02 junio 2009

HAGA PATRIA MATE UN PARTIDO

Seremos ciudadanos mata partidos.
Castigamos y premiamos con el voto.
Vamos todos los electores a matar dos pájaros de un tiro: desapareciendo partidos de mala muerte y a manifestar nuestro descontento.
Convoco a los que tienen credencial para votar a que asistan y emitan su sufragio de dos maneras: votando por sus candidatos y partidos, si es que alguno los convence por sus historias y su actuación política. La otra forma válida es ir a votar y anular el voto, con ese solo hecho, impediremos que varios partidos de caricatura continúen medrando y saqueándonos al cobijo de la democracia.
Al anular el voto con una gran cruz a lo largo de toda la boleta electoral (o simplemente depositar la boleta electoral en blanco), estaremos manifestando nuestro acuerdo con las instituciones actuales que nos hemos dado a lo largo de muchos años. Pero también estaremos enviando un mensaje, clarísimo, a los vividores de la política: no estamos de acuerdo con la partidocracia infame que nos mal gobierna, cuyas dirigencias actuales han vegetado, y ahora mismo disfrutan, del abuso del poder para satisfacer su egolatría y ambición. Algunos son pequeños grupúsculos enquistados en "la lucha social" para formar una verdadera mafia, y por favores o maniobras, lograron convertirse en un dizque partido.
En el tiempo, los partidos han acreditado ser agrupaciones que al amparo de la permisividad para obtener el registro han extraído dinero público para conseguir una gran beca de la que ha sido imposible separarlos.
No hay a cuál irle. Ahí tiene usted por ejemplo, al PT y Convergencia, dos clásicos buenos para nada excepto para enriquecer a sus respectivos líderes y medrar con las prerrogativas.
El PT va "ultrareforzado" para ganar, participarán toda clase de pejistas “ex”, con la esperanza de no perder el registro; jugarán a la democracia con candidatos como el ínclito Fernández Noroña, Muñoz Ledo, Jaime Cárdenas y Mario di Costanzo, entre una pléyade de próceres ganadores.
Ni que decir del partido verde. Impresentable. Con una dirigencia miserable y corrupta hasta la médula, vendiendo sus servicios electorales al mejor postor; además, ha logrado engañar a miles y miles de jóvenes ciudadanos de buena fe, a través de publicidad tramposa mediante el abuso de una labia entre verdosa y medio ambiental de porquería.
Son patéticos. Me resulta increíble cómo nos hemos dejado engatusar por esta infame pandilla de políticos vividores del partido verde.
¿Qué le han aportado al país partidos como el Panal, o el fantasmal PRS local? Corrupción, impunidad, ineptitud, pandillerismo mafioso-electoral y regresión política. A reserva de mejorar.
Ningún partido se caracteriza por la transparencia en la rendición de cuentas sobre el dineral que les regalamos.
Por el gran caño de los partidos se van alrededor de 12 mil millones de pesos anuales. Es un titipuchal de dinero. Se la pongo en perspectiva, el presupuesto anual del estado maravilla es de 7,484 millones de pesos que debe aplicarse en beneficio de 565 mil personas que habitamos el estado. En cambio, unos cuantos vividores agrupados en un partido, se chupan miles y miles de millones de pesos, sin consecuencias por su manejo oscuro y mafioso en beneficio de unos cuantos “militantes” y dirigentes perpetuos y caducos.
Ahora nos toca decirles ¡se acabo la ubre!
Es nuestro turno.
El título quinto del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), “De la pérdida del registro”, establece en su artículo 101 que una de las causales de la pérdida de registro de un partido político es el hecho de “No obtener por lo menos el dos por ciento de la votación emitida en alguna de las elecciones federales ordinarias para diputados, senadores o Presidente de los Estados Unidos Mexicanos…”.
Así que adiós, partiditos de mala muerte.
Monsergas de la democracia.
Pónganse a trabajar.
Ahora van a tener que sudar para ganarse el bolillo.
Habrá quien piense que el partido de su preferencia sí ha funcionado para el desarrollo del país o de sus estados. Pues entonces vaya a la casilla y vote por ese partido. De hecho ese es el voto duro con el que podrán sostener el registro algunos partidos.
Si a usted lo convence el profe Víctor Castro o Marcos Covarrubias pues vote por ellos o su partido. No está prohibido.
O por el candidato de su preferencia. Todo eso está bien.
Pero si usted no está de acuerdo con partidos ni con candidatos, si no se siente representado por ninguno de ellos pues entonces vaya a la casilla, y vote anulando su voto o emitiendo su voto en blanco, depositándolo en la urna tal como se lo dieron.
Si nos vamos a abstener, que sea una abstención activa y militante a favor de nuestro derecho ciudadano por una democracia efectiva, y para que los zánganos se dediquen a trabajar, se vayan a su casa o se busquen otro pendejo que los beque de por vida.
No se vaya usted por el camino fácil de la abstención inocua, vacía y sin sentido.
Mejor vaya a la casilla y vote pero anule su voto con una gran cruz, si está de acuerdo con esta corriente, o emítalo en blanco. Anular para ganar.
A otros fanáticos de la democracia, les preocupa que al anular su voto estarían garantizando el triunfo de partidos y candidatos con una representación minoritaria. Es cierto, pero esos “ganadores” tendrán un merecido estigma, estarían salpicados del pecado original de la democracia: la ilegitimidad. No son producto de un voto mayoritario. Aunque de todas formas, ejercerían sus funciones. Tienen razón, pero de cualquier manera, ya nos demostraron que llegue el partido que llegue a las cámaras, da lo mismo para la gran mayoría de los ciudadanos. No trabajan para nosotros, lo hacen para sí mismos.
Así no nos sirven. No les sirven a nadie.
En el ejercicio del poder todos se miden con el mismo rasero.
No hay diferencias entre ellos. Nos lo han demostrado una y otra vez.
Por esta razón, una forma de manifestar nuestro descontento con la situación electoral actual sería la anulación del voto.
No hay otra forma. De veras.
Los votos nulos tienen una tendencia histórica de alrededor del dos por ciento, está medido con precisión (2.16% en la elección del 2006). De manera que los votos nulos por arriba de la cifra estándar representarían el tamaño de la protesta y de nuestro hartazgo con el sistema actual de partidos y sus modalidades de funcionamiento deforme, atracador e ineficaz.
El tercer pájaro de cuenta que mataríamos con este voto diferenciado sería uno o varios de esos partidos vividores del sistema, porque no alcanzarían el dos por ciento de la votación que se requiere para que conserven el registro. Todos sus bienes regresarían al dominio del IFE.
Con eso sería posible mi sueño y el de muchos: que se vayan a su casa.
De un solo golpe.
Vamos a ponerlos en su lugar, en donde no hagan daño y donde no tengamos que mantenerlos.
Por eso están intranquilos. No les preocupa la democracia ni los ciudadanos, les alarma que el 6 de julio se conviertan en un mal recuerdo y amanezcan en el basurero de la historia negra de la democracia en este país.
Tendremos fiesta y funerales.
Todo en dos días.
Mejor imposible.
No vote por partidos parásitos, emita su voto nulo, tachado o en blanco, para que pierdan el registro.
Es la única forma que tenemos de quitárnoslos de encima.
Impresiona el hecho de que los electores tengamos conciencia de la importancia de la anulación del voto. La tendencia hacia la anulación de la boleta ha tomado un rumbo insospechado, el porcentaje de ciudadanos que emitirán su voto nulo alcanza, ahora mismo, el 20%. Y creciendo.
El voto nulo o válido es el arma mortal.
Que desaparezcan para siempre las organizaciones chafas que tú y yo, y miles más, decidamos con nuestro voto nulo.
¡Vámonos de cacería!, a matar partidos que ya no representan a nadie más que los intereses de sus escasos militantes vividores y dirigentes gandallas.
Así que ya lo sabe, el 5 de julio haga patria…
Y el 6 de julio este país será otro.

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