21 febrero 2006

CACATITLÁN

Hoy es Puebla. Mañana quien sabe. Ésta mítica tierra cambia de lugar casi todos los días.
Gracias a las campañas políticas de los últimos 20 años el deporte nacional de nuestros políticos se ha convertido en una absurda y deprimente guerra de caca para la que muestran una enorme y enfermiza afición. En los últimos siete años la lluvia cacalotera ha arreciado. Es un huracán grado cinco. Nos inundaron de aguas negras.
Lo fundamental para ganar esta guerra infernal, ya inscrita en lo más selecto de la escatología política, es que se localicen, primero, suficientes depósitos de inmundicia pública o privada en cualquier lugar del país. Ésta inmundicia siempre es exuberante, lo que comprueba la certeza de aquel cuento que les enseñaban en la primaria a los niños en el siglo pasado: México es el cuerno de la abundancia. Y si.
Estamos sobrados y con mucho parque. No hay un solo estado del país que no disponga de arsenales hediondos, nauseabundos, rebosantes de asquerosidades para ventilarlas y repartir sus efluvios en los ámbitos públicos o privados por todo el país.
Las torpezas y los intereses juegan.
El aderezo de este plato fuerte es la corrupción infinita.
Para que se le pueda jalar al WC hace falta acumular suficiente inmundicia para volver dejar el agua limpia y preparar el baño para la otra deyección que ya viene, porque será mejor que la previa y de mayor daño y escándalo.
No sirven de protección ni las sombrillas ni los biombos.
Ni los trajes especiales.
Los especialistas en control de daños se cotizan altísimo. Todos han fracasado.
Los atacantes tienen mucho parque y harto material fétido en sus alforjas para que les alcance hasta 40 días antes de la elección, plazo que determinó el IFE en su acuerdo de neutralidad electoral. La inercia de la diarrea hará añicos plazos y restricciones.
Y si algo no se les va a terminar a los contrincantes es precisamente la caca. Los adversarios y enemigos políticos tienen cientos de miles de toneladas en sus pestilentes reservorios para que no les pase lo que les sucede a aquellos que pierden la guerra por falta de municiones. Todos tienen metralla para dar y repartir.
En los estercoleros de los partidos, del gobierno federal, y en los estatales y municipales disponen de estrategias bien definidas en sus cuartos de guerra sobre la mejor forma de acomodar la boñiga en el poderoso ventilador nacional para asegurarse de que todos, contendientes y espectadores, queden permanentemente embarrados de mierda y con eso destruir a sus enemigos y de paso la frágil dignidad nacional, lo que sea que esto signifique.
La consigna es que nadie quede limpio. Todos de clavado en el albañal.
Es tal la fuerza distribuidora del abanico, que alcanza a quienes suponen no deber nada y alegan que ni tienen vela en el entierro, pero saldrán de todas formas embarrados y hediondos. Y aquellos ilusos que piensan que su plumaje no queda manchado están errados, porque en esta guerra interminable no hay lejos ni cerca, todos estamos ya en uno de los infiernos pestilentes de Dante, y tomados de la mano del poeta atestiguaremos como se degrada y castiga a la escoria humana con el desprestigio mediático sin importar la validez jurídica de los argumentos.
Sin salvación.
Esta por escribirse el mejor libro de escatología (“tratado de cosas excrementicias”) en el cual aportarán su granito de arena los mejores políticos nacionales, empresarios y prohombres de la sociedad. En su papel de autores, forman ya una kilométrica fila para que sus obras se publiquen en lo que será el libro más vendido. Los futuros dramaturgos de esta fenomenal obra del siglo XXI se encuentran eufóricos por demostrar sus grandes talentos para generar montañas de inmundicia y podredumbre.
Los problemas nacionales como la pobreza, la corrupción del FONDEN, el desempleo, la salud, la educación, la gripe aviar y decenas más, pasan a segundo, tercero o ultimo término en las listas de pendientes de los gobernantes, los partidos políticos y sus candidatos.
Sus prédicas quedan sepultadas en toneladas de caca.
La obligación de estos modernos cruzados es destruir al contrario al costo que sea, bajarle puntos en las encuestas con sus carambolas de tres y cuatro bandas en las que nadie queda limpio porque no hay control que contenga la fuerza del oleaje. El fin justifica los medios.
Todos compiten por ocupar el primerísimo lugar en la lista de los record Guinness en donde la competencia para definir un ganador absoluto será la persona, grupo, partido o gobierno que logre quedar más y mejor embarrado de mierda. Los competidores enlodados también se pueden ganar varios puntos adicionales acreditando que despiden el mayor grado de fetidez midiéndose ellos mismos con un pestilómetro o un tufometro de alta tecnología.
Así vemos proliferar los bejaranazos, los ahumadazos, la pareja presidencial, los martitos, los montielazos, el negociazo de los gasolineros, los asesinatos de periodistas en donde México ocupa el primer lugar mundial, los líderes sindicales, los marinazos poblanos y... con un poco de paciencia veremos desfilar hasta los más prístinos políticos cuando los cadáveres que tienen escondidos en el closet salgan y se comiencen a orear en los tribunales inapelables y justicieros de la opinión pública nacional.
Más funesto aún, es el hecho de que no son las instituciones que procuran justicia ni el poder judicial quienes procesan estos cerros de caca como seria deseable en una democracia con instituciones sólidas, no es esa la intención. Lo que se busca es el desprestigio del enemigo, provocar que su sola presencia contamine con su miasma todo su entorno y el ajeno.
Hasta ahora los perjuicios han sido incalculables.
Sálvese el que pueda porque todavía no vemos nada. Lo “mejor” del estercolero está por llegar desde Puebla y Cancún. Provendrá de los expedientes de la PGR sobre el caso (Averiguación previa 447/2003-IV) contra el pederasta y pornógrafo infantil más famoso del mundo en vías de extradición desde los Estados Unidos. Ah y del “gober precioso” y sus amiguitos. En este desfile fecal, el hedor anuncia que continuarán apareciendo santo y seña de quienes menos esperamos: dignísimos empresarios y ejecutivos de prosapia, financieros, ejecutivos de medios, columnistas, legisladores y gobernantes en activo y en la banca. Todos ellos asistentes a las grandes orgías llamadas “fiestas infantiles” donde los invitados “degustaban” con furor ”hermosas botellas de cognac”, lo que en su clave siniestra significó el abuso y la violación de niñas y niños.
El escándalo anterior quedará como un relato costumbrista comparado con el siguiente aquelarre y así seguiremos moviéndonos en un eterno vomitivo.
El poder excrementicio es de tal magnitud que no se agotará.
Sucede como en aquel chiste, en donde los encausados pueden escoger uno de tres cuartos llenos a rebozar de heces pestilentes; en el primero la caca llega hasta las rodillas pero pasa frecuentemente una filosa cuchilla que obligará al castigado a hacer un bucito para no morir y queda destilando porquería y embarrado sin remedio; en el segundo aposento el nivel de caca llega hasta el corazón pero pasa un tubo con cuchillos que obliga al condenado a meter el cuerpo totalmente en esa pútrida alberca para no morir degollado; y en la tercera cámara no hay cuchillas ni riesgos de muerte, la caca le llega al condenado hasta el bigote y aquí lo único que pide el presunto inculpado es que, por piedad, nadie haga olas. Los mexicanos ya llegamos al tercer cuarto gracias a estos engendros dantescos llamados políticos y sus cómplices “empresarios” corruptos y depravados.
La historia reciente de México nos ha demostrado que tenemos verdaderos especialistas en producir no solamente olas y grandes mareas sino devastadores Tsunamis mexicanos de caca, y logran salpicarnos a todos, de costa a costa y de frontera a frontera. Y la cresta que ya se asoma producirá un daño descomunal. Prepárese.
Usted, paciente e impoluto lector, tome su silla, disfrute de este nuevo deporte nacional y prepárese a votar en las próximas elecciones para elegir a su presidente, a sus senadores y a sus diputados.
Para no sentirnos fuera de lugar, nuestras sacrosantas autoridades han dispuesto que las casillas electorales sean instaladas en un obrador portátil y las boletas para elegir a los “mejores” prohombres estarán impresas en papel higiénico suavecito, de triple hoja para no batallar.
Y para no errarle.
¡Diooooss que país!

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