¿Recuerda usted el programa llamado Tolerancia Cero? En un apretado resumen le diremos que consistió en una serie de acciones para terminar con la delincuencia en la ciudad de Nueva York. Fue en la época de Rudoph Giuliani, alcalde de esa metrópoli, cuando decidieron aplicar mano dura porque el comportamiento criminal ya había llegado a un punto en el que la delincuencia estaba fuera de control. El lema mediante el cual se identifico la estrategia fue el de la “teoría de las ventanas rotas" y suena aparentemente muy simple: "todo crimen que queda impune alienta a cometer otros crímenes más graves, porque en el delincuente subsiste la idea de que no recibirá castigo". Según un estudio de la Universidad de Cambridge los delitos disminuyeron 65% durante el gobierno de Giuliani.
El programa definió tres principios básicos para operarlo: “una profunda reforma administrativa de las instituciones involucradas en el proceso de combate a la delincuencia (NYPD principalmente); generar un sistema de información detallado y público sobre las cifras (tanto en materia de tasas de delincuencia como en materia de los recursos asignados y gastados por las instituciones involucradas); y, por último implementar una filosofía de "tolerancia cero" contra todos los delitos menores como hurtos callejeros, rayado de murallas, etc.”
De entrada se preparó un larguísimo catalogo criminal con todos los delitos desde los pequeños e intrascendentes hasta los grandes: arrojar basura, pintar graffitis, insultar o realizar actos de vandalismo, violencia familiar, crímenes, robos, asesinatos y narcotráfico en todas sus modalidades y decenas más. Se estableció como premisa que todos ellos tendrían que ser firmemente reprimidos y castigados para impedir que se desarrollen comportamientos criminales más graves e impunes. Ya no se podía salir a la calle, había barrios en los que la policía no podía entrar, el vandalismo era insoportable, asaltos y robos, el graffiti, asesinatos por doquier y todo lo que usted piense que puede pasar cuando las autoridades son rebasadas por la delincuencia.
Un ejemplo que cita el superpolicía William Brattons, quien aplicó el programa en Nueva York, explica uno de los fundamentos centrales de la teoría: "Es muy simple: un par de respetados criminólogos realizaron un experimento donde estacionaban un auto nuevo en un área. Durante días nada le pasó. Luego, en el mismo lugar, estacionaron un auto con un vidrio roto. En un par de días estaba completamente desvalijado. La idea es que la primera ventana rota lleva a otras cosas. Así, si por ejemplo una persona ensucia las murallas de una estación de metro, vendrá otra y hará lo mismo. Mi teoría es impedir a toda costa el primer rayado". El concepto realmente suena interesante.
El programa de los gringos fue duramente atacado por varias razones: se enfocó contra los pobres, era racista, penalizaba fuertemente a los jóvenes, se endurecieron excesivamente las condenas, hubo allanamientos indiscriminados, interrogatorios sin control y un largo etcétera de abusos de la policía. Pero la principal, consistió en que los derechos humanos pasaron a segundo término bajo el lema: primero detienes o disparas y después averiguas. Así, los enemigos declarados fueron: ser joven, negro, desempleado, feo, peludo, con tatuajes, con apariencia de cholo, mugroso, prieto, gordo, vendedor ambulante, prostituta, lavacoches callejero homosexual, bisexual, fanático del rock, y cualquier otra persona que se ubicara fuera de los cánones de lo “socialmente aceptable”. O ser hispano con las mismas características mencionadas, eran suficientes “razones” para que inmediatamente te detuviera la policía y te metieran a la cárcel para sujetarte a interrogatorios infernales. De esta manera se llegaron a establecer “poblaciones objetivo” en las cuales se ejerció todo el peso de esas leyes en donde no siempre se aplico la justicia y se violaron otros derechos.
Hubo, en efecto, un abuso bien documentado por diversas organizaciones civiles y autoridades, que revisaron el marco de actuación de los policías ejecutores del programa, concluyendo que sí se había reducido dramáticamente la delincuencia a niveles sorprendentes, pero el costo en términos de violaciones a los derechos humanos había sido muy alto. Sin mencionar el incremento descomunal de la población carcelaria la cual se duplico en menos de tres años.
La contraparte de este programa nos la ofrece el exalcalde de la ciudad italiana de Palermo Leoluca Orlando, quien toma distancia del esquema gringo. El italiano fue uno de los guerreros de la ley que lucho y le gano a la mafia siciliana. Sostiene que como fundamento del combate al crimen, se deben considerar dos pilares igualmente importantes: por un lado la aplicación de la ley y por el otro, la adopción de una cultura de la legalidad. Estos dos elementos llevan, con el tiempo, a un rechazo tajante por parte de la sociedad tanto del delito como de la corrupción.
Otro de los hilos conductores de la estrategia que se ha manejado como uno de los fundamentos para atacar con eficacia el delito, sin autor identificable, es el de tener una política consistente de fomento al desarrollo económico para la creación de empleos, porque su ausencia tiene como secuela principal la elevación de la delincuencia en delitos asociados a la pobreza y el desempleo. Esta política es un buen antídoto para atacar problemas sociales asociados a la delincuencia.
Todo lo anterior, implicó contar con un poder judicial ágil, que resolviera los asuntos rápidamente, lo cual para nuestro estado, suena casi imposible por lo herrumbroso que se encuentra nuestro sistema de impartición de justicia, con juicios eternos y tiempos de respuesta laxos, personal profesional escaso y algunas otras características negativas que implicarían su revisión y modificación.
Con un esquema de tolerancia cero estricto y amplio, me atrevo a decir que todos los ciudadanos del estado tendríamos un problema severo. Pero también las autoridades porque adónde nos meterían. Por lo pronto 83,500 propietarios de vehículos estarían incurriendo en una infracción que debería ser castigada porque no han pagado la tenencia o la revista; en La Paz más 32,178 personas no han pagado el agua. Más de 80,000 propietarios no han pagado el predial. ¿Cuántos vehículos circulan sin placas? ¿Y sin revista? O contaminando, o sin luces o cuántos no traen cinturón de seguridad, etc. En resumen ¿Cuántos de nosotros estamos incurriendo en alguna violación administrativa o penal que amerite un castigo? Para no ponerle números alegres les diremos que son muchísimos. Entonces, si nos ponemos muy rectos ¿quién cerraría la puerta? O que, usted esta en regla.
Pero la cuestión se complicaría enormemente para los ciudadanos, en el momento en que las entidades de gobierno aplicarán todo el marco legal en su acepción más dilatada, y actuaran articuladamente, es decir, desde todas las instancias del gobierno, como una entidad administrativa organizada, orgánica, volcada a impedir que se cometa una violación a ninguna ley estatal, en lugar de distribuir en compartimientos estancos la acción aislada de la policía en la parte que le toca o solo del Ayuntamiento o de Finanzas.
Pues bien, qué pasaría si en la ciudad de La Paz aplicamos algunos, conste solo algunos, de los elementos exitosos de estas experiencias, aprovechando que tenemos nuevas autoridades estatales y municipales que entran a cumplir sus funciones con una enjundia fenomenal queriendo arreglarlo todo para pasar a la historia.
Algunas de los lineamientos estratégicos sin un orden especial, bien podrían ser:
® Un solo cuerpo de policía para todo el estado.
® Respeto a los derechos humanos como premisa fundamental para cualquier programa que se aplique.
® Elaborar un buen diagnóstico de la criminalidad en el estado.
® No permitir, bajo ninguna circunstancia que un delito, menor o mayor, quede sin castigo
® Incremento de personal policiaco con salarios, equipo y prestaciones razonables, con evaluaciones estrictas de su desempeño para aplicar un sistema de estímulos y recompensas
® Un poder judicial ágil con personal y equipo suficientes para la impartición pronta de la justicia.
® Jueces y magistrados sujetos a permanente rendición de cuentas con sanciones ejemplares a quienes violen el estado de derecho y la aplicación pronta de la justicia.
® Respuesta inmediata de la policía, en menos de tres minutos, a cualquier llamada de auxilio.
® Diseño de un sistema automatizado de registro con mapeo que permita zonificar la ciudad o el estado, definiendo de arranque el tipo de los delitos existentes para estudiar su evolución.
® Promoción de la cultura de la legalidad, de manera intensiva e inteligente, a través de diferentes medios.
® Desconcentración de la policía, con delegación de responsabilidades y sujetos a resultados medibles mediante evaluaciones del comportamiento de los delitos en su sector y su actuar personal.
® Impulsar la formación de una sociedad comprometida con la legalidad en contra de la corrupción y del delito, involucrando a todos los sectores de la población.
® Fomentar la cultura de la denuncia, misma que tendrá seguimiento y respuesta al demandante en el tiempo más corto posible.
® Revisión y modernización del marco legal conducente.
En entrevista con El Sudcaliforniano el martes 12 de abril pasado, el futuro Secretario de Seguridad Publica, ha delineado las actividades principales a desarrollar, una vez que se conforme la institución, y según el mismo las explica, consisten en: Prevención del delito; Programa de combate a la delincuencia organizada (narcomenudeo); Programa vecino vigilante; Sectorización policiaca; Programas de certificación y profesionalización permanente; Evaluación del desempeño. Me parece que faltan varias e importantes cosas y aunque es pronto para conocer con detalles suficientes la actividad que realizará la nueva Secretaría comentaremos algunas. Después de leer la entrevista, nos deja la impresión de que buena parte de la estrategia policiaca descansa en la formación de un “Grupo Táctico”, como si fuera Superman, que ya en el pasado se tuvo en operación y aún hoy, con algunas modalidades, existe en la Dirección de Seguridad Pública y es conocido como “GRIME”. Pero no se habla de la policía en su conjunto para que actúe como un cuerpo articulado y armónico, sino enfatizan su acción en un cuerpo de élite con tareas específicas. Por otro lado, no vemos la articulación indispensable con otras instancias, como las de Procuración de justicia y las áreas del poder judicial, los mecanismos de acción conjunta con la PGR, que sería la condición mínima para un buen desempeño. Tampoco vemos la presencia destacada, al menos de manera explicita, del respeto a los derechos humanos, en especial, cuando se reconoce que el grupo táctico incurrió en abusos en el pasado.
Por otra parte, no vemos ninguna referencia al marco jurídico actual y a las modalidades que tendría que tener el aparato de justicia estatal para impartir en forma pronta y expedita la aplicación de las leyes en la materia.
Da la impresión de que la policía actuará solo cumpliendo su pequeño o gran tramo de responsabilidad y ya.
Y otras ausencias que ya apuntamos.
Sencillo no es. Debemos quitarle a nuestras autoridades el fundamentalismo policiaco y para ello el nuevo titular tiene la extraordinaria ventaja de que no es policía.
La receta ya está solo falta el farmacéutico que la surta.
De cualquier manera le deseamos suerte al futuro Secretario.
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
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