¡¡Bájale!!
Imagínese sufrido lector que a las 3:30 de la mañana de un martes o un jueves cualquiera lo despiertan intempestivamente con un tucanazo. No tehuacanazo, no, sino por el norteñísimo ritmo de los Tucanes de Tijuana. O que le toca por suerte escuchar, a todo volumen, algún corrido ensalzando a los narcotraficantes de moda, magistralmente ejecutado por los Tigres del Norte o uno de los boleros de oro tocado con el sin igual ritmo y cadencia de Los Invasores de Nuevo León. O si la fiesta ya se encuentra en su nivel pues entonces de la banda El Recodo y, ¡súbele!
O también puede ser que lo tengan sometido a fuego graneado porque a nuestras autoridades les llegaron al precio y autorizaron la instalación de una cantina con servicio de señoritas, a un lado o enfrente de su casa, o en la colonia en que usted vive desde hace 20 años. Pero eso si, con un estricto horario de las 10 de la noche a las 4 de la mañana. Con un permiso debidamente firmado que dice”música viva con pista de baile y bar”
O que pasen vehículos frente a su casa entre las 12 de la noche y las 5 de la mañana con sus estereos a todo lo que dan: 120 a 150 decibeles.
O que a las 6 de la mañana del sábado o del domingo lo ataquen con el carrito que anuncia los periódicos para obligarlo a escuchar las noticias más relevantes de ayer. Dos o tres vueltas frente a su casa.
O que la cantina predilecta de las autoridades municipales comienza sus labores a las 12 de la noche y termina a las 4 de la mañana. Claro todo después de que los empresarios se pusieron a mano y liquidaron “las horas extras” que no son más que una miserable aportación al municipio que les otorga, a quienes la pagan, la impunidad necesaria para someternos al martirio chino todos los días.
O que hay tocada en el Arturo C. Nahl y entonces si. Toda La Paz se jodió con el ruido menos los que están adentro. En este caso estamos hablando de 300 a 400 decibeles.
O cuando tenemos la presencia de los merolicos del carnaval de La Paz.
O el ya clásico numerito infaltable los fines de semana, cuando los adolescentes, y los que ya no lo son, quien impresionar a quien los vea con el equipo nuevo que instalaron en el carro. “Cuando pase la morrita le subes más”
O cuando... sucede todo lo que usted ha visto y escuchado. Todos los días del año.
Las quejas de los vecinos de La Paz y de todo el estado se acumulan por montones sin que ninguna autoridad intervenga para poner remedio y cancelar la fuente de ruido y consecuente contaminación.
Tengo documentado un caso en el cual los vecinos fueron “distinguidos y honrados” por unos lenones que les ensartaron una cantina con meseras en medio de una zona residencial, quienes contaban además con el cuidado y la protección de la policía. ¿Sabe usted cuanto tiempo tardaron las autoridades para cerrarla a pesar de la permanente presión de los vecinos? La friolera de 6 años. Vamos a ver si ahora sí.
Existe una gran variedad de sonidos. De hecho, todo lo que nos rodea emite un sonido, perceptible o no, dependiendo de su frecuencia o intensidad. El silencio, por ejemplo, suena como un latido que a muchos espanta pero a otros tranquiliza.
¿Pero qué es el ruido? Para no caer en subjetividades para su definición, diremos que el ruido es aquel sonido que rebasa los decibeles que establece la norma correspondiente: NOM-081-ECOL-1994. Esta norma define el ruido diciendo que “es un sonido indeseable que molesta o perjudica a las personas” Pero bajo esta definición pueden existir diversas fuentes de sonido o ruido que nos son agradables o deseables aunque sean muy intensas. De manera que para esta ocasión nos quedamos con lo que ya definió la norma en términos cuantitativos, es decir, en unidades que se puedan medir, nos guste o no. Porque de nada serviría establecer que un decibel es la décima parte de un Bel. ¿O sí? Y tampoco nos serviría profundizar en una serie de definiciones incluidas en la norma, lo cual queda para los expertos, porque vea usted, lector, la definición de Bel que nos recetan “Índice empleado en la cuantificación de la diferencia de los logaritmos decimales de dos cantidades cualesquiera.” ¡Fuuuta! Usted entendió algo, bueno, pues estamos igual y mejor nos vamos por la orillita para que todos entendamos de qué se trata.
Hasta donde sabemos, existen tres normas oficiales que regulan la emisión de ruidos contaminantes: NOM011STPS y NOM080STPS y NOM081ECOL. Las dos primeras regulan la emisión de sonidos o de ruidos en el ámbito laboral y la otra es de carácter general.
Si usted le pregunta a alguna autoridad si las conoce, pago tronchado si alguna le dice que sí. Pero si le dice a la autoridad (competente para aplicar esta norma) que le informe qué es lo que ha hecho al respecto, lo correrán a patadas de su oficina porque pensarán que es usted un vago vacilador, sin oficio ni beneficio, que nadamas anda preguntando tonterías para poner en aprietos a nuestras sacrificadas autoridades.¿Cuántos de nosotros somos contumaces violadores de la norma? Eso es lo de menos, sobre todo cuando ya llevamos un six y todavía nos quedan tres de 24 en la hielera. Tenemos, desde luego, un grado de responsabilidad, pero cuando una disposición de este tipo es violentada, pues para eso existen las autoridades, justamente para impedir, con la ley en la mano, que usted viole la norma cuando hay un evidente perjuicio a los demás. Le aseguro que nadie va a ir a levantar una denuncia para que se corrija el problema. La norma dice que usted debe levantar su queja ante la Secretaría de Salubridad y Asistencia que ya no existe. Entonces ¿a dónde? Por lo pronto al municipio.Si a usted lo detiene la policía cuando anda “happy” maleconeando, con su Pioner a todo lo que da, el alto volumen del sonido, hará que batallen hasta para pedirle la licencia porque nadie escucha nada. Jamás se les ocurrirá a los agentes pedirle que le baje el volumen porque está infringiendo la norma sobre ruido. Ni siquiera lo pensarán porque ya todos nos acostumbramos a padecer a los estridentes, son parte del paisaje urbano, lo que los hace casi invisibles. Los toleramos por frecuentes.
Poco a poco se pierde uno de los valores que desde siempre había tenido La Paz: el silencio, o para dar una idea más precisa, la ausencia de ruido.
El nivel de ruido se mide con sonímetros o sonómetros que registran la cantidad de decibeles que produce una fuente cualquiera. Cuando se tienen 10 decibeles no pasa nada, casi ni escucha.
Cuando el ruido supera los 110 decibeles usted puede resultar afectado por alguna enfermedad de tipo vestibular o de pérdida del equilibrio. También se puede quedar gradualmente sordo si está sometido a fuentes de ruido permanentes de ese nivel y mayores. Dolor de oídos. Problemas de insomnio, cambios en el comportamiento, pérdida de capacidad para concentrarse, aislamiento; y en algún momento, puede empezar a escuchar una especie de murmullos. En fin, que llevado el padecimiento al extremo, puede usted quedar más sordo que una tapia. Así que si usted piensa que puede tener algún problema auditivo ocasionado por el ruido excesivo, vaya adonde tenga que ir y hágase una audiometría tonal. Bueno, nomás vaya al doctor.
Para que usted, ruidoso lector, tenga una idea aproximada, de cuanto ruido despiden 70 decibeles pues solamente encienda su licuadora. El sonido que emite su molcajete electrónico produce un nivel ligeramente por arriba de lo que permite la norma.
La NOM-081-ECOL-1994 establece que “El nivel de emisión de ruido máximo permisible en fuentes fijas es de 68 dB (A) de las seis a las veintidós horas, y de 65 dB de las veintidós a las seis horas.” Esto es válido para los establecimientos industriales, comerciales, de servicio público y en general para toda edificación nueva o existente. ¿Alguien la cumple? O mejor dicho, ¿alguna autoridad vigila que se cumpla la norma?
En Baja California Sur, es necesario que se revisen los niveles permitidos de ruido máximo definidos en la norma, porque debido a las características geográficas y climatológicas que prevalecen, se produce un hecho físico curioso, que permite a las ondas sonoras viajar a mucho mayor distancia. Pero esta tarea es para nuestros nuevos y flamantes diputados, quienes deberán legislar sobre este problema y para ello deberán asesorarse de físicos y ambientalistas y, de pasada, que nos expliquen a todos porqué sucede este fenómeno.
Así que la próxima ocasión que le digamos al sayo que le suba no espere que nadie le diga: ¡bájale!
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
19 abril 2005
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