Analizaremos diversas modalidades que pudieran ocurrir en las próximas elecciones.
¿Qué pasaría cuando una cuarta parte de los votos emitidos son votos nulos (tachados o en blanco)?
Hice un ejercicio tomando en cuenta las intenciones de voto de algunas encuestas y suponiendo diferentes escenarios en donde concurren a las casillas el 40%, 50% y 60% de los electores registrados en el listado nominal, y estimando que el porcentaje de votos nulos alcanzara el 25% de la votación emitida.
A pesar de que ninguna autoridad lo quiere reconocer, el voto nulo tiene consecuencias jurídicas claras en el COFIPE. Menos votos a su favor igual a menos dinero. El 70 por ciento del financiamiento a los partidos se distribuye de acuerdo con el porcentaje de la votación obtenida sobre el total emitido a nivel nacional; además, si la diferencia de votos entre el primero y segundo lugar en la votación es menor que la cantidad de votos nulos entonces el Consejo Distrital debe, obligadamente, recontar los votos nulos para verificar el triunfo del ganador y para certificar que la diferencia de votos fue bien contada. El voto nulo sí pesa, y mucho. Los partidos lo saben bien.
Si los políticos no están sordos ni ciegos sabrán, sin lugar a ninguna duda, que el voto nulo es un clarísimo mensaje de rechazo a los partidos y a su forma de rapaz de operar. La receta del tío Lolo ya no funcionará. Ni para los ciudadanos ni para los partidos.
Antes de continuar, permítame recordarle, sufragista lector, la condición que establece el COFIPE para que un partido político conserve su registro: “No obtener por lo menos el dos por ciento de la votación emitida en alguna de las elecciones federales ordinarias para diputados, senadores o Presidente de los Estados Unidos Mexicanos…”.
Es muy importante que tomemos conciencia de que el cálculo del mágico 2% se realiza sobre la votación emitida, y ésta es la suma de los votos válidos más los votos nulos (tachados, en blanco, con groserías, con error, etc.) más el voto a favor de candidatos no registrados. Así se forma la votación emitida requerida por el COFIPE.
Si votara el 40% del listado nominal y el 25% de los votos emitidos fueran nulos, o en blanco, dos partidos perderán el registro. Otros dos estarían en la raya librando, apenas, su permanencia formal.
Los escenarios con votaciones del 50% y del 60% del listado nominal no varían en forma considerable y la tendencia sería la misma: dos partidos desaparecen al perder el registro porque no alcanzarían el 2%, siempre y cuando el voto nulo alcance el 25% de la votación emitida. Y otros dos partidos estarían muy cerca del quemadero de la desaparición.
El PSD y Convergencia están condenados a perder el registro en cualquiera de los tres escenarios de votación del listado nominal considerados. El PT y el Panal estarían en la cuerda floja y se escaparían de perder el registro por unos cuantos votos.
Si por azares del malestar de los votantes, éstos decidieran no emitir su voto por alguno de los cuatro partidos en riesgo (PANAL, PT, Convergencia y PSD) sino por otros, o anularlo, entonces los votos a su favor se reducirían aún más, y los dos partidos que se encontraban en la cuerda floja entrarían al tobogán de la desaparición.
Muy sencillo, si los votantes aumentan su voto nulo (o en blanco) y los del voto válido decidieran votar por alguno de los tres partidos grandes, o del mediano, entonces sí sería automática la desaparición de cuatro partidos en una sola jornada electoral. Bajo esta hipótesis perderían el registro el PSD, Convergencia, el PT y el Panal. Nos ahorraríamos un poco más de 1,000 millones de pesos anuales.
Usted decide, democrático lector, prefiere la presencia de ocho partidos o se conformaría con cuatro de buen tamaño a un costo de 2,600 millones de pesos.
Pero no sea optimista, es imposible desaparecerlos a todos. Un sueño.
Aún bajo la hipótesis, descabellada, lo reconozco, de que no se presentara a votar ninguno de los electores registrados en la lista nominal, entonces, únicamente con el voto de los funcionarios de casilla sumado al de los representantes de los partidos presentes en las casillas, varios partidos políticos lograrían conservar el registro, aunque fuera con unos cuantos miles votos porque se instalarán 143 mil casillas electorales. Y esto sucede porque en nuestro sistema electoral no se cancelan elecciones con muy poca votación emitida. Aún cuando votara una persona en cada casilla serían 143 mil votos emitidos.
Esa es la importancia del voto nulo porque cuenta como voto emitido y no se abona a nadie; cualquiera de los partidos contará solamente con los votos válidos que los electores hubieran sufragado por ellos, específicamente.
La opción de nulificar el voto implica que muchos electores que pensaban abstenerse, ahora irán a anular su voto, lo que traerá como consecuencia un mayor número de votantes. Por esa razón, aún con el voto duro de algunos partidos, no alcanzarían el mínimo requerido para conservar su registro porque la votación emitida suma los votos válidos, nulos y de candidatos no registrados en un gran total, que es el valor de la votación registrada o emitida. El 2% se calcula sobre la votación emitida.
He sostenido, con argumentos, en columnas anteriores, la trascendencia de ir a votar y ese acto incluye, ahora, una variante: sí votar pero anular el voto. Puede ser anulado con una gran cruz o emitido en blanco, eso no importa. Lo que sí importa es el hecho de manifestar nuestro descontento con partidos y candidatos que hace mucho dejaron de responder a los legítimos intereses ciudadanos. Hace tiempo que los partidos operan por encima de la gente, están más preocupados por hacer un uso faccioso del poder y del dinero público que, religiosamente, les entregamos.
En encuestas recientes, el porcentaje de votantes que pretenden ir a votar y anular su voto alcanza el 10%, y la ola de acuerdo con este tipo de sufragio está creciendo como la espuma. Ello a pesar de que el acto cívico de la anulación del voto no está apadrinado por nadie en particular. Somos muchos los responsables y no es nadie.
Es un río en busca de cauce, formado por miles de gotas de agua que se están uniendo para iniciar un cauce cuyo rumbo es, por ahora, incierto.
Algunos políticos ya comenzaron a preocuparse, y otros más están verdaderamente angustiados, a punto de moquear, aterrados ante la posible pérdida de la ubre; porque presienten, olfatean, que con el voto anulado sus partidos se irán directo al caño. Eso es lo que huelen, caño puro.
Se les acabaría el poder, el dinero, el cinismo y el tráfico de influencias.
Y la impunidad en el manejo de más de 3,600 millones de pesos en 2009.
Aquí quiero ser claro y contundente para que no quepa ninguna duda.
Bajo el supuesto de la anulación del sufragio, somos nosotros, los ciudadanos, al ejercer el voto, anulado o en blanco, quienes los estamos mandando por el caño. Es una decisión ciudadana, y muy nuestro gusto y derecho, hacer lo necesario para que esos parásitos no alcancen el ansiado 2% de la votación emitida. Somos nosotros, los ciudadanos, quienes jalaremos la cadena para desalojar a toda esa porquería. Al menos una parte importante de boñiga se irá por el albañal.
El voto nulo es el arma letal.
Usted, sufragista lector, y mis cuatro lectores, tienen la decisión y el voto.
Úsenlo.
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
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