¿Usted cree, justiciero lector, que en cuatro años, repito, en cuatro larguísimos años, ninguna autoridad en el estado de Baja California Sur haya merecido una recomendación de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH)?
¿Usted cree, iluso lector, que nadie en Baja California Sur ha violado los derechos humanos de las personas, y que todas las autoridades fueron, son y seguirán siendo unas blancas palomas?
¿A quién quiere engatusar la cándida CEDH y sus afligidas huestes? ¿Creerán que todos somos cándidos?
Hacen “solemnes” y “lúcidos” informes en declaraciones a los medios consignando sus “grandiosos éxitos” poniendo cara de gravedad, con tono vacilante y entrecortado por la emoción mientras se cuidan de retratar bien en las cámaras de televisión.
Hoy le decimos adiós, espero que para siempre, a la peor presidenta que hemos tenido en la CEDH.
Recuerdo con indignación el caso del anterior presidente de la CEDH a quien tenían sometido con una pata en el pescuezo por la vía más indigna, la de birlarle el presupuesto; no le permitían hacer nada, no le daban un centavo porque habían comenzado a realizar su trabajo sin atender “sugerencias” de las autoridades cuando sus intereses e imagen resultaban afectados. En ese tiempo, usted iba a las oficinas de la CEDH a tratar algún asunto o a poner una queja y encontraba una gran desolación y silencio, una gran sordina en todos los sentidos; cerros de periódicos del día en los escritorios porque no hacían otra cosa que leer en los arruinados cubículos de su desmantelado y viejo edificio. Sin gastos para gasolina, viajes, papelería, teléfonos, en fin, sin disponer de lo mínimo que se requiere para operar cualquier oficina. Las autoridades de entonces encontraron la única forma de subyugar a los representantes de la CEDH: no darles un centavo para trabajar, excepto su salario, y lo que es peor, lograron su objetivo. No importaba que el presupuesto anual estuviera autorizado por el Congreso, simplemente no se los daban.
Pero no hay mal que dure cien años. Para fortuna de todos.
Hace cuatro años cuando cambiaron las cosas en la CEDH todo mundo pensó con optimismo desbordado, pero sin fundamentos sostenibles por el “prestigio” de quien llegaba, que al fin se verían novedades importantes en Sudcalifornia, ahora sí, a favor de nuestros derechos humanos, los de todos.
Y en efecto, así ocurrió. Las cosas cambiaron.
Para iniciar este gran cambio, extrajeron a una empleada de medio pelo de una de las instituciones más ineficientes, desprestigiadas y corruptas de la entidad: la Procuraduría General de Justicia del Estado y la convirtieron el Presidenta de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH).
Ninguna autoridad deseaba una persona competente, independiente del poder, con integridad pública, digna, profesional y brillante. No era para tanto, si nomás se trataba de los derechos humanos. Requerían a alguien que simplemente estuviera ahí. No fue necesario buscar mucho para encontrar a la persona idónea, que “trabajara” sin hacer olas, sin que moviera el avispero de las mafias y que además, diera la impresión de “cumplir” teniendo para ello un pequeño equipo dizque funcionando en la CEDH para hacerle al cuento.
Y vaya que las cosas cambiaron. Luego luego se vio. De inmediato la flamante nueva presidenta, por equidad de género y no de competencia, tuvo, al fin, presupuesto para poder operar con su pequeño grupo; y ya ricos y bendecidos por las autoridades, con las instrucciones claras respecto a lo que se esperaba de su función, lo primero que se le ocurrió a la nueva Ombusman en aquel entonces, fue la trascendental operación maquillaje pro derechos humanos y ordenó arreglar el jardín que rodea la casona en donde se ubica la sede de la Comisión y poner muchas macetas con plantitas. La verdad es que lo dejaron muy bonito, presentable, muy femenino. Las plantas hasta florecieron con sus nuevos jardineros de postín. Después para continuar con su imparable pasión defensora por los derechos humanos, repararon en que deberían contar con un lugar más digno y decidieron darle una manita de gato al vetusto edificio: lo resanaron, pintaron y compraron algo de mobiliario y computadoras para cumplir con uno de los más grandiosos planes educativos para la defensa de los derechos humanos que se hayan concebido jamás en el estado. Envidiado por la propia SEP.
Lo primero, pues, fue arreglar la casa, limpiarla, porque para todo lo demás, habría largos cuatro años.
Y como no se puede hacer todo de un jalón, tuvieron que definir prioridades.
Así, ya encarrerados en su febril actividad en favor de los derechos humanos, se dieron cuenta de que sus vehículos se maltrataban, y discurrieron en agotadoras reuniones de planeación estratégica, que era indispensable y urgente que, sin dilación, se techara el estacionamiento de la señora presidenta, porque ni modo que se subiera a su carro caliente y polvoriento por estacionarlo en la calle, cuando se ofreciera ir a cumplir urgencias de los ciudadanos o asistir a los múltiples compromisos propiciados por su extraordinaria actividad, además, ¿cómo atender citas de trabajo en un carro polvoso y caliente para cubrir las visitas a los altos funcionarios del estado a los que había que leerles la cartilla? Faltaba más.
Una vez terminada esta ardua tarea, ya un poco cansados, redefinieron de nuevo sus prioridades y armaron otro “buen plan” de trabajo, de mucha trascendencia, con efectos a largo plazo y para el registro de la historia, de muy alto impacto en la defensa de los derechos humanos, y para ello, diseñaron una sesuda estrategia de capacitación intensiva para que, desde el vientre materno, los futuros ciudadanos comenzaran a conocer cuáles eran sus derechos en esta importantísima disciplina.
Pero no crea usted que se detuvieron ahí, no, ni pensarlo, si ya traían una actividad con muchísimos éxitos y resultados, así que se pusieron más dinámicos todavía, y se aplicaron a una tarea de largo aliento consistente en educar a las confundidas juventudes sudcalifornianas y se dejaron ir a casi todos los recintos educativos del estado: a los kinders, las primarias, las secundarias, las prepas, las universidades públicas y privadas y en sus ratos libres asistían a eventos públicos organizados de la sociedad. A veces hasta fueron a los penales del estado. Había que tener una gran presencia para darles a conocer al mocerío cuáles eran sus derechos humanos para que no se dejaran atropellar. Tuvieron grandes éxitos, sobre todo cuando impartían sus cátedras de derechos humanos en alguno de los kinders ubicados en lugares ignotos.
¿Y que podemos decir de los derechos humanos en los ayuntamientos? Este es otro de los logros importantes, tal vez el de mayor trascendencia en la corta historia de la defensa de los derechos humanos en el estado, fue la cereza del pastel: se crearon representaciones o más bien oficinas con una persona, para defender los derechos humanos en cada uno de los municipios del estado. Para ello se le pidieron fondos, espacio y equipo a los miserables ayuntamientos y le solicitaron a los ediles que les propusieran a una persona para ocuparse de la áspera e ingrata tarea de acusar al propio presidente, quien la designó, y a otras autoridades del ayuntamiento, de las violaciones a los derechos humanos que ellos mismos hubieran cometido. Esto si fue agotador pero brillante no le parece, azorado lector.
Con todos estos logros, con todos estos éxitos, con toda esta febril y esforzada misión a favor de los derechos humanos todavía hay gente inconsciente y resentida que no reconoce el agotador esfuerzo realizado. Son los egoístas de siempre.
Por eso no se escuchan bien los lamentos emitidos recientemente por el Centro de Mujeres A. C. donde señalan a través de su presidenta que “en cuatro años no emitieron recomendaciones en defensa de los derechos humanos de infinidad de mujeres agredidas, desaparecidas o asesinadas”. Tampoco se sostiene la queja de esta organización que defiende a las mujeres, en el sentido de que las acusaciones que presentaron algunas damas, no eran aceptadas y se derivaban hacia otras dependencias porque a “ella no le tocaba” atender ese asunto; la Comisión siempre les recordaba a las molestas, fastidiosas y resentidas señoras que la demanda o el caso que presentaban "no tiene nada que ver con esta institución”.
¿Mujeres ofendidas aquí, en el estado maravilla? ¿Violaciones a los derechos humanos aquí en el estado maravilla donde nunca se han violado? ¿De dónde sacan eso estas personas? Porque después de todos los éxitos reseñados ¿no queda claro que lo único que pretenden estas voces disidentes y envidiosas es malograr la obra monumental y trascendente que construyó la presidenta de la CEDH durante estos cuatro años pletóricos de victorias y laureles? Únicamente un ciego no los quiere ver.
La verdad es que son gente interesada en molestar porque ni en los kinders ni en las primarias, han recibido quejas en ese sentido. Es más ni siquiera en las universidades a las que han asistido para desarrollar sus exitosas conferencias magistrales y cursos de capacitación en derechos humanos, y nunca, óiganlo bien, nunca, han recibido quejas sobre su incompetencia y carencia de recomendaciones; al contrario, son puros éxitos y hasta han sido felicitados por esos chicos y chicas inteligentes y conocedores.
Cuando una autoridad moral como la CEDH es incapaz de emitir una sola recomendación en cuatro años en contra de las autoridades que todos conocimos y padecemos, lo menos que uno puede pensar es que su representante se encuentra inmersa en las conocidas redes de poder y complicidades. Es agradecida, pues y sueña con que ya le llegará su recompensa. Pronto veremos cuál es.
¿Usted piensa, aguerrido lector, que les sirvió de algo a los sudcalifornianos una CEDH sometida, obediente y blandengue por decisión propia, como la que hemos tolerado a lo largo de los últimos cuatro años? Esto significa también, que las autoridades han doblegado la ley logrando convertir a la CEDH en una miserable oficina de capacitación, es decir, a la nada, para regocijo de las propias autoridades, seguramente bajo la promesa de recompensas posteriores por haber servido con esmero sumiso, según la camarilla, a las “mejores causas” del estado.
Mire usted, presumir que en cuatro años “no se ha tenido necesidad” de emitir una sola recomendación es hundirse en la desvergüenza y el cinismo. Que lamentable.
No me cabe la menor duda, la cándida presidenta saliente merece una estatua, cuando menos un obelisco o ya de perdida un pergamino de cochi y el reconocimiento de todos los ciudadanos del estado. Debe encontrarse la manera de premiarla con alguna posición en la alta burocracia como un digno reconocimiento a su competencia, eficacia y compromiso en la defensa de los derechos humanos en Baja California Sur. ¿Cuál sería su carta de presentación? Pues la mejor: no haber emitido una sola recomendación en contra de las autoridades del estado en sus cuatro largos años de reinado. Su notable y portentosa figura impidió que se violaran los derechos humanos de los sudcalifornianos en todo el estado durante cuatro años. Es un record inalcanzable. Cero violaciones en cuatro años. Ese sí es un merito colosal.
No me explico porqué no la hicieron magistrada, con tantos y sonados éxitos.
Sobre todo ahora que ya se va quien nunca estuvo.
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
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