- Ese hombre es un demonio, tiene pacto con el diablo. Ningún ser humano normal puede extraer esos sonidos inauditos, inconcebibles al tocar el violín con ese grado de dificultad y virtuosismo.
En determinadas condiciones, su aspecto físico daba sustento a esta aseveración, en especial cuando desplegaba sus talentos en el escenario. Era excesivamente delgado, cadavérico, cabello ensortijado y grandes patillas. Su aspecto lució más demoníaco y siniestro cuando fue necesario sacarle todos los dientes debido a una enfermedad. Se dijo que lo habían contagiado de sífilis en uno de sus perpetuos amoríos de escándalo; algunos aseguran que su muerte se debió a un cáncer de garganta; otros sostienen, también, que padecía tuberculosis y ésta fue la que finalmente lo mató a los 58 años. Los rumores de la época, afirman que fue sentenciado por un crimen. Era enjundioso para los negocios, aún los ilegales, a tal grado que a los 55 años, monto a todo lujo un casino en París, en el que había música y algo de juego, lo llamó “Casino Paganini”, a los dos meses cerro perdiendo un dineral. Tenía cierta adicción a los juegos de azar, tanto, que en 1800 perdió uno de sus violines Guarnerius en una apuesta. Amaba a las mujeres hermosas y a las no tan agraciadas. Hacia el final de su vida, perdió la voz y se comunicaba solamente por medio de recados escritos. Y al morir en Niza, Francia, su cuerpo tuvo que pasar 36 años en un sótano porque el obispo de esa ciudad siempre pensó que Niccolo Paganini tenia tratos con el Chamuco y, en castigo, no permitió que su alma descansara en paz, en un sepulcro cristiano, hasta que el mismísimo Papa autorizo su traslado para ser enterrado en su país, Italia, en el suelo cristiano del cementerio de Parma.
Era lo que hoy podríamos identificar como un tipo desmadroso, parrandero, jugador y enamorado y un genio apasionado del violín; pero a pesar de estas aptitudes, no hubo en su tiempo, ni ha habido hasta hoy, un músico tan original y con ese grado de virtuosismo y maestría para tocar el violín.
Rodeado de leyendas y mitos, de un halo siniestro y diabólico que él mismo se inventó y explotó con brillantez durante toda su existencia, la vida de este genial músico nacido el 27 de octubre de 1782 estuvo siempre acompañada de éxitos apoteósicos en sus presentaciones en las capitales europeas mas importantes de fines del siglo XVIII y principios del XIX en una Europa amante de la buena música, en donde se apreciaba, por encima de todo, a los grandes maestros de moda en la época. Eran los tiempos de la música y la literatura.
Fue admirado por los grandes maestros de su época. A todos los sedujo, sin excepción lo amaron, lo copiaron o trataron de piratearle su sistema para adecuarlo a diversos instrumentos. Hubo compositores que lo siguieron por varios países de Europa solamente para aprender sus secretos en la composición y para verlo en plena ejecución de su instrumento diabólico.
Superó a los más grandes maestros virtuosos de la época como el inigualable teórico, compositor y ejecutante Giuseppe Tartini, el más prolífico de esa época, quien fue, por cierto, rescatado de la aburrida y solitaria vida monacal y eclesiástica gracias al arrebatado amor de una mujer que lo obligo a colgar los hábitos alejándolo de las bendiciones del Señor.
Misterioso y críptico, Paganini no fue profuso en la publicación de su obra en vida por el celo profesional que lo caracterizó durante toda su existencia. Y guardó en lo más profundo sus conocimientos y sus obras, vivió lleno de secretos. Pero siempre tuvo disposición para la enseñanza alcanzando el grado de Doctor de Música de la Universidad de Oxford.
Existe una carta escrita por una mujer de la nobleza quien conoció personalmente a Paganini en una de sus magistrales presentaciones. En el documento, hace una descripción de él partir del momento en que vio a Niccolo en el escenario. Al oír o leer este testimonio, como usted guste, (yo la escuché en inglés leída por una mujer de voz majestuosa), deja en el escucha o lector, la impresión de que conforme avanzaba la interpretación del maestro, las mujeres quedaban inmediatamente prendadas, fascinadas, vibraban por su maestría, por su aspecto y por la teatralidad que le imprimía a su actuación. En especial al advertir como acariciaba y maltrataba su Guarneri del Gesu de 1742 para extraerle sonidos jamás escuchados. En plena actuación, y a propósito, rompía las cuerdas del violín y continuaba tocando aún mejor; solía tocar con una sola cuerda mientras retiraba las otras tres, sin romperlas, y dejando una, permanecía tocando con tal destreza que daba la impresión de no tocar un solo violín sino cuatro o cinco, simultáneamente, a dos o tres voces. Y esta fascinación pública ejercida sobre sus auditorios, era explotada muy bien por el gran Paganini, el mismo la provocaba, porque era, además, un consumado maestro en el arte de hacerse publicidad.
Por eso hechizó con su repertorio y casi volvió loca de admiración a Elisa Bacciochi hermana de Napoleón, Princesa de Lucca y Piombo, y más tarde Duquesa de la Toscana; ésta voluble mujer lo nombró Capitán de la Guardia y su “instructor” personal; como homenaje a esta distinguida dama y por el amor que se profesaban, Paganini le compone a la princesa la obra “Cena amorosa para dos cuerdas”
Su padre, Antonio Cervetto, fue su primer maestro, era un ejecutante mediano de la mandolina y el violín. El viejo porteño de Génova estaba decidido a que su hijo alcanzara la fama como ejecutante y compositor, pero no sería con la mandolina sino con el violín. A temprana edad Niccolo adopto el violín para siempre con el regocijo de todos los que hemos escuchado sus obras. También le dio clases el primer violín de Génova, el maestro Giacomo Costa hasta que ya no le pudo enseñar nada más. Hubo, asimismo, famosos maestros violinistas quienes se negaron a darle clase después de escucharlo tocar porque consideraron imposible aportar algo nuevo al talento del gran solista endemoniado.
Fue un niño prodigio, digamos que a la manera de Mozart, porque desde los ocho años según algunos o desde los nueve según otros, tocó su primer concierto, sin embargo, ya desde temprana edad ejecutaba solos de violín en la iglesia de su pueblo, cada domingo, y desde los cinco años, tocaba con soltura la mandolina.
Es a partir de 1813, a los 31 años cuando tiene lugar su primer magno concierto en el mítico teatro de La Escala de Milán en donde obtiene un triunfo apoteósico y el reconocimiento de todos en Italia gracias a su virtuosismo para tocar el violín. Le siguieron otros 11 exitosos conciertos en Milán, ciudad que en ese tiempo era considerada una de las capitales culturales mas importantes de Europa. Al fin obtuvo en Italia, su patria, el reconocimiento nacional. Pero todavía pasarían varios años antes de que el genio de Paganini inundara las principales capitales europeas con su talento. Es a partir de 1828 cuando decide convertirse en un “artista internacional” iniciando sus presentaciones en Viena. Este es el momento clave en el cual Paganini resuelve ampliar sus presentaciones por toda Europa.
Fue un compositor original, músico completo e interprete muy destacado, además de ser rico y famoso en toda Europa. Las audiencias de Francia, Alemania, Inglaterra, Austria, Escocia y de muchos otros países y capitales europeas, se le entregaron después de escucharlo interpretar apasionadamente las mejores piezas de su repertorio. En París conoce al compositor húngaro Franz Lizt quien quedó tan impresionado por los métodos y técnicas de Paganini que lo llevaron a desarrollar técnicas especiales para el piano con base en lo que éste había hecho con el violín y escribe sus Estudios de Paganini.
Entre 1799 y 1802 termina sus 24 Caprichos, obra fuera de serie por la influencia que tuvo en los compositores e interpretes de la época. Originalmente concebidos como una serie de técnicas de entrenamiento, esta obra evolucionó rápidamente hasta convertirse en estudios que influenciaron a músicos como Brahms, Lutoslawski, Rachmaninoff y muchos otros. Los 24 Caprichos de Paganini representan, también, una forma de perfeccionamiento en las escuelas de música del mundo entero y son utilizadas por ejecutantes expertos que requieren alcanzar exquisitez y agilidad en la ejecución de sus instrumentos de cuerda.
En esa época no hubo ninguno de los grandes interpretes y compositores que no le tuvieran una genuina admiración, entre ellos Chopin, Liszt, Schumann y Brahms. El tremendo impacto causado por sus ejecuciones al violín provocaban toda clase de comentarios, Schubert exclamó después de oírlo tocar “he escuchado un ángel”; Schumann también señaló al escuchar a Paganini “uno tiene miedo, uno se ríe, uno es reducido a la desesperación”.
Si comparamos las 125 creaciones legadas por Tartini, con las relativamente escasas obras que compuso Niccolo Paganini observamos que su producción fue parca pero contiene el maravilloso talento y la fantasía de un hombre “único en su especie” como bien dijo Berlioz. Su genialidad en la ejecución de este instrumento, nos permite asegurar que la historia del violín se clasifica en dos épocas: antes y después de Paganini quien no ha sido, hasta la fecha, superado por nadie del genero humano y en el plano celestial pues no sabemos.
Entre las virtudes de Paganini destaca su sagacidad como buen comerciante de sus destrezas y decidió vender, bien y caros, sus conciertos por toda Europa. Es así que en una de sus frecuentes visitas a Paris le rogaron actuar en una obra de beneficencia y rotundamente se negó -se supone que no le pagarían sus honorarios- y esta actitud le provocó ataques y agresiones inusuales por parte de la prensa y la iglesia de la época y lo condenaron por avaro y miserable. Otro tanto le ocurrió en Inglaterra cuando los precios de las entradas a su concierto alcanzaron cifras impagables, a tal grado, que se suspendió el primer concierto y tuvo que reducir el precio de los boletos para iniciar sus conciertos en Londres. Esta mala fama lo persiguió toda su vida pero no consiguieron hacer mella de su genio. Todos estos molestos episodios solamente acrecentaron su fama y fortuna.
Es probable que el origen del rechazo sufrido por Paganini de parte de algunos jerarcas de la iglesia, haya sido motivado por su negativa a actuar en algunos conciertos de beneficencia a los que fue invitado, y si sumamos a ésta hipótesis la fama de ángel del mal que lo acompaño siempre, pues simplemente les confirmo a los dirigentes de la iglesia que, en efecto, el buen Niccolo sí tenía tratos inconfesables con Satanás. La factura por estos incidentes y malos entendidos se la harían pagar muy caro al genio aún después de su muerte.
A su fallecimiento en el 27 de mayo de 1840, la colección de 22 instrumentos musicales que poseía Paganini entre violines, violas y cellos, jamás volverían a sonar igual; entre ellos, los 11 Stradivarius, los Amati y los Guarneri quedaron mudos, en silencio, muertos también y para siempre junto con su amo.
Algunas de las obras, imprescindibles, que usted debe escuchar, si las consigue, son: 24 Caprichos para Violín Solo, Opus 1 y Conciertos para Violín y Orquesta números 1,2,3,4,5 y 6. Y cuando los escuche cierre los ojos e imagínelo desplegando su talento espectacular sobre su Guarnerius favorito, en un escenario como el de La Escala de Milán, en la cúspide.
Buen provecho. jmes_24@hotmail.com
En determinadas condiciones, su aspecto físico daba sustento a esta aseveración, en especial cuando desplegaba sus talentos en el escenario. Era excesivamente delgado, cadavérico, cabello ensortijado y grandes patillas. Su aspecto lució más demoníaco y siniestro cuando fue necesario sacarle todos los dientes debido a una enfermedad. Se dijo que lo habían contagiado de sífilis en uno de sus perpetuos amoríos de escándalo; algunos aseguran que su muerte se debió a un cáncer de garganta; otros sostienen, también, que padecía tuberculosis y ésta fue la que finalmente lo mató a los 58 años. Los rumores de la época, afirman que fue sentenciado por un crimen. Era enjundioso para los negocios, aún los ilegales, a tal grado que a los 55 años, monto a todo lujo un casino en París, en el que había música y algo de juego, lo llamó “Casino Paganini”, a los dos meses cerro perdiendo un dineral. Tenía cierta adicción a los juegos de azar, tanto, que en 1800 perdió uno de sus violines Guarnerius en una apuesta. Amaba a las mujeres hermosas y a las no tan agraciadas. Hacia el final de su vida, perdió la voz y se comunicaba solamente por medio de recados escritos. Y al morir en Niza, Francia, su cuerpo tuvo que pasar 36 años en un sótano porque el obispo de esa ciudad siempre pensó que Niccolo Paganini tenia tratos con el Chamuco y, en castigo, no permitió que su alma descansara en paz, en un sepulcro cristiano, hasta que el mismísimo Papa autorizo su traslado para ser enterrado en su país, Italia, en el suelo cristiano del cementerio de Parma.
Era lo que hoy podríamos identificar como un tipo desmadroso, parrandero, jugador y enamorado y un genio apasionado del violín; pero a pesar de estas aptitudes, no hubo en su tiempo, ni ha habido hasta hoy, un músico tan original y con ese grado de virtuosismo y maestría para tocar el violín.
Rodeado de leyendas y mitos, de un halo siniestro y diabólico que él mismo se inventó y explotó con brillantez durante toda su existencia, la vida de este genial músico nacido el 27 de octubre de 1782 estuvo siempre acompañada de éxitos apoteósicos en sus presentaciones en las capitales europeas mas importantes de fines del siglo XVIII y principios del XIX en una Europa amante de la buena música, en donde se apreciaba, por encima de todo, a los grandes maestros de moda en la época. Eran los tiempos de la música y la literatura.
Fue admirado por los grandes maestros de su época. A todos los sedujo, sin excepción lo amaron, lo copiaron o trataron de piratearle su sistema para adecuarlo a diversos instrumentos. Hubo compositores que lo siguieron por varios países de Europa solamente para aprender sus secretos en la composición y para verlo en plena ejecución de su instrumento diabólico.
Superó a los más grandes maestros virtuosos de la época como el inigualable teórico, compositor y ejecutante Giuseppe Tartini, el más prolífico de esa época, quien fue, por cierto, rescatado de la aburrida y solitaria vida monacal y eclesiástica gracias al arrebatado amor de una mujer que lo obligo a colgar los hábitos alejándolo de las bendiciones del Señor.
Misterioso y críptico, Paganini no fue profuso en la publicación de su obra en vida por el celo profesional que lo caracterizó durante toda su existencia. Y guardó en lo más profundo sus conocimientos y sus obras, vivió lleno de secretos. Pero siempre tuvo disposición para la enseñanza alcanzando el grado de Doctor de Música de la Universidad de Oxford.
Existe una carta escrita por una mujer de la nobleza quien conoció personalmente a Paganini en una de sus magistrales presentaciones. En el documento, hace una descripción de él partir del momento en que vio a Niccolo en el escenario. Al oír o leer este testimonio, como usted guste, (yo la escuché en inglés leída por una mujer de voz majestuosa), deja en el escucha o lector, la impresión de que conforme avanzaba la interpretación del maestro, las mujeres quedaban inmediatamente prendadas, fascinadas, vibraban por su maestría, por su aspecto y por la teatralidad que le imprimía a su actuación. En especial al advertir como acariciaba y maltrataba su Guarneri del Gesu de 1742 para extraerle sonidos jamás escuchados. En plena actuación, y a propósito, rompía las cuerdas del violín y continuaba tocando aún mejor; solía tocar con una sola cuerda mientras retiraba las otras tres, sin romperlas, y dejando una, permanecía tocando con tal destreza que daba la impresión de no tocar un solo violín sino cuatro o cinco, simultáneamente, a dos o tres voces. Y esta fascinación pública ejercida sobre sus auditorios, era explotada muy bien por el gran Paganini, el mismo la provocaba, porque era, además, un consumado maestro en el arte de hacerse publicidad.
Por eso hechizó con su repertorio y casi volvió loca de admiración a Elisa Bacciochi hermana de Napoleón, Princesa de Lucca y Piombo, y más tarde Duquesa de la Toscana; ésta voluble mujer lo nombró Capitán de la Guardia y su “instructor” personal; como homenaje a esta distinguida dama y por el amor que se profesaban, Paganini le compone a la princesa la obra “Cena amorosa para dos cuerdas”
Su padre, Antonio Cervetto, fue su primer maestro, era un ejecutante mediano de la mandolina y el violín. El viejo porteño de Génova estaba decidido a que su hijo alcanzara la fama como ejecutante y compositor, pero no sería con la mandolina sino con el violín. A temprana edad Niccolo adopto el violín para siempre con el regocijo de todos los que hemos escuchado sus obras. También le dio clases el primer violín de Génova, el maestro Giacomo Costa hasta que ya no le pudo enseñar nada más. Hubo, asimismo, famosos maestros violinistas quienes se negaron a darle clase después de escucharlo tocar porque consideraron imposible aportar algo nuevo al talento del gran solista endemoniado.
Fue un niño prodigio, digamos que a la manera de Mozart, porque desde los ocho años según algunos o desde los nueve según otros, tocó su primer concierto, sin embargo, ya desde temprana edad ejecutaba solos de violín en la iglesia de su pueblo, cada domingo, y desde los cinco años, tocaba con soltura la mandolina.
Es a partir de 1813, a los 31 años cuando tiene lugar su primer magno concierto en el mítico teatro de La Escala de Milán en donde obtiene un triunfo apoteósico y el reconocimiento de todos en Italia gracias a su virtuosismo para tocar el violín. Le siguieron otros 11 exitosos conciertos en Milán, ciudad que en ese tiempo era considerada una de las capitales culturales mas importantes de Europa. Al fin obtuvo en Italia, su patria, el reconocimiento nacional. Pero todavía pasarían varios años antes de que el genio de Paganini inundara las principales capitales europeas con su talento. Es a partir de 1828 cuando decide convertirse en un “artista internacional” iniciando sus presentaciones en Viena. Este es el momento clave en el cual Paganini resuelve ampliar sus presentaciones por toda Europa.
Fue un compositor original, músico completo e interprete muy destacado, además de ser rico y famoso en toda Europa. Las audiencias de Francia, Alemania, Inglaterra, Austria, Escocia y de muchos otros países y capitales europeas, se le entregaron después de escucharlo interpretar apasionadamente las mejores piezas de su repertorio. En París conoce al compositor húngaro Franz Lizt quien quedó tan impresionado por los métodos y técnicas de Paganini que lo llevaron a desarrollar técnicas especiales para el piano con base en lo que éste había hecho con el violín y escribe sus Estudios de Paganini.
Entre 1799 y 1802 termina sus 24 Caprichos, obra fuera de serie por la influencia que tuvo en los compositores e interpretes de la época. Originalmente concebidos como una serie de técnicas de entrenamiento, esta obra evolucionó rápidamente hasta convertirse en estudios que influenciaron a músicos como Brahms, Lutoslawski, Rachmaninoff y muchos otros. Los 24 Caprichos de Paganini representan, también, una forma de perfeccionamiento en las escuelas de música del mundo entero y son utilizadas por ejecutantes expertos que requieren alcanzar exquisitez y agilidad en la ejecución de sus instrumentos de cuerda.
En esa época no hubo ninguno de los grandes interpretes y compositores que no le tuvieran una genuina admiración, entre ellos Chopin, Liszt, Schumann y Brahms. El tremendo impacto causado por sus ejecuciones al violín provocaban toda clase de comentarios, Schubert exclamó después de oírlo tocar “he escuchado un ángel”; Schumann también señaló al escuchar a Paganini “uno tiene miedo, uno se ríe, uno es reducido a la desesperación”.
Si comparamos las 125 creaciones legadas por Tartini, con las relativamente escasas obras que compuso Niccolo Paganini observamos que su producción fue parca pero contiene el maravilloso talento y la fantasía de un hombre “único en su especie” como bien dijo Berlioz. Su genialidad en la ejecución de este instrumento, nos permite asegurar que la historia del violín se clasifica en dos épocas: antes y después de Paganini quien no ha sido, hasta la fecha, superado por nadie del genero humano y en el plano celestial pues no sabemos.
Entre las virtudes de Paganini destaca su sagacidad como buen comerciante de sus destrezas y decidió vender, bien y caros, sus conciertos por toda Europa. Es así que en una de sus frecuentes visitas a Paris le rogaron actuar en una obra de beneficencia y rotundamente se negó -se supone que no le pagarían sus honorarios- y esta actitud le provocó ataques y agresiones inusuales por parte de la prensa y la iglesia de la época y lo condenaron por avaro y miserable. Otro tanto le ocurrió en Inglaterra cuando los precios de las entradas a su concierto alcanzaron cifras impagables, a tal grado, que se suspendió el primer concierto y tuvo que reducir el precio de los boletos para iniciar sus conciertos en Londres. Esta mala fama lo persiguió toda su vida pero no consiguieron hacer mella de su genio. Todos estos molestos episodios solamente acrecentaron su fama y fortuna.
Es probable que el origen del rechazo sufrido por Paganini de parte de algunos jerarcas de la iglesia, haya sido motivado por su negativa a actuar en algunos conciertos de beneficencia a los que fue invitado, y si sumamos a ésta hipótesis la fama de ángel del mal que lo acompaño siempre, pues simplemente les confirmo a los dirigentes de la iglesia que, en efecto, el buen Niccolo sí tenía tratos inconfesables con Satanás. La factura por estos incidentes y malos entendidos se la harían pagar muy caro al genio aún después de su muerte.
A su fallecimiento en el 27 de mayo de 1840, la colección de 22 instrumentos musicales que poseía Paganini entre violines, violas y cellos, jamás volverían a sonar igual; entre ellos, los 11 Stradivarius, los Amati y los Guarneri quedaron mudos, en silencio, muertos también y para siempre junto con su amo.
Algunas de las obras, imprescindibles, que usted debe escuchar, si las consigue, son: 24 Caprichos para Violín Solo, Opus 1 y Conciertos para Violín y Orquesta números 1,2,3,4,5 y 6. Y cuando los escuche cierre los ojos e imagínelo desplegando su talento espectacular sobre su Guarnerius favorito, en un escenario como el de La Escala de Milán, en la cúspide.
Buen provecho. jmes_24@hotmail.com
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