28 junio 2005

¡eureka!

Los políticos mexicanos que hoy retozan para ser candidatos de algún partido político a la presidencia de la republica, han descubierto el subterfugio perfecto que exorciza cualquier acusación, la que sea, y de cualquier tamaño, hasta convertirla en polvo. Con un solo disparo de esta poderosa arma desintegradora, cualquier imputación, cargo, denuncia o ataque que en su contra puedan esgrimir sus enemigos, los simples adversarios o los escopetazos de fuego amigo, les harán lo que el viento a Juárez. Les ha funcionado a cabalidad hasta ahora. Está probado ni más ni menos que en el sagrado tribunal de la opinión publicada, que no es necesariamente, la opinión publica, y los provee de un blindaje infalible contra todo tipo de querellas ciertas o falsas, de delitos chiquillos o grandotes, ruines o ingenuos, de buena fe o de mala leche, no importa ya a estas alturas. Si el autor de esta columna pudiera patentar este gran descubrimiento seguramente me convertiría en millonario; aunque en realidad sería desleal, porque, me parece, tiene dueño y autor identificado que posteriormente les daré a conocer para rendirle los homenajes correspondientes por tan alta contribución a la ciencia política, a las ciencias de la comunicación y a la Ley de Amparo. Es un gran sabio, sin ninguna duda. Por eso el nombre de esta columna que el diccionario de la Real Academia Española define como: “1. interj. U. cuando se halla o descubre algo que se busca con afán”. Pues ya lo encontraron. Y lo veremos todos los días de aquí en adelante, en radio, televisión, en la prensa escrita y en Internet, justo hasta el momento en que se suspendan las campañas para asistir a votar por alguno de los prohombres (hasta ahora, porque no hay ninguna mujer... todavía) candidatos de cualquier partido para que el ungido por el voto sagrado de los ciudadanos en esta nueva democracia ocupe la silla presidencial. No sé si el ganador la vaya a colmar, la silla, pero cuando menos sí la ocupará. Ustedes, amables tres exorcistas lectores, dirán, con justa razón, que ya le estoy haciendo mucho al cuento y que después de tanto rollo aún no explico cuál es el anunciado pretexto perfecto, el blindaje maravilloso. Bueno, pues ahí le va, y tome nota por si se ofrece, uno nunca sabe. Todos los hoy precandidatos, y seguros candidatos en el mes de julio, han afirmado, sin empacho alguno, que cualquiera de las acusaciones que se lancen en su contra, sean verdad o mentira, se deben a que “como soy el candidato más fuerte me quieren atacar por ese lado”. ¡Brillante! ¡Genial! ¿No le parece? Una vez que cualquiera de estos iluminados pronuncie las mágicas palabras iguales o parecidas, con fuero o sin él, por ese sólo hecho, inmediatamente piensa y asume que los jueces implacables del tribunal de la opinión pública, el ministerio publico y todo el poder judicial, los exonerarán de todas sus culpas y tropelías. La salvación ha llegado. El reino de la impunidad ha echado raíces. La piedra filosofal de la política que trasmuta en cuento o infundio cualquier delito, real o supuesto, que se le achaque a alguno de los jugadores por la grande. Ya no ocuparán fuero ni abogados para defenderse, ya no tendrán que gastar un centavo en propaganda para convencernos de que existe una “política lodera” en los ataques que reciban de sus enemigos. Simplemente con celebrar el infalible conjuro: “es que me atacan porque soy el mejor candidato” ya nos jodimos todos los mexicanos ante este imbatible escudo protector. Es probable que a usted, inmune lector, le suenen familiares algunos de los más recientes exorcismos. Sale el primero y más socorrido: “Me quieren vencer a la mala”. O este otro también de buena factura: "Hay que ver de dónde vienen las críticas; apuesto doble contra sencillo que vienen de quienes se afectó sus intereses". Y que le parece esta formidable pieza de artillería: “Me quieren sacar de la jugada porque soy el más avanzado en las encuestas”. Un ultimo ejemplo de inmundicia salvadora: "Claro que se va a aprovechar cualquier circunstancia para que el sosechosismo surja. Que si esto será esto, mañana vendrá otra cosa y así nos vamos a ir a lo largo de la campaña". Y a cobrar. Otra más que no tiene desperdicio y nos pone a todos a temblar de mello: “Si se pasan de la raya, que se cuiden; los voy a denunciar si alguien incurre en un delito de difamación o de calumnia, y vamos a ver cómo nos va en los tribunales”. Hay muchas más, el conjunto de cándidos jugadores tienen su propio y vasto inventario de conjuros, y los van sacando de la bolsa, uno por uno o en paquete, para vomitarlos según lo dicte la ocasión y el auditorio. Con estas invocaciones ya constataron que logran la ansiada impunidad para jugar a sus anchas, al fin ya confirmaron que también el poder judicial se las cree; y en el improbable caso, pero de verdad muy improbable por cierto, de que ninguna de estas peticiones al altísimo y excelso impartidor de justicia divina funcione, pues aún queda la ultima invocación, la definitiva, a cargo del sumo sacerdote y la pitonisa, la cual será emitida ya sin necesidad de que los infecte otra vez la temible y escalofriante fiebre de muchedumbre: ''A nadie se impedirá participar en la próxima contienda electoral”. La ultima y nos vamos, lo prometo: “La procuraduría revisará de manera exhaustiva el expediente de consignación... buscando preservar dentro del marco de la ley la mayor armonía política del país”. Y el milagro se consuma ipsofacto.
Ahora resulta que todos los presidenciables se encuentran protegidos por el artículo 108 de la Constitución, y sin ostentar todavía el codiciado cargo de presidente de la republica, disfrutarán de esta prerrogativa y todos serán inmunes de facto. ¡Que chulada! ¡Que país tan maravilloso!

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