Quod natura non dat Salmantica non praestat[1]
(Lo que no da natura Salamanca no presta)
La síntesis de esta poderosa vitamina pertenece a unos cuantos organismos vivos genéticamente seleccionados quienes tienen en su genoma un receptáculo especial desde su nacimiento y cargarán con él toda su vida. Si se dan determinadas condiciones en su entorno colmarán ese depósito a placer y como es un recipiente que solo admite entradas, quien las obtiene jamás las descargará de sus alforjas. Una vez que se adquiere no desaparece ni se transforma, siempre será vitamina “P” constante y la cantidad podrá incrementarse pero jamás disminuye. Todos en algún momento la quisieran porque puede ser una arma poderosa. Aún cuando no se quiera mostrar, sabemos con certeza cuando alguien la tiene porque no puede ser controlada por quien la posee, simplemente emana, fluye hacia los demás a pesar de su dueño. Es desconocida por los tratados de medicina. Si usted recurre al Diccionario de Especialidades Farmacéuticas esperando una definición no la encontrará. No es de las típicas del complejo B o de aquellas que son solubles en aceite o agua como nos enseñaron en la escuela. Pero no siempre nos damos cuenta de su presencia. La condición para manifestarse en los seres predispuestos, exclusivamente, es la presencia de un poderoso catalizador de contacto. Cuando el privilegiado que la posee tiene trato con pequeños o grandes conglomerados humanos recibe transfusiones de esta vitamina. La dosis que se recibe es directamente proporcional a la cantidad de personas con las que se tiene contacto, es decir, obtendrán más de ella cuanto más reuniones celebren con masas sociales. Grandes auditorios, mítines y manifestaciones son sus proveedores mayores. Es en esos momentos de reunión, o mejor dicho de comunión, cuando por efecto de un magnetismo emocional, inexplicable por la teoría de las masas, emanan ríos abundantes de esta vitamina que producen las multitudes hacia el receptor predestinado. Y es en esos momentos, también, que se establecen dos vías de comunicación una que recibe y otra que emana, esta vitamina convertida en energía, simultáneamente. Con la diferencia de que en las masas desaparece una vez que éstas se disuelven y ninguno de los manifestantes se queda con algo, de hecho no obtienen nada, excepto una sensación pasajera de bienestar y alegría después del contacto con ese líder especial, único, carismático e irrepetible. No todos los que tienen contacto con las masas la reciben, porque deben tener en su genoma los receptáculos adecuados, recuerde que sólo la reciben quienes tienen los receptores apropiados en su mapa genético desde su nacimiento. Resulta más evidente en los seres humanos pero está presente en diversos organismos vivos que conviven todos los días con nosotros, aunque por las formas en que se manifiesta, sus efectos son intrascendentes para la mayoría de las personas, es inocua para los mortales comunes porque somos incapaces de percibirla cuando no proviene de seres humanos. Tal es el caso de algunos animales como los perros, algunas especies arbóreas, micos, ciertos pájaros y otras especies más. Es el tesoro más preciado de los políticos, la buscan afanosamente, pero no todos la alcanzan. No es posible obtenerla en ningún laboratorio de alta tecnología ni en escuelas ni en supermercados. No hay dispositivos para hacerse de ella artificialmente, no se puede pedir en una inyección o en una pastilla. Es una poderosa vitamina que solamente logran acumular en el curso de su vida algunos privilegiados. Solamente se nace con esa capacidad y se manifiesta en algún momento de la vida o puede quedar para siempre soterrada en las profundidades del ser, en cuyo caso, implica que las urnas receptoras permanecieron vacías o con cantidades infinitesimales de vitamina “P”. Se puede ser un líder sin tenerla nunca y no se trasciende. Sin embargo, a pesar de que algunas personas captan algo de ella, por diversas condiciones de su entorno social nunca obtienen más y el receptáculo permanece casi vacío, y gracias a ese “casi” alcanzamos a percibir algo de ella en la vida cotidiana de estos selectos seres humanos, notamos pequeños destellos, cuando tenemos el privilegio de tratar con alguna persona que la posee en nimias cantidades aún cuando no haya sido transfundida por las multitudes. A éstas personas las disfrutamos. Siempre son encuentros singulares que nos impactan directamente en el centro de nuestras emociones. Ésta vitamina, la pueden tener algunos cantantes, políticos, actores, líderes sociales y comediantes. Pero no por el hecho de dedicarse a alguna de estas actividades se manifiesta la vitamina “P”. Solo unos cuantos escogidos que tienen contacto con las muchedumbres la muestran intensamente y sufren una transmutación al contacto con las masas y éstas de él o ella. Estos bendecidos no siempre caen en la cuenta de que son poseedores de esta magnifica y rara sustancia etérea, pero quienes logran tener conciencia de que la ostentan pueden hacer lo que quieran con las personas y las sociedades. Literalmente lo que quieran. Las atraen y fascinan, las cautivan y hechizan sin una razón especial, simplemente se les da porque tienen ese don desde que nacieron y llenaron sus depósitos. Nadie les exige nada, es suficiente verlos y escucharlos y luego padecer sus ausencias. Quienes nacen con las capacidades para sintetizar esta vitamina son carismáticos, pueden ser líderes, y pueden, en determinadas circunstancias históricas, llevar a sociedades, pueblos y países a cambiar el destino de su historia y dirigirlos hacia la ruina, la fortuna o la libertad. Su personalidad es avasalladora. Producen cataclismos a su paso, lagrimas y enamoramiento, admiración exagerada y enigmática fascinación. Todos distinguen a una persona con vitamina “P” cuando la tienen en su entorno o cuando la ven en cualquier sitio. Las emanaciones de su magnetismo son inconfundibles. Hitler la poseía en cantidades industriales y cambio el destino de la historia mundial. Ghandi también la usó para cambiar las condiciones de su país hasta lograr la independencia de la India. Pero también la tuvieron Kennedy y López Mateos, Villa y Zapata, Juárez y Santa Ana, Juan Pablo II, Napoleón, Pedro Infante y Jorge Negrete, Rodolfo Valentino y Los Beatles. Y varios más, pero no muchos. Y no responden a un prototipo único o universal, pueden ser de etnias y colores distintos, y hablar idiomas diversos. Esa es la vitamina “P”, la que produce el poder de las masas en las personas elegidas, y es la única forma de sintetizarla. Viene justamente de Poder. No todos los líderes pueden ser receptores de las emanaciones de esta vitamina. No se puede obtener a través de un puesto o responsabilidad formal, hay quien tiene todo el poder pero carece de vitamina “P” porque no cuenta con los receptores necesarios para ello en su mapa genético. Se puede ser presidente de la republica o gobernador o presidente municipal, y no tener la menor dosis de vitamina “P”. Los conocemos. De ellos no emanará ese magnetismo característico que tienen aquellos que han sido transfundidos por el efecto de las masas y el poder. Los especiales, esos seres que hemos visto alguna vez, o hemos sabido de su existencia, la manifiestan aún cuando dejan de tener contacto con la muchedumbre porque su vitamina “P” no se acaba, se les nota simplemente caminando por la calle. No es sólo tener poder y carisma, es algo más; hay quienes tienen ambos atributos pero, además, poseen el don único de sintetizar la vitamina “P”. Esa es la “señal invisible” que los distingue para siempre ante los demás y por eso pasan a la historia, para bien o para mal.
[1] Frase con la que -supuestamente- los encargados de administrar los bienes de la célebre Universidad de Salamanca le negaron ayuda a Cristóbal Colón, quien luego la recibió de los reyes Fernando e Isabel. La expresión se aplicó posteriormente para justificar, en una persona, la carencia de algún talento, como si dijéramos que lo que no se trae de nacimiento, no se obtiene con la práctica. http://www.arcom.net/belca/del_dicho/indice%20dichos.html#DichosSecciones
(Lo que no da natura Salamanca no presta)
La síntesis de esta poderosa vitamina pertenece a unos cuantos organismos vivos genéticamente seleccionados quienes tienen en su genoma un receptáculo especial desde su nacimiento y cargarán con él toda su vida. Si se dan determinadas condiciones en su entorno colmarán ese depósito a placer y como es un recipiente que solo admite entradas, quien las obtiene jamás las descargará de sus alforjas. Una vez que se adquiere no desaparece ni se transforma, siempre será vitamina “P” constante y la cantidad podrá incrementarse pero jamás disminuye. Todos en algún momento la quisieran porque puede ser una arma poderosa. Aún cuando no se quiera mostrar, sabemos con certeza cuando alguien la tiene porque no puede ser controlada por quien la posee, simplemente emana, fluye hacia los demás a pesar de su dueño. Es desconocida por los tratados de medicina. Si usted recurre al Diccionario de Especialidades Farmacéuticas esperando una definición no la encontrará. No es de las típicas del complejo B o de aquellas que son solubles en aceite o agua como nos enseñaron en la escuela. Pero no siempre nos damos cuenta de su presencia. La condición para manifestarse en los seres predispuestos, exclusivamente, es la presencia de un poderoso catalizador de contacto. Cuando el privilegiado que la posee tiene trato con pequeños o grandes conglomerados humanos recibe transfusiones de esta vitamina. La dosis que se recibe es directamente proporcional a la cantidad de personas con las que se tiene contacto, es decir, obtendrán más de ella cuanto más reuniones celebren con masas sociales. Grandes auditorios, mítines y manifestaciones son sus proveedores mayores. Es en esos momentos de reunión, o mejor dicho de comunión, cuando por efecto de un magnetismo emocional, inexplicable por la teoría de las masas, emanan ríos abundantes de esta vitamina que producen las multitudes hacia el receptor predestinado. Y es en esos momentos, también, que se establecen dos vías de comunicación una que recibe y otra que emana, esta vitamina convertida en energía, simultáneamente. Con la diferencia de que en las masas desaparece una vez que éstas se disuelven y ninguno de los manifestantes se queda con algo, de hecho no obtienen nada, excepto una sensación pasajera de bienestar y alegría después del contacto con ese líder especial, único, carismático e irrepetible. No todos los que tienen contacto con las masas la reciben, porque deben tener en su genoma los receptáculos adecuados, recuerde que sólo la reciben quienes tienen los receptores apropiados en su mapa genético desde su nacimiento. Resulta más evidente en los seres humanos pero está presente en diversos organismos vivos que conviven todos los días con nosotros, aunque por las formas en que se manifiesta, sus efectos son intrascendentes para la mayoría de las personas, es inocua para los mortales comunes porque somos incapaces de percibirla cuando no proviene de seres humanos. Tal es el caso de algunos animales como los perros, algunas especies arbóreas, micos, ciertos pájaros y otras especies más. Es el tesoro más preciado de los políticos, la buscan afanosamente, pero no todos la alcanzan. No es posible obtenerla en ningún laboratorio de alta tecnología ni en escuelas ni en supermercados. No hay dispositivos para hacerse de ella artificialmente, no se puede pedir en una inyección o en una pastilla. Es una poderosa vitamina que solamente logran acumular en el curso de su vida algunos privilegiados. Solamente se nace con esa capacidad y se manifiesta en algún momento de la vida o puede quedar para siempre soterrada en las profundidades del ser, en cuyo caso, implica que las urnas receptoras permanecieron vacías o con cantidades infinitesimales de vitamina “P”. Se puede ser un líder sin tenerla nunca y no se trasciende. Sin embargo, a pesar de que algunas personas captan algo de ella, por diversas condiciones de su entorno social nunca obtienen más y el receptáculo permanece casi vacío, y gracias a ese “casi” alcanzamos a percibir algo de ella en la vida cotidiana de estos selectos seres humanos, notamos pequeños destellos, cuando tenemos el privilegio de tratar con alguna persona que la posee en nimias cantidades aún cuando no haya sido transfundida por las multitudes. A éstas personas las disfrutamos. Siempre son encuentros singulares que nos impactan directamente en el centro de nuestras emociones. Ésta vitamina, la pueden tener algunos cantantes, políticos, actores, líderes sociales y comediantes. Pero no por el hecho de dedicarse a alguna de estas actividades se manifiesta la vitamina “P”. Solo unos cuantos escogidos que tienen contacto con las muchedumbres la muestran intensamente y sufren una transmutación al contacto con las masas y éstas de él o ella. Estos bendecidos no siempre caen en la cuenta de que son poseedores de esta magnifica y rara sustancia etérea, pero quienes logran tener conciencia de que la ostentan pueden hacer lo que quieran con las personas y las sociedades. Literalmente lo que quieran. Las atraen y fascinan, las cautivan y hechizan sin una razón especial, simplemente se les da porque tienen ese don desde que nacieron y llenaron sus depósitos. Nadie les exige nada, es suficiente verlos y escucharlos y luego padecer sus ausencias. Quienes nacen con las capacidades para sintetizar esta vitamina son carismáticos, pueden ser líderes, y pueden, en determinadas circunstancias históricas, llevar a sociedades, pueblos y países a cambiar el destino de su historia y dirigirlos hacia la ruina, la fortuna o la libertad. Su personalidad es avasalladora. Producen cataclismos a su paso, lagrimas y enamoramiento, admiración exagerada y enigmática fascinación. Todos distinguen a una persona con vitamina “P” cuando la tienen en su entorno o cuando la ven en cualquier sitio. Las emanaciones de su magnetismo son inconfundibles. Hitler la poseía en cantidades industriales y cambio el destino de la historia mundial. Ghandi también la usó para cambiar las condiciones de su país hasta lograr la independencia de la India. Pero también la tuvieron Kennedy y López Mateos, Villa y Zapata, Juárez y Santa Ana, Juan Pablo II, Napoleón, Pedro Infante y Jorge Negrete, Rodolfo Valentino y Los Beatles. Y varios más, pero no muchos. Y no responden a un prototipo único o universal, pueden ser de etnias y colores distintos, y hablar idiomas diversos. Esa es la vitamina “P”, la que produce el poder de las masas en las personas elegidas, y es la única forma de sintetizarla. Viene justamente de Poder. No todos los líderes pueden ser receptores de las emanaciones de esta vitamina. No se puede obtener a través de un puesto o responsabilidad formal, hay quien tiene todo el poder pero carece de vitamina “P” porque no cuenta con los receptores necesarios para ello en su mapa genético. Se puede ser presidente de la republica o gobernador o presidente municipal, y no tener la menor dosis de vitamina “P”. Los conocemos. De ellos no emanará ese magnetismo característico que tienen aquellos que han sido transfundidos por el efecto de las masas y el poder. Los especiales, esos seres que hemos visto alguna vez, o hemos sabido de su existencia, la manifiestan aún cuando dejan de tener contacto con la muchedumbre porque su vitamina “P” no se acaba, se les nota simplemente caminando por la calle. No es sólo tener poder y carisma, es algo más; hay quienes tienen ambos atributos pero, además, poseen el don único de sintetizar la vitamina “P”. Esa es la “señal invisible” que los distingue para siempre ante los demás y por eso pasan a la historia, para bien o para mal.
[1] Frase con la que -supuestamente- los encargados de administrar los bienes de la célebre Universidad de Salamanca le negaron ayuda a Cristóbal Colón, quien luego la recibió de los reyes Fernando e Isabel. La expresión se aplicó posteriormente para justificar, en una persona, la carencia de algún talento, como si dijéramos que lo que no se trae de nacimiento, no se obtiene con la práctica. http://www.arcom.net/belca/del_dicho/indice%20dichos.html#DichosSecciones
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