21 abril 2006

LA TRAGEDIA DE LAS PENSIONES

Los problemas que más atraen la atención en el mundo y que mantienen alertas universales de diferentes colores son unos cuantos. En realidad no son muchos: el petróleo, la gripe aviar y... las pensiones.
En México los problemas que atañen a la mayoría también son unos cuantos bien identificados: la pobreza del 60% de la población nacional, la inseguridad, el empleo, el narcotráfico, la incertidumbre y riesgos inherentes a la elección en el 2006 y... las pensiones. Hay información abrumadora que así lo demuestra.
Del total de mexicanos en edad de recibir una pensión, ya no digamos razonable o digna sino para vivir en una medianía juarista, el 75% de los adultos mayores están excluidos. Solo uno de cada cuatro personas mayores tiene garantizada una pensión. En México existen alrededor de 8.2 millones de personas adultas mayores según el Instituto Nacional para la Atención a las Personas Adultas Mayores (INAPAM), de los cuales, un poco más de seis millones no tienen una pensión para vivir. La explicación del porqué es muy simple, no cotizaron durante su vida a ningún sistema institucional o privado de pensiones para poder recibir este beneficio. Así de simple. A esta desventura súmele usted la imprevisión cobarde de autoridades y Congreso y se revelará el tamaño de la tragedia nacional.
Todas estas personas mayores viven en una gran penuria por la falta de ingresos a pesar de que trabajaron toda su vida para vivir su vejez con cierta dignidad y hoy son unos viejos miserables que viven de la caridad de los parientes, o pública, o continúan con algún trabajo de mierda porque de otra manera no comerán ese día. Es muy difícil hacerle entender esta precaria y penosísima situación a quien no la vive ni la conoce de cerca.
Los diversos sistemas de pensiones se encuentran en crisis en la mayoría de los países del mundo y entre ellos de manera destacada, México. Según cifras disponibles del Banco Mundial no hay un solo país que haya resuelto a cabalidad este complejo asunto y cada vez serán mayor la cantidad de adultos mayores en desventaja. La Unión Europea subsidia su sistema de pensiones con un monto equivalente al 45% del PIB y espera en el año 2050 que por cada cien trabajadores 75 sean adultos mayores con derecho a una pensión. En China la política restrictiva de crecimiento de su población los llevará a un problema definido como 1-2-4, lo que significa que cada hijo deberá mantener en el futuro a dos padres y cuatro abuelos, y por ahora, su pujante economía le permite atender con alguna eficacia el problema pero con los focos rojos encendidos.
Vea usted, enterado lector, algunas de las instituciones con problemas graves para financiar sus pensiones en México: el ISSSTE, fuerzas armadas, Petróleos Mexicanos, CFE, Luz y Fuerza del Centro, todos los estados, todos los municipios, la banca de desarrollo y las universidades públicas, sin contar aquellos casos en los cuales los posibles beneficiarios de algún sistema de pensiones no contribuyeron de manera suficiente para recibir una pensión al final de su vida laboral, es decir, se quedan a medias porque sus años y montos de cotización no les alcanza para obtener una pensión mínima.
Según la fuente que se consulte, la deuda o déficit de las pensiones en México para los que ahora tienen derechos reales para recibir una pensión, alcanza cifras estratosféricas si las relacionamos con el Producto Interno Bruto de México, es decir, con el valor total de todos los bienes y servicios que producimos los mexicanos en un año. Hace solamente unos meses, la Secretaría de Hacienda proporcionó un dato al respecto y nos dijo que este déficit equivale al 116% del PIB. Digámoslo de otra forma, para resolver hoy el problema de las pensiones en México sería necesario poner sobre la mesa el valor de todo el PIB más un 16% adicional para resolver el problema actual. Esto significa poner en la mesa 9.2 billones de pesos, calculado con datos del valor del PIB de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) para 2005. Sin embargo, otros analistas insisten y demuestran que esa estimación de la dependencia federal está por debajo de la realidad y estiman que el déficit de los sistemas de pensiones en México puede alcanzar un valor cercano al 174% del PIB, lo que nos da la pasmosa cantidad de 13.8 billones de pesos. Y esto es aparte de la deuda interna y externa, la contingente, o escondida como le llaman algunos, cuyas cifras aturden a cualquiera y por eso, atónito lector, no se las doy a conocer en esta entrega.
No es mi afán asustarlo pero debo recordarle, matemático lector, que un billón es igual a un millón de millones, es decir, se escribe con un uno acompañado de doce ceros. Y para este caso en la estimación más alta del déficit pensionario no es solamente un uno sino un 13 seguido de doce ceros.
Es una locura de dinero.
¿Porqué llegamos a este aterrador problema? Bueno, la respuesta es muy simple: nadie lo ha querido resolver y aquellos que lo han intentado no obtuvieron ningún resultado. Es tan grande y complejo el problema de las pensiones que se requiere de la participación de todos los actores políticos y económicos del país para acordar una propuesta viable, lo cual significa que a todos nos costará, y por eso no ha sido posible.
El caso es que nadie le quiere entrar al toro. Cuando hay una propuesta de las autoridades o del Congreso o de alguna institución interesada porque está a punto de quebrar, los trabajadores no están de acuerdo y viceversa. Finalmente se resuelve la dificultad aplicando un criterio miope, de corto plazo, a partir de subsidios obtenidos del presupuesto que continuarán creciendo entre un 8% y un 12% anual mientras no se resuelva a fondo. Inclusive, en países como Chile de donde copiamos el modelo actual del sistema de pensiones mediante cuentas individuales, les cuesta alrededor del 5% del PIB, según nos cuenta Ramón Cota Meza en su columna de El Universal. Con el agravante de que la pensión para la mayoría de los trabajadores chilenos alcanza apenas el 70% de su salario, y muchos otros, no logran siquiera pensionarse. La pensión mínima en Chile es de 100 dólares porque todos los pronósticos de rendimiento en el sistema fallaron y con esa cantidad no se vive ni aquí ni allá. El mismo columnista nos informa que el sistema de pensiones chileno ya se encuentra en crisis y están encaminando sus pasos hacia otro nuevo que no es precisamente el de las cuentas individuales porque en estas se pierde por la vía de las voraces comisiones entre el 25 y el 30% de las aportaciones.
En México todos quieren poner lo menos posible o... nada, y que la peliaguda cuestión se resuelva casi por obra y gracia de la Guadalupana o del espíritu santo. Y nadie quiere pagar el costo político y monetario que implicará una solución viable y definitiva de las pensiones.
Así no se puede.
Muchos otros adultos mayores se encuentran en otro verdadero infierno por la falta de un marco jurídico adecuado y olvidados por todos. Son aquellas personas que han cotizado tanto al IMSS como al ISSSTE pero que no pueden recibir una pensión porque, en el colmo del absurdo, ambos sistemas son incompatibles y simplemente no se pueden juntar los años de trabajo. Son miles los afectados y son adultos mayores que llegan a sumar más de 35 años de trabajo. Si uno de estos adultos mayores decide pensionarse con base en las cotizaciones del ISSSTE resulta que le darán una bicoca que no le alcanzara ni para comprarse calzones, y en consecuencia, es casi obligatorio que continúe trabajando para obtener ingresos adicionales, si es que encuentra algún acomodo, lo cual es imposible porque es un adulto mayor.
Es una realidad miserable y tramposa para la mayoría de los adultos mayores que se encuentran en esta encrucijada. Mientras, los políticos, los sindicatos, el Congreso y las autoridades discuten estupideces como chachalacas y se refugian en su cobardía para no atender el drama de miles de personas mayores.
¿Ha escuchado usted a alguno de los candidatos qué hacer y cómo atacar este problema con seriedad? Yo tampoco. Hablo de un Sistema que resuelva el acertijo, no de dádivas a los adultos mayores, o de limosnas según sea el caso.
¿Cómo es posible que les hayamos dado a unos cuantos banqueros más de cien mil millones de dólares para resolverles su crisis y no atendamos un problema mayor y más trascendente?
Si ya los chilenos, que son los creadores del modelo, están intentando innovar corrigiendo el rumbo para diseñar un mejor sistema de pensiones y solucionar de otra manera menos onerosa el rompecabezas ¿porqué en México las únicas soluciones a la vista insisten en un camino que ya demostró su ineficacia para los trabajadores en el país que lo creó? La única ventaja del actual sistema de pensiones con sus cuentas individuales es para los insaciables banqueros, de la misma manera que lo es en Chile.
Lo que los chilenos están planteando nos lo dice Andrés Velasco, asesor económico de Michelle Bachelet (The New York Times, 10/01/06) citado por Ramón Cota: "Es una gran reforma, no unos cuantos parches. Mientras el resto del mundo sigue enamorado del modelo chileno original, nosotros nos estamos moviendo sin guía hacia un modelo Chile II. Tenemos que crearlo de la nada."
¿Hacia dónde van, o mejor dicho hacia dónde iremos?
¿Por qué seguimos aferrados al sistema de cuentas individuales?
Muy probablemente los chilenos se dirigen hacia un Sistema Universal de Pensiones que es también lo que necesitamos diseñar en México. A este Sistema deberán de cotizar todos los trabajadores sin importar en donde trabajen. Debemos de crear en México un Sistema Nacional en donde todos quepan, más justo y parejo, diseñado con inteligencia y talento, y con la participación de todos los actores porque, salvo los fallidos, todos seremos viejos un día. El Sistema deberá ser administrado sin afanes de lucro, con la autonomía necesaria y sin pagar las altísimas comisiones que hoy nos desangran. No hacerlo con la prontitud que se requiere será un crimen contra los trabajadores que ya dejaron su vida en los empleos y en el desarrollo del país.
Lo que debemos tener claro es que remediar el problema de las pensiones tendrá un costo para todos, incluyendo por supuesto a los trabajadores.
Así que los congresistas, el gobierno federal, sindicatos y autoridades tienen ante sí un reto descomunal.
Pero lo que no veo por ningún lado, son tamaños suficientes en los responsables obligados a zanjar el problema. Vamos, no veo inteligencia e ingenio, ni compromiso real siquiera para sostener una discusión informada, razonada y con argumentos sobre el tema con el afán de decidir y resolverlo.
Cada uno se encuentra montado en su macho. Queremos seguir por un puente que ya se derrumbó.
Por lo pronto, yo votaré por aquél candidato que se comprometa, públicamente, no sólo a atender el asunto, sino por quien nos diga cómo va a resolver la bomba de las pensiones.
¿Y usted, joven o viejo lector, quiere un buen Sistema Nacional de Pensiones o una limosna?
Ya regresaremos al tema más adelante.

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