Sé lo que alguno de mis dos acuciosos lectores estará pensando al leer el título de esta columna. Pero no, no hay que ser mal pensados, me refiero precisamente a los caninos, a los mejores amigos del hombre.
No he sido capaz de investigar a quién me tendría que dirigir cuando hay alguna queja referente a los perros callejeros que nos invaden en la ciudad. Nadie sabe a ciencia cierta si debe dirigirse al Ayuntamiento, a la Secretaría de Salud, a organizaciones no gubernamentales que se dediquen a estas tareas o si habría que ir a una oficina del Gobierno del Estado. O de plano ir con el receptor de todos los infortunios del estado: el gobernador Agundez.
Debe existir, en alguna parte, un responsable directo de atender todo lo relativo a ésta y otras faunas nocivas.
El caso es que estamos invadidos de perros callejeros. Unos, amistosos, entienden solamente cuando se les habla en inglés; pero otros, aunque usted no lo crea, entienden español. Hay otros más que obedecen cuando se les habla en francés. No piense usted, políglota lector, que estoy exagerando, no, los he visto como reaccionan y obedecen al oír que se les llama con los acentos y ritmos de otras lenguas. Y sí entienden. Hay una razón para ello: turistas que cargan siempre con sus educadas mascotas y las tiran, pierden o abandonan en la ciudad, en la calle. Por eso vemos perros callejeros de pedigrí o animales fantásticos resultado de cruzas de finas estirpes. Usted puede encontrar perros de las razas más insólitas en La Paz. Las cruzas de estos animales que uno puede encontrar en las calles del puerto son dignas del genetista más loco. Tenemos de todas las razas y todas las cruzas posibles deambulando por las calles, sin dueño y sin destino.
Los he visto solitarios, enfermos, tristes, hambrientos y con sed, recorriendo las calles de la ciudad, a sus anchas, revolviendo los botes de basura por las noches para alimentarse dejando un regadero de porquería cuando terminan de escarbar.
No me lo va usted a creer, taimado lector, he visto a selectos canes vagabundos esperando en una banqueta o crucero a que pasen los carros para atravesar una calle. Los educaron mejor que muchos niños que conozco. Son perros que alguna vez adiestraron sus dueños y luego los abandonaron por alguna razón en nuestra ciudad.
Los he visto en jauría acorralar con ladridos agresivos a dos mujeres gringas, turistas, que gritaban despavoridas en pleno malecón sin recibir ayuda de nadie. No hubo consecuencias, afortunadamente, pero estoy seguro de que estas apanicadas visitantes jamás regresarán a la ciudad de La Paz. Nunca más. Y quienes las escuchen narrar su terrible aventura tampoco vendrán. Otras veces he visto a tres animales lanzarse agresivamente contra personas que simplemente pasan junto a sus lugares de descanso: jardineras y banquetas de la ciudad. Hasta ahora sin consecuencias que me consten, solamente provocando sustos mayúsculos en quienes sufren estas agresiones. ¡Y queremos hacer de La Paz un destino turístico!
Existen personas comodinas e irresponsables que tienen sus perros sueltos, en la calle, sin amarrar, o los sueltan por las noches o en la mañana para defecar en los frentes de las casas de sus vecinos para que ellos no tengan que limpiar nada. El trabajo sucio se lo dejan a otros, a sus vecinos. No es posible ser tan cochi y comodino como para dejarle la responsabilidad de sus mascotas a los demás habitantes de la ciudad. Si no los van a cuidar que no los tengan. Quieren mascotas sin responsabilidad y eso no es posible.
Me ha tocado ver jaurías hasta de 12 perros en la calle cuando se juntan en épocas de celo.
Otros más, enfermos, a punto de muerte sin nadie que los atienda, ni siquiera para ayudarlos a bien morir.
Hasta donde he podido saber, en la ciudad no existe algo parecido a una perrera estatal o municipal, un lugar de resguardo temporal para perros callejeros perdidos, vagabundos o enfermos.
Así que recurro a mis dos consuetudinarios lectores para que me hagan el favor de informarme, si es que alguien lo sabe, cuál es la dependencia del gobierno que se encarga o se debería encargar de resolver el problema de los perros callejeros en la ciudad. O si alguna autoridad me informa con precisión quién debe atender este problema. Pero aquellos que me escriban les pido por favor que no especulen, si no lo saben no me escriban para decírmelo. Háganlo solamente si saben con certeza el nombre y ubicación de la dependencia que se hace cargo o debe encargarse de los perros en la vía pública. Espero en verdad que alguna autoridad responsable se comunique a mi correo para decirme que tiene a su cargo esta responsabilidad y qué ha hecho al respecto o qué requiere para hacer su trabajo.
Alguien debe resolver este asunto porque ya es un problema de salud pública: como consecuencia inmediata, hay una plaga de garrapatas en la ciudad de la cual pueden dar cuenta los veterinarios y fumigadores locales. Hay, además, un problema de contagio de sarna, que si no se atiende provoca la muerte de los animales y el contagio a otros que están sanos. Y para acabarla, gracias al viento, respiramos restos de heces fecales de todo tipo. ¿Cuántos virus, bacterias y hongos respiramos por el fecalismo de los perros callejeros?
Vea usted porque se lo digo. Si estimamos que existen alrededor de 3000 perros callejeros sueltos por toda la ciudad, lo que no es descabellado, éstos producen cada uno 400 gramos de excremento por día. Y si Pitágoras no miente, tenemos en la ciudad una tonelada más doscientos kilos de excremento que equivalen a 8,400 kilos cada siete días. Sí, leyó usted bien lector, son ocho toneladas más cuatrocientos kilos de mierda a la semana uniformemente distribuidos por toda la ciudad, que nadie puede limpiar porque es imposible hacerlo y están en la calle, en nuestras calles. Sin contar los ácaros, garrapatas y enfermedades que dispersan por toda la ciudad.
No es un problema menor, si tomamos en cuenta que la mitad de las calles de la ciudad aún se encuentran sin pavimento, y aún en las que sí hay, se levanta tal cantidad de polvo que quiérase o no cualquier persona que respire se dará sus toques de heces fecales. Recordemos que en promedio respiramos 15 metros cúbicos de aire por día, así que imagínese la cantidad de porquería que nos llevamos a los pulmones.
Es un problema serio de salud pública que las autoridades están obligadas a atender. ¡Vamos Presidente Víctor Castro! ¡Éntrele! Con muy poco se puede atender esta dañina plaga. Los agradecidos serán los 222,000 habitantes del municipio de La Paz en el 2005. Tenga la certeza de que, si lo resuelve, al menos, las 185,000 personas que vivimos en la zona urbana del municipio le podríamos hasta levantar un monumento o ya de perdida un busto o ponerle su estrellita en la frente.
Se requieren cuatro tipos de acciones simples y baratas para que la autoridad acabe con este problema: 1) Construir en un terreno del Ayuntamiento un lugar sencillo a base de malla ciclón con techo, para poner jaulas de guarda en donde depositar, temporalmente, a los animales; 2) Destinar un vehículo acondicionado con jaulas para encerrar a los perros que se recojan en la vía pública; 3) Seleccionar entre los 3,000 empleados del Ayuntamiento a cuatro personas para que se dediquen a estas tareas; 4) Recoger, sin excepción, a todos los animales que andan sueltos por las calles para su custodia durante tres días, y si no son reclamados en ese lapso, se sacrificarán; otra opción interesante es pagarle 10 pesos por cada perro a cualquier persona que los entregue directamente en la perrera municipal; 5) Sancionar a los dueños de perros que no los tengan a resguardo en su casa; o que visiblemente sus animales estén sueltos en el frente de sus casas, y cuando sea posible, capturarlos; 6) Vigilar, pero de verdad, que quienes pasean a sus mascotas en la vía pública lo hagan mediante el uso de una correa y obligándolos a recoger los deshechos de sus perros cuando sea el caso; 7) Definir una multa ejemplar para todos aquellos que infrinjan el Bando de Policía y Buen Gobierno que será modificado en esta materia.
Hacer lo que se propone tiene un efecto benéfico generalizado: mejora la calidad de vida de las personas y se puede hacer con centavos. ¿Alguna autoridad tendrá interés en hacerlo?
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
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