Los sudcalifornianos debemos congratularnos cada vez que se acerca el proceso de renovación y disputa por alcanzar el poder universitario, máxime, cuando lo que está en juego es la corona de la rectoría. Y comienzan a ventilarse a la luz pública datos, cifras y hechos que regularmente no se conocen o no trascienden porque regularmente se conservan en la valija de la información clasificada que contiene, casi siempre, lo que no se quiere mostrar; o porque tal vez, cuando llegan a trascender estos testimonios, se los come la cotidianidad y nadie repara en su importancia. Cada ciclo, se vuelve a rasgar la herida, se infecta, y dolorosamente, empieza a supurar. Cada tres años, afloran toda clase de comentarios, opiniones, críticas, acusaciones, defensores a ultranza y francotiradores que desde todo tipo de atalayas, balean unos y apapachan otros, a la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS)
Es en este tiempo y escenario, cuando registramos con interés los comentarios vertidos por el Dr. Carlos Villavicencio Garayzar, un crítico feroz, quien sin tapujos ni rubores, advierte que los avances en la universidad durante las ultimas dos administraciones no son exactamente como para presumir. Y ofrece algunos datos que deberían ocuparnos: salones de clase con más de 120 alumnos; entre 60% y 70% de deserción; 191 profesores ausentes de las aulas porque gozan de algún programa sabático o están becados o con permisos; plantilla activa de solo 132 profesores con los que opera la institución, lo que sobrecarga el trabajo de todos y... un etcétera casi interminable.
Alguien dirá que hay otras universidades peores, incluso aquí mismo en el estado, pero eso a mí me tiene sin cuidado, me importa ésta, y no otra, porque es pública y además porque aquí vivo.
Otra de las maravillas recetadas por el Dr. Villavicencio, que ha producido desconcierto, cólera, disgusto, frustración y sorpresa, y supongo que algunas reacciones en su contra, fue aquella en donde reveló que ninguna de las carreras de la UABCS tenía reconocimiento, certificación, por parte de las entidades nacionales que se encargan de llevar a cabo este procedimiento autorizadas por la SEP y cita el ejemplo de Baja California y San Luis Potosí con 36 y 24 carreras certificadas, respectivamente. El proceso de certificación es un poco tortuoso, se lleva su tiempo, no es tan simple y hay que cumplir con una gran cantidad de requisitos y demostrar otros, es un proceso complejo. Si llevamos este problema al extremo, podemos afirmar que las licenciaturas universitarias que no cuentan aún con la certificación, no tienen el reconocimiento nacional e internacional de que imparten su especialidad con los estándares mínimos de calidad y profesionalismo establecidos por las autoridades educativas, porque no les han sido aplicados los filtros metodológicos que nos permitan a todos, ciudadanos y autoridades, confirmar o comprobar que la curricula y los servicios asociados a las carreras impartidas cumplen cabalmente con la calidad que deben tener.
También conocemos las respuestas que le han propinado al crítico declarante las autoridades de esa casa de estudios, con más enjundia que talento, en los que predomina casi ciegamente “el orgullo de sudcalifornia” y el ya clásico: ni los veo ni los oigo. Dicen; “Hemos crecido, seguimos creciendo y lo seguiremos haciendo” Pero, ¿Hacia dónde? ¿Hasta cuando? ¿A qué tamaño? Quien sabe.
Pero no todo son malas nuevas, alegrémonos, porque ya hay una buena noticia en la UABCS. Recientemente, hace apenas unos días, y gracias a la decisión y esfuerzo de los integrantes de la carrera de Biología Marina y sus autoridades, fue posible conseguir después de varios meses de trabajo y gestiones, el reconocimiento y la certificación que emite la entidad calificadora especializada (AMPROMAR). La UABCS cuenta hoy, para fortuna de todos, con la única escuela de Biología Marina certificada de la cuatro que existen en país. Esto les permitirá, entre otras cosas, contar con mayores apoyos de diversa índole y será tomada en cuenta por aquellos prospectos que piensan estudiar esta carrera al constatar que dispone de certificación. Bien por ellos y bien por todos.
Lo lamentable, es que el resto de las carreras ofrecidas por la UABCS siguen mostrencas. Estamos refiriéndonos a 13 carreras universitarias que no cuentan con certificación, y ya no hablemos de los 11 postgrados. Reflexionemos sobre la importancia de este dato: conscientes todos, de lo significativo que resulta hoy, contar con la certificación, ésta se ha logrado solamente, en una licenciatura, en los seis o siete años que tiene de implantado este concepto de calidad y estandarización, para una universidad que tiene ya un cuarto de siglo de vida encima. Ahí la llevamos.
¿Porque no se ha hecho nada, o más, al respecto? Aventuremos algunas hipótesis. Tal vez, porque las prioridades definidas por las autoridades universitarias o del gobierno del estado o entre ambos, se dirigieron hacia el crecimiento, a toda costa, sin importar mucho, por ahora, la calidad. Tengo la impresión de que el propósito fue y es, tener una universidad “grandota” y en todos lados; y para ello, se determinó montar escuelitas de juguete o de papel, con el riesgo de que les falte una pluma para ser patito, a las que pomposamente llaman extensiones universitarias, en todos los municipios del estado ¿Y para que? O ¿Por qué? pues para presumir la cobertura total, el 100%, más que para educar y ofrecerles a los estudiantes alguna licenciatura que valga la pena en términos de calidad, que les permita contar con una buena formación profesional y, simultáneamente, tener expectativas razonables de empleo al egresar. De hecho uno de los “logros” que presume con más orgullo la autoridad universitaria, consiste en ondear la bandera de que somos el único estado, de toditito el país y tal vez en el mundo, en donde la universidad imparte licenciaturas en todos y cada uno de los municipios de la geografía estatal. Me parece que el enfoque bajo el cual se propicio este “gigantismo”, desacertado, obedece, con toda seguridad, a una decisión política, como debe ser, pero a mi juicio errada. El crecimiento que observamos, no es producto de una decisión política equilibrada, sensata, que tenga que ver con un estudio serio de oferta y demanda educativa y de empleos a nivel profesional en el estado, que derive, además, en la definición de los servicios e infraestructura que esto conlleva, y consolidando, además, lo que ya se tiene. Recordemos que los presupuestos de las universidades públicas siempre son precarios, y aún suponiendo que existe un buen control del mismo, no hay dinero que alcance; en consecuencia, se debe ser muy cauto y cuidadoso en el destino del gasto, estableciendo, con sensatez y en forma precisa, las prioridades y la estrategia para el desarrollo de la UABCS. Ahora, con este crecimiento, tendrán que destinar fondos (irrisorios o cuantiosos, no lo sé, pero muy escasos) para la operación, pero siempre insuficientes, y apuntalar con presupuesto a cuatro extensiones universitarias por lo que éstas dispondrán, con toda seguridad, de apoyos a medias, ¿también educarán a medias y darán un servicio igualmente a medias? Le quito aquí para ponerle allá. ¿De eso se trata? ¿De la medianía? ¿Se merecen esto los estudiantes y sus familias?. Me parece que no. Si se trata de llevar la universidad lo más cerca posible de los estudiantes, casi hasta la sala de su casa, en vez de hacerlo alrevés, pues hay formas más eficientes y menos onerosas, ya en marcha, en otras instituciones de educación superior.
Según el Dr. Villavicencio, dentro de estas infinitas carencias, “tampoco hay un centavo asignado para actividades académicas, ni para la docencia, menos para el extensionismo y la investigación”. La distracción de recursos humanos y financieros por efecto de esta estrategia de desarrollo universitario seleccionada, produce, al más puro estilo californio, una reducción neta de los fondos que se podrían haber destinado a fortalecer, consistentemente, las instalaciones centrales de la universidad: su campus en La Paz. Podríamos haber tenido más y mejores maestros de calidad, excelentes laboratorios, más apoyos a estudiantes que vienen de otros municipios, becas, sobresalientes sistemas, buenas carreras, servicios convenientes, una definición de licenciaturas y postgrados con opciones laborales razonables, más horas al día de clases y, claro cuidando esencialmente, bajarle a la güeva. Resulta increíble en un estado como el nuestro, en el cual el peso formidable del desarrollo turístico ha sido imparable y en constante crecimiento desde hace 25 años, no se haya promovido, desde la creación de la universidad, la licenciatura en turismo, por ejemplo, es hasta ahora que se pretende hacer algo en ese sentido.
Es habitual escuchar a los propios estudiantes quejarse frecuentemente de que, el tal por cual maestro o maestra, los hizo llegar a las siete de la mañana y no se presentó a dar su clase o llegó tarde, perdiendo 30 minutos de los 45 que le tocaba exponer. Y no pasa nada. Estudiantes y maestros refieren también la existencia de dizque maestros que lo único que provocan en los alumnos es desaliento y pena. En otras ocasiones, señalan los estudiantes, que el “maestro” llega a tirarse unos rollos que nada tienen que ver con su formación profesional. O que, en plena clase, se salen del salón el maestro o la maestra, a no sé qué. Una buena parte del estudiantado, de los casi 6,000 alumnos con que cuenta la universidad, reciben solamente dos o tres clases al día, cuando bien les va; en otras ocasiones, y es esto es muy lamentable, reciben una sola clase ¡en todo el día! Nadie, ninguna autoridad universitaria sabe, controla o verifica que los maestros realmente den su clase, a nadie le importa si llegan o no, si lo hacen a tiempo, y menos si la cátedra que imparten tiene un mínimo de calidad. ¿No les dará pena cobrar? No faltará el comentario de algún maistro alegando que, para lo que les pagan, pues hacen inclusive demasiado solamente con ir “hasta” la universidad. Yo exhortaría a estos embaucadores a que se busquen otra actividad en vez de estar enchufados a una ubre que da poca leche, porque la tolerante autoridad universitaria no los va a echar nunca. Sería injusto no aceptar que también existen maestros de excelencia, con un alto nivel de competencia y que son reconocidos inclusive por los propios alumnos y por sus pares, ellos son los han mantenido la buena imagen de la universidad; a algunos de ellos tengo la fortuna de conocerlos y desde aquí los saludo con afecto.
En sudcalifornia, queremos, exigimos, y sírvanse tomar nota distinguidas autoridades universitarias y gubernamentales, una universidad buena a secas, no de excelencia, por ahora, pero a la que se llegará en el tiempo, con un proceso de mejora continua permanente; en la que los maestros asistan a sus clases y se verifique que en realidad lo hagan; una institución de calidad, con carreras certificadas; con indicadores claros y objetivos para medir su desempeño y evaluar la calidad de los maestros, maestras y egresados que entregan a la sociedad; semestres de seis meses; con grupos de un máximo de 50 alumnos, con suficientes maestros; con un tamaño de institución definido, (no crecer por crecer) en función de la demanda estatal existente y tomando en cuenta para la definición de las licenciaturas la oferta local de empleos y el perfil del desarrollo de la entidad; con autoridades responsables, entregadas con vocación a sus funciones de dirección, enseñanza, investigación y extensión; no dedicadas a la grilla, porque hemos visto que el premio político a las autoridades de la UABCS va de acuerdo al tamaño y persistencia de la genuflexión lograda durante su responsabilidad; con carreras que no condenen al desempleo o al subempleo a los futuros profesionales; una universidad en la que se estimule y premie el buen desempeño de alumnos y maestros.
Las autoridades universitarias están obligadas, sin pretextos ni justificaciones, a rendir buenas cuentas a sus patrocinadores más importantes: las familias sudcalifornianas.¿Es mucho pedir?
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
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