31 agosto 2006

UNIVERSIDADES PATITO

Así se les llama a las instituciones dizque de educación superior y son universidades fundamentalmente privadas. Esta denominación genérica la reciben también todos aquellos negocios privados que han crecido como hongos para ofrecer una mercancía con la que, huecamente, prometen “carreras profesionales de excelencia”. Pero a la hora de los análisis rigurosos sobre las características de la formación que imparten no satisfacen, ni de panzazo, los requerimientos mínimos de calidad en la educación que venden. Muchas de estos negocios venden estatus, otras más, grados e ilusiones, pero no conocimientos. Juegan con la ingenuidad de padres y alumnos que suponen, sin mayor información, que las universidades en donde se paga, garantizan, por ese sólo hecho, una buena educación para sus hijos. El daño es siempre para los más pobres y para la clase media emergente en busca de ascenso social. En un reciente estudio de la UNAM, auspiciado por la Academia Mexicana de la Ciencia (AMC) y el Centro de Estudios sobre la Universidad (CESU), al que llamaron “De la Privatización a la Mercantilización de la Educación Superior”, se realizó un análisis contundente y dramático conforme a diversas variables e indicadores, el cual destaca en una de sus conclusiones esenciales que estos negocios educativos “...dan cuenta de la existencia de un enorme fraude educativo en el país”.
En Baja California Sur disponemos solamente de una carrera profesional certificada que ofrece la UABCS de un total de 14 disponibles. Esta huerfanita, imparte formación profesional de acuerdo a estándares internacionales de calidad. Sí, incrédulo lector, es solamente una licenciatura. La certificación obtenida es para esa carrera solamente, no abarca a la universidad en su conjunto ni se incluye en esta validación a todas las carreras que se ofrecen.
No lo digo yo.
Quien lo afirma es el organismo denominado Consejo para la Acreditación de la Educación Superior, A. C. (COPAES), fundado el 24 de octubre de 2000, quien a juzgar por su página de Internet (http://www.copaes.org.mx/index.htm) “es la única instancia validada por la Secretaria de Educación Publica para conferir reconocimiento oficial a los organismos acreditadores de los programas académicos que se imparten en este nivel educativo en México”. Los organismos acreditadores a los que se refiere el COPAES y que cuentan con su reconocimiento para certificar carreras y estudios a nivel de licenciatura o equivalentes “están facultados para llevar a cabo los procesos de evaluación conducentes a la acreditación de programas de nivel de licenciatura y de técnico superior universitario o profesional asociado, en áreas definidas del conocimiento, en las instituciones publicas y privadas de todo el país”.
Según información pública de uno de estos organismos certificadores especializados denominado Asociación Nacional de Profesionales del Mar, A.C. (ANPROMAR), autorizado por el COPAES para cumplir con esta función desde el 9 de octubre de 2002, la Licenciatura en Biología Marina de la UABCS es la única carrera profesional certificada existente en todo el estado de Baja California Sur. En 30 años de existencia, nuestra universidad pública, ha logrado la certificación de una sola licenciatura, hecho insólito logrado casi a fines de la administración universitaria anterior. Y tendrá que pasar por el mismo proceso de legitimación, una vez que termine la vigencia otorgada que vence el 11 de marzo de 2010.
Como yo no puedo enviar a mis hijas a Finlandia o a Japón o ya de perdida a alguna universidad gringa, hoy mi única opción sería elegir a alguna de las universidades privadas de la pléyade existente en nuestro estado, o de plano recurrir a la universidad pública sin tener la certeza mínima de que, al final de sus desvelos, y después de cuatro o cinco años de gastos, esfuerzos, preocupaciones y tiempo, tendrían una aceptable y competitiva preparación profesional.
Cuando mis inteligentísimas y hermosas hijas iniciaron sus estudios no había ninguna carrera profesional certificada, es decir, no existía una sola institución local de enseñanza superior que cubriera los requisitos mínimos de calidad en la formación profesional de sus alumnos, ni pública ni privada. En ese tiempo apenas había algo que se parecía a una universidad. Y ni modo, aún dentro de sus grandes carencias es indiscutible que las universidades públicas son una razonable opción para quienes desean estudiar una carrera profesional, aunque tampoco están a salvo de ser timados. No hay garantía. Es claro que si no se han certificado 13 licenciaturas es porque no tienen la calidad requerida.
Un ejemplo destacable de universidad pública es el de la UNAM la cual, según The Times, de un estudio de 500 universidades en el mundo, se ubicó entre las mejores 100, más precisamente en el lugar numero 95.
Usted, perspicaz lector, dígame si las parvadas de universidades patito ayudarán en algo para superar este reto descomunal: “la primera vez la humanidad tardó mil 750 años en duplicar el volumen de sus conocimientos; la siguiente, le tomó 150 años duplicarlo, la subsiguiente 50. Hoy se duplica cada cinco años y se estima que en 2020 se duplicará cada 73 días”.
¿Quiere usted responsables de la proliferación de universidades patito que forman profesionales cua cua en nuestro estado maravilla? Pues vaya a la Secretaría de Educación Pública del estado y que le informen porqué se les otorgó el permiso para operar sin estar certificadas. Para crear y operar una universidad patito sólo se ocupa un puñado de dinero y un conjunto de vivales. Ah, y también contar con autoridades complacientes y dispuestas a todo.

01 agosto 2006

LAS PLAZAS ETERNAS

Son las que tienen los llamados “empleados de base”. Así se les conoce a los abnegados trabajadores que logran obtener, para siempre, la permanencia en un empleo en los municipios o en el gobierno del estado, a través de una de esas codiciadas plazas. Es una garantía perenne en la exacción de los fondos públicos. Quienes la consiguen, no la dejarán nunca, ni siquiera muertos y la pelearán hasta con las uñas. Una vez obtenida, esta plaza se transmuta en un patrimonio familiar, es como si de pronto tuvieran una casa que le pueden heredar a la familia, con la diferencia de que nunca se acaba. Sin testamento de por medio, los dueños formales de este bien lo pueden regalar como si fuera un carro, como si formara parte de su riqueza personal para el disfrute de ellos y su familia, por siempre y para siempre. Por los siglos de los siglos. Las plazas de base son indestructibles.
Tienen una especie de logro sindical que se formaliza, con todas las de la ley, en algo que el propio Mister Ripley llamaría “Condiciones Generales de Trabajo”, donde se les autoriza a heredar la plaza a su esposa, a sus hijos, a sus yernos, a sus nietos o a cualquier familiar cercano o lejano. Estos trabajadores poseen un bien de incalculable valor: la certeza jurídica de que nunca perderán sus derechos sobre la plaza que ostentan y que tampoco sus familiares quedarán en el abandono si el titular de la plaza muere, se jubila o incapacita. El feliz poseedor de la plaza simplemente decide a quién se la hereda, y lo puede hacer en vida o dejar en manos de la familia la decisión crucial de quién podrá beneficiarse con tan apetecida colocación.
Los dueños actuales de la plaza de base, hicieron, en su momento, hasta lo imposible para cambiar los bienes intangibles de sus buenas relaciones con los poderosos y la fuerza de su sindicato, por un bien tangible, contante y sonante, ambicionado por cualquiera. Y lo lograron. No están sujetos a recortes, ni a evaluaciones de su desempeño, no pierden su empleo por cambios de administración, no están obligados a elevar la productividad; de hecho, están a salvo de cualquier vendaval que ponga en riesgo su patrimonio laboral familiar. Las autoridades pueden correr a todos los empleados... menos a ellos o a ellas ¿porqué?, pues porque tienen “base”. Así que, filántropo lector, becaremos a la familia beneficiaria por varias generaciones. Aunque usted no lo crea.
Escucharemos todos los años a los basificados exigiendo más salario, más prestaciones, más bonos, más premios, útiles escolares, vacaciones, ropa y zapatos, nieve de chunique y prebendas al por mayor; siempre piden más de todo... y se los dan. Y jamás escuchará usted, pagano y optimista lector, que a cambio de los aumentos de salario y prestaciones recibidas, se comprometen a servir con mayor tesón y productividad o a aportar mayor eficacia en su desempeño, no, esos raros conceptos ni siquiera los mientan en sus chorizos interminables de peticiones a las autoridades. Reciben demasiado por lo que aportan.
Ninguno de los heredados comienza desde abajo, no ascienden mediante la cultura del esfuerzo y la productividad, no logran mejores puestos de acuerdo a sus capacidades o a la formación profesional y a la experiencia obtenida. Nada, el beneficiario simplemente asume su puesto regalado con el mismo sueldo y privilegios que tenía su familiar benefactor. No importa cuanto sea el ingreso y tampoco si gana más que otros empleados con mejores aptitudes.
Tampoco importa que el heredero carezca de un perfil idóneo para desempeñarse en el servicio público, o si dispone de formación profesional pertinente o alguna calificación que lo certifique para desempeñar el puesto del titular que se lo heredó. Parten del sencillo razonamiento de que el dueño real les heredó la plaza, no el Ayuntamiento, su patrón, ese ni cuenta. Y si hubiera algún problema, ahí estará al sindicato para defender el sagrado derecho patrimonial en que se han convertido las plazas laborales en el municipio y en el estado. Por eso en cada administración las nóminas engordan hasta la obesidad más delirante, porque se tienen que contratar empleados de confianza, prescindibles, que tengan los perfiles necesarios para los trabajos. Y como no se puede despedir a los de base... pues sobran cientos en un lugar y faltan decenas en otros. Sin exagerar, es la neta.
Tampoco importa mucho que el beneficiario de la herencia familiar nunca en su vida haya trabajado, y por lo tanto, no disponga de ninguna calificación laboral. Eso será lo de menos, “sobran” los lugares en los que se pueden colocar. Así vemos trabajadores que no saben ni trapear un piso, ni hacer una carta, pero refunfuñan cada vez que se les pide ser productivos y trabajar con un mínimo de calidad. Ellos no están para eso. Al fin que nadie los podrá despedir nunca por exceso de personal o por incompetentes. Es más, este calificativo no se les puede aplicar a los empleados de base, ellos no son competentes ni incompetentes, simplemente están ahí, abultando cada año, esa masa amorfa de los llamados empleados de base, de los cuales, sólo una minúscula parte trabaja de a deveras y es eficaz.
¿Cuándo llegamos a este enredo que nadie puede ni quiere resolver?
Porque al final del día, usted, heredero lector, y yo, y miles más, costeamos su salario con los impuestos que nos quitan, y lo que es peor, se los pagaremos durante toda su existencia, generaciones enteras, primero al titular de la plaza y después, al miembro de la familia que se saque el premio de una plaza de base.
Es “su” municipio, “su” inamovible e indestructible fuente de ingresos, pero no porque ahí se ocupen sino porque simplemente les pertenece. Son los propietarios del Ayuntamiento. Ni más ni menos. Olvídese usted del Cabildo, del Presidente Municipal, ellos van de paso, y rápido, los dueños reales y permanentes del municipio son los empleados de base.
Es la visión patrimonialista del estado, que se concreta en su propia entraña. Es un “logro” laboral inconmensurable de los compañeros trabajadores.
¿Usted lector puede entender qué está pasando? ¿O qué pasó? ¿O quién fue?
Yo, confieso que no lo entiendo.

29 julio 2006

TODOS CONTRA TODOS

Esta columna no fue publicada en El Sudacliforniano, solamente en mi espacio, es decir, este que estás leyendo.

Ni más ni menos que así quedaron las cosas después de la elección del 2 de julio.
Hasta hoy sin incluir al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación los árbitros le fallaron a todos los mexicanos, han cometido pifia tras pifia. La sonrisa de felicidad de los supuestos ganadores se convirtió en una mueca trágica. Por sus actitudes y manifestaciones ni ellos mismos creyeron en su propio y contundente “triunfo”. Hoy claman unos que así se queden las cosas, y otros que no, porque se debe tener la certeza total de quién resultó ganador. Y se descubre en nuestros días lo que siempre se supo, lo que estaba ahí soterrado: que el país está dividido en mitades, ni siquiera en tercios. No se necesita ser muy docto para saber que siempre hubo un México tremendamente desigual, lleno de pobres que ahora mismo son más de la mitad de la población, por ahí de los 60 millones o más. Esa mitad de miserables ha estado siempre ahí, sin contar, sin hablar, sin participar, y ahora que decidieron ir a votar, se les vio la cara, aparecieron para decirnos que predominan dos Méxicos, y el de ellos, el abandonado es el más injusto, el mayor de todos y el que padecen más mexicanos. Pero hay otros que no están en un lado ni en otro y tienen una voz que pocas veces conocemos. Es el caso de quienes escriben mensajes e ideas que aparecen en la blogosfera de la red y en cientos de mensajes de correo electrónico que circulan por miles a través del Internet. Este que transcribo es uno de ellos, y usted, lector acucioso, juzgará en qué bando se encuentra el anónimo autor de las líneas que reproduzco y que me fueron enviadas a mi cuenta de correo electrónico. Y aunque no necesariamente coincido con sus ideas, es bueno saber que no solamente existe tu voz lector, la mía y la de otros muchos en este país cada vez más plural y contradictorio. Este es el mensaje.
MEXICANO: Hoy quiero decirte que estoy hasta la madre de tus estúpidas quejas y lloriqueos milenarios. Que estoy hasta la madre de tus inútiles manifestaciones donde no logras nada y sólo chingas a los demás. Que estoy harto de que siempre quieres ser un parásito y vivir del gobierno, quieres que el gobierno te mantenga, te baje precios, te dé luz, agua y tierra, todo quieres en la boca.Maldito huevón...Estoy hasta la madre de tu pendeja frasecita "la tierra es de quien la trabaja" ¿para qué cabrón? De todas formas acabas largándote al otro lado donde la tierra no es de quien la trabaja. Allá la tierra le pertenece a quien tiene el capital para trabajarla, pero eso es algo que tú en tu maldita ignorancia nunca vas a entender.Estoy harto de que te sientas orgulloso de tu estúpido PEMEX creyendo que el petróleo es tuyo ¿y para qué cabrón? Si la gasolina la traes del extranjero. Estoy realmente cansado de ver cómo te haces la víctima para todo y entre más jodido estés, en vez de pelear para salir del hoyo, más te haces la víctima y el ofendido.Estoy harto de ver cómo te haces el ignorante y el ingenuo para tener hijos como un maldito animal sin lograr mantenerlos dignamente. Otra cosita cabrón, ¿en serio crees que la situación y futuro del país está en manos de quien lo gobierne? Me lleva la chingada, por eso no avanzamos.MÉXICO ERES TÚ, no el presidente.Ni el pendejete incompetente de Felipe, ni el mentiroso arrastramasas deManuel Andrés y mucho menos el ratero incongruente y mentiroso de Robertoharán que tu vida sea mejor, ninguno de estos pelagatos será un buen presidente para nuestro país, quienes mejor pueden sacarlo adelante son ustedes, raza, ciudadanos normales pero con los pantalones suficientes para pelear por los sueños del pueblo mexicano.Me da lástima verte cómo dices que la riqueza en México no se distribuye bien, la riqueza no se distribuye, cabrón, se gana con trabajo e inteligencia ¿o qué, no puedes? Piénsalo, pero no dos veces, que no está tan difícil, gente chingona hace gobiernos chingones, no al revés.Atentamente, el águila de tu bandera.En este país de la tragedia sin fin, remato los claroscuros de las inquietantes ideas del mensaje trascrito, para recordar juntos aquel incidente futurista de gran visión que ocurrió en Cuilapam, Oaxaca a finales del mes de abril del año pasado, cuando un solitario estudiante de derecho, en pleno proceso de desafuero, enfrentó al Presidente de la República ondeando una pancarta que decía “Fox traidor de la democracia”. La frase de aquel joven inconforme retrató con precisión lo que, al paso del tiempo, sería el desastre electoral que, preocupados, estamos atestiguando. Una vez en el poder, según hemos visto, la democracia ya no les importa, su nueva obsesión es solamente la lucha por conservarlo, para sí y para su mafia. ¿Y los demás? Esos siempre serán lo de menos, son carne de cañón.

12 julio 2006

EL TAMAÑO DEL MIEDO

Parece que pudo más el pánico que la certeza democrática.
¿Porqué tirar a la basura lo que pudo ser una gran fiesta?
Los datos que han salido a la luz pública en los últimos días sobre los resultados de la votación del 2 de julio mueven a pensar, desde la óptica de una duda razonable, que algo comienza a apestar.
¿Dónde estaría el truco, la vesania de las autoridades electorales “ciudadanas”? ¿Cómo le hicieron?
Las poquísimas conversaciones telefónicas entre actores foxistas apenas nos dejan ver las dimensiones de la conspiración que hasta ahora solamente flota en el terreno de las posibilidades del chantaje.
¿Podrían cometer un fraude cibernético, o de cualquier otro tipo, los foxistas y sus sacrosantos y destacados representantes del yunque? ¡Claro que sí pudieron! Tan pudieron que lo comenzamos a ver cada vez más con mayor claridad en la prensa diaria, a través de ejemplos grotescos de lo que ocurrió en varias casillas y en varios estados de la república.
¿Y los panistas, los de a de veras? Esos ingenuos ni siquiera tienen idea de a quién están sirviendo de comparsas. Creen que ganaron en buena lid gracias al “buen gobierno” de Fox. Pero no se engañen, los panistas tradicionales no pintan, nunca han contado en el plan maestro de la camarilla. En cambio, los otros, los miembros de la secta, creen que ya cometieron el crimen perfecto.
Los ejemplos de casillas con datos extraños; el anunciado uso de un algoritmo dentro del sistema de computo del IFE; el atípico comportamiento del flujo de los votos; la resistencia “legal” para que se contara voto por voto en varios estados, aún en los casos en que era legal hacerlo; la prisa de Bush por felicitar a alguien que ni siquiera ha sido declarado formalmente ganador; más la ocultación tramposa de los tres millones de votos “aclarados” a destiempo, cuando ya el daño estaba hecho; la concertación antipeje y antipri, el gasto insultante en la propaganda foxista. Después del “triunfo”, declarado ilegalmente por Ugalde, la segunda parte del plan consistió en generar un verdadero Tsunami de apoyos para el “ganador”. Una poderosa cargada de dimensiones tales, que hiciera irreversible la victoria, usando para ello toda la armazón del estado, a los cómplices de toda laya, y con toda la fuerza económica del presupuesto federal, que es inmenso. Todo al servicio de la camarilla foxista que infectó lo que pasó por sus manos a pesar de que, codiciosamente, se afanaban por repetir, hasta el cansancio, su conjuro de que relucían de limpias.
Están a punto de que se les derrame la fosa séptica e inundar al país entero.
Después de lo que pudo ser una grandiosa y apasionante fiesta, nos queda sólo una gran incertidumbre, un clima de confusión, molestia y encono por el uso de un posible artificio tramposo, encabritados por no saber qué pasó realmente y por no saber si lo que sucedió y se contó fue limpio y justo. El desenlace de la fiesta, no produjo esa cruda catártica que nos hace sentirnos aliviados y nuevos al día siguiente. No. Es de aquellas resacas en que todo lastima conforme vamos despertando para vomitar sin freno, y empeora al tener conciencia de lo que hicimos durante la parranda; ya despabilados, todo se ennegrece al recordar las barbaridades cometidas y la interminable lista de los nombres de aquellos a quienes injuriamos o agraviamos sin razón.
Los días siguientes a la elección no han sido, al menos no todavía, de júbilo ni están para festejos.
Las evidencias, apenas anunciadas y enunciadas, nos dan una pequeña pauta de la maquinación y de la compleja maquinaria electoral que echaron a caminar, desde el estado, antes y durante la elección. Y aún después, durante el conteo oficial de los resultados reflejados en las actas acopiadas y sumadas en los 300 distritos electorales. Pero esta máquinaria confucionista no detendrá su marcha. Recordemos que hoy continúa la discusión sobre el gran fraude del 88 y la quema de los paquetes electorales para no dejar rastro.
Debo reconocer que, al principio, me venció la fe cívica, la esperanza de que todo saliera bien, muy apretado como estaba previsto, pero bien. Deseaba, ansiosamente, saber con fundamento, que la aritmética de los conteos simples me darían la certidumbre que estaba buscando, como muchos otros, si no es que todos, para entrar, tersamente, al camino de la democracia a secas, a prueba de todo. Hoy tengo la sensación de que no fue así, de que me engañaron como a un chiquillo. Lo sé pero no lo puedo probar. Quien sí pueda que lo haga.
¿Lo que se sabe ilegal y no se puede probar se convierte por eso en legal y legítimo?
¿Es justo que así sea?
También debo reconocer que no tenía idea, en mi ingenuidad, de la fuerza perversa que ha logrado acumular la camarilla que nos gobierna. Demostraron un furor y una infamia admirables, por siniestras, que los inspiró para diseñar “algo” que les autorizara formalmente, dentro de una supuesta legalidad, a conservar lo que hoy parece que están a punto de lograr, montados en la voluntad de millones de incautos mexicanos que decidimos votar.
Y tampoco contaba con que el tamaño del miedo de la camarilla foxista y el grado de corrupción infinita que acumularon, les enfermara la mente, a tal grado, de fraguar un timo monumental e increíble porque se realizó “a la vista de todos” los ingenuos mexicanos a quienes cegó la esperanza de cambio real por el voto. La pandilla foxista es fantástica, ha pasado por encima de la legalidad...sin violentarla, aparentemente; y ahora, los perversos expertos de la conspiración nos quieren convencer de que todo es legítimo pero sin demostrarlo de manera creíble.
Un triunfo en las urnas tiene que ser creíble, no sólo parecerlo.
Nos quieren montar, una vez más, para padecerlos otros larguísimos seis años.
En las elecciones no queremos confusión ni engaño, no queremos más de lo mismo.
Si no realizamos de nuevo el conteo voto por voto, no veo otra forma de recuperar en esta elección la certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad que nos garantiza el artículo 41 de la Constitución. No hay otra forma de hacerlo. Y ante el cúmulo de nubarrones oscuros que van ennegreciendo el panorama nacional de la elección, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación tiene todo el poder de ordenar que así se haga: cuéntese voto por voto. Tal vez esta solicitud no sea legal en términos formales, pero es lo justo, es lo mínimo que merecemos quienes creímos en el voto y votamos en un proceso que parecía limpio.
Ahora, los mexicanos tenemos que demostrarnos que no hubo truco ni trampa. Ni magos.
Yo fui de los que voté y no me sentiría insultado o ninguneado si eso nos diera certeza y justicia porque alguna autoridad electoral ciudadana y los partidos contaran mi voto por segunda vez. Con eso bastaría para reconocer, sin limites ni gestos, al real ganador, el que sea. Y si de esta operación de arqueo resultara un solo voto de diferencia, tampoco me importaría, porque ya vimos que se puede ganar y perder por una mínima diferencia.
Vale más un mes o dos de incertidumbre electoral pacífica, que dejar una mancha de estiércol en todo el sistema electoral mexicano y con ello abrir la caja de Pandora mientras caminamos por el sendero de la ilegitimidad durante los próximos seis años.
No hay otra manera prudente, sensata y justa de conservar la confianza y la tranquilidad en el país mas que contar voto por voto. No es por un partido o por un candidato. Es por la legalidad y la certeza.
El supuesto fraude que se vislumbra, corresponde al tamaño del miedo a que se terminen los productivos negocios familiares al amparo del poder, y de que algunos de los más preclaros foxistas, empezando por su líder y familia, vayan a parar a la cárcel si pierden la impunidad lograda, esa misma que con paciencia de santos, han ido tejiendo durante todo un sexenio con la complicidad de varios actores políticos de corte mafioso. Unos y otros, defienden a una vulgar camarilla que se aferrará al poder con todo lo que tiene. Y no es poco. Es todo el poderío federal con el presupuesto incluido. Ya lo vimos.
Y realmente no me importa si usted, paciente lector, votó por uno u otro candidato. De verdad no me importa. Eso es asunto suyo. Lo que sí me fastidia, es la falta de certeza y claridad para identificar, sin la mancha indeleble de lo ilegitimo, al futuro presidente de todos los mexicanos.
El cochinero que se anuncia nos dará la dimensión del tamaño de su miedo.
Magistrados, pasen a la historia que no se borra nunca, y ordenen: ¡cuéntese voto por voto!

07 julio 2006

LAS DEVORADORAS

Cualquiera las puede ver cuando llegan a “trabajar” a las oficinas de cualquier dependencia de gobierno: federales, estatales o de los ayuntamientos. Son profesionistas o secretarias, de intendencia, de limpieza o analistas, no importa, ya el mal es endémico.
Llegan corriendo y siempre con hambre. Todos los días repiten hasta el cansancio “es que no tuve tiempo de desayunar”. Acuden todas las mañanas a sus oficinas bien pertrechadas de tortas, fruta picada, papitas fritas, alguna fritanga, o sandwiches en su respectiva bolsita de plástico o en un toper. Y parece que siempre tuvieran apetito. Algunas de estas devoradoras disfrazan sus lonches, otras los llevan escondidos en sus grandes bolsas, y las más, a la vista de todos. Al paso de unos minutos, inundan con su miasma toda la oficina. No se dan cuenta que resultan patéticas a la vista de cualquiera. Dan pena ajena. Y dan todavía más pena, cuando alimentan su obesidad sin decoro enfrente de quienes visitan las oficinas públicas para realizar algún trámite. Algunas, atienden a los usuarios con la boca retacada de comida o mordiendo a intervalos su galletita de dieta. Sin recato alguno, y sin el menor asomo de vergüenza, depositan su comida chatarra o sus lonches encima de los escritorios y comienzan a engullirla, poco a poco, sin pena ni gloria, como si estuvieran en su casa viendo la tele.
Cuando usted se presenta, como usuario de algún servicio en los ayuntamientos o en alguna oficina del estado o federal, ante cualquiera de estas esforzadas engullidoras, tendrá que esperar a que se logren tragar lo que tienen en la boca, se limpien los labios con las manos, y después, recibirá una respuesta tosca, por haber interrumpido el tiempo de sus sagrados alimentos en horas de trabajo.
Como no hay un orden ni reglas claras para el desempeño laboral, pueden pasarse el resto del día deglutiendo frituras y llenando los botes de basura con los restos de sus voracidades. No hay una sola autoridad que les pare el alto. No vaya a ser que en una de esas, las devoradoras se enojen y se quejen con el sindicato que defenderá, de inmediato, las sagradas rutinas alimentarias de sus sacrificadas compañeras trabajadoras.
Esta patética costumbre nutricional combinada con una falta de educación y cortesía para los demás, se ha convertido en una parte del paisaje burocrático al que todos, poco a poco y por desgracia, nos hemos ido acostumbrando. Muchos vemos estos actos burocráticos cotidianos como algo de muy mal gusto, que debería estar absolutamente prohibido. Pero acabamos aceptándolo como un hecho fatal. Algunas oficinas han llegado a convertirse en verdaderas fondas malolientes. No se diga en las cercanías.
Hay oficinas en que cada escritorio o cajón, es una pequeña carreta llena de botanas y fritangas. Como las devoradoras ya presentan reflejos condicionados, al mismo tiempo que jalan el cajón de su escritorio, abren la boca para deglutir su prolongado desayuno, intermitentemente, durante toda la jornada laboral.
Si trabajaran en la misma forma en que degluten ya tendríamos oficinas públicas del primer mundo.
No hay mesura alguna ni decoro en este tipo de comportamiento.
Las burócratas con esta perniciosa costumbre son, en su inmensa mayoría mujeres, y no conozco la razón para que sea así. No tienen conciencia en absoluto sobre el efecto repulsivo que provoca en los usuarios que van a hacer algún trámite, hablarle a un servidor público cuando se encuentra en pleno proceso de masticación o con el bocado atravesado entre la lengua y la garganta, masticando como rumiante y chupándose los dedos con deleite infantil hasta dejarlos relucientes. Incluyendo las uñas. Y después, atienden.
Y hay algunas de estas burócratas que son capaces de cumplir su pasmoso ritual masticador durante todo el día, sin parar. Y si por alguna razón el bastimento se les termina, sólo dicen, “ahorita vengo” y van por más parque para rumiar.
Por algo somos el segundo país con más obesos en el mundo después de los gringos.
Cuando no sacan de sus bolsos lo que llevan para comer, pues simplemente se van a la calle por la botana, pero no crea usted que se la comen en el infaltable puesto o carreta cercana, cercanísima, no, cargan con vasitos, platos con pasteles y empanadas hasta la mismísima oficina, y piden para llevar porque son varios las que esperan a que lleguen las provisiones. ¿Y si no pudieran salir? No importa, pues para eso están las animosas Marías que toman por asalto las oficinas de todo tipo con sus inmensas canastas para venderles a las golosas todo tipo de dulces y comida ¡a crédito!
Las devoradoras están convencidas de que “sus” oficinas se hicieron no solamente para “trabajar” sino también para la guasanga cotidiana previa y la ingesta perenne de botanas y fritangas.
Para nuestra fortuna, hay empleados y empleadas respetables en las oficinas públicas que no tienen esta mentalidad de burócratas vulgares, no pertenecen al clan de las devoradoras, se comportan siempre de manera educada, con disciplina laboral, son corteses y casi nunca degluten en la oficina, pero cuando esporádicamente tienen que hacerlo, lo realizan con discreción y reserva; insólitamente desayunan siempre en su casa y no han sido contagiados por el virus masticatorio de los rumiantes.
En el colmo del abuso y evidenciando una carencia absoluta de responsabilidad en el desempeño de su labor, utilizan las horas de trabajo para la fritanga o los infinitos agasajos. Le dedican una, dos o tres horas al festejo de lo que sea. Curiosamente nunca lo hacen al terminar sus horarios de trabajo, como sería lógico pensar y estarían en su derecho. Y en pleno festejo, jamás se preocupan de los usuarios que pueden llegar a sus oficinas solicitando algún servicio o trámite, quienes al llegar, se encuentran de repente inmersos en una olorosa fonda. Y tampoco piensan en que se les paga para trabajar, y mucho menos, en que ese tiempo laboral es para atender asuntos públicos, no para sus fiestas personales.
Esto quiere decir que usted y yo, contribuyente lector, les pagamos su salario, el que sea, para que dediquen una buena parte de su tiempo a la deglución entusiasta de comida variada, en lugar de dedicarse a trabajar con empeño.
Algunos funcionarios, muy pocos, se nota que están genuinamente preocupados por mejorar el servicio público en beneficio de todos, pero a otros, y a las devoradoras, no les importa, sólo quieren recibir puntualmente sus centavos a cambio de casi nada.
Estas glotonas no aportan nada porque están vacías de contenido y llenas de comida chatarra y botanas.
Y no olvidemos a todas aquellas quejumbrosas que siempre tienen “mucho trabajo” pero solo dedican a sus tareas no más de dos horas de trabajo efectivo, y el resto, a la milonga. Eso si, algunas están buenísimas pero... no sirven para nada. De verdad, para nada.
¿Alguien podrá resolver el caso de las patéticas devoradoras en las oficinas públicas?

22 junio 2006

LAS RONCHAS QUE PRODUCE LA TRANSPARENCIA (II)

¿Quién se va a quejar ante una comisión integrada por altos representantes de los tres poderes porque alguna de las instituciones que encarnan se hubiera negado a informar? Tal vez un bobo trastornado que crea todavía en los Reyes Magos. Y las autoridades lo saben.
Usted cree, filoso lector, que quienes han hecho de la opacidad un modo de ser le van a exigir a otro oscuro funcionario que proporcione datos “delicados” o “confidenciales” según su personal definición. ¿Ahora resulta que los mismos funcionarios que escamotean la información relevante de sus dependencias se exigirán a sí mismos cumplir con esta grotesca Ley? A ver quien se los cree.
La verdad, si somos objetivos y honestos en el juicio, esta fangosa Ley de Transparencia no es mas que una tomadura de pelo para los ciudadanos y un yerro monumental para quienes pensaron que con este “brillante instrumento” se daría la ansiada transparencia y resolverían el espinoso problema de ser un estado colero en esta materia. Es el gatopardismo llevado a su máxima expresión. Es el cambio “radical” para que todo siga igual.
Los sesudos integrantes de la “comisión” ya se dieron cuenta de que esta Ley es una vacilada, y por esta razón, nos amenazan afirmando que el año que entra, “probablemente” ya estén en posibilidades de crear un “Instituto” parecido al Federal de Acceso a la Información Pública o al de Sinaloa, pero ya ciudadanizado, sin funcionarios ni representantes del Poder Judicial, del Ejecutivo o del Congreso. Aparte del tiempo y la oscuridad en la que operarán los poderes del estado durante todo ese tiempo, esta otra “institución ciudadana” nos costará mas o menos unos tres millones de pesos al año. Si es que fuera verdad el asunto del engendro ciudadanizado, porque si en verdad querían y quieren ser transparentes lo hubieran hecho antes de tomarnos a todos el pelo. Ahora hay que hacer varios viajes y visitas de “estudio” en el país y en el extranjero para intentar corregir el disparate, cuando lo razonable, lo que aconseja el sentido común, sería simplemente arrojar esta Ley al bote de la basura porque su ajuste costará más trabajo y dinero y porque sus míseros resultados están a la vista.
Si me interesara información sobre algún tema, suponiendo que me la facilitaran, para darla a conocer en mi columna a los dos lectores asiduos que tengo, pues solamente tendrán acceso a ella quienes compren y lean El Sudcaliforniano de ese día y francamente ese no es el punto. Así, la información continuará quedándose en un sector de la población y bastante menor, por cierto. No es por ahí. Y lo saben.
¿Porqué esconder o restringir información que debe ser pública? La respuesta es muy simple: primero por temor, después por vergüenza, y luego, por las posibles consecuencias ante ilícitos, errores graves o abusos. Desde hace quince días vivimos en el escándalo de los sueldos ocultos de Leonel y del actual gobernador, que tendrían que haber sido públicos hace tiempo; pero hay honrosas y plausibles excepciones, los funcionarios de algunos ayuntamientos ya dieron a conocer estos datos ¿y que creen que pasó? Pues nada, absolutamente nada. Los otros no sé qué están esperando. Tal vez que sus funcionarios segundones e incompetentes, que son más papistas que el papa, los metan al alboroto y la vergüenza de los sueldos millonarios. ¡No me defiendas compadre!
Son los líderes quienes tienen que tomar, pero ya, esa decisión, y deben obligar a los segundones lame suelas, opacos, defendedores de honras ajenas y cortos de visión, a que acaten la orden. Así nomás.
Pero alégrense todos, les voy a dar una receta a título oneroso pagadero con una parte del ahorro logrado, que puede resolver de raíz el problema de la transparencia y no requiere de la creación de ningún instituto, ni comisiones, burocracias u otros galimatías evitándose, además, el contacto personal al mínimo posible.
No se asusten, mi propuesta es de una simpleza que los pasmará. Casi de Perogrullo. Por lo mismo será muy difícil de aplicar porque lo sencillo espanta, y más a los enanos.
Pero ¿porqué no lo harían antes si en realidad tenían la convicción de fomentar la transparencia? Sólo se ocupaba de creatividad, ingenio y ganas.
¿Porqué siempre buscamos soluciones que nos complican la vida? Usted y yo, translúcido lector, ya conocemos la respuesta.
Bueno ahí les va. Pongan ustedes atención, señora licenciada y señor Ingeniero.
1. - El Congreso modificará la Ley de Transparencia para obligar a cada uno de los poderes del estado a colocar toda la información relevante en su página de Internet en un plazo perentorio. Así la información será verdaderamente pública, al alcance de cualquier interesado en el planeta y sin más trámites que un clic para disponer de ella. Nada de arcaicos formatos u oficios, ni jetas o antesalas, ni “venga en 15 días”.
2. - No reservar información aduciendo “seguridad del estado”, concepto que siempre equivale a la seguridad del propio servidor público responsable para ocultar algo ilícito.
3. - El catalogo mínimo de información deberá contener los conceptos descritos en el Capítulo Segundo de la Ley de Transparencia vigente, al que previa revisión, se le agregarán otros datos como la información fiduciaria. El contenido deberá revisarse y actualizarse cada tres meses, según el tema.
4. - No habrá prescripción para quien incumpla la nueva Ley de Transparencia, y cuando se quebrante la norma, se sancionará con la destitución del empleado, funcionario o autoridad culpable, y si procede, se le aplicará el Código Penal.
5. – Dudas, consultas y aclaraciones serán resueltas por correo electrónico o por teléfono cuando más en un día.
6. – Las entidades para supervisar el cumplimiento de la Ley y sancionar a los infractores ya existen, serán la Contraloría del estado y las de los ayuntamientos.
Y tan tan. Listo. Más fácil ya no se puede.
¿Mejor? Imposible. ¿Cuánto cuesta? Una bicoca porque se aprovecha lo que ya existe.
¿Para qué demonios queremos comisiones o institutos si cuando se quiere ser transparente sólo se necesita voluntad política para serlo?
Lo demás, cualquier cosa que inventen, será para continuar por el camino de la opacidad mediante inútiles leyes y procedimientos tortuosos, cuyo único fin es escamotear información a los ciudadanos cuando debería ser pública y estar, obligatoriamente y por convicción, a la disposición de quien la quiera ver.De nada.

12 junio 2006

LAS RONCHAS QUE PRODUCE LA TRANSPARENCIA (I)

Los mexicanos hemos construido esta nación a base de grandes esfuerzos, empujados todos por movimientos sociales que han costado sangre a borbotones y carretadas de dinero. Bajo el influjo de las instituciones monárquicas españolas del siglo XVI y las influencias más retrogradas del catolicismo imperante logramos construir un país sobre las ruinas de la dominación colonial. Una buena parte de las instituciones creadas nacieron corruptas, muertas para efectos del progreso de las personas. Otras, que aparentemente fueron benéficas, al paso del tiempo, resultaron contaminadas y podridas por la corrupción. Algunas más, no se diseñaron para resolver los asuntos sencillos y cotidianos de la gente común sino para complicarlos, pervertirlos y con ello sacar provecho.
Esta corrupción galopante invadió a casi todos los países sometidos por la corona española en sus dominios en ultramar. Desde luego, México, no escapó a este proceso lento de descomposición ocasionado por una maraña de intereses creados y complicidades, y para nuestra desgracia, encontramos en los anchos cauces de la corrupción una salida certera para vencer los obstáculos y provocar que las cosas se hicieran, porque en condiciones normales de funcionamiento institucional no sería posible lograrlo.
Dentro de este apretado bosquejo que con honrosas excepciones sucede en toda América Latina, nuestro país ha producido una cantidad fenomenal de leyes e instituciones cuyo único fin ha sido el de construir un estado de derecho eficaz, que hasta hoy se nos niega, para impedir el crecimiento de la corrupción. Con la experiencia de siglos, se han refinado las formas de corrupción, éstas han ido creciendo y acomodando mejor sus vastos tentáculos hasta penetrar en todos los estratos de la población.
La corrupción siempre se genera desde arriba y por eso no terminará.
Es entonces cuando el proceso de modernización reciente del país obliga a reaccionar a diferentes sectores de la sociedad y autoridades, y no encontramos otra manera de resolver el problema creado, cultivado y solapado durante años, que la de fundar una maraña burocrática de instituciones para combatir la corrupción.
La principal característica de este fenómeno social que nos degrada y carcome, es la opacidad. Requiere de callejones burocráticos oscuros y retorcidas mallas de complicidades que enredan los asuntos y provocan una parálisis que obliga, fatalmente, a resolver el problema mediante interminables actos de corrupción. Por esa razón brotan como hongos quienes vigilan a los que dicen trabajar con honestidad, los que cuidan a los vigilantes, los que supervisan a los que vigilan y otras autoridades que los fiscalizan a todos. Este enjambre jurídico y administrativo de fiscalizadores, se ha enfocado, sin lograrlo hasta ahora, a impedir que se corrompa el ejercicio de la función pública y a trasparentar sus funciones. El cuento de nunca acabar. La batalla perdida.
Y para asombro de todos, los esfuerzos institucionales que la sociedad mexicana ha realizado no han impedido que el fenómeno de la corrupción se multiplique, o en el mejor de los casos, permanezca enquistado e inmutable. No hemos mejorado en absoluto, sólo cambia el camuflaje. En los indicadores básicos que constituyen al estado mexicano, el país se codea con Mali, Bangladesh, Ecuador, Sudáfrica, Nigeria, Namibia y el Perú. Las calificaciones que nos otorgan los organismos internacionales estudiosos del tema, nos ubican cercanos a la cola de los 104 países que fueron analizados en el informe de Davos. Predominan calificaciones del 56 para arriba, hacia la cola, por el rumbo cercano al despeñadero. Y no se ve un resquicio por donde mejorar.
En el caso del estado maravilla, bastaría recordar que en el Índice de Transparencia en la Información Fiscal de las entidades federativas 2005, Baja California Sur ocupó el lugar 27 de 31 estados evaluados, estamos a solamente cuatro puntitos del abismo, o de la cola, como usted quiera. Casi en la oscuridad absoluta y ya pasó un año de esta administración. Y nos resistimos a la transparencia. En 2003 la encuesta de Transparencia Mexicana nos otorgó un honrosísimo primer lugar... que ya perdimos y bajamos al tercero en el 2005. ¿Qué pasó? ¿Qué les pasó a las autoridades?
En Sudcalifornia también concebimos nuestro numerito para hacer como que hacemos algo para resolver el problema de la transparencia de los poderes del estado, y entró en vigor la nueva Ley de Transparencia a partir del 1º de enero de 2006. Fue anunciada con insistencia desde la toma de posesión del gobernador Agundez como si este malogrado e inútil papelucho fuera el ardid perfecto para tratar de timarnos.
La memoria histórica de lo que es público no debe quedar al arbitrio de ningún servidor público, a sus humores y ocurrencias; la información que se produce en los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, no es privada, ni parte de su patrimonio personal; el conocimiento de esos registros no puede estar sujeto a su capricho, ni obedecer a criterios discrecionales o reglas burocráticas oscuras para darla a conocer a todos. La información pública pertenece a los ciudadanos y es obligación de las autoridades darla a conocer aunque nadie se las exija. Así nomás.
Pero con esta Ley ocurrió lo mismo que sucede con muchas otras: fue el parto de los montes. Concibieron algo que no le sirve a nadie más que al gobierno. En el colmo del absurdo kafkiano, al que ya nos tienen acostumbrados, resulta que quienes vigilan la aplicación de la norma son precisamente los mismos funcionarios de los poderes del estado, quienes forman una “comisión” para atender este problema.
Ufano, el Presidente de la inservible “comisión” asegura que hasta hoy no ha recibido quejas ni reclamos de ninguna especie por el hecho de que alguna dependencia de los tres poderes del estado se haya negado a proporcionar la información solicitada por algún ciudadano. Y claro, si nadie se las pide se la guardan.
Continuaremos y terminamos en la próxima entrega.

04 junio 2006

REMEDIOS CONTRA RUIDOSOS ¿DÓNDE ESTÁN LOS EXORCISTAS?

Hay varios antídotos, según la intensidad y frecuencia de la tortura. Uno sería aplicar la ley, así sin más; casi imposible. Otro método nos lo dio recientemente El Sudcaliforniano en la nota roja, donde se reportó que una persona de 56 años, desquiciado por el ruido, tundió a su vecino por escandaloso ya que tenía, por enésima ocasión, “su” música a todo volumen para amenizar sus continuas borracheras. El vecino enfadado, harto, desesperado, se metió a la casa del ruidoso y al grito de “Ya me tienes harto con tantos gritos y música a todo volumen...”. ¡Zas!, le abrió la cabeza a golpes con la ayuda de un ladrillo. Seguramente habrá otras formas porque este caso es como aquel reportero que sostenía “para que discutir algo que puedes arreglar a madrazos”. Es seguro que el vecino molesto por el ruido, se dirigió en muchas ocasiones al escandaloso para que le bajara el volumen a su fiesta particular a la que se le forzaba a asistir.
¿Sabe usted que dice el Plan Municipal de Desarrollo 2005-2008 en el apartado de Política Ambiental? Pues que pretenden “Mejorar la atención y el seguimiento a denuncias ciudadanas por emisión de elementos contaminantes en agua, aire, ruido, suelo”. Y en el apartado de este mismo documento, pero en materia de salud pública, se comprometen a “Eficientar la atención a las denuncias ciudadanas en materia de contaminación ambiental por ruido, emisión de partículas o gases contaminantes y depósitos de residuos sólidos”. Juro que así dice.
¿Sabe usted que dice al respecto el Bando de Policía y Buen Gobierno del municipio de La Paz? Pues que el ruido está absolutamente prohibido. Por todos lados. Así nomás. ¿Y... ? Usted debe saber, avecindado lector, que existe un papelucho que lleva ese título, así se llama, aunque pocos ciudadanos conocen de su existencia y pocas autoridades lo conozcan y apliquen. De verdad no estoy inventando su existencia, y para demostrárselo, incrédulo lector, citaré algunas partes que contienen disposiciones muertas y enterradas sobre el tema del ruido.
Aclaro que lo copio de la página de Internet del Ayuntamiento, tal cual, porque en realidad parece que lo redactó algún iletrado que pasaba en ese momento por el Cabildo de la época, lo cual quiere decir, que está escrito con las patas. Sin exagerar, de verdad así está concebido y les pido a los celosos correctores de casa que no le metan la mano a nada de lo que sigue. Las citas no se corrigen, son citas.
Y yo no fui.
Pero ese no es el punto. Vamos al contenido.
El Capítulo VIII, que se refiere al tema “Del orden público” en su Artículo 34 nos dice, entre otros incisos, que son contravenciones del orden público: “I. Causar escándalo en la vía o lugares públicos... VII. Operar aparatos amplificadores de sonido en lugares públicos, establecimientos comerciales o vehículos, emitiéndolo hacia la vía pública, sin el permiso correspondiente o contraviniendo este (Obsérvese el grado de discrecionalidad a cargo de la autoridad.) VIII. Turbar la tranquilidad social con ruidos, gritos, aparatos mecánicos, magna voces u otros semejantes... XIV. Organizar o formar parte de grupos o pandillas en la vía pública que causen molestias a las personas que por ellas transitan, o a las familias que habitan cerca del lugar en que se reúnan dichos grupos, así como a cualquier tipo de vehículo...”.
Y perdóneme usted la tortura cívica, sosegado lector, pero le tengo que transcribir todo el Artículo 35 de este fantasmagórico y olvidado monumento que tenemos para el “Buen Gobierno” de los paceños, a ver si de chiripa lo lee alguna autoridad municipal competente y se apiada de nosotros aplicándolo.
“ARTICULO 35.- Queda prohibida la emisión de ruido, cuyo nivel máximo dea de 112 decibeles, durante un lapso superior a 15 segundos, o de nivel que exceda a los 140 decibeles, con duración superior a un segundo. (Si alguien logra entender esto ultimo por favor que me lo explique).
Para efectos de este capítulo, los volúmenes de sonido de fuentes fijas autorizados en el Municipio de La Paz, son los siguientes:
a) De las seis a las veintidos horas: 68 decibeles.
b) De las veintidos horas a las seis horas del dia siguiente: 55 decibeles.
El ruido producido por instrumentos, animales, personas o cualquier cosa, de manera que moleste a los habitantes transéuntes y vecinos, deberá ser evitado.
Los particulares que tengan instalaciones fábriles en las zonas urbanas, deberán prevenir la producción de ruidos, de manera que no molesten a los vecinos.
Para que en la vía pública y durante el día pueda hacerse uso de instrumentos musicales y aparatos mecanicos o eléctricos que produzcan sonido, se requiere de licencia que deberá expedir el Presidente Municipal. Las sinfonolas en establecimientos comerciales, sujetos a la licencia que expida la Presidencia Municipal, queda estrictamente prohibido que los funcionen a mayor volúmen del límite autorizado, y con molestia a los vecinos del lugar en donde se encuentren instalados.
Los aparatos amplificadores de sonido y otros dispositivos similares que produzcan ruido en la vía publica o en el medio ambiente de la comunidad, solo podran ser usados en caso de servicio de beneficio colectivo, no comercial y requerirán de permiso, siempre y cuando no exceda un nivel de 75 decibeles.
Los circos, ferias y juegos mecánicos que se instalen en la cercanía de centros hospitalarios, guarderías, escuelas, asilos, lugares de descanso y otros sitios donde el ruido entorpezca cualquier actividad, se deberán ajustar a un nivel máximo permisible de emisión de ruido de 55 decibeles. Este nivel se medira en forma contínua o semicontínua en las colindancias del predio afectado durante un lapso menor de 15 minutos, conforme a las normas correspondientes”. Termina la larga cita. ¿Y...?
Hay párrafos “técnicos” de risa loca pero les juro, ruidosos dos lectores, que así está escrito. Insisto, la cita fue textual.
Por último, y para que normen su criterio, sólo les recuerdo que una licuadora emite entre 65 y 70 decibeles, depende del modelo, según lo comentamos en la columna que sobre el mismo tema se publicó el 19/04/2005 en este mismo espacio.
Sé que estos son los retos que les gustan a Víctor Castro y a algunos regidores, así que ahí les mando una recta. El mamotreto actual para el “Buen Gobierno” está de pechito como para que metan un golazo diseñando un moderno Código de convivencia vecinal o ciudadano con la participación de todos y con dientes suficientes como para que se cumpla cabalmente.
Una más, sería muy fácil darle a conocer a toda la población los contenidos y artículos más importantes de los principales ordenamientos cívicos que facilitan la convivencia vecinal en el municipio, como el caso de este Bando (aún como está, mientras se cambia) y otros reglamentos. Sería suficiente armar un sencillo programa de medios (prensa, radio y televisión) para dar a conocer diariamente uno o dos de los principales artículos y sus sanciones así tendríamos un poco más de la educación cívica que nos falta.
¿Qué se requiere? Simplemente voluntad y ganas. No más.
¿Qué el costo sería alto? De ninguna manera, sería una bicoca pero de muy alto impacto social.

19 mayo 2006

LOS ABOMINABLES RUIDOSOS

Esta es la columna original. En el periódico se publicó una versión ligth parecida.
Si hay algo que me desquicia en este recochino mundo es el ruido. No lo soporto. Y tolero menos a esos patanes quienes a pesar de pedirles de buena manera que le bajen a su sinfonola móvil o fija no lo hacen y asumen con cara de sorpresa que el enfermo soy yo.
No soy un experto, pero conozco algo de música, de todo tipo, y cuando tengo oportunidad la disfruto, pero cuando alguno de estos energúmenos escandalosos pretende “invitarme” de manera forzosa y soez a que escuche lo que él parece gozar tanto, lo resisto menos. ¿Qué mueve a éstos zánganos mal educados a contaminarnos a todos los demás con las muestras de sus refinados gustos musicales? Muy suyos, es cierto y ni lo discuto. Yo no puedo impedirle a nadie que escuche lo que le plazca, a que se alboroce con el género musical objeto de su pasión desenfrenada, es su derecho y lo respeto. Pero lo que sí me enerva, es la agresión, la falta de cortesía y civilidad para la convivencia de quienes piensan que todos tenemos la obligación de soportar el martirizador ruido que producen en sus casas, en sus comercios, en la calle, en sus carros, en los estadios o en los antros al aire libre.
¿Qué tendrán en la cabeza estas personas? ¿Chuniques? ¿Frijoles negros? ¿Nada? ¿O tal vez padecen algún tipo de sordera y yo los estoy increpando injustamente? Bueno, si no lo están poco les faltará, seguramente. El caso es que ensordecen a cualquiera con o sin permiso. ¿Y...?
Poseer un potente sistema de sonido no le da derecho a nadie para forzar a otros a escuchar esos berridos infernales. ¿Que porque le gusta mucho su ruidazo nos “invita”? No gracias. Alguien tendría que indicarle a esos patanes que disfruten solos de sus placenteros aullidos pero sin ofender a nadie ni obligar a los que no quieran escuchar, y mucho menos, sin permiso u opinión de las hostigadas víctimas. Y entonces sí, que les aproveche.
Otra. ¿Quién les garantiza impunidad a esos perturbados, absolutos retrasados mentales, quienes manejan carros con altavoces “anunciando” toda clase de eventos, chucherías, anuncios y noticias por todas las calles de la ciudad, a todo volumen, pasando varias veces por nuestras casas desde las seis de la mañana? ¿Quién los autoriza a comportarse como unos barbajanes? ¿Con qué derecho estos orangutanes insolentes arremeten para fastidiar con sus chirridos indescifrables a quien ya está despierto y a quienes aún se encuentran descansando? Y no le importa que sea sábado o domingo o lunes ¿Pensarán estos obtusos descerebrados que va a vender más mientras más ruidos emitan? Y así, aparece el que avisa la llegada del circo, el que vocea las tortas o anuncia restaurantes, el que vende periódicos y todo aquel que decide, por sus pistolas, notificarnos las bondades de sus productos y servicios, de viva voz, agrediéndo con sus aullidos a los indefensos vecinos. ¿Y...?
Como éstos tarados hay varios por toda la ciudad. Sin freno ni autoridad que los detenga.
Simplemente cualquier bobo irracional saca sus potentes bocinas, impunemente, y comienza a jodernos a todos con su ruido abarcando tres o cuatro calles a la redonda.
A veces, incrédulo ante tanta malignidad, me detengo en el lugar estridente para ver la cara del pelafustán alborotador tratando de investigar en silencio porqué lo hace. Lo primero que veo es que el desquiciado está feliz con su gran desmadre, hasta se ríe, ni siquiera logra percibir o entender que su escándalo provoca una gran molestia a todas las personas que tienen la desgracia de escuchar, por la fuerza, sus anuncios idiotas al pasar o circular cerca del lugar donde estaciona sus bocinas. Los simples como éstos, “piensan” que se trata de hacer ruido “para vender más”. Y no sé quién les introdujo, en ese balón de fútbol que tienen por cabeza, que mientras más ruido hagan es mejor, porque así van a vender mucho más. Es insultante la torpeza que exhiben.
Convoco a mis dos lectores a que no compren ni consuman nada en lugares ruidosos, a ver si así entienden el tamaño de su perturbado y antisocial comportamiento.
Otra. A un lado de mi casa, en una construcción en marcha, trabajan dos o tres trastornados que nos quieren contagiar a todos los vecinos de su gran “alegría de vivir” y se la pasan emitiendo alaridos emballenados todo el maldito día, excitados por el tipo de música que se estila en estos oficios, y como llevan más de un año construyendo pues ya se imaginará usted. La verdad, es que ya me tienen hasta la madre.
En honor a la verdad, he de reconocer que cuando el escándalo rebasó ciertos límites y nuestra desesperación rayaba en la locura, decidimos llamar al 060, y asómbrese lector, ¡sí fueron! Tardaron, es cierto, pero sí asistieron a atender la queja, y para mi mayor sorpresa, porque nadie se los pidió, sostuvieron una vigilancia discreta y efectiva ¡durante varios días! Les aclaro, atónitos lectores, que el primer extrañado con este cambio de actitud en la policía fui yo.
Los resultados de estas visitas disuasivas fueron eficaces, porque bajaron mucho las muestras de su mexicana alegría aunque no desaparecieron por completo. Y es natural que así sea, por varias razones, aunque les aseguro que si hubieran levantado una infracción por tal comportamiento el problema hubiera terminado de inmediato y tal vez para siempre. Recordemos la teoría de “las ventanas rotas” de Giuliani y Brattons que comenté con amplitud el 2/6/2005 en este mismo espacio.
La ansiada cultura de la legalidad y el respeto al otro como un valor esencial de la convivencia aún se encuentran muy pero muy lejos.
Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que en la añeja historia del municipio no existe una sola multa levantada por la autoridad con motivo de la emisión abusiva de ruido.
Y como dijo Don Teofilito... Pero si existiera, me como una copia de la boleta.

21 abril 2006

LA TRAGEDIA DE LAS PENSIONES

Los problemas que más atraen la atención en el mundo y que mantienen alertas universales de diferentes colores son unos cuantos. En realidad no son muchos: el petróleo, la gripe aviar y... las pensiones.
En México los problemas que atañen a la mayoría también son unos cuantos bien identificados: la pobreza del 60% de la población nacional, la inseguridad, el empleo, el narcotráfico, la incertidumbre y riesgos inherentes a la elección en el 2006 y... las pensiones. Hay información abrumadora que así lo demuestra.
Del total de mexicanos en edad de recibir una pensión, ya no digamos razonable o digna sino para vivir en una medianía juarista, el 75% de los adultos mayores están excluidos. Solo uno de cada cuatro personas mayores tiene garantizada una pensión. En México existen alrededor de 8.2 millones de personas adultas mayores según el Instituto Nacional para la Atención a las Personas Adultas Mayores (INAPAM), de los cuales, un poco más de seis millones no tienen una pensión para vivir. La explicación del porqué es muy simple, no cotizaron durante su vida a ningún sistema institucional o privado de pensiones para poder recibir este beneficio. Así de simple. A esta desventura súmele usted la imprevisión cobarde de autoridades y Congreso y se revelará el tamaño de la tragedia nacional.
Todas estas personas mayores viven en una gran penuria por la falta de ingresos a pesar de que trabajaron toda su vida para vivir su vejez con cierta dignidad y hoy son unos viejos miserables que viven de la caridad de los parientes, o pública, o continúan con algún trabajo de mierda porque de otra manera no comerán ese día. Es muy difícil hacerle entender esta precaria y penosísima situación a quien no la vive ni la conoce de cerca.
Los diversos sistemas de pensiones se encuentran en crisis en la mayoría de los países del mundo y entre ellos de manera destacada, México. Según cifras disponibles del Banco Mundial no hay un solo país que haya resuelto a cabalidad este complejo asunto y cada vez serán mayor la cantidad de adultos mayores en desventaja. La Unión Europea subsidia su sistema de pensiones con un monto equivalente al 45% del PIB y espera en el año 2050 que por cada cien trabajadores 75 sean adultos mayores con derecho a una pensión. En China la política restrictiva de crecimiento de su población los llevará a un problema definido como 1-2-4, lo que significa que cada hijo deberá mantener en el futuro a dos padres y cuatro abuelos, y por ahora, su pujante economía le permite atender con alguna eficacia el problema pero con los focos rojos encendidos.
Vea usted, enterado lector, algunas de las instituciones con problemas graves para financiar sus pensiones en México: el ISSSTE, fuerzas armadas, Petróleos Mexicanos, CFE, Luz y Fuerza del Centro, todos los estados, todos los municipios, la banca de desarrollo y las universidades públicas, sin contar aquellos casos en los cuales los posibles beneficiarios de algún sistema de pensiones no contribuyeron de manera suficiente para recibir una pensión al final de su vida laboral, es decir, se quedan a medias porque sus años y montos de cotización no les alcanza para obtener una pensión mínima.
Según la fuente que se consulte, la deuda o déficit de las pensiones en México para los que ahora tienen derechos reales para recibir una pensión, alcanza cifras estratosféricas si las relacionamos con el Producto Interno Bruto de México, es decir, con el valor total de todos los bienes y servicios que producimos los mexicanos en un año. Hace solamente unos meses, la Secretaría de Hacienda proporcionó un dato al respecto y nos dijo que este déficit equivale al 116% del PIB. Digámoslo de otra forma, para resolver hoy el problema de las pensiones en México sería necesario poner sobre la mesa el valor de todo el PIB más un 16% adicional para resolver el problema actual. Esto significa poner en la mesa 9.2 billones de pesos, calculado con datos del valor del PIB de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) para 2005. Sin embargo, otros analistas insisten y demuestran que esa estimación de la dependencia federal está por debajo de la realidad y estiman que el déficit de los sistemas de pensiones en México puede alcanzar un valor cercano al 174% del PIB, lo que nos da la pasmosa cantidad de 13.8 billones de pesos. Y esto es aparte de la deuda interna y externa, la contingente, o escondida como le llaman algunos, cuyas cifras aturden a cualquiera y por eso, atónito lector, no se las doy a conocer en esta entrega.
No es mi afán asustarlo pero debo recordarle, matemático lector, que un billón es igual a un millón de millones, es decir, se escribe con un uno acompañado de doce ceros. Y para este caso en la estimación más alta del déficit pensionario no es solamente un uno sino un 13 seguido de doce ceros.
Es una locura de dinero.
¿Porqué llegamos a este aterrador problema? Bueno, la respuesta es muy simple: nadie lo ha querido resolver y aquellos que lo han intentado no obtuvieron ningún resultado. Es tan grande y complejo el problema de las pensiones que se requiere de la participación de todos los actores políticos y económicos del país para acordar una propuesta viable, lo cual significa que a todos nos costará, y por eso no ha sido posible.
El caso es que nadie le quiere entrar al toro. Cuando hay una propuesta de las autoridades o del Congreso o de alguna institución interesada porque está a punto de quebrar, los trabajadores no están de acuerdo y viceversa. Finalmente se resuelve la dificultad aplicando un criterio miope, de corto plazo, a partir de subsidios obtenidos del presupuesto que continuarán creciendo entre un 8% y un 12% anual mientras no se resuelva a fondo. Inclusive, en países como Chile de donde copiamos el modelo actual del sistema de pensiones mediante cuentas individuales, les cuesta alrededor del 5% del PIB, según nos cuenta Ramón Cota Meza en su columna de El Universal. Con el agravante de que la pensión para la mayoría de los trabajadores chilenos alcanza apenas el 70% de su salario, y muchos otros, no logran siquiera pensionarse. La pensión mínima en Chile es de 100 dólares porque todos los pronósticos de rendimiento en el sistema fallaron y con esa cantidad no se vive ni aquí ni allá. El mismo columnista nos informa que el sistema de pensiones chileno ya se encuentra en crisis y están encaminando sus pasos hacia otro nuevo que no es precisamente el de las cuentas individuales porque en estas se pierde por la vía de las voraces comisiones entre el 25 y el 30% de las aportaciones.
En México todos quieren poner lo menos posible o... nada, y que la peliaguda cuestión se resuelva casi por obra y gracia de la Guadalupana o del espíritu santo. Y nadie quiere pagar el costo político y monetario que implicará una solución viable y definitiva de las pensiones.
Así no se puede.
Muchos otros adultos mayores se encuentran en otro verdadero infierno por la falta de un marco jurídico adecuado y olvidados por todos. Son aquellas personas que han cotizado tanto al IMSS como al ISSSTE pero que no pueden recibir una pensión porque, en el colmo del absurdo, ambos sistemas son incompatibles y simplemente no se pueden juntar los años de trabajo. Son miles los afectados y son adultos mayores que llegan a sumar más de 35 años de trabajo. Si uno de estos adultos mayores decide pensionarse con base en las cotizaciones del ISSSTE resulta que le darán una bicoca que no le alcanzara ni para comprarse calzones, y en consecuencia, es casi obligatorio que continúe trabajando para obtener ingresos adicionales, si es que encuentra algún acomodo, lo cual es imposible porque es un adulto mayor.
Es una realidad miserable y tramposa para la mayoría de los adultos mayores que se encuentran en esta encrucijada. Mientras, los políticos, los sindicatos, el Congreso y las autoridades discuten estupideces como chachalacas y se refugian en su cobardía para no atender el drama de miles de personas mayores.
¿Ha escuchado usted a alguno de los candidatos qué hacer y cómo atacar este problema con seriedad? Yo tampoco. Hablo de un Sistema que resuelva el acertijo, no de dádivas a los adultos mayores, o de limosnas según sea el caso.
¿Cómo es posible que les hayamos dado a unos cuantos banqueros más de cien mil millones de dólares para resolverles su crisis y no atendamos un problema mayor y más trascendente?
Si ya los chilenos, que son los creadores del modelo, están intentando innovar corrigiendo el rumbo para diseñar un mejor sistema de pensiones y solucionar de otra manera menos onerosa el rompecabezas ¿porqué en México las únicas soluciones a la vista insisten en un camino que ya demostró su ineficacia para los trabajadores en el país que lo creó? La única ventaja del actual sistema de pensiones con sus cuentas individuales es para los insaciables banqueros, de la misma manera que lo es en Chile.
Lo que los chilenos están planteando nos lo dice Andrés Velasco, asesor económico de Michelle Bachelet (The New York Times, 10/01/06) citado por Ramón Cota: "Es una gran reforma, no unos cuantos parches. Mientras el resto del mundo sigue enamorado del modelo chileno original, nosotros nos estamos moviendo sin guía hacia un modelo Chile II. Tenemos que crearlo de la nada."
¿Hacia dónde van, o mejor dicho hacia dónde iremos?
¿Por qué seguimos aferrados al sistema de cuentas individuales?
Muy probablemente los chilenos se dirigen hacia un Sistema Universal de Pensiones que es también lo que necesitamos diseñar en México. A este Sistema deberán de cotizar todos los trabajadores sin importar en donde trabajen. Debemos de crear en México un Sistema Nacional en donde todos quepan, más justo y parejo, diseñado con inteligencia y talento, y con la participación de todos los actores porque, salvo los fallidos, todos seremos viejos un día. El Sistema deberá ser administrado sin afanes de lucro, con la autonomía necesaria y sin pagar las altísimas comisiones que hoy nos desangran. No hacerlo con la prontitud que se requiere será un crimen contra los trabajadores que ya dejaron su vida en los empleos y en el desarrollo del país.
Lo que debemos tener claro es que remediar el problema de las pensiones tendrá un costo para todos, incluyendo por supuesto a los trabajadores.
Así que los congresistas, el gobierno federal, sindicatos y autoridades tienen ante sí un reto descomunal.
Pero lo que no veo por ningún lado, son tamaños suficientes en los responsables obligados a zanjar el problema. Vamos, no veo inteligencia e ingenio, ni compromiso real siquiera para sostener una discusión informada, razonada y con argumentos sobre el tema con el afán de decidir y resolverlo.
Cada uno se encuentra montado en su macho. Queremos seguir por un puente que ya se derrumbó.
Por lo pronto, yo votaré por aquél candidato que se comprometa, públicamente, no sólo a atender el asunto, sino por quien nos diga cómo va a resolver la bomba de las pensiones.
¿Y usted, joven o viejo lector, quiere un buen Sistema Nacional de Pensiones o una limosna?
Ya regresaremos al tema más adelante.

08 abril 2006

ROJAS MONEDERO: LA TRAMPA O LA VISIÓN DE LOS VENCIDOS

Esta es la versión completa leída por el autor en la inauguración de la instalación escultórica de Eduardo Rojas Monedero y que fue publicada en una versión resumida los días 7 y 8 de abril de 2006. La exposición fue apoyada por el Instituto Sudcaliforniano de Cultura por conducto de la Galería de Arte Carlos Olachea Burcsiéguez de la Unidad Cultural Jesús Castro Agundez, y se inauguró el viernes 7 de abril a las ocho de la noche. La obra permanecerá expuesta hasta el 28 del mismo mes para el disfrute de todos los sudcalifornianos.

Exégesis para celebrar la primera exposición escultórica de Eduardo Rojas Monedero en la ciudad de La Paz, Baja California Sur. Primavera del 2006

Sobre Eduardo Rojas Monedero se ha dicho casi de todo.
Una ocasión escuché por ahí a un efímero iluminado, cuyo nombre me niego a recordar, una frase que con algún cambio nos daría un esbozo del escultor: Rojas es un tipo incalumniable porque todo lo que digan de él... es cierto.
La concluyente afirmación pudiera ser acertada, eventualmente, para la obra artística de Rojas pero no puedo ni siquiera sospechar lo mismo en el caso de su vida personal la cual se encuentra imbricada, tejida con intangibles hilos acerados en el fondo de su vasta obra creativa.
Pero tampoco se vale decir solamente eso de Eduardo Rojas Monedero, porque no lo abarca ni lo describe. Para tener un bosquejo cabal, faltaría todo por decir, de sus múltiples y elocuentes temperamentos creativos, cada uno con sus naturalezas y talentos. Si acaso, el retrato íntegro lo obtendríamos al saber más del dibujante, del arquitecto, del diseñador, del grabador, del acuarelista, del pintor, del ambientalista, del guía, del filosofo, del estudioso, del crítico permanente, del atesorador de cachivaches y artilugios inverosímiles, del viajero frecuente y sus andanzas por el ancho mundo y... es larguísimo el etcétera que acumula este hombre sin tiempo. Y abarcarlo todo sería una tarea imposible.
Pero quién es este Rojas Monedero, el escultor de hoy, ¿Es un creador francés nacido en la Costa Azul? ¿Un refugiado español? ¿Será un artista mexicaliforniano? ¿O tal vez será un escultor y pintor español?¿O un artista sin tiempo que dejó atrás su sentido de pertenencia? El amasijo resultante nos impedirá saber, para siempre, cuál de sus atributos nacionales o regionales hace resplandecer más sus talentos universales. Nadie lo sabrá nunca.
Por lo pronto aquí lo albergamos, sin poder descifrar hasta cuándo porque eso dependerá de sus humores y ciclos, de sus búsquedas, y de sus ansiedades estéticas.
Ahora mismo es un bonachón paceño de El Centenario, y no es lo mismo decir que Rojas Monedero es un centenario paceño. No. Al menos no todavía.
Todos esos Rojas que coexisten, son diferentes y cambiantes, y por eso la producción de sus obras también es distinta. Cada uno de estos Rojas Monedero revelado en múltiples formas, nos regala el testimonio de su espacio y circunstancia precisa, la de ese tiempo, el suyo, en estilos y técnicas que pueden perdurar en su trabajo creativo durante días, meses o años.
Irrumpen desde su pasado recóndito.
O reflejan el futuro.
Esta afirmación se comprueba al comparar algunos de sus oleos del 2000, por ejemplo el titulado “Pareja” que forma parte de una travesía emocional durante la cual produjo una serie homogénea, contra una parte de su producción del 2003 como el cuadro titulado “Llegando a puerto. Farrapo”, con técnicas de arena y acrílico. Y ahora... sus esculturas. Mundos disímbolos de un mismo ingenio.
Los ejemplos como este son extensos en toda su obra pictórica. No es así en sus esculturas porque las inicia ahora formalmente y todo es un mundo nuevo a pesar de que ya cuenta con una producción.
Nos han dicho siempre que no se puede ser todo ni saber todo, es una evidencia de nuestro tiempo. Pero ese no es el caso de Rojas.
Rojas es uno de esos personajes paradigmáticos del Renacimiento en donde sólo algunos creadores selectos pueden ser y saber todo al mismo tiempo; en un intervalo de su larga historia logran ser una síntesis de su tiempo, donde se conjuga, decanta y destila todo el saber de su vasto y productivo mundo personal en esos precisos instantes creativos de su vida.
Cuando Rojas Monedero emprendió esta nueva aventura tridimensional que hoy nos maravilla, no tenía ni la menor idea de cómo soldar y... aprendió; pero tampoco sabía cómo retorcer mejor el metal y ensortijarlo de determinada forma y... también aprendió. A veces preguntando y haciendo, y en ocasiones, ejerciendo el oficio más humano, más antiguo y meritorio: el del autodidacta. Y recientemente me dijo, gozoso y lleno de orgullo, que ya había aprendido también a cortar bien el vidrio porque este oficio tampoco lo dominaba con la precisión que él requería para aplicarlo en sus obras.
Lo curioso del fenómeno Rojas, este incansable sujeto a quien todo le interesa, es que cuando uno ve sus obras parece que siempre ha dominado estos dignísimos oficios y muchos otros más. Porque ustedes deben enterarse también, que en ocasiones, oficia de carpintero; escoge y cachondea trozos de maderas muertas, abandonadas y maltrechas, las trata con un erotismo delicado y sensual, digno talvez de mejores destinos, las acaricia y maquilla con paciencia y sabiduría hasta convertir esos deshechos y sus fibras en algo nuevo y distinto para incorporarlas a sus obras.
Y... bueno, el caso es que para este renacentista hoy avecindado en La Paz ya son menos los oficios que le faltan para dominarlos todos. Y cuando esto ocurra, Rojas lo expresará de cualquier forma: en un cuadro, en una escultura o en insólitas piezas integrando materiales novedosos e incorporándoles viejos oficios, nuevas artes y artilugios y piezas raras.
Eduardo Rojas es tan pertinaz y obstinado que nunca reconoce lo poco que ignora, pero al paso del tiempo, y sin que nadie jamás se entere, aparece como un docto en la materia sin decirnos cómo y dónde se ilustró; es tan rápida su absorción cognoscitiva que hasta parece saberlo desde siempre, dando la impresión de que ya nació con ese conocimiento.
Sus obras pueden ser indescifrables, impactar o no, ser admiradas o rechazadas, no hay medias tintas. Tal vez suceda lo mismo con otros artistas plásticos, pero en el caso de Rojas, este fenómeno es más acentuado por las fuertes cargas emocionales, políticas, profesionales y de intrincada historia personal que contienen sus obras. No es un pintor más, y no es un escultor más tampoco. Es mucho más que eso.
En esta etapa creativa, y de su obra que hoy nos convoca, se reúnen varios engaños, comenzando por el título tramposo y mareador de la exposición que el mismo autor le asignó, para convertirnos a todos sus espectadores en víctimas e intérpretes de un fascinante artificio.
Uno pensaría que el nombre de la exposición obedece a reminiscencias paradigmáticas de otros genios del arte como el del cineasta Buñuel, pero no es así, no al menos de una manera clara o explícita.
Uno pensaría también, en destellos angustiosos que tendrían que ver con la obra poética del español León Felipe, quien también fue un refugiado en México, igual que Rojas, pero no es así. Al menos no de una forma indudable.
Uno pensaría en León Portilla, pero éste historiador tampoco tiene nada que ver con la obra escultórica que admiramos, ni con el título, a pesar de que la segunda parte del nombre de la exposición corresponda a una de sus obras emblemáticas, en donde recupera “la visión de los vencidos”, aquellos sabios indígenas que sobrevivieron a la conquista de México.
Sin embargo, sí es todo eso y... algo más.
Parecería un empeño imposible fundir en un trabajo escultórico las concepciones estéticas, sociales y políticas de un cineasta, las reflexiones eternas de un poeta español en el exilio y las de un mexicano escudriñador de la historia, pero esas son algunas, y subrayo, sólo algunas, de las pasiones ontológicas de Rojas, y hoy nos reúne la consecuencia de esta visión única.
La razón del nombre que ofrece el propio artista es simple: no existen vencedores ni vencidos, eso es un mito, y quienes nos han dicho a través de la historia que sí los hay, nos han tendido una trampa y quedamos atrapados para siempre en los hilos de esa tela. No es el ejercicio del poder absoluto sobre los demás lo que nos convierte en vencidos, es nuestra actitud frente a los retos grandes y pequeños de la vida, y es el resultado de la mísera ética personal lo que nos puede mantener en una genuflexión perpetua y completamente subyugados, en una angustia permanente.
La trampa que nos instaló Rojas Monedero es ingeniosa. Puede representar la cobardía y el espanto para enfrentar lo desconocido, agravado porque hay personas a las que una obra de arte solamente puede producirles terror. La trácala que concibió el escultor, se encuentra en el mismísimo acceso a este recinto —transformado en una instalación de texturas, colores y proporciones— en el camino específico para observar el conjunto o enfrentar cada obra; el reto engañoso, aparece en el hecho de cruzar o no cruzar los obstáculos para aproximarse a las obras; esta en la decisión personal de cada espectador entre salvar o no una puerta móvil para contemplar una obra o el conjunto; o en la decisión de saltar un tubo de albañal que parece cerrarnos el paso sin remedio. O perdernos en un laberinto.
La actitud asumida por el espectador, que va a explorar este mundo mágico, le permitirá situarse en la periferia o en el centro de la galería, venciendo o no algunos obstáculos dando paso a nuevos y variados desasosiegos existenciales que provocarán una definición personal ante los dilemas cotidianos con los cuales nos desafía la instalación escultórica de Rojas Monedero en un juego de humor cáustico y sutil.
El espectador saldrá victorioso o vencido si ante el gran obstáculo principal de la entrada o frente a los muy pequeños del interior, decide, con plena conciencia, transgredir o no los espacios y retos prohibidos a base de mínimos esfuerzos y resuelve brincar tubos o girar las puertas movibles, para abrirse paso y obtener como recompensa la contemplación del conjunto o de cada una de las obras. Para ello no se precisa ser un valiente espectador, en este caso no es necesaria tanta osadía, solamente se ocupa decisión y actitud para someter los obstáculos que el artista forjó y acomodó, tramposamente, para provocarnos y exigir que les pasemos por encima. Con esa simpleza, Rojas logrará reírse a carcajadas de nosotros. Y al final del juego, sabedores todos de su sentido humorístico nos uniremos a él en una risotada monumental.
En el fondo, el artista nos ofrece una opción, una salida: pretende que seamos nosotros mismos los pregoneros de nuestra propia victoria o del fracaso. Al final del recorrido tendremos una efímera fotografía instantánea de nuestra propia condición humana, impregnada con la fuerza magnífica de la obra escultórica de Rojas Monedero. Y en ese instante, ya no importará cómo accedimos a las obras ni tampoco si hubo victoriosos o derrotados. Al aceptar el desafío todos vencimos aún cuando escuchemos, a lo lejos, el eco de su risa irónica.
Como hemos dicho, la originalidad de las obras de Eduardo Rojas Monedero dimana de su formación constante, esto es particularmente cierto en las obras que hoy admiramos aquí con asombro y alegría, porque representan una nueva faceta de Rojas en donde el uso de la despreciable chatarra, la basura moderna, los fierros viejos e informes y los esqueletos carcomidos por la muerte, son el medio de expresión que el artista rescata y despliega para someterlos a su férrea inspiración, hasta convertirlos en un sueño fantástico.
Además, Rojas utiliza otros productos y objetos de la naturaleza, poseedores de una intrínseca y contundente sencillez, pero poderosos e intensos, como las grandes piedras que integra a su obra, esos cantos rodados gigantes, con formas redondeadas y caprichosas, humanoides y vigilantes, poseedores de la fuerza seductora de la simplicidad.
No se trata de aglomerar cualquier objeto sin arreglo ni concierto.
Estas obras tienen un alto grado de complejidad producto de esa lucha cuerpo a cuerpo que se da entre Rojas y sus materiales y objetos. Les impone un orden y estructura armónicas de acuerdo a sus implacables y originales criterios estéticos, lo que distinguirá para siempre a estos objetos al convertirlos en una obra de arte y perder su condición vulgar y ordinaria.
Rojas colecta sus objetos cómplices en largas caminatas y excursiones a lugares ignotos y secretos, en donde estas moles lo incitan con susurros indicándole el camino preciso para dar con ellas; y en ocasiones, estas masas parecen emerger de la tierra y van rodando a su encuentro para que sólo él las vea y las acoja. Para ello, es imprescindible que los materiales seleccionados por Rojas Monedero en esta feliz comunión, posean “algo” en sus formas; que los objetos se diferencien por sus colores y texturas, por sus vetas e incrustaciones, sus recovecos minúsculos o mayores, por sus oquedades, de tal suerte que al sólo verlos, convenzan al artista de que es ese, y no otro elemento, el que expresará a plenitud y con luminosidad, toda la carga estética y espiritual que él desea reflejar en esa obra. Lo trascendente de este denso proceso creativo es que desembocará en las varias piezas que hoy exploramos, y culminará en una instalación escultórica integral, en donde ninguna de las partes perderá un ápice de su valor, porque en sí mismas, tienen dosis abundantes de belleza, sencillez, poder y armonía.
Rojas intuye con la certeza del alquimista moderno, que esa es la piedra o el objeto que deben fundirse con él, y ese otro será el engrane preciso que necesita; también asume la misma convicción sobre ese fragmento de fierro viejo seleccionado en un yonque o en un tiradero; o de ese tornillo nuevo o de aquél otro con la herrumbre exacta indispensable para producir la obra.
A pesar de todas estas certezas, ocurre lo inimaginable: Rojas aún no conoce a cabalidad lo que va a inventar, a crear, no lo tiene resuelto en su totalidad y a veces, ni en una mínima parte. Sólo obedecerá los inescrutables mandamientos de su instinto creador. Ni él mismo tiene claro qué es lo que hará exactamente; lo que sí sabe con certeza, es que esas son las piezas y los materiales que se incorporarán a la obra.
De ahí que Rojas no encuadre en absoluto en la definición del arte conceptual que nos aporta Sol LeWitt, uno de los creadores de esta corriente creativa al sostener que: “Cuando un artista se expresa en una forma de arte conceptual, significa que todo los planes y decisiones están pensadas de antemano y la ejecución es un asunto superficial. La idea se convierte en una maquina que hace el arte.” [2] En este poderoso afluente de la creación artística, Fabián Lebenglik concluye de manera terminante que: “la existencia misma del objeto no es condición necesaria: basta con las ideas.” [3] Así que ya sabemos lo que Rojas no es.
Pero no sólo es Rojas y su sensibilidad quien modela y acomoda las piedras y la chatarra, los vidrios y los espejos, los esqueletos, las calaveras y los metales con la madera junto a otros elementos y objetos insólitos; éstos zafios materiales también le sugieren al artista, y a veces le exigen, revelar sus mejores atributos y ser colocados en la posición perfecta. En este dialogo fantástico, que es un instante único del proceso creativo, los objetos que intervendrán en la obra se comunican con el artista y se conducen mutuamente, en idiomas indescifrables, de otros universos, y totalmente herméticos para los demás. Es en esos momentos cuando el objeto y el creador se confiesan sus secretos y se insinúan la mejor manera para integrarse en su aventura sin fin.
Y entonces, ocurre el milagro: los objetos se transmutan y acomodan para nacer en las obras que hoy descubrimos hechizados.
Pero el trabajo creativo no siempre es tan místico y sensual o misterioso; porque, vean ustedes la parte de la obra negra que permanece siempre olvidada: primero, es indispensable buscar e identificar las piedras, después cargarlas, luego transportar los cantos rodados. Y ese sí que es otro cantar porque no se los puede llevar en la bolsa. Para Rojas, estos retos serán lo de menos. Y ahí es donde comienza la otra hazaña.
Si Rojas no puede llevarse esas poderosas piedras por cualquier extraña razón, regresará después por ellas con una grúa o con un carro, o a pie ayudado por sus amigos para dominarlas y poseerlas. Si Rojas Monedero no obtiene esa roca, en el preciso instante en que la ve, marcará el lugar con su astrolabio renacentista para no perderla jamás, y regresará al día siguiente a cumplir el rapto acordado, u otro día cualquiera, no le importará el tamaño ni el tiempo invertido, será suya al costo que sea, porque ya se vincularon, ya comulgaron, y ambos saben, que su suerte está echada.
Y mejor no les digo a ustedes nada sobre los inmensos y coloridos tubos que nos dan la bienvenida a la instalación; el relato de esas peripecias colectoras de Rojas, que serían más propias de un experto en cañerías, las voy a dejar a su imaginación. Sólo les diré esto: cualquier cosa que especulen sobre la cosecha de estos tubos de albañal que vemos no será una exageración.
Recuerdo que en los prolegómenos de la creación de las obras comenté con este artista singular, (que entre las profusas virtudes que lo salvan en la vida tiene la de ser mi compadre), le decía a Rojas, sobre mi impresión de que su obra respondía a un concepto creativo llamado constructivista postmoderno, cuyas ideas básicas en el terreno de la creación artística nos legaron los rusos desde principios del siglo XX. Yo sostenía que el concepto es válido hoy y valdrá también mañana porque es una idea que ha evolucionado continuamente, es dialéctica, y por lo tanto, dinámica y actual.
En aquella agria discusión no logramos nada, como siempre que alegamos cualquier cosa, pero ambos sabíamos que lo importante no era descubrir algo contundente ni definitivo para explicar su trabajo creativo en el curso de aquellas extendidas parrandas discursivas, eso era en realidad lo que menos nos importaba, porque hay manifestaciones artísticas, tal vez todas, que no requieren explicaciones, ni marcos, ni clasificaciones, ni manifiestos, ni nada. Lo trascendente de una obra artística para un espectador radicará en sentir, en saber, o simplemente intuir, si le produce ese inexplicable y profundo placer estético personal al verla. Lo demás realmente no importa. Ni corrientes ni escuelas. Ni filias ni fobias.
Yo me refería en varios momentos de aquella álgida discusión, al hecho de que la construcción creativa de la obra de Rojas es un producto permanentemente renovado de su entorno personal, en cada momento particular de su vida. Su obra la concibe y construye a partir de la infinita dialéctica de su evolución personal, es una suma de instantes creativos únicos e irrepetibles, diferentes y sintéticos.
Mi aseveración sobre el posible origen conceptual de la obra de Rojas, provocó la ira mayéutica y afectuosa de mi querido interlocutor, lo cual no es nada inusual en él (no crean ustedes que se requiere la menor provocación para incitarlo a refutar cualquier argumento), y tuvimos una discusión circadiana sobre el tema, al lado de dos botellas de vino, algo más de buen güisqui, y probablemente, también nos acompañaron unos tragos de anís. A pesar de los furibundos y espirituosos argumentos de ambos, no logramos acuerdo alguno. Y terminamos la discusión con una rotunda negativa de Rojas, el escultor, a ser limitado o definido con una fórmula presuntamente clasificatoria de algo que ya existía, la cual, según su leal saber y entender sobre esta corriente creativa, el concepto constructivista post moderno no corresponde plenamente a las orientaciones expresivas de su trabajo fecundo. Talvez así sea, pero la verdad es que ayer y ahora, no me importa si Rojas se encuentra inmerso en alguna corriente artística, o si navega en la vanguardia o en la retaguardia. Ese es un asunto que, como diría el irreverente Rojas, me vale pito.
Rojas Monedero es poseedor de un dinamismo creativo vital e imparable, porque lo nutre todos los días con experiencias propias y prestadas, para expresarse con claridad en una obra de arte intemporal. Por ese motivo, Rojas, el escultor de hoy, tiene, tuvo y tendrá momentos, épocas, ciclos y estaciones, tendencias, fuerza o suavidad, penumbras y luces en las que produce obras con cargas emocionales diversas y temáticas homogéneas. Unas veces utilizando líneas secas, o formas y figuras sombrías, mansas o penetrantes, o fantasmales y oníricas; y en otras ocasiones, apoyándose en materiales inverosímiles en una obra de arte, por ser ordinarios, extraídos del monte, de un basurero, o de los despojos que aparecen en los panteones de la naturaleza y que responden mejor, en ese momento de su vida, a sus preocupaciones existenciales.
Y a veces, extenuado de tanto indagar, simplemente se cobija en su expresión más subterránea y personal, la de siempre: se acurruca en el surrealismo como si regresara a su casa. A mí esa es la vertiente de Rojas Monedero que más me gusta, y la disfruto enormemente.
Toda esta armónica obra escultórica junto a la de formatos mayores, alude a esa vigorosa sencillez tan difícil de alcanzar. Son formas salvajes y sugerentes, poderosas y sencillas. Ahí está la fuerza del metal con sus líneas rectas o ensortijadas, fundidas con la fuerza ancestral de la roca libre o aprisionada, para ofrecernos un conjunto integrado, moderno y totémico, que provoca un primer impacto áspero en el ánimo de quien la ve, despertando en el espectador una sensibilidad profunda y especial, usualmente adormecida, pero esencial para que se nos revele el sentido más íntimo de la obra de Rojas.
También en esta obra que hoy se expone, descubriremos que son exuberantes las vivencias de Rojas en donde extrajo el zumo creativo de todo lo que ha visto, de lo que escuchó y tocó, o pintó, y de los aromas y paisajes que lo inundaron, o de los vinos que degustó junto con la palomilla en tertulias, viejas cantinas, acogedores hostales, sórdidos burdeles y un sinfín de galerías. Todo aquello fue decantando en sus viajes por medio mundo, y lo llevaron a tener, ahora mismo, ese fino y delicado sentido, al fin, de entregarse a sí mismo y a su vocación, para regalarnos a todos los destellos de una vida completa y compleja.
No sé si feliz pero tengo la impresión de que hoy se acerca un poco. Al menos está en paz y sosegado. De manera que en el caso de Rojas, la fuente de su creatividad original no es producto de la melancolía, de la bilis negra[4] de los antiguos, que lo puede conducir a la desesperación o a Dios como sostenía Kierkegaard; así ocurrió con talentos de la talla de Da Vinci, Miguel Ángel, Lord Byron, Lord Tennyson, R. Schumann, H. Melville, V. van Gogh, E. Hemingway, y muchísimos genios más, afectados durante toda su vida por la manía y la depresión, por el genio y la locura. El germen creativo de Rojas arranca más claramente desde un concepto que expresa el propio filosofo cristiano cuando se confiesa a sí mismo y afirma categórico: "Tengo que encontrar una verdad que sea verdadera para mí… la idea por la que pueda vivir o morir". Rojas es uno de esos raros y afortunados seres que ya eligió su camino, encontró su verdad y vocación en el arte, lo explora y ha decidido continuar por ese sendero para vivir sin angustia ni melancolía, y morir por él.
Otro filosofo existencialista, ateo declarado, Jean-Paul Sartre, nos acerca más a los abrevaderos de Rojas al sustentar que: “El hombre no es otra cosa que lo que él se hace...”. Y así, en una decisión crucial, existencial, Rojas se hizo escultor, y más que eso, se convirtió en un admirable artista plástico.
En buena hora.
Suena fácil, pero es algo casi imposible de lograr para la mayoría de los creadores y ya no se diga para los seres humanos ordinarios.
Ahora mismo pienso que la creación artística en Rojas Monedero se explica mejor en las concepciones estéticas definidas por el filosofo Hans Georg Gadamer, por lo que en este sentido tendríamos que hablar de un arte contemporáneo, en donde la obra se convierte en “un organismo vivo” que conduce a cada espectador a una pluralidad de interpretaciones, infinitas y cambiantes, inherentes a la hermenéutica[5]. Es decir, la obra de arte se nos presenta como un medio de reflexión e interpretación entre el mundo personal del autor que originó la obra y el presente de cada observador. Al respecto nos dice Gadamer “... todo encuentro con el lenguaje del arte es encuentro con un acontecer inconcluso y él mismo (es) una parte de ese acontecer” [6]
En las manifestaciones estéticas de Rojas Monedero encontraremos: arte, historia y lenguaje, categorías que Ricoeur identifica como las tres esferas de la hermenéutica contenidas en la obra filosófica emblemática de Gadamer[7].
De una cosa estoy seguro, la obra de Rojas Monedero a nadie dejará sin reaccionar. Tal vez quedemos pasmados, pero no sin reacción.
Al final terminaremos vencidos, pero no ante las trampas del risueño escultor sino ante la expresión magnífica de sus obras.
Así que disfrutemos de los tremendos impactos visuales que nos ofrece Eduardo Rojas Monedero en cada una de sus obras y en el conjunto que hoy nos entrega, regocijado e ingenioso, haciendo gala de un críptico sentido del humor.
Y disfrutemos también de sus trampas. Muchas gracias.

[2] Sol LeWitt: When an artist uses a conceptual form of art, it means that all of the planning and decisions are made beforehand and the execution is a perfunctory affair.The idea becomes a machine that makes the art.”
[3] Paredón y Después. Por Fabián Lebenglik. Pagina 12. Radar. 23 diciembre 2001
[4] Del griego melankholía compuesto con “melas”, negro, y “kholé”, bilis. María Moliner, Diccionario de uso del español.
[5] Anales II E 78, UNAM, 2001. Las exigentes preguntas de Hans Georg Gadamer (1900-2002)
PETER KRIEGER Instituto de Investigaciones estéticas, UNAM. Aproximaciones a los libros: La actualidad de lo bello. El arte como juego, símbolo y fiesta.
[6] http://personales.ciudad.com.ar/Derrida/gadamer_1.htm. Cita de Lucas S. Fragasso tomado de Wahrheit und Methode (“Verdad y Método”).
[7] Ibid. Lucas S. Fragasso

13 marzo 2006

MENTIRAS INOLVIDABLES. LOS ESCALPELOS DE LUPA CIUDADANA

Es meritorio y muy agradecible el esfuerzo ciudadano que impulsa la estupenda revista Letras Libres dirigida por el historiador Enrique Krauze para crear un espacio público ciudadano de análisis político en Internet llamado Lupa Ciudadana (http://www.lupaciudadana.com.mx), en donde se lleva un implacable registro y análisis de las propuestas que hacen los tres candidatos más fuertes en competencia por la presidencia de la república. Krauze, uno de los progenitores de ese espacio cibernético al alcance de cualquier interesado, afirma: “La idea, original de Gabriel Zaid, es crear una memoria crítica de las declaraciones y promesas de los candidatos a la Presidencia de la República. Se trata, según indican en el sitio, de “Impedir o por lo menos acotar la impunidad declarativa... Es un trabajo de años, que se logra luego de una presión sostenida de la sociedad organizada a través de los medios”. Agregan, además, “De forma gradual, la sociedad tenderá a hacerse más exigente, a no contentarse con escuchar las propuestas disparatadas de los candidatos pasivamente, a llevar el registro de lo que dicen y exigir su cumplimiento”. Y disponen también de una tribuna de fácil acceso para comentarios del público.
Es tan contundente y eficaz el nivel de análisis aportado por esta Lupa, que sus conclusiones me obligan a pensar hasta ahora, que tenemos candidatos con inclinaciones fanáticas hacia el humorismo involuntario; o que en lugar de tomarse la hierba buena en una infusión, se la fumaron. No conocen la cruda moral ni la mesura. Lo único que existe para estos próceres es el presente del mitin y la apasionada rendición de la muchedumbre entregada cual virgen a un fauno. Ahí no existen los límites.
Cuando examinamos las propuestas y sus reales alcances recitadas por los candidatos de los tres partidos grandes, recopiladas sistemática y ordenadamente por Lupa Ciudadana, se confirma la tesis de que las masas son entes fácilmente manipulables porque sus niveles de conocimiento de la realidad pertenecen, únicamente al ámbito irracional de las emociones y nunca de la razón.
Para los exaltados políticos no importa el mañana, les interesa el mitin del día y la muchedumbre que tienen enfrente convertida en un animal sediento de esperanza, de una ilusión que morirá en cuanto regresen a su realidad cotidiana para renovarse dentro de seis años o en cada elección.
Y también subsiste la impresión, ahora rigurosamente documentada, de que los candidatos son, en esencia, abusivos y malintencionados en sus frecuentes ataques de incontinencia verbal, en especial cuando analizamos sus propuestas y las llevamos a otros ámbitos de estudio y análisis que no están afectados por la pasión partidaria o la algarabía esperanzada de la masa popular, sino por la luz perturbadora de la inteligencia informada.
Desde luego que las plazas de los mítines, la escenografía, los ambientes festivos y sus manifestantes se confabulan para que no existan preguntas incómodas a los cándidos candidatos, ni oposiciones que los inquieten, y mucho menos críticas fundadas a sus ofrecimientos paradisíacos. La muchedumbre que asiste a un mitin, de cualquier color y geometría, sólo está obligada a escuchar, si acaso a emocionarse y aplaudir cuando le sugieren que debe hacerlo o cuando es arrastrado por la ola del “entusiasmo” contagioso de las otras víctimas. La forma de protestar del típico asistente a un mitin, cuando lo obligan a padecer esa tortura, será el mutismo; pero las más de las veces, quien asista, alabará y gritará a rabiar si lo que “piensa” que le están diciendo coincide con lo que él cree que puede ser “bueno”, que estaría “bien”; o tal vez se pondrá eufórico cuando escuche algo “provocador”, o cuando en ultima instancia simplemente “sienta” que le conviene porque oyó el verbo “dar” conjugado varias veces en futuro asociado con “millones”. El irreflexivo integrante de esa masa, festejará todo lo que diga “su” candidato si alguna de las cosas que propone tienen que ver “la ideología del partido”, lo que sea que signifiquen estos términos para quien escucha el flamígero discurso y para quien lo pronuncia. Los perspicaces candidatos siempre tendrán a la mano recetas incendiarias garantizadas, fórmulas discursivas que han resistido la prueba del tiempo y demostraron ser de alto impacto para excitar el arrebato y el aplauso fácil de la multitud.
Durante el mitin, el líder guiará su camino con el aplausómetro, tendrá en cuenta las expresiones corporales de la muchedumbre y su calentura masiva; percibirá en aquella concentración informe y pasiva, gratuita y dispuesta, las emociones que le produzcan alegría o enardecimiento. Ese es el momento crucial, en que el candidato descubre las claves, y encuentra el camino correcto para hilar un discurso “exitoso” y salir triunfante del mitin. Comenzará a provocar esas reacciones “espontáneas” en la masa manipulando los botones correctos para causar el mayor impacto en los oyentes, usando demoledoras frases que rematen en promesas, y lleven a su audiencia al paroxismo, a la lisonja, a las porras por contagio, y tal vez, hasta las lágrimas, si tiene suerte y es su día. Ese es también el momento en que el candidato supone que existe la sensibilidad indispensable para dar a conocer sus lúcidas “propuestas”, y entonces verterá torrentes de ideas, gestos y acciones futuras que le permitirá, a él y sólo a él, salvar al país de la miseria y el atraso en que se encuentra, según jurará el prometedor en turno. En esos momentos de afinidad con la masa, importará muy poco si lo que promete o dice el candidato es una verdadera estupidez, algo incumplible o un auténtico y descomunal disparate, él lo dirá de todas maneras aunque sepa que no es real lo que está proponiendo; no se detendrá aún cuando tenga la seguridad de que le será imposible cumplir su interminable retahíla de ofertas. Y prometerá más, una y otra vez, porque en su discurso se escuchan bien, impactan duro, suenan reales, y sabe que con ellas tendrá en el bolsillo a la multitud por unos minutos. Mañana será otro día. Los fantasiosos candidatos tienen, además, la certeza de que nadie les reclamará sus incumplimientos, asumen que ningún decepcionado ciudadano les pedirá cuentas de sus actos y promesas, inmediatamente convertidas en quimeras, porque todos los que aspiran al poder juegan un viejo juego perverso que nunca se desgasta: las multitudes no tienen memoria. Y los mexicanos menos.
Pues les tengo buenas noticias a los señores candidatos. Resulta que la impunidad propositiva, esa gelatinosa diarrea que los ataca provocándoles incontinencia verbal, se terminó. Y la catástrofe inició con la aparición del primer regurgitador nacional de dislates que más y mejor se ha registrado en la historia de México: el señor Fox, durante su campaña y a lo largo de toda su patética administración. Hoy todos tenemos en la memoria sus tremendos disparates declarativos y propositivos que funcionaron como un gancho emocional para lograr votos de los ingenuos y desinformados mexicanos. El registro de los infinitos dislates foxistas quedó grabado para la historia en los efímeros medios de información, y a pesar de que no se tenía una memoria ordenada ni un análisis crítico sistemático de sus desmesuradas propuestas, eran tan grandes las tonterías y tan festejadas las barbaridades expresadas, que subsistieron en el recuerdo colectivo gracias a la insistencia de los medios y a la labor pertinaz y comprometida de algunos analistas y columnistas.
Para fortuna de todos, ahora existe un espacio ciudadano para la memoria y la historia política, que registra y ordena las propuestas de los candidatos, y después, las somete a un riguroso análisis con expertos de verdad en cada uno de los temas, quienes las califican del cero al diez según su viabilidad. Casi la totalidad de las “mentiras inolvidables” que nos recetan los suspirantes del poder son reprobadas, no se salvan ni de panzazo, lo cual quiere decir que dichas “propuestas” son inviables por diversas razones, entre otras, por limitaciones presupuestales, otras de orden político, de equilibrio de poderes, entorno internacional problemático, por la previsible ausencia de acuerdos, incultura política, errores de cálculo, restricciones de orden sindical y laboral, rígidos marcos jurídicos, carencia de cuadros capaces, distintos ámbitos de competencia, corrupción infinita y una extensa variedad de argumentos y limitantes de carácter técnico, social, político e histórico. O reprueban simplemente porque sus propuestas alcanzan la categoría de auténticas estupideces, que reflejan el gran desconocimiento del tema por parte del candidato hablador y mentiroso. Sus promesas no pasan las pruebas de “consistencia, cantinflismo y factibilidad” que les aplican en la Lupa Ciudadana. Y que decir de aquellas sesudas ofertas que suponen estar descubriendo el hilo negro y resultan tragicómicas en la realidad de hoy porque ¡ya existen!, están funcionando y tienen un marco legal que las acota.
Los amigos de la Lupa Ciudadana están haciendo su labor, muy encomiable insisto, y ahora le toca a usted, inquieto lector, informarse para impedir que uno o varios políticos le vean la cara de tonto en las próximas elecciones por dejarse convencer mediante grandilocuentes promesas huecas.
Un votante informado siempre será mejor para el país porque no votará por aquellos candidatos alucinados o rabiosos, ni por sus propuestas disparatadas e inviables.
Votar sin un razonamiento mínimo de lo que fueron y representan hoy los partidos y sus candidatos nos puede llevar a los mexicanos al suicidio político.
Las consecuencias de emitir un voto mayoritario a favor de un sectario chivo en cristalería serán incalculables para el país. Un error de apreciación o una irritación mal resuelta a la hora de votar, nos puede costar a los mexicanos cuando menos 12 años de reparaciones y cirugía mayor, menos desarrollo para todos y estaremos en riesgo de perder una generación por llevar a un bufón mentiroso, incompetente e ignorante a la presidencia de la república.
Sin embargo hay que ser optimistas y pensar que la mayoría de los electores ahora sí decidirá con el cerebro y no con las encuestas. De usted depende, suertudo lector, el barco es suyo. Ah, nomás no se le olvide que en la panguita vamos todos, unos de aventón y otros remando con fuerza.

TRUMP QUIERE QUE SÍ SE PRODUZCAN DROGAS… PERO EN EU

Es de sobra conocido el hecho de que uno de los postulados que llevaron a Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, consistió en ...