02 abril 2005

PA LOS PERROS ...LOS COYOTES

- ¿Con quién hablo, a dónde hablo? –dijo una voz ligeramente rasposa, de un hombre. Parecía de mediana edad.
- Habla Agustín Andrade, en qué le puedo servir –respondí sin ninguna malicia.
- Oiga... llamo para avisarle que una de sus parientes... de su esposa... al parecer su hermana... tuvo un accidente y... nos pidió que nos comunicáramos con ustedes porque necesitan ayuda.
- ¿Qué? ¿Cómo dice? ¿A mi hermana? ¿A cuál de ellas?
- No... no de usted... de su esposa... pero me pidió que... no le diga nada para que no se preocupe.
- Pero ¿qué les pasó? ¿Que tienen? ¿Están bien? ¿En Chihuahua? ¿En dónde fue, dónde están?
- Mire... ella esta bien y los niños también... es solo que uno de los niños parece que tiene... un brazo lastimado... pero nada de cuidado... ya los están atendiendo. Sí, es la que vive en Chihuahua.
- ¿Minerva? Yo soy su cuñado.
- Si... ella me dio su teléfono. Ah... y también el señor... el esposo de Minerva... el señor está bien... él se magulló una pierna pero ya está bien... Pero mire... ella me dijo que le llamara porque... necesitan ayuda. Iban a visitarlos a ustedes y no les avisaron porque les darían una sorpresa... pero ocurrió lo del accidente... y el carro quedo muy golpeado... casi inservible. Estamos en el norte, por San Quintín... adelantito.
- ¿Pero, todos están bien, no? ¿No les pasó nada?
- Si... si... Todos están bien. Con la ayuda que les dimos... a tiempo... en la carretera. Gracias a Dios... que llegamos al momento, y los pudimos trasladar a un pequeño hospital... ya los atendieron a todos. Están bien, no se preocupe, todos están bien.
- Pero qué le dijeron, qué es lo que necesitan.
- No... no... ya nada. Están bien atendidos a donde los llevamos. Ella me pidió... decirle... que no le avisara a nadie de la familia porque no quería que se preocuparan por ellos... porque... están bien. Que no quiere que su hermana se entere y tenga una impresión y le vaya a hacer daño. Que todos están bien, de veras.
- En todo caso, pues yo me trasladaré ahorita mismo a San Quintín para ayudarlos.
- No... no... no... No es necesario que lo haga. Mire... yo le hablo porque... ella me pidió que le llamara porque... pues... no traen efectivo... los iban a visitar de sorpresa... y les pasó este accidente en la carretera... y yo... manejo una grúa y gracias a eso pude transportar el carro a un taller y llevarlos al hospital. Su hermana Minerva me dijo que usted les podría ayudar porque ellos, de momento, no traen dinero porque pagaron el hospital... y es urgente que... me liquiden el servicio para ya poderme ir a mi trabajo.
- ¿Quién es usted? ¿Quién habla? –Reaccioné en ese momento, sin saber qué más preguntar.
- Mire... yo soy el comandante Gabriel Martínez del agrupamiento de grúas. Ya le explique... y me urge que me diga... si va a apoyar a su cuñada porque... pues yo me tengo que ir. Y mmmh... es necesario que me pague el costo por el arrastre que hizo la grúa... y... la gasolina que gastamos. Yo no le estoy cobrando nada para nosotros, esto es solamente para recuperar lo que gastamos por ayudar a sus familiares. Necesito que me deposite tres mil quinientos pesos.
- ¡Claro que sí, con mucho gusto!. Nomás dígame cómo le hacemos o cómo se los mando, a dónde. Y le agradezco mucho, de verdad, que le haya prestado ayuda a mi familia, realmente se lo aprecio.
- No... no me agradezca nada, lo hicimos como gente de bien... pues nada nos costaba ayudar. No necesita depositarme nada, solamente le pido de favor que... vaya al Banco Bital y ponga una orden de pago a nombre de Guadalupe Cisneros Ayala, y... perdóneme... pero le pido que sea lo más rápido posible, porque ya me tengo que ir, ya perdí todo el día... y no puedo malgastar más tiempo, tengo que atender algunas cosas. Ya su familia está bien. No se preocupe.
- Pero a cuál sucursal, a qué banco, a qué ciudad o estado de la república le mando la orden de pago.
- No... no... no... Usted nada mas vaya al banco... como le dije... y compre la orden de pago poniendo de beneficiario el nombre que ya le dí. No me lo tome a mal pero... ya me urge retirarme...
- Si claro. Con mucho gusto, claro que sí. Pero dispénseme que insista pero ¿a dónde le mando el dinero, la orden de pago? ¿a cuál sucursal?
- No... no. A ninguna sucursal. Usted solamente vaya al banco, como le digo y compre la orden de pago, con eso será suficiente. No necesita hacer otra cosa, ya nosotros nos encargaremos de lo demás.

Cuelgo y enseguida le llamo a mi esposa para decirle que su hermana se accidento en el norte de camino para La Paz, pero que están bien. De inmediato llama por teléfono a sus parientes y nos llevamos la sorpresa de que todos estaban en casa, nadie había salido y no tenían ningún problema. Nada del accidente. Me regresa la llamada y dice que toda la parentela esta bien, la de Chihuahua, la Guerrero, que todos están en sus casas y que no sabe de qué se trata.
En ese momento supe que había pasado a formar parte de la estadística criminal ubicándome en la casilla de las víctimas y, dentro de ésta, en el cajón de los pendejos. Estaba siendo sometido a una extorsión por teléfono, y aunque de bajo monto, ya me habían enganchado. Caí redondito. ¿Qué hago? ¿Qué hago? Pues llamar a la policía, idiota, ¿qué más? ¿o a quién más?. Llamo al 066 les explico el problema que tengo y me dicen “Aquí no es, debe llamar a la guardia de agentes de la policía judicial”. Lo hice. Le volví a explicar todo al agente que me contesto, y me respondió que ellos no podían hacer nada porque todavía no se consumaba ningún delito que era mi decisión si hacía el depósito o no. O sea, valiendo... Ahora si ya me jodieron, tienen mis teléfonos y les respondí casi a todo lo que me preguntaron. ¡Carajo! ¿Qué hago? ¿Qué hago? Se me prendió el foco y me acordé que tenía una buena relación de trabajo con el Procurador por nuestras actividades y muy probablemente me podría atender, además ya no tenía otra salida. Así que le llamé. Me contestó. Le expliqué. Y para mi alivio, decidió ayudarme aunque no se hubiera consumado el delito. Me preguntó que dónde estaba y le dije en la oficina.
- Pues ahí espérate. Te voy a mandar dos agentes para que les expliques todo y ellos se harán cargo del problema, dales todos los detalles.
En ese lapso, yo ya había puesto al tanto a mis amigos gerentes del banco y aproveché para preguntarles cuál era la estructura de las ordenes de pago, la clave alfabética o numérica, para proporcionarle a los estafadores un numero creíble... pero falso, inexistente, de una orden de pago y no sospecharan. También les solicité que dieran aviso o hicieran alguna seña a los agentes que les mostrara quién era la persona que intentaría cobrar la orden de pago para que fuera detenida. Accedieron, pero con la condición de que la detuvieran fuera de las instalaciones del banco. Enseguida llegaron los agentes a mi oficina, los puse al tanto rápidamente, les dí el nombre de la beneficiaria de la orden de pago y con ¡dos! llamadas por teléfono supieron su dirección particular, dónde trabajaba, a qué horas salía, si tenía carro, si estaba casada, si tenía hijos, de dónde era, en fin, toda su existencia, en un santiamén... y le montaron guardia. La verdad es que me sorprendió la manera tan eficiente en que averiguaron todo. Los agentes también dispusieron guardias en cada una de las dos sucursales que tenía el banco en la ciudad y... a trolear.
El “comandante Martínez”, el salvador de mis familiares, me volvió a llamar y le comenté que me había retrasado pero que en ese momento estaba saliendo al banco para poner la orden de pago, le pedí no preocuparse y que me volviera a llamar en unos quince minutos. Me llamó de nuevo y le comenté que ya se había comprado la orden de pago por tres mil quinientos pesos en la sucursal del centro y le dí el numero 1478215 y el nombre de la beneficiaria.
- Correcto, pues... se lo agradezco mucho y... no se preocupe por sus familiares... acabo de estar con ellos y me dijo su hermana Minerva que gracias... que no se preocupe... que en un rato más les va a llamar.
- Muy bien pues hasta pronto y gracias de nuevo. Vamos a esperar que nos llamen. Gracias ¡Tómala!
La cómplice se presenta en la sucursal a cobrar la orden de pago dando en caja el numero y su nombre. Pero... ¡sorpresa!
- Pues no, oiga, -dijo la cajera --aquí no hay ninguna orden de pago con ese numero y tampoco con el nombre que me dio.
- Ay oiga, ¿Esta segura?
- Sí. Totalmente. --Y en cuanto se separa del mostrador para salir, transmiten la seña a los agentes.
La detienen, le quitan un celular y se la llevan al interrogatorio. Suelta toda la sopa y dice que a ella solamente le pidieron que fuera al banco a recoger un dinero que le había mandado un pariente. Tal vez. Levante la denuncia. Rastrean las llamadas contenidas en la memoria del celular. Hacen la investigación y ésta los lleva al lugar desde donde se hizo la llamada logrando, además, identificar al “comandante Martínez” el salvador de accidentados. El procurador me llama.
- Ingeniero, te informo que la llamada se efectuó desde el interior del CERESO de La Paz, ya se identificó al interno que la realizó y será sometido a proceso por este otro delito.
¡Zas! Todavía no lo puedo creer pero así ocurrió.
Pasaron varias semanas, y recibí un citatorio para ir a declarar. Lo hice. Y ya no sé en que paró el asunto pero por la seriedad y responsabilidad profesional del procurador Genaro Canet, sé que éste delincuente, ya preso, seguramente será condenado también por este otro delito.
Algunos nombres son ficticios, el último no, pero la historia es real y se ha repetido en La Paz y en el país por miles, unos cayendo y pagando y otros... como los coyotes.

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