05 octubre 2007

REQUIEM PARA UN RECTOR

Se va, se va, se va y… se fue.
Al señor Fidel Velásquez le pasó lo que al señor Pámanes: permaneció mucho tiempo en la dirigencia obrera sin darse cuenta de que en realidad ya no estaba; de hecho, cuando se murió, hacía tiempo que el país sabía que había fallecido cinco o seis años antes. Igual sucedió con este rector autoritario, incapaz y falto de transparencia, defensor a ultranza de impunidades propias y ajenas, que pasó a la historia negra de la Universidad como un pelele impuesto por Vale, que terminó como un rector que rompió el record de huelgas y que llevó a la UABCS a la ignominia de ocupar el ultimo o penúltimo lugar entre las universidades publicas nacionales, para revelarse, finalmente, como un rector absolutamente incompetente y mediocre para el cumplimiento de esa honrosísima función que le regalaron.
Para bien o para mal los diputados nos representan a todos los sudcalifornianos en el Congreso, por lo menos a quienes votamos, y estos próceres, gracias a una serie de milagrosas circunstancias, aprobaron la nueva Ley Orgánica de la UABCS. Excelente.
¿Por qué ahora sí tomaron la decisión de aprobarla? ¿En qué preciso instante la mayoría de los diputados mutaron cuando el único que estaba de acuerdo con el nuevo ordenamiento era el diputado Martínez Mora? ¿A quien le cargaremos los aciertos, los muertos y el tremendo golazo? Sin ninguna duda a éste último, a quien mantuvieron predicando en el desierto durante poco más de dos años.
Hoy he decidido iluminar a los sudcalifornianos con la cegadora luz del conocimiento.
La tragicomedia universitaria tuvo el desenlace conocido por todos, porque alguien juzgó los hechos en forma acertada, definitiva y contundente, en el momento justo en este tipo de escenarios. Ese juicio tiene que ver más con la identificación del momento preciso en el cual se debe de tomar una decisión eficaz, es un solo instante, irrepetible, y es indispensable distinguir el tiempo exacto en que los elementos se alinean dentro del caos al que llegó el conflicto. La identificación de los tiempos políticos idóneos es una virtud notable que solamente tienen algunos políticos para identificar la circunstancia exacta en que las ganancias sociales son máximas y las pérdidas despreciables. Pero solamente uno puede decidir. La gloria o el infierno en una sola jugada. Parece una jugada de pizarrón, pero no lo es. ¿Quién fue?
Narciso Agúndez dijo ¡ya basta! Pero lo hizo en el momento justo.
Y bastó, porque todos los diputados mutaron, perdón, quise decir votaron, alineaditos, con 18 votos a favor de un total de 18 asistentes a la sesión, y no precisamente porque estuvieran convencidos de pronto sobre las bondades de la nueva Ley Orgánica de la UABCS. La situación en la Universidad llegó a un punto de no retorno en el que todos los participantes en el conflicto se quedaron sin interlocutor, hablando solos y chiflando en la loma, cada quien montado en su macho, rotos los lazos de comunicación entre un fantasma que sostenía ser el rector y los dos sindicatos de trabajadores de la institución que lo desconocieron más la Junta y el gobierno del estado. ¿Y tú… quién eres, le dijeron al hoy ex rector? Y adiós al rector si es que alguna vez hubo uno. Baraja nueva para disputar un gran botín autónomo que al parecer, dependerá ahora sí, solamente de la mayoría de los universitarios.
No hace mucho tiempo el propio gobernador Agúndez les llamo la atención a sus colegas de partido en el Congreso, y al resto de sus integrantes, para que tomaran en cuenta las “propuestas” que de manera preocupada y responsable harían el ahora ex rector y sus corifeos. Sí jefe, le dijeron los tribunos. Fue evidente que esos fingidos deseos de los mafiosos de rectoría de hacer aportaciones geniales e inteligentes, únicas y enriquecedoras de la propuesta de Ley Orgánica jamás las quisieron presentar, jamás aportaron nada que no fuera saliva y obstáculos, simplemente porque no les dio la gana. Los miembros de esta pequeña pandilla se quisieron comer solos el pastelote. Les fallaron los tiempos. Pensaron, y aún lo piensan, que esa universidad de juguete en que han convertido a la UABCS era nomás de ellos y solamente su mafia podría meterle la mano a su antojo como lo han hecho desde hace 10 años.
El gobernador Agúndez dirá: ¿Yoooo? No señor, les juro que yo no fui, soy profundamente respetuoso de la autonomía de la universidad. ¿Pues que, no se fijaron? Fueron los señores diputados quienes en una histórica y responsable votación lograron ponerse de acuerdo y decidieron terminar con 30 años de legislación universitaria obsoleta y mafiosa Ellos fueron quienes levantaron el dedo para votar, yo no fui, ¡se los juro! Es más, ni siquiera me encontraba en el estado porque andaba en la ciudad de México junto con medio gabinete, gestionando, sin descanso, con lluvia y con granizo y malpasándome, recursos e inversiones para nuestro estado. Alguien solidario le murmurará al oído “ya no le siga mi gober porque se va a terminar la caja de Kleenex”.
Desgraciadamente esta genial jugada universitaria no le será adjudicada al gobernador Agúndez, al menos no en público, porque sería aceptar una intromisión en asuntos de la universidad y hay que guardar las formas.
Fue una carambola de varias bandas, en donde los ahora consecuentes diputados también les pasaron por encima a un conjunto de autoridades incompetentes que la posteridad conocerá como las viudas de Vale.
Deberíamos aprovechar ahora que el gobernador Agúndez se encuentra en la ciudad de México para que le proponga a Juan Ramón de la Fuente, todavía rector de la UNAM, que cuando termine su periodo nos pudiera venir a asesorar cómo hacer una universidad de excelencia.
Finalmente, también, salieron ganando otros dos olvidados sectores que en este desmadre parece que a nadie le importan: los estudiantes y los padres de familia. Sí, aunque usted no lo crea, existen y los han tenido comiendo basura por dos lustros.

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