Fui invitado a participar en la segunda terna (la primera fue rechazada) decidida por una Comisión Plural del Congreso para seleccionar entre sus integrantes al futuro Presidente de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos para los próximos cuatro años.
Acepté, desde luego, porque me parece que no sólo hay que ser cómodamente crítico sino también contribuir y participar, en la medida que cada uno pueda hacerlo, para hacer que las cosas marchen mejor.
Algunos amigos no estuvieron de acuerdo con mi participación en esta aventura. Alegaron que todo estaba consumado y que dos de los cándidos solamente cubrirían el expediente para darle formalidad a lo que la ley establece en una elección de este tipo. Otros me dijeron ingenuo y peores cosas que no le repito, educado lector, porque apenarían a cualquiera. Algunos más trataron de detenerme porque consideraron que era una maquinación por mis tres recientes columnas críticas hacia un grupo de integrantes del Congreso. Y otras cosas por el estilo. Hoy no sé si tuvieron razón, pero no dispongo de elementos para asegurar que hubo arreglos oscuros o que los diputados y diputadas operaron en contra de alguno de los candidatos participantes que no fueron elegidos.
Los diputados y diputadas se comportaron de manera educada, algunos dijeron “buenos días” e intercambiaron breves comentarios con los candidatos antes de la reunión. De mi parte, también hubo un comportamiento educado y cortés, y observé lo mismo de parte de los otros dos interesados. Al llegar no nos recibió ningún diputado sino el Oficial Mayor del Congreso, quien nos hacía pasar al estrado por riguroso orden alfabético. Durante las exposiciones de cada uno ante el pleno, los otros dos esperamos afuera del recinto porque “nadie debería sacar ventaja sobre lo que escuchara de los otros candidatos”. Al término de la exposición de cada uno en la plenaria nadie nos dijo nada, ni quien ganó, ni a quien designaron, ni muchas gracias por molestarse en participar, es más, ni adiós les dijeron a los que no fueron designados. Me parece que estos pequeños detalles de cortesía para los ciudadanos que participan en cualquier convocatoria del Congreso deben resolverse en el futuro. Cuesta lo mismo y no deja huella. Y tampoco hace daño.
Lo que sucedió al interior del Congreso en materia de negociaciones y acuerdos propios del proceso y previos a la designación los desconozco porque no participé. Pero eso es parte del procedimiento legislativo, lo entiendo y lo acepto, no hay otra manera, y tampoco me atañe, porque es facultad de los congresistas la designación del Presidente de la Comisión Estatal. La elección no se realizó a partir exclusivamente del análisis de las exposiciones de los candidatos, como sería deseable, a la manera de una especie de examen oral, con la intención de que quien realizara los mejores planteamientos y propuestas, a juicio de la mayoría legislativa, obtuviera mediante el voto libre y secreto, la designación. Generalmente este tipo de nombramientos se resuelven antes de la sesión, días antes, y en ocasiones aún decidido, no se consigue el propósito porque son 21 criterios y muchos intereses divergentes dentro y fuera del Congreso. Así lo observamos en la primera terna.
Aún así, no me importó y participé, a sabiendas de que tendría escasas posibilidades o ninguna de obtener la designación ¿porqué? Pues porque las cosas así funcionan y lo que más me importaba era darles a conocer a los legisladores cuál era mi punto de vista sobre “cómo” debería ser la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, sus acentos y prioridades, porque el “qué” lo establece, sin dudas, la propia ley que la crea. Y así lo hice.
Quiero compartir con ustedes, invisibles lectores, algunas de las propuestas que hice en el pleno del Congreso, y para ello, haré un breve resumen de lo que dije en la exposición durante los 10 minutos que me correspondieron, de acuerdo a las reglas del evento, para que los diputados conocieran, de viva voz, cuáles eran mis puntos de vista una vez que se cubrieron los requisitos documentales en tiempo y forma que la propia ley establece.
Al final, mis dudas y las de mis consejeros y amigos se confirmaron.
Obtuve la fantástica cantidad de cero votos de los legisladores.
Y resultó un designado con 16 votos en su favor. En buena hora y felicidades, porque el candidato nombrado llega plenamente legitimado por el Congreso del estado con una mayoría contundente. No se puede pedir más. Así el elegido tendrá todo el apoyo para un desempeño más cabal de su función. La falta de apoyo no será un pretexto.
Y para fortuna de todos, no hubo necesidad de elegir al presidente de la Comisión mediante una lotería porque si era rechazada la segunda terna, se hubiera tenido que aplicar el procedimiento de insaculación ordenado por la ley, que por si usted no lo sabe, informado lector, eso significa meter boletos, nombres o números en un saco, sombrero o ánfora para extraer un ganador.
Pienso que en un acto de este tipo no hubo ganadores ni perdedores. De verdad lo pienso, incrédulo lector. En realidad, y siendo optimistas, todos ganamos, porque seis ciudadanos interesados por los derechos humanos en el estado participaron, y los diputados hicieron bien su trabajo en esta ocasión, en la forma y en el fondo, con la ley en la mano. Y eso nos conviene a todos los sudcalifornianos. No sabemos si los legisladores hicieron una buena designación, ellos tampoco lo saben todavía, pero sí atendieron una de sus responsabilidades en tiempo y forma; y en cuanto a lo acertado de su elección, pronto tendremos noticias.
Por lo demás, estimo que los participantes nos vamos sin un ánimo negativo, al menos ese es mi caso, y con la tranquilidad de haber cumplido el compromiso ciudadano para el que fuimos convocados. Y eso también vale.
Y tengo la jubilosa certidumbre, además, de que el candidato designado por el Congreso no será peor que la anterior pésima presidenta. Aunque el elegido quisiera hacerlo peor le resultará imposible lograrlo. Hay personas y cosas insuperables en la vida. Al menos eso espero, con legítimo interés y por el beneficio de todos.
Esto que sigue fue leído, después de iniciar las cortesías a que obliga la buena educación y el recinto, es una pequeña parte de lo dicho en el Congreso del estado, y refleja mi postura, lo que yo espero respecto al tema de los derechos humanos. Ahí le va.
Es conveniente ratificar frente a ustedes, señoras y señores legisladores, que no tengo compromiso alguno con grupos o asociaciones de ninguna índole.
En el camino que me ha traído a esta alta tribuna, me ha conducido siempre, el respeto por la verdad, la justicia y la ética como perfiles de comportamiento personal y profesional. Nadie podrá probar lo contrario.
Cuando usamos el término “cumplir con la ley”, a pesar de que parece claro y evidente su significado, nunca vale lo mismo para todos, a veces lo obvio no resulta serlo. Y por esta razón, conviene destacar, con firmeza, una primera definición: en el desempeño de la institución no se hará más, pero tampoco menos, de lo que establece la propia ley de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos vigente en el estado. No es ocioso asumir este compromiso específico, reafirmarlo ante ustedes y subrayarlo frente a la opinión publica que observa con interés este proceso. Debemos terminar con la discrecionalidad en la aplicación de la ley.
Insisto, se trata, escuetamente, de proteger y hacer que se respeten los derechos humanos de todos, sin excepciones y actuar con la firmeza que se requiere en el marco de la ley.
Los acentos, la intensidad y la calidad en las acciones que desarrollará la Comisión marcarán la diferencia y harán que recupere y acreciente su prestigio; también será determinante la precisa definición de sus prioridades para consolidar y vigorizar la presencia de la institución entre ciudadanos y autoridades de sudcalifornia.
Las disposiciones contenidas en la actual Ley Estatal de Derechos Humanos son, desde luego, perfectibles, como cualquier ordenamiento legal; pero en este momento, tal y como está la ley, es más que suficiente para llevar a cabo, con solvencia, las tareas encomendadas. Por ahora no veo la necesidad de reformas urgentes ni importantes a la ley vigente.
Será en la operación misma de la Comisión donde optimizaremos sus acciones. Además, ustedes no elegirán a un presidente para hacer una nueva ley en la materia, o reformarla o impugnarla, sino para que cumpla la que ya existe.
Continuaremos en la próxima entrega.
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
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