10 octubre 2005

LOS ÁCAROS FIELES COMPAÑEROS DE VIAJE

No es mi intención asustarlo, alérgico lector, pero sufrimos una invasión permanente que puede ser muy perniciosa. O no, depende del grado y tipo. Es más si usted es hipocondríaco mejor no lea esta columna, no vaya ser que la colección de “sus males” aumente.
Los ácaros viven con nosotros, habitan en nosotros, siempre lo han hecho. Desde la aparición del primer mono peludo erguido son nuestros compañeros de viaje y los serán por siempre y para siempre. Las más de las veces no nos causan problemas porque ambas especies aprendimos a convivir más o menos en paz; pero hay ocasiones en las que sí pueden producir algunos males menores y enfermedades en los seres humanos que se pueden complicar. Pertenecen al grupo de animales que los biólogos identifican como artrópodos, palabra que viene del griego y significa patas articuladas. Son parientes de las arañas y de las garrapatas, y aún de los camarones. Estos pequeños bichos, que no se ven a simple vista, tienen las mismas funciones que realiza todo ser vivo: nacen, crecen, se reproducen y mueren. Tienen un periodo de vida muy corto, pero durante ese tiempo, en su ciclo de vida generan desechos, como cualquier ser vivo, que son principalmente los que causan reacciones alérgicas de distinto grado en los humanos. Hay personas que son más susceptibles a enfermarse cuando respiran este tipo de desechos, los cuales tampoco se ven, pero flotan en el aire y son respirados por cualquier ser vivo que tenga ésta función. Todos respiramos excremento de ácaros en forma de fino polvillo, querámoslo o no, que además contiene una enzima causante de reacciones alérgicas o asmáticas, tos, falta de respiración, y que afecta en forma variable a miles y miles de personas. No hay escapatoria porque mide de 10 a 15 micras (una micra es la milésima parte de un milímetro). Lo que llamamos polvo, siempre presente en las casas, no es solamente tierra, como todo mundo piensa, el doméstico contiene tejido fibroso, escamas de la piel, pelos de animal, bacterias, restos de cucarachas de cocina, moho, restos de comida y otras materias orgánicas y sintéticas; en cada gramo de polvo doméstico pueden contarse entre 100 y 500 ácaros. Los ácaros viven en todos lados, desde alturas superiores a los cinco mil metros hasta los cuatro mil metros bajo el mar, en todos los medios conocidos por el hombre. La mayor parte son ovíparos (que ponen huevos) pero también hay ovovivíparos y exclusivamente vivíparos (producen organismos ya formados). Uno de estos fieles acompañantes desde que los humanos existimos, es el que lleva por nombre científico Demodex follicorum Simon y de hecho es un parásito. Tenemos cientos o miles de ellos en la cara pero no se ven por su tamaño tan pequeño. Se alimentan de la piel que ellos mismos nos cortan, como si se despacharan un jugoso filete, o de los restos de piel que desechamos y de las grasas que producimos a través de las glándulas sebáceas del rostro. Viven en las cavidades en donde nace cada uno de los pequeños vellos de la piel. Salen únicamente cuando la hembra está fecundada y es el momento más propicio para cambiar de huésped, lo cual sucede cuando usted saluda con un beso en la mejilla a un familiar o amiga o amigo, ahí es cuando se realiza el mayor intercambio de ácaros: les damos unos cuantos y nos dan otros tantos. Las otras especies de Demodex que son conocidas parasitan animales mamíferos domésticos y silvestres y son muy dañinas, tal es el caso de los perros en los que provocan la sarna más grave; pero se presentan también en caballos, ovejas, gatos, bovinos, cerdos y otras especies a las que les pueden causar inclusive la muerte si no son atendidos oportunamente. Hay otra especie de ácaro, de las dos que habitan permanentemente en nosotros y se llama Demodex brevis Akbulatova y hace lo mismo que la anterior aunque prefiere habitar más en las glándulas sebáceas. Las personas muy arrugadas no tienen presencia de éstos ácaros o muy pocos, por lo cual no se estimula la producción de sus glándulas sebáceas y tienen una piel más reseca. En cambio hay otras personas que son generosas y alimentan bien a sus ácaros, éstos en recompensa, estimulan la producción de grasa en la cara, con lo cual se arruga menos el cutis.
Hay una serie de síntomas causados por éstos bichos en los humanos y me interesa que usted los conozca porque los doctores no siempre son conscientes de su existencia y los atribuyen a otras causas, pero jamás piensan en los ácaros porque no se ven. Me refiero a la otitis (inflamación del oído) provocada por ácaros que logran sobrevivir a las condiciones existentes en el conducto auditivo. Producen comezón; enrojecimiento por rascarse continuamente; el afectado tiene la impresión de que pequeños animales caminan dentro de sus oídos porque escucha algo raro, a veces son ruidos percibidos sólo por él al acostarse, y en ocasiones, tiene la sensación de que “algo” se mueve en el interior del oído; hay escaso contenido de cerumen; en casos graves, el oído del paciente emana un olor fétido, y en otros se puede producir pus. Vea usted este caso bien documentado. “Un campesino de 34 años que laboraba en Estados Unidos y que acababa de regresar a México, presentaba desde hacía cuatro años prurito (comezón) en ambos oídos y fetidez del conducto auditivo externo en ambos lados. Al realizarse la exploración física de los dos oídos, se encontraron los conductos auditivos externos enrojecidos, con huellas de rascado crónico, escasez de cerumen y presencia de ¨burbujas¨, al parecer de material purulento, las cuales se desplazaban de un lado a otro del conducto auditivo externo. Revisando el cerumen bajo el microscopio, se encontraron gran cantidad de ácaros de la familia Anoetidae y del género Histiostoma; había representantes de todos los estadios, desde larvas hasta adultos, machos y hembras. Como se trataba de ácaros de vida libre, saprófagos, o sea, que se alimentan de materia orgánica en descomposición y bien conocidos por sus hábitos foréticos, después de una serie de preguntas al paciente se llegó a la conclusión de que probablemente algunos de estos ácaros habían llegado al oído de la persona transportados foréticamente por moscas, lo cual es muy común, y que, al haber encontrado un medio favorable para su desarrollo, con bastante alimento disponible (el cerumen) se habían reproducido abundantemente, colonizando los dos oídos. Al no tratarse de parásitos, las molestias que sentía el individuo se debían a reacciones alérgicas, originadas por las deyecciones y secreciones de los ácaros. Este hallazgo fue muy interesante, pues era la primera vez que se encontraban estos ácaros de vida libre bajo tales condiciones, produciendo otitis en el hombre.” El caso es que no solamente se pueden encontrar ácaros de hábitos saprófagos en los oídos de algunas personas sino también de las dos especies que hemos indicado u otras, que son habitantes permanentes de nuestro cuerpo.La fuente principal de proliferación de ácaros son las camas, los colchones. Sí, preocupado lector, ese receptáculo en el cual dormimos y pasamos al menos un tercio de nuestra vida. Si usted tiene 10 años usando el mismo colchón pues tiene de invitados a un trillón de ácaros y heces de los mismos, y un trillón es nada menos que un millón de billones, que se escribe con un uno seguido de 18 ceros. De hecho, millonario lector, su colchón pesa más que cuando lo compró porque se encuentra lleno de ácaros y sus desechos, los cuales tienen un peso que se ha ido acumulando durante años, de manera que al peso original súmele un 20% o 25% de lastre adicional por el contenido de ácaros muertos, vivos y sus desechos, además de los restos de la piel que normalmente se nos cae al contacto con el colchón y las almohadas. Éstas, también pesan un 10% más después de seis años de uso por las mismas razones. Así que es muy fácil, si el grado de infestación es alto, que algunos de estos bichos en general inofensivos, se metan a los oídos y ahí vivan porque tienen condiciones propicias de humedad y alimento suficientes para hacerlo. Para que tenga usted una ligera idea, forético lector, los humanos producimos alrededor de 5 gramos de escamas de piel por día que son suficientes para alimentar a 100,000 ácaros. Si piensa que la virgen le habla, no discurra que es un milagro, mejor vaya con un doctor para que le revise los oídos y pídale que identifique al microscopio que no tenga ácaros en los conductos auditivos cuando sienta comezón en el interior y movimientos raros o sonidos extraños. Como los doctores se creen siempre muy sabihondos, es necesario que usted les exija que hagan el análisis físico del cerumen o cerilla para que se descarten las molestias por ácaros, sobre todo si usted sospecha que puede tenerlos como huéspedes en los oídos después de conocer los síntomas que le he descrito. Y si le dan algún remedio efectivo me lo dice, digo, si no es mucha molestia y si no quedó usted muy asustado. En otra entrega prometo darles algunos consejos para tratar de controlar este problema, solo controlar porque es imposible erradicarlo.

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