¡Yo te saludo, invisible y enigmático Señor de las Válvulas del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado del municipio de La Paz!
En realidad no sé si es una persona o son varias con la misma función, pero me gusta para que sea una. Tampoco sé exactamente a qué se dedica en detalle, pero según el nombre con el que lo he bautizado, me puedo imaginar, con un gran esfuerzo, a qué se aplica y lo arduo y complicado que ha de ser su trabajo. Gran responsabilidad tiene el Señor de las Válvulas para con los usuarios. No me cabe la menor duda. Estoy convencido de que no es un simple valvulero como los de Pemex. No.
Todos en el municipio de La Paz estamos sujetos al tandeo para recibir agua en casa: un día sí y otro día no, al menos en mi caso. Si nada falla, y el apreciable Señor de las Válvulas no dispone otra cosa, así es hoy y así será mañana y por mucho tiempo. En horas bien definidas. Al menos eso quiero pensar, no me gustaría saber que hay zonas de la ciudad a las que sí les surten agua todo el día y todos los días. Como decía mi abuelo en una de sus frases lapidarias, “con esos bueyes hay que arar” para establecer sin remedio, fatalmente, los designios irrevocables.
Hay ocasiones en que el Señor de las Válvulas me desconcierta. Me confunde. Me complica. Me altera. Me desvela. Me molesta. Me alegra. Me martiriza. Y así no se puede.
En algunos casos no sé si es por descuido o por malora, o simplemente porque así está diseñado el sistema. El invisible sujeto, el Señor de las Válvulas, me envía a través de la red una descomunal presión, como para volver a inundar Nuevo Orleáns, cuya consecuencia es que no solamente se llene el tinaco en dos minutos, sino que me obliga a levantarme, en plena madrugada, a cerrar la llave de paso porque se comienza a derramar abundantemente. Es cuando me acuerdo del distinguido e incorpóreo Señor de las Válvulas y no precisamente en buenos términos. En realidad en buenos y malos recuerdos, depende del oportuno beneficio del agua y de la desvelada. Según.
Otras veces, gracias al Señor de las Válvulas, tenemos agua ¡durante todo el día! fuera de horario, y entonces sí la confusión es mayor y se convierte en tormento. ¿Se le habrá olvidado cerrar la válvula? ¿Se iría de parranda con la palomilla y no regresó a cerrar la válvula? ¿Se compadecería ante la escasez general del líquido y dejó correr el agua todo el día? ¿Estará oxidada la válvula y no la pudo cerrar? ¿O ese día funcionaron todos los pozos y no hubo necesidad de racionar el agua? ¿Se le olvidaría cerrarla? El inventario de dudas es interminable y la desazón mayor.
En la soledad de las madrugadas, y medio salpicado porque el derrame me alcanza a bañar un poco, me veo obligado a pensar que el Señor de las Válvulas no es tan cumplido como uno supondría, y lo que es peor, tampoco es constante. Es imprevisible. Y por lo tanto no es confiable. ¿Quién puede confiar en alguien así?
Si usted se queja con el Sapa: “Oiga, no tenemos agua”, y después de pedirle los datos para ubicar en qué colonia está el problema, le reviran “Ok vamos a hablar con el Señor de las Válvulas”. En ese momento mi asombro rebasa todos los límites. Y a veces llega el agua pero a veces no. ¡Y otra vez acabamos dependiendo de un ser etéreo y poderoso capaz de hidratar o resecar al prójimo: ¡El Señor de las Válvulas! Por el respeto que le tienen cuando lo invocan, uno llega a camelar que ha de ser el jefe de todos ellos y tal vez, hasta del presidente municipal. Quien sabe.
¿No tendrá un teléfono directo o un celular el respetable Señor de las Válvulas? Así, llamándole, me enteraría con certeza si abrirá o no las llaves para no estar con el pendiente si ya llegará pronto el agua o si ya vino o si me engañó y poderle reclamar su informalidad. O felicitarlo por cumplidor, ya nunca se sabe. El enigma de lo imprevisto nos arruina y aflige.
No sé si recuerde usted, cultísimo lector, el pasaje del zorro en el libro de El Principito. Resulta que entre el pequeño soberano y el astuto animal se logra establecer, finalmente un vínculo, después de varios días de intentarlo, llevándolos después de arduos intentos, a una bella relación de amistad a través de un proceso de domesticación, de acercamiento mutuo, constante e interesado, con todo predecible, en un ritual preciso de contacto. El proceso de aproximación descansaba en la confianza y la certeza en las acciones que realizaría cada uno, sin fallar. El zorro refiere que por eso son necesarios los rituales y que éstos deben respetarse porque sólo de esa manera sabremos a que atenernos. Y cita como ejemplo el ritual establecido por la gente del pueblo para celebrar la cacería del zorro en días predeterminados, en los cuales, él sabe de antemano, con toda certeza, que no deberá salir de su madriguera porque sería peligroso y podrían matarlo. Conoce, pues, el ritual con sus fechas y tiempos, y los espacios para celebrar el rito en la comarca, al igual que los demás; y sabe que él, los cazadores y los perros, incondicionales seguidores de esa costumbre, lo cumplirán con absoluta seguridad, sin lugar a dudas. Y nos dice el sagaz y docto zorro, que sin esa certeza, su existencia y la de los demás sería un caos, nadie podría vivir en paz porque no existen los rituales o respeto por los mismos, que deben ser del conocimiento y obediencia de las partes, y todos a su vez, están obligados a cumplirlos, puntual y estrictamente.
En cuanto logre descubrir quién es el Señor de las Válvulas le obsequiaré un ejemplar del libro con especial dedicatoria para que lea el pasaje del zorro que brevemente he relatado haciendo uso de mi traicionera memoria, con la esperanza de que su reflexión sea mayor que su pericia, y todos nos dediquemos a pensar y actuar como lo instruye el pequeño y astuto zorro.
¿Que me toca agua el martes en la noche? pues que sea el martes y no el miércoles durante el día. ¿Que el jueves no nos toca? pues que sea precisamente el jueves cuando haya sequía y no el martes. Que se abran las llaves a una hora precisa y conocida y se cierren, también, a la misma hora siempre. Y que todo el mundo lo sepa con detalle. Aceptemos y respetemos el ritual del agua una vez que se defina y establezca. El ritual estará completo al cumplir la parte que me toca, y todos los elementos del conjunto, se fundirán en un circulo virtuoso cuando yo la pague y no la despilfarre.
Así pues, lo que exigimos varios usuarios a las autoridades del Sapa, es un poquito de respeto por los rituales que ellos mismo han establecido, para que disfrutemos un doble bien público en proceso de extinción: certeza y confianza en las autoridades.
¿Será que las válvulas se pueden regular igual que las llaves de nariz, para que salga más o menos agua? ¿Tendrán reguladores de presión? ¿Cómo abrirá el Señor de las Válvulas sus preciados grifos? ¿De un jalón o nada más hasta la mitad? ¿Nomás tantito o hasta un cuarto de vuelta? ¿Las dejará abiertas toda la noche o solamente seis horas o tal vez doce? ¿Las irá cerrando poco a poco conforme amanece o de golpe? ¿Tendrá que ver con la presión de las bombas en los pozos? ¿O será que se intercomunican algunas redes y varía la presión? ¿Es una red o son varias? ¿Me surten de un solo pozo o de dos? ¡Que maldita y acuosa ignorancia!
Éste sí que es un verdadero enigma cartesiano, casi una aporía. Cuando lo resuelva, invisible lector, se lo haré saber sin falta, porque intuyo que usted comparte, también, éstas dudas existenciales que, a veces, nos quitan el sueño para vivir en una pesadilla.¡Hasta siempre invisible Señor de las Válvulas! Ten conmiseración de nosotros.
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
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