20 agosto 2005

VIEJOS ...LOS CERROS

Jamás un hombre es demasiado viejo para recomenzar
su vida, y no hemos de buscar
que lo que fue le impida ser lo que es o lo que será.Miguel de Unamuno
Se trata de vivir y si se puede, vivir muchos años y más o menos bien, con lo indispensable. Vivir toda la vida para morirse de viejo, en la cama de siempre, y en paz, para acudir a la ultima cita cuando todos los relojes se detengan. Morir con la idea simple de que todo tiene un final, que a veces, nos empeñamos en ignorar, y saber que todo lo que vive morirá algún día. No morir por enfermedad o por suicidio. Ni por descuidos atendibles, esas son muertes absurdas, imperdonables. Morirse de viejo está bien, de eso se trata la vida y es natural que así ocurra cuando llegue la hora. No antes ni después, justo al final, de preferencia sano y en tu juicio, cuando el cuerpo y sus componentes maravillosos de vida dejen simplemente de funcionar por causas naturales, cuando la fina maquinaria del cuerpo ya no dé para más. Y morirse de la mejor manera: acostarse a dormir después de la jornada y no despertar ya más. Sin largas agonías ni despedidas llorosas y eternas. Sin dar lástima y sin perder la dignidad. Pedirles a los amigos que al viernes siguiente de la partida hagan una carne asada para celebrar a la naturaleza, a la vida y la muerte de los amigos. Sin misas ni rosarios, ni novenarios, con mucha cerveza, buenos tragos y suaves carnes en su punto y al carbón. Con música. Como siempre pues, y que todo quede para el recuerdo. La vida es un juego circunstancial que tiene como premio natural, personal, único, el llegar a viejo. ¿Después hay algo más? Diría que no, pero en realidad no lo sé. ¿Tendría sentido morirse a los dos meses de nacido o a los 25 años o a los 47? Pues claro que no. No cuadra. El ciclo no se cumple, se rompe antes. Se trata estrictamente de llegar a viejo, y mientras más viejo mejor. Tampoco se trata de lograrlo como sea, a cualquier costo. Tampoco es para tanto. Hay viejos ausentes del mundo y otros llenos de penurias y enfermedades; son como aquellos atletas del maratón que apenas llegan enteleridos al final, con la cara descompuesta por el dolor y la fatiga, ya sin aliento para nada, apenas para terminar. Así no. Envejecer tiene su chiste y mas en estas sociedades en que lo reconocido y amado por la mayoría es lo más joven, lo bonito, lo banal, lo que está de moda. No es lo añoso. No en ésta época. Ya no. Los viejos deberían tener una recompensa simplemente por haber ganado la carrera de la vida, por haber vencido todas las adversidades, por haber dejado la zalea en su sexagenaria u octogenaria lucha cotidiana. Por haber contribuido, a su medida y según sus capacidades, al desarrollo de su entorno cercano y del país. Hombres y mujeres por igual. No es un logro menor. Es verdad que los viejos son menos tolerantes que el resto de los mortales, pero eso se debe a una economía vital, natural. Al final de la vida tienen menos capacidades para soportar la tontería y el ruido que ésta produce. Ni modo. Pero llegar a viejo sin nada, sin una morada segura, sin dinero, enfermo, desmemoriado, sin saber si podrá comer ese día y sin ánimo para casi nada, es duro. Y es más trágico cuando después de cierta edad, sólo se puede trabajar de cerillo en un mercado o lavando carros para obtener exiguos ingresos o escribiendo columnas en la prensa. Y sin una pensión que serviría nada más para mal comer y para la compra de varios kilos de medicinas similares al mes. Para muchos no hay ni siquiera eso. He ahí lo siniestro e injusto de nuestro sistema social.
No hay una política de estado a favor de esta población creciente en nuestro país. Los viejos están abandonados a su suerte. Nadie ve por ellos, al menos no por todos. En Sudcalifornia, en el año 2000 había, 24,155 mayores de 60 años. En el 2005 según estimaciones del CONAPO tenemos 30,822 mayores de 60 años, de los cuales 14,747 son hombres y 16,075 son mujeres, éstas son más, y en consecuencia, mayormente desvalidas porque viven más tiempo en su desamparo y abandono. En el 2003 había en BCS 7,910 pensionados en el IMSS. Más los que tenemos pensionados en el ISSSTE, que son alrededor de 5,198 personas en todo el estado. ¿Y el resto de nuestros mayores de qué viven? ¿Como sobreviven? ¿Alguna autoridad lo sabe? Entre 1,000 y 1,500 viejos mayores de 60 años se incorporan a la estadística cada año en nuestro estado. Según mis cálculos hay alrededor de 11,000 personas de 60 años y mayores en el 2005 que radican en el estado que no tienen ingresos, ni seguro ni pensión ni nada. ¿Quién los atiende? ¿Quién ve por ellos? ¿Quién se ocupa de sus asuntos? Evidentemente sus familias en primer lugar, pero tendría también que intervenir el estado, debe haber una política publica bien definida que atienda a este segmento de la población. ¿Y los que no tienen a nadie? La esperanza de vida en Sudcalifornia es de las más altas en el país: 75.98 años en 2005 en el caso de los hombres, pero las mujeres tienen una esperanza de vida mayor de alrededor de 78.48 años. Y la tasa local de mortalidad bruta en descenso constante y permanente alcanzando el 3.72 por cada mil habitantes.
¿Qué están haciendo las autoridades por éstos 11,000 viejos que son de todos? Ya se modificó la Constitución sudcaliforniana y se han creado nuevos organismos y secretarías para un mejor gobierno. Pensarán las autoridades que lo concerniente a los viejos tendrá que esperar. ¿Siempre irán al final? ¿No tendrán madre? ¿O padre? ¿O abuelos? ¿O simplemente amigos? Es probable que sí y que se encuentren bien atendidos porque no tienen carencias. Pero ¿y todos los demás? ¿Los que no tienen nada, ni presente ni futuro, los que están enfermos y abandonados, y que las más de las veces, no tienen ni para comer. Este asunto debe ser prioritario en la definición de una política de desarrollo humano del estado. ¿Qué están esperando las autoridades?
El gobernador Agundez prometió en su toma de posesión crear el Instituto Estatal de la Tercera Edad. ¿En dónde está? ¿Cuáles son los avances si es que los hay?¿Será más importante una nueva y cachonda fuente danzante? ¿O será más importante un nuevo y fastuoso palacio de gobierno? ¿Quién o quiénes estarán fijando las prioridades en el uso de los fondos para el desarrollo humano del estado? Estamos a tiempo de iniciar la solución de éste problema diseñando una política pública especial, estatal, en esta materia porque no existe. Y no confundir política pública con filantropía o caridad. Es obligación del gobierno atender a este grupo de edad, puesto que ya contribuyeron al desarrollo del estado y del país. Ya terminó su tarea. No es un grupo de ociosos a los que hay que mantener. En principio, deben crearse urgentemente albergues de la tercera edad en todos los municipios del estado para atender los casos más apremiantes, en donde se les proporcione techo, comida y atención médica; estos sitios deberán garantizar una atención profesional y tener posibilidades de pernocta, o atención sólo de día según el caso, y la demanda. Apoyar además, a los centros de atención que ya existen para que no sufran carencias ni estén dependiendo de la filantropía o la caridad pública. Deben ser lugares bien diseñados, limpios, luminosos, agradables, placenteros, como seguramente lo esperan y merecen quienes harán uso de esas instalaciones. Será una buena oportunidad para que nuestras autoridades pasen a la historia haciendo algo que realmente vale la pena. Hay que darle prioridad a lo importante más que a una fuente y más que a un palacio nuevo. Atender a nuestros viejos sí es desarrollo humano. Desde luego, no tenemos ninguna duda que la sociedad civil participará como lo ha hecho siempre con las mejores causas cuando se le pide su participación. Pero no es su obligación. En cambio sí es inexcusable para el gobierno.
En 31 países estudiados por la OCDE para determinar el comportamiento y tendencias generales de la población mayor y de la fuerza laboral según su edad, nos indican que en el 2005 México es el que presenta la tendencia más baja de crecimiento poblacional de personas de 65 años y mayores con el 5.2% de la población total; en cuanto a la población laboral de esa edad y mayores, tendremos en el 2020 el 17% que sigue siendo la más baja en los 31 países considerados.
En promedio los 31 países considerados tienen el 17.7% de la población total de 60 años y mayores en el 2005, y será el 38.3% de su fuerza laboral en el 2020. El viejo mundo en realidad está poblado por viejos. Los europeos tienen hoy este indicador cercano a la quinta parte de viejos en sus sociedades. Hay algunos países como Italia que en el 2005 tienen ya el 46% de fuerza laboral de 65 años y más y alcanzarán el 55.7% en el cercano 2020, y no falta mucho, es decir, más de la mitad de la población laboral italiana estará constituida por viejos. Otros más como Grecia, tienen en el 2005 el 42.7% de su población laboral constituida por personas de 65 años y mayores, y llegarán en el 2020 el 47.2%. El país con población laboral más vieja en el 2020 será Japón porque el 60% de su población laboral será de 65 años y mayores; además sus mujeres están consideradas las más longevas del mundo con un promedio de vida de 85.59 años.
Todos estos países tiene políticas públicas bien definidas para estos grupos. No están desatendidos. Son países con alto desarrollo humano.
Y fíjese usted añoso lector, aún así todos estos países se convierten en fanáticos nacionalistas con los inmigrantes, quienes son los únicos que pueden rejuvenecer y dinamizar sus sociedades. Pero ya lo entenderán. Los españoles ya comenzaron, porque entre otras cosas, en todo el mundo existen problemas para atender el rubro de jubilaciones y pensiones. Ya analizaremos este asunto de las pensiones en otra entrega. Por lo pronto, los nuestros, los cercanos, los que viven aquí son los importantes.

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