31 marzo 2005

VÍA CRUCIS FINANCIERO

Si usted va a un banco o a cualquier entidad financiera, a solicitar un crédito para montar un negocio (changarro o lo que sea), lo primero que le solicitarán es que el negocio que está proponiendo sea realmente negocio, que obtenga utilidades; también le harán un análisis personal o de su empresa, o ambos, según el caso, para acreditar sin dudas razonables que tenga un buen historial crediticio y capacidad de pago, en donde se analiza lo que produce o producirá el negocio para definir, entre otras cosas, el plazo en el cual se liquidará el financiamiento. Mientras mayor sea el crédito también serán mayores los requisitos y los análisis que hará la entidad financiera. Una de las tareas básicas que tienen que realizar los técnicos encargados de este tipo de análisis, consiste en ir a ver, en compañía de los interesados, físicamente, el lugar en donde se encuentra el negocio o el espacio en donde se instalará en caso de que sea uno nuevo. Desde luego, y generalmente es el principio de todo, está el insalvable análisis jurídico, el examen de los documentos legales del solicitante, tales como acta constitutiva, poderes, registros, escrituras públicas de diverso tipo, identificaciones, etc. Esto es de kinder. Es lo mínimo, sin hacer esto simplemente no prospera la solicitud. Este procedimiento, con énfasis y variaciones en un sentido o en otro, es o debe ser independiente de la fuente de recursos para el financiamiento, es decir, sin tomar en cuenta si el dinero que se prestará es de origen público o privado. Cuando el dinero es público, y tiene un origen federal las cosas se complican sobremanera por los controles a los que se sujeta este tipo de fondos. Si algo no está bien, si algo huele mal, o aún sin oler está mal, ya no se continua la gestión del financiamiento, al menos existe la obligación ética de la entidad financiera de detener el proceso.
Por ello extraña, por decir lo menos, el caso del crédito que otorgo el Fondo de Apoyo a Empresas Sociales (FONAES) a una cooperativa denominada “Hermanos Mayoral Arce S de RLMI” en la que se integran supuestamente productores de la zona de La Purísima y, al decir de los mismos, otras tres personas que no conocen (¿), según las notas que al respecto ha publicado Araceli Hernández en esta casa editorial . El financiamiento fue otorgado, según la versión de los “cooperativistas” para elaboración de dulces, cría de chivas y otros (¿) en la zona de La Purísima. ¿Usted cree amable lector, que se necesitan casi cinco millones de pesos para financiar proyectos de campesinos de muy baja condición tecnológica? Aparece en la gestión, y de hecho da origen a todo el proceso hasta culminar con el financiamiento un gestor, un “consultor”, Arturo González Ramírez, vecino del titular del FONAES y su supuesto compadre (él lo ha negado), quien probablemente preparó los proyectos de inversión; además, constituye la cooperativa para recibir el financiamiento y, supongo, que también la registra y eleva a escritura pública el acta constitutiva y la da de alta en Hacienda. ¿Y el FONAES? Para Rypley. Nadie puede formar una cooperativa usando copias fotostáticas de las identificaciones de los futuros miembros, al menos no legalmente. Simplemente no se puede. El estratosférico financiamiento por 4.95 millones de pesos lo recibe un tal Erick Santiesteban Espíndola en propia mano mediante un cheque, no de caja ni certificado, uno simple, quien, además, no vive en la zona de La Purísima y da como domicilio conocido el municipio de Los Cabos (¿). Ya situados en el terreno de lo inverosímil, el 8 de diciembre de 2004 “el consultor” (recordemos que éste no tiene vela en el entierro porque, hasta donde sabemos, ni siquiera forma parte de la empresa) le envía un comunicado kafkiano al titular de FONAES, en donde le indica que la cooperativa consideró mejor operar el proyecto turístico (¿) en La Paz y no en Los Cabos, pero como los socios no aceptaron él, humildemente, y de manera por demás absurda, le indica que por esa razón asumía toda la responsabilidad por el financiamiento otorgado ( en este punto debemos suponer que el “consultor” ha decidido que él se embolsará pagará, tal vez, el financiamiento que con muchos trabajos obtuvo). Ni más ni menos a este “consultor” le permitió el FONAES hacer la gestión de los proyectos y del financiamiento. Al llegar aquí, de plano ya no entendí nada. ¿Dónde estaban los del FONAES? ¿Los agarraron dormidos? Resulta que este tipo de financiamientos puede llevarse hasta un año de gestiones (a veces más), reuniones con los interesados, visitas, análisis, revisiones y mas requisitos hasta que se concreta el financiamiento. Durante el tiempo que duró la gestión ¿En dónde estaba el personal de FONAES? Hay sucesos que nadie se explica que puedan llevarse a cabo de manera legal, y sin embargo, se realizan, ¿cómo es esto posible? Pues muy simple, se conforma una pequeña o gran banda y ya todos dentro, a valores entendidos, pues a darle. Todo este asunto apesta, y dudamos que recuperen algo de lo perdido incluyendo su prestigio, si alguna vez lo tuvieron ¿No lo cree usted?

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