Hay una dolencia grave que infecta a todos aquellos que por suerte o designación de alguna autoridad, saborean el ejercicio del poder y de su consustancial añadido: los presupuestos. Los calificativos para este tipo de sujetos sobran en el diccionario: cínico, desvergonzado, impúdico, desfachatado, mezquino, insensible, codicioso, egoísta y los que usted, sagaz lector, quiera agregar.
El inefable señor Flores fue atacado por el virus perverso de la ambición malsana. Llegó a la rectoría como por obra y gracia del Espíritu Santo y quiere estacionarse ahí ocho largos años. La quiere a como dé lugar, poniendo en riesgo a la propia institución, la cual, por cierto, se encuentra todavía en terapia intensiva. El señor Flores llegó a la universidad para cumplir con una función específica y temporal, claramente acotada por la ley, pero se le hizo poco y quiere quedarse cuatro años más porque se imagina a sí mismo como el “salvador de la Uni” a pesar de que viola flagrantemente la Ley Orgánica que le permitió regresar a la UABCS por una decisión del ejecutivo del estado y del Congreso.
Pero qué afán el suyo, señor Flores, qué absurda ambición, qué extravío y falta de perspectiva del futuro de la Universidad.
De qué tamaño será su obcecación procaz, señor Flores, que los funcionarios que usted mismo nombró le allanaron el camino por medios ilegales para volver a ocupar una posición que, de antemano, le estaba prohibida por la Ley. Usted designó, o intervino para que así fuera, a los integrantes del Consejo General Universitario, “el máximo órgano legislativo” de la UABCS; y ¡oh coincidencia! usted lo presidió en su carácter de rector interino, lo cual quiere decir, que fue usted, además, presidente del Consejo, y nombró a la mayoría de los nueve alcahuetes que lo integran quienes le dieron unánime cobijo a su codicia para elaborarse una convocatoria al tamaño justo de su ambición.
¡No es posible tanta desvergüenza! ¿Dígame alguien en dónde están los universitarios?
De qué tamaño será su calentura, señor Flores, que consumido por la ambición y la codicia tiró la toalla sin siquiera haber terminado la encomienda que le asignaron y que usted aceptó. Si usted, señor Flores, se hubiera ido después de haber tirado irresponsablemente la toalla pues está bien, adiós. Pero no, se va para no irse, y además de abandonar el mandato que recibió, ahora se dispone a regresar a “salvar” a la universidad. ¡Vaya cara dura!
Usted, señor Flores, no puede volver a ser rector porque ya lo fue. Y lo sabe. El artículo 13 fracción primera de la Ley Orgánica aprobada por el Congreso así lo establece. Usted, señor Flores, lo sabe perfectamente y parece que no le importa. Es lamentable percibir que su sentido de la legalidad es equivalente a la que posee un sapo.
Me lo imagino a usted, señor Flores, sentado en su mesa de trabajo, rodeado de incondicionales estudiando durante horas, días, semanas y meses, el diseño de la estrategia, maquinándo una y otra vez, leyendo en voz alta, cientos de veces, el fatídico artículo 13 de la Ley Orgánica para ver por dónde le podrían sacar la vuelta sus secuaces leguleyos y quedarse abrazado a la rectoría cuatro años más, y entonces sí, con todo el poder, tendría posibilidades de repetir otros cuatro años.
Le notificó, señor Flores, que voy a proponer que se agreguen dos incisos más al artículo 14 de la Ley Orgánica, en donde se definen los requisitos para ser rector. El primero será certificado por un siquiatra: no estar enfermo de ambición; y el segundo lo diagnosticará un abogado, no ser un violador de su propio estatuto ni de la ley.
¿Qué le pasó, señor Flores, en dónde y cuándo le picó esa terrible alimaña?
Uno de los principales efectos de la desmedida ambición personal, señor Flores, es que el alucinado pierde el piso también de manera colosal.
Tal vez sean los 250 millones de pesos del presupuesto anual y sus accesorios. No lo sé, pero el dinero es canijo, y junto con el poder, siempre dará más. Así lo atestiguan el señor Vale y el señor Druk, un par de “triunfadores” que ya transitaron por el escabroso camino que usted ambiciona.
En usted, señor Flores, se materializa aquella frase muy conocida y certera: el poder convierte en tontos a los inteligentes y a los tontos los vuelve locos.
Yo agregaría algo más: a ambos los envilece.
Pero supongamos, señor Flores, que los expertos de Chametla no lograran aliviarlo de su perturbador trastorno, y llegara usted a ser rector, sería un rector espurio porque lo logró pasando por encima de la ley, a través de un reglamento especial, ilegal, hecho a la medida de sus apetitos en complicidad con sus corifeos.
Para fortuna de todos, señor Flores, tengo la certeza de que su ambición enfermiza será sometida al imperio de la ley por el otorgamiento de un simple amparo de la justicia federal, instrumento sanador que lo regresará a su cruda realidad. Al final, la resolución del juez desnudará lo ilegal de sus empeños exhibiéndolo como un delincuente, al condenarlo por la irrebatible violación a la Ley Orgánica aprobada por el Congreso.
Francamente no espero que haya largas filas para solicitar un amparo en contra del ilegítimo procedimiento que lo podría llevar a usted, señor Flores, al ejercicio de una rectoría espuria, pero bastará que lo solicite un estudiante, un diputado, un académico, un trabajador o alguien que se sienta agraviado por sus tácticas distintivas de una coalición ilegal de funcionarios que operó en su beneficio.
¿Se dará usted cuenta, señor Flores, que su avaricia configura un factor más de inestabilidad al interior de la Universidad? Yo creo, señor Flores, que usted de verdad no lo sabe, ni quiere saberlo, por la sencilla razón de que está usted emponzoñado, obnubilado, a punto del desahucio que lo hará víctima del descrédito público por el suicidio que está a punto de cometer.
Que tenga buen provecho.
¿Dónde estarán los universitarios?
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
03 abril 2008
08 marzo 2008
¡QUE VIVAN LAS ENCUESTAS!
Las encuestas son muestreos técnicamente diseñados para obtener información relevante de una población homogénea sin tener que hacer un costoso censo. Sirven para investigar con precisión matemática casi cualquier cosa, y sus resultados permiten inferir, con un grado conocido de error, información pertinente sobre esa población respecto de un factor o conducta que se quiere medir. Es una herramienta de la estadística y sus fundamentos son matemáticos. Son producto de la ciencia. No son actos de magia ni tienen que ver con rituales vudú o maldiciones del chamuco. Hay diversas formas de hacerlas pero se pueden resumir en dos principales: las patito y las de buena factura. La incredulidad y la descalificación de este formidable instrumento siempre será producto de la ignorancia supina o del interés tribal. Los afectados por sus resultados, simplemente las desautorizan sin mayores fundamentos ni explicaciones. Al conocer sus predicciones, los perdedores pasan de la frustración a la histeria y de ésta a la ceguera; y en automático, proceden a acusar a las empresas encuestadoras de fraudulentas y de que fueron compradas por sus enemigos políticos para desprestigiarlos, como si un político bien identificado por sus trapacerías necesitara de una encuesta para que la gente sepa su grado de pudrición. Los más sensatos, aducen “vamos a esperar a la verdadera encuesta que será el día de las votaciones” pero en su interior ya saben que van a perder si esa fue la sentencia de las encuestas.
Para aquellos que no creen en estas investigaciones, especialmente cuando no son favorecidos por sus resultados, la terca y medible realidad los obligará a ilustrarse para creer en ellas. Sin embargo, les crean o no, el entorno que miden los muestreos ahí estará para demostrarles su eficacia. Veamos porqué.
Puntos más puntos menos dentro de los márgenes de error, la empresa encuestadora acertó al ganador en todos los puestos en disputa para los cuales realizó el levantamiento unos días antes de la justa electoral.
Veamos los resultados que obtuvo una de las empresas que ya acreditó con su trabajo de muchos años que sí sabe bien cómo hacer este tipo de trabajos. No es patito.
En la elección de Ayuntamientos, Mitofsky le dio a la Coalición ganadora del municipio de La Paz, el 34% de la votación y obtuvieron 37% de los votos emitidos. ¡Pum!
En Los Cabos, los ganadores obtuvieron el 52.4% de los votos y Mitofski les asignó únicamente el 42.2%, pesaron mucho los indecisos (23%) a favor de la Coalición por el Bien de Sudcalifornia, y después de todo, tal vez sí contó a su favor la gran actuación del candidato. ¡Zas!
En Comondú, Mitofsky les dio a los ganadores el 51.3% y los votantes comundeños los armaron con el 48%. ¡Bum!
En Mulegé, 41.2% de Mitofsky contra el 47.2% que les otorgaron los votantes. ¡Toing!
Y finalmente, en el caso de Loreto, Mitofsky estimó el 35.2% a favor del PRD, PT y Convergencia, contra 54.2% que le dieron los votantes loretanos a la Coalición. ¡Pácatelas! Con los muleginos sí fallaron, con mucho, pero a favor del ganador que representó a la Coalición, y da la impresión de que la mayor parte de los indecisos detectados (20%) se inclinaron a su causa.
¿Fallaron las encuestas? Yo sostengo que no ¿y usted?
En esta elección, la totalidad de los votos se repartió como era predecible. Si tomamos como base la elección de diputados, las posiciones quedaron repartidas así: primera fuerza política del estado el PRD-PT-Convergencia con más de dos a uno sobre el que le sigue; la segunda le correspondió, sorpresivamente, al PAN y a su aliado el PVEM; en tercer lugar el PRI, solo y subiendo; y en cuarto lugar el panal también solo, pero en la cuarta posición, tal como este clarividente columnista lo vaticinó. Le siguen otros dos “partidos” casi desconocidos, el PMRPS en quinto lugar; y el PAS en la cola, en ambos casos sus votos no pintan.
Otra forma de ubicar las posiciones de cada partido o coalición para identificar su peso político en la entidad, aunque es un poco tramposo hacerlo de esta manera, consistiría en sumar los votos emitidos para cada fuerza política en la elección de los cinco Ayuntamientos, bajo esta óptica, la primera fuerza política es la Coalición PRD, PT y Convergencia por más de tres votos a uno sobre el que le sigue; en segundo lugar, asombrado lector, el panal con 2,258 votos arriba del que le sigue; en tercero el PAN en alianza con el PVEM; en cuarto lugar el PRI, solo; en quinto el PMRPS; y en el último lugar el PAS.
Cada organización política usará los datos a su conveniencia, manipulando los que les den una mejor posición para engañar a los incautos, y desde luego, los harán públicos divulgando los resultados que los ubiquen mejor en el contexto político del estado, pero insisto, la forma más correcta de medir su fuerza electoral siempre será la posición ocupada en la elección de los diputados por una simple razón: la diversidad y cobertura.
Finalmente, a la empresa que se hizo cargo del Programa de Resultados Preliminares, PREP, le otorgo un diez, su trabajo fue muy profesional, oportuno y preciso. Honor a quien honor merece. Los felicito.
Y usted, sufragista lector, ¿cómo leyó estos resultados?
¿Y con qué anteojos?
Ah, el título de la columna es una paráfrasis de los gritos que vociferó machaconamente uno de los candidatos perdedores en la pasada contienda. Por si a alguien le interesa.
Para aquellos que no creen en estas investigaciones, especialmente cuando no son favorecidos por sus resultados, la terca y medible realidad los obligará a ilustrarse para creer en ellas. Sin embargo, les crean o no, el entorno que miden los muestreos ahí estará para demostrarles su eficacia. Veamos porqué.
Puntos más puntos menos dentro de los márgenes de error, la empresa encuestadora acertó al ganador en todos los puestos en disputa para los cuales realizó el levantamiento unos días antes de la justa electoral.
Veamos los resultados que obtuvo una de las empresas que ya acreditó con su trabajo de muchos años que sí sabe bien cómo hacer este tipo de trabajos. No es patito.
En la elección de Ayuntamientos, Mitofsky le dio a la Coalición ganadora del municipio de La Paz, el 34% de la votación y obtuvieron 37% de los votos emitidos. ¡Pum!
En Los Cabos, los ganadores obtuvieron el 52.4% de los votos y Mitofski les asignó únicamente el 42.2%, pesaron mucho los indecisos (23%) a favor de la Coalición por el Bien de Sudcalifornia, y después de todo, tal vez sí contó a su favor la gran actuación del candidato. ¡Zas!
En Comondú, Mitofsky les dio a los ganadores el 51.3% y los votantes comundeños los armaron con el 48%. ¡Bum!
En Mulegé, 41.2% de Mitofsky contra el 47.2% que les otorgaron los votantes. ¡Toing!
Y finalmente, en el caso de Loreto, Mitofsky estimó el 35.2% a favor del PRD, PT y Convergencia, contra 54.2% que le dieron los votantes loretanos a la Coalición. ¡Pácatelas! Con los muleginos sí fallaron, con mucho, pero a favor del ganador que representó a la Coalición, y da la impresión de que la mayor parte de los indecisos detectados (20%) se inclinaron a su causa.
¿Fallaron las encuestas? Yo sostengo que no ¿y usted?
En esta elección, la totalidad de los votos se repartió como era predecible. Si tomamos como base la elección de diputados, las posiciones quedaron repartidas así: primera fuerza política del estado el PRD-PT-Convergencia con más de dos a uno sobre el que le sigue; la segunda le correspondió, sorpresivamente, al PAN y a su aliado el PVEM; en tercer lugar el PRI, solo y subiendo; y en cuarto lugar el panal también solo, pero en la cuarta posición, tal como este clarividente columnista lo vaticinó. Le siguen otros dos “partidos” casi desconocidos, el PMRPS en quinto lugar; y el PAS en la cola, en ambos casos sus votos no pintan.
Otra forma de ubicar las posiciones de cada partido o coalición para identificar su peso político en la entidad, aunque es un poco tramposo hacerlo de esta manera, consistiría en sumar los votos emitidos para cada fuerza política en la elección de los cinco Ayuntamientos, bajo esta óptica, la primera fuerza política es la Coalición PRD, PT y Convergencia por más de tres votos a uno sobre el que le sigue; en segundo lugar, asombrado lector, el panal con 2,258 votos arriba del que le sigue; en tercero el PAN en alianza con el PVEM; en cuarto lugar el PRI, solo; en quinto el PMRPS; y en el último lugar el PAS.
Cada organización política usará los datos a su conveniencia, manipulando los que les den una mejor posición para engañar a los incautos, y desde luego, los harán públicos divulgando los resultados que los ubiquen mejor en el contexto político del estado, pero insisto, la forma más correcta de medir su fuerza electoral siempre será la posición ocupada en la elección de los diputados por una simple razón: la diversidad y cobertura.
Finalmente, a la empresa que se hizo cargo del Programa de Resultados Preliminares, PREP, le otorgo un diez, su trabajo fue muy profesional, oportuno y preciso. Honor a quien honor merece. Los felicito.
Y usted, sufragista lector, ¿cómo leyó estos resultados?
¿Y con qué anteojos?
Ah, el título de la columna es una paráfrasis de los gritos que vociferó machaconamente uno de los candidatos perdedores en la pasada contienda. Por si a alguien le interesa.
26 febrero 2008
LOS QUE GANARON PERDIENDO
Los ganadores del carro completo deben sentirse satisfechos, sin duda. Su triunfo es legítimo porque está respaldado con sufragios tangibles, voto por voto y casilla por casilla. Pero deben abandonar el triunfalismo ramplón, porque hubo un crujido, imperceptible a los ojos de la mayoría, y se encendieron los ruidos inconfundibles de las alarmas: sus candidatos fueron electos por una minoría de la población en edad de votar, que a los ojos de muchos, les resta legitimidad, no la cancela, sólo la disminuye.
Con respecto a su seguidor más cercano, la Coalición ganó, contundentemente, en una proporción mayor de dos a uno en el caso de los diputados, y ligeramente menor, en el caso de los ayuntamientos. El trío de partidos ganadores en la contienda de diputados, unidos en una Coalición, lo lograron con 65,819 votos, apenas el 18.3% de la lista nominal de electores. La Coalición obtuvo el respaldo de menos de la quinta parte de los posibles electores, y van a gobernar a una población estatal que ronda hoy los 551 525 habitantes. Es decir, seremos representados en los municipios y el Congreso del Estado por lideres elegidos apenas por el 11.9% de la población total de Sudcalifornia. De manera concluyente, y a la luz de los resultados finales, podemos afirmar que nos gobernará una minoría, ciertamente la mayor, pero minoría al fin, activa, dominante y participativa, por la simple razón de que así lo resolvió, también, el 54.3% de electores inscritos en el listado nominal, quienes decidieron no votar en esta elección. Con esta actitud indiferente nos impidieron tener una idea de las afiliaciones o intenciones de esos posibles votantes respecto a la elección de sus gobernantes. Sin restarles mérito a los que sí acudieron a votar, fueron los ausentes en las urnas, en verdad, quienes inclinaron la balanza y zanjaron, sin votar, el rumbo del estado y la elección. Que así sea. Un cínico candidato, diría: a final de cuentas lo que importa son los votos emitidos que me dieron el triunfo, y los que no votaron pues no cuentan. O me aferraría a la vieja conseja: el que calla otorga, y supondría que los ausentes en las urnas no quisieron molestarse en ir a votar a la casilla, pero en el fondo, están de acuerdo, tácitamente, con los vencedores.
El reto no es solamente ganar una elección, sino cómo se logra y con cuántos votos, y este último balance es, en realidad, el que puede conceder la ansiada e incuestionable legitimidad.
En la democracia se requieren competidores reales y opciones claras para decidir, y es mentira que un solo voto de diferencia otorgue legitimidad plena para gobernar.
Los actores políticos que consiguieron dividir el voto impidiendo una gran alianza de partidos para disputarle el poder a la coalición gobernante, lo lograron con amplitud, si esa fue su aviesa intención. En su momento cobrarán por los servicios prestados; y en todo caso, muy pronto nos daremos cuenta si actuaron simplemente guiados por sus propios egoísmos personales o partidarios. Vea usted, críptico lector, en la elección de los diputados, el conjunto de partidos de oposición obtuvo un total de 84,921 votos, los cuales significan 19,102 votos por arriba de los que obtuvo la Coalición por el Bien de Sudcalifornia, y serían suficientes para instalarse en el gobierno, si así lo hubieran acordado. Los electores que sí votaron, dejaron de manifiesto, en una mayoría indiscutible, que están explícitamente en contra del PRD y de sus dos escuderos. La Coalición por el Bien de Sudcalifornia ganó, es cierto, y ganando perdieron. Hoy tienen en su contra a la mayoría de los electores que fueron a votar. Y conste, no estoy pidiendo resultados unánimes a favor de algún partido o coalición. No. Me queda claro que la democracia es construida por la mayoría, incluso cuando ésta es la minoría mayor entre nueve de la misma categoría; también entiendo que las unanimidades sólo pueden encontrarse en los panteones, no en una sociedad civil dinámica con un nivel razonable de desarrollo cívico.
¿Qué harán los ganadores para recuperar a los huidos, convencer a los desertores y catequizar a sus enemigos?
¿Qué imanes y seducciones aplicarán para recuperar a los votantes que se les fueron por la mismísima puerta del frente: la de las urnas?
¿Se imagina usted, futurista lector, lo que sucedería si los partidos en el poder, PRD, PT y Convergencia, enfrentaran una coalición acordada por partidos de oposición organizada por el PAN, PRI, PVEM, PMRPS, PAS y el PANAL?
Primero veríamos una verdadera batalla campal. Y en segundo lugar, acertó usted, pitoniso lector, les darían hasta con la cubeta, y más duro todavía, si logran unificarse alrededor de un candidato presentable, hasta ahora inexistente.
Pero que nadie se apanique, tengo una certeza absoluta: esta utopía no sucederá nunca.Por lo pronto, estaremos pendientes a las resoluciones del Tribunal Estatal Electoral por las impugnaciones en curso, la prueba de fuego de Augusto Jiménez Beltrán.
Con respecto a su seguidor más cercano, la Coalición ganó, contundentemente, en una proporción mayor de dos a uno en el caso de los diputados, y ligeramente menor, en el caso de los ayuntamientos. El trío de partidos ganadores en la contienda de diputados, unidos en una Coalición, lo lograron con 65,819 votos, apenas el 18.3% de la lista nominal de electores. La Coalición obtuvo el respaldo de menos de la quinta parte de los posibles electores, y van a gobernar a una población estatal que ronda hoy los 551 525 habitantes. Es decir, seremos representados en los municipios y el Congreso del Estado por lideres elegidos apenas por el 11.9% de la población total de Sudcalifornia. De manera concluyente, y a la luz de los resultados finales, podemos afirmar que nos gobernará una minoría, ciertamente la mayor, pero minoría al fin, activa, dominante y participativa, por la simple razón de que así lo resolvió, también, el 54.3% de electores inscritos en el listado nominal, quienes decidieron no votar en esta elección. Con esta actitud indiferente nos impidieron tener una idea de las afiliaciones o intenciones de esos posibles votantes respecto a la elección de sus gobernantes. Sin restarles mérito a los que sí acudieron a votar, fueron los ausentes en las urnas, en verdad, quienes inclinaron la balanza y zanjaron, sin votar, el rumbo del estado y la elección. Que así sea. Un cínico candidato, diría: a final de cuentas lo que importa son los votos emitidos que me dieron el triunfo, y los que no votaron pues no cuentan. O me aferraría a la vieja conseja: el que calla otorga, y supondría que los ausentes en las urnas no quisieron molestarse en ir a votar a la casilla, pero en el fondo, están de acuerdo, tácitamente, con los vencedores.
El reto no es solamente ganar una elección, sino cómo se logra y con cuántos votos, y este último balance es, en realidad, el que puede conceder la ansiada e incuestionable legitimidad.
En la democracia se requieren competidores reales y opciones claras para decidir, y es mentira que un solo voto de diferencia otorgue legitimidad plena para gobernar.
Los actores políticos que consiguieron dividir el voto impidiendo una gran alianza de partidos para disputarle el poder a la coalición gobernante, lo lograron con amplitud, si esa fue su aviesa intención. En su momento cobrarán por los servicios prestados; y en todo caso, muy pronto nos daremos cuenta si actuaron simplemente guiados por sus propios egoísmos personales o partidarios. Vea usted, críptico lector, en la elección de los diputados, el conjunto de partidos de oposición obtuvo un total de 84,921 votos, los cuales significan 19,102 votos por arriba de los que obtuvo la Coalición por el Bien de Sudcalifornia, y serían suficientes para instalarse en el gobierno, si así lo hubieran acordado. Los electores que sí votaron, dejaron de manifiesto, en una mayoría indiscutible, que están explícitamente en contra del PRD y de sus dos escuderos. La Coalición por el Bien de Sudcalifornia ganó, es cierto, y ganando perdieron. Hoy tienen en su contra a la mayoría de los electores que fueron a votar. Y conste, no estoy pidiendo resultados unánimes a favor de algún partido o coalición. No. Me queda claro que la democracia es construida por la mayoría, incluso cuando ésta es la minoría mayor entre nueve de la misma categoría; también entiendo que las unanimidades sólo pueden encontrarse en los panteones, no en una sociedad civil dinámica con un nivel razonable de desarrollo cívico.
¿Qué harán los ganadores para recuperar a los huidos, convencer a los desertores y catequizar a sus enemigos?
¿Qué imanes y seducciones aplicarán para recuperar a los votantes que se les fueron por la mismísima puerta del frente: la de las urnas?
¿Se imagina usted, futurista lector, lo que sucedería si los partidos en el poder, PRD, PT y Convergencia, enfrentaran una coalición acordada por partidos de oposición organizada por el PAN, PRI, PVEM, PMRPS, PAS y el PANAL?
Primero veríamos una verdadera batalla campal. Y en segundo lugar, acertó usted, pitoniso lector, les darían hasta con la cubeta, y más duro todavía, si logran unificarse alrededor de un candidato presentable, hasta ahora inexistente.
Pero que nadie se apanique, tengo una certeza absoluta: esta utopía no sucederá nunca.Por lo pronto, estaremos pendientes a las resoluciones del Tribunal Estatal Electoral por las impugnaciones en curso, la prueba de fuego de Augusto Jiménez Beltrán.
17 febrero 2008
AL CARRO COMPLETO LE PONCHARON DOS LLANTAS
Es un contratiempo sin mayor trascendencia en el empedrado camino de la democracia chollera. Las dos llantas ponchadas simplemente se le cambiaron al carro y le pusieron otras iguales a las que ya traía, nuevas, pero de la misma rodada y dibujo. Solamente la marca está un poco borrosa pero se alcanza a distinguir que son muy parecidas. Es decir, no son las mismas pero son iguales.
El distrito V es para mí un enigma. Se obtuvo un resultado totalmente atípico que todavía tendrá que explicarse con un análisis más a fondo; al momento de escribir esta columna, el PREP reportó dos casillas ausentes en el cómputo, la 207 y la 256, una cuya acta no era legible y otra en donde el sobre no se entregó. Sin embargo, aún contabilizando ambas actas se ve difícil revertir el resultado y Diana se queda en el camino con una diferencia, hasta ahora, de 498 votos sin contar las actas pendientes.
Los resultados de las votaciones no deben ser un acto de fe porque los votos están ahí, contados y en la urna. Si hubiera incertidumbre, los votos se contarán, se deben contar, en particular si existen dudas razonables sobre algún resultado. Si después del recuento los resultados son los mismos pues ya estuvo, ganó el que ganó y a otra cosa. Pero más allá de estos datos fríos y contundentes, habrá que investigar qué fue lo que ocurrió con los votantes en el distrito V porque resulta incomprensible, al menos para mí, que en una buena parte de las casillas superaran a la Coalición en la elección de diputados por dos a uno a favor del panal, hecho que no me puedo explicar por el “carisma de político setentero” del candidato hasta ahora ganador. He escuchado algunas versiones sobre lo que pudo haber ocurrido pero no quiero hacerme eco de historias sin fundamento porque no tengo pruebas ni elementos de juicio concluyentes. Lo más sano sería investigar el asunto con los propios electores y una forma de hacerlo podría ser mediante el levantamiento de una encuesta únicamente con los electores del distrito V. Yo la haría de inmediato para no alargar el estudio de este caso y sacar algunas conclusiones sólidas que expliquen este comportamiento enigmático de los electores, raro en mi opinión, que salió de la normalidad electoral o de la votación esperada que todos suponíamos muy competida pero a favor de la Coalición de Diana.
Ya sabemos cómo se las gastan las huestes de la dama Gordillo, son expertos en trácalas y fraudes, maestros de la trampa y el atraco, docentes doctorados en la grilla y el control político, y con mafiosos expertos en estas materias a su incondicional servicio. Y dinero como arroz. En fin, esperemos a los que deciden y tienen los medios para investigar a conciencia lo que sucedió en ese distrito quinto. Aclaro, tampoco quiero ser mezquino, y en su momento, reconoceré los resultados que demuestren, sin sombra de duda, que esos votos fueron legítimos. La mula no era arisca. La líder del Panal vino a ver qué tan bien funcionó el sistema que usaron en el 2006. Probaron que sí funciona.
A ver, matemático lector, fíjese bien.
El porcentaje de votación de la jornada fue miserable, vergonzoso, votó solamente el 45.7% de los posibles votantes. El 99.5% de los electores inscritos en el listado nominal que no quisieron ir a votar, lo hicieron por una sencilla razón: por huevones e irresponsables. Sus argumentos para dejar de votar no son ideológicos, no exhiben una postura política o una razonada posición anarquista; si usted les pregunta a estos apáticos porqué no fueron a cumplir con su obligación ciudadana le contestarán una tontería que confirmará mi hipótesis. Tendrá que modificarse la ley para que una obligación de tal importancia, como el hecho de ir a votar para elegir a nuestros representantes y autoridades, se cumpla, y no hacerlo por negligencia o desidia, debe tener alguna consecuencia asociada, necesariamente, a una penalidad para exigir a los ciudadanos el cumplimiento de sus obligaciones cívicas. Es absurdo que una simple infracción de tránsito sí esté penada con una multa y cuando no votas no pasa nada. Es incomprensible que no sufragar merezca un cínico aplauso y carcajadas, en cambio, sí me sancionen, por tirar agua sucia en la calle o cuando decido no ir a pagar el predial o si dejo de llevar mi vehículo a pasar la revista, llegando al extremo de embargarme estos bienes en caso de no cumplir con mis obligaciones. No debemos confundir civismo con cinismo, se parecen pero…
La proporción de votantes fue realmente minúscula, ridícula. ¿Qué pasó? Pues que, entre otras cosas, la gente simplemente no quiso salir a votar, y cuando “pensaron” hacerlo, ya había comenzado el partido de futbol americano más visto de toda la historia, recordemos que un tercio de los votantes tienen menos de 30 años, lo cual podría revelar que sus preocupaciones están en otros escenarios y nada tienen que ver con la democracia. En una casilla del Esterito, me comentó un funcionario que la mayor parte de quienes acudieron a ejercer su obligación de votar, eran personas mayores, y extrañamente, casi no se presentaron jóvenes a votar. Ya veremos en los resultados definitivos cuáles fueron los grupos de edad que acudieron a votar.
En la votación general se reporta una abstención del 54.3%. Lamentable por donde se le vea. El Instituto Estatal Electoral nos debe una explicación. No los culpo de nada, digo que ellos tendrán la obligación de investigar lo que está ocurriendo con los votantes sudcalifornianos. Tienen la obligación de hacerlo por dos razones poderosas: primero porque nos cuestan mucho y en segundo lugar porque son de los nuestros, de los ciudadanos. Ojalá no lo olviden.
La tarea monumental de los partidos será intentar, de manera inteligente, bajar sus altísimos niveles de desprestigio y la falta de confianza de la población en sus propuestas, y probablemente, en sus candidatos, o en ambos. Los partidos que tenemos, han provocado, ellos sí, todos, que la gente no quiera votar. Es lo que han construido.
El distrito V es para mí un enigma. Se obtuvo un resultado totalmente atípico que todavía tendrá que explicarse con un análisis más a fondo; al momento de escribir esta columna, el PREP reportó dos casillas ausentes en el cómputo, la 207 y la 256, una cuya acta no era legible y otra en donde el sobre no se entregó. Sin embargo, aún contabilizando ambas actas se ve difícil revertir el resultado y Diana se queda en el camino con una diferencia, hasta ahora, de 498 votos sin contar las actas pendientes.
Los resultados de las votaciones no deben ser un acto de fe porque los votos están ahí, contados y en la urna. Si hubiera incertidumbre, los votos se contarán, se deben contar, en particular si existen dudas razonables sobre algún resultado. Si después del recuento los resultados son los mismos pues ya estuvo, ganó el que ganó y a otra cosa. Pero más allá de estos datos fríos y contundentes, habrá que investigar qué fue lo que ocurrió con los votantes en el distrito V porque resulta incomprensible, al menos para mí, que en una buena parte de las casillas superaran a la Coalición en la elección de diputados por dos a uno a favor del panal, hecho que no me puedo explicar por el “carisma de político setentero” del candidato hasta ahora ganador. He escuchado algunas versiones sobre lo que pudo haber ocurrido pero no quiero hacerme eco de historias sin fundamento porque no tengo pruebas ni elementos de juicio concluyentes. Lo más sano sería investigar el asunto con los propios electores y una forma de hacerlo podría ser mediante el levantamiento de una encuesta únicamente con los electores del distrito V. Yo la haría de inmediato para no alargar el estudio de este caso y sacar algunas conclusiones sólidas que expliquen este comportamiento enigmático de los electores, raro en mi opinión, que salió de la normalidad electoral o de la votación esperada que todos suponíamos muy competida pero a favor de la Coalición de Diana.
Ya sabemos cómo se las gastan las huestes de la dama Gordillo, son expertos en trácalas y fraudes, maestros de la trampa y el atraco, docentes doctorados en la grilla y el control político, y con mafiosos expertos en estas materias a su incondicional servicio. Y dinero como arroz. En fin, esperemos a los que deciden y tienen los medios para investigar a conciencia lo que sucedió en ese distrito quinto. Aclaro, tampoco quiero ser mezquino, y en su momento, reconoceré los resultados que demuestren, sin sombra de duda, que esos votos fueron legítimos. La mula no era arisca. La líder del Panal vino a ver qué tan bien funcionó el sistema que usaron en el 2006. Probaron que sí funciona.
A ver, matemático lector, fíjese bien.
El porcentaje de votación de la jornada fue miserable, vergonzoso, votó solamente el 45.7% de los posibles votantes. El 99.5% de los electores inscritos en el listado nominal que no quisieron ir a votar, lo hicieron por una sencilla razón: por huevones e irresponsables. Sus argumentos para dejar de votar no son ideológicos, no exhiben una postura política o una razonada posición anarquista; si usted les pregunta a estos apáticos porqué no fueron a cumplir con su obligación ciudadana le contestarán una tontería que confirmará mi hipótesis. Tendrá que modificarse la ley para que una obligación de tal importancia, como el hecho de ir a votar para elegir a nuestros representantes y autoridades, se cumpla, y no hacerlo por negligencia o desidia, debe tener alguna consecuencia asociada, necesariamente, a una penalidad para exigir a los ciudadanos el cumplimiento de sus obligaciones cívicas. Es absurdo que una simple infracción de tránsito sí esté penada con una multa y cuando no votas no pasa nada. Es incomprensible que no sufragar merezca un cínico aplauso y carcajadas, en cambio, sí me sancionen, por tirar agua sucia en la calle o cuando decido no ir a pagar el predial o si dejo de llevar mi vehículo a pasar la revista, llegando al extremo de embargarme estos bienes en caso de no cumplir con mis obligaciones. No debemos confundir civismo con cinismo, se parecen pero…
La proporción de votantes fue realmente minúscula, ridícula. ¿Qué pasó? Pues que, entre otras cosas, la gente simplemente no quiso salir a votar, y cuando “pensaron” hacerlo, ya había comenzado el partido de futbol americano más visto de toda la historia, recordemos que un tercio de los votantes tienen menos de 30 años, lo cual podría revelar que sus preocupaciones están en otros escenarios y nada tienen que ver con la democracia. En una casilla del Esterito, me comentó un funcionario que la mayor parte de quienes acudieron a ejercer su obligación de votar, eran personas mayores, y extrañamente, casi no se presentaron jóvenes a votar. Ya veremos en los resultados definitivos cuáles fueron los grupos de edad que acudieron a votar.
En la votación general se reporta una abstención del 54.3%. Lamentable por donde se le vea. El Instituto Estatal Electoral nos debe una explicación. No los culpo de nada, digo que ellos tendrán la obligación de investigar lo que está ocurriendo con los votantes sudcalifornianos. Tienen la obligación de hacerlo por dos razones poderosas: primero porque nos cuestan mucho y en segundo lugar porque son de los nuestros, de los ciudadanos. Ojalá no lo olviden.
La tarea monumental de los partidos será intentar, de manera inteligente, bajar sus altísimos niveles de desprestigio y la falta de confianza de la población en sus propuestas, y probablemente, en sus candidatos, o en ambos. Los partidos que tenemos, han provocado, ellos sí, todos, que la gente no quiera votar. Es lo que han construido.
06 febrero 2008
SOLILOQUIO DE CASILLA
Llegó el día de cumplir las promesas y compromisos para el más asediado de los ciudadanos del estado: el votante con credencial de elector.
Con la fresca de las una de la tarde me apresto a ir a la casilla para emitir mi voto. Voy caminando… sin desayunar. Ni frío ni calor, cero grados como dijo aquel. Entrego mi credencial a los gozosos responsables de cuidar la votación; verifican que sí aparezco en el listado nominal en donde está impresa mi credencial con foto pero varios años más joven, delgado y hasta peinado. Todavía tenía esa mirada democrática. Juro que después de estas elecciones cambiaré mi credencial de elector, nomás porque las nuevas son más cachondas. En esas disquisiciones estaba cuando me dieron dos boletas para emitir el voto. Me encamino hacia la mampara y me encierro en esa pequeña cámara de la verdad. Tomo un cabo de crayola. Estoy más sólo que un náufrago. Comienzo a inquietarme.
¡En la madre!, y ahora por quien votaré, si a cada uno de los treinta candidatos que me visitaron en mi casa o en la colonia les dije que votaría por ellos, sin ninguna duda; es más, me apuntaron en una lista y me pidieron el nombre de todos mis familiares y el de mis amigos. Por pena, se los tuve que dar, incluyendo a los que viven en Mazatlán, en Hermosillo y en Tijuana. Todos los candidatos visitantes se llevaron la misma lista, con los mismos 22 nombres y con las mismas promesas juradas de fidelidad política, y de que ahora sí, llegarían al poder con la fuerza de mi voto, al que se sumarían los de mi familia, amigos y conocidos que fueron apuntados en su lista. Eso sí, me aclararon que yo tenía la sagrada misión de convencerlos.
Todos me recomendaron, de manera personal y casi secreta, ese mandato cívico.
Tengo enfrente las boletas, una para presidente municipal de La Paz y otra para elegir al diputado que nos representará en este distrito electoral, el numero 1.
¿Y ahora que hago para cumplirles a todos? Debajo de la camisa llevo la playera que me dieron los amarillos y en el carro traigo la gorra y el encendedor junto con la pluma de los azules. En la casa tengo dos bultos de cemento que me regalaron los del partido rojo, y también tengo la despensa y las láminas que me obsequiaron los del otro partido, que ya ni recuerdo cuál era. En mi mente resuena el eco de sus ofrecimientos, el “ahora sí les voy a cumplir” y los gritos comprometidos de un amasijo de perversos refugiados en un pantanal transformado en partido donde lograron concertar una de las mezclas políticas más inverosímiles de corrupción, control político, cinismo, charrería, trapacerías, ambición e ineptitud.
¿Qué hago con estas boletas? No me alcanzan para pagarles a todos los candidatos, y me da pena porque los conozco a todos, pero solamente puedo emitir un voto para diputado y otro para presidente. Con lo preocupado que estoy vagan por mi mente, como ánimas en pena, los sonrientes retratos de los candidatos en campaña: de los pillos y los decentes, de los trabajadores y los huevones, los cínicos y los responsables, los ladrones y los honrados, los simpáticos y los detestables… La bronca es que a todos les dije que sí, que yo y mi voto los llevaríamos al Congreso y a la Presidencia Municipal. ¿Y ahora que hago?, ojalá fuera la mitad de cínico que el pillo ese al que le dije que votaría por él porque me dio pena mandarlo al carajo, eso me facilitaría las cosas. Comienzo a sentirme molesto.
¿Qué destino le doy a estas dos boletas?
¿A quién puedo convertir en presidente y en diputado?
¡Carajo! ¡Qué difícil es elegir! ¡Qué difícil es votar!
Me pongo serio y comienzo a reflexionar sobre lo que ha hecho cada uno de estos personajes en mi colonia, por mí, por mi estado, por mi familia, por la comunidad y por las leyes. Espero que mi sesudo análisis me ayude a razonar el voto porque quiero un buen presidente y un mejor diputado, casi una quimera. Pero aún no puedo decidirme.
¿Será que me estoy poniendo demasiado chiquión?
Todavía tengo enfrente las boletas. Me queman. ¡Que difícil es votar!
A estas alturas ya llevó media hora en la mampara, ese pequeño espacio se ha convertido en una cámara de tortura. Sudo. Los funcionarios de casilla y representantes de los partidos han comenzado a camelar que estoy preparando el fraude del siglo o cuando menos un gran tamal. Ya me hicieron sentir mal, perseguido, vigilado, culpable, pero, ¿sabrán cómo me siento? Sus acusadoras miradas ya me convirtieron en un tipo sospechoso y ahora piensan que soy un malhechor electoral que está a punto de reventar el sagrado ejercicio electoral ciudadano.
¡Malditas boletas! Y yo que pensaba nada más llegar a la casilla, votar, y tan tan.
Pues no está fácil esta cosa de votar. ¿Cuál fiesta democrática? Esto es un martirio.
Comienzo a pensar quién nos gobierna, de qué partido o partidos, medito si han hecho un gobierno razonable, digo, porque tampoco existen los milagros. Ya me duele la cabeza, no sé si por el esfuerzo mental o por la desvelada de ayer. Tengo hambre. Pienso que una buena birria me caería muy bien, unos dos taquitos de dorada, un buen consomé y una chelita.
¡Malditas boletas! No sé para que vine, ahora tengo que decidir a huevo y hacerlo bien. El presidente de la casilla llamó a un policía porque ya me convertí en presunto culpable de haber cometido un delito electoral. Veo gruesos barrotes. Ya pasó una hora y no puedo salir de la cámara mortuoria en que se ha convertido la estúpida mampara. Por lo pronto, solamente redoblan la vigilancia de la caja de plástico en donde me encuentro escondido a punto de ser declarado y condenado como bandolero electoral. Por pasmado.
¿Y que les diré a los candidatos cuando me pregunten si de verdad voté por ellos o cuando me den las gracias porque mi voto los convirtió en diputado o presidente? Me van a cachar en la maroma, seré un elector traidor que no sabe cumplir sus promesas juradas.
Ya me salieron ronchas en la cara y en una nalga, de esas que me produce el nerviosismo y comienzo con una rascadera de perro. En una de esas hasta la cárcel me llevan por intento de fraude. ¿Yo seré el fraude o los candidatos? Perdí el rumbo. No hay pistas. Estoy mareado.
La verdad es que no quiero votar por mis cuates o por los conocidos sino por aquellos que realmente van a trabajar por la comunidad. Y me digo a mi mismo: “no seas mamón”. Esa idea me ayuda un poco, y luego, me deja más preocupado. ¿Cuáles de los próceres candidatos se dedicarán realmente a desarrollar su trabajo con responsabilidad y de cara a sus electores? En eso me acuerdo del merolico que recitaba, a gritos, verdades de a kilo, según él, y me digo que puede ser su última oportunidad de agarrar algo. Votaré por él por lástima. No. Esa no es razón suficiente para votar por él. Comienzo a ponerme dramático.
Alucinado veo pendones por todos lados con las sonrisas francas, alegres, comprometidas y cumplidoras, de todos los candidatos, como si ya hubieran ganado.
“Señor, señor, oiga, disculpe, ya fue tiempo suficiente para que emita su voto, le vamos a pedir, de favor, que se apure porque ya lleva más de una hora en la mampara y aquí no es estacionamiento”.
Así me dijo el irrespetuoso presidente de la casilla, y lo único que logró fue que me salieran más ronchas, ahora en la otra nalga. Aumentan los nervios, más preocupación. Me apanico. Tiemblo.
Ante tal apresuramiento, mortificado y con salpullido, tomé la decisión, cerré los ojos y voté.
Doble las boletas en forma de paloma tronadora y las enterré, junto con mi vergüenza, en las urnas transparentes. Me pintaron el dedo, recogí mi credencial y me fui enronchado pero con la satisfacción del deber cumplido. Todos me siguieron con una mirada acusadora hasta que logré salir de la escuela en donde estaba la casilla. Iba como espinado, con hambre y sed.
Enfilé rumbo a la Rosales y llegué a la birria con los doscientos pesos que me dieron para votar por un partido, por el que no voté, y luego, a dormir.
Esta monserga de votar con responsabilidad y bajo tanta presión cansa a cualquier fanático de la democracia, como yo.
Con la fresca de las una de la tarde me apresto a ir a la casilla para emitir mi voto. Voy caminando… sin desayunar. Ni frío ni calor, cero grados como dijo aquel. Entrego mi credencial a los gozosos responsables de cuidar la votación; verifican que sí aparezco en el listado nominal en donde está impresa mi credencial con foto pero varios años más joven, delgado y hasta peinado. Todavía tenía esa mirada democrática. Juro que después de estas elecciones cambiaré mi credencial de elector, nomás porque las nuevas son más cachondas. En esas disquisiciones estaba cuando me dieron dos boletas para emitir el voto. Me encamino hacia la mampara y me encierro en esa pequeña cámara de la verdad. Tomo un cabo de crayola. Estoy más sólo que un náufrago. Comienzo a inquietarme.
¡En la madre!, y ahora por quien votaré, si a cada uno de los treinta candidatos que me visitaron en mi casa o en la colonia les dije que votaría por ellos, sin ninguna duda; es más, me apuntaron en una lista y me pidieron el nombre de todos mis familiares y el de mis amigos. Por pena, se los tuve que dar, incluyendo a los que viven en Mazatlán, en Hermosillo y en Tijuana. Todos los candidatos visitantes se llevaron la misma lista, con los mismos 22 nombres y con las mismas promesas juradas de fidelidad política, y de que ahora sí, llegarían al poder con la fuerza de mi voto, al que se sumarían los de mi familia, amigos y conocidos que fueron apuntados en su lista. Eso sí, me aclararon que yo tenía la sagrada misión de convencerlos.
Todos me recomendaron, de manera personal y casi secreta, ese mandato cívico.
Tengo enfrente las boletas, una para presidente municipal de La Paz y otra para elegir al diputado que nos representará en este distrito electoral, el numero 1.
¿Y ahora que hago para cumplirles a todos? Debajo de la camisa llevo la playera que me dieron los amarillos y en el carro traigo la gorra y el encendedor junto con la pluma de los azules. En la casa tengo dos bultos de cemento que me regalaron los del partido rojo, y también tengo la despensa y las láminas que me obsequiaron los del otro partido, que ya ni recuerdo cuál era. En mi mente resuena el eco de sus ofrecimientos, el “ahora sí les voy a cumplir” y los gritos comprometidos de un amasijo de perversos refugiados en un pantanal transformado en partido donde lograron concertar una de las mezclas políticas más inverosímiles de corrupción, control político, cinismo, charrería, trapacerías, ambición e ineptitud.
¿Qué hago con estas boletas? No me alcanzan para pagarles a todos los candidatos, y me da pena porque los conozco a todos, pero solamente puedo emitir un voto para diputado y otro para presidente. Con lo preocupado que estoy vagan por mi mente, como ánimas en pena, los sonrientes retratos de los candidatos en campaña: de los pillos y los decentes, de los trabajadores y los huevones, los cínicos y los responsables, los ladrones y los honrados, los simpáticos y los detestables… La bronca es que a todos les dije que sí, que yo y mi voto los llevaríamos al Congreso y a la Presidencia Municipal. ¿Y ahora que hago?, ojalá fuera la mitad de cínico que el pillo ese al que le dije que votaría por él porque me dio pena mandarlo al carajo, eso me facilitaría las cosas. Comienzo a sentirme molesto.
¿Qué destino le doy a estas dos boletas?
¿A quién puedo convertir en presidente y en diputado?
¡Carajo! ¡Qué difícil es elegir! ¡Qué difícil es votar!
Me pongo serio y comienzo a reflexionar sobre lo que ha hecho cada uno de estos personajes en mi colonia, por mí, por mi estado, por mi familia, por la comunidad y por las leyes. Espero que mi sesudo análisis me ayude a razonar el voto porque quiero un buen presidente y un mejor diputado, casi una quimera. Pero aún no puedo decidirme.
¿Será que me estoy poniendo demasiado chiquión?
Todavía tengo enfrente las boletas. Me queman. ¡Que difícil es votar!
A estas alturas ya llevó media hora en la mampara, ese pequeño espacio se ha convertido en una cámara de tortura. Sudo. Los funcionarios de casilla y representantes de los partidos han comenzado a camelar que estoy preparando el fraude del siglo o cuando menos un gran tamal. Ya me hicieron sentir mal, perseguido, vigilado, culpable, pero, ¿sabrán cómo me siento? Sus acusadoras miradas ya me convirtieron en un tipo sospechoso y ahora piensan que soy un malhechor electoral que está a punto de reventar el sagrado ejercicio electoral ciudadano.
¡Malditas boletas! Y yo que pensaba nada más llegar a la casilla, votar, y tan tan.
Pues no está fácil esta cosa de votar. ¿Cuál fiesta democrática? Esto es un martirio.
Comienzo a pensar quién nos gobierna, de qué partido o partidos, medito si han hecho un gobierno razonable, digo, porque tampoco existen los milagros. Ya me duele la cabeza, no sé si por el esfuerzo mental o por la desvelada de ayer. Tengo hambre. Pienso que una buena birria me caería muy bien, unos dos taquitos de dorada, un buen consomé y una chelita.
¡Malditas boletas! No sé para que vine, ahora tengo que decidir a huevo y hacerlo bien. El presidente de la casilla llamó a un policía porque ya me convertí en presunto culpable de haber cometido un delito electoral. Veo gruesos barrotes. Ya pasó una hora y no puedo salir de la cámara mortuoria en que se ha convertido la estúpida mampara. Por lo pronto, solamente redoblan la vigilancia de la caja de plástico en donde me encuentro escondido a punto de ser declarado y condenado como bandolero electoral. Por pasmado.
¿Y que les diré a los candidatos cuando me pregunten si de verdad voté por ellos o cuando me den las gracias porque mi voto los convirtió en diputado o presidente? Me van a cachar en la maroma, seré un elector traidor que no sabe cumplir sus promesas juradas.
Ya me salieron ronchas en la cara y en una nalga, de esas que me produce el nerviosismo y comienzo con una rascadera de perro. En una de esas hasta la cárcel me llevan por intento de fraude. ¿Yo seré el fraude o los candidatos? Perdí el rumbo. No hay pistas. Estoy mareado.
La verdad es que no quiero votar por mis cuates o por los conocidos sino por aquellos que realmente van a trabajar por la comunidad. Y me digo a mi mismo: “no seas mamón”. Esa idea me ayuda un poco, y luego, me deja más preocupado. ¿Cuáles de los próceres candidatos se dedicarán realmente a desarrollar su trabajo con responsabilidad y de cara a sus electores? En eso me acuerdo del merolico que recitaba, a gritos, verdades de a kilo, según él, y me digo que puede ser su última oportunidad de agarrar algo. Votaré por él por lástima. No. Esa no es razón suficiente para votar por él. Comienzo a ponerme dramático.
Alucinado veo pendones por todos lados con las sonrisas francas, alegres, comprometidas y cumplidoras, de todos los candidatos, como si ya hubieran ganado.
“Señor, señor, oiga, disculpe, ya fue tiempo suficiente para que emita su voto, le vamos a pedir, de favor, que se apure porque ya lleva más de una hora en la mampara y aquí no es estacionamiento”.
Así me dijo el irrespetuoso presidente de la casilla, y lo único que logró fue que me salieran más ronchas, ahora en la otra nalga. Aumentan los nervios, más preocupación. Me apanico. Tiemblo.
Ante tal apresuramiento, mortificado y con salpullido, tomé la decisión, cerré los ojos y voté.
Doble las boletas en forma de paloma tronadora y las enterré, junto con mi vergüenza, en las urnas transparentes. Me pintaron el dedo, recogí mi credencial y me fui enronchado pero con la satisfacción del deber cumplido. Todos me siguieron con una mirada acusadora hasta que logré salir de la escuela en donde estaba la casilla. Iba como espinado, con hambre y sed.
Enfilé rumbo a la Rosales y llegué a la birria con los doscientos pesos que me dieron para votar por un partido, por el que no voté, y luego, a dormir.
Esta monserga de votar con responsabilidad y bajo tanta presión cansa a cualquier fanático de la democracia, como yo.
31 enero 2008
¡ ADIÓS A LAS DELEGACIONES FEDERALES !
Ahora mismo son una fuente de poder innegable. Coto exclusivo de los panistas como en su tiempo lo fueron de los priistas. Aun cuando se hable de blindaje electoral y todas esas vaciladas, siempre encontrarán la forma de incidir o al menos de influir en el ánimo de los electores para que voten por el partido que los promovió, cuyo ejecutivo es el mismísimo dueño de todas las delegaciones federales del país: el Presidente de la República. En este momento, en el estado maravilla, todos los delegados son panistas que cumplieron en su tiempo con el requisito, insalvable, de saber rezar un rosario completo.
Hay una razón para que las delegaciones federales tengan tanto poder, económico y político, aunque ya no como antes, y este poder se origina del presupuesto que manejan y de los disminuidos cuadros técnicos que trabajan en las delegaciones para los fines del poder central; y debo reconocer que, históricamente, los mejores cuadros técnicos y profesionales trabajaban ahí, hubo personal muy capaz y experto en sus materias. No hay que escatimar el reconocimiento a estos cuadros técnicos, quienes fueron los responsables del desarrollo del país durante 70 años.
Pero sucede que también ya existen estos cuadros profesionales en los estados.
Antes, este poder, casi absoluto, le pertenecía al PRI, y era, como lo es hoy, una especie de agencia de colocaciones para los miembros locales o foráneos del partido en ejercicio del poder federal, y fueron también, en el pasado, una fuente de negociación con el poder local.
En el pasado, no muy reciente, ocurría que los gobernadores podían influir de manera decisiva en el nombramiento de los delegados federales, situación que poco a poco fue cambiando conforme los estados arribaban a la transición y el poder cambiaba de manos pero no de fondo.
Cuando el PRI perdió el poder en BCS y dimos inicio a la época perredista, no hubo ninguna posibilidad de que el gobernador del estado influyera en la designación de algún delegado federal en el estado, nomás los veía pasar y hacer.
Antes del arribo de los perredistas, durante el gobierno de Mercado, se perdió la fuerza política para solicitarle a algún secretario, o al mismo Presidente de la República, la designación de delegados proclives al gobernador o de su equipo. Esa prerrogativa se perdió por completo y me parece que por una decisión local del gobernador -inteligente según algunos, incluido el propio Mercado y por incapacidad para influir según otros, - porque pensó que si le permitía al secretario tal nombrar a sus amigos en las delegaciones federales pues el estado tendría mayores apoyos, en agradecimiento porque el gobernador le habría permitido a un poderoso del centro que le diera trabajo a sus cuates o que cumpliera compromisos. De esta manera, los estados representaban no solamente una fuente de trabajo para el propio delegado sino que además, éste tenía a su disposición los puestos de mandos medios que no son nada despreciables en términos de ingreso. Para aquellos secretarios con presencia nacional, que los había y varios, era fundamental tener a alguien de su confianza en los estados para operar en su favor, y si lograban colocar a sus amigos o personal de su absoluta confianza, pues podían maniobrar políticamente para sus propios fines, porque además, tenían picaporte con los gobernadores y con los mandos políticos medios de las estructuras estatales y municipales debido a la fuerza e influencia que ejercían gracias al poder del presupuesto federal. Es más había estados en los cuales un delegado tenía más poder y más presupuesto que todo el gobierno del estado, más aviones, más vehículos y más de todo.
La realidad política actual ha cambiado para muy poco, casi nada. Prevalecen los mismos criterios centralistas de beneficio para los amigos del ejecutivo federal en el nombramiento de los delegados federales y sus mandos medios. El país cambió en el 2000 para que todo, absolutamente todo, siguiera igual. O peor según algunos.
¿Cuánto nos cuestan las delegaciones federales? Un dineral.
El costo se ha estimado en 100 mil millones de pesos anuales. Más o menos.
¿Y para que sirven las delegaciones federales? Pues para promover el desarrollo de las entidades federativas. ¿Y entonces qué hacen todos los estados de la república en sus respectivos territorios? Exactamente lo mismo, y en muchos casos, lo hacen mejor.
Pues entonces ya no entendí nada.
Es probable que antes del cambio de partido en el poder federal en el 2000, se justificara la presencia de personal federal en las entidades federativas, porque las estructuras y el capital humano era, casi en todos los estados del país, muy deficiente, deplorable, y el personal federal tenía cuadros profesionales muy competentes en el desempeño de tareas que requerían de alta especialización.
Pero hoy es injustificable que tengamos tantas delegaciones federales cuando existen estructuras eficaces en las administraciones locales para atender las tareas del desarrollo y cuadros técnicos suficientes para enfrentar y resolver los problemas locales.
Estas ideas ya campean en el Senado de la República y en la Cámara de Diputados y es probable que en este año se concrete alguna medida para resolver este atavismo.
Aquellos que estiman un ahorro de tal magnitud cuando desaparezcan las delegaciones federales tal vez incurran en un error. El hecho de que desaparezca el ámbito federal en los estados no implica necesariamente que las funciones que realizan las delegaciones se dejen de hacer, al contrario, las hará el estado, pero éste requerirá necesariamente de personal técnico que actualmente se encuentra en las delegaciones federales para realizar los trabajos adicionales que implica esta carga extra de trabajo para las administraciones locales. En todo caso, habría que echarle cuentas al asunto, pero el problema de fondo es que se requiere, ya, una decisión política del más alto nivel para que se inicie un verdadero cambio de fondo y logremos la desaparición de las delegaciones federales en todas las entidades de la república.
A favor de esta decisión diremos que el poder público cuenta ahora con herramientas de control como es el caso de la Secretaría de la Función Pública y la Auditoría Superior de la Federación. Eso sin contar los Órganos de Control que existen en los estados a cargo de los ejecutivos locales y los que poseen los Congresos estatales. Todos estos organismos fiscalizadores tienen atribuciones legales en sus respectivos ámbitos de competencia para revisar el ejercicio del gasto, independientemente de su origen, y otras funciones de fiscalización, de modernización e innovación administrativa. Vamos, incluso los municipios cuentan ya con estructuras y herramientas que les permitirían municipalizar buena parte del gasto y de las funciones que desempeñan actualmente varias dependencias no sólo federales sino del propio estado.
El hecho es que no se ha llevado a cabo esta medida sencillamente porque nadie ha querido hacerlo. Falta la decisión del Presidente de la República y de quienes despachan en el Congreso de la Unión. O de ambos.
Sin embargo, no veo en el corto plazo una visión federalista salvo aquella que usan los políticos para quedar bien, y es como usted se podrá imaginar, federalista lector, de pura saliva. Y más allá, veo menos en nuestros políticos un genuino ánimo municipalista, el nivel de gobierno más próximo a la gente y el más abandonado.
La modernidad y el desarrollo de las fuerzas sociales exigen enfrentar las nuevas realidades de los estados para que las fuentes de poder competentes tomen una decisión histórica y operen la desaparición de las delegaciones federales porque ya dejaron de ser útiles para los estados, y se han convertido en un lastre que representa un gasto muy significativo para el erario.
Así que agarre su pañuelito y dígale adiós, para siempre, a las delegaciones federales en México. Ya pronto.
Hay una razón para que las delegaciones federales tengan tanto poder, económico y político, aunque ya no como antes, y este poder se origina del presupuesto que manejan y de los disminuidos cuadros técnicos que trabajan en las delegaciones para los fines del poder central; y debo reconocer que, históricamente, los mejores cuadros técnicos y profesionales trabajaban ahí, hubo personal muy capaz y experto en sus materias. No hay que escatimar el reconocimiento a estos cuadros técnicos, quienes fueron los responsables del desarrollo del país durante 70 años.
Pero sucede que también ya existen estos cuadros profesionales en los estados.
Antes, este poder, casi absoluto, le pertenecía al PRI, y era, como lo es hoy, una especie de agencia de colocaciones para los miembros locales o foráneos del partido en ejercicio del poder federal, y fueron también, en el pasado, una fuente de negociación con el poder local.
En el pasado, no muy reciente, ocurría que los gobernadores podían influir de manera decisiva en el nombramiento de los delegados federales, situación que poco a poco fue cambiando conforme los estados arribaban a la transición y el poder cambiaba de manos pero no de fondo.
Cuando el PRI perdió el poder en BCS y dimos inicio a la época perredista, no hubo ninguna posibilidad de que el gobernador del estado influyera en la designación de algún delegado federal en el estado, nomás los veía pasar y hacer.
Antes del arribo de los perredistas, durante el gobierno de Mercado, se perdió la fuerza política para solicitarle a algún secretario, o al mismo Presidente de la República, la designación de delegados proclives al gobernador o de su equipo. Esa prerrogativa se perdió por completo y me parece que por una decisión local del gobernador -inteligente según algunos, incluido el propio Mercado y por incapacidad para influir según otros, - porque pensó que si le permitía al secretario tal nombrar a sus amigos en las delegaciones federales pues el estado tendría mayores apoyos, en agradecimiento porque el gobernador le habría permitido a un poderoso del centro que le diera trabajo a sus cuates o que cumpliera compromisos. De esta manera, los estados representaban no solamente una fuente de trabajo para el propio delegado sino que además, éste tenía a su disposición los puestos de mandos medios que no son nada despreciables en términos de ingreso. Para aquellos secretarios con presencia nacional, que los había y varios, era fundamental tener a alguien de su confianza en los estados para operar en su favor, y si lograban colocar a sus amigos o personal de su absoluta confianza, pues podían maniobrar políticamente para sus propios fines, porque además, tenían picaporte con los gobernadores y con los mandos políticos medios de las estructuras estatales y municipales debido a la fuerza e influencia que ejercían gracias al poder del presupuesto federal. Es más había estados en los cuales un delegado tenía más poder y más presupuesto que todo el gobierno del estado, más aviones, más vehículos y más de todo.
La realidad política actual ha cambiado para muy poco, casi nada. Prevalecen los mismos criterios centralistas de beneficio para los amigos del ejecutivo federal en el nombramiento de los delegados federales y sus mandos medios. El país cambió en el 2000 para que todo, absolutamente todo, siguiera igual. O peor según algunos.
¿Cuánto nos cuestan las delegaciones federales? Un dineral.
El costo se ha estimado en 100 mil millones de pesos anuales. Más o menos.
¿Y para que sirven las delegaciones federales? Pues para promover el desarrollo de las entidades federativas. ¿Y entonces qué hacen todos los estados de la república en sus respectivos territorios? Exactamente lo mismo, y en muchos casos, lo hacen mejor.
Pues entonces ya no entendí nada.
Es probable que antes del cambio de partido en el poder federal en el 2000, se justificara la presencia de personal federal en las entidades federativas, porque las estructuras y el capital humano era, casi en todos los estados del país, muy deficiente, deplorable, y el personal federal tenía cuadros profesionales muy competentes en el desempeño de tareas que requerían de alta especialización.
Pero hoy es injustificable que tengamos tantas delegaciones federales cuando existen estructuras eficaces en las administraciones locales para atender las tareas del desarrollo y cuadros técnicos suficientes para enfrentar y resolver los problemas locales.
Estas ideas ya campean en el Senado de la República y en la Cámara de Diputados y es probable que en este año se concrete alguna medida para resolver este atavismo.
Aquellos que estiman un ahorro de tal magnitud cuando desaparezcan las delegaciones federales tal vez incurran en un error. El hecho de que desaparezca el ámbito federal en los estados no implica necesariamente que las funciones que realizan las delegaciones se dejen de hacer, al contrario, las hará el estado, pero éste requerirá necesariamente de personal técnico que actualmente se encuentra en las delegaciones federales para realizar los trabajos adicionales que implica esta carga extra de trabajo para las administraciones locales. En todo caso, habría que echarle cuentas al asunto, pero el problema de fondo es que se requiere, ya, una decisión política del más alto nivel para que se inicie un verdadero cambio de fondo y logremos la desaparición de las delegaciones federales en todas las entidades de la república.
A favor de esta decisión diremos que el poder público cuenta ahora con herramientas de control como es el caso de la Secretaría de la Función Pública y la Auditoría Superior de la Federación. Eso sin contar los Órganos de Control que existen en los estados a cargo de los ejecutivos locales y los que poseen los Congresos estatales. Todos estos organismos fiscalizadores tienen atribuciones legales en sus respectivos ámbitos de competencia para revisar el ejercicio del gasto, independientemente de su origen, y otras funciones de fiscalización, de modernización e innovación administrativa. Vamos, incluso los municipios cuentan ya con estructuras y herramientas que les permitirían municipalizar buena parte del gasto y de las funciones que desempeñan actualmente varias dependencias no sólo federales sino del propio estado.
El hecho es que no se ha llevado a cabo esta medida sencillamente porque nadie ha querido hacerlo. Falta la decisión del Presidente de la República y de quienes despachan en el Congreso de la Unión. O de ambos.
Sin embargo, no veo en el corto plazo una visión federalista salvo aquella que usan los políticos para quedar bien, y es como usted se podrá imaginar, federalista lector, de pura saliva. Y más allá, veo menos en nuestros políticos un genuino ánimo municipalista, el nivel de gobierno más próximo a la gente y el más abandonado.
La modernidad y el desarrollo de las fuerzas sociales exigen enfrentar las nuevas realidades de los estados para que las fuentes de poder competentes tomen una decisión histórica y operen la desaparición de las delegaciones federales porque ya dejaron de ser útiles para los estados, y se han convertido en un lastre que representa un gasto muy significativo para el erario.
Así que agarre su pañuelito y dígale adiós, para siempre, a las delegaciones federales en México. Ya pronto.
28 enero 2008
BLANCA NIEVES Y LOS SIETE ENANOS. EL CARRO COMPLETO
Esta columna no fue publicada el El Sudacaliforniano porque al momento de seleccionarla la Ley Electoral del Estado de B.C.S. ya impedía tratar el tema de las encuestas.
Yo no sé quien vaya a ganar la presidencia municipal en las votaciones del cercanísimo 3 de febrero. Lo puedo suponer, o decir yo quiero que gane tal o cual candidato por la razón que mejor me acomode. Hay incertidumbre y nerviosismo en los candidatos y en sus equipos de campaña porque lo que está en juego es mucho. Imagínese, despierto lector, que el PRD y sus aliados perdieran el municipio de Los Cabos o el de La Paz, sería una tragedia de efectos múltiples y de consecuencias desastrosas para el partido en el poder. Podemos imaginar también, en caso de perder los dos municipios más importantes del estado, la cantidad de muertos que saldrían del closet y las filas para ingresar a ese hotel de cinco estrellas que llaman Cereso. Perder significaría un reconocimiento de la población votante de que las obras y servicios de los actuales gobiernos, o más bien, las funciones de gobierno no las han desempeñado con eficiencia ni en beneficio de la población. Y aquí debemos entender que la gobernabilidad no es una responsabilidad exclusiva de los presidentes municipales o del gobernador, también hacen gobierno los diputados y los mandos medios y superiores que trabajan cotidianamente en los distintos niveles de gobierno. También hace gobierno el Poder Judicial del estado. En síntesis, el gobierno lo realizan los tres poderes, unos de manera directa y otros como apoyo aun cuando no aparezcan en la prensa escrita o en los noticieros de la televisión.Todo este conjunto de servidores públicos son percibidos por la población por lo que hacen, y de manera más importante, por lo que dejan de hacer. Y los califican. Cuando la evaluación es aprobatoria lo más seguro es que los candidatos del partido o partidos en el gobierno repitan porque tendrán el reconocimiento y la confianza de los votantes. No digo que haya unanimidad respecto a la aprobación de la obra de gobierno, afortunadamente no existe, pero sí hay mayoría, y con eso, se construye la democracia, para bien o para mal.
Pero si yo quisiera saber con certeza matemática cuáles podrían ser los resultados o las intenciones de voto de los electores ahora mismo, en una foto del instante en que le pregunto a algún posible votante, pues simplemente realizo una encuesta con determinada metodología, universalmente válida y bajo ciertas condicionantes. La primera, es que no debo contratar a una empresa patito para que me ofrezca resultados a modo, porque si yo fuera candidato, de nada me serviría el resultado porque no me estaría reflejando las intenciones reales del voto de los electores, ni tampoco mostraría objetivamente los resultados del trabajo hecho durante la campaña, ni me permitiría dimensionar el tamaño del esfuerzo que tengo que hacer para remontar, si fuera el caso. La segunda condición es que debo investigar cuáles son las empresas encuestadoras serias, profesionales, que realizan este tipo de estudios para que me den un resultado fidedigno; y debo constatar, también, que no tengan fama pública o privada de que se venden al mejor postor o de que no saben hacer su trabajo. Encuestadoras serias hay varias, y una de ellas, Mitofsky, acaba de publicar los resultados del muestreo realizado apenas entre el 15 y el 20 de enero anterior y es continuación de otra parcial que hicieron entre el 28 de diciembre y el 2 de enero. La primera proporciona los resultados obtenidos en los cinco municipios del estado y el Distrito 12, midiendo las intenciones de voto para cada uno de los partidos o coaliciones contendientes. Estos resultados ya fueron oportunamente publicados por El Sudcaliforniano y otros medios.
¿Y qué dicen las encuestas? Pues dicen carro completo para el PRD, PT y Convergencia. Arrasarían en todo el estado, quedándose con todas las diputaciones y presidencias municipales en disputa. Todas.
Vea usted. En La Paz hay una diferencia a favor de la candidata de esta coalición de 18.7 puntos porcentuales con respecto al candidato más cercano, el priista. También hay un 27.8% de los encuestados que no manifiesta su preferencia y serán quienes inclinen la balanza. Eso si quieren y amanecen sanos y con ganas de ir a votar. Y el 57.2% de los encuestados cree que ganará Rosa Delia.
Mis poderes de pitoniso resultaron certeros: el Panal y sus candidos ocupan el penúltimo lugar en la intención de voto, es decir, de abajo para arriba ocupan el segundo lugar, apenas superan a la candidata promovida por una entelequia que llaman MRPS y eso me devuelve la confianza en los electores.
En Los Cabos, el artista del momento, el de la coalición PRD, PT y Convergencia le lleva a su más cercano contendiente 18.5 puntos porcentuales y el 65% de los encuestados cree que ganará. En Comondú el candidato de esta coalición tripartita tiene una diferencia a su favor de 37.4 puntos arriba de su contendiente más cercano y la diferencia es mayor cuando se le pregunta a los encuestados quién cree que ganará la elección. En Mulegé se acorta la diferencia porque el candidato del PRD, PT y Convergencia va arriba “solamente” por 12.6 puntos. La más baja diferencia entre dos contendientes se dio en Loreto, allá el candidato de esta coalición tiene una mínima ventaja de 3.6 puntos sobre el candidato verde panista, en términos técnicos es un empate, pero la diferencia a favor del puntero es abrumadora cuando se les pregunta a los votantes quién cree usted que ganará.
Las encuestas bien hechas son producto de la ciencia matemática. No son cuentos. Son el producto acabado de un muestreo estadístico con validez científica. En cambio el 3 de febrero, que ya se nos vino encima, haremos un censo que incluirá a toda la población inscrita en el listado nominal, y entonces veremos cómo han cambiado los electores desde la encuesta. Lo que sí está en chino es remontar estas diferencias en el tiempo que resta, eso es casi imposible. ¿Mutarán los electores del estado? Yo no lo creo.Ganará quien decida la mayoría, no las minorías. Lo demás sí son cuentos chinos. Nos vemos en la casilla. Ah y apunten las placas.
22 enero 2008
VA MI RESTO POR UNA CURUL
Están por cerrar las campañas políticas de los cándidos candidatos. Unos casi amarrados porque tienen el triunfo en la bolsa al carecer de contrincantes de peso que sean del conocimiento de los electores por su trabajo social o político. Otros, son comparsas sin destino seguro y me pregunto si calibraron sus posibilidades reales para contender con alguna razonable certeza de competir y ganar; hay evidentes casos en los cuales es claro que los empujó un voluntarioso deseo de “contender” a sabiendas de que van a perder todos sus ahorros, pero suponen que ganarán algo de imagen, y seguramente, alguna compensación dependiendo de cómo, con quién y porqué la jugaron.
Dividamos a los actuales candidatos al Congreso en tres grupos: los que van a ganar, los nacidos para perder porque no los conocen ni en su casa y los que solamente van a jugar.
No hay más.
En el primer grupo van candidatos con una cómoda ventaja y tal vez el caso más claro es el de Armando Cota patrocinado por el PRD, PT y Convergencia. Influye, desde luego, que no tiene contrincantes de importancia enfrente. También lo hará ganar su desempeño reciente como Tesorero del XII Ayuntamiento en donde le tapó todos los agujeros al barco y pudo sacar a flote lo básico, a partir de los despojos que dejo, por cierto, un candidato a la Presidencia Municipal de La Paz quien anhela y jura, que ahora sí va a “construir La Paz que todos soñamos”. Nuestro compañero en esta página, Alejandro Álvarez, lo definió con maestría retratándolo para siempre como lo que es: “un cínico con mención honorífica”. Su fama pública de desvergonzado se hará cargo de sepultar al resto de los aventureros del panal de la Gordillo, tal como lo acreditó la más reciente encuesta de Mitofsky.
De manera que en el caso de Armando Cota su trabajo previo en la Tesorería Municipal lo acercará, irremediablemente, a comandar en el Congreso la Comisión de Vigilancia en donde será provechosa su experiencia técnica en materia de presupuestal y contable, porque a esta importantísima Comisión le reporta el órgano fiscalizador del Congreso: la Contaduría Mayor de Hacienda. Y vaya que hacen falta personas preparadas en el Congreso, porque esta ha sido siempre una de sus grandes carencias históricas.
Ante el alud de candidatos, más de 400, la mayoría de los votantes serán víctimas de la confusión cuando tengan que resolver, en plena casilla, por quiénes votar. Sin embargo, me parece que el factor que inclinará a los votantes a decidir será el partido (s) postulante en donde el PRD está a cargo del gobierno. Bajo esta óptica, es crucial la percepción que tienen los ciudadanos votantes sobre la efectividad y desempeño del gobierno actual, y según los datos disponibles, la mayor parte de la sociedad sudcaliforniana aprecia que ha habido, en general, un buen gobierno. Los ciudadanos asocian un desempeño razonable del gobierno a la realización de una gran cantidad de obras grandes y pequeñas y al mejoramiento general de los servicios. Además, hay mediciones objetivas que así lo demuestran, no es una ocurrencia mía, son datos duros obtenidos por medio de calificaciones que otorgan los propios ciudadanos a sus gobernantes.
Recuerde usted, informado lector, que uno de los actuales diputados reconoció que sus pares no pueden distinguir entre una vaca y un burro, declaración que yo tomé como un axioma que retrata a los integrantes del Congreso del Estado. Conste, yo no lo dije, fue un diputado quien lo declaró. También me queda claro que los partidos son los únicos responsables de que se cuelen al Congreso individuos ignorantes y personajes indeseables, mujeres y varones, sin ninguna preparación ni experiencia para la importantísima función que habrán de desempeñar.
Bueno, pero ese no es el tema sino los candidatos.
Vayamos al caso del “caliente” distrito cinco, donde resalta la estridencia de un par de gritones. Entre ellos me llama la atención un dizque profesor de apellido impronunciable, carente del más mínimo sentido de autocrítica, quien de veras cree ser el líder que todos estábamos esperando, padece verborrea y es enfadoso hasta la nausea; es una caricatura de los políticos de los setentas que para toda ocasión se tiraban el mismo rollo, aburrido, pesado, monótono, labioso y ladino, pero muy ambiciosos. Me imagino a este espécimen de museo representándonos en el Congreso apoderado de la tribuna y del micrófono, recetándonos “sesudos” discursos huecos, carentes de sustancia y fondo que agravarán más la desgraciada imagen del Congreso. Mi mejor esperanza es que la gente de ese distrito electoral reaccione con energía para rechazar en las urnas a este tipo de charros anclados en el siglo pasado, forjadores del desastre educativo nacional que padecemos en el país. El distrito cinco es, sin duda, el más competido de los XVI que entrarán en elección, pero haciendo uso de mis dotes de pitoniso, me parece que ganará una discreta, seria y ocupada profesora, Diana Von Borstel, tal vez con alguna dificultad, pero ganará. En este caso pesará mucho su trabajo y el voto favorable al partido que la postula, el PRD. Insisto, la competencia será aparentemente reñida, por los alaridos que escuchamos, pero la fuerza del partido que la promueve le dará el triunfo.
En política hay un hecho esencial para ganar y los actuales gobernantes lo aprendieron ya en la dura competencia por conservar el poder: contra el buen gobierno no hay antídoto. La gente lo sabe y también las autoridades políticas del estado y municipios. En el horizonte político no veo autoridades abusivas ni vejatorias de los derechos de los ciudadanos, no digo que no las haya, o que no existan algunos casos, pero la regla, me parece, es que el desempeño del poder ejecutivo estatal y el del municipio de La Paz han sido razonablemente acertados.
Serán los electores quienes calificarán a los candidatos mejor que yo, sin duda, y pondrán a los aventureros y ambiciosos en el basurero que les corresponde, como a ese otro gritón, abogado merolico, lenguaraz, estridente y codicioso en el quinto distrito, a quien los votantes no tolerarán en el Congreso. De eso estoy seguro porque nunca lo han elegido para nada.
Ah, sobre los candidatos del segundo grupo, los nacidos para perder, ni me ocupo, porque a lo más que llegarán es a jugar sin esperanza alguna de ganar, y son la mayoría, su foto y “propuestas” serán consumidas, en un instante, por el polvo del olvido. Y a los ilusos que juegan pues que sigan jugando.
Respecto a los candidatos a la Presidencia Municipal me ocuparé próximamente porque sí hay algunos candidatos que vale la pena analizar, desgraciadamente, pocos.
Dividamos a los actuales candidatos al Congreso en tres grupos: los que van a ganar, los nacidos para perder porque no los conocen ni en su casa y los que solamente van a jugar.
No hay más.
En el primer grupo van candidatos con una cómoda ventaja y tal vez el caso más claro es el de Armando Cota patrocinado por el PRD, PT y Convergencia. Influye, desde luego, que no tiene contrincantes de importancia enfrente. También lo hará ganar su desempeño reciente como Tesorero del XII Ayuntamiento en donde le tapó todos los agujeros al barco y pudo sacar a flote lo básico, a partir de los despojos que dejo, por cierto, un candidato a la Presidencia Municipal de La Paz quien anhela y jura, que ahora sí va a “construir La Paz que todos soñamos”. Nuestro compañero en esta página, Alejandro Álvarez, lo definió con maestría retratándolo para siempre como lo que es: “un cínico con mención honorífica”. Su fama pública de desvergonzado se hará cargo de sepultar al resto de los aventureros del panal de la Gordillo, tal como lo acreditó la más reciente encuesta de Mitofsky.
De manera que en el caso de Armando Cota su trabajo previo en la Tesorería Municipal lo acercará, irremediablemente, a comandar en el Congreso la Comisión de Vigilancia en donde será provechosa su experiencia técnica en materia de presupuestal y contable, porque a esta importantísima Comisión le reporta el órgano fiscalizador del Congreso: la Contaduría Mayor de Hacienda. Y vaya que hacen falta personas preparadas en el Congreso, porque esta ha sido siempre una de sus grandes carencias históricas.
Ante el alud de candidatos, más de 400, la mayoría de los votantes serán víctimas de la confusión cuando tengan que resolver, en plena casilla, por quiénes votar. Sin embargo, me parece que el factor que inclinará a los votantes a decidir será el partido (s) postulante en donde el PRD está a cargo del gobierno. Bajo esta óptica, es crucial la percepción que tienen los ciudadanos votantes sobre la efectividad y desempeño del gobierno actual, y según los datos disponibles, la mayor parte de la sociedad sudcaliforniana aprecia que ha habido, en general, un buen gobierno. Los ciudadanos asocian un desempeño razonable del gobierno a la realización de una gran cantidad de obras grandes y pequeñas y al mejoramiento general de los servicios. Además, hay mediciones objetivas que así lo demuestran, no es una ocurrencia mía, son datos duros obtenidos por medio de calificaciones que otorgan los propios ciudadanos a sus gobernantes.
Recuerde usted, informado lector, que uno de los actuales diputados reconoció que sus pares no pueden distinguir entre una vaca y un burro, declaración que yo tomé como un axioma que retrata a los integrantes del Congreso del Estado. Conste, yo no lo dije, fue un diputado quien lo declaró. También me queda claro que los partidos son los únicos responsables de que se cuelen al Congreso individuos ignorantes y personajes indeseables, mujeres y varones, sin ninguna preparación ni experiencia para la importantísima función que habrán de desempeñar.
Bueno, pero ese no es el tema sino los candidatos.
Vayamos al caso del “caliente” distrito cinco, donde resalta la estridencia de un par de gritones. Entre ellos me llama la atención un dizque profesor de apellido impronunciable, carente del más mínimo sentido de autocrítica, quien de veras cree ser el líder que todos estábamos esperando, padece verborrea y es enfadoso hasta la nausea; es una caricatura de los políticos de los setentas que para toda ocasión se tiraban el mismo rollo, aburrido, pesado, monótono, labioso y ladino, pero muy ambiciosos. Me imagino a este espécimen de museo representándonos en el Congreso apoderado de la tribuna y del micrófono, recetándonos “sesudos” discursos huecos, carentes de sustancia y fondo que agravarán más la desgraciada imagen del Congreso. Mi mejor esperanza es que la gente de ese distrito electoral reaccione con energía para rechazar en las urnas a este tipo de charros anclados en el siglo pasado, forjadores del desastre educativo nacional que padecemos en el país. El distrito cinco es, sin duda, el más competido de los XVI que entrarán en elección, pero haciendo uso de mis dotes de pitoniso, me parece que ganará una discreta, seria y ocupada profesora, Diana Von Borstel, tal vez con alguna dificultad, pero ganará. En este caso pesará mucho su trabajo y el voto favorable al partido que la postula, el PRD. Insisto, la competencia será aparentemente reñida, por los alaridos que escuchamos, pero la fuerza del partido que la promueve le dará el triunfo.
En política hay un hecho esencial para ganar y los actuales gobernantes lo aprendieron ya en la dura competencia por conservar el poder: contra el buen gobierno no hay antídoto. La gente lo sabe y también las autoridades políticas del estado y municipios. En el horizonte político no veo autoridades abusivas ni vejatorias de los derechos de los ciudadanos, no digo que no las haya, o que no existan algunos casos, pero la regla, me parece, es que el desempeño del poder ejecutivo estatal y el del municipio de La Paz han sido razonablemente acertados.
Serán los electores quienes calificarán a los candidatos mejor que yo, sin duda, y pondrán a los aventureros y ambiciosos en el basurero que les corresponde, como a ese otro gritón, abogado merolico, lenguaraz, estridente y codicioso en el quinto distrito, a quien los votantes no tolerarán en el Congreso. De eso estoy seguro porque nunca lo han elegido para nada.
Ah, sobre los candidatos del segundo grupo, los nacidos para perder, ni me ocupo, porque a lo más que llegarán es a jugar sin esperanza alguna de ganar, y son la mayoría, su foto y “propuestas” serán consumidas, en un instante, por el polvo del olvido. Y a los ilusos que juegan pues que sigan jugando.
Respecto a los candidatos a la Presidencia Municipal me ocuparé próximamente porque sí hay algunos candidatos que vale la pena analizar, desgraciadamente, pocos.
11 diciembre 2007
EL ASCO DE LA CORTE
Lo volvieron a hacer.
Lo hicieron con Lydia Cacho quien denunció a pederastas y pornógrafos que operaron al amparo del gober precioso y al cobijo una red de autoridades protectoras que se dedican a este lucrativo negocio. La recompensa es mucho más que las supuestas botellas de coñac, cualquier cosa que esto signifique.
No voy a abundar en los detalles de este caso típico de abuso de autoridad y protectores de pederastas porque éstos han sido públicos desde hace tiempo y quien los conoce resulta asqueado hasta el vómito. Hoy el asco que siento supera el que me produjeron los detalles enfermizos de las aventuras de quienes abusan de niñas y niños por simple “placer”, impunes gracias a sus protectores poderosos.
Ahora la vergüenza recayó solamente seis “defensores de la legalidad”, entre ellos dos mujeres: Margarita Luna Ramos, Olga Sánchez Cordero, Salvador Aguirre Anguiano, Mariano Azuela, Guillermo Ortiz Mayagoitia, y Sergio Valls.
Los otros cuatro fueron consistentes con lo que muchos esperábamos de la Corte.
Hubo algunos ingenuos que llegamos a pensar que los vividores de la Corte serían, por fin, la tabla de salvación de la legalidad en este país, que podrían cambiar y defendernos. Nos equivocamos rotundamente. Algunos de estos vividores fueron consistentes pero el resto no podrá cambiar. El mal está en su ADN. Están criados y cebados en un estercolero pletórico de complicidades y blindados en contra de las demandas de los molestos ciudadanos. Únicamente responden a sus propios intereses mezquinos, conservadores, misóginos (incluidas las dos señoras que asisten a la Corte), tolerantes y sórdidos.
¿En manos de quién estamos los mexicanos? ¿A qué o a quién se pueden atener los hombres y mujeres de bien, esforzados, de buena fe, cuando denuncian con pruebas y reclaman justicia?
Lo que nos dijeron los “impartidores de justicia” a los mexicanos, en cadena nacional, fue que el sistema de justicia existente hay que echarlo al bote de la basura y enterrarlo, comenzando por quienes dicen estar a cargo de esta tarea pero a la hora buena resultan blandengues y leguleyos. Una de las señales ominosas que nos enviaron tiene el significado de que cada quien se defienda como pueda, que cada quien se haga justicia por su propia cuenta y riesgo porque no hay quien nos defienda. O callar por miedo, porque denunciar y exigir justicia puede ser peligroso.
El mensaje que enviaron los vividores de la Corte es pavoroso para todos los mexicanos. Nos dijeron que podemos ser vejados, violados, torturados, maltratados y sometidos por las autoridades confabuladas y en complicidad con el crimen organizado, siempre y cuando estos abusos “no sean graves”. La inmensa mayoría de los que han tenido que ver con aquellos que procuran justicia y con quienes la administran, dan testimonio de los abusos, maltratos, torturas y vejaciones producto de la ilegalidad impune bajo la cual operan las autoridades de todos los niveles de gobierno, en más de una ocasión. También nos dijeron los vivillos, claro y fuerte, que hay que acostumbrarse a ser vejados y a respetar a los abusadores de niños y niñas.
Algo está mal en esta Corte. Algo no funciona bien. Los intereses que defienden no son los de la justicia y menos los de la gente común como usted y como yo.
Qué pena, que gran tragedia. Pobres mexicanos que padecemos a este conjunto de vividores que ya nos demostraron una vez más, por si había dudas, que no sirven más que para cobrar sus insólitos y desvergonzados emolumentos y privilegios.
La mayoría de estos cortesanos parásitos a quienes mantenemos, a costa de la indigencia de millones de compatriotas miserables, no tienen la estatura moral que hace falta para comprometerse con las mejores causas de este país, en una época en la que se requiere de hombres y mujeres valerosos que luchen por las mejores causas de la verdad y la justicia, esas grandes ausentes en nuestra sociedad.
A los vividores les pusieron una rolita para que pegaran un gran palo de vuelta entera y contentos se batieron en el lodo de su propia ineptitud, de su rancio conservadurismo e intereses. ¿No les dará pena? ¿No sentirán lástima de sí mismos cuando sus hijos, parejas o amigos los interrogan sobre el tema de Lydia Cacho y los pederastas y la pornografía, al enterarse de cómo votaron, mejor dicho, de cómo se exhibieron en la Corte?
Nos han demostrado que nada los apena, porque están forrados de su propio cinismo.
¿Qué les hizo falta para darnos, y darse a sí mismos, una lección ética y recuperar la confianza ahora totalmente perdida entre las montañas de sus prerrogativas?
El olor repugnante que emana la Corte de los vividores volvió a inundar a la República con su nauseabunda fetidez. Ad náuseam para que me entiendan.
Hemos quedado inermes.
A la señora Lydia Cacho y a las otras decenas de víctimas, y a nosotros con ellas, les queda recurrir a los organismos internacionales de justicia y derechos humanos, ante quienes, seguramente, presentarán las denuncias correspondientes.
Mientras, atribulado lector, haga caso del mensaje enviado por los inservibles vividores de la Corte y búsquese una pistola o de perdida una resortera para que se defienda, porque con esta Corte no vamos ni a la esquina.
Lo hicieron con Lydia Cacho quien denunció a pederastas y pornógrafos que operaron al amparo del gober precioso y al cobijo una red de autoridades protectoras que se dedican a este lucrativo negocio. La recompensa es mucho más que las supuestas botellas de coñac, cualquier cosa que esto signifique.
No voy a abundar en los detalles de este caso típico de abuso de autoridad y protectores de pederastas porque éstos han sido públicos desde hace tiempo y quien los conoce resulta asqueado hasta el vómito. Hoy el asco que siento supera el que me produjeron los detalles enfermizos de las aventuras de quienes abusan de niñas y niños por simple “placer”, impunes gracias a sus protectores poderosos.
Ahora la vergüenza recayó solamente seis “defensores de la legalidad”, entre ellos dos mujeres: Margarita Luna Ramos, Olga Sánchez Cordero, Salvador Aguirre Anguiano, Mariano Azuela, Guillermo Ortiz Mayagoitia, y Sergio Valls.
Los otros cuatro fueron consistentes con lo que muchos esperábamos de la Corte.
Hubo algunos ingenuos que llegamos a pensar que los vividores de la Corte serían, por fin, la tabla de salvación de la legalidad en este país, que podrían cambiar y defendernos. Nos equivocamos rotundamente. Algunos de estos vividores fueron consistentes pero el resto no podrá cambiar. El mal está en su ADN. Están criados y cebados en un estercolero pletórico de complicidades y blindados en contra de las demandas de los molestos ciudadanos. Únicamente responden a sus propios intereses mezquinos, conservadores, misóginos (incluidas las dos señoras que asisten a la Corte), tolerantes y sórdidos.
¿En manos de quién estamos los mexicanos? ¿A qué o a quién se pueden atener los hombres y mujeres de bien, esforzados, de buena fe, cuando denuncian con pruebas y reclaman justicia?
Lo que nos dijeron los “impartidores de justicia” a los mexicanos, en cadena nacional, fue que el sistema de justicia existente hay que echarlo al bote de la basura y enterrarlo, comenzando por quienes dicen estar a cargo de esta tarea pero a la hora buena resultan blandengues y leguleyos. Una de las señales ominosas que nos enviaron tiene el significado de que cada quien se defienda como pueda, que cada quien se haga justicia por su propia cuenta y riesgo porque no hay quien nos defienda. O callar por miedo, porque denunciar y exigir justicia puede ser peligroso.
El mensaje que enviaron los vividores de la Corte es pavoroso para todos los mexicanos. Nos dijeron que podemos ser vejados, violados, torturados, maltratados y sometidos por las autoridades confabuladas y en complicidad con el crimen organizado, siempre y cuando estos abusos “no sean graves”. La inmensa mayoría de los que han tenido que ver con aquellos que procuran justicia y con quienes la administran, dan testimonio de los abusos, maltratos, torturas y vejaciones producto de la ilegalidad impune bajo la cual operan las autoridades de todos los niveles de gobierno, en más de una ocasión. También nos dijeron los vivillos, claro y fuerte, que hay que acostumbrarse a ser vejados y a respetar a los abusadores de niños y niñas.
Algo está mal en esta Corte. Algo no funciona bien. Los intereses que defienden no son los de la justicia y menos los de la gente común como usted y como yo.
Qué pena, que gran tragedia. Pobres mexicanos que padecemos a este conjunto de vividores que ya nos demostraron una vez más, por si había dudas, que no sirven más que para cobrar sus insólitos y desvergonzados emolumentos y privilegios.
La mayoría de estos cortesanos parásitos a quienes mantenemos, a costa de la indigencia de millones de compatriotas miserables, no tienen la estatura moral que hace falta para comprometerse con las mejores causas de este país, en una época en la que se requiere de hombres y mujeres valerosos que luchen por las mejores causas de la verdad y la justicia, esas grandes ausentes en nuestra sociedad.
A los vividores les pusieron una rolita para que pegaran un gran palo de vuelta entera y contentos se batieron en el lodo de su propia ineptitud, de su rancio conservadurismo e intereses. ¿No les dará pena? ¿No sentirán lástima de sí mismos cuando sus hijos, parejas o amigos los interrogan sobre el tema de Lydia Cacho y los pederastas y la pornografía, al enterarse de cómo votaron, mejor dicho, de cómo se exhibieron en la Corte?
Nos han demostrado que nada los apena, porque están forrados de su propio cinismo.
¿Qué les hizo falta para darnos, y darse a sí mismos, una lección ética y recuperar la confianza ahora totalmente perdida entre las montañas de sus prerrogativas?
El olor repugnante que emana la Corte de los vividores volvió a inundar a la República con su nauseabunda fetidez. Ad náuseam para que me entiendan.
Hemos quedado inermes.
A la señora Lydia Cacho y a las otras decenas de víctimas, y a nosotros con ellas, les queda recurrir a los organismos internacionales de justicia y derechos humanos, ante quienes, seguramente, presentarán las denuncias correspondientes.
Mientras, atribulado lector, haga caso del mensaje enviado por los inservibles vividores de la Corte y búsquese una pistola o de perdida una resortera para que se defienda, porque con esta Corte no vamos ni a la esquina.
06 diciembre 2007
¿GOBERNADOR INMUNE O IMPUNE?
Esta columna no fue publicada en el periódico por causas que desconozco.
Hace unos días, me enteré, como todos, de una noticia inusitada en el medio político local: el Gobernador del Estado fue denunciado ante el Congreso Local por violaciones recurrentes al Artículo 134 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la Ley suprema en este país. Por cierto, apenas reformado de manera polémica pero clara y contundente, en el marco de los cambios constitucionales relacionados con asuntos electorales, especialmente, en lo concerniente a la prohibición para los tres órdenes de gobierno de realizar propaganda que promueva la imagen de cualquier servidor público en la que se incluyan nombres, imágenes, voces o símbolos que evidencien su promoción personal.En esta demanda los denunciantes exigieron que el Jefe del Poder Ejecutivo fuera sometido a juicio político.
En el supuesto, que conste, es una hipótesis, de que el juicio político solicitado se lleve a cabo y culminara con éxito en una resolución condenatoria contra el gobernante acusado, ello implicaría castigar al actual gobernador del estado con la única sanción prevista en la Constitución Federal y Local para este tipo de actos: la destitución del servidor público y su inhabilitación para desempeñar funciones, empleos, cargos o comisiones de cualquier naturaleza en el servicio público. ¿A poco sí? Pues sí, al menos eso es lo que dicen.
¿O sea que, en donde florece la justicia pronta y expedita, existe el riesgo de que nos quedemos sin gobernador? En la madre. Qué susto. Que meio.
Calma, calma, que nadie se apanique. Cero manifestaciones de desagravio, todavía.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, les da a los gobernadores de los estados inmunidad casi absoluta, ¿o será impunidad?, y sólo pueden ser juzgados por delitos federales y por violaciones graves a esa misma Ley Suprema. La Norma Federal establece en el artículo 110 que “Los Gobernadores de los Estados, Diputados Locales, Magistrados de los Tribunales Superiores de Justicia Locales y, en su caso, los miembros de los Consejos de las Judicaturas Locales, sólo podrán ser sujetos de juicio político… por violaciones graves a esta Constitución y a las leyes federales que de ella emanen, así como por el manejo indebido de fondos y recursos federales…”. Gulp. Tranquilos todos, porque el mismo artículo señalado termina reculando en la parte final del párrafo al señalar ” …pero en este caso la resolución será únicamente declarativa y se comunicará a las Legislaturas Locales para que, en ejercicio de sus atribuciones, procedan como corresponda”. ¡Uffffff¡ Sin embargo, la denuncia fue presentada ante el Congreso Local y no en la Cámara de Diputados.
Aquí es donde todo se convierte en un mal chiste al estilo de la Suprema Corte.
Pero supongamos que se hubiera presentado ante la Cámara de Diputados.
¿Entonces, bajo nuestro supuesto, qué van a hacer los próceres diputados locales una vez que reciban la resolución declarativa condenatoria, en contra del gobernador?
Pues nada, excepto darle el uso que mejor les convenga al papel en que va escrita la tal demanda.
Y le voy a tratar de explicar porqué, jurisperito lector, cuando menos hasta donde el seso me alcance. Les aclaro a mis dos lectores que este es un punto de vista sobre el tema y estoy seguro de que habrá más, y seguramente, mejor documentados que estos garabatos que ahora escribo.
Vea usted, justiciero lector, el artículo 158 de la Constitución Local no señala específicamente al Gobernador del Estado como uno de los servidores públicos que pueda ser sujeto a juicio político. Sí incluye, en cambio, a diputados, magistrados, secretarios, presidentes municipales, síndicos y regidores, directores, y otros muchos servidores públicos, y hasta los delegados municipales. Pero no aparece por ningún lado el Gobernador del Estado.
¡Ufffff¡ ¡Qué salvada!
Y en lo que se refiere al procesamiento penal de los servidores públicos que establece el artículo 159 de la Constitución Local, solamente se aplica a los servidores públicos señalados en el artículo 158 ya citado en donde no figura el gobernador del estado. Cualquiera supondría que el Gobernador es un servidor público, suena lógico y consistente por la función que desempeña. Así lo reconocen ambas Constituciones, la Federal y la Estatal, al señalar ésta última en el artículo 156 que es servidor público toda persona que desempeñe un empleo, cargo o comisión de cualquier naturaleza, en la administración pública estatal o municipal; y en su primer párrafo indica que se reputarán como servidores públicos a los representantes de elección popular, a los miembros del poder Judicial y a los funcionarios y empleados. Insisto, no se menciona específicamente al Gobernador del Estado. Por los argumentos ya citados estamos obligados a suponer que el Gobernador sí es un servidor público pero la Constitución local no lo incluye en la lista de quienes pueden ser sujetos a juicio político.
El camino a seguir sería presentar la denuncia ante la Cámara de Diputados quien procedería a la acusación respectiva ante la Cámara de Senadores, previa declaración de la mayoría absoluta del número de los miembros presentes en sesión de aquella Cámara, después de haber sustanciado el procedimiento respectivo y con audiencia del inculpado. De ahí, el Senado de la República emitiría una resolución puramente declarativa, la cual se comunicará al Congreso Local para que, en ejercicio de sus atribuciones, procedan como corresponda, según reza la Constitución Federal.
¿Y que es lo que corresponde? Nada porque según la Constitución Local y la Ley de Responsabilidades vigente en nuestro estado maravilla, el Gobernador no se encuentra entre los servidores públicos citados en el artículo 158 a quienes puede someterse a juicio político. Todo se convertiría en una especie de condena moral. Y tan tan.
Este hecho es una omisión grave en la Constitución Local y no creo que sea accidental o producto de la ignorancia. Recuerde usted el viejo refrán “el que hace la ley hace la trampa” que se cumple fatalmente en la legislación estatal. Pero en vez de ocuparse de estos asuntos nimios, y en calidad de mientras, nuestros próceres diputados locales continúan atareados en asuntos de enorme trascendencia, como pedirle a la Secretaría de la Función Pública que revisen la correcta construcción de ¡toda la obra pública del estado! sólo porque se cayó la cimbra de un puente. Para Rypley.
Lo bueno es que ya se van.
12 octubre 2007
LOS EFÍMEROS DE LA UABCS
Pues ya tenemos nuevo Rector interino.
Caminata, mensajes, abrazos, prohombres felices, parabienes y sindicatos ganones porque les dieron todo lo que estaba en disputa.
Juego nuevo, baraja nueva. Nuevos talladores. Vaya que hay que hay materia para tallar.
En la euforia de la fiesta que todos celebramos, parece que se nos olvidó un pequeño detalle: el nuevo Rector, tendrá esa condición exclusivamente durante 180 días a partir de su designación. Nada más.
En las repetidísimas y abundantes declaraciones del nuevo funcionario se puede apreciar que, independientemente de su aparente buena fe y entusiasmo desbordante, ya tiene proyectos para la universidad, no solamente para los próximos seis meses sino para los próximos veinticinco años. Ojalá que pronto lo alcance la cordura.
Qué bueno que tenga esa visión, pero quiero decirle al Rector interino, con todo respeto, que no agarre monte como dicen los rancheros. Su función es de transición. Su trabajo es temporal y solamente durará 180 días en el cargo. No más. Tiene un trabajo específico que está definido en las reformas aprobadas a Ley Orgánica. No más.
Claro, a menos que ya alguien tenga pensado que el interino de hoy sea él próximo Rector de la UABCS, pero lamentablemente para unos y afortunadamente para otros, eso no será posible porque en las reformas aprobadas a Ley Orgánica no existe la reelección. Simplemente no se puede. El Rector de cuatro años será elegido por los universitarios “mediante voto universal, secreto y ponderado”, no será designado por el gobernador Agúndez. Quien ahora mismo sea Rector no podrá volver a serlo jamás según al artículo 13 de la reforma aprobada: “…durará en su cargo hasta cuatro años y no podrá ser reelecto para un periodo inmediato o futuro, asimismo, no podrá volver a ocupar dicho cargo como provisional, interino o sustituto”. Esas son las nuevas reglas del juego, así que a este Rector le abrieron la puerta seis meses y se la cerraron, al mismo tiempo, por los próximos cuatro años y toda la eternidad.
Este hecho convierte al Rector interino, a quien no tengo el gusto de conocer mas que por la prensa, el radio o la televisión, en un peón de sacrificio, pero que tendrá en sus manos la trascendental misión de quitarle las arrugas al conjunto de fuerzas que luchan dentro y fuera de la UABCS para dotar a la institución de un piso mínimo de orden, sensatez y estructuras nuevas que prevé la reforma.
Es más si lograra abatir la hueva inmensa que inunda a maestros, investigadores y autoridades ya sería un gran logro porque son los maestros y sus autoridades quienes pueden convertir a la universidad en una institución de a de veras, respetable. Son estos dos actores quienes han llevado a la universidad a ser lo que hoy es: casi nada. No son los padres de familia ni los alumnos, ni el gobierno del estado ni el federal. Los responsables están adentro.
De todas formas el nuevo Rector ya alcanzó un lugar en la historia, haga lo que haga, y podría concluir sus funciones de mejor manera si realmente se dedica a trabajar preparando el terreno para que la elección del Rector, dentro de seis meses, se lleve a cabo sin contratiempos mayores, en un ambiente democrático y limpio. Es todo. Nadie le pide más. Con que haga bien lo que la propia Ley Orgánica le manda es más que suficiente. Sobra.
Entiendo el ánimo festivo y el gusto que todos los sectores tienen por el término del conflicto. Pero de ahí a plantear que se van a certificar todas las carreras, que se va a evaluar a la UABCS con base en no sé que indicadores y otras complejas tareas que requieren de estabilidad, largo plazo y del concurso de todos los universitarios, es un sueño guajiro. Son buenos deseos producidos por la sorpresa del nombramiento y la calentura del término del conflicto. Es evidente que para llevar a cabo los colosales planes del Rector interino se requiere de mucho más tiempo que el determinado por la Ley al nuevo funcionario designado.
Los indicadores de calidad y eficiencia nadie los va a mejorar en seis meses. ¿Con qué? ¿De dónde? ¿Con quién? Se requieren cuando menos 25 años de trabajo constante para que esta universidad pinte en los primeros lugares del país. O tal vez más.
El Rector interino nombrado por el gobernador Agúndez tendrá 180 días, improrrogables, para convocar a elecciones y elegir al Rector que será votado por los universitarios en 165 días, y contando. Y tan tan. Adiós.
La estructura que está armando el Rector interino será efímera e inútil porque el artículo sexto de la reforma, que dispone cesar en sus funciones a todas las autoridades de la Universidad, entrará en vigor “una vez que sea electo el nuevo Rector”, y no ahora, porque así lo manda el artículo quinto, y solamente cuando asuma sus funciones el Rector elegido entrará en vigencia el artículo sexto en donde se establece claramente que “los funcionarios cesarán de inmediato en sus funciones”. Por esta razón, se tendrá que armar, otra vez, el Consejo General Universitario, la Junta Consultiva, la Junta Hacendaria, designar a los nuevos Jefes de Departamento y… lo que venga. De manera que los funcionarios ahora designados serán tan efímeros e interinos como el propio Rector.
Ojalá y alguien explique lo que está pasando.
Y también, a partir de ahora, la UABCS se tendrá que sujetar a lo que dispone el artículo 22 de la reforma que obliga a los universitarios a ceñirse a lo establecido en la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Estado.
Estabilidad, orden, transparencia y responsabilidades supervisadas de trabajadores y académicos, esa es la tarea inmediata y fatal. Por lo pronto, con eso bastará. Y es mucho si lo hace bien.
Caminata, mensajes, abrazos, prohombres felices, parabienes y sindicatos ganones porque les dieron todo lo que estaba en disputa.
Juego nuevo, baraja nueva. Nuevos talladores. Vaya que hay que hay materia para tallar.
En la euforia de la fiesta que todos celebramos, parece que se nos olvidó un pequeño detalle: el nuevo Rector, tendrá esa condición exclusivamente durante 180 días a partir de su designación. Nada más.
En las repetidísimas y abundantes declaraciones del nuevo funcionario se puede apreciar que, independientemente de su aparente buena fe y entusiasmo desbordante, ya tiene proyectos para la universidad, no solamente para los próximos seis meses sino para los próximos veinticinco años. Ojalá que pronto lo alcance la cordura.
Qué bueno que tenga esa visión, pero quiero decirle al Rector interino, con todo respeto, que no agarre monte como dicen los rancheros. Su función es de transición. Su trabajo es temporal y solamente durará 180 días en el cargo. No más. Tiene un trabajo específico que está definido en las reformas aprobadas a Ley Orgánica. No más.
Claro, a menos que ya alguien tenga pensado que el interino de hoy sea él próximo Rector de la UABCS, pero lamentablemente para unos y afortunadamente para otros, eso no será posible porque en las reformas aprobadas a Ley Orgánica no existe la reelección. Simplemente no se puede. El Rector de cuatro años será elegido por los universitarios “mediante voto universal, secreto y ponderado”, no será designado por el gobernador Agúndez. Quien ahora mismo sea Rector no podrá volver a serlo jamás según al artículo 13 de la reforma aprobada: “…durará en su cargo hasta cuatro años y no podrá ser reelecto para un periodo inmediato o futuro, asimismo, no podrá volver a ocupar dicho cargo como provisional, interino o sustituto”. Esas son las nuevas reglas del juego, así que a este Rector le abrieron la puerta seis meses y se la cerraron, al mismo tiempo, por los próximos cuatro años y toda la eternidad.
Este hecho convierte al Rector interino, a quien no tengo el gusto de conocer mas que por la prensa, el radio o la televisión, en un peón de sacrificio, pero que tendrá en sus manos la trascendental misión de quitarle las arrugas al conjunto de fuerzas que luchan dentro y fuera de la UABCS para dotar a la institución de un piso mínimo de orden, sensatez y estructuras nuevas que prevé la reforma.
Es más si lograra abatir la hueva inmensa que inunda a maestros, investigadores y autoridades ya sería un gran logro porque son los maestros y sus autoridades quienes pueden convertir a la universidad en una institución de a de veras, respetable. Son estos dos actores quienes han llevado a la universidad a ser lo que hoy es: casi nada. No son los padres de familia ni los alumnos, ni el gobierno del estado ni el federal. Los responsables están adentro.
De todas formas el nuevo Rector ya alcanzó un lugar en la historia, haga lo que haga, y podría concluir sus funciones de mejor manera si realmente se dedica a trabajar preparando el terreno para que la elección del Rector, dentro de seis meses, se lleve a cabo sin contratiempos mayores, en un ambiente democrático y limpio. Es todo. Nadie le pide más. Con que haga bien lo que la propia Ley Orgánica le manda es más que suficiente. Sobra.
Entiendo el ánimo festivo y el gusto que todos los sectores tienen por el término del conflicto. Pero de ahí a plantear que se van a certificar todas las carreras, que se va a evaluar a la UABCS con base en no sé que indicadores y otras complejas tareas que requieren de estabilidad, largo plazo y del concurso de todos los universitarios, es un sueño guajiro. Son buenos deseos producidos por la sorpresa del nombramiento y la calentura del término del conflicto. Es evidente que para llevar a cabo los colosales planes del Rector interino se requiere de mucho más tiempo que el determinado por la Ley al nuevo funcionario designado.
Los indicadores de calidad y eficiencia nadie los va a mejorar en seis meses. ¿Con qué? ¿De dónde? ¿Con quién? Se requieren cuando menos 25 años de trabajo constante para que esta universidad pinte en los primeros lugares del país. O tal vez más.
El Rector interino nombrado por el gobernador Agúndez tendrá 180 días, improrrogables, para convocar a elecciones y elegir al Rector que será votado por los universitarios en 165 días, y contando. Y tan tan. Adiós.
La estructura que está armando el Rector interino será efímera e inútil porque el artículo sexto de la reforma, que dispone cesar en sus funciones a todas las autoridades de la Universidad, entrará en vigor “una vez que sea electo el nuevo Rector”, y no ahora, porque así lo manda el artículo quinto, y solamente cuando asuma sus funciones el Rector elegido entrará en vigencia el artículo sexto en donde se establece claramente que “los funcionarios cesarán de inmediato en sus funciones”. Por esta razón, se tendrá que armar, otra vez, el Consejo General Universitario, la Junta Consultiva, la Junta Hacendaria, designar a los nuevos Jefes de Departamento y… lo que venga. De manera que los funcionarios ahora designados serán tan efímeros e interinos como el propio Rector.
Ojalá y alguien explique lo que está pasando.
Y también, a partir de ahora, la UABCS se tendrá que sujetar a lo que dispone el artículo 22 de la reforma que obliga a los universitarios a ceñirse a lo establecido en la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Estado.
Estabilidad, orden, transparencia y responsabilidades supervisadas de trabajadores y académicos, esa es la tarea inmediata y fatal. Por lo pronto, con eso bastará. Y es mucho si lo hace bien.
05 octubre 2007
REQUIEM PARA UN RECTOR
Se va, se va, se va y… se fue.
Al señor Fidel Velásquez le pasó lo que al señor Pámanes: permaneció mucho tiempo en la dirigencia obrera sin darse cuenta de que en realidad ya no estaba; de hecho, cuando se murió, hacía tiempo que el país sabía que había fallecido cinco o seis años antes. Igual sucedió con este rector autoritario, incapaz y falto de transparencia, defensor a ultranza de impunidades propias y ajenas, que pasó a la historia negra de la Universidad como un pelele impuesto por Vale, que terminó como un rector que rompió el record de huelgas y que llevó a la UABCS a la ignominia de ocupar el ultimo o penúltimo lugar entre las universidades publicas nacionales, para revelarse, finalmente, como un rector absolutamente incompetente y mediocre para el cumplimiento de esa honrosísima función que le regalaron.
Para bien o para mal los diputados nos representan a todos los sudcalifornianos en el Congreso, por lo menos a quienes votamos, y estos próceres, gracias a una serie de milagrosas circunstancias, aprobaron la nueva Ley Orgánica de la UABCS. Excelente.
¿Por qué ahora sí tomaron la decisión de aprobarla? ¿En qué preciso instante la mayoría de los diputados mutaron cuando el único que estaba de acuerdo con el nuevo ordenamiento era el diputado Martínez Mora? ¿A quien le cargaremos los aciertos, los muertos y el tremendo golazo? Sin ninguna duda a éste último, a quien mantuvieron predicando en el desierto durante poco más de dos años.
Hoy he decidido iluminar a los sudcalifornianos con la cegadora luz del conocimiento.
La tragicomedia universitaria tuvo el desenlace conocido por todos, porque alguien juzgó los hechos en forma acertada, definitiva y contundente, en el momento justo en este tipo de escenarios. Ese juicio tiene que ver más con la identificación del momento preciso en el cual se debe de tomar una decisión eficaz, es un solo instante, irrepetible, y es indispensable distinguir el tiempo exacto en que los elementos se alinean dentro del caos al que llegó el conflicto. La identificación de los tiempos políticos idóneos es una virtud notable que solamente tienen algunos políticos para identificar la circunstancia exacta en que las ganancias sociales son máximas y las pérdidas despreciables. Pero solamente uno puede decidir. La gloria o el infierno en una sola jugada. Parece una jugada de pizarrón, pero no lo es. ¿Quién fue?
Narciso Agúndez dijo ¡ya basta! Pero lo hizo en el momento justo.
Y bastó, porque todos los diputados mutaron, perdón, quise decir votaron, alineaditos, con 18 votos a favor de un total de 18 asistentes a la sesión, y no precisamente porque estuvieran convencidos de pronto sobre las bondades de la nueva Ley Orgánica de la UABCS. La situación en la Universidad llegó a un punto de no retorno en el que todos los participantes en el conflicto se quedaron sin interlocutor, hablando solos y chiflando en la loma, cada quien montado en su macho, rotos los lazos de comunicación entre un fantasma que sostenía ser el rector y los dos sindicatos de trabajadores de la institución que lo desconocieron más la Junta y el gobierno del estado. ¿Y tú… quién eres, le dijeron al hoy ex rector? Y adiós al rector si es que alguna vez hubo uno. Baraja nueva para disputar un gran botín autónomo que al parecer, dependerá ahora sí, solamente de la mayoría de los universitarios.
No hace mucho tiempo el propio gobernador Agúndez les llamo la atención a sus colegas de partido en el Congreso, y al resto de sus integrantes, para que tomaran en cuenta las “propuestas” que de manera preocupada y responsable harían el ahora ex rector y sus corifeos. Sí jefe, le dijeron los tribunos. Fue evidente que esos fingidos deseos de los mafiosos de rectoría de hacer aportaciones geniales e inteligentes, únicas y enriquecedoras de la propuesta de Ley Orgánica jamás las quisieron presentar, jamás aportaron nada que no fuera saliva y obstáculos, simplemente porque no les dio la gana. Los miembros de esta pequeña pandilla se quisieron comer solos el pastelote. Les fallaron los tiempos. Pensaron, y aún lo piensan, que esa universidad de juguete en que han convertido a la UABCS era nomás de ellos y solamente su mafia podría meterle la mano a su antojo como lo han hecho desde hace 10 años.
El gobernador Agúndez dirá: ¿Yoooo? No señor, les juro que yo no fui, soy profundamente respetuoso de la autonomía de la universidad. ¿Pues que, no se fijaron? Fueron los señores diputados quienes en una histórica y responsable votación lograron ponerse de acuerdo y decidieron terminar con 30 años de legislación universitaria obsoleta y mafiosa Ellos fueron quienes levantaron el dedo para votar, yo no fui, ¡se los juro! Es más, ni siquiera me encontraba en el estado porque andaba en la ciudad de México junto con medio gabinete, gestionando, sin descanso, con lluvia y con granizo y malpasándome, recursos e inversiones para nuestro estado. Alguien solidario le murmurará al oído “ya no le siga mi gober porque se va a terminar la caja de Kleenex”.
Desgraciadamente esta genial jugada universitaria no le será adjudicada al gobernador Agúndez, al menos no en público, porque sería aceptar una intromisión en asuntos de la universidad y hay que guardar las formas.
Fue una carambola de varias bandas, en donde los ahora consecuentes diputados también les pasaron por encima a un conjunto de autoridades incompetentes que la posteridad conocerá como las viudas de Vale.
Deberíamos aprovechar ahora que el gobernador Agúndez se encuentra en la ciudad de México para que le proponga a Juan Ramón de la Fuente, todavía rector de la UNAM, que cuando termine su periodo nos pudiera venir a asesorar cómo hacer una universidad de excelencia.
Finalmente, también, salieron ganando otros dos olvidados sectores que en este desmadre parece que a nadie le importan: los estudiantes y los padres de familia. Sí, aunque usted no lo crea, existen y los han tenido comiendo basura por dos lustros.
Al señor Fidel Velásquez le pasó lo que al señor Pámanes: permaneció mucho tiempo en la dirigencia obrera sin darse cuenta de que en realidad ya no estaba; de hecho, cuando se murió, hacía tiempo que el país sabía que había fallecido cinco o seis años antes. Igual sucedió con este rector autoritario, incapaz y falto de transparencia, defensor a ultranza de impunidades propias y ajenas, que pasó a la historia negra de la Universidad como un pelele impuesto por Vale, que terminó como un rector que rompió el record de huelgas y que llevó a la UABCS a la ignominia de ocupar el ultimo o penúltimo lugar entre las universidades publicas nacionales, para revelarse, finalmente, como un rector absolutamente incompetente y mediocre para el cumplimiento de esa honrosísima función que le regalaron.
Para bien o para mal los diputados nos representan a todos los sudcalifornianos en el Congreso, por lo menos a quienes votamos, y estos próceres, gracias a una serie de milagrosas circunstancias, aprobaron la nueva Ley Orgánica de la UABCS. Excelente.
¿Por qué ahora sí tomaron la decisión de aprobarla? ¿En qué preciso instante la mayoría de los diputados mutaron cuando el único que estaba de acuerdo con el nuevo ordenamiento era el diputado Martínez Mora? ¿A quien le cargaremos los aciertos, los muertos y el tremendo golazo? Sin ninguna duda a éste último, a quien mantuvieron predicando en el desierto durante poco más de dos años.
Hoy he decidido iluminar a los sudcalifornianos con la cegadora luz del conocimiento.
La tragicomedia universitaria tuvo el desenlace conocido por todos, porque alguien juzgó los hechos en forma acertada, definitiva y contundente, en el momento justo en este tipo de escenarios. Ese juicio tiene que ver más con la identificación del momento preciso en el cual se debe de tomar una decisión eficaz, es un solo instante, irrepetible, y es indispensable distinguir el tiempo exacto en que los elementos se alinean dentro del caos al que llegó el conflicto. La identificación de los tiempos políticos idóneos es una virtud notable que solamente tienen algunos políticos para identificar la circunstancia exacta en que las ganancias sociales son máximas y las pérdidas despreciables. Pero solamente uno puede decidir. La gloria o el infierno en una sola jugada. Parece una jugada de pizarrón, pero no lo es. ¿Quién fue?
Narciso Agúndez dijo ¡ya basta! Pero lo hizo en el momento justo.
Y bastó, porque todos los diputados mutaron, perdón, quise decir votaron, alineaditos, con 18 votos a favor de un total de 18 asistentes a la sesión, y no precisamente porque estuvieran convencidos de pronto sobre las bondades de la nueva Ley Orgánica de la UABCS. La situación en la Universidad llegó a un punto de no retorno en el que todos los participantes en el conflicto se quedaron sin interlocutor, hablando solos y chiflando en la loma, cada quien montado en su macho, rotos los lazos de comunicación entre un fantasma que sostenía ser el rector y los dos sindicatos de trabajadores de la institución que lo desconocieron más la Junta y el gobierno del estado. ¿Y tú… quién eres, le dijeron al hoy ex rector? Y adiós al rector si es que alguna vez hubo uno. Baraja nueva para disputar un gran botín autónomo que al parecer, dependerá ahora sí, solamente de la mayoría de los universitarios.
No hace mucho tiempo el propio gobernador Agúndez les llamo la atención a sus colegas de partido en el Congreso, y al resto de sus integrantes, para que tomaran en cuenta las “propuestas” que de manera preocupada y responsable harían el ahora ex rector y sus corifeos. Sí jefe, le dijeron los tribunos. Fue evidente que esos fingidos deseos de los mafiosos de rectoría de hacer aportaciones geniales e inteligentes, únicas y enriquecedoras de la propuesta de Ley Orgánica jamás las quisieron presentar, jamás aportaron nada que no fuera saliva y obstáculos, simplemente porque no les dio la gana. Los miembros de esta pequeña pandilla se quisieron comer solos el pastelote. Les fallaron los tiempos. Pensaron, y aún lo piensan, que esa universidad de juguete en que han convertido a la UABCS era nomás de ellos y solamente su mafia podría meterle la mano a su antojo como lo han hecho desde hace 10 años.
El gobernador Agúndez dirá: ¿Yoooo? No señor, les juro que yo no fui, soy profundamente respetuoso de la autonomía de la universidad. ¿Pues que, no se fijaron? Fueron los señores diputados quienes en una histórica y responsable votación lograron ponerse de acuerdo y decidieron terminar con 30 años de legislación universitaria obsoleta y mafiosa Ellos fueron quienes levantaron el dedo para votar, yo no fui, ¡se los juro! Es más, ni siquiera me encontraba en el estado porque andaba en la ciudad de México junto con medio gabinete, gestionando, sin descanso, con lluvia y con granizo y malpasándome, recursos e inversiones para nuestro estado. Alguien solidario le murmurará al oído “ya no le siga mi gober porque se va a terminar la caja de Kleenex”.
Desgraciadamente esta genial jugada universitaria no le será adjudicada al gobernador Agúndez, al menos no en público, porque sería aceptar una intromisión en asuntos de la universidad y hay que guardar las formas.
Fue una carambola de varias bandas, en donde los ahora consecuentes diputados también les pasaron por encima a un conjunto de autoridades incompetentes que la posteridad conocerá como las viudas de Vale.
Deberíamos aprovechar ahora que el gobernador Agúndez se encuentra en la ciudad de México para que le proponga a Juan Ramón de la Fuente, todavía rector de la UNAM, que cuando termine su periodo nos pudiera venir a asesorar cómo hacer una universidad de excelencia.
Finalmente, también, salieron ganando otros dos olvidados sectores que en este desmadre parece que a nadie le importan: los estudiantes y los padres de familia. Sí, aunque usted no lo crea, existen y los han tenido comiendo basura por dos lustros.
14 septiembre 2007
CHIAPAS, CLXXXIII ANIVERSARIO DE LA ADHESIÓN DEL ESTADO A LA FEDERACIÓN
Un día como hoy, 14 de septiembre, fue declarado día de fiesta nacional por el entonces Presidente de la República, General Abelardo L. Rodríguez, en un decreto expedido el 22 de diciembre de 1933, con el fin de conmemorar la federación de Chiapas a México, transcurrieron 109 años después de aquel histórico suceso.
La celebración de este aniversario contiene todos los elementos para ser un acto festivo de singular relevancia histórica porque son escasos los estados que libremente deciden unirse a otros por su propia elección.
Celebramos un cumpleaños muy importante que debemos recordar para siempre.
El hecho histórico que ahora conmemoramos tiene, desde luego, una alta significación política. Ponderemos, pues, la decisión de los chiapanecos porque resolvieron una parte importante de su destino: pertenecer al conjunto de estados federados que hoy es México.
Con ese acto soberano, los chiapanecos de ayer nos enriquecieron, y contribuyeron a hacer más grande esta patria mexicana nuestra, de todos.
Porque conviene subrayarlo, para no ser injustos por olvidos involuntarios o aviesos, es legítimo insistir en que los propios chiapanecos fueron quienes decidieron a principios del siglo 19 ser mexicanos de pleno derecho, lo que sea que esto haya significado en esa época. Lo decidieron así el 14 de septiembre de 1824 y dejaron constancia de su decisión en el documento que llamaron “Acta del Pronunciamiento Solemne de Federación del Estado Libre de Chiapas”.
Solamente los seres libres pueden decidir y los chiapanecos lo hicieron.
El dilema de su destino y pertenencia fue resuelto por los chiapanecos en una histórica votación plebiscitaria que arrojó los siguientes resultados: 96,829 chiapanecos se decidieron por la federación de Chiapas a México; 60,400 por la anexión a Guatemala; y 15,724 se declararon neutrales.
Eran los tiempos ya muy lejanos en que los mismísimos presidentes de la república y los gobernadores dirigían personalmente sus batallas por la patria y también las personales.
Eran los tiempos del imperio fallido de Agustín de Iturbide, de Antonio López de Santa Anna gobernador de Veracruz, y de Guadalupe Victoria primer presidente mexicano designado en 1824. Eran los tiempos de Nicolás bravo, de Vicente Guerrero, y de tantos héroes más que ayudaron a construir con su sangre, y el fuego apasionante de sus ideas, la nación mexicana. Todos actuando en un México que apenas nacía a la independencia, cuando la disputa de fondo por la nación se daba entre centralistas y federalistas.
Los chiapanecos decidieron unirse a la federación de los Estados Unidos Mexicanos. Se unificó formalmente lo que la geografía y la historia ya habían unido desde tiempos remotos.
Los chiapanecos se federaron.
Porque deben saber ustedes que el verbo federar sí existe y significa “unir por alianza, liga, unión o pacto entre varios”.
Tomar este tipo de decisiones, en cualquier tiempo, debe ser muy difícil, pero concede a quienes la asumen un hondo sentido de pertenencia, tal vez mayor si lo comparamos con quienes solamente nacieron en ese territorio sin decidir previamente pertenecer a él.
Y es más trascendente este hecho histórico porque los chiapanecos de entonces bien pudieron haber decidido convertirse en un estado independiente de tamaño medio parecido, más o menos, al promedio de superficie que hoy ocupal algunos países de Centroamérica.
Pero también tuvieron en sus manos la decisión de anexarse a Guatemala y no lo hicieron.
Por eso celebramos que en aquellos lejanos tiempos, hace 183 años, los chiapanecos de entonces hubieran decidido federarse a México.
No hubo grandes batallas ni guerras de conquista para ganar el territorio chiapaneco.
En ese tiempo, no hubo exterminio de pueblos indígenas ni de mestizos ni criollos, tampoco hubo ambición de oros y tesoros para apropiarse del territorio chiapaneco.
No se derramó sangre de ningún mexicano ni de ningún chiapaneco de entonces por la codicia de apropiarnos de un espacio habitado, patrimonio de etnias y pletórico de riquezas naturales.
En Chiapas, después de 183 años, existen 12 de las etnias mexicanas reconocidas, entre las que se encuentran los pueblos Tseltal, Tsotsil, Ch´ol, Tojol-ab´al, Zoque, Chuj, Kanjobal, Mam, Jacalteco, Mochó, Cakchiquel y Lacandón o Maya Caribe.
Si recordamos que Don Miguel Hidalgo y Costilla decretó la abolición de la esclavitud en 1810, que suprimió los tributos pagados por los indígenas a la corona y restituyó las tierras usurpadas a los indios por los hacendados, tendremos la certeza de que los habitantes indígenas originales de esa gran región no fueron consultados, ni mucho menos, participaron en la decisión de formar parte de México porque su condición de indios, casi esclavos, en aquellos lejanos tiempos, los marginó de la toma de las grandes decisiones en el estado, a pesar de que estos pueblos fueron los dueños oroginales de ese vasto territorio y nativos naturales del dilatado espacio que hoy ocupa el estado de Chiapas.
Aún antes de que existieran las fronteras, estos pueblos indígenas ya habitaban y explotaban la región, conviviendo con otras culturas que abarcaban desde los confines del imperio Azteca y Tolteca hasta la zona Olmeca del Golfo de México pasando por las regiones mayas de Yucatán y Guatemala. Todavía quedan restos maravillosos del esplendor de sus culturas.
Al paso de la historia y a la luz de indicadores recientes de bienestar y de desarrollo humano, habrá que preguntarnos hoy, si aquéllos frailes promotores de la unión y los notables mestizos y criollos que participaron en la federación del estado de Chiapas a México en 1824, decidieron correctamente.
Pensemos bien, objetivamente, ¿qué han recibido los chiapanecos a cambio de pertenecer a la federación de los Estados Unidos Mexicanos, a la que decidieron incorporarse por su propia convicción?
En esta polémica cada quien tendrá un punto de vista.
Apuntemos solo algunos datos.
En el Índice de Desarrollo Humano que publica el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la ONU, Chiapas está en el fondo del desarrollo nacional: ocupa el lugar número 32, el último sitio entre las 32 entidades federativas que forman hoy los Estados Unidos Mexicanos asociados en una federación.
Chiapas no es un estado pobre, nunca lo ha sido.
Al contrario, es y continua siendo, un estado olvidado por los políticos nacionales y locales aún cuando dispone de un potencial extraordinario de riquezas materiales, naturales y de capital humano.
Chiapas es ahora mismo el octavo estado más grande del país. Sin embargo, uno de sus indicadores básicos en materia de educación primaria en español, revela que ocupan la última posición tanto en primaria como en secundaria comparado con el resto de los estados del país; mientras que el nivel de conocimientos en matemáticas de primaria ocupan el lugar numero 30 y en secundaria ascienden al lugar numero 19, entre los 32 estados del país.
La grata sorpresa que nos dieron las evaluaciones educativas recientes es que en Chiapas se encuentra la mejor escuela primaria del país, la que obtuvo los mejores resultados entre 76,428 escuelas primarias. ¿Cómo fue que lograron esta hazaña con sólo dos maestros para impartir la primaria completa a un puñado de alumnos indígenas y en una escuela escondida en plena selva chiapaneca, en medio de la nada?
Dato insólito para la reflexión de los maestros.
Los chiapanecos han logrado alcanzar un honrosísimo segundo lugar como uno de los estados menos corruptos del país. Desde el 2001 han avanzado de manera sistemática para lograr este envidiable segundo lugar nacional (16º ,6 º y 2º).
También destaca su extraordinaria posición en el Índice de Transparencia Fiscal y Administrativa en donde han ocupado el primer lugar durante los últimos tres años, destacando como el estado con mayor transparencia fiscal y administrativa en relación con el resto de las entidades del país.
Estos avances no son cosa menor, pero no son suficientes para mejorar los niveles de vida de los chiapanecos.
Chiapas es un estado abundante y generoso en recursos humanos y productivos los cuales pueden apuntalar y garantizar su desarrollo. Y en contraste, es un estado habitado por gente que ronda, desde siempre, los peores niveles de bienestar y pobreza en el país.
Cuatro estados del sur y sureste mexicano comparten los más bajos niveles de desarrollo humano. Sin embargo, es Chiapas el estado que ocupa el último lugar.
El 30% del agua superficial de todo México se concentra en Chiapas. También generan alrededor del 54% de la energía hidroeléctrica del país. Aportan el 21% de la producción nacional de petróleo crudo y el 47% de la producción nacional de gas natural.
El estado de Chiapas aporta solamente el 1.7% del producto interno bruto nacional.
Entre las muchas contribuciones chiapanecas a lo mexicano destacan: sus 12 etnias reconocidas, el instrumento de maderas preciosas cuyos ejecutantes son capaces de producir melodías sorprendentes; la formación de la Brigada de Chiapas que luchó y ganó en la batalla de Puebla.
En su territorio construyeron las imponentes presas de Malpaso y Chicoasén. Son los dueños del Cañón del Sumidero y de la Reserva de Montes Azules, primera en su tipo, ubicada en la selva lacandona.
Los chiapanecos nos legaron, también, al poeta Jaime Sabines y a la voz fogosa de Amparo Montes; y también a don Belisario Domínguez; su suelo cobijó a Rosario Castellanos y a Fray Bartolomé de las Casas.
Y ahora mismo abriga, también, al Subcomandante Marcos.
En su suelo residen los sorprendentes murales de Bonampak que son, hoy por hoy, una de las más acabadas aportaciones indígenas a la cultura universal.
Chiapas también cuenta con la mayor cantidad de áreas protegidas del país (37) lo que representa una quinta parte de su territorio (20%) y están distribuidas en las diversas regiones (9) en que se han dividido sus 118 municipios: el Centro, los Altos, la región Fronteriza, la Frailesca, el Norte, la Selva, la Sierra, el Soconusco y el Istmo-Costa.
Ante la realidad actual de Chiapas y el historial de pobreza y explotación ancestral de los pueblos indios originales y recientes, quienes nunca fueron beneficiarios del aprovechamiento de sus grandes riquezas naturales, surgió el 1 de enero de 1994 un movimiento reivindicador de las causas indígenas chiapanecas. Y así, sin más, le declararon la guerra al estado mexicano. Nadie esperaba esta aparición, sorprendente e intempestiva, de una fuerza beligerante indígena, potente y generalizada en una buena parte del estado de Chiapas.
El súbito movimiento indigenista chiapaneco y su declaración de guerra, tuvieron efectos directos y colaterales de amplio espectro. La primera consecuencia fue de gran beneficio porque pusieron el foco de atención en los pueblos indios chiapanecos y nacionales, propiciando la inversión y el desarrollo en la entidad; y tuvieron otro efecto adicional: causaron una gran alarma en todo el país, que sumada a otros factores negativos estructurales y circunstanciales, produjeron una profunda crisis económica de la cual no nos hemos recuperado del todo.
El movimiento indígena chiapaneco se aglutinó en un conglomerado que llamaron Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, el EZLN, y buscaba, por medio de las armas, el desarrollo de los pueblos indios chiapanecos. Pero también buscaban que se atendiera su justo y ancestral reclamo de libertad, justicia, desarrollo y autonomía, para los más pobres y los más explotados.
El movimiento indígena chiapaneco cumple ya, este año, 13 de existencia pacífica. Aunque en realidad nunca hubo ninguna guerra en Chiapas, sí se generó un gran movimiento social nacional que reclamó la atención de todo los mexicanos.
Y ahí está.
También, en ultima instancia, la convulsión social originada en Chiapas perseguía aquello que Octavio Paz llamó “la reconciliación final con nuestros orígenes”.
El movimiento social indígena continúa desarrollándose hasta la fecha, pero hace tiempo que ya no transita por los cauces de la guerra fraticida entre mexicanos, sino por otros caminos que conducen más hacia la concordia y a la atención urgente de los problemas que aquejan a los pueblos indios chiapanecos.
Frente a esta panorámica del estado de Chiapas comparto la opinión del historiador Enrique Krauze cuando señala que “con la sublevación de Chiapas uno siente que la historia se le viene encima. La historia como sinónimo de atrasos terribles, ancestrales, de mentalidades antiguas, y hasta de mitos arraigados en el pueblo. Chiapas encarna toda esa historia latente, irresuelta y viva“.
La historia aún se está escribiendo.
Esos son hoy, 14 de septiembre de 2007, algunos claroscuros del estado de Chiapas, quien un día como hoy pero de 1824, hace 183 años, se federaron a la nación mexicana.
Fue un instante glorioso que hoy nos convoca para conmemorar la vigencia de esta unión.
Felicidades, pues, a los chiapanecos.
Y felicidades a México.
La celebración de este aniversario contiene todos los elementos para ser un acto festivo de singular relevancia histórica porque son escasos los estados que libremente deciden unirse a otros por su propia elección.
Celebramos un cumpleaños muy importante que debemos recordar para siempre.
El hecho histórico que ahora conmemoramos tiene, desde luego, una alta significación política. Ponderemos, pues, la decisión de los chiapanecos porque resolvieron una parte importante de su destino: pertenecer al conjunto de estados federados que hoy es México.
Con ese acto soberano, los chiapanecos de ayer nos enriquecieron, y contribuyeron a hacer más grande esta patria mexicana nuestra, de todos.
Porque conviene subrayarlo, para no ser injustos por olvidos involuntarios o aviesos, es legítimo insistir en que los propios chiapanecos fueron quienes decidieron a principios del siglo 19 ser mexicanos de pleno derecho, lo que sea que esto haya significado en esa época. Lo decidieron así el 14 de septiembre de 1824 y dejaron constancia de su decisión en el documento que llamaron “Acta del Pronunciamiento Solemne de Federación del Estado Libre de Chiapas”.
Solamente los seres libres pueden decidir y los chiapanecos lo hicieron.
El dilema de su destino y pertenencia fue resuelto por los chiapanecos en una histórica votación plebiscitaria que arrojó los siguientes resultados: 96,829 chiapanecos se decidieron por la federación de Chiapas a México; 60,400 por la anexión a Guatemala; y 15,724 se declararon neutrales.
Eran los tiempos ya muy lejanos en que los mismísimos presidentes de la república y los gobernadores dirigían personalmente sus batallas por la patria y también las personales.
Eran los tiempos del imperio fallido de Agustín de Iturbide, de Antonio López de Santa Anna gobernador de Veracruz, y de Guadalupe Victoria primer presidente mexicano designado en 1824. Eran los tiempos de Nicolás bravo, de Vicente Guerrero, y de tantos héroes más que ayudaron a construir con su sangre, y el fuego apasionante de sus ideas, la nación mexicana. Todos actuando en un México que apenas nacía a la independencia, cuando la disputa de fondo por la nación se daba entre centralistas y federalistas.
Los chiapanecos decidieron unirse a la federación de los Estados Unidos Mexicanos. Se unificó formalmente lo que la geografía y la historia ya habían unido desde tiempos remotos.
Los chiapanecos se federaron.
Porque deben saber ustedes que el verbo federar sí existe y significa “unir por alianza, liga, unión o pacto entre varios”.
Tomar este tipo de decisiones, en cualquier tiempo, debe ser muy difícil, pero concede a quienes la asumen un hondo sentido de pertenencia, tal vez mayor si lo comparamos con quienes solamente nacieron en ese territorio sin decidir previamente pertenecer a él.
Y es más trascendente este hecho histórico porque los chiapanecos de entonces bien pudieron haber decidido convertirse en un estado independiente de tamaño medio parecido, más o menos, al promedio de superficie que hoy ocupal algunos países de Centroamérica.
Pero también tuvieron en sus manos la decisión de anexarse a Guatemala y no lo hicieron.
Por eso celebramos que en aquellos lejanos tiempos, hace 183 años, los chiapanecos de entonces hubieran decidido federarse a México.
No hubo grandes batallas ni guerras de conquista para ganar el territorio chiapaneco.
En ese tiempo, no hubo exterminio de pueblos indígenas ni de mestizos ni criollos, tampoco hubo ambición de oros y tesoros para apropiarse del territorio chiapaneco.
No se derramó sangre de ningún mexicano ni de ningún chiapaneco de entonces por la codicia de apropiarnos de un espacio habitado, patrimonio de etnias y pletórico de riquezas naturales.
En Chiapas, después de 183 años, existen 12 de las etnias mexicanas reconocidas, entre las que se encuentran los pueblos Tseltal, Tsotsil, Ch´ol, Tojol-ab´al, Zoque, Chuj, Kanjobal, Mam, Jacalteco, Mochó, Cakchiquel y Lacandón o Maya Caribe.
Si recordamos que Don Miguel Hidalgo y Costilla decretó la abolición de la esclavitud en 1810, que suprimió los tributos pagados por los indígenas a la corona y restituyó las tierras usurpadas a los indios por los hacendados, tendremos la certeza de que los habitantes indígenas originales de esa gran región no fueron consultados, ni mucho menos, participaron en la decisión de formar parte de México porque su condición de indios, casi esclavos, en aquellos lejanos tiempos, los marginó de la toma de las grandes decisiones en el estado, a pesar de que estos pueblos fueron los dueños oroginales de ese vasto territorio y nativos naturales del dilatado espacio que hoy ocupa el estado de Chiapas.
Aún antes de que existieran las fronteras, estos pueblos indígenas ya habitaban y explotaban la región, conviviendo con otras culturas que abarcaban desde los confines del imperio Azteca y Tolteca hasta la zona Olmeca del Golfo de México pasando por las regiones mayas de Yucatán y Guatemala. Todavía quedan restos maravillosos del esplendor de sus culturas.
Al paso de la historia y a la luz de indicadores recientes de bienestar y de desarrollo humano, habrá que preguntarnos hoy, si aquéllos frailes promotores de la unión y los notables mestizos y criollos que participaron en la federación del estado de Chiapas a México en 1824, decidieron correctamente.
Pensemos bien, objetivamente, ¿qué han recibido los chiapanecos a cambio de pertenecer a la federación de los Estados Unidos Mexicanos, a la que decidieron incorporarse por su propia convicción?
En esta polémica cada quien tendrá un punto de vista.
Apuntemos solo algunos datos.
En el Índice de Desarrollo Humano que publica el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la ONU, Chiapas está en el fondo del desarrollo nacional: ocupa el lugar número 32, el último sitio entre las 32 entidades federativas que forman hoy los Estados Unidos Mexicanos asociados en una federación.
Chiapas no es un estado pobre, nunca lo ha sido.
Al contrario, es y continua siendo, un estado olvidado por los políticos nacionales y locales aún cuando dispone de un potencial extraordinario de riquezas materiales, naturales y de capital humano.
Chiapas es ahora mismo el octavo estado más grande del país. Sin embargo, uno de sus indicadores básicos en materia de educación primaria en español, revela que ocupan la última posición tanto en primaria como en secundaria comparado con el resto de los estados del país; mientras que el nivel de conocimientos en matemáticas de primaria ocupan el lugar numero 30 y en secundaria ascienden al lugar numero 19, entre los 32 estados del país.
La grata sorpresa que nos dieron las evaluaciones educativas recientes es que en Chiapas se encuentra la mejor escuela primaria del país, la que obtuvo los mejores resultados entre 76,428 escuelas primarias. ¿Cómo fue que lograron esta hazaña con sólo dos maestros para impartir la primaria completa a un puñado de alumnos indígenas y en una escuela escondida en plena selva chiapaneca, en medio de la nada?
Dato insólito para la reflexión de los maestros.
Los chiapanecos han logrado alcanzar un honrosísimo segundo lugar como uno de los estados menos corruptos del país. Desde el 2001 han avanzado de manera sistemática para lograr este envidiable segundo lugar nacional (16º ,6 º y 2º).
También destaca su extraordinaria posición en el Índice de Transparencia Fiscal y Administrativa en donde han ocupado el primer lugar durante los últimos tres años, destacando como el estado con mayor transparencia fiscal y administrativa en relación con el resto de las entidades del país.
Estos avances no son cosa menor, pero no son suficientes para mejorar los niveles de vida de los chiapanecos.
Chiapas es un estado abundante y generoso en recursos humanos y productivos los cuales pueden apuntalar y garantizar su desarrollo. Y en contraste, es un estado habitado por gente que ronda, desde siempre, los peores niveles de bienestar y pobreza en el país.
Cuatro estados del sur y sureste mexicano comparten los más bajos niveles de desarrollo humano. Sin embargo, es Chiapas el estado que ocupa el último lugar.
El 30% del agua superficial de todo México se concentra en Chiapas. También generan alrededor del 54% de la energía hidroeléctrica del país. Aportan el 21% de la producción nacional de petróleo crudo y el 47% de la producción nacional de gas natural.
El estado de Chiapas aporta solamente el 1.7% del producto interno bruto nacional.
Entre las muchas contribuciones chiapanecas a lo mexicano destacan: sus 12 etnias reconocidas, el instrumento de maderas preciosas cuyos ejecutantes son capaces de producir melodías sorprendentes; la formación de la Brigada de Chiapas que luchó y ganó en la batalla de Puebla.
En su territorio construyeron las imponentes presas de Malpaso y Chicoasén. Son los dueños del Cañón del Sumidero y de la Reserva de Montes Azules, primera en su tipo, ubicada en la selva lacandona.
Los chiapanecos nos legaron, también, al poeta Jaime Sabines y a la voz fogosa de Amparo Montes; y también a don Belisario Domínguez; su suelo cobijó a Rosario Castellanos y a Fray Bartolomé de las Casas.
Y ahora mismo abriga, también, al Subcomandante Marcos.
En su suelo residen los sorprendentes murales de Bonampak que son, hoy por hoy, una de las más acabadas aportaciones indígenas a la cultura universal.
Chiapas también cuenta con la mayor cantidad de áreas protegidas del país (37) lo que representa una quinta parte de su territorio (20%) y están distribuidas en las diversas regiones (9) en que se han dividido sus 118 municipios: el Centro, los Altos, la región Fronteriza, la Frailesca, el Norte, la Selva, la Sierra, el Soconusco y el Istmo-Costa.
Ante la realidad actual de Chiapas y el historial de pobreza y explotación ancestral de los pueblos indios originales y recientes, quienes nunca fueron beneficiarios del aprovechamiento de sus grandes riquezas naturales, surgió el 1 de enero de 1994 un movimiento reivindicador de las causas indígenas chiapanecas. Y así, sin más, le declararon la guerra al estado mexicano. Nadie esperaba esta aparición, sorprendente e intempestiva, de una fuerza beligerante indígena, potente y generalizada en una buena parte del estado de Chiapas.
El súbito movimiento indigenista chiapaneco y su declaración de guerra, tuvieron efectos directos y colaterales de amplio espectro. La primera consecuencia fue de gran beneficio porque pusieron el foco de atención en los pueblos indios chiapanecos y nacionales, propiciando la inversión y el desarrollo en la entidad; y tuvieron otro efecto adicional: causaron una gran alarma en todo el país, que sumada a otros factores negativos estructurales y circunstanciales, produjeron una profunda crisis económica de la cual no nos hemos recuperado del todo.
El movimiento indígena chiapaneco se aglutinó en un conglomerado que llamaron Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, el EZLN, y buscaba, por medio de las armas, el desarrollo de los pueblos indios chiapanecos. Pero también buscaban que se atendiera su justo y ancestral reclamo de libertad, justicia, desarrollo y autonomía, para los más pobres y los más explotados.
El movimiento indígena chiapaneco cumple ya, este año, 13 de existencia pacífica. Aunque en realidad nunca hubo ninguna guerra en Chiapas, sí se generó un gran movimiento social nacional que reclamó la atención de todo los mexicanos.
Y ahí está.
También, en ultima instancia, la convulsión social originada en Chiapas perseguía aquello que Octavio Paz llamó “la reconciliación final con nuestros orígenes”.
El movimiento social indígena continúa desarrollándose hasta la fecha, pero hace tiempo que ya no transita por los cauces de la guerra fraticida entre mexicanos, sino por otros caminos que conducen más hacia la concordia y a la atención urgente de los problemas que aquejan a los pueblos indios chiapanecos.
Frente a esta panorámica del estado de Chiapas comparto la opinión del historiador Enrique Krauze cuando señala que “con la sublevación de Chiapas uno siente que la historia se le viene encima. La historia como sinónimo de atrasos terribles, ancestrales, de mentalidades antiguas, y hasta de mitos arraigados en el pueblo. Chiapas encarna toda esa historia latente, irresuelta y viva“.
La historia aún se está escribiendo.
Esos son hoy, 14 de septiembre de 2007, algunos claroscuros del estado de Chiapas, quien un día como hoy pero de 1824, hace 183 años, se federaron a la nación mexicana.
Fue un instante glorioso que hoy nos convoca para conmemorar la vigencia de esta unión.
Felicidades, pues, a los chiapanecos.
Y felicidades a México.
28 julio 2007
LAS VACACIONES CORTAS
Esta columna no se publicó en El Sudcaliforniano
Hay trabajadores municipales que realmente merecen vacacionar, lo reconozco, pero son los menos, apenas unos cuantos, lo cual es una verdadera desgracia para el Ayuntamiento. Hay áreas donde a unos pocos se les carga el trabajo y apenas pueden desahogar sus pendientes durante dos o tres jornadas de trabajo. Pero hay muchos más que no han hecho nada por merecer unos días de descanso, simplemente porque no tienen nada de qué descansar. El descanso implica, primero, diría Perogrullo, cansarse, y se supone que trabajando a favor del Ayuntamiento, o más allá, a favor de los paceños.
Me referiré a éstos últimos, a los que se esfuerzan por cansarse pero no lo logran, porque no se dedican a desempeñar ninguna tarea productiva. Ahí los verá usted, estacionados como si fueran parte del edificio, convidados de piedra, destinando el tiempo, a sus actividades personales o simplemente a la chacota a pesar de que usted y yo les pagamos religiosamente cada quincena por hacer algo productivo. Es verdad que algunos realmente se cansan de no hacer nada, quedan agotados al final de la jornada. Y se van a descansar pero ahora a su casa y lo peor de todo es que realmente piensan que merecen el descanso.
Existe una camada de empleados, dizque trabajadores del Ayuntamiento, cuyas únicas labores son llegar a checar, si es que tienen algún control de asistencia; también se esfuerzan por saludar a sus compañeros todos los días en largas charlas que llegan a durar hasta una hora o dos; se dan tiempo para desayunar convirtiendo su escritorio en una mesa de fonda, apestando todo su entorno y el de los demás con frutas, tortas o cualquier otra fritanga; también dentro de su horario de trabajo van al banco, o a recoger su ropa en la planchaduría, al Chat, al Internet, a los correos electrónicos, a los mandados de la casa y se dedican a cualquier otra cosa personal menos a darle un poco de su tiempo al municipio que puntualmente les paga por un tiempo que debería ser socialmente productivo. Usted, esforzada trabajadora o trabajador del municipio, seguramente conoce a varios de estos especimenes, analícelos, y saque la cuenta de cuánto tiempo trabajan realmente durante las siete horas, ni siquiera las ocho que marca la Ley, que con un gran esfuerzo les logra pagar el municipio. Algunos no dan golpe en todo el día.
Estos coyotes disfrutan de sus vacaciones largas porque a eso se dedican durante sus jornadas de trabajo todo el año. Pero como tienen logros laborales, no importa si son sindicalizados o de confianza, pues también disfrutarán de sus vacaciones cortas ya que éstas solamente durarán 10 o 15 días dependiendo de su antigüedad. Son trabajadores privilegiados que disfrutan de dos periodos de vacaciones: uno largo en el que supuestamente trabajan y otro corto, en donde ya no “trabajan”, se liberan de ir a la oficina o a su lugar de trabajo.
Imagínese usted que un buen día el Alcalde se levantara con la espada desenvainada, enfurecido, abrumado por las presiones cotidianas y decide que por las escasas disponibilidades financieras que existen en el Ayuntamiento, debido, por ejemplo, a los requerimientos de pago del ISSSTE y decenas más de compromisos, hay que hacer un recorte de personal y se va a su casa el 30% de los trabajadores, mas o menos mil empleados de los tres mil que son actualmente. Todos debidamente liquidados conforme a la Ley, sin abusos, pagando lo que realmente les corresponde.
¿Qué cree usted que pasaría con las actividades y servicios del municipio?
No se esfuerce, distinguido lector, yo se lo voy a decir, no pasaría nada.
De verdad, absolutamente nada.
Claro que las autoridades enfrentarían la furibunda reacción de los “trabajadores” quienes defenderían “sus” plazas, porque son de ellos, de su propiedad, no se le olvide, laborista lector, que incluso las pueden heredar a sus descendientes. También escucharíamos las consignas clásicas que se suelen gritar en estos casos de las cuales enumero solamente tres: el gobierno está en contra de los trabajadores, nos quieren quitar nuestra fuente de trabajo y nos iremos a la huelga para defender nuestros derechos adquiridos.
¿Cuánto le costarían estas liquidaciones a las finanzas del Ayuntamiento?
Por ahora nadie lo sabe pero ya lo están calculando, están haciendo ejercicios para ver si se puede y de qué tamaño será el boquete. Pero serán varios millones, no muchos porque los sueldos del personal general no es muy alto, pero costará dinero y tendrá, desde luego, un costo político que si no es convenientemente manejado puede convertirse en una migraña.
¿Aparecerán en la lista de los liquidados los parientes de autoridades municipales pasadas y actuales? Yo apuesto a que no pero usted, lector, tiene la última palabra. Para llevar a cabo una medida de este tipo se requieren varias cosas: Claridad política, habilidad para operar esta medida, huevos, muchos huevos, y tal vez si no es en esta administración, ovarios, muchos ovarios y dinero.
Pero no se apaniquen, que nadie se preocupe porque nada de esto sucederá, solamente les conté otro cuento chino producto de la calentura laboral. Además, dudo mucho que un perredista se decida por una política de este tipo porque siempre “defienden las fuentes de trabajo” aunque estos trabajos no le sirvan a la comunidad porque solo benefician al suertudo “trabajador”.
Hay trabajadores municipales que realmente merecen vacacionar, lo reconozco, pero son los menos, apenas unos cuantos, lo cual es una verdadera desgracia para el Ayuntamiento. Hay áreas donde a unos pocos se les carga el trabajo y apenas pueden desahogar sus pendientes durante dos o tres jornadas de trabajo. Pero hay muchos más que no han hecho nada por merecer unos días de descanso, simplemente porque no tienen nada de qué descansar. El descanso implica, primero, diría Perogrullo, cansarse, y se supone que trabajando a favor del Ayuntamiento, o más allá, a favor de los paceños.
Me referiré a éstos últimos, a los que se esfuerzan por cansarse pero no lo logran, porque no se dedican a desempeñar ninguna tarea productiva. Ahí los verá usted, estacionados como si fueran parte del edificio, convidados de piedra, destinando el tiempo, a sus actividades personales o simplemente a la chacota a pesar de que usted y yo les pagamos religiosamente cada quincena por hacer algo productivo. Es verdad que algunos realmente se cansan de no hacer nada, quedan agotados al final de la jornada. Y se van a descansar pero ahora a su casa y lo peor de todo es que realmente piensan que merecen el descanso.
Existe una camada de empleados, dizque trabajadores del Ayuntamiento, cuyas únicas labores son llegar a checar, si es que tienen algún control de asistencia; también se esfuerzan por saludar a sus compañeros todos los días en largas charlas que llegan a durar hasta una hora o dos; se dan tiempo para desayunar convirtiendo su escritorio en una mesa de fonda, apestando todo su entorno y el de los demás con frutas, tortas o cualquier otra fritanga; también dentro de su horario de trabajo van al banco, o a recoger su ropa en la planchaduría, al Chat, al Internet, a los correos electrónicos, a los mandados de la casa y se dedican a cualquier otra cosa personal menos a darle un poco de su tiempo al municipio que puntualmente les paga por un tiempo que debería ser socialmente productivo. Usted, esforzada trabajadora o trabajador del municipio, seguramente conoce a varios de estos especimenes, analícelos, y saque la cuenta de cuánto tiempo trabajan realmente durante las siete horas, ni siquiera las ocho que marca la Ley, que con un gran esfuerzo les logra pagar el municipio. Algunos no dan golpe en todo el día.
Estos coyotes disfrutan de sus vacaciones largas porque a eso se dedican durante sus jornadas de trabajo todo el año. Pero como tienen logros laborales, no importa si son sindicalizados o de confianza, pues también disfrutarán de sus vacaciones cortas ya que éstas solamente durarán 10 o 15 días dependiendo de su antigüedad. Son trabajadores privilegiados que disfrutan de dos periodos de vacaciones: uno largo en el que supuestamente trabajan y otro corto, en donde ya no “trabajan”, se liberan de ir a la oficina o a su lugar de trabajo.
Imagínese usted que un buen día el Alcalde se levantara con la espada desenvainada, enfurecido, abrumado por las presiones cotidianas y decide que por las escasas disponibilidades financieras que existen en el Ayuntamiento, debido, por ejemplo, a los requerimientos de pago del ISSSTE y decenas más de compromisos, hay que hacer un recorte de personal y se va a su casa el 30% de los trabajadores, mas o menos mil empleados de los tres mil que son actualmente. Todos debidamente liquidados conforme a la Ley, sin abusos, pagando lo que realmente les corresponde.
¿Qué cree usted que pasaría con las actividades y servicios del municipio?
No se esfuerce, distinguido lector, yo se lo voy a decir, no pasaría nada.
De verdad, absolutamente nada.
Claro que las autoridades enfrentarían la furibunda reacción de los “trabajadores” quienes defenderían “sus” plazas, porque son de ellos, de su propiedad, no se le olvide, laborista lector, que incluso las pueden heredar a sus descendientes. También escucharíamos las consignas clásicas que se suelen gritar en estos casos de las cuales enumero solamente tres: el gobierno está en contra de los trabajadores, nos quieren quitar nuestra fuente de trabajo y nos iremos a la huelga para defender nuestros derechos adquiridos.
¿Cuánto le costarían estas liquidaciones a las finanzas del Ayuntamiento?
Por ahora nadie lo sabe pero ya lo están calculando, están haciendo ejercicios para ver si se puede y de qué tamaño será el boquete. Pero serán varios millones, no muchos porque los sueldos del personal general no es muy alto, pero costará dinero y tendrá, desde luego, un costo político que si no es convenientemente manejado puede convertirse en una migraña.
¿Aparecerán en la lista de los liquidados los parientes de autoridades municipales pasadas y actuales? Yo apuesto a que no pero usted, lector, tiene la última palabra. Para llevar a cabo una medida de este tipo se requieren varias cosas: Claridad política, habilidad para operar esta medida, huevos, muchos huevos, y tal vez si no es en esta administración, ovarios, muchos ovarios y dinero.
Pero no se apaniquen, que nadie se preocupe porque nada de esto sucederá, solamente les conté otro cuento chino producto de la calentura laboral. Además, dudo mucho que un perredista se decida por una política de este tipo porque siempre “defienden las fuentes de trabajo” aunque estos trabajos no le sirvan a la comunidad porque solo benefician al suertudo “trabajador”.
26 junio 2007
EL QUE SE MUERA PRIMERO PIERDE
¡Qué bárbaros! Ahora sí se pasaron en el Issste.
Desde la semana pasada se encuentran representando una comedia de humor negro titulada Abatimiento del Rezago Quirúrgico que resulta insultante para la mayoría de los derechohabientes. La Delegada Estatal de la institución habla de alrededor de 140 personas que tienen un rezago de meses, y algunos, años, en la programación de sus cirugías. Dicen que ahora sí, que de verdad sí están preocupados por la salud de todos los estoicos enfermos que esperan turno para una miserable operación. Al Issste le pasó lo mismo que aquel zopenco que estaba entrenando a su caballo para no comer y reaccionó con sorpresa y espantado cuando el pobre animal se le murió.
Pues les tengo una noticia a estos diligentes empleados del Issste, a sus jefes y al propio Presidente Calderón quien ya los urgió a que se apliquen de inmediato a invertir lo que ya se tiene autorizado a partir de la nueva ley del Issste. La buena nueva que les daré, también con humor negro para no desentonar de su comedia, es que les va a bajar considerablemente esta chamba extraordinaria que están planeando. Los rezagados quirúrgicos que están buscando afanosamente por la prensa y por el radio, se encuentran ya a buen resguardo en los panteones de Los Sanjuanes o en el Jardines del Recuerdo.
Su enfermedad no les permitió resistir los prolongados meses de espera y, con mucha pena por dejar en evidencia al Issste, se tuvieron que morir. Algunos irónicos con sentido del humor le dejaron una carta a la Delegada pidiéndole una disculpa ya que no pudieron esperar más su ansiada cirugía. Usté perdone, le dijeron.
Hubo algunos enfermos suertudos que con sus exiguos ahorros o financiado por parientes o bancos, encontraron la forma de operarse en algún hospital particular o inclusive en el Salvatierra con los mismos médicos cirujanos que trabajan en el Issste, porque ya ve usted que un doctor tiene cuatro o cinco chambas.
Estos respetables médicos, enfermeras y empleados, todos esforzados trabajadores del Issste, contagiados súbitamente por el virus de la responsabilidad y del trabajo, dicen que ahora sí se ocuparán de resolver los problemas de los derechohabientes, lo harán en sábados y domingos, noches y días, sin descanso, con frío y con calor y en horarios especiales con la finalidad de abatir el rezago y atender como se debe, ¡ya!, a los interminables enfermos que aún se encuentran en una larga fila en espera de cirugías pendientes de acuerdo a sus listas. Conste, ellos no van a buscarlos a sus casas, ni establecen contacto directo con los rezagados. No. El que no lea la prensa que se muera. Ni modo. Los que se enteren oyendo el radio o leyendo algún periódico, deben ir como un rebaño obediente al llamado de estos esforzados trabajadores para formarse nuevamente en las filas de las clínicas para que les den una nueva fecha y, ahora sí, con la esperanza cierta de que ya se pueden operar.
Y yo me pregunto ¿porqué estos esforzados médicos, enfermeras y personal todo del Issste no hicieron este programa antes de que los rezagados se murieran?
Pues eso sí quién sabe. Sólo ellos y sus autoridades lo sabrán. Aquí es donde entra la política deliberada del estado para demoler a una institución y con ello crear un entorno favorable para permitir la aprobación de una ley ruinosa para los trabajadores.
A los que ya no podrán rescatar, ni siquiera en presentación de esqueletos desvencijados, son aquellos que decidieron convertirse en ceniza para siempre en el viejo horno crematorio del Ayuntamiento que se encuentra en el Panteón Jardines del Recuerdo. Por cierto, pronto habrá uno nuevecito que no requiere de 12 o 15 horas para reducir a ceniza a los amantes del fuego eterno que así lo decidan, el nuevo equipo nos dejará en calidad de polvillo en una hora.
La mala noticia dentro de esta terrible comedia montada por el Issste, es que no habrá operaciones para todos los enfermos de la fila porque solamente serán cuatro especialidades las que entrarán al programa. Me acuerdo de dos que mencionaron: otorrino y oftalmo, así lo dijo el médico que escuche en una entrevista de radio. Y si como habló opera, que Dios nos agarre confesados. Todos los demás enfermitos ya se pueden ir muriendo aunque sea de la risa por esta comedia ramplona, o de plano, morirse de a de veras porque, con la pena, no será posible atenderlos a pesar de la “gran disposición y compromiso” que tienen, de pronto, los empleados del Issste.
Otra parte destacada de esta farsa es que cuando usted va a registrarse, en caso de que lo pueda hacer por su propio pie, para que ahora sí, por fin lo operen, simplemente le dan una nueva fecha. Seguramente le dirán que ya no será una espera de 18 meses para la cirugía sino de solamente tres meses. Y si su enfermedad, paciente lector, no está incluida dentro de las cuatro especialidades, entonces tenga paciencia, ¡sí señor!, no se raje, un poco más de la que ya tuvo, y siga formado calladito en la línea hasta que el destino lo alcance, cualquiera que sea.
De verdad que estos esforzados trabajadores del Issste no tienen vergüenza.
Ante el creciente descontento de los burócratas en todo el país por la nueva ley, las autoridades del Issste tiene que hacer algo de impacto, según ellos, para detener en alguna medida el alto grado de deterioro que tiene el nuevo ordenamiento en el ánimo de los trabajadores porque cada vez conocen más el tamaño del golpe que les asestaron.
Desde la semana pasada se encuentran representando una comedia de humor negro titulada Abatimiento del Rezago Quirúrgico que resulta insultante para la mayoría de los derechohabientes. La Delegada Estatal de la institución habla de alrededor de 140 personas que tienen un rezago de meses, y algunos, años, en la programación de sus cirugías. Dicen que ahora sí, que de verdad sí están preocupados por la salud de todos los estoicos enfermos que esperan turno para una miserable operación. Al Issste le pasó lo mismo que aquel zopenco que estaba entrenando a su caballo para no comer y reaccionó con sorpresa y espantado cuando el pobre animal se le murió.
Pues les tengo una noticia a estos diligentes empleados del Issste, a sus jefes y al propio Presidente Calderón quien ya los urgió a que se apliquen de inmediato a invertir lo que ya se tiene autorizado a partir de la nueva ley del Issste. La buena nueva que les daré, también con humor negro para no desentonar de su comedia, es que les va a bajar considerablemente esta chamba extraordinaria que están planeando. Los rezagados quirúrgicos que están buscando afanosamente por la prensa y por el radio, se encuentran ya a buen resguardo en los panteones de Los Sanjuanes o en el Jardines del Recuerdo.
Su enfermedad no les permitió resistir los prolongados meses de espera y, con mucha pena por dejar en evidencia al Issste, se tuvieron que morir. Algunos irónicos con sentido del humor le dejaron una carta a la Delegada pidiéndole una disculpa ya que no pudieron esperar más su ansiada cirugía. Usté perdone, le dijeron.
Hubo algunos enfermos suertudos que con sus exiguos ahorros o financiado por parientes o bancos, encontraron la forma de operarse en algún hospital particular o inclusive en el Salvatierra con los mismos médicos cirujanos que trabajan en el Issste, porque ya ve usted que un doctor tiene cuatro o cinco chambas.
Estos respetables médicos, enfermeras y empleados, todos esforzados trabajadores del Issste, contagiados súbitamente por el virus de la responsabilidad y del trabajo, dicen que ahora sí se ocuparán de resolver los problemas de los derechohabientes, lo harán en sábados y domingos, noches y días, sin descanso, con frío y con calor y en horarios especiales con la finalidad de abatir el rezago y atender como se debe, ¡ya!, a los interminables enfermos que aún se encuentran en una larga fila en espera de cirugías pendientes de acuerdo a sus listas. Conste, ellos no van a buscarlos a sus casas, ni establecen contacto directo con los rezagados. No. El que no lea la prensa que se muera. Ni modo. Los que se enteren oyendo el radio o leyendo algún periódico, deben ir como un rebaño obediente al llamado de estos esforzados trabajadores para formarse nuevamente en las filas de las clínicas para que les den una nueva fecha y, ahora sí, con la esperanza cierta de que ya se pueden operar.
Y yo me pregunto ¿porqué estos esforzados médicos, enfermeras y personal todo del Issste no hicieron este programa antes de que los rezagados se murieran?
Pues eso sí quién sabe. Sólo ellos y sus autoridades lo sabrán. Aquí es donde entra la política deliberada del estado para demoler a una institución y con ello crear un entorno favorable para permitir la aprobación de una ley ruinosa para los trabajadores.
A los que ya no podrán rescatar, ni siquiera en presentación de esqueletos desvencijados, son aquellos que decidieron convertirse en ceniza para siempre en el viejo horno crematorio del Ayuntamiento que se encuentra en el Panteón Jardines del Recuerdo. Por cierto, pronto habrá uno nuevecito que no requiere de 12 o 15 horas para reducir a ceniza a los amantes del fuego eterno que así lo decidan, el nuevo equipo nos dejará en calidad de polvillo en una hora.
La mala noticia dentro de esta terrible comedia montada por el Issste, es que no habrá operaciones para todos los enfermos de la fila porque solamente serán cuatro especialidades las que entrarán al programa. Me acuerdo de dos que mencionaron: otorrino y oftalmo, así lo dijo el médico que escuche en una entrevista de radio. Y si como habló opera, que Dios nos agarre confesados. Todos los demás enfermitos ya se pueden ir muriendo aunque sea de la risa por esta comedia ramplona, o de plano, morirse de a de veras porque, con la pena, no será posible atenderlos a pesar de la “gran disposición y compromiso” que tienen, de pronto, los empleados del Issste.
Otra parte destacada de esta farsa es que cuando usted va a registrarse, en caso de que lo pueda hacer por su propio pie, para que ahora sí, por fin lo operen, simplemente le dan una nueva fecha. Seguramente le dirán que ya no será una espera de 18 meses para la cirugía sino de solamente tres meses. Y si su enfermedad, paciente lector, no está incluida dentro de las cuatro especialidades, entonces tenga paciencia, ¡sí señor!, no se raje, un poco más de la que ya tuvo, y siga formado calladito en la línea hasta que el destino lo alcance, cualquiera que sea.
De verdad que estos esforzados trabajadores del Issste no tienen vergüenza.
Ante el creciente descontento de los burócratas en todo el país por la nueva ley, las autoridades del Issste tiene que hacer algo de impacto, según ellos, para detener en alguna medida el alto grado de deterioro que tiene el nuevo ordenamiento en el ánimo de los trabajadores porque cada vez conocen más el tamaño del golpe que les asestaron.
01 junio 2007
EL SUSSS
Habrá que revisar con detenimiento el Artículo 205 de la nueva Ley del Issste el cual aplicado en sus términos hará que les tiemblen las canillitas a Narciso Agúndez y a Víctor Castro, y un poco menos, tal vez, al resto de los Alcaldes. La parte sustancial de este artículo dice “…A tal efecto, a los Trabajadores incorporados les será aplicable el Sueldo Básico calculándose sus años de cotización a partir de la celebración del convenio, salvo en el caso previsto en el párrafo siguiente.
En los convenios de incorporación que incluyan reconocimiento de antigüedad deberán pagarse o garantizarse previamente las Reservas que resulten de los estudios actuariales para el puntual cumplimiento de los seguros, prestaciones y servicios que señala esta Ley y realizarse las Aportaciones necesarias a las Cuentas Individuales de los Trabajadores incorporados para que su saldo sea equivalente a la antigüedad que se les pretenda reconocer. Igualmente, en los casos de sustitución de régimen de seguridad social, las Reservas constituidas deberán transferirse en favor del Instituto en la forma y términos en que se convenga”.
Así pues habrá convenios con y sin reconocimiento de antigüedad.
Cuando no hay reconocimiento de antigüedad, es claro que serán los casos de los trabajadores que inician sus contratos con alguna dependencia o entidad.
Pero en el caso de aquellos trabajadores a los que sí debería reconocérseles su antigüedad la cosa se complica sobremanera porque para firmar el convenio primero se tendrá que pagar (con dinero en efectivo) o garantizarse (con cargo a las participaciones federales) las reservas necesarias para constituir el respaldo pensionario.
También habrá que revisar lo que se indica en el Transitorio trigésimo séptimo que a la letra dice: “El Instituto y los gobiernos de las Entidades Federativas o municipios, así como sus Dependencias y Entidades, deberán adecuar los convenios que hubieren celebrado con anterioridad a la entrada en vigor de esta Ley, a los términos previstos en el presente ordenamiento, en un plazo que no excederá del día treinta de junio de dos mil ocho. Los convenios de incorporación parcial al régimen obligatorio celebrados antes de la entrada en vigor de esta Ley, podrán renovarse como convenios parciales, con la obligación de ajustarse al régimen de esta Ley. En los casos en que no se cumpla con lo previsto en los párrafos anteriores, y que los gobiernos de las Entidades Federativas o municipios, y sus Dependencias y Entidades no pudieren convenir la garantía incondicional del pago de las Cuotas y Aportaciones a su cargo, los convenios de incorporación se deberán rescindir dentro de los seis meses siguientes al término del plazo previsto en el primer párrafo de este artículo”.
Tal vez sea la hora de que el gobierno del estado y los cinco ayuntamientos tomen medidas verdaderamente de fondo, definitivas, como las que aquí esbozaré pero que resumo en una sola frase: Adiós al Issste porque puede ser que nos salga más caro el caldo que las albóndigas.
1. Fundar nuestro propio Sistema Universal de Seguridad Social Sudcaliforniano (el SUSSS) que incluya los seguros básicos además de las prestaciones y servicios acordes a los que establece la nueva Ley del Issste. O menos o más, ya se verá.
2. Iniciar de inmediato los estudios actuariales para evaluar los costos para el gobierno del estado y los municipales, porque apenas habrá tiempo de hacerlo y, desde luego, determinar cuánto les costará a los trabajadores. El SUSSS daría origen a una ley estatal basada en los consensos más amplios, donde intervengan no solamente las cúpulas de los trabajadores. El criterio básico será “todos ponen” para crear un sistema de seguridad social autosuficiente, sano en su operación. Y rentable.
3. El SUSSS deberá estar más o menos alineado con los dos grandes sistemas de pensiones que hoy existen: el IMSS y el ISSSTE.
4. Garantizar a los trabajadores el reconocimiento de su antigüedad el cual puede ser mediante bonos de pensión semejantes a los de la nueva Ley del Issste. De esta forma no existe un desembolso inmediato de recursos sino solamente obligaciones de papel que se harán efectivas en el momento que le convenga al trabajador.
5. O simplemente adoptar el sistema de reparto si fuera conveniente.
6. Crear una Afore pública propia del estado que administre las cuentas individuales de los trabajadores y que redistribuya las utilidades obtenidas entre los cuenta habientes, después de la constitución de reservas y gastos de operación. Una de las más grandes ventajas de este fondo pensionario, multimillonario en el largo plazo es algo invaluable: es inagotable, y le proporcionará al estado el ahorro suficiente, que hoy no tiene ni tendrá, para realizar inversiones de larga maduración como carreteras, hospitales o viviendas. Las Afores son un negocio rentable, pues que lo sea para los trabajadores y no para los banqueros.
7. Incluir en el SUSSS un sistema de pensiones contributivas y no contributivas con equidad de género para hacer extensiva la justicia social a todos los trabajadores sudcalifornianos.
8. Hacer una propuesta de compra de los yonques, que parecen hospitales, actualmente propiedad del Issste en el estado y pagar lo que arroje el avalúo. Remodelarlos. Comprar el puro cascarón sin los actuales empleados porque ya no tienen remedio, solamente sería rescatable el 10% de los mismos, así que más vale que se vayan todos y si fuera conveniente se recontrataría a los que sirvan, previa evaluación.
En uno o dos meses podríamos tener estimaciones consistentes de los costos y un diseño inteligente, básico, del SUSSS. Claro, siempre y cuando nuestro eficiente y eficaz Nabor García Aguirre, Secretario de Finanzas del Gobierno del Estado, se aplique, previa bendición de Narciso Agúndez y los cinco alcaldes, y después de que todos juntos acaben de tragar camote al leer esta propuesta.
Aquí es donde se acaba el discurso y no alcanza la saliva.
En los convenios de incorporación que incluyan reconocimiento de antigüedad deberán pagarse o garantizarse previamente las Reservas que resulten de los estudios actuariales para el puntual cumplimiento de los seguros, prestaciones y servicios que señala esta Ley y realizarse las Aportaciones necesarias a las Cuentas Individuales de los Trabajadores incorporados para que su saldo sea equivalente a la antigüedad que se les pretenda reconocer. Igualmente, en los casos de sustitución de régimen de seguridad social, las Reservas constituidas deberán transferirse en favor del Instituto en la forma y términos en que se convenga”.
Así pues habrá convenios con y sin reconocimiento de antigüedad.
Cuando no hay reconocimiento de antigüedad, es claro que serán los casos de los trabajadores que inician sus contratos con alguna dependencia o entidad.
Pero en el caso de aquellos trabajadores a los que sí debería reconocérseles su antigüedad la cosa se complica sobremanera porque para firmar el convenio primero se tendrá que pagar (con dinero en efectivo) o garantizarse (con cargo a las participaciones federales) las reservas necesarias para constituir el respaldo pensionario.
También habrá que revisar lo que se indica en el Transitorio trigésimo séptimo que a la letra dice: “El Instituto y los gobiernos de las Entidades Federativas o municipios, así como sus Dependencias y Entidades, deberán adecuar los convenios que hubieren celebrado con anterioridad a la entrada en vigor de esta Ley, a los términos previstos en el presente ordenamiento, en un plazo que no excederá del día treinta de junio de dos mil ocho. Los convenios de incorporación parcial al régimen obligatorio celebrados antes de la entrada en vigor de esta Ley, podrán renovarse como convenios parciales, con la obligación de ajustarse al régimen de esta Ley. En los casos en que no se cumpla con lo previsto en los párrafos anteriores, y que los gobiernos de las Entidades Federativas o municipios, y sus Dependencias y Entidades no pudieren convenir la garantía incondicional del pago de las Cuotas y Aportaciones a su cargo, los convenios de incorporación se deberán rescindir dentro de los seis meses siguientes al término del plazo previsto en el primer párrafo de este artículo”.
Tal vez sea la hora de que el gobierno del estado y los cinco ayuntamientos tomen medidas verdaderamente de fondo, definitivas, como las que aquí esbozaré pero que resumo en una sola frase: Adiós al Issste porque puede ser que nos salga más caro el caldo que las albóndigas.
1. Fundar nuestro propio Sistema Universal de Seguridad Social Sudcaliforniano (el SUSSS) que incluya los seguros básicos además de las prestaciones y servicios acordes a los que establece la nueva Ley del Issste. O menos o más, ya se verá.
2. Iniciar de inmediato los estudios actuariales para evaluar los costos para el gobierno del estado y los municipales, porque apenas habrá tiempo de hacerlo y, desde luego, determinar cuánto les costará a los trabajadores. El SUSSS daría origen a una ley estatal basada en los consensos más amplios, donde intervengan no solamente las cúpulas de los trabajadores. El criterio básico será “todos ponen” para crear un sistema de seguridad social autosuficiente, sano en su operación. Y rentable.
3. El SUSSS deberá estar más o menos alineado con los dos grandes sistemas de pensiones que hoy existen: el IMSS y el ISSSTE.
4. Garantizar a los trabajadores el reconocimiento de su antigüedad el cual puede ser mediante bonos de pensión semejantes a los de la nueva Ley del Issste. De esta forma no existe un desembolso inmediato de recursos sino solamente obligaciones de papel que se harán efectivas en el momento que le convenga al trabajador.
5. O simplemente adoptar el sistema de reparto si fuera conveniente.
6. Crear una Afore pública propia del estado que administre las cuentas individuales de los trabajadores y que redistribuya las utilidades obtenidas entre los cuenta habientes, después de la constitución de reservas y gastos de operación. Una de las más grandes ventajas de este fondo pensionario, multimillonario en el largo plazo es algo invaluable: es inagotable, y le proporcionará al estado el ahorro suficiente, que hoy no tiene ni tendrá, para realizar inversiones de larga maduración como carreteras, hospitales o viviendas. Las Afores son un negocio rentable, pues que lo sea para los trabajadores y no para los banqueros.
7. Incluir en el SUSSS un sistema de pensiones contributivas y no contributivas con equidad de género para hacer extensiva la justicia social a todos los trabajadores sudcalifornianos.
8. Hacer una propuesta de compra de los yonques, que parecen hospitales, actualmente propiedad del Issste en el estado y pagar lo que arroje el avalúo. Remodelarlos. Comprar el puro cascarón sin los actuales empleados porque ya no tienen remedio, solamente sería rescatable el 10% de los mismos, así que más vale que se vayan todos y si fuera conveniente se recontrataría a los que sirvan, previa evaluación.
En uno o dos meses podríamos tener estimaciones consistentes de los costos y un diseño inteligente, básico, del SUSSS. Claro, siempre y cuando nuestro eficiente y eficaz Nabor García Aguirre, Secretario de Finanzas del Gobierno del Estado, se aplique, previa bendición de Narciso Agúndez y los cinco alcaldes, y después de que todos juntos acaben de tragar camote al leer esta propuesta.
Aquí es donde se acaba el discurso y no alcanza la saliva.
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