12 octubre 2007

LOS EFÍMEROS DE LA UABCS

Pues ya tenemos nuevo Rector interino.
Caminata, mensajes, abrazos, prohombres felices, parabienes y sindicatos ganones porque les dieron todo lo que estaba en disputa.
Juego nuevo, baraja nueva. Nuevos talladores. Vaya que hay que hay materia para tallar.
En la euforia de la fiesta que todos celebramos, parece que se nos olvidó un pequeño detalle: el nuevo Rector, tendrá esa condición exclusivamente durante 180 días a partir de su designación. Nada más.
En las repetidísimas y abundantes declaraciones del nuevo funcionario se puede apreciar que, independientemente de su aparente buena fe y entusiasmo desbordante, ya tiene proyectos para la universidad, no solamente para los próximos seis meses sino para los próximos veinticinco años. Ojalá que pronto lo alcance la cordura.
Qué bueno que tenga esa visión, pero quiero decirle al Rector interino, con todo respeto, que no agarre monte como dicen los rancheros. Su función es de transición. Su trabajo es temporal y solamente durará 180 días en el cargo. No más. Tiene un trabajo específico que está definido en las reformas aprobadas a Ley Orgánica. No más.
Claro, a menos que ya alguien tenga pensado que el interino de hoy sea él próximo Rector de la UABCS, pero lamentablemente para unos y afortunadamente para otros, eso no será posible porque en las reformas aprobadas a Ley Orgánica no existe la reelección. Simplemente no se puede. El Rector de cuatro años será elegido por los universitarios “mediante voto universal, secreto y ponderado”, no será designado por el gobernador Agúndez. Quien ahora mismo sea Rector no podrá volver a serlo jamás según al artículo 13 de la reforma aprobada: “…durará en su cargo hasta cuatro años y no podrá ser reelecto para un periodo inmediato o futuro, asimismo, no podrá volver a ocupar dicho cargo como provisional, interino o sustituto”. Esas son las nuevas reglas del juego, así que a este Rector le abrieron la puerta seis meses y se la cerraron, al mismo tiempo, por los próximos cuatro años y toda la eternidad.
Este hecho convierte al Rector interino, a quien no tengo el gusto de conocer mas que por la prensa, el radio o la televisión, en un peón de sacrificio, pero que tendrá en sus manos la trascendental misión de quitarle las arrugas al conjunto de fuerzas que luchan dentro y fuera de la UABCS para dotar a la institución de un piso mínimo de orden, sensatez y estructuras nuevas que prevé la reforma.
Es más si lograra abatir la hueva inmensa que inunda a maestros, investigadores y autoridades ya sería un gran logro porque son los maestros y sus autoridades quienes pueden convertir a la universidad en una institución de a de veras, respetable. Son estos dos actores quienes han llevado a la universidad a ser lo que hoy es: casi nada. No son los padres de familia ni los alumnos, ni el gobierno del estado ni el federal. Los responsables están adentro.
De todas formas el nuevo Rector ya alcanzó un lugar en la historia, haga lo que haga, y podría concluir sus funciones de mejor manera si realmente se dedica a trabajar preparando el terreno para que la elección del Rector, dentro de seis meses, se lleve a cabo sin contratiempos mayores, en un ambiente democrático y limpio. Es todo. Nadie le pide más. Con que haga bien lo que la propia Ley Orgánica le manda es más que suficiente. Sobra.
Entiendo el ánimo festivo y el gusto que todos los sectores tienen por el término del conflicto. Pero de ahí a plantear que se van a certificar todas las carreras, que se va a evaluar a la UABCS con base en no sé que indicadores y otras complejas tareas que requieren de estabilidad, largo plazo y del concurso de todos los universitarios, es un sueño guajiro. Son buenos deseos producidos por la sorpresa del nombramiento y la calentura del término del conflicto. Es evidente que para llevar a cabo los colosales planes del Rector interino se requiere de mucho más tiempo que el determinado por la Ley al nuevo funcionario designado.
Los indicadores de calidad y eficiencia nadie los va a mejorar en seis meses. ¿Con qué? ¿De dónde? ¿Con quién? Se requieren cuando menos 25 años de trabajo constante para que esta universidad pinte en los primeros lugares del país. O tal vez más.
El Rector interino nombrado por el gobernador Agúndez tendrá 180 días, improrrogables, para convocar a elecciones y elegir al Rector que será votado por los universitarios en 165 días, y contando. Y tan tan. Adiós.
La estructura que está armando el Rector interino será efímera e inútil porque el artículo sexto de la reforma, que dispone cesar en sus funciones a todas las autoridades de la Universidad, entrará en vigor “una vez que sea electo el nuevo Rector”, y no ahora, porque así lo manda el artículo quinto, y solamente cuando asuma sus funciones el Rector elegido entrará en vigencia el artículo sexto en donde se establece claramente que “los funcionarios cesarán de inmediato en sus funciones”. Por esta razón, se tendrá que armar, otra vez, el Consejo General Universitario, la Junta Consultiva, la Junta Hacendaria, designar a los nuevos Jefes de Departamento y… lo que venga. De manera que los funcionarios ahora designados serán tan efímeros e interinos como el propio Rector.
Ojalá y alguien explique lo que está pasando.
Y también, a partir de ahora, la UABCS se tendrá que sujetar a lo que dispone el artículo 22 de la reforma que obliga a los universitarios a ceñirse a lo establecido en la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Estado.
Estabilidad, orden, transparencia y responsabilidades supervisadas de trabajadores y académicos, esa es la tarea inmediata y fatal. Por lo pronto, con eso bastará. Y es mucho si lo hace bien.

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