por todos los mexicanos, que ya es un icono y materia de exportación a todos los rincones del mundo.
Y en el colmo de la sinrazón, las complicidades y las amenazas de los gasolineros, Pemex ¡les aumentó! las comisiones por venta de combustibles; además, les van a dar financiamientos a modo para ver si nos hacen el favor de cambiar las bombas hasta dentro de un año o dos o nunca; tampoco tendrán que pagar las comisiones por emitir facturas cuando se pague con tarjeta de crédito; les dieron un año más de robo impune... y recibieron la promesa de que a los consumidores nos pueden seguir esquilmando y empinando para servirnos los litros de gasolina como ellos quieran. Todo a su gusto y medida. Todo en la impunidad absoluta como si no estuviera pasando nada. Es el cuento sin fin. Una más de las tragedias de México.
Así pues, con el gobierno federal no contamos y como dijo Don Teofilito... ni contaremos. No sirven para nada. Los funcionarios federales son los dueños de ese pastel. Solamente ellos pueden intervenir en estos negocios porque la legislación establece que corresponde al ámbito federal porque es una franquicia de Pemex.
Según el señor Kafka, el Delegado Federal de la Profeco no puede ir a cualquier gasolinería ni siquiera con una botellita a medir cuánta gasolina despachan de menos estos bribones; tampoco pueden ir a revisar las bombas ni los sistemas electrónicos que controlan el despacho del combustible y en consecuencia nada puede hacer para impedir el robo infame y artero que cometen en contra de usted, atracado lector porque “esa tarea corresponde a nuestras autoridades centrales”, dicen sin el menor decoro. ¿Para que nos sirve a los sudcalifornianos una delegación federal a la que no se le delega nada, que supuestamente está obligada por ley a proteger a los consumidores en el estado? ¿Su función se reducirá a que los centros comerciales no vendan un miserable cuaderno de tres pesos en tres veinte? Encima de todo cuando logran llegar a una gasolinería se topan con un amparo otorgado por algún juez que protege a estos malvivientes atracadores. Y ya con el permiso en la mano nos siguen robando.
¿Y que pasa con los del equipo del señor “Vamos-por-más”? ¿Adónde irán por más? ¿A una gasolinería? Esta es su gran oportunidad de ir por más... si quieren. Aplícate Narciso. Tienen ante sí un monumental robo, un delito gigantesco cometido en perjuicio de los sudcalifornianos y no han dicho esta boca es mía. Amparados por el clásico “no es mi ámbito de competencia” nadie se quiere meter. Las autoridades estatales también permiten, por omisión, que los gasolineros nos sigan asaltando y a la larga resultan cómplices de estos rateros tramposos. ¿No tendremos ningún resquicio legal en el estado para que se impida este despojo? ¿No sería posible que nuestros diputados y diputadas en el Congreso legislaran con ingenio e inteligencia alguna disposición para que se impida este inmenso robo a sus representados? ¿Será tan difícil hacer algo?
¿De verdad no hay un solo político o autoridad en el estado puede hacer nada para detener esta rapiña?
¿El marco legal del estado y de los municipios les permite a estos bandidos que nos atraquen? ¿Será posible que localmente no podamos hacer nada más que agachar la cerviz?
Deben de hacer algo. Tienen que pensar en algo. En este caso particular los consumidores no podemos hacer nada porque no es un servicio como el de los celulares o la luz eléctrica en donde sí podemos tomar represalias en contra de las empresas. Dejar de consumir combustibles nos paralizaría y esos resultados negativos operarían en contra nuestra. A eso se atienen estos delincuentes rapaces.
¿Porque a las personas que se roban un jabón y un par de calzones en un centro comercial los meten a la cárcel?
Si en un restaurante le sirven a usted, martirizado lector, cucarachas en la comida o no cumplen disposiciones de protección civil o de salubridad con toda certeza ese lugar será multado o cerrado sin importar que sea una franquicia. ¿O no? Y si reinciden, adiós.
¿Porqué a quien se roba una chatarra de carro lo condenan a varios años de prisión?
¿Por qué a los que se roban alambres de cobre los refunden en la cárcel casi de por vida?
A quienes cometen un fraude simplemente los meten a la cárcel.
A quien extorsiona también. A los que se roban la gasolina marina también.
¿Cuántas personas viven hoy en la cárcel por robarse unos centavos?
¿PORQUÉ A UN CONJUNTO DE VIVALES GASOLINEROS LADRONES QUE NOS ASALTAN ROBÁNDOSE ¡192,000 PESOS DIARIOS! NADIE LES HACE NADA?
¿Usted, lector vejado y atracado, entiende algo de este desmadre?
¿Por qué nos dejamos humillar de esa manera los mexicanos?
¿Qué perverso karma tenemos que estar pagando para soportar a estos tramposos?
Y con toda esta confusión inmovilizante de competencias federales, estatales y municipales, los gasolineros continúan dedicados con alegría e impunidad a robarnos, sin recato alguno, sin consecuencias, a todos los automovilistas del estado. Protegidos y amparados por SU ley, la de Herodes.
Son 20 mil millones de pesos en todo el país lo que nos roban estos mal nacidos a usted, a mí y a todos los mexicanos.
Malditos miserables ladrones.
Y ojo, no son los empleados que le despachan el combustible porque ellos también son víctimas de los mismos estafadores cuando compran gasolina y porque ni siquiera son empleados formales con plenos derechos. Así que no los escupa cuando los vea, ellos no lo merecen.
Pero como decía mi abuela cuando se convertía en víctima de los pérfidos gandallas, ladrones, prevaricadores y mezquinos: ¡se han de morir con una rata atravesada en el hocico!
Y que les haga buen provecho.A ver hasta cuando vamos por más. Mientras sigamos durmiendo la mona.
10 febrero 2006
EL CARBÓN. IGNORANCIA, HISTERIA Y CARICATURA
Se acuerda usted incrédulo lector, aquel memorable encabezado de ocho columnas de El Sudcaliforniano cuando se conoció en nombre del nuevo Delegado de la Semarnat que decía algo así como “Sócrates a la Semanat”, aludiendo a la supina ignorancia sobre los temas ambientales y administrativos que él mismísimo recién nombrado reconoció tener al declarar que “lo único que sabía era que no sabía nada” de estos temas al asumir su nuevo encargo como Delegado panista designado por el dedo milagroso del señor Copola.
Este señor ya aprendió y nos da una muestra de su buen aprovechamiento.
El señor Sócrates, Delegado de la Semarnat, llegó con la marca de la casa foxista “yo sólo sé que no sé nada” en la que nos tienen azorados y acorralados a todos los mexicanos por el nombramiento de puros zopencos en altísimos puestos de responsabilidad no sólo técnica sino política. Los resultados están a la vista. Y para muestra bastaría con citar al inefable gabinetazo.
Si existiera alguna catástrofe anunciada sería la del carbón.
El gobernador del estado Narciso Agundez no quiso hacer nada.
El Secretario de Desarrollo (¿?) tampoco quiso ni pudo hacer nada.
Ahora sí ya entendí lo que significa el lema “Vamos por más”. Ya casi llegan.
Que lamentable.
Desde los puestos de máxima responsabilidad del estado no hubo un solo político ni una sola persona consciente que protestara y detuviera los permisos, que ya entregaron, para producir carbón dizque con maderas muertas que sólo existen en su “estadística” tramposa y en sus estudios interesados, si los hubiera.
Olvídese usted, encarbonado lector, de estadísticas, estudios y sesudas disquisiciones sobre la capacidad de explotación de los montes sudcalifornianos, esto es cosa simplemente de sentido común que al parecer es otra de sus infinitas carencias.
Así, sin la menor vergüenza profesional e institucional, nos informa el reportero de este diario Gustavo Alonso, otorgaron 34 permisos para la explotación de carbón, 6 para postes de cercos y leñas combustibles, y 2 de madera para manufactura secundaria como duelas de parket, muebles y tableros y 1 para cardón que se emplea en trabajos artesanales. En total son 43 permisos ahora vigentes, 43 cartas de impunidad. Y la única explicación que merecimos los sudcalifornianos es que la depredación autorizada servirá como sustento para 100 familias rurales de La Paz y Comondú a quienes se les otorga los permisos como un “empleo temporal”. Sólo eso. Ah, dice también el flamante Delegado socrático de la Semarnat que con estas medidas se “fortalecerá el ecoturismo y las actividades artesanales” de esas zonas. ¿De verdad creerán que engañan a alguien con esas justificaciones de risa loca?
¿Cómo es esto posible? ¿En qué estado vivimos? ¿Quién nos gobierna? ¿Hacia dónde vamos, si es que vamos para algún lado?
En este avión de la “democracia panista” viajamos por instrumentos. Es la inercia de la tontería, la dejadez y el entreguismo.
¿Y las autoridades del estado? ¿Dónde estaban?
En la Semarnat se equivocaron de estado. Con toda certeza pensaron que operaban en Durango o en Chihuahua. Mire usted que dar permisos para ¡284,000 postes para cercos! Más 6,000 metros cúbicos para ¡parket y muebles! Sin ser un experto, usted informado lector, se podrá imaginar cuántos árboles tendrán que sacrificarse para lograr juntar esa cantidad. Pero los permisos y la justificación que otorgaron para explotar carbón no tiene nombre, son 75,000 metros cúbicos, equivalentes a 15,000 toneladas del combustible negro. ¡Qué tragedia!
¿Sabrán de verdad lo que significan estas cantidades de madera y árboles?
En el colmo de la chifladura, ahora resulta que somos productores de ¡duelas de parket!, muebles y tableros, y para satisfacer esta boyante industria estatal otorgaron permisos para explotar 6,000 metros cúbicos de madera.
Estos panistas federales junto con el traidor Secretario de Desarrollo del estado lograron instalarnos en la completa desgracia ambiental. ¡Felicidades! Ya vimos cómo este ultimo dejó a la Universidad: hecha una ruina, con cero calidad y sin dinero. Ahora que le dieron tantito chance de hacer como que hace, vean ustedes los resultados deplorables que entrega a quien lo designó. Si le dan un poco de espacio, en poco tiempo nos llevará a todos a la desgracia. Así que ojalá y pronto le resuelvan su solicitud de chamba en la Delegación Federal que con afán está buscando.
Se juntaron alucinados y opacos ignorantes para diseñar una sesuda y deshonrosa política pública en perjuicio de nuestro estado.
¿Por qué a estas 100 familias no las inscribieron en alguno de los programas de Oportunidades?
¿Por qué no les ofrecieron una beca o apoyo del gobierno del estado a los jefes de estas 100 familias para evitar con ello la depredación ambiental? ¿A nombre de quién salieron los permisos? ¿Dónde está la lista de estos “beneficiarios”?
¿Por qué no buscaron otras salidas dignas para todas estas supuestas familias pobres?
¿Ese es el tipo de desarrollo que nos prometieron las autoridades federales hace cinco larguísimos y asfixiantes años?
¿Este es el significado del lema agundista “Vamos por más”?
¿Qué hace esa supuesta ONG Niparaja A. C. en la que se amparan? ¿Quién la designó para solapar este desastre?
No hay ni a cuál irle.
Este remedo de autoridades que tenemos en el estado manifestaron su síndrome de Aquimichú: un pasito p’a delante y dos pasitos para atrás y hacer como que se “avanza”.
¡Por Dios, por piedad, que ya se acabe este sexenio!
Por lo pronto me refiero al federal, desde luego. Que los 295 días que les quedan en el poder con los 500 spot diarios de sus “triunfos” se vayan como un suspiro.
Mientras, sáquele una foto a los escasísimos árboles “maderables” que nos quedan antes de que la pujante industria estatal los convierta en pisos de parket, carbón vegetal o postes para cercos.
Dicen que lo primero que se pierde en los políticos es la vergüenza, pero hay a quienes les parece poco y pierden también su dignidad profesional.Los que no puedan con el paquete o no sepan, mejor que se vayan.
Este señor ya aprendió y nos da una muestra de su buen aprovechamiento.
El señor Sócrates, Delegado de la Semarnat, llegó con la marca de la casa foxista “yo sólo sé que no sé nada” en la que nos tienen azorados y acorralados a todos los mexicanos por el nombramiento de puros zopencos en altísimos puestos de responsabilidad no sólo técnica sino política. Los resultados están a la vista. Y para muestra bastaría con citar al inefable gabinetazo.
Si existiera alguna catástrofe anunciada sería la del carbón.
El gobernador del estado Narciso Agundez no quiso hacer nada.
El Secretario de Desarrollo (¿?) tampoco quiso ni pudo hacer nada.
Ahora sí ya entendí lo que significa el lema “Vamos por más”. Ya casi llegan.
Que lamentable.
Desde los puestos de máxima responsabilidad del estado no hubo un solo político ni una sola persona consciente que protestara y detuviera los permisos, que ya entregaron, para producir carbón dizque con maderas muertas que sólo existen en su “estadística” tramposa y en sus estudios interesados, si los hubiera.
Olvídese usted, encarbonado lector, de estadísticas, estudios y sesudas disquisiciones sobre la capacidad de explotación de los montes sudcalifornianos, esto es cosa simplemente de sentido común que al parecer es otra de sus infinitas carencias.
Así, sin la menor vergüenza profesional e institucional, nos informa el reportero de este diario Gustavo Alonso, otorgaron 34 permisos para la explotación de carbón, 6 para postes de cercos y leñas combustibles, y 2 de madera para manufactura secundaria como duelas de parket, muebles y tableros y 1 para cardón que se emplea en trabajos artesanales. En total son 43 permisos ahora vigentes, 43 cartas de impunidad. Y la única explicación que merecimos los sudcalifornianos es que la depredación autorizada servirá como sustento para 100 familias rurales de La Paz y Comondú a quienes se les otorga los permisos como un “empleo temporal”. Sólo eso. Ah, dice también el flamante Delegado socrático de la Semarnat que con estas medidas se “fortalecerá el ecoturismo y las actividades artesanales” de esas zonas. ¿De verdad creerán que engañan a alguien con esas justificaciones de risa loca?
¿Cómo es esto posible? ¿En qué estado vivimos? ¿Quién nos gobierna? ¿Hacia dónde vamos, si es que vamos para algún lado?
En este avión de la “democracia panista” viajamos por instrumentos. Es la inercia de la tontería, la dejadez y el entreguismo.
¿Y las autoridades del estado? ¿Dónde estaban?
En la Semarnat se equivocaron de estado. Con toda certeza pensaron que operaban en Durango o en Chihuahua. Mire usted que dar permisos para ¡284,000 postes para cercos! Más 6,000 metros cúbicos para ¡parket y muebles! Sin ser un experto, usted informado lector, se podrá imaginar cuántos árboles tendrán que sacrificarse para lograr juntar esa cantidad. Pero los permisos y la justificación que otorgaron para explotar carbón no tiene nombre, son 75,000 metros cúbicos, equivalentes a 15,000 toneladas del combustible negro. ¡Qué tragedia!
¿Sabrán de verdad lo que significan estas cantidades de madera y árboles?
En el colmo de la chifladura, ahora resulta que somos productores de ¡duelas de parket!, muebles y tableros, y para satisfacer esta boyante industria estatal otorgaron permisos para explotar 6,000 metros cúbicos de madera.
Estos panistas federales junto con el traidor Secretario de Desarrollo del estado lograron instalarnos en la completa desgracia ambiental. ¡Felicidades! Ya vimos cómo este ultimo dejó a la Universidad: hecha una ruina, con cero calidad y sin dinero. Ahora que le dieron tantito chance de hacer como que hace, vean ustedes los resultados deplorables que entrega a quien lo designó. Si le dan un poco de espacio, en poco tiempo nos llevará a todos a la desgracia. Así que ojalá y pronto le resuelvan su solicitud de chamba en la Delegación Federal que con afán está buscando.
Se juntaron alucinados y opacos ignorantes para diseñar una sesuda y deshonrosa política pública en perjuicio de nuestro estado.
¿Por qué a estas 100 familias no las inscribieron en alguno de los programas de Oportunidades?
¿Por qué no les ofrecieron una beca o apoyo del gobierno del estado a los jefes de estas 100 familias para evitar con ello la depredación ambiental? ¿A nombre de quién salieron los permisos? ¿Dónde está la lista de estos “beneficiarios”?
¿Por qué no buscaron otras salidas dignas para todas estas supuestas familias pobres?
¿Ese es el tipo de desarrollo que nos prometieron las autoridades federales hace cinco larguísimos y asfixiantes años?
¿Este es el significado del lema agundista “Vamos por más”?
¿Qué hace esa supuesta ONG Niparaja A. C. en la que se amparan? ¿Quién la designó para solapar este desastre?
No hay ni a cuál irle.
Este remedo de autoridades que tenemos en el estado manifestaron su síndrome de Aquimichú: un pasito p’a delante y dos pasitos para atrás y hacer como que se “avanza”.
¡Por Dios, por piedad, que ya se acabe este sexenio!
Por lo pronto me refiero al federal, desde luego. Que los 295 días que les quedan en el poder con los 500 spot diarios de sus “triunfos” se vayan como un suspiro.
Mientras, sáquele una foto a los escasísimos árboles “maderables” que nos quedan antes de que la pujante industria estatal los convierta en pisos de parket, carbón vegetal o postes para cercos.
Dicen que lo primero que se pierde en los políticos es la vergüenza, pero hay a quienes les parece poco y pierden también su dignidad profesional.Los que no puedan con el paquete o no sepan, mejor que se vayan.
01 febrero 2006
UN MUNICIPIO RESCATADO ¿Y LOS DEMÁS?
El municipio de La Paz recupera su salud financiera.
¿Nuestros actuales dirigentes son unos genios? No. Para nada.
Tampoco se requiere que venga Bill Gates a dirigir el Ayuntamiento, o para ser más nacionalistas, contratar al magazo de las finanzas Carlos Slim para salvarlo.
No sé si usted coincida conmigo, quebrado lector, en que el Ayuntamiento de La Paz se encontraba agónico y con respiración artificial.
Con deudas por todos lados. Verdaderos hoyos negros.
No es lo mismo que lo mesmo.
Si usted designa un equipo de gerentes inútiles en una empresa exitosa o que se mantiene con niveles de crecimiento y desarrollo razonables, y los gandallas gerentes se dedican más a medrar antes que aplicarse a un prudente manejo para llevar a la superación y al crecimiento a la compañía, el resultado obvio será la quiebra y el cierre de una fuente generadora de riqueza y empleo. No importa el tamaño ni el giro. Estos inútiles dirigentes empresariales provocarán los mismos desastrosos efectos en cualquier negocio que se les encargue porque se despacharán siempre con la cuchara grande.
Valga el ejemplo para el sector público. No es lo mismo pero el efecto es igual.
El político antípoda del Rey Midas, el gobernante incompetente y mafioso, arrasa y corrompe todo lo que toca, o más bien con lo que le encargamos que administrara para bien de todos. Las irresponsabilidades de estos arruinadores profesionales nos llevan a todos al desastre. Sin deberla ni temerla.
Aunque, si somos claridosos y estrictos en el juicio, también nosotros, los electores, tenemos una buena parte de la culpa si no es que toda, porque con nuestro voto, estos políticos asumieron el poder para dirigir los destinos de un Ayuntamiento o de encargos mayores.
Así que usted, yo y todos los demás votantes somos en realidad los culpables al final del día. Nadie más. Nos convertimos en víctimas de nuestra propia estupidez.
Usamos la poderosa arma del voto para suicidarnos, para darnos una puñalada, para escupir hacia arriba, para darnos un balazo en el pie... o simplemente no la usamos y eso es peor. A veces nos arrastra cualquier intrascendente bobalicón mediático y votamos por él a pesar de que sabemos quién es realmente, cómo hizo la tarea de gobierno cuando tuvo la oportunidad, conocemos sus indicadores básicos, sus logros, sus inclinaciones y sus alcances intelectuales y limitaciones. Tenemos todos la certeza de que este político no va a cambiar ni a mejorar, que cometerá absurdos mayores porque el poder que le concederemos será mayor y, aún así, le entregamos la difícil responsabilidad de gobernarnos. ¿Tendremos remedio? Pronto habrá oportunidad de demostrarnos a nosotros mismos si existe alguna cura para la estupidez.
Los más culpables, si cabe decirlo, son los que no votan, el 60% del padrón electoral en promedio, o más, los que se hacen bueyes a la hora de asignar las responsabilidades, por la razón que sea. No me importa. Y son los que más reclaman.
Para contento de todos, parece que en el caso de La Paz el fenómeno se revirtió en beneficio de los paceños. Al menos hasta ahora la cosa va pintando bien. No sé mañana porque tampoco soy pitoniso. Acuérdese usted que las mutaciones existen.
Y este hecho tiene que ver de manera destacada con la salud financiera del Ayuntamiento. Las actuales autoridades recibieron un desastre. Una bomba de tiempo.
Cuando no se ven truhanes o pandilleros en la administración pública la gente responde y lo hace con gusto, así lo ha reconocido el presidente municipal.
Hoy vemos lo nunca visto ni esperado: 17 millones de pesos de superávit en el Ayuntamiento al mes de noviembre de 2005, según nos dice Araceli Hernández, reportera de este diario.
Además, el VIII regidor del XII Ayuntamiento de La Paz, Armando Ferrer Calderón le informó al Cabildo recientemente que en el SAPA ocurrió otro milagro digno de acreditarse al santo de las causas imposibles: ya comienza a haber agua en todos lados y los ingresos de la empresa se incrementaron significativamente hasta alcanzar un promedio de 11.3 millones de pesos mensuales en lo que va de esta administración contra los 9.5 del 2004.
No todo está bien en el organismo operador, hay que decirlo, los morosos todavía deben la friolera de 50.9 millones de pesos. Ante la disparidad de cifras que se han manejado, el regidor Ferrer Calderón afirmó, jurando por la Guadalupana y todos los santos, que son los datos más certeros que jamás se hayan dado a conocer porque provienen directamente de las áreas responsables del SAPA.
Otros pasivos producto de la desvergüenza de las anteriores autoridades y empleados municipales se encuentran vigentes, ya que solamente se han recuperado alrededor de tres millones por los autopréstamos que eufemísticamente llamaron “gastos a comprobar”. El atraco fue millonario y deben de regresar ese dinero o ir a la cárcel. O las dos cosas al mismo tiempo. El problema es que son del mismo partido que nos gobierna y les han tenido ciertas bejaranistas consideraciones que no tendrían con otros depredadores pertenecientes a un partido distinto. En este caso debe haber más energía y transparencia no se puede solapar más este tipo de actos.
Ningún regidor ha denunciado a los depredadores ante el ministerio público. ¿Porqué no lo habrán hecho? Usted seguramente sabe, docto lector, que hay una autoridad que sí puede y tiene la obligación de hacerlo: el Sindico Municipal. ¿Qué hará este señor ahora? Digo, porque ya sabemos lo que hizo en la anterior administración. También está, desde luego, el Órgano Interno de Control que no ha dicho esta boca es mía.
Si el resto de los Ayuntamientos disponen de información numérica (cero rollos) de lo que llamaremos el “antes” y el “ahora” les pido que me la hagan llegar a mi correo para los análisis que seguiremos presentando sobre lo que ocurre en el resto de los municipios. Si es que les interesa, claro. Con casi un año de ejercicio encima es suficiente tiempo para saber si pudieron o si el desastre de la cosa pública aún los persigue.
O si ya de plano se los comió la ruina. Gracias
¿Nuestros actuales dirigentes son unos genios? No. Para nada.
Tampoco se requiere que venga Bill Gates a dirigir el Ayuntamiento, o para ser más nacionalistas, contratar al magazo de las finanzas Carlos Slim para salvarlo.
No sé si usted coincida conmigo, quebrado lector, en que el Ayuntamiento de La Paz se encontraba agónico y con respiración artificial.
Con deudas por todos lados. Verdaderos hoyos negros.
No es lo mismo que lo mesmo.
Si usted designa un equipo de gerentes inútiles en una empresa exitosa o que se mantiene con niveles de crecimiento y desarrollo razonables, y los gandallas gerentes se dedican más a medrar antes que aplicarse a un prudente manejo para llevar a la superación y al crecimiento a la compañía, el resultado obvio será la quiebra y el cierre de una fuente generadora de riqueza y empleo. No importa el tamaño ni el giro. Estos inútiles dirigentes empresariales provocarán los mismos desastrosos efectos en cualquier negocio que se les encargue porque se despacharán siempre con la cuchara grande.
Valga el ejemplo para el sector público. No es lo mismo pero el efecto es igual.
El político antípoda del Rey Midas, el gobernante incompetente y mafioso, arrasa y corrompe todo lo que toca, o más bien con lo que le encargamos que administrara para bien de todos. Las irresponsabilidades de estos arruinadores profesionales nos llevan a todos al desastre. Sin deberla ni temerla.
Aunque, si somos claridosos y estrictos en el juicio, también nosotros, los electores, tenemos una buena parte de la culpa si no es que toda, porque con nuestro voto, estos políticos asumieron el poder para dirigir los destinos de un Ayuntamiento o de encargos mayores.
Así que usted, yo y todos los demás votantes somos en realidad los culpables al final del día. Nadie más. Nos convertimos en víctimas de nuestra propia estupidez.
Usamos la poderosa arma del voto para suicidarnos, para darnos una puñalada, para escupir hacia arriba, para darnos un balazo en el pie... o simplemente no la usamos y eso es peor. A veces nos arrastra cualquier intrascendente bobalicón mediático y votamos por él a pesar de que sabemos quién es realmente, cómo hizo la tarea de gobierno cuando tuvo la oportunidad, conocemos sus indicadores básicos, sus logros, sus inclinaciones y sus alcances intelectuales y limitaciones. Tenemos todos la certeza de que este político no va a cambiar ni a mejorar, que cometerá absurdos mayores porque el poder que le concederemos será mayor y, aún así, le entregamos la difícil responsabilidad de gobernarnos. ¿Tendremos remedio? Pronto habrá oportunidad de demostrarnos a nosotros mismos si existe alguna cura para la estupidez.
Los más culpables, si cabe decirlo, son los que no votan, el 60% del padrón electoral en promedio, o más, los que se hacen bueyes a la hora de asignar las responsabilidades, por la razón que sea. No me importa. Y son los que más reclaman.
Para contento de todos, parece que en el caso de La Paz el fenómeno se revirtió en beneficio de los paceños. Al menos hasta ahora la cosa va pintando bien. No sé mañana porque tampoco soy pitoniso. Acuérdese usted que las mutaciones existen.
Y este hecho tiene que ver de manera destacada con la salud financiera del Ayuntamiento. Las actuales autoridades recibieron un desastre. Una bomba de tiempo.
Cuando no se ven truhanes o pandilleros en la administración pública la gente responde y lo hace con gusto, así lo ha reconocido el presidente municipal.
Hoy vemos lo nunca visto ni esperado: 17 millones de pesos de superávit en el Ayuntamiento al mes de noviembre de 2005, según nos dice Araceli Hernández, reportera de este diario.
Además, el VIII regidor del XII Ayuntamiento de La Paz, Armando Ferrer Calderón le informó al Cabildo recientemente que en el SAPA ocurrió otro milagro digno de acreditarse al santo de las causas imposibles: ya comienza a haber agua en todos lados y los ingresos de la empresa se incrementaron significativamente hasta alcanzar un promedio de 11.3 millones de pesos mensuales en lo que va de esta administración contra los 9.5 del 2004.
No todo está bien en el organismo operador, hay que decirlo, los morosos todavía deben la friolera de 50.9 millones de pesos. Ante la disparidad de cifras que se han manejado, el regidor Ferrer Calderón afirmó, jurando por la Guadalupana y todos los santos, que son los datos más certeros que jamás se hayan dado a conocer porque provienen directamente de las áreas responsables del SAPA.
Otros pasivos producto de la desvergüenza de las anteriores autoridades y empleados municipales se encuentran vigentes, ya que solamente se han recuperado alrededor de tres millones por los autopréstamos que eufemísticamente llamaron “gastos a comprobar”. El atraco fue millonario y deben de regresar ese dinero o ir a la cárcel. O las dos cosas al mismo tiempo. El problema es que son del mismo partido que nos gobierna y les han tenido ciertas bejaranistas consideraciones que no tendrían con otros depredadores pertenecientes a un partido distinto. En este caso debe haber más energía y transparencia no se puede solapar más este tipo de actos.
Ningún regidor ha denunciado a los depredadores ante el ministerio público. ¿Porqué no lo habrán hecho? Usted seguramente sabe, docto lector, que hay una autoridad que sí puede y tiene la obligación de hacerlo: el Sindico Municipal. ¿Qué hará este señor ahora? Digo, porque ya sabemos lo que hizo en la anterior administración. También está, desde luego, el Órgano Interno de Control que no ha dicho esta boca es mía.
Si el resto de los Ayuntamientos disponen de información numérica (cero rollos) de lo que llamaremos el “antes” y el “ahora” les pido que me la hagan llegar a mi correo para los análisis que seguiremos presentando sobre lo que ocurre en el resto de los municipios. Si es que les interesa, claro. Con casi un año de ejercicio encima es suficiente tiempo para saber si pudieron o si el desastre de la cosa pública aún los persigue.
O si ya de plano se los comió la ruina. Gracias
21 enero 2006
UN GOBERNADOR ANDARÍN
Cuando escucho a algunos reclamadores profesionales, presos en su camisa de fuerza del partido o mostrencos, la queja absurda de que “el gobernador nunca se encuentra en su despacho” me parece que deberían internarlos en Chametla para que recobren la cordura y si es posible, al cabo de algún tiempo, lograran entender en qué consiste el hecho de gobernar una comunidad.
Para gobernar, se requiere, hoy más que nunca, la cercanía de las autoridades con los ciudadanos que se gobiernan. Aquí no existe la telepatía. No hay sustituto para ese contacto con la ciudadanía. Es indispensable para conocer sus problemas cotidianos, su insatisfacción con las autoridades locales si es que la tuvieran, saber de sus carencias en materia de infraestructura y servicios, sus necesidades más apremiantes o simplemente para intercambiar puntos de vista o comerse un taco en alguna fiesta comunal con los ciudadanos electores, quienes los eligieron, para que nos representen. Y para que no se crean dioses.
¿Qué le reditúa capital político? Sí, es cierto, y mucho siempre y cuando los electores resulten beneficiados por políticas públicas que se deriven de estas giras. Pero si no hay más que pura guasanga y no se resuelve nada, los electores lo registrarán y harán pagar caro al gobernante mentiroso. Ya lo hemos visto.
¿Para qué nos serviría un gobernador encerrado a piedra y lodo en su oficina?
¿A quién le ayudaría este importante servidor público enclaustrado, copado por la burocracia palaciega?
Si así...
¿Quién lo podría ver?
Tal vez sólo los grandes inversionistas, sus cuates, sus secretarias, sus secretarios, sus guaruras y los guardias y veladores. En estas condiciones de encierro monacal o imperial, depende, para que un mortal ordinario, un ciudadano común y corriente como usted lector o como yo, logre ver al gobernador debe armarse de una infinita paciencia. Para empezar el vía crucis, el ciudadano común con interés por entrevistarse con el gobernador, tiene que hacer una cita, y esperar a que algún funcionario evalúe, según su criterio, si el asunto “merece” unos minutos del gobernador; en caso de decidir que sí, le indicará fecha y hora precisas para que su gober lo reciba. Cuando llega el esperado día, y suponiendo que no surgiera algún contratiempo de ultimo momento que reclame la presencia del gobernador en otro lugar, comenzará el recorrido en antesalas con toda clase de funcionarios de tercera, de segunda y de primera. Pero si surgió algo importante, de más peso en las prioridades del gobernador, se cancelaría la cita para reprogramarla en una mejor ocasión.
Cuando ya le fijaron la entrevista, hay que bañarse, peinarse, vestirse con sus mejores trapos (si los tuviera), trasladarse al palacio de gobierno, presentarse con un o una recepcionista, luego con la secretaria, después con el secretario, luego pasar con el particular, finalmente lo pasan a una salita o al despacho del gobernador y a esperar, y si no sucede nada extraño, pues entonces se enfrentará al ¡mismísimo gobernador! para tratarle el asunto de sus desvelos, que tal vez para la fecha de la cita ya no tenga importancia.
Lo que no se vale hoy ni ayer, es que obliguen a las personas a esperar horas y horas para ser recibidos por un funcionario irresponsable y desorganizado, quien, además, tiene la firme creencia de que es una estrella de cine o uno de los elegidos de Dios. He visto decenas de personas hartas que fueron citadas por un presidente municipal en pasadas administraciones, llegaron a la oficina de ese presidente desde las 9 de la mañana, y al final del día, no fueron recibidos; y ni siquiera obtuvieron una explicación comedida o razonable, y en el colmo de la desfachatez, les pidieron regresar al día siguiente.
Nadie pide una cita con el gobernador o con un presidente municipal para tratar una tontería, al menos el asunto en cuestión no lo es para el solicitante a pesar de que a funcionarios y colaboradores menores les pueda parecer un problema simple o que no requiera la atención personal del gobernador. Para el solicitante, es un asunto capital. Los problemas cotidianos de las personas pueden ser o son muy importantes para ellos, y serán ellos también, quienes decidan si se requiere la intervención del gobernador u otra autoridad para atenderlo. En ocasiones la mayoría de estos solicitantes de una entrevista ya recorrieron las oficinas de varios funcionarios indolentes, incompetentes y apáticos que no resuelven nada y sólo les resta esa opción.
La obligación de cualquier gobernante es escucharlos sin importar el “tamaño” del asunto que motivó el interés de planteárselo al gobernador. Seguramente no les sacarán una fotografía para El Sudcaliforniano durante la entrevista, pero eso al ciudadano no le importa, lo que le preocupa es que la máxima autoridad lo escuche y lo atienda con cortesía, y sobre todo, que resuelva algo, que decida y lo diga con franqueza. Que diga sí puede o no resolver el asunto y porqué. Quien escuche la respuesta, sea la que sea, lo entenderá y quedará satisfecho. De la entrevista debe producirse un resultado claro, para bien o para mal.
Es probable que existan personas que abusen y desperdicien el tiempo de las autoridades en perjuicio de todos por la obligación que tienen los servidores públicos de escucharlos, pero estos casos forman parte de las tareas ingratas de quienes elegimos como nuestros representantes, y después de la primera vez, estos gandules serán identificados y señalados para no ser recibidos o atendidos nunca más. En buena hora.
A muchos de estos gaznapiros ya los conocen las autoridades de todos los niveles y forman parte de esa parvada de zopilotes que sobrevuelan siempre a los que ejercen algún poder. Y también conocen a los eternos “pobres profesionales” quienes han hecho de esa supuesta o real condición una productiva forma de vida. O a los tramposos “gestores” de la sociedad civil que sólo ven por su propio beneficio y quieren “figurar”.
No faltan aquellos patéticos mendigos que usan el papel y la tinta para medrar, que cuando necesitan dinero publican, a veces, una miserable y sórdida gacetilla (la más reciente la vi en el Congreso), que pinta a sus autores de cuerpo entero: pletórica de bajezas, insultos, infamias, calumnias, difamaciones y groserías en contra de toda clase de autoridades, por haber incurrido éstas en el grave “delito” de no pagarles unos centavos o por no otorgarles el soborno histórico o las dádivas reclamadas y así escapar de la indigencia intelectual de estos patanes del periodismo que se refugian, sin vergüenza ni decoro, en la libertad de expresión. Pegan para pedir, limosnean para no pegar y pegan por encargo. Dan asco. Estos son los peores porque denigran y corrompen el noble oficio de los verdaderos periodistas. Lo lamentable es que hay autoridades que los toleran, y con ello, los alientan a continuar con sus ofensivos e impunes folletines y sablazos.
Toda esta pléyade de especimenes deben ser atendidos por nuestros gobernantes y autoridades, sólo esperamos que, cuando sea el caso, sepan discernir si se encuentran frente a ciudadanos legítimamente interesados en plantear y resolver un asunto, o ante zopilotes, vividores y patanes que nadamas buscan su ilegítimo provecho personal.
¿Y a usted, lector preocupado, ya lo recibieron?
Para gobernar, se requiere, hoy más que nunca, la cercanía de las autoridades con los ciudadanos que se gobiernan. Aquí no existe la telepatía. No hay sustituto para ese contacto con la ciudadanía. Es indispensable para conocer sus problemas cotidianos, su insatisfacción con las autoridades locales si es que la tuvieran, saber de sus carencias en materia de infraestructura y servicios, sus necesidades más apremiantes o simplemente para intercambiar puntos de vista o comerse un taco en alguna fiesta comunal con los ciudadanos electores, quienes los eligieron, para que nos representen. Y para que no se crean dioses.
¿Qué le reditúa capital político? Sí, es cierto, y mucho siempre y cuando los electores resulten beneficiados por políticas públicas que se deriven de estas giras. Pero si no hay más que pura guasanga y no se resuelve nada, los electores lo registrarán y harán pagar caro al gobernante mentiroso. Ya lo hemos visto.
¿Para qué nos serviría un gobernador encerrado a piedra y lodo en su oficina?
¿A quién le ayudaría este importante servidor público enclaustrado, copado por la burocracia palaciega?
Si así...
¿Quién lo podría ver?
Tal vez sólo los grandes inversionistas, sus cuates, sus secretarias, sus secretarios, sus guaruras y los guardias y veladores. En estas condiciones de encierro monacal o imperial, depende, para que un mortal ordinario, un ciudadano común y corriente como usted lector o como yo, logre ver al gobernador debe armarse de una infinita paciencia. Para empezar el vía crucis, el ciudadano común con interés por entrevistarse con el gobernador, tiene que hacer una cita, y esperar a que algún funcionario evalúe, según su criterio, si el asunto “merece” unos minutos del gobernador; en caso de decidir que sí, le indicará fecha y hora precisas para que su gober lo reciba. Cuando llega el esperado día, y suponiendo que no surgiera algún contratiempo de ultimo momento que reclame la presencia del gobernador en otro lugar, comenzará el recorrido en antesalas con toda clase de funcionarios de tercera, de segunda y de primera. Pero si surgió algo importante, de más peso en las prioridades del gobernador, se cancelaría la cita para reprogramarla en una mejor ocasión.
Cuando ya le fijaron la entrevista, hay que bañarse, peinarse, vestirse con sus mejores trapos (si los tuviera), trasladarse al palacio de gobierno, presentarse con un o una recepcionista, luego con la secretaria, después con el secretario, luego pasar con el particular, finalmente lo pasan a una salita o al despacho del gobernador y a esperar, y si no sucede nada extraño, pues entonces se enfrentará al ¡mismísimo gobernador! para tratarle el asunto de sus desvelos, que tal vez para la fecha de la cita ya no tenga importancia.
Lo que no se vale hoy ni ayer, es que obliguen a las personas a esperar horas y horas para ser recibidos por un funcionario irresponsable y desorganizado, quien, además, tiene la firme creencia de que es una estrella de cine o uno de los elegidos de Dios. He visto decenas de personas hartas que fueron citadas por un presidente municipal en pasadas administraciones, llegaron a la oficina de ese presidente desde las 9 de la mañana, y al final del día, no fueron recibidos; y ni siquiera obtuvieron una explicación comedida o razonable, y en el colmo de la desfachatez, les pidieron regresar al día siguiente.
Nadie pide una cita con el gobernador o con un presidente municipal para tratar una tontería, al menos el asunto en cuestión no lo es para el solicitante a pesar de que a funcionarios y colaboradores menores les pueda parecer un problema simple o que no requiera la atención personal del gobernador. Para el solicitante, es un asunto capital. Los problemas cotidianos de las personas pueden ser o son muy importantes para ellos, y serán ellos también, quienes decidan si se requiere la intervención del gobernador u otra autoridad para atenderlo. En ocasiones la mayoría de estos solicitantes de una entrevista ya recorrieron las oficinas de varios funcionarios indolentes, incompetentes y apáticos que no resuelven nada y sólo les resta esa opción.
La obligación de cualquier gobernante es escucharlos sin importar el “tamaño” del asunto que motivó el interés de planteárselo al gobernador. Seguramente no les sacarán una fotografía para El Sudcaliforniano durante la entrevista, pero eso al ciudadano no le importa, lo que le preocupa es que la máxima autoridad lo escuche y lo atienda con cortesía, y sobre todo, que resuelva algo, que decida y lo diga con franqueza. Que diga sí puede o no resolver el asunto y porqué. Quien escuche la respuesta, sea la que sea, lo entenderá y quedará satisfecho. De la entrevista debe producirse un resultado claro, para bien o para mal.
Es probable que existan personas que abusen y desperdicien el tiempo de las autoridades en perjuicio de todos por la obligación que tienen los servidores públicos de escucharlos, pero estos casos forman parte de las tareas ingratas de quienes elegimos como nuestros representantes, y después de la primera vez, estos gandules serán identificados y señalados para no ser recibidos o atendidos nunca más. En buena hora.
A muchos de estos gaznapiros ya los conocen las autoridades de todos los niveles y forman parte de esa parvada de zopilotes que sobrevuelan siempre a los que ejercen algún poder. Y también conocen a los eternos “pobres profesionales” quienes han hecho de esa supuesta o real condición una productiva forma de vida. O a los tramposos “gestores” de la sociedad civil que sólo ven por su propio beneficio y quieren “figurar”.
No faltan aquellos patéticos mendigos que usan el papel y la tinta para medrar, que cuando necesitan dinero publican, a veces, una miserable y sórdida gacetilla (la más reciente la vi en el Congreso), que pinta a sus autores de cuerpo entero: pletórica de bajezas, insultos, infamias, calumnias, difamaciones y groserías en contra de toda clase de autoridades, por haber incurrido éstas en el grave “delito” de no pagarles unos centavos o por no otorgarles el soborno histórico o las dádivas reclamadas y así escapar de la indigencia intelectual de estos patanes del periodismo que se refugian, sin vergüenza ni decoro, en la libertad de expresión. Pegan para pedir, limosnean para no pegar y pegan por encargo. Dan asco. Estos son los peores porque denigran y corrompen el noble oficio de los verdaderos periodistas. Lo lamentable es que hay autoridades que los toleran, y con ello, los alientan a continuar con sus ofensivos e impunes folletines y sablazos.
Toda esta pléyade de especimenes deben ser atendidos por nuestros gobernantes y autoridades, sólo esperamos que, cuando sea el caso, sepan discernir si se encuentran frente a ciudadanos legítimamente interesados en plantear y resolver un asunto, o ante zopilotes, vividores y patanes que nadamas buscan su ilegítimo provecho personal.
¿Y a usted, lector preocupado, ya lo recibieron?
18 enero 2006
EXTORSIÓN TELEFÓNICA INTERMINABLE O EL REINO DE LOS IMPUNES
No cabe duda que soy descuidado. Me entregue sin freno a los placeres de la época de fin de año y muy poco a la reflexión y a la lectura. Logré serenarme hasta el nueve de enero.
Seguramente por las entretenidas fiestas navideñas, las francachelas y la champaña, y por la grata presencia de Melchor, Gaspar y Baltasar y las vacaciones, no me di cuenta del momento en que las autoridades del estado responsables de la seguridad pública, tomaron las medidas necesarias para impedir la extorsión desde los penales por delincuentes que utilizan teléfonos celulares y fijos que existen en los centros penitenciarios.
Si usted, avezado lector, escuchó durante el guateque algo como: “Ya iniciamos el bloqueo de llamadas procedentes de celulares desde los penales del estado”. Por favor dígame, apiadado lector, en dónde, cuándo y a qué horas ocurrió la feliz noticia.
O si escucho alguna otra comprometida declaración del Procurador o del recién investido Secretario de Seguridad Pública como esta: “Nos hemos informado con autoridades de otros estados para aprovechar las experiencias positivas que han logrado en el bloqueo de las señales de celulares desde los penales para impedir, de una vez por todas, la extorsión telefónica a los ciudadanos de Sudcalifornia”.
O tal vez escuchó alguna tronante declaración del gobernador del estado como esta: “Le he dado instrucciones al señor Procurador y al futuro Secretario de Seguridad Pública para que, de inmediato y con la urgencia del caso, impidan las extorsiones telefónicas procedentes de los penales del estado disponiendo de los recursos necesarios para resolver este problema. Las medidas se aplicarán antes del fin de este año”.
Qué le hubiera parecido esta otra de algún funcionario de altísimo nivel: “A partir del 1 de enero de 2006 las señales de celulares provenientes de los penales del estado han sido bloqueadas, y desde los teléfonos públicos de estos centros se emite una advertencia indicando que la llamada proviene del Cereso equis”. Y rematara así: “Nunca más un sudcaliforniano será extorsionado por la vía telefónica desde un penal”. Mejor imposible.
Suena bien. De poca...
Hasta parece que estoy en Foxilandia.
Pero también me pregunto ¿los altos funcionarios necesitarán instrucciones especiales de la más alta autoridad del estado para actuar, y cumplir con sus obligaciones que están claramente especificados en la Ley Orgánica? En esta materia ¿quiénes y cómo deciden las prioridades y las urgencias?
Es lamentable, pero estas fechas pasadas tan proclives a la parranda, los regalos, también a la reflexión y a las grandes comilonas, me impidieron escuchar o leer ese tipo de declaraciones. Francamente me hubiera gustado hasta conservar el periódico en el que se publicaron aunque no hubiera sido El Sudcaliforniano. Si usted, apacible lector, logró escaparse de los festejos y tuvo tiempo para leer los periódicos por favor notifíqueme quién, dónde y cuando ocurrió esta fenomenal noticia.
Tal vez por eso no me sorprende la detención de tres personas dedicadas a la extorsión en el municipio de Comondú el mismísimo 7 de enero anterior, lo cual nos indica que este productivo oficio se ha incrementado en el estado, sus víctimas ya no son solamente los habitantes de los municipios de La Paz y Los Cabos. Lo curioso es que los detuvieron sin estar presos en algún penal del estado. Andaban “trabajando” en la calle, libres, extorsionando a quien se dejara. Excelente noticia. Tres extorsionadores menos en las calles. Pero ahora existe el riesgo de que continúen con su actividad delictiva desde el interior de algún penal del estado, porque ahí dispondrán, sin ninguna restricción, de los teléfonos necesarios para su ilícita actividad sea por medio de celulares o desde los teléfonos públicos instalados en el interior de los reclusorios. Estos delincuentes ya aprendieron en la calle cómo planear y ejecutar una extorsión, y ahora dentro de los penales, se educarán en lo que haga falta. Terminarán el curso. Y tal vez hasta la maestría o el doctorado.
Siempre y cuando el ministerio público y el juez de la causa no le fallen a los ciudadanos.
Pero resulta que también se está presentando el problema de las extorsiones telefónicas con una mayor frecuencia en el municipio de Los Cabos donde las propias autoridades de la Procuraduría reconocen que en “las ultimas fechas han sido varias las denuncias que se han registrado por las llamadas telefónicas de extorsión a ciudadanos del municipio”. Y agregan “las llamadas provienen principalmente de los penales de Guerrero, Guadalajara y del Estado de México”.
Yo quiero creerles, de veras, ¿pero con qué bases pueden asegurar que las llamadas proceden de esos estados y no de los penales locales? Sólo bastaría comprar y dar de alta un teléfono celular en Guadalajara o en Toluca y llamar desde La Paz o Constitución y con ese sólo hecho harían creer a cualquiera que provienen de allá. Los delincuentes, hoy presos, hubieran podido comprar fácilmente más teléfonos celulares con los 50 mil pesos que obtendrían de la extorsión en Comondú de haber tenido éxito. O usar los fondos ahorrados por los delincuentes producto de sus fechorías. O utilizar sus contactos para hacerles llegar los teléfonos que necesiten para hacer mejor su “trabajo”.
Es más algunos reclusos en el D. F. ya resolvieron el bloqueo y encontraron la forma para evitar que se active la grabación de alerta para el receptor de la llamada cuando ésta se realiza desde un teléfono público situado en el interior de un penal. Compran tarjetas prepagadas de teléfono que obligan primero a recibir la llamada en un “call center”, anulando con ello la alerta, porque de ahí sale de nuevo la llamada ya sin el mensaje preventivo. Las autoridades y Telmex van a corregir el problema, pero esto nos indica la necesidad de estar siempre vigilantes porque los reclusos extorsionadores buscarán con ingenio criminal hasta encontrar una forma de evitar el mensaje que les avise a las futuras víctimas que están por recibir una llamada de un penal.
¿Habrá hecho a conciencia la Procuraduría la labor de investigación que un asunto de estos amerita?
Yo que sé, hay mil formas para extorsionar ciudadanos que las autoridades deberán investigar.
En La Paz ni se diga, ya hemos conocido varios casos impunes ratificados por confiables declaraciones de las propias víctimas. Con todo y denuncia.
Cuando ocurra la extorsión en las calles, en libertad, hay que detener a los delincuentes como ya demostraron las autoridades que lo pueden hacer. Lo hicieron muy bien, con denuncia ciudadana de por medio, porque de otra manera es imposible. Y para quien intente extorsionar desde el interior de los penales del estado habrá que bloquear las señales de teléfonos celulares, y desde los públicos ubicados en esos centros, enviar los mensajes preventivos grabados para que todo aquel que reciba una llamada de un Cereso sepa, sin dudas, que procede de un penal.
No hay más.
No actuar en varios frentes propiciará la impunidad, y consecuentemente, el crecimiento desmedido de este tipo de delitos y otros muchos.
La impunidad alienta a los delincuentes.
Si un delincuente no es detenido cuando comete un delito, lo hará de nuevo, una y otra vez, porque no le pasa nada.
La impunidad es el enemigo a vencer.
Ojalá y de verdad se me haya pasado leer la buena noticia en los periódicos.
Tendré que comprar los diarios de los últimos 15 días del año pasado para verificar la existencia de las supuestas declaraciones de las autoridades y tener la certeza de que no fueron producto de un deseo febril o provocadas por una alucinación navideña.
Y en todo caso, si no ocurrió nada de esto el año pasado, pues ojalá se convierta en uno de los buenos propósitos del nuevo año. Ya veremos.
Seguramente por las entretenidas fiestas navideñas, las francachelas y la champaña, y por la grata presencia de Melchor, Gaspar y Baltasar y las vacaciones, no me di cuenta del momento en que las autoridades del estado responsables de la seguridad pública, tomaron las medidas necesarias para impedir la extorsión desde los penales por delincuentes que utilizan teléfonos celulares y fijos que existen en los centros penitenciarios.
Si usted, avezado lector, escuchó durante el guateque algo como: “Ya iniciamos el bloqueo de llamadas procedentes de celulares desde los penales del estado”. Por favor dígame, apiadado lector, en dónde, cuándo y a qué horas ocurrió la feliz noticia.
O si escucho alguna otra comprometida declaración del Procurador o del recién investido Secretario de Seguridad Pública como esta: “Nos hemos informado con autoridades de otros estados para aprovechar las experiencias positivas que han logrado en el bloqueo de las señales de celulares desde los penales para impedir, de una vez por todas, la extorsión telefónica a los ciudadanos de Sudcalifornia”.
O tal vez escuchó alguna tronante declaración del gobernador del estado como esta: “Le he dado instrucciones al señor Procurador y al futuro Secretario de Seguridad Pública para que, de inmediato y con la urgencia del caso, impidan las extorsiones telefónicas procedentes de los penales del estado disponiendo de los recursos necesarios para resolver este problema. Las medidas se aplicarán antes del fin de este año”.
Qué le hubiera parecido esta otra de algún funcionario de altísimo nivel: “A partir del 1 de enero de 2006 las señales de celulares provenientes de los penales del estado han sido bloqueadas, y desde los teléfonos públicos de estos centros se emite una advertencia indicando que la llamada proviene del Cereso equis”. Y rematara así: “Nunca más un sudcaliforniano será extorsionado por la vía telefónica desde un penal”. Mejor imposible.
Suena bien. De poca...
Hasta parece que estoy en Foxilandia.
Pero también me pregunto ¿los altos funcionarios necesitarán instrucciones especiales de la más alta autoridad del estado para actuar, y cumplir con sus obligaciones que están claramente especificados en la Ley Orgánica? En esta materia ¿quiénes y cómo deciden las prioridades y las urgencias?
Es lamentable, pero estas fechas pasadas tan proclives a la parranda, los regalos, también a la reflexión y a las grandes comilonas, me impidieron escuchar o leer ese tipo de declaraciones. Francamente me hubiera gustado hasta conservar el periódico en el que se publicaron aunque no hubiera sido El Sudcaliforniano. Si usted, apacible lector, logró escaparse de los festejos y tuvo tiempo para leer los periódicos por favor notifíqueme quién, dónde y cuando ocurrió esta fenomenal noticia.
Tal vez por eso no me sorprende la detención de tres personas dedicadas a la extorsión en el municipio de Comondú el mismísimo 7 de enero anterior, lo cual nos indica que este productivo oficio se ha incrementado en el estado, sus víctimas ya no son solamente los habitantes de los municipios de La Paz y Los Cabos. Lo curioso es que los detuvieron sin estar presos en algún penal del estado. Andaban “trabajando” en la calle, libres, extorsionando a quien se dejara. Excelente noticia. Tres extorsionadores menos en las calles. Pero ahora existe el riesgo de que continúen con su actividad delictiva desde el interior de algún penal del estado, porque ahí dispondrán, sin ninguna restricción, de los teléfonos necesarios para su ilícita actividad sea por medio de celulares o desde los teléfonos públicos instalados en el interior de los reclusorios. Estos delincuentes ya aprendieron en la calle cómo planear y ejecutar una extorsión, y ahora dentro de los penales, se educarán en lo que haga falta. Terminarán el curso. Y tal vez hasta la maestría o el doctorado.
Siempre y cuando el ministerio público y el juez de la causa no le fallen a los ciudadanos.
Pero resulta que también se está presentando el problema de las extorsiones telefónicas con una mayor frecuencia en el municipio de Los Cabos donde las propias autoridades de la Procuraduría reconocen que en “las ultimas fechas han sido varias las denuncias que se han registrado por las llamadas telefónicas de extorsión a ciudadanos del municipio”. Y agregan “las llamadas provienen principalmente de los penales de Guerrero, Guadalajara y del Estado de México”.
Yo quiero creerles, de veras, ¿pero con qué bases pueden asegurar que las llamadas proceden de esos estados y no de los penales locales? Sólo bastaría comprar y dar de alta un teléfono celular en Guadalajara o en Toluca y llamar desde La Paz o Constitución y con ese sólo hecho harían creer a cualquiera que provienen de allá. Los delincuentes, hoy presos, hubieran podido comprar fácilmente más teléfonos celulares con los 50 mil pesos que obtendrían de la extorsión en Comondú de haber tenido éxito. O usar los fondos ahorrados por los delincuentes producto de sus fechorías. O utilizar sus contactos para hacerles llegar los teléfonos que necesiten para hacer mejor su “trabajo”.
Es más algunos reclusos en el D. F. ya resolvieron el bloqueo y encontraron la forma para evitar que se active la grabación de alerta para el receptor de la llamada cuando ésta se realiza desde un teléfono público situado en el interior de un penal. Compran tarjetas prepagadas de teléfono que obligan primero a recibir la llamada en un “call center”, anulando con ello la alerta, porque de ahí sale de nuevo la llamada ya sin el mensaje preventivo. Las autoridades y Telmex van a corregir el problema, pero esto nos indica la necesidad de estar siempre vigilantes porque los reclusos extorsionadores buscarán con ingenio criminal hasta encontrar una forma de evitar el mensaje que les avise a las futuras víctimas que están por recibir una llamada de un penal.
¿Habrá hecho a conciencia la Procuraduría la labor de investigación que un asunto de estos amerita?
Yo que sé, hay mil formas para extorsionar ciudadanos que las autoridades deberán investigar.
En La Paz ni se diga, ya hemos conocido varios casos impunes ratificados por confiables declaraciones de las propias víctimas. Con todo y denuncia.
Cuando ocurra la extorsión en las calles, en libertad, hay que detener a los delincuentes como ya demostraron las autoridades que lo pueden hacer. Lo hicieron muy bien, con denuncia ciudadana de por medio, porque de otra manera es imposible. Y para quien intente extorsionar desde el interior de los penales del estado habrá que bloquear las señales de teléfonos celulares, y desde los públicos ubicados en esos centros, enviar los mensajes preventivos grabados para que todo aquel que reciba una llamada de un Cereso sepa, sin dudas, que procede de un penal.
No hay más.
No actuar en varios frentes propiciará la impunidad, y consecuentemente, el crecimiento desmedido de este tipo de delitos y otros muchos.
La impunidad alienta a los delincuentes.
Si un delincuente no es detenido cuando comete un delito, lo hará de nuevo, una y otra vez, porque no le pasa nada.
La impunidad es el enemigo a vencer.
Ojalá y de verdad se me haya pasado leer la buena noticia en los periódicos.
Tendré que comprar los diarios de los últimos 15 días del año pasado para verificar la existencia de las supuestas declaraciones de las autoridades y tener la certeza de que no fueron producto de un deseo febril o provocadas por una alucinación navideña.
Y en todo caso, si no ocurrió nada de esto el año pasado, pues ojalá se convierta en uno de los buenos propósitos del nuevo año. Ya veremos.
11 enero 2006
AGUSTÍN GRANADOS. El amigo que se fue...
Adiós al 2005. Se fue como el viento más suave.
Los que ven el vaso medio lleno, dirán, agradecidos, que es un año más de vida. En cambio, los pesimistas (optimistas informados) que nunca faltan, observarán que es un año menos de vida y que nos aproximamos todos al final del ciclo, cada vez más vertiginoso, y cada vez más solitarios.
El año que se nos acaba de echar encima sin ninguna misericordia, nos dejó, a varios, heridos del alma porque ya no veremos a algunos de nuestros seres más queridos.
Pero el nuevo año también trajo malas noticias. Mal inicio en esta rueda de la fortuna de la vida.
Más desiertos cada vez.
No sé a usted cómo le habrá ido en el año que pasó, suertudo lector, y en los pocos días transcurridos de este 2006; en mi caso, el nuevo año nos trajo la noticia de más ausencias dolorosas, se fue otro de mis grandes amigos, fruto del calor con que crecen las amistades en los años frescos de la preparatoria y de la universidad, de esos cuates que son para toda la vida y aún después. Ha muerto mi amigo, mi hermano, mi carnal y mi cómplice en innumerables y variados episodios que nos marcaron para toda la vida. Fue parte fundamental de esa familia que todos tenemos porque así lo decidimos en algún momento de la vida.
Su nombre era Agustín Granados, viejo periodista. Viejo comunista. Viejo amigo.
Me avisaron por teléfono desde el diario Milenio donde publicaba su columna “Dicen los que saben”, que apenas hacía unas horas había fallecido. La intención de la llamada a mi casa fue que los amigos entrañables se enteraran de primera mano y no por la prensa o los noticieros del radio.
Periodista innovador, reportero de corazón y perredista creador de la imagen de Rosario Robles desde el área de comunicación social del gobierno del Distrito Federal. Después perseguidos ambos con saña inaudita por sus propios “compañeros de partido”.
Inmejorable amigo. Poseedor de un ingenio brillante por inteligente como poco he visto, y no he vuelto a encontrar en mis tumbos por la vida. Informado y culto. Daba a sus amigos lo poco que tenía y también aquello de lo que carecía. Lo conocí desde los tiempos de la preparatoria numero siete de la UNAM, La Viga, en la ciudad de México. Activista político de toda la vida, lograron él y varios amigos más, imponer, por primera vez en la historia de la Universidad Nacional, a un director en su preparatoria, a un filosofo de oficio y maestro, propuesto por los propios alumnos y aceptado por la Rectoría: José Antonio Ruiz Acosta, y ahí lo sostuvieron varios años.
Ya escribía desde entonces. Su oficio lo hacía bien y lo hacía ver fácil. Recuerdo sus escritos en Siempre, Impacto y otras revistas y diarios de la época de sus inicios en el periodismo, por allá en los lejanos sesentas. Años reporteando para aquella Televisa del noticiero 24 horas de Jacobo, el informador más visto y añejo del país. Cubrió varios años la fuente de Presidencia. Recientemente colaboraba en los programas de radio de su cuate Pepe Cárdenas en Radio Fórmula como comentarista y analista. En ocasiones alternaba con Rafael Cardona en el mismo noticiero.
Con su voz cada vez más apagada pero con el brillo inteligente y cáustico de siempre. Entrevistador sagaz y crítico, dirigió varios años un programa de televisión en donde desfiló lo mejor de la cultura en México.
Amigo querido de los grandes periodistas de hoy y de siempre: de Jacobo, de Joaquín, de Marín; son en realidad incontables los amigos que deja sembrados. Varios de ellos alejados por la distancia quienes ya desde antes lo extrañábamos.
Desde la prepa le decíamos el Mandarían, por sus ojos medio rasgados y su pinta bonachona; chaparrito, blanco, regordete, simpatiquísimo, bien vestido y siempre preocupado por su figura. Galán. Esa pinta era engañosa, tenía la mecha cortita porque cuando era necesario se la sabía jugar contra lo que fuera, sin medir tamaño ni peligro, en particular por sus amigos y por todo aquello en lo que creía. Era tan aguerrido que durante la fiesta de su boda civil armó una descomunal zacapela que abarcó varias cuadras alrededor de la casa de Olga Harmony, su maestra de teatro, amiga de toda la vida y colaboradora de La Jornada. Participó activamente en el movimiento del 68. Reportero de guerra en varios países lo que le permitió acumular experiencias para escribir un libro contándonos sus vivencias.
En las incontables reuniones en que participamos los amigos del círculo cercano, y en varias ocasiones con otros, no había persona mejor informada ni con el ingenio más agudo y avispado que Agustín Granados. Discutidor inveterado, argumentador rápido, espeso y envolvente, conocedor de políticos de toda laya. Experto en el tira tira verbal jamás perdía una discusión inteligente. Al llegar al límite, sostenía “para que discutir algo que podemos arreglar a madrazos” y se convertía en una fiera. Al paso del tiempo se sosegó sin perder nunca su brillo inteligente.
Versado en política nacional y muy entendido de los entretelones del poder.
Recuerdo una entrevista memorable que le hizo a López Portillo a 10,000 pies de altura, poco después de que destaparon al candidato de su partido en el quinto año de ese sexenio, cuando comienza a menguar el poder, durante un vuelo de regreso a la ciudad de México y después de una gira. Al preguntarle al presidente algo sobre el tema, Agustín inició con “usted fue un presidente que... ” lo que provocó un reproche airado del mandatario, reclamándole a Agustín porqué usaba el verbo en pasado si él aún era el presidente de México y se produjo un distanciamiento entre ambos que duró varias semanas hasta que hicieron las paces con un abrazo en Los Pinos.
Su ausencia física nos abre un hueco imposible de llenar.
Desde su adolescencia era un infaltable al café Esla y antes al Campoamor, ambos en el centro histórico de México; después en el Continental y recientemente en el café de un conocido hotel del centro de la ciudad de México. Y también asiduo de aquel mítico café París instalado en el Penthouse de Ruiz Acosta amadrinado por Jimena, su hija y la hija de todos. Persistentemente en el centro de su entrañable ciudad de México que lo cobijó por siempre.
Perito altamente calificado en cantinas de todos los rumbos de la ciudad de México, las de lujo y las rascuaches.
Cuando salía más de tres días de ese infierno que siempre ha sido la ciudad, le dolía la cabeza y los ojos y le atacaba una nostalgia que le provocaba una tramposa depresión y tristeza, cuyo único remedio eran las parrandas interminables, hasta que un buen día, le dijo a adiós a los tragos y a las eternas juergas de ron y tequila. Al segundo día de ausencia de la ciudad, extrañaba los ruidos, el palpitante soplo y los aromas del centro de Distrito Federal.
Chilango de cepa, nativo de la Peralvillo al igual que su primo carnal, amigo inseparable y más que hermano Luis Vega. Los dos junto con el asombroso Lorenzo Martínez fueron topógrafos expertos en una dependencia del gobierno federal, en donde inventaron el planígrafo, que no existía pero que “así se llamaba en Alemania”, según le dijeron al ingeniero en jefe, para no dejar en evidencia su desconocimiento técnico porque en ese momento operaban como ingenieros. Periodistas multifacéticos que podían asumir sin rubor diversas personalidades que adoptaban según se ocupara. Y la gente se los creía.
En una ocasión, siendo aún unos niños, en compañía de su primo Luis, Agustín se lanzó desde la azotea de su casa en la Peralvillo intentando volar como un súper héroe... pero no pudo y pasó varios meses fracturado y en recuperación hasta sanar completamente.
El panegírico de Agustín estuvo a cargo de Humberto Musacchio, otro de los brillantes entrañables amigos de ese pequeño grupo de cofrades, colaborador del diario Reforma y de la revista Siempre; autor del monumental Diccionario Enciclopédico de México y de los Diccionarios del Distrito Federal y de Nayarit.
Y qué decir de esa estoica y entrañable mujer, compañera, amiga constante y también cómplice de todos, pero más de Agustín con quien vivió toda su vida: Maricela quien conserva una fortaleza interior que impresiona a cualquiera, pero, aún así, sufrirá una ausencia dolorosa y triste, porque se le fue un amigo más que un esposo y compañero. Para Jimena y Mariana, sus hijas, tengo un sentimiento de afecto inmenso, ambas fueron nuestras compañeras de juegos y farras desde siempre, desde que fueron concebidas por Mari y Agustín, hoy son hermosas mujeres que tienen una vida hecha y siempre quisieron, por encima de todo, a su padre, al Osi, Agustín Granados. Siempre estuvieron con él.
Testigo de calidad de estas hazañas parranderas de las entonces nonatas Jimena y Mariana fue doña Laura Somellera de todos mis respetos, quien certificó el fin de varias parrandas de Jimena acompañando a sus futuros padres sin haber nacido, y recuerdo que Laurita, entre asustada, enojada y divertida por lo que ella consideraba un exceso de Agustín y Maricela, les propinó varias regañadas a los futuros padres trasnochados quienes la recibieron perfectamente crudos y con un cinismo encomiable que le provocaba a doña Laurita una risa incontenible por las pesadas bromas de Agustín.
Agustín era un tipazo.
Y a partir de hoy un mito y una leyenda.
Descansa en paz Agustín Granados.
Los que ven el vaso medio lleno, dirán, agradecidos, que es un año más de vida. En cambio, los pesimistas (optimistas informados) que nunca faltan, observarán que es un año menos de vida y que nos aproximamos todos al final del ciclo, cada vez más vertiginoso, y cada vez más solitarios.
El año que se nos acaba de echar encima sin ninguna misericordia, nos dejó, a varios, heridos del alma porque ya no veremos a algunos de nuestros seres más queridos.
Pero el nuevo año también trajo malas noticias. Mal inicio en esta rueda de la fortuna de la vida.
Más desiertos cada vez.
No sé a usted cómo le habrá ido en el año que pasó, suertudo lector, y en los pocos días transcurridos de este 2006; en mi caso, el nuevo año nos trajo la noticia de más ausencias dolorosas, se fue otro de mis grandes amigos, fruto del calor con que crecen las amistades en los años frescos de la preparatoria y de la universidad, de esos cuates que son para toda la vida y aún después. Ha muerto mi amigo, mi hermano, mi carnal y mi cómplice en innumerables y variados episodios que nos marcaron para toda la vida. Fue parte fundamental de esa familia que todos tenemos porque así lo decidimos en algún momento de la vida.
Su nombre era Agustín Granados, viejo periodista. Viejo comunista. Viejo amigo.
Me avisaron por teléfono desde el diario Milenio donde publicaba su columna “Dicen los que saben”, que apenas hacía unas horas había fallecido. La intención de la llamada a mi casa fue que los amigos entrañables se enteraran de primera mano y no por la prensa o los noticieros del radio.
Periodista innovador, reportero de corazón y perredista creador de la imagen de Rosario Robles desde el área de comunicación social del gobierno del Distrito Federal. Después perseguidos ambos con saña inaudita por sus propios “compañeros de partido”.
Inmejorable amigo. Poseedor de un ingenio brillante por inteligente como poco he visto, y no he vuelto a encontrar en mis tumbos por la vida. Informado y culto. Daba a sus amigos lo poco que tenía y también aquello de lo que carecía. Lo conocí desde los tiempos de la preparatoria numero siete de la UNAM, La Viga, en la ciudad de México. Activista político de toda la vida, lograron él y varios amigos más, imponer, por primera vez en la historia de la Universidad Nacional, a un director en su preparatoria, a un filosofo de oficio y maestro, propuesto por los propios alumnos y aceptado por la Rectoría: José Antonio Ruiz Acosta, y ahí lo sostuvieron varios años.
Ya escribía desde entonces. Su oficio lo hacía bien y lo hacía ver fácil. Recuerdo sus escritos en Siempre, Impacto y otras revistas y diarios de la época de sus inicios en el periodismo, por allá en los lejanos sesentas. Años reporteando para aquella Televisa del noticiero 24 horas de Jacobo, el informador más visto y añejo del país. Cubrió varios años la fuente de Presidencia. Recientemente colaboraba en los programas de radio de su cuate Pepe Cárdenas en Radio Fórmula como comentarista y analista. En ocasiones alternaba con Rafael Cardona en el mismo noticiero.
Con su voz cada vez más apagada pero con el brillo inteligente y cáustico de siempre. Entrevistador sagaz y crítico, dirigió varios años un programa de televisión en donde desfiló lo mejor de la cultura en México.
Amigo querido de los grandes periodistas de hoy y de siempre: de Jacobo, de Joaquín, de Marín; son en realidad incontables los amigos que deja sembrados. Varios de ellos alejados por la distancia quienes ya desde antes lo extrañábamos.
Desde la prepa le decíamos el Mandarían, por sus ojos medio rasgados y su pinta bonachona; chaparrito, blanco, regordete, simpatiquísimo, bien vestido y siempre preocupado por su figura. Galán. Esa pinta era engañosa, tenía la mecha cortita porque cuando era necesario se la sabía jugar contra lo que fuera, sin medir tamaño ni peligro, en particular por sus amigos y por todo aquello en lo que creía. Era tan aguerrido que durante la fiesta de su boda civil armó una descomunal zacapela que abarcó varias cuadras alrededor de la casa de Olga Harmony, su maestra de teatro, amiga de toda la vida y colaboradora de La Jornada. Participó activamente en el movimiento del 68. Reportero de guerra en varios países lo que le permitió acumular experiencias para escribir un libro contándonos sus vivencias.
En las incontables reuniones en que participamos los amigos del círculo cercano, y en varias ocasiones con otros, no había persona mejor informada ni con el ingenio más agudo y avispado que Agustín Granados. Discutidor inveterado, argumentador rápido, espeso y envolvente, conocedor de políticos de toda laya. Experto en el tira tira verbal jamás perdía una discusión inteligente. Al llegar al límite, sostenía “para que discutir algo que podemos arreglar a madrazos” y se convertía en una fiera. Al paso del tiempo se sosegó sin perder nunca su brillo inteligente.
Versado en política nacional y muy entendido de los entretelones del poder.
Recuerdo una entrevista memorable que le hizo a López Portillo a 10,000 pies de altura, poco después de que destaparon al candidato de su partido en el quinto año de ese sexenio, cuando comienza a menguar el poder, durante un vuelo de regreso a la ciudad de México y después de una gira. Al preguntarle al presidente algo sobre el tema, Agustín inició con “usted fue un presidente que... ” lo que provocó un reproche airado del mandatario, reclamándole a Agustín porqué usaba el verbo en pasado si él aún era el presidente de México y se produjo un distanciamiento entre ambos que duró varias semanas hasta que hicieron las paces con un abrazo en Los Pinos.
Su ausencia física nos abre un hueco imposible de llenar.
Desde su adolescencia era un infaltable al café Esla y antes al Campoamor, ambos en el centro histórico de México; después en el Continental y recientemente en el café de un conocido hotel del centro de la ciudad de México. Y también asiduo de aquel mítico café París instalado en el Penthouse de Ruiz Acosta amadrinado por Jimena, su hija y la hija de todos. Persistentemente en el centro de su entrañable ciudad de México que lo cobijó por siempre.
Perito altamente calificado en cantinas de todos los rumbos de la ciudad de México, las de lujo y las rascuaches.
Cuando salía más de tres días de ese infierno que siempre ha sido la ciudad, le dolía la cabeza y los ojos y le atacaba una nostalgia que le provocaba una tramposa depresión y tristeza, cuyo único remedio eran las parrandas interminables, hasta que un buen día, le dijo a adiós a los tragos y a las eternas juergas de ron y tequila. Al segundo día de ausencia de la ciudad, extrañaba los ruidos, el palpitante soplo y los aromas del centro de Distrito Federal.
Chilango de cepa, nativo de la Peralvillo al igual que su primo carnal, amigo inseparable y más que hermano Luis Vega. Los dos junto con el asombroso Lorenzo Martínez fueron topógrafos expertos en una dependencia del gobierno federal, en donde inventaron el planígrafo, que no existía pero que “así se llamaba en Alemania”, según le dijeron al ingeniero en jefe, para no dejar en evidencia su desconocimiento técnico porque en ese momento operaban como ingenieros. Periodistas multifacéticos que podían asumir sin rubor diversas personalidades que adoptaban según se ocupara. Y la gente se los creía.
En una ocasión, siendo aún unos niños, en compañía de su primo Luis, Agustín se lanzó desde la azotea de su casa en la Peralvillo intentando volar como un súper héroe... pero no pudo y pasó varios meses fracturado y en recuperación hasta sanar completamente.
El panegírico de Agustín estuvo a cargo de Humberto Musacchio, otro de los brillantes entrañables amigos de ese pequeño grupo de cofrades, colaborador del diario Reforma y de la revista Siempre; autor del monumental Diccionario Enciclopédico de México y de los Diccionarios del Distrito Federal y de Nayarit.
Y qué decir de esa estoica y entrañable mujer, compañera, amiga constante y también cómplice de todos, pero más de Agustín con quien vivió toda su vida: Maricela quien conserva una fortaleza interior que impresiona a cualquiera, pero, aún así, sufrirá una ausencia dolorosa y triste, porque se le fue un amigo más que un esposo y compañero. Para Jimena y Mariana, sus hijas, tengo un sentimiento de afecto inmenso, ambas fueron nuestras compañeras de juegos y farras desde siempre, desde que fueron concebidas por Mari y Agustín, hoy son hermosas mujeres que tienen una vida hecha y siempre quisieron, por encima de todo, a su padre, al Osi, Agustín Granados. Siempre estuvieron con él.
Testigo de calidad de estas hazañas parranderas de las entonces nonatas Jimena y Mariana fue doña Laura Somellera de todos mis respetos, quien certificó el fin de varias parrandas de Jimena acompañando a sus futuros padres sin haber nacido, y recuerdo que Laurita, entre asustada, enojada y divertida por lo que ella consideraba un exceso de Agustín y Maricela, les propinó varias regañadas a los futuros padres trasnochados quienes la recibieron perfectamente crudos y con un cinismo encomiable que le provocaba a doña Laurita una risa incontenible por las pesadas bromas de Agustín.
Agustín era un tipazo.
Y a partir de hoy un mito y una leyenda.
Descansa en paz Agustín Granados.
02 enero 2006
LOS DERECHOS HUMANOS DE TODOS / II FINAL
Quienes son identificados por la población sudcaliforniana como los principales transgresores de los derechos humanos son, esencialmente, los servidores públicos estatales y municipales de distintos niveles jerárquicos, y autoridades administrativas de ambos órdenes de gobierno.
De ésta incidencia en las violaciones a los derechos humanos en el estado, tal vez la mayoría de ellas, se pueden corregir sin mayor trámite en favor de los ciudadanos ofendidos, mediante una inmediata, oportuna y enérgica gestión de la Comisión Estatal, frente a quienes están obligados a cumplir la ley pero que no lo hacen por error u omisión, a veces explicable, es cierto; pero lo grave, es que en ocasiones, y a sabiendas, las autoridades pasan por encima de los derechos de los demás sin más razón que su soberbia. Esta será la primera y más significativa tarea a desempeñar.
La Comisión Estatal no fue diseñada para servir a ninguno de los poderes del estado ni tampoco a servidores públicos con poder quienes abusan de esa condición, sirve expresamente para proteger los derechos humanos de los ciudadanos. Así fue concebida y decretada.
Tampoco se trata de negociar la ley con nadie, sino de garantizar que ésta se cumpla a cabalidad impidiendo el abuso en contra de los sudcalifornianos quienes merecen, invariablemente, un trato justo, digno y apegado a la legalidad.
En otros casos, las violaciones cometidas son graves y ameritan una intervención severa e inflexible de la Comisión Estatal. Algunas situaciones más, son los atropellos constantes o contumaces y aquellos casos que no son corregidos por las propias autoridades aún conociendo la existencia de violaciones a los derechos humanos; en estos incidentes, el trabajo de la Comisión radicará en señalar, insistentemente, a los responsables de las violaciones frente a la opinión pública y se denunciará el hecho ante las autoridades competentes.
No habrá impunidad en ninguna circunstancia.
La persistencia de estos actos indebidos e ilegales en contra de los derechos humanos, debilitan el estado de derecho hasta pervertirlo y corromperlo, vulneran la transparencia y la calidad de vida, y casi siempre se cometen en contra de los más débiles; además, estos actos tienen como efecto pernicioso, un desaliento creciente en la población, que ya no cree más en sus autoridades e instituciones, o dicho de otra manera, y para ser optimistas, confían cada vez menos en ellas; otra consecuencia desfavorable de estas actitudes negativas de autoridades y servidores públicos, es que se socava la indispensable cultura de la legalidad entre ciudadanos y autoridades, impidiéndonos a todos el acceso a mejores indicadores de desarrollo humano.
Recordemos con satisfacción pero también con pesadumbre, que según el programa de naciones unidas para el desarrollo, BCS ocupa un destacadísimo cuarto lugar nacional en el índice de desarrollo humano, pero si le incorporamos a este índice una medida de inseguridad, caemos hasta el abismal lugar numero 30 entre las 32 entidades del país. Y este vergonzoso treintavo lugar al que nos han llevado, tiene mucho que ver y de hecho es consecuencia de la violación de los derechos humanos de todos porque proviene de grandes deficiencias en materia de seguridad e impartición de justicia.
Como vemos, la dimensión de la tarea es enorme.
Una segunda vertiente fundamental de los derechos humanos que la Comisión habrá de proteger y defender con responsabilidad, prudencia y madurez, es la libertad de expresión, que se concreta a través del ejercicio periodístico principalmente, y en diversas tareas de comunicación. Los pueblos libres deben gozar del derecho a una información libre y responsable de las ideas y la crítica, lo que conducirá a los ciudadanos a crecer intelectual y moralmente, y esa es la condición previa para el ejercicio de otros múltiples derechos y libertades ciudadanas. El estado tiene la obligación de proteger esas libertades. Esta será la segunda línea de acción prioritaria de la Comisión.
Una tercera actividad central que singularizará los trabajos de la Comisión Estatal, consistirá en salvaguardar los derechos humanos de los múltiples grupos vulnerables que existen en sudcalifornia, los cuales, por su lamentable situación de marginación social, económica o cultural, son incapaces de hacer valer sus derechos, porque no cuentan con los medios a su alcance para concretar o ejercer esas prerrogativas. Un ejemplo de estos grupos vulnerables son los adultos mayores, los niños y niñas y las mujeres.
Cuando existan evidencias de que los derechos humanos son violentados en cualquier parte del estado, se requiere de una atención oportuna, intensa, eficaz y expedita; son asuntos que demandan tiempo, gestión, personal competente y calidad en su desahogo. Estos casos serán, claramente, la prioridad de la Comisión Estatal.
Al no ser vinculatorias (obligatorias) las recomendaciones y acuerdos de la Comisión Estatal, ésta únicamente dispondrá para el cumplimiento de sus funciones, de su extraordinaria fortaleza ética y moral, de su propio prestigio y de su autonomía. Con eso será suficiente.
Señoras y señores legisladores, les agradezco de nuevo su tiempo para escuchar estas líneas de trabajo recordándoles que los sudcalifornianos exigen y merecen una Comisión Estatal de los Derechos Humanos digna y fuerte, con visión del porvenir, con respetabilidad que se debe ganar y conservar día a día, para brindar un mejor servicio a todos los habitantes del estado.
Esta fue, humanista lector, la parte más destacada de mi propuesta durante el ejercicio democrático al que nos convoco el Congreso del estado a seis ciudadanos interesados en mejorar la actuación de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos.
Que así sea.
Aprovecho el espacio para desearles a mis dos lectores una muy feliz navidad y mejor año nuevo. Igual felicidad le deseo al personal del diario El Sudcaliforniano que adoptó la columna Némesis, empezando con su director, editores, columnistas y redactores, y todo el personal que hace el milagro de poner en tus manos, fanático lector, un periódico distinto todos los días con la misma calidad. Un fuerte abrazo para todos acompañado de grandes y ruidosas palmadas.
De ésta incidencia en las violaciones a los derechos humanos en el estado, tal vez la mayoría de ellas, se pueden corregir sin mayor trámite en favor de los ciudadanos ofendidos, mediante una inmediata, oportuna y enérgica gestión de la Comisión Estatal, frente a quienes están obligados a cumplir la ley pero que no lo hacen por error u omisión, a veces explicable, es cierto; pero lo grave, es que en ocasiones, y a sabiendas, las autoridades pasan por encima de los derechos de los demás sin más razón que su soberbia. Esta será la primera y más significativa tarea a desempeñar.
La Comisión Estatal no fue diseñada para servir a ninguno de los poderes del estado ni tampoco a servidores públicos con poder quienes abusan de esa condición, sirve expresamente para proteger los derechos humanos de los ciudadanos. Así fue concebida y decretada.
Tampoco se trata de negociar la ley con nadie, sino de garantizar que ésta se cumpla a cabalidad impidiendo el abuso en contra de los sudcalifornianos quienes merecen, invariablemente, un trato justo, digno y apegado a la legalidad.
En otros casos, las violaciones cometidas son graves y ameritan una intervención severa e inflexible de la Comisión Estatal. Algunas situaciones más, son los atropellos constantes o contumaces y aquellos casos que no son corregidos por las propias autoridades aún conociendo la existencia de violaciones a los derechos humanos; en estos incidentes, el trabajo de la Comisión radicará en señalar, insistentemente, a los responsables de las violaciones frente a la opinión pública y se denunciará el hecho ante las autoridades competentes.
No habrá impunidad en ninguna circunstancia.
La persistencia de estos actos indebidos e ilegales en contra de los derechos humanos, debilitan el estado de derecho hasta pervertirlo y corromperlo, vulneran la transparencia y la calidad de vida, y casi siempre se cometen en contra de los más débiles; además, estos actos tienen como efecto pernicioso, un desaliento creciente en la población, que ya no cree más en sus autoridades e instituciones, o dicho de otra manera, y para ser optimistas, confían cada vez menos en ellas; otra consecuencia desfavorable de estas actitudes negativas de autoridades y servidores públicos, es que se socava la indispensable cultura de la legalidad entre ciudadanos y autoridades, impidiéndonos a todos el acceso a mejores indicadores de desarrollo humano.
Recordemos con satisfacción pero también con pesadumbre, que según el programa de naciones unidas para el desarrollo, BCS ocupa un destacadísimo cuarto lugar nacional en el índice de desarrollo humano, pero si le incorporamos a este índice una medida de inseguridad, caemos hasta el abismal lugar numero 30 entre las 32 entidades del país. Y este vergonzoso treintavo lugar al que nos han llevado, tiene mucho que ver y de hecho es consecuencia de la violación de los derechos humanos de todos porque proviene de grandes deficiencias en materia de seguridad e impartición de justicia.
Como vemos, la dimensión de la tarea es enorme.
Una segunda vertiente fundamental de los derechos humanos que la Comisión habrá de proteger y defender con responsabilidad, prudencia y madurez, es la libertad de expresión, que se concreta a través del ejercicio periodístico principalmente, y en diversas tareas de comunicación. Los pueblos libres deben gozar del derecho a una información libre y responsable de las ideas y la crítica, lo que conducirá a los ciudadanos a crecer intelectual y moralmente, y esa es la condición previa para el ejercicio de otros múltiples derechos y libertades ciudadanas. El estado tiene la obligación de proteger esas libertades. Esta será la segunda línea de acción prioritaria de la Comisión.
Una tercera actividad central que singularizará los trabajos de la Comisión Estatal, consistirá en salvaguardar los derechos humanos de los múltiples grupos vulnerables que existen en sudcalifornia, los cuales, por su lamentable situación de marginación social, económica o cultural, son incapaces de hacer valer sus derechos, porque no cuentan con los medios a su alcance para concretar o ejercer esas prerrogativas. Un ejemplo de estos grupos vulnerables son los adultos mayores, los niños y niñas y las mujeres.
Cuando existan evidencias de que los derechos humanos son violentados en cualquier parte del estado, se requiere de una atención oportuna, intensa, eficaz y expedita; son asuntos que demandan tiempo, gestión, personal competente y calidad en su desahogo. Estos casos serán, claramente, la prioridad de la Comisión Estatal.
Al no ser vinculatorias (obligatorias) las recomendaciones y acuerdos de la Comisión Estatal, ésta únicamente dispondrá para el cumplimiento de sus funciones, de su extraordinaria fortaleza ética y moral, de su propio prestigio y de su autonomía. Con eso será suficiente.
Señoras y señores legisladores, les agradezco de nuevo su tiempo para escuchar estas líneas de trabajo recordándoles que los sudcalifornianos exigen y merecen una Comisión Estatal de los Derechos Humanos digna y fuerte, con visión del porvenir, con respetabilidad que se debe ganar y conservar día a día, para brindar un mejor servicio a todos los habitantes del estado.
Esta fue, humanista lector, la parte más destacada de mi propuesta durante el ejercicio democrático al que nos convoco el Congreso del estado a seis ciudadanos interesados en mejorar la actuación de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos.
Que así sea.
Aprovecho el espacio para desearles a mis dos lectores una muy feliz navidad y mejor año nuevo. Igual felicidad le deseo al personal del diario El Sudcaliforniano que adoptó la columna Némesis, empezando con su director, editores, columnistas y redactores, y todo el personal que hace el milagro de poner en tus manos, fanático lector, un periódico distinto todos los días con la misma calidad. Un fuerte abrazo para todos acompañado de grandes y ruidosas palmadas.
01 enero 2006
LOS DERECHOS HUMANOS DE TODOS / I
Fui invitado a participar en la segunda terna (la primera fue rechazada) decidida por una Comisión Plural del Congreso para seleccionar entre sus integrantes al futuro Presidente de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos para los próximos cuatro años.
Acepté, desde luego, porque me parece que no sólo hay que ser cómodamente crítico sino también contribuir y participar, en la medida que cada uno pueda hacerlo, para hacer que las cosas marchen mejor.
Algunos amigos no estuvieron de acuerdo con mi participación en esta aventura. Alegaron que todo estaba consumado y que dos de los cándidos solamente cubrirían el expediente para darle formalidad a lo que la ley establece en una elección de este tipo. Otros me dijeron ingenuo y peores cosas que no le repito, educado lector, porque apenarían a cualquiera. Algunos más trataron de detenerme porque consideraron que era una maquinación por mis tres recientes columnas críticas hacia un grupo de integrantes del Congreso. Y otras cosas por el estilo. Hoy no sé si tuvieron razón, pero no dispongo de elementos para asegurar que hubo arreglos oscuros o que los diputados y diputadas operaron en contra de alguno de los candidatos participantes que no fueron elegidos.
Los diputados y diputadas se comportaron de manera educada, algunos dijeron “buenos días” e intercambiaron breves comentarios con los candidatos antes de la reunión. De mi parte, también hubo un comportamiento educado y cortés, y observé lo mismo de parte de los otros dos interesados. Al llegar no nos recibió ningún diputado sino el Oficial Mayor del Congreso, quien nos hacía pasar al estrado por riguroso orden alfabético. Durante las exposiciones de cada uno ante el pleno, los otros dos esperamos afuera del recinto porque “nadie debería sacar ventaja sobre lo que escuchara de los otros candidatos”. Al término de la exposición de cada uno en la plenaria nadie nos dijo nada, ni quien ganó, ni a quien designaron, ni muchas gracias por molestarse en participar, es más, ni adiós les dijeron a los que no fueron designados. Me parece que estos pequeños detalles de cortesía para los ciudadanos que participan en cualquier convocatoria del Congreso deben resolverse en el futuro. Cuesta lo mismo y no deja huella. Y tampoco hace daño.
Lo que sucedió al interior del Congreso en materia de negociaciones y acuerdos propios del proceso y previos a la designación los desconozco porque no participé. Pero eso es parte del procedimiento legislativo, lo entiendo y lo acepto, no hay otra manera, y tampoco me atañe, porque es facultad de los congresistas la designación del Presidente de la Comisión Estatal. La elección no se realizó a partir exclusivamente del análisis de las exposiciones de los candidatos, como sería deseable, a la manera de una especie de examen oral, con la intención de que quien realizara los mejores planteamientos y propuestas, a juicio de la mayoría legislativa, obtuviera mediante el voto libre y secreto, la designación. Generalmente este tipo de nombramientos se resuelven antes de la sesión, días antes, y en ocasiones aún decidido, no se consigue el propósito porque son 21 criterios y muchos intereses divergentes dentro y fuera del Congreso. Así lo observamos en la primera terna.
Aún así, no me importó y participé, a sabiendas de que tendría escasas posibilidades o ninguna de obtener la designación ¿porqué? Pues porque las cosas así funcionan y lo que más me importaba era darles a conocer a los legisladores cuál era mi punto de vista sobre “cómo” debería ser la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, sus acentos y prioridades, porque el “qué” lo establece, sin dudas, la propia ley que la crea. Y así lo hice.
Quiero compartir con ustedes, invisibles lectores, algunas de las propuestas que hice en el pleno del Congreso, y para ello, haré un breve resumen de lo que dije en la exposición durante los 10 minutos que me correspondieron, de acuerdo a las reglas del evento, para que los diputados conocieran, de viva voz, cuáles eran mis puntos de vista una vez que se cubrieron los requisitos documentales en tiempo y forma que la propia ley establece.
Al final, mis dudas y las de mis consejeros y amigos se confirmaron.
Obtuve la fantástica cantidad de cero votos de los legisladores.
Y resultó un designado con 16 votos en su favor. En buena hora y felicidades, porque el candidato nombrado llega plenamente legitimado por el Congreso del estado con una mayoría contundente. No se puede pedir más. Así el elegido tendrá todo el apoyo para un desempeño más cabal de su función. La falta de apoyo no será un pretexto.
Y para fortuna de todos, no hubo necesidad de elegir al presidente de la Comisión mediante una lotería porque si era rechazada la segunda terna, se hubiera tenido que aplicar el procedimiento de insaculación ordenado por la ley, que por si usted no lo sabe, informado lector, eso significa meter boletos, nombres o números en un saco, sombrero o ánfora para extraer un ganador.
Pienso que en un acto de este tipo no hubo ganadores ni perdedores. De verdad lo pienso, incrédulo lector. En realidad, y siendo optimistas, todos ganamos, porque seis ciudadanos interesados por los derechos humanos en el estado participaron, y los diputados hicieron bien su trabajo en esta ocasión, en la forma y en el fondo, con la ley en la mano. Y eso nos conviene a todos los sudcalifornianos. No sabemos si los legisladores hicieron una buena designación, ellos tampoco lo saben todavía, pero sí atendieron una de sus responsabilidades en tiempo y forma; y en cuanto a lo acertado de su elección, pronto tendremos noticias.
Por lo demás, estimo que los participantes nos vamos sin un ánimo negativo, al menos ese es mi caso, y con la tranquilidad de haber cumplido el compromiso ciudadano para el que fuimos convocados. Y eso también vale.
Y tengo la jubilosa certidumbre, además, de que el candidato designado por el Congreso no será peor que la anterior pésima presidenta. Aunque el elegido quisiera hacerlo peor le resultará imposible lograrlo. Hay personas y cosas insuperables en la vida. Al menos eso espero, con legítimo interés y por el beneficio de todos.
Esto que sigue fue leído, después de iniciar las cortesías a que obliga la buena educación y el recinto, es una pequeña parte de lo dicho en el Congreso del estado, y refleja mi postura, lo que yo espero respecto al tema de los derechos humanos. Ahí le va.
Es conveniente ratificar frente a ustedes, señoras y señores legisladores, que no tengo compromiso alguno con grupos o asociaciones de ninguna índole.
En el camino que me ha traído a esta alta tribuna, me ha conducido siempre, el respeto por la verdad, la justicia y la ética como perfiles de comportamiento personal y profesional. Nadie podrá probar lo contrario.
Cuando usamos el término “cumplir con la ley”, a pesar de que parece claro y evidente su significado, nunca vale lo mismo para todos, a veces lo obvio no resulta serlo. Y por esta razón, conviene destacar, con firmeza, una primera definición: en el desempeño de la institución no se hará más, pero tampoco menos, de lo que establece la propia ley de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos vigente en el estado. No es ocioso asumir este compromiso específico, reafirmarlo ante ustedes y subrayarlo frente a la opinión publica que observa con interés este proceso. Debemos terminar con la discrecionalidad en la aplicación de la ley.
Insisto, se trata, escuetamente, de proteger y hacer que se respeten los derechos humanos de todos, sin excepciones y actuar con la firmeza que se requiere en el marco de la ley.
Los acentos, la intensidad y la calidad en las acciones que desarrollará la Comisión marcarán la diferencia y harán que recupere y acreciente su prestigio; también será determinante la precisa definición de sus prioridades para consolidar y vigorizar la presencia de la institución entre ciudadanos y autoridades de sudcalifornia.
Las disposiciones contenidas en la actual Ley Estatal de Derechos Humanos son, desde luego, perfectibles, como cualquier ordenamiento legal; pero en este momento, tal y como está la ley, es más que suficiente para llevar a cabo, con solvencia, las tareas encomendadas. Por ahora no veo la necesidad de reformas urgentes ni importantes a la ley vigente.
Será en la operación misma de la Comisión donde optimizaremos sus acciones. Además, ustedes no elegirán a un presidente para hacer una nueva ley en la materia, o reformarla o impugnarla, sino para que cumpla la que ya existe.
Continuaremos en la próxima entrega.
Acepté, desde luego, porque me parece que no sólo hay que ser cómodamente crítico sino también contribuir y participar, en la medida que cada uno pueda hacerlo, para hacer que las cosas marchen mejor.
Algunos amigos no estuvieron de acuerdo con mi participación en esta aventura. Alegaron que todo estaba consumado y que dos de los cándidos solamente cubrirían el expediente para darle formalidad a lo que la ley establece en una elección de este tipo. Otros me dijeron ingenuo y peores cosas que no le repito, educado lector, porque apenarían a cualquiera. Algunos más trataron de detenerme porque consideraron que era una maquinación por mis tres recientes columnas críticas hacia un grupo de integrantes del Congreso. Y otras cosas por el estilo. Hoy no sé si tuvieron razón, pero no dispongo de elementos para asegurar que hubo arreglos oscuros o que los diputados y diputadas operaron en contra de alguno de los candidatos participantes que no fueron elegidos.
Los diputados y diputadas se comportaron de manera educada, algunos dijeron “buenos días” e intercambiaron breves comentarios con los candidatos antes de la reunión. De mi parte, también hubo un comportamiento educado y cortés, y observé lo mismo de parte de los otros dos interesados. Al llegar no nos recibió ningún diputado sino el Oficial Mayor del Congreso, quien nos hacía pasar al estrado por riguroso orden alfabético. Durante las exposiciones de cada uno ante el pleno, los otros dos esperamos afuera del recinto porque “nadie debería sacar ventaja sobre lo que escuchara de los otros candidatos”. Al término de la exposición de cada uno en la plenaria nadie nos dijo nada, ni quien ganó, ni a quien designaron, ni muchas gracias por molestarse en participar, es más, ni adiós les dijeron a los que no fueron designados. Me parece que estos pequeños detalles de cortesía para los ciudadanos que participan en cualquier convocatoria del Congreso deben resolverse en el futuro. Cuesta lo mismo y no deja huella. Y tampoco hace daño.
Lo que sucedió al interior del Congreso en materia de negociaciones y acuerdos propios del proceso y previos a la designación los desconozco porque no participé. Pero eso es parte del procedimiento legislativo, lo entiendo y lo acepto, no hay otra manera, y tampoco me atañe, porque es facultad de los congresistas la designación del Presidente de la Comisión Estatal. La elección no se realizó a partir exclusivamente del análisis de las exposiciones de los candidatos, como sería deseable, a la manera de una especie de examen oral, con la intención de que quien realizara los mejores planteamientos y propuestas, a juicio de la mayoría legislativa, obtuviera mediante el voto libre y secreto, la designación. Generalmente este tipo de nombramientos se resuelven antes de la sesión, días antes, y en ocasiones aún decidido, no se consigue el propósito porque son 21 criterios y muchos intereses divergentes dentro y fuera del Congreso. Así lo observamos en la primera terna.
Aún así, no me importó y participé, a sabiendas de que tendría escasas posibilidades o ninguna de obtener la designación ¿porqué? Pues porque las cosas así funcionan y lo que más me importaba era darles a conocer a los legisladores cuál era mi punto de vista sobre “cómo” debería ser la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, sus acentos y prioridades, porque el “qué” lo establece, sin dudas, la propia ley que la crea. Y así lo hice.
Quiero compartir con ustedes, invisibles lectores, algunas de las propuestas que hice en el pleno del Congreso, y para ello, haré un breve resumen de lo que dije en la exposición durante los 10 minutos que me correspondieron, de acuerdo a las reglas del evento, para que los diputados conocieran, de viva voz, cuáles eran mis puntos de vista una vez que se cubrieron los requisitos documentales en tiempo y forma que la propia ley establece.
Al final, mis dudas y las de mis consejeros y amigos se confirmaron.
Obtuve la fantástica cantidad de cero votos de los legisladores.
Y resultó un designado con 16 votos en su favor. En buena hora y felicidades, porque el candidato nombrado llega plenamente legitimado por el Congreso del estado con una mayoría contundente. No se puede pedir más. Así el elegido tendrá todo el apoyo para un desempeño más cabal de su función. La falta de apoyo no será un pretexto.
Y para fortuna de todos, no hubo necesidad de elegir al presidente de la Comisión mediante una lotería porque si era rechazada la segunda terna, se hubiera tenido que aplicar el procedimiento de insaculación ordenado por la ley, que por si usted no lo sabe, informado lector, eso significa meter boletos, nombres o números en un saco, sombrero o ánfora para extraer un ganador.
Pienso que en un acto de este tipo no hubo ganadores ni perdedores. De verdad lo pienso, incrédulo lector. En realidad, y siendo optimistas, todos ganamos, porque seis ciudadanos interesados por los derechos humanos en el estado participaron, y los diputados hicieron bien su trabajo en esta ocasión, en la forma y en el fondo, con la ley en la mano. Y eso nos conviene a todos los sudcalifornianos. No sabemos si los legisladores hicieron una buena designación, ellos tampoco lo saben todavía, pero sí atendieron una de sus responsabilidades en tiempo y forma; y en cuanto a lo acertado de su elección, pronto tendremos noticias.
Por lo demás, estimo que los participantes nos vamos sin un ánimo negativo, al menos ese es mi caso, y con la tranquilidad de haber cumplido el compromiso ciudadano para el que fuimos convocados. Y eso también vale.
Y tengo la jubilosa certidumbre, además, de que el candidato designado por el Congreso no será peor que la anterior pésima presidenta. Aunque el elegido quisiera hacerlo peor le resultará imposible lograrlo. Hay personas y cosas insuperables en la vida. Al menos eso espero, con legítimo interés y por el beneficio de todos.
Esto que sigue fue leído, después de iniciar las cortesías a que obliga la buena educación y el recinto, es una pequeña parte de lo dicho en el Congreso del estado, y refleja mi postura, lo que yo espero respecto al tema de los derechos humanos. Ahí le va.
Es conveniente ratificar frente a ustedes, señoras y señores legisladores, que no tengo compromiso alguno con grupos o asociaciones de ninguna índole.
En el camino que me ha traído a esta alta tribuna, me ha conducido siempre, el respeto por la verdad, la justicia y la ética como perfiles de comportamiento personal y profesional. Nadie podrá probar lo contrario.
Cuando usamos el término “cumplir con la ley”, a pesar de que parece claro y evidente su significado, nunca vale lo mismo para todos, a veces lo obvio no resulta serlo. Y por esta razón, conviene destacar, con firmeza, una primera definición: en el desempeño de la institución no se hará más, pero tampoco menos, de lo que establece la propia ley de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos vigente en el estado. No es ocioso asumir este compromiso específico, reafirmarlo ante ustedes y subrayarlo frente a la opinión publica que observa con interés este proceso. Debemos terminar con la discrecionalidad en la aplicación de la ley.
Insisto, se trata, escuetamente, de proteger y hacer que se respeten los derechos humanos de todos, sin excepciones y actuar con la firmeza que se requiere en el marco de la ley.
Los acentos, la intensidad y la calidad en las acciones que desarrollará la Comisión marcarán la diferencia y harán que recupere y acreciente su prestigio; también será determinante la precisa definición de sus prioridades para consolidar y vigorizar la presencia de la institución entre ciudadanos y autoridades de sudcalifornia.
Las disposiciones contenidas en la actual Ley Estatal de Derechos Humanos son, desde luego, perfectibles, como cualquier ordenamiento legal; pero en este momento, tal y como está la ley, es más que suficiente para llevar a cabo, con solvencia, las tareas encomendadas. Por ahora no veo la necesidad de reformas urgentes ni importantes a la ley vigente.
Será en la operación misma de la Comisión donde optimizaremos sus acciones. Además, ustedes no elegirán a un presidente para hacer una nueva ley en la materia, o reformarla o impugnarla, sino para que cumpla la que ya existe.
Continuaremos en la próxima entrega.
LA MURALLA GRINGA / II FINAL
Por todo lo dicho en la entrega anterior, y mucho más en verdad, la drástica “solución” que pretenden los gringos al aprobar la ley HR 4437 está condenada al fracaso y tendrá, además, un rechazo absoluto de la opinión pública mundial que ya comienza a organizarse para poner en evidencia a los gringos racistas y xenófobos.
Un muro más para añadirlo a las decenas que han construido en contra de todo un continente. Y me refiero no sólo a sus murallas de concreto y lámina sino a todos aquellos que no se ven, los que no se pueden saltar, y que dejan heridas abiertas en la historia y en el tiempo de América Latina.
Según la fuente consultada, en estos últimos cinco años emigraron a los Estados Unidos entre 400 y 500 mil mexicanos cada año contra 30 mil anuales en los sesentas. Son 27 millones de mexicanos quienes viven y trabajan para los gringos repartidos en 42 estados de un total de 50 que tiene ese país.
En estos cinco años de gobierno del cambio, por hablar del pasado más próximo, México ha recibido, cuando menos hasta ahora, puras cachetadas, escupitajos y malos modos de parte de los grandes amigos gringos de mister Fox. Él sabrá las razones. No hay motivos públicos y transparentes para que usted, yo y toda la humanidad recibamos de los gringos un trato de rufianes. Al menos yo no los conozco, pero los puedo imaginar en los tonos negros de las promesas que no les cumplió el gobierno del cambalache. Hoy proliferan los engañados, allá y aquí.
Mire usted, invisible lector, el sólo hecho de legislar para que los ilegales de cualquier nacionalidad, se conviertan en criminales por no tener papeles es una auténtica monstruosidad. El desprecio a esta medida es planetario; incluso, para sorpresa de todos, hasta el 58% de los propios gringos según el NYT, está en desacuerdo con esa política garrotera, policíaca, inviable y sin sentido.
¿Habrá un sólo gringo que no tenga relación con algún ilegal? No lo creo.
Al amparo de una ley en contra del terrorismo y otros criminales, están a punto de cometer una barbaridad, un genocidio, en contra de los latinos y otros grupos de inmigrantes que ya viven y trabajan en los Estados Unidos, aportan y construyen, y entre ellos, millones de mexicanos, la mayoría de ellos inicuamente explotados pero, aún así, ganando diez o veinte veces más de lo que podrían obtener en su propio país.
En el caso particular de los mexicanos, hay un hecho histórico que a todos se nos olvida por ignorancia o por ese afán de simplificar la realidad, olvidando la historia y perdiendo de vista los incidentes que marcaron buena parte de la traumática relación entre los Estados Unidos y México. Cuando en el lejano 1848 México perdió la mitad de su territorio a manos de los gringos, ¿qué cree usted que les pasó a los mexicanos que se quedaron atrapados en ese vasto territorio arrebatado, a los que la política y el atraco dejaron cercados de pronto en “otro país”, porque ya habitaban esas regiones? Pues simple, se durmieron mexicanos y amanecieron gringos. Mucho antes de que llegaran los gringos esos venerables mexicanos ya estaban ahí trabajando en paz. Y continuaron su vida normal, a pesar de que se pudieran haber enterado por algún medio, que ya eran gringos. Prosiguieron su vida, reproduciéndose y bautizándose con sus nombres mexicanos; y siguieron siendo católicos, apostólicos y romanos en un entorno antagónico, protestante y puritano. Y subsistieron ahí con su cultura, sus relaciones, su familia, su vida, sus santitos y sus muertos en los panteones. En efecto, ahí aguantaron vara esos mexicanos de antes porque el corrimiento de las fronteras no le cambió a ninguno su nacionalidad profunda y de siempre, al menos no en una o dos generaciones. Tengamos en cuenta que en aquellos lejanos tiempos no existía un concepto de nacionalidad tan claro y definido como el que conocemos ahora. Desde ahí arrancamos esta tortuosa relación de sube y baja. Y aún antes.
Además, a los arraigados en esos lejanísimos territorios antes mexicanos, nadie los corrió de ahí, ni los aniquilaron masivamente como sucedió con los indios nativos de vastos territorios que los gringos querían “limpios”, sin palomilla, para su más cabal provecho. Al contrario, a esos mexicanos de antes no los echaron ni mataron, y en la mayoría de los casos, tampoco les quitaron sus tierras y modos de vida. Y menos su cultura mexicana, lo que sea que esto haya significado en pleno siglo XIX. Así que los mexicanos siempre han vivido en lo que hoy es Estados Unidos y ha existido un flujo histórico de personas por diversos impulsos, imparable y natural, entre las dos naciones. Antes y ahora y lo habrá siempre, con murallas o sin muros. Ni que decir de la cantidad de gringos que viven en México, se han posesionado de pueblos enteros.
Cada nación puede hacer lo que le dé la gana en su propio territorio. Nadie les puede impedir a los gringos que en el interior de sus fronteras establezcan los controles y las leyes que juzguen más convenientes para terminar, a su manera, con la inmigración ilegal. Pero de ahí a plantear esta especie de “solución final” de la inmigración ilegal resucitando métodos nazis es otro cantar. Se hermanaron Bush y Hitler. Ambos son, hoy, la misma cosa. Uno exterminó judíos a placer y el otro, el gringo, matón de infieles y ahora de ilegales, principalmente mexicanos, con “su” ley en la mano.
Y sé lo que estoy diciendo.
Pero por si usted no lo recuerda, cultísimo lector, le voy a enunciar la definición de genocidio, que nos da la voz autorizada de la Real Academia Española: Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad. Así que los gringos oligarcas, aquellos que se consideran aristócratas, que se dicen nativos y con arraigo, güeros y de ojos azules, con Bush a la cabeza de la mayoría de sus execrables diputados, se quitaron las caretas y despertaron como lo que siempre han sido en su historia: genocidas, racistas, criminales y xenófobos. En el orden que usted guste.
La definición es suficientemente clara para saber lo que estos gringos delirantes y genocidas pretenden: una limpieza étnica, por la vía del exterminio masivo y de la expulsión.
De sus crímenes actuales y futuros tendrán que responder frente a los tribunales internacionales, ante a la opinión pública mundial y de cara a la historia.
La única esperanza que tienen ahora aquellos que viven y trabajan como ilegales, en la penumbra y al filo de la navaja, sin prestaciones, con pésimos salarios, quienes además sostienen sectores fundamentales de la economía norteamericana, es una sola: la Cámara de Senadores gringa, en donde quizás alguien encuentre una respuesta sensata y equilibrada que les ayude a los estadounidenses a recobrar el juicio perdido por el desquiciamiento de sus líderes actuales.
Tengo la certeza de que entre los 100 senadores norteamericanos sí existen personas con sentido común y talento político para impedir esta atrocidad propia de pueblos incultos y fundamentalistas. Basta mencionar solamente a dos de ellos: John McCain, senador republicano de Arizona y Edward Kennedy, senador demócrata de Massachussets quienes son autores de una propuesta juiciosa, viable, madura y consensuada.
¿Podrán con su proyecto alterno derrotar a los fundamentalistas gringos?
Ya lo veremos en el 2006.
Un muro más para añadirlo a las decenas que han construido en contra de todo un continente. Y me refiero no sólo a sus murallas de concreto y lámina sino a todos aquellos que no se ven, los que no se pueden saltar, y que dejan heridas abiertas en la historia y en el tiempo de América Latina.
Según la fuente consultada, en estos últimos cinco años emigraron a los Estados Unidos entre 400 y 500 mil mexicanos cada año contra 30 mil anuales en los sesentas. Son 27 millones de mexicanos quienes viven y trabajan para los gringos repartidos en 42 estados de un total de 50 que tiene ese país.
En estos cinco años de gobierno del cambio, por hablar del pasado más próximo, México ha recibido, cuando menos hasta ahora, puras cachetadas, escupitajos y malos modos de parte de los grandes amigos gringos de mister Fox. Él sabrá las razones. No hay motivos públicos y transparentes para que usted, yo y toda la humanidad recibamos de los gringos un trato de rufianes. Al menos yo no los conozco, pero los puedo imaginar en los tonos negros de las promesas que no les cumplió el gobierno del cambalache. Hoy proliferan los engañados, allá y aquí.
Mire usted, invisible lector, el sólo hecho de legislar para que los ilegales de cualquier nacionalidad, se conviertan en criminales por no tener papeles es una auténtica monstruosidad. El desprecio a esta medida es planetario; incluso, para sorpresa de todos, hasta el 58% de los propios gringos según el NYT, está en desacuerdo con esa política garrotera, policíaca, inviable y sin sentido.
¿Habrá un sólo gringo que no tenga relación con algún ilegal? No lo creo.
Al amparo de una ley en contra del terrorismo y otros criminales, están a punto de cometer una barbaridad, un genocidio, en contra de los latinos y otros grupos de inmigrantes que ya viven y trabajan en los Estados Unidos, aportan y construyen, y entre ellos, millones de mexicanos, la mayoría de ellos inicuamente explotados pero, aún así, ganando diez o veinte veces más de lo que podrían obtener en su propio país.
En el caso particular de los mexicanos, hay un hecho histórico que a todos se nos olvida por ignorancia o por ese afán de simplificar la realidad, olvidando la historia y perdiendo de vista los incidentes que marcaron buena parte de la traumática relación entre los Estados Unidos y México. Cuando en el lejano 1848 México perdió la mitad de su territorio a manos de los gringos, ¿qué cree usted que les pasó a los mexicanos que se quedaron atrapados en ese vasto territorio arrebatado, a los que la política y el atraco dejaron cercados de pronto en “otro país”, porque ya habitaban esas regiones? Pues simple, se durmieron mexicanos y amanecieron gringos. Mucho antes de que llegaran los gringos esos venerables mexicanos ya estaban ahí trabajando en paz. Y continuaron su vida normal, a pesar de que se pudieran haber enterado por algún medio, que ya eran gringos. Prosiguieron su vida, reproduciéndose y bautizándose con sus nombres mexicanos; y siguieron siendo católicos, apostólicos y romanos en un entorno antagónico, protestante y puritano. Y subsistieron ahí con su cultura, sus relaciones, su familia, su vida, sus santitos y sus muertos en los panteones. En efecto, ahí aguantaron vara esos mexicanos de antes porque el corrimiento de las fronteras no le cambió a ninguno su nacionalidad profunda y de siempre, al menos no en una o dos generaciones. Tengamos en cuenta que en aquellos lejanos tiempos no existía un concepto de nacionalidad tan claro y definido como el que conocemos ahora. Desde ahí arrancamos esta tortuosa relación de sube y baja. Y aún antes.
Además, a los arraigados en esos lejanísimos territorios antes mexicanos, nadie los corrió de ahí, ni los aniquilaron masivamente como sucedió con los indios nativos de vastos territorios que los gringos querían “limpios”, sin palomilla, para su más cabal provecho. Al contrario, a esos mexicanos de antes no los echaron ni mataron, y en la mayoría de los casos, tampoco les quitaron sus tierras y modos de vida. Y menos su cultura mexicana, lo que sea que esto haya significado en pleno siglo XIX. Así que los mexicanos siempre han vivido en lo que hoy es Estados Unidos y ha existido un flujo histórico de personas por diversos impulsos, imparable y natural, entre las dos naciones. Antes y ahora y lo habrá siempre, con murallas o sin muros. Ni que decir de la cantidad de gringos que viven en México, se han posesionado de pueblos enteros.
Cada nación puede hacer lo que le dé la gana en su propio territorio. Nadie les puede impedir a los gringos que en el interior de sus fronteras establezcan los controles y las leyes que juzguen más convenientes para terminar, a su manera, con la inmigración ilegal. Pero de ahí a plantear esta especie de “solución final” de la inmigración ilegal resucitando métodos nazis es otro cantar. Se hermanaron Bush y Hitler. Ambos son, hoy, la misma cosa. Uno exterminó judíos a placer y el otro, el gringo, matón de infieles y ahora de ilegales, principalmente mexicanos, con “su” ley en la mano.
Y sé lo que estoy diciendo.
Pero por si usted no lo recuerda, cultísimo lector, le voy a enunciar la definición de genocidio, que nos da la voz autorizada de la Real Academia Española: Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad. Así que los gringos oligarcas, aquellos que se consideran aristócratas, que se dicen nativos y con arraigo, güeros y de ojos azules, con Bush a la cabeza de la mayoría de sus execrables diputados, se quitaron las caretas y despertaron como lo que siempre han sido en su historia: genocidas, racistas, criminales y xenófobos. En el orden que usted guste.
La definición es suficientemente clara para saber lo que estos gringos delirantes y genocidas pretenden: una limpieza étnica, por la vía del exterminio masivo y de la expulsión.
De sus crímenes actuales y futuros tendrán que responder frente a los tribunales internacionales, ante a la opinión pública mundial y de cara a la historia.
La única esperanza que tienen ahora aquellos que viven y trabajan como ilegales, en la penumbra y al filo de la navaja, sin prestaciones, con pésimos salarios, quienes además sostienen sectores fundamentales de la economía norteamericana, es una sola: la Cámara de Senadores gringa, en donde quizás alguien encuentre una respuesta sensata y equilibrada que les ayude a los estadounidenses a recobrar el juicio perdido por el desquiciamiento de sus líderes actuales.
Tengo la certeza de que entre los 100 senadores norteamericanos sí existen personas con sentido común y talento político para impedir esta atrocidad propia de pueblos incultos y fundamentalistas. Basta mencionar solamente a dos de ellos: John McCain, senador republicano de Arizona y Edward Kennedy, senador demócrata de Massachussets quienes son autores de una propuesta juiciosa, viable, madura y consensuada.
¿Podrán con su proyecto alterno derrotar a los fundamentalistas gringos?
Ya lo veremos en el 2006.
LA MURALLA GRINGA / I
No creo que esa sea la enchilada completa que el presidente Fox y Jorge Castañeda estaban esperando en sus febriles ensoñaciones por lograr un trato especial, de cuates, preferente por parte de los gringos y con ello regularizar la inmigración de mexicanos en el país del norte; lo que sí sé, es que los estadounidenses están completamente enchilados por un fenómeno creciente y apabullante por sus dimensiones, y eso mismo, los ha hecho presas de la desesperación por una dicotomía casi irresoluble: odian a los migrantes pero son indispensables. Quieren trabajadores, sí, pero que sean blancos, rubios, europeos y de ojos azules. Y que hablen inglés.
Nuestros “líderes” mexicanos tampoco tuvieron claridad ni estrategia para lograr el objetivo, tenían el qué pero les falto el cómo y los operadores. Son incapaces adentro y afuera. ¿De verdad pensarán Fox y compañía que sus comerciales en la radio y televisión mexicanas van a convencer a los gringos de las bondades de un nuevo enfoque para resolver la inmigración ilegal en los Estados Unidos? Por lo pronto, recibimos el enésimo escupitajo. Y ya nos tienen llenos de baba.
Los gringos están agobiados y sin un liderazgo inteligente, progresista, consistente y visionario, por que no saben cómo entrarle a tratar de resolver este añejo y complicado problema y reaccionan de la única manera que ellos saben hacerlo en sus relaciones con los demás países: blandiendo un garrote, usando a la policía y el ejército o con las tres cosas al mismo tiempo, en contra de “sus enemigos” visibles o invisibles, reales o imaginarios.
Con las discutibles luces, tal vez producto de algún menjurje, de Samuel P. Huntington, profesor de Harvard, a quien la élite gobernante gringa adoptó como guía espiritual y político para respaldar sus atrocidades, tomaron como libro de cabecera la concepción del mundo racista y maniqueo de este autor: El choque de las civilizaciones y la remodelación del nuevo orden mundial (Clash of Civilizations and the Remaking of the World Order), publicado en 1997, que no resuelve ni explica con objetividad científica el fenómeno de la globalidad en su enfoque social y menos el de la inmigración como manifestación cada vez más presente en el mundo actual. Los gringos de la ultraderecha tienen otra embustera publicación favorita de su mismo filósofo: Quiénes somos: Los desafíos a la identidad nacional americana (Who Are We: The Challenges to America's National Identity), publicado en mayo del 2004, en donde el autor defiende el sueño americano creado por los protestantes gringos en contra de los retrógradas latinos cristianos que “invaden” su país.
El asunto de la inmigración ilegal tiene demasiadas aristas y es por su tamaño, descomunal, rebasa cualquier medida sensata, digamos normal o usual, para controlar el problema en cualquier país. Calculan en 11 millones los dispersos hispanos ilegales en Estados Unidos que ahora pasarán a la casilla de los delincuentes organizados más buscados. Pero no solamente los inmigrantes ilegales serán proscritos con esta ley estúpida y desquiciada, sino sus familias que ya viven en el país, también a quien los contrate, a quienes no los denuncien, a religiosos que los protejan y a los propios gringos que faciliten o permitan la presencia de algún ilegal. La simple y benévola ofensa civil cometida por ser un ilegal en los Estados Unidos, ahora se convertirá en una ofensa legal mayor y será castigada con total desmesura por estos perturbados, al considerársele un acto criminal típico de bandoleros organizados.
O de plano, lo que sucede es que no tienen la menor idea de cómo enfrentar esta masiva repoblación por inmigrantes procedentes de todos los rincones del mundo que se internan en su territorio diariamente, burlando su modernísima tecnología utilizada en los sistemas de seguridad y convirtiendo todo su espacio en un país sitiado donde la ley es la macana, la policía, el espionaje y los trabajos de inteligencia para detectar a estos nuevos delincuentes quienes antes eran simples inmigrantes en busca de trabajo.
El caso es que están dando palos de ciego. Y parece que quienes llevan la delantera con un tremendo leño en la mano, son la mayoría de los 435 congresistas de la ultraderecha en la Cámara de Representantes (diputados) de los Estados Unidos con James Sensenbrenner y su ley racista al frente, quienes van ganando una batalla que los ofuscados gringos han perdido siempre, en toda su historia, desde tiempos remotos. En esta nueva guerra son guiados por el presidente Bush quien ha sido el presidente más bobo, inculto y desquiciado en la historia reciente de los Estados Unidos. La ofensiva de la recalcitrante derecha la seguirán perdiendo los gringos porque esas épicas cruzadas para detener a las personas que deciden vivir en otro país son imposibles de ganar y menos en un pueblo integrado justamente por inmigrantes ahora ya organizados y poseedores de redes de información y reacción impresionantes. Los gringos fueron forjados en la cultura de la diversidad de nacionalidades, inclusive en ocasiones, ellos mismos, cuando les conviene, presumen su crisol de razas y nacionalidades en ciudades emblemáticas como Nueva York o Los Ángeles.
Las personas que emigran lo hacen por mejorar su situación económica y por razones de supervivencia o por gusto, y algunas más por reunirse con su familia ante la expectativa de mejores niveles de vida; buena parte de los que se van, dejándolo todo, tienen allá y aquí, una parte de sus afectos, y saben de alguna persona, amigo o conocido de algún familiar, o del amigo de un amigo, que los puede ayudar para trabajar y ese es su primer contacto y aliciente para cruzar la frontera, como sea, en busca de mejores perspectivas.
Y asómbrese, lector incrédulo, el Pew Hispanic Center demuestra con estadísticas que sólo el 5% de los inmigrantes fueron desempleados en su país, en donde ganan una miseria, es cierto, pero estaban empleados según esta encuesta. Así que la mayoría de quienes emigran no van por exclusivamente por un empleo sino estrictamente por mejorar.
Pensemos en lo que pasa cuando la mitad de una familia de mexicanos se encuentra en los Estados Unidos, otra parte en Zacatecas, otros en Tabasco y otros regados en un país con 70 millones de pobres, todos bajo el denominador común de estar ubicados en zonas de miseria absoluta o pobreza extrema como le llaman las autoridades en México. Los que momentáneamente se quedaron en su miseria, solamente están esperando que los adelantados, se acomoden un poco para emprender la portentosa aventura de cambiar de país. Imagínese por un minuto, perceptivo lector, la osadía que significa emprender este cambio para quienes jamás han salido de su pequeño rancho, poblado o ciudad. Con un triple salto mortal, literalmente mortal, brincan desde el tercer mundo hasta el primero. No se andan con minucias. Quienes se van de su país en una portentosa aventura como esta, son, por donde se les vea, admirables.
¿Cómo detener ese profundo sentimiento integrador que mueve a familias enteras a tratar de encontrarse de nuevo, y estar otra vez unidos, todos con trabajo y buenos ingresos? Es imposible. Son núcleos que tienen sumamente arraigado un concepto de familia que ya casi no existe en Estados Unidos. Son familias, y en algunos casos verdaderas tribus, cuya cultura está anclada, entrañablemente, en el concepto mexicano y latino de marido, esposa, varios hijos, abuelos, tíos, hermanos, sobrinos, compadres y amigos. Todos cercanos y queridos, y ese es el mundo en el que se movieron siempre, y no lo van a perder si tienen una remota posibilidad de recuperarlo. Nadie desea cancelar ese entorno que proporciona seguridad, confianza, tranquilidad y una convivencia en paz. Y un sentido de pertenencia irrenunciable. Con sus fiestas y desventuras, sus santos y sus tierras, sus navidades y procesiones. No hay un solo latino que desee perder ese conjunto de principios vitales invaluables, e inexplicables, para la cultura de los pesos y centavos propia de la mentalidad de los gringos. Por eso no le entienden al problema. Jamás lograrán entenderlo. Por eso los solidarios 20 mil millones de dólares que llegarán a México este año enviados por los trabajadores legales e ilegales que viven en los Estados Unidos en apoyo de los suyos. Son 40 millones de dólares por cada muerto en sus muros. Por eso el 7% de las tropas norteamericanas son guerreros mexicanos y latinos luchando, no por su sueño americano, sino únicamente para ser legales... si regresan; y van a la guerra para defender paradigmas de maniáticos como si fueran gringos, sin serlo. Y por eso también el anhelado sueño americano para muchos de estos infelices mexicanos, se convirtió en una maldita alucinación, y mató ya a 433 personas en 2005. Nos cobran 500 muertos al año en promedio por el derecho de paso. Y estos aventureros históricos, anónimos y sorprendentes, escogieron entre vivir como muertos en su propio país o morirse de a deveras en el lance de cruzar; y millones de mexicanos eligen entre la muerte pasmada en su país y la aventura por la victoria que significa simplemente llegar a otra batalla: conseguir un trabajo sin papeles. No más.
Sólo por eso asumen con valentía el riesgo de la muerte: para obtener un humilde y oscuro trabajo, sin papeles ni certeza de nada.
Su única ambición es llegar, subsistir por años en las sombras, y si algún día se puede, convertir en realidad otro delirante sueño nuevo: el de regresar.
Nuestros “líderes” mexicanos tampoco tuvieron claridad ni estrategia para lograr el objetivo, tenían el qué pero les falto el cómo y los operadores. Son incapaces adentro y afuera. ¿De verdad pensarán Fox y compañía que sus comerciales en la radio y televisión mexicanas van a convencer a los gringos de las bondades de un nuevo enfoque para resolver la inmigración ilegal en los Estados Unidos? Por lo pronto, recibimos el enésimo escupitajo. Y ya nos tienen llenos de baba.
Los gringos están agobiados y sin un liderazgo inteligente, progresista, consistente y visionario, por que no saben cómo entrarle a tratar de resolver este añejo y complicado problema y reaccionan de la única manera que ellos saben hacerlo en sus relaciones con los demás países: blandiendo un garrote, usando a la policía y el ejército o con las tres cosas al mismo tiempo, en contra de “sus enemigos” visibles o invisibles, reales o imaginarios.
Con las discutibles luces, tal vez producto de algún menjurje, de Samuel P. Huntington, profesor de Harvard, a quien la élite gobernante gringa adoptó como guía espiritual y político para respaldar sus atrocidades, tomaron como libro de cabecera la concepción del mundo racista y maniqueo de este autor: El choque de las civilizaciones y la remodelación del nuevo orden mundial (Clash of Civilizations and the Remaking of the World Order), publicado en 1997, que no resuelve ni explica con objetividad científica el fenómeno de la globalidad en su enfoque social y menos el de la inmigración como manifestación cada vez más presente en el mundo actual. Los gringos de la ultraderecha tienen otra embustera publicación favorita de su mismo filósofo: Quiénes somos: Los desafíos a la identidad nacional americana (Who Are We: The Challenges to America's National Identity), publicado en mayo del 2004, en donde el autor defiende el sueño americano creado por los protestantes gringos en contra de los retrógradas latinos cristianos que “invaden” su país.
El asunto de la inmigración ilegal tiene demasiadas aristas y es por su tamaño, descomunal, rebasa cualquier medida sensata, digamos normal o usual, para controlar el problema en cualquier país. Calculan en 11 millones los dispersos hispanos ilegales en Estados Unidos que ahora pasarán a la casilla de los delincuentes organizados más buscados. Pero no solamente los inmigrantes ilegales serán proscritos con esta ley estúpida y desquiciada, sino sus familias que ya viven en el país, también a quien los contrate, a quienes no los denuncien, a religiosos que los protejan y a los propios gringos que faciliten o permitan la presencia de algún ilegal. La simple y benévola ofensa civil cometida por ser un ilegal en los Estados Unidos, ahora se convertirá en una ofensa legal mayor y será castigada con total desmesura por estos perturbados, al considerársele un acto criminal típico de bandoleros organizados.
O de plano, lo que sucede es que no tienen la menor idea de cómo enfrentar esta masiva repoblación por inmigrantes procedentes de todos los rincones del mundo que se internan en su territorio diariamente, burlando su modernísima tecnología utilizada en los sistemas de seguridad y convirtiendo todo su espacio en un país sitiado donde la ley es la macana, la policía, el espionaje y los trabajos de inteligencia para detectar a estos nuevos delincuentes quienes antes eran simples inmigrantes en busca de trabajo.
El caso es que están dando palos de ciego. Y parece que quienes llevan la delantera con un tremendo leño en la mano, son la mayoría de los 435 congresistas de la ultraderecha en la Cámara de Representantes (diputados) de los Estados Unidos con James Sensenbrenner y su ley racista al frente, quienes van ganando una batalla que los ofuscados gringos han perdido siempre, en toda su historia, desde tiempos remotos. En esta nueva guerra son guiados por el presidente Bush quien ha sido el presidente más bobo, inculto y desquiciado en la historia reciente de los Estados Unidos. La ofensiva de la recalcitrante derecha la seguirán perdiendo los gringos porque esas épicas cruzadas para detener a las personas que deciden vivir en otro país son imposibles de ganar y menos en un pueblo integrado justamente por inmigrantes ahora ya organizados y poseedores de redes de información y reacción impresionantes. Los gringos fueron forjados en la cultura de la diversidad de nacionalidades, inclusive en ocasiones, ellos mismos, cuando les conviene, presumen su crisol de razas y nacionalidades en ciudades emblemáticas como Nueva York o Los Ángeles.
Las personas que emigran lo hacen por mejorar su situación económica y por razones de supervivencia o por gusto, y algunas más por reunirse con su familia ante la expectativa de mejores niveles de vida; buena parte de los que se van, dejándolo todo, tienen allá y aquí, una parte de sus afectos, y saben de alguna persona, amigo o conocido de algún familiar, o del amigo de un amigo, que los puede ayudar para trabajar y ese es su primer contacto y aliciente para cruzar la frontera, como sea, en busca de mejores perspectivas.
Y asómbrese, lector incrédulo, el Pew Hispanic Center demuestra con estadísticas que sólo el 5% de los inmigrantes fueron desempleados en su país, en donde ganan una miseria, es cierto, pero estaban empleados según esta encuesta. Así que la mayoría de quienes emigran no van por exclusivamente por un empleo sino estrictamente por mejorar.
Pensemos en lo que pasa cuando la mitad de una familia de mexicanos se encuentra en los Estados Unidos, otra parte en Zacatecas, otros en Tabasco y otros regados en un país con 70 millones de pobres, todos bajo el denominador común de estar ubicados en zonas de miseria absoluta o pobreza extrema como le llaman las autoridades en México. Los que momentáneamente se quedaron en su miseria, solamente están esperando que los adelantados, se acomoden un poco para emprender la portentosa aventura de cambiar de país. Imagínese por un minuto, perceptivo lector, la osadía que significa emprender este cambio para quienes jamás han salido de su pequeño rancho, poblado o ciudad. Con un triple salto mortal, literalmente mortal, brincan desde el tercer mundo hasta el primero. No se andan con minucias. Quienes se van de su país en una portentosa aventura como esta, son, por donde se les vea, admirables.
¿Cómo detener ese profundo sentimiento integrador que mueve a familias enteras a tratar de encontrarse de nuevo, y estar otra vez unidos, todos con trabajo y buenos ingresos? Es imposible. Son núcleos que tienen sumamente arraigado un concepto de familia que ya casi no existe en Estados Unidos. Son familias, y en algunos casos verdaderas tribus, cuya cultura está anclada, entrañablemente, en el concepto mexicano y latino de marido, esposa, varios hijos, abuelos, tíos, hermanos, sobrinos, compadres y amigos. Todos cercanos y queridos, y ese es el mundo en el que se movieron siempre, y no lo van a perder si tienen una remota posibilidad de recuperarlo. Nadie desea cancelar ese entorno que proporciona seguridad, confianza, tranquilidad y una convivencia en paz. Y un sentido de pertenencia irrenunciable. Con sus fiestas y desventuras, sus santos y sus tierras, sus navidades y procesiones. No hay un solo latino que desee perder ese conjunto de principios vitales invaluables, e inexplicables, para la cultura de los pesos y centavos propia de la mentalidad de los gringos. Por eso no le entienden al problema. Jamás lograrán entenderlo. Por eso los solidarios 20 mil millones de dólares que llegarán a México este año enviados por los trabajadores legales e ilegales que viven en los Estados Unidos en apoyo de los suyos. Son 40 millones de dólares por cada muerto en sus muros. Por eso el 7% de las tropas norteamericanas son guerreros mexicanos y latinos luchando, no por su sueño americano, sino únicamente para ser legales... si regresan; y van a la guerra para defender paradigmas de maniáticos como si fueran gringos, sin serlo. Y por eso también el anhelado sueño americano para muchos de estos infelices mexicanos, se convirtió en una maldita alucinación, y mató ya a 433 personas en 2005. Nos cobran 500 muertos al año en promedio por el derecho de paso. Y estos aventureros históricos, anónimos y sorprendentes, escogieron entre vivir como muertos en su propio país o morirse de a deveras en el lance de cruzar; y millones de mexicanos eligen entre la muerte pasmada en su país y la aventura por la victoria que significa simplemente llegar a otra batalla: conseguir un trabajo sin papeles. No más.
Sólo por eso asumen con valentía el riesgo de la muerte: para obtener un humilde y oscuro trabajo, sin papeles ni certeza de nada.
Su única ambición es llegar, subsistir por años en las sombras, y si algún día se puede, convertir en realidad otro delirante sueño nuevo: el de regresar.
20 diciembre 2005
LA EXTORSIÓN TELEFÓNICA ¿YA HICIERON ALGO?
La verdad no lo creo porque siguen ocurriendo extorsiones a los sudcalifornianos cometidas por delincuentes internados en los penales.
En general las autoridades son lentas, omisas y favorecen con ello la impunidad de los delincuentes. Son varios los estados que ya han atacado este cáncer pero a nuestras autoridades no les ha caído el veinte de que son ellos quienes tienen que hacer algo con urgencia. ¿Usted lector, tiene alguna idea de qué están esperando para actuar?
Recientemente ocurrieron dos extorsiones provenientes de los penales del estado, en particular del de La Paz. Primero amenazaron a un funcionario bancario con secuestrarlo si no depositaba una determinada cantidad de dinero en la cuenta que los delincuentes le indicaron usando para ello un teléfono celular. La otra extorsión que sucedió es la ya clásica llamada en que los delincuentes le hablan a su casa para indicarle que un familiar en camino a visitarlos con toneladas de regalos, está detenido por contrabando o posesión de drogas en algún aeropuerto y le piden a los asustados e ingenuos familiares que depositen una lana para “liberar” a alguien que ni siquiera conocen. Ambos son casos que me constan, así que debe haber muchos más.
Pero ni el Gobernador del estado ni el Procurador ni mucho menos el Secretario de Gobierno han hecho nada por impedir que extorsionen a sus gobernados. Cuando digo nada es literalmente eso: nada. ¿Y el flamante Secretario de Seguridad Pública? Menos. Y conste que esa es su chamba, su absoluta responsabilidad. Tal vez piensen que “son muy pocos” los casos que han ocurrido y no vale la pena hacer nada por ahora. Pero que no se nos olvide que el incremento de estos delitos en los últimos cinco años ha sido impresionante a causa de la impunidad que prevalece.
Es caso es que estos especializados delincuentes continuarán impunes gracias a la pasividad de las autoridades.
¿Porqué no han bloqueado las señales de teléfonos celulares que salen del interior de los penales?
¿Porqué no han invertido una minúscula parte de su presupuesto para impedir que los delincuentes continúen dañando a la sociedad?
¿Quiere usted una respuesta a las interrogantes anteriores?
No les importa en lo más mínimo.
No es que no tengan presupuesto para detener este ilícito porque siempre hay modo de conseguir lo que hace falta. Tampoco se debe a que ignoren lo que está sucediendo en sus propias narices.
¿Cuánto tiempo hace que las autoridades saben que somos extorsionados por delincuentes internados en los penales del estado?
Meses y meses de impunidad.
Meses y meses de incompetencia y probables complicidades.
De otra manera no se explica porqué no han hecho nada. ¿Qué vacilada tendrán para justificar su inactividad?
Fíjese usted extorsionado lector, hay estados en los que sí les interesa el bienestar de sus ciudadanos. Es el caso de Aguascalientes porque en cuanto se enteraron sus autoridades que la mayor parte de las llamadas de extorsión provenían de los penales, de inmediato instalaron los bloqueadores de señal desde el año pasado, septiembre para ser precisos, sin esperar a que se presentaran casos de extorsión en su estado. En cambio, en Baja California Sur las autoridades competentes, o mejor dicho, los irresponsables de atender este cáncer continúan durmiendo la mona, ahora junto con Santa Clos.
A ver hasta cuando.
Sería bueno que nuestras autoridades en lugar de posar para una buena fotografía muy sonrientes y felices entregando patrullas y armas para “aumentar” la seguridad de los ciudadanos, impidieran por medios ya probados y eficaces, la emisión de llamadas provenientes de teléfonos celulares que se realizan desde los penales del estado, en donde, supuestamente, está prohibido su uso por los reos.
¿Por qué no lo han hecho?
Pues simple y sencillamente porque a nadie le importa.
No hay fotos. Y porque el hecho de impedir este tipo de llamadas no viste a nadie porque no se ve lo que están bloqueando. Ni modo que le saquen una foto a la señal electromagnética que están bloqueando. Esto no tiene impacto mediático.
Además para qué actuar si la introducción de artilugios y materiales prohibidos a los penales les produce a las autoridades cantidades inimaginables de dinero a unos cuantos vivos sin dejar huellas aparentemente.
Así que este asunto de defender a la sociedad sacrificando la ganancia de cantidades millonarias para unos pocos corruptos no es negocio. Las perdidas serían cuantiosas e irrecuperables si las autoridades actuaran.
Otra razón es que simplemente las autoridades tienen sus prioridades en otro lado y, desde luego, nada tienen que ver con la seguridad de los sudcalifornianos.
Además ya vienen las campañas en serio y tienen que sacar dinero hasta de las piedras, y los penales son una fuente inagotable de ingresos.
Sí, vacacionista lector, ya sé que es el colmo, casi un sacrilegio, pedirles al Gobernador, a su Secretario de Gobierno, al Secretario de Seguridad Pública y al Procurador del estado que atiendan este problema en plenas fiestas navideñas, posadas, reyes magos y mucha champaña, cuando se encuentran atolondrados por tanta fiesta, y así continuarán hasta el fin de este año. Además, tienen que comprar regalos y cumplir agotadores compromisos.
¿A quién carajos le importan unas cuantas extorsiones en estos tiempos?
En general las autoridades son lentas, omisas y favorecen con ello la impunidad de los delincuentes. Son varios los estados que ya han atacado este cáncer pero a nuestras autoridades no les ha caído el veinte de que son ellos quienes tienen que hacer algo con urgencia. ¿Usted lector, tiene alguna idea de qué están esperando para actuar?
Recientemente ocurrieron dos extorsiones provenientes de los penales del estado, en particular del de La Paz. Primero amenazaron a un funcionario bancario con secuestrarlo si no depositaba una determinada cantidad de dinero en la cuenta que los delincuentes le indicaron usando para ello un teléfono celular. La otra extorsión que sucedió es la ya clásica llamada en que los delincuentes le hablan a su casa para indicarle que un familiar en camino a visitarlos con toneladas de regalos, está detenido por contrabando o posesión de drogas en algún aeropuerto y le piden a los asustados e ingenuos familiares que depositen una lana para “liberar” a alguien que ni siquiera conocen. Ambos son casos que me constan, así que debe haber muchos más.
Pero ni el Gobernador del estado ni el Procurador ni mucho menos el Secretario de Gobierno han hecho nada por impedir que extorsionen a sus gobernados. Cuando digo nada es literalmente eso: nada. ¿Y el flamante Secretario de Seguridad Pública? Menos. Y conste que esa es su chamba, su absoluta responsabilidad. Tal vez piensen que “son muy pocos” los casos que han ocurrido y no vale la pena hacer nada por ahora. Pero que no se nos olvide que el incremento de estos delitos en los últimos cinco años ha sido impresionante a causa de la impunidad que prevalece.
Es caso es que estos especializados delincuentes continuarán impunes gracias a la pasividad de las autoridades.
¿Porqué no han bloqueado las señales de teléfonos celulares que salen del interior de los penales?
¿Porqué no han invertido una minúscula parte de su presupuesto para impedir que los delincuentes continúen dañando a la sociedad?
¿Quiere usted una respuesta a las interrogantes anteriores?
No les importa en lo más mínimo.
No es que no tengan presupuesto para detener este ilícito porque siempre hay modo de conseguir lo que hace falta. Tampoco se debe a que ignoren lo que está sucediendo en sus propias narices.
¿Cuánto tiempo hace que las autoridades saben que somos extorsionados por delincuentes internados en los penales del estado?
Meses y meses de impunidad.
Meses y meses de incompetencia y probables complicidades.
De otra manera no se explica porqué no han hecho nada. ¿Qué vacilada tendrán para justificar su inactividad?
Fíjese usted extorsionado lector, hay estados en los que sí les interesa el bienestar de sus ciudadanos. Es el caso de Aguascalientes porque en cuanto se enteraron sus autoridades que la mayor parte de las llamadas de extorsión provenían de los penales, de inmediato instalaron los bloqueadores de señal desde el año pasado, septiembre para ser precisos, sin esperar a que se presentaran casos de extorsión en su estado. En cambio, en Baja California Sur las autoridades competentes, o mejor dicho, los irresponsables de atender este cáncer continúan durmiendo la mona, ahora junto con Santa Clos.
A ver hasta cuando.
Sería bueno que nuestras autoridades en lugar de posar para una buena fotografía muy sonrientes y felices entregando patrullas y armas para “aumentar” la seguridad de los ciudadanos, impidieran por medios ya probados y eficaces, la emisión de llamadas provenientes de teléfonos celulares que se realizan desde los penales del estado, en donde, supuestamente, está prohibido su uso por los reos.
¿Por qué no lo han hecho?
Pues simple y sencillamente porque a nadie le importa.
No hay fotos. Y porque el hecho de impedir este tipo de llamadas no viste a nadie porque no se ve lo que están bloqueando. Ni modo que le saquen una foto a la señal electromagnética que están bloqueando. Esto no tiene impacto mediático.
Además para qué actuar si la introducción de artilugios y materiales prohibidos a los penales les produce a las autoridades cantidades inimaginables de dinero a unos cuantos vivos sin dejar huellas aparentemente.
Así que este asunto de defender a la sociedad sacrificando la ganancia de cantidades millonarias para unos pocos corruptos no es negocio. Las perdidas serían cuantiosas e irrecuperables si las autoridades actuaran.
Otra razón es que simplemente las autoridades tienen sus prioridades en otro lado y, desde luego, nada tienen que ver con la seguridad de los sudcalifornianos.
Además ya vienen las campañas en serio y tienen que sacar dinero hasta de las piedras, y los penales son una fuente inagotable de ingresos.
Sí, vacacionista lector, ya sé que es el colmo, casi un sacrilegio, pedirles al Gobernador, a su Secretario de Gobierno, al Secretario de Seguridad Pública y al Procurador del estado que atiendan este problema en plenas fiestas navideñas, posadas, reyes magos y mucha champaña, cuando se encuentran atolondrados por tanta fiesta, y así continuarán hasta el fin de este año. Además, tienen que comprar regalos y cumplir agotadores compromisos.
¿A quién carajos le importan unas cuantas extorsiones en estos tiempos?
12 diciembre 2005
LOS DERECHOS HUMANOS EN BCS Y LA CARABINA DE AMBROSIO
¿Usted cree, justiciero lector, que en cuatro años, repito, en cuatro larguísimos años, ninguna autoridad en el estado de Baja California Sur haya merecido una recomendación de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH)?
¿Usted cree, iluso lector, que nadie en Baja California Sur ha violado los derechos humanos de las personas, y que todas las autoridades fueron, son y seguirán siendo unas blancas palomas?
¿A quién quiere engatusar la cándida CEDH y sus afligidas huestes? ¿Creerán que todos somos cándidos?
Hacen “solemnes” y “lúcidos” informes en declaraciones a los medios consignando sus “grandiosos éxitos” poniendo cara de gravedad, con tono vacilante y entrecortado por la emoción mientras se cuidan de retratar bien en las cámaras de televisión.
Hoy le decimos adiós, espero que para siempre, a la peor presidenta que hemos tenido en la CEDH.
Recuerdo con indignación el caso del anterior presidente de la CEDH a quien tenían sometido con una pata en el pescuezo por la vía más indigna, la de birlarle el presupuesto; no le permitían hacer nada, no le daban un centavo porque habían comenzado a realizar su trabajo sin atender “sugerencias” de las autoridades cuando sus intereses e imagen resultaban afectados. En ese tiempo, usted iba a las oficinas de la CEDH a tratar algún asunto o a poner una queja y encontraba una gran desolación y silencio, una gran sordina en todos los sentidos; cerros de periódicos del día en los escritorios porque no hacían otra cosa que leer en los arruinados cubículos de su desmantelado y viejo edificio. Sin gastos para gasolina, viajes, papelería, teléfonos, en fin, sin disponer de lo mínimo que se requiere para operar cualquier oficina. Las autoridades de entonces encontraron la única forma de subyugar a los representantes de la CEDH: no darles un centavo para trabajar, excepto su salario, y lo que es peor, lograron su objetivo. No importaba que el presupuesto anual estuviera autorizado por el Congreso, simplemente no se los daban.
Pero no hay mal que dure cien años. Para fortuna de todos.
Hace cuatro años cuando cambiaron las cosas en la CEDH todo mundo pensó con optimismo desbordado, pero sin fundamentos sostenibles por el “prestigio” de quien llegaba, que al fin se verían novedades importantes en Sudcalifornia, ahora sí, a favor de nuestros derechos humanos, los de todos.
Y en efecto, así ocurrió. Las cosas cambiaron.
Para iniciar este gran cambio, extrajeron a una empleada de medio pelo de una de las instituciones más ineficientes, desprestigiadas y corruptas de la entidad: la Procuraduría General de Justicia del Estado y la convirtieron el Presidenta de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH).
Ninguna autoridad deseaba una persona competente, independiente del poder, con integridad pública, digna, profesional y brillante. No era para tanto, si nomás se trataba de los derechos humanos. Requerían a alguien que simplemente estuviera ahí. No fue necesario buscar mucho para encontrar a la persona idónea, que “trabajara” sin hacer olas, sin que moviera el avispero de las mafias y que además, diera la impresión de “cumplir” teniendo para ello un pequeño equipo dizque funcionando en la CEDH para hacerle al cuento.
Y vaya que las cosas cambiaron. Luego luego se vio. De inmediato la flamante nueva presidenta, por equidad de género y no de competencia, tuvo, al fin, presupuesto para poder operar con su pequeño grupo; y ya ricos y bendecidos por las autoridades, con las instrucciones claras respecto a lo que se esperaba de su función, lo primero que se le ocurrió a la nueva Ombusman en aquel entonces, fue la trascendental operación maquillaje pro derechos humanos y ordenó arreglar el jardín que rodea la casona en donde se ubica la sede de la Comisión y poner muchas macetas con plantitas. La verdad es que lo dejaron muy bonito, presentable, muy femenino. Las plantas hasta florecieron con sus nuevos jardineros de postín. Después para continuar con su imparable pasión defensora por los derechos humanos, repararon en que deberían contar con un lugar más digno y decidieron darle una manita de gato al vetusto edificio: lo resanaron, pintaron y compraron algo de mobiliario y computadoras para cumplir con uno de los más grandiosos planes educativos para la defensa de los derechos humanos que se hayan concebido jamás en el estado. Envidiado por la propia SEP.
Lo primero, pues, fue arreglar la casa, limpiarla, porque para todo lo demás, habría largos cuatro años.
Y como no se puede hacer todo de un jalón, tuvieron que definir prioridades.
Así, ya encarrerados en su febril actividad en favor de los derechos humanos, se dieron cuenta de que sus vehículos se maltrataban, y discurrieron en agotadoras reuniones de planeación estratégica, que era indispensable y urgente que, sin dilación, se techara el estacionamiento de la señora presidenta, porque ni modo que se subiera a su carro caliente y polvoriento por estacionarlo en la calle, cuando se ofreciera ir a cumplir urgencias de los ciudadanos o asistir a los múltiples compromisos propiciados por su extraordinaria actividad, además, ¿cómo atender citas de trabajo en un carro polvoso y caliente para cubrir las visitas a los altos funcionarios del estado a los que había que leerles la cartilla? Faltaba más.
Una vez terminada esta ardua tarea, ya un poco cansados, redefinieron de nuevo sus prioridades y armaron otro “buen plan” de trabajo, de mucha trascendencia, con efectos a largo plazo y para el registro de la historia, de muy alto impacto en la defensa de los derechos humanos, y para ello, diseñaron una sesuda estrategia de capacitación intensiva para que, desde el vientre materno, los futuros ciudadanos comenzaran a conocer cuáles eran sus derechos en esta importantísima disciplina.
Pero no crea usted que se detuvieron ahí, no, ni pensarlo, si ya traían una actividad con muchísimos éxitos y resultados, así que se pusieron más dinámicos todavía, y se aplicaron a una tarea de largo aliento consistente en educar a las confundidas juventudes sudcalifornianas y se dejaron ir a casi todos los recintos educativos del estado: a los kinders, las primarias, las secundarias, las prepas, las universidades públicas y privadas y en sus ratos libres asistían a eventos públicos organizados de la sociedad. A veces hasta fueron a los penales del estado. Había que tener una gran presencia para darles a conocer al mocerío cuáles eran sus derechos humanos para que no se dejaran atropellar. Tuvieron grandes éxitos, sobre todo cuando impartían sus cátedras de derechos humanos en alguno de los kinders ubicados en lugares ignotos.
¿Y que podemos decir de los derechos humanos en los ayuntamientos? Este es otro de los logros importantes, tal vez el de mayor trascendencia en la corta historia de la defensa de los derechos humanos en el estado, fue la cereza del pastel: se crearon representaciones o más bien oficinas con una persona, para defender los derechos humanos en cada uno de los municipios del estado. Para ello se le pidieron fondos, espacio y equipo a los miserables ayuntamientos y le solicitaron a los ediles que les propusieran a una persona para ocuparse de la áspera e ingrata tarea de acusar al propio presidente, quien la designó, y a otras autoridades del ayuntamiento, de las violaciones a los derechos humanos que ellos mismos hubieran cometido. Esto si fue agotador pero brillante no le parece, azorado lector.
Con todos estos logros, con todos estos éxitos, con toda esta febril y esforzada misión a favor de los derechos humanos todavía hay gente inconsciente y resentida que no reconoce el agotador esfuerzo realizado. Son los egoístas de siempre.
Por eso no se escuchan bien los lamentos emitidos recientemente por el Centro de Mujeres A. C. donde señalan a través de su presidenta que “en cuatro años no emitieron recomendaciones en defensa de los derechos humanos de infinidad de mujeres agredidas, desaparecidas o asesinadas”. Tampoco se sostiene la queja de esta organización que defiende a las mujeres, en el sentido de que las acusaciones que presentaron algunas damas, no eran aceptadas y se derivaban hacia otras dependencias porque a “ella no le tocaba” atender ese asunto; la Comisión siempre les recordaba a las molestas, fastidiosas y resentidas señoras que la demanda o el caso que presentaban "no tiene nada que ver con esta institución”.
¿Mujeres ofendidas aquí, en el estado maravilla? ¿Violaciones a los derechos humanos aquí en el estado maravilla donde nunca se han violado? ¿De dónde sacan eso estas personas? Porque después de todos los éxitos reseñados ¿no queda claro que lo único que pretenden estas voces disidentes y envidiosas es malograr la obra monumental y trascendente que construyó la presidenta de la CEDH durante estos cuatro años pletóricos de victorias y laureles? Únicamente un ciego no los quiere ver.
La verdad es que son gente interesada en molestar porque ni en los kinders ni en las primarias, han recibido quejas en ese sentido. Es más ni siquiera en las universidades a las que han asistido para desarrollar sus exitosas conferencias magistrales y cursos de capacitación en derechos humanos, y nunca, óiganlo bien, nunca, han recibido quejas sobre su incompetencia y carencia de recomendaciones; al contrario, son puros éxitos y hasta han sido felicitados por esos chicos y chicas inteligentes y conocedores.
Cuando una autoridad moral como la CEDH es incapaz de emitir una sola recomendación en cuatro años en contra de las autoridades que todos conocimos y padecemos, lo menos que uno puede pensar es que su representante se encuentra inmersa en las conocidas redes de poder y complicidades. Es agradecida, pues y sueña con que ya le llegará su recompensa. Pronto veremos cuál es.
¿Usted piensa, aguerrido lector, que les sirvió de algo a los sudcalifornianos una CEDH sometida, obediente y blandengue por decisión propia, como la que hemos tolerado a lo largo de los últimos cuatro años? Esto significa también, que las autoridades han doblegado la ley logrando convertir a la CEDH en una miserable oficina de capacitación, es decir, a la nada, para regocijo de las propias autoridades, seguramente bajo la promesa de recompensas posteriores por haber servido con esmero sumiso, según la camarilla, a las “mejores causas” del estado.
Mire usted, presumir que en cuatro años “no se ha tenido necesidad” de emitir una sola recomendación es hundirse en la desvergüenza y el cinismo. Que lamentable.
No me cabe la menor duda, la cándida presidenta saliente merece una estatua, cuando menos un obelisco o ya de perdida un pergamino de cochi y el reconocimiento de todos los ciudadanos del estado. Debe encontrarse la manera de premiarla con alguna posición en la alta burocracia como un digno reconocimiento a su competencia, eficacia y compromiso en la defensa de los derechos humanos en Baja California Sur. ¿Cuál sería su carta de presentación? Pues la mejor: no haber emitido una sola recomendación en contra de las autoridades del estado en sus cuatro largos años de reinado. Su notable y portentosa figura impidió que se violaran los derechos humanos de los sudcalifornianos en todo el estado durante cuatro años. Es un record inalcanzable. Cero violaciones en cuatro años. Ese sí es un merito colosal.
No me explico porqué no la hicieron magistrada, con tantos y sonados éxitos.
Sobre todo ahora que ya se va quien nunca estuvo.
¿Usted cree, iluso lector, que nadie en Baja California Sur ha violado los derechos humanos de las personas, y que todas las autoridades fueron, son y seguirán siendo unas blancas palomas?
¿A quién quiere engatusar la cándida CEDH y sus afligidas huestes? ¿Creerán que todos somos cándidos?
Hacen “solemnes” y “lúcidos” informes en declaraciones a los medios consignando sus “grandiosos éxitos” poniendo cara de gravedad, con tono vacilante y entrecortado por la emoción mientras se cuidan de retratar bien en las cámaras de televisión.
Hoy le decimos adiós, espero que para siempre, a la peor presidenta que hemos tenido en la CEDH.
Recuerdo con indignación el caso del anterior presidente de la CEDH a quien tenían sometido con una pata en el pescuezo por la vía más indigna, la de birlarle el presupuesto; no le permitían hacer nada, no le daban un centavo porque habían comenzado a realizar su trabajo sin atender “sugerencias” de las autoridades cuando sus intereses e imagen resultaban afectados. En ese tiempo, usted iba a las oficinas de la CEDH a tratar algún asunto o a poner una queja y encontraba una gran desolación y silencio, una gran sordina en todos los sentidos; cerros de periódicos del día en los escritorios porque no hacían otra cosa que leer en los arruinados cubículos de su desmantelado y viejo edificio. Sin gastos para gasolina, viajes, papelería, teléfonos, en fin, sin disponer de lo mínimo que se requiere para operar cualquier oficina. Las autoridades de entonces encontraron la única forma de subyugar a los representantes de la CEDH: no darles un centavo para trabajar, excepto su salario, y lo que es peor, lograron su objetivo. No importaba que el presupuesto anual estuviera autorizado por el Congreso, simplemente no se los daban.
Pero no hay mal que dure cien años. Para fortuna de todos.
Hace cuatro años cuando cambiaron las cosas en la CEDH todo mundo pensó con optimismo desbordado, pero sin fundamentos sostenibles por el “prestigio” de quien llegaba, que al fin se verían novedades importantes en Sudcalifornia, ahora sí, a favor de nuestros derechos humanos, los de todos.
Y en efecto, así ocurrió. Las cosas cambiaron.
Para iniciar este gran cambio, extrajeron a una empleada de medio pelo de una de las instituciones más ineficientes, desprestigiadas y corruptas de la entidad: la Procuraduría General de Justicia del Estado y la convirtieron el Presidenta de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH).
Ninguna autoridad deseaba una persona competente, independiente del poder, con integridad pública, digna, profesional y brillante. No era para tanto, si nomás se trataba de los derechos humanos. Requerían a alguien que simplemente estuviera ahí. No fue necesario buscar mucho para encontrar a la persona idónea, que “trabajara” sin hacer olas, sin que moviera el avispero de las mafias y que además, diera la impresión de “cumplir” teniendo para ello un pequeño equipo dizque funcionando en la CEDH para hacerle al cuento.
Y vaya que las cosas cambiaron. Luego luego se vio. De inmediato la flamante nueva presidenta, por equidad de género y no de competencia, tuvo, al fin, presupuesto para poder operar con su pequeño grupo; y ya ricos y bendecidos por las autoridades, con las instrucciones claras respecto a lo que se esperaba de su función, lo primero que se le ocurrió a la nueva Ombusman en aquel entonces, fue la trascendental operación maquillaje pro derechos humanos y ordenó arreglar el jardín que rodea la casona en donde se ubica la sede de la Comisión y poner muchas macetas con plantitas. La verdad es que lo dejaron muy bonito, presentable, muy femenino. Las plantas hasta florecieron con sus nuevos jardineros de postín. Después para continuar con su imparable pasión defensora por los derechos humanos, repararon en que deberían contar con un lugar más digno y decidieron darle una manita de gato al vetusto edificio: lo resanaron, pintaron y compraron algo de mobiliario y computadoras para cumplir con uno de los más grandiosos planes educativos para la defensa de los derechos humanos que se hayan concebido jamás en el estado. Envidiado por la propia SEP.
Lo primero, pues, fue arreglar la casa, limpiarla, porque para todo lo demás, habría largos cuatro años.
Y como no se puede hacer todo de un jalón, tuvieron que definir prioridades.
Así, ya encarrerados en su febril actividad en favor de los derechos humanos, se dieron cuenta de que sus vehículos se maltrataban, y discurrieron en agotadoras reuniones de planeación estratégica, que era indispensable y urgente que, sin dilación, se techara el estacionamiento de la señora presidenta, porque ni modo que se subiera a su carro caliente y polvoriento por estacionarlo en la calle, cuando se ofreciera ir a cumplir urgencias de los ciudadanos o asistir a los múltiples compromisos propiciados por su extraordinaria actividad, además, ¿cómo atender citas de trabajo en un carro polvoso y caliente para cubrir las visitas a los altos funcionarios del estado a los que había que leerles la cartilla? Faltaba más.
Una vez terminada esta ardua tarea, ya un poco cansados, redefinieron de nuevo sus prioridades y armaron otro “buen plan” de trabajo, de mucha trascendencia, con efectos a largo plazo y para el registro de la historia, de muy alto impacto en la defensa de los derechos humanos, y para ello, diseñaron una sesuda estrategia de capacitación intensiva para que, desde el vientre materno, los futuros ciudadanos comenzaran a conocer cuáles eran sus derechos en esta importantísima disciplina.
Pero no crea usted que se detuvieron ahí, no, ni pensarlo, si ya traían una actividad con muchísimos éxitos y resultados, así que se pusieron más dinámicos todavía, y se aplicaron a una tarea de largo aliento consistente en educar a las confundidas juventudes sudcalifornianas y se dejaron ir a casi todos los recintos educativos del estado: a los kinders, las primarias, las secundarias, las prepas, las universidades públicas y privadas y en sus ratos libres asistían a eventos públicos organizados de la sociedad. A veces hasta fueron a los penales del estado. Había que tener una gran presencia para darles a conocer al mocerío cuáles eran sus derechos humanos para que no se dejaran atropellar. Tuvieron grandes éxitos, sobre todo cuando impartían sus cátedras de derechos humanos en alguno de los kinders ubicados en lugares ignotos.
¿Y que podemos decir de los derechos humanos en los ayuntamientos? Este es otro de los logros importantes, tal vez el de mayor trascendencia en la corta historia de la defensa de los derechos humanos en el estado, fue la cereza del pastel: se crearon representaciones o más bien oficinas con una persona, para defender los derechos humanos en cada uno de los municipios del estado. Para ello se le pidieron fondos, espacio y equipo a los miserables ayuntamientos y le solicitaron a los ediles que les propusieran a una persona para ocuparse de la áspera e ingrata tarea de acusar al propio presidente, quien la designó, y a otras autoridades del ayuntamiento, de las violaciones a los derechos humanos que ellos mismos hubieran cometido. Esto si fue agotador pero brillante no le parece, azorado lector.
Con todos estos logros, con todos estos éxitos, con toda esta febril y esforzada misión a favor de los derechos humanos todavía hay gente inconsciente y resentida que no reconoce el agotador esfuerzo realizado. Son los egoístas de siempre.
Por eso no se escuchan bien los lamentos emitidos recientemente por el Centro de Mujeres A. C. donde señalan a través de su presidenta que “en cuatro años no emitieron recomendaciones en defensa de los derechos humanos de infinidad de mujeres agredidas, desaparecidas o asesinadas”. Tampoco se sostiene la queja de esta organización que defiende a las mujeres, en el sentido de que las acusaciones que presentaron algunas damas, no eran aceptadas y se derivaban hacia otras dependencias porque a “ella no le tocaba” atender ese asunto; la Comisión siempre les recordaba a las molestas, fastidiosas y resentidas señoras que la demanda o el caso que presentaban "no tiene nada que ver con esta institución”.
¿Mujeres ofendidas aquí, en el estado maravilla? ¿Violaciones a los derechos humanos aquí en el estado maravilla donde nunca se han violado? ¿De dónde sacan eso estas personas? Porque después de todos los éxitos reseñados ¿no queda claro que lo único que pretenden estas voces disidentes y envidiosas es malograr la obra monumental y trascendente que construyó la presidenta de la CEDH durante estos cuatro años pletóricos de victorias y laureles? Únicamente un ciego no los quiere ver.
La verdad es que son gente interesada en molestar porque ni en los kinders ni en las primarias, han recibido quejas en ese sentido. Es más ni siquiera en las universidades a las que han asistido para desarrollar sus exitosas conferencias magistrales y cursos de capacitación en derechos humanos, y nunca, óiganlo bien, nunca, han recibido quejas sobre su incompetencia y carencia de recomendaciones; al contrario, son puros éxitos y hasta han sido felicitados por esos chicos y chicas inteligentes y conocedores.
Cuando una autoridad moral como la CEDH es incapaz de emitir una sola recomendación en cuatro años en contra de las autoridades que todos conocimos y padecemos, lo menos que uno puede pensar es que su representante se encuentra inmersa en las conocidas redes de poder y complicidades. Es agradecida, pues y sueña con que ya le llegará su recompensa. Pronto veremos cuál es.
¿Usted piensa, aguerrido lector, que les sirvió de algo a los sudcalifornianos una CEDH sometida, obediente y blandengue por decisión propia, como la que hemos tolerado a lo largo de los últimos cuatro años? Esto significa también, que las autoridades han doblegado la ley logrando convertir a la CEDH en una miserable oficina de capacitación, es decir, a la nada, para regocijo de las propias autoridades, seguramente bajo la promesa de recompensas posteriores por haber servido con esmero sumiso, según la camarilla, a las “mejores causas” del estado.
Mire usted, presumir que en cuatro años “no se ha tenido necesidad” de emitir una sola recomendación es hundirse en la desvergüenza y el cinismo. Que lamentable.
No me cabe la menor duda, la cándida presidenta saliente merece una estatua, cuando menos un obelisco o ya de perdida un pergamino de cochi y el reconocimiento de todos los ciudadanos del estado. Debe encontrarse la manera de premiarla con alguna posición en la alta burocracia como un digno reconocimiento a su competencia, eficacia y compromiso en la defensa de los derechos humanos en Baja California Sur. ¿Cuál sería su carta de presentación? Pues la mejor: no haber emitido una sola recomendación en contra de las autoridades del estado en sus cuatro largos años de reinado. Su notable y portentosa figura impidió que se violaran los derechos humanos de los sudcalifornianos en todo el estado durante cuatro años. Es un record inalcanzable. Cero violaciones en cuatro años. Ese sí es un merito colosal.
No me explico porqué no la hicieron magistrada, con tantos y sonados éxitos.
Sobre todo ahora que ya se va quien nunca estuvo.
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