14 septiembre 2005

DONDE APRIETAN NO CHORREA

En mi casa tenía una gotera en la llave de paso, precisamente donde se encuentra el medidor, y escapaban varios litros de agua por día. Duró dos años. Un buen día me decidí a terminar con el problema, tomé unas pinzas y una perica, apreté la tuerca e inmediatamente paró de gotear y no se escapó más agua. Ni una gota. Hasta la fecha.
De verdad que da risa lo que sucede en nuestro estado. Leo en la prensa toda, las quejas amargas de los ciudadanos cuando les levantan infracciones en cualquiera de los municipios o cuando les piden que paguen lo que deben del predial o de lo que sea. El estado de derecho en BCS sufre una mutación y se convierte en el “espérame tantito”.
Más en La Paz y en Comondú.
La Ley, las normas y el estado de derecho a conveniencia de cada quien, al gusto y conveniencia de los sectores: automovilistas, padres de familia, ambulantes, dueños de terrenos, onapafas, barzones, organizaciones de toda laya, y de hecho, todos los ciudadanos.
¿Ha visto usted, legalista lector, la cantidad de autos que circulan sin placas en el estado cuyos dueños son, entre otros impunes, policías? Por ahí deberían empezar.
Pero en cuanto las autoridades “deciden” que, ahora sí, se aplicará la Ley, todo mundo comienza a gritar improperios y acusaciones en contra de la policía, primero, y después en contra de las autoridades del Ayuntamiento. Y los asustan con estos epítetos: “Terroristas fiscales, inconscientes, prepotentes, amargosos, son unos perros, detengan a los verdaderos criminales, desgraciados, no tienen tacto, son groseros, nomás exigen pero no hacen nada...” es infinito el conjunto de reclamaciones de los ciudadanos en cuanto se les aplica la justicia. No importa que en efecto hayan cometido una infracción al circular sin una, o de plano, sin las dos placas de su chatarra. O sin luces en buen estado. O sin revista. O sin tenencia. O echando toneladas de humo por el escape. O sin parabrisas.
“¡Cómo es posible que me quieran infraccionar en esta temporada no ven que estoy muy gastado!”, gritan.
“Espérenme tantito, hasta que me equilibre en mis gastos”, dicen los quejumbrosos.
“¡Que no se dan cuenta de que se van a iniciar las clases y estoy muy gastado!”, aúllan. Pero, mi buen, ¿qué te pasó en los ocho meses que ya han transcurrido del año? ¿Y en todo el año pasado tampoco tuviste con que pagar? ¿Y el antepasado? ¿Y hace tres años? El cuento de nunca acabar... porque nadie lo quiere acabar.
El costo político es alto para los medrosos.
Hace cuando menos 25 años que escucho la misma cantaleta de los que deben cobrar y de los que deben pagar. Siempre es lo mismo. Todos los años. Es el hastío. Autoridades que no actúan pero que se la pasan mariqueando todo el año porque no les alcanza para nada la miseria que logran recaudar de los poquísimos ciudadanos que pagan todo, y a tiempo.
Y el caso es que ya han transcurrido ocho meses del 2005 y sólo el 40% de los automovilistas ha pagado la tenencia y la revista, el resto navegan ondeando la bandera del “espérenme tantito”. Eso sin contar las tenencias y revistas que no han pagado de varios años anteriores. Olvidémonos del predial en donde son menos los que pagan, y éstos casos, son verdaderamente vergonzosos por el tiempo de mora.
¿Y la autoridad? Bueno ellos son siempre conscientes de los problemas económicos de los ciudadanos y responden con un “criterio social” cuando hay que cobrar lo que todo mundo debe pagar, así que deciden “esperar” a que termine su mandato para no meterse en líos y el que viene atrás que arree. La miseria permanente por la demora perpetua.
Es de risa loca el argumento que esgrimen los ciudadanos morosos cuando las autoridades aspiran una bocanada de valentía porque ya no tienen para la nómina y comienzan a cobrar. Tres periodicazos del poderoso Sudcaliforniano son suficientes para detenerlos porque eso les puede abollar el capelo y sus aspiraciones políticas. Siempre es lo mismo, desde hace años. Por eso las montañas de recibos de agua que condonaban. Por eso las prorrogas interminables hasta que se termina el año, y el trienio y el sexenio y el decenio. Y al siguiente periodo... lo mismo, una calca perfecta de la ineficiencia, el desorden y la anarquía. Y nadie acaba pagando nada porque todo es un desbarajuste. Los que pagan, ven que los morosos tienen beneficios por no cumplir, y que éstos, en vez de requerimientos de cobro, embargos y demandas, reciben súplicas de las autoridades para que pasen a pagar, “por favorcito”, lo que otros cumplidos ya pagaron puntualmente. Y si no puede pagar, les dice la autoridad, “no se preocupe le hacemos un convenio para pagar lo que consiga, cuando pueda y cuando quiera”, porque las autoridades “siempre seremos muy solidarias con los problemas económicos de la ciudadanía”. ¡Zas!
Y si falla en cumplir el convenio le harán otro y otro... y los que le hagan falta.
Le voy a dar un ejemplo de autoridades que no son blandengues y que al fin se decidieron a aplicar la Ley. Desde luego no es en nuestro estado maravilla, sino en Chihuahua. Allá se iniciaron las notificaciones para el pago de predial a morosos mayores y ante la falta de respuesta, comenzaron a embargar propiedades y autos de los morosos. Los carros embargados permanecieron menos de cuatro horas en el corralón porque los negligentes fueron a pagar sus deudas de inmediato. En chinga. Ante el posible embargo de electrodomésticos inservibles que algún vivaz moroso les propuso por pago, porque así lo hacían las anteriores autoridades, el aguerrido Tesorero les dijo "No somos el destilichadero de nadie" y se fueron sobre los bienes de valor: los terrenos y automóviles. “Ahora se buscan bienes que realmente garanticen el pago de la deuda", aseguró. Ya sé qué me contestará usted, adelantado lector: ¡corrieron al Tesorero! Pues no, asómbrese, porque ahí está todavía, cobre y cobre, y los ciudadanos pague y pague, acuérdese que esto sucedió en Chihuahua, no en nuestro estado maravilla.
Hasta hoy no he sabido de una autoridad que tenga mala imagen o que lo hayan desaforado porque aplica la ley y sujete su actuación al marco legal que juró cumplir y hacer cumplir cuando asumieron sus cargos. Sí me parece, en cambio, que en estos tiempos les afecta, y mucho, hacer lo contrario: ser blandengues y violadores de la ley que juraron obedecer y que no cumplan por omisos o cómplices o simplemente por irresponsables. Y por sus agendas ocultas para satisfacer sus ambiciones de poder. Me pregunto ¿alguien se quejará, legítimamente, si le detienen su carro porque no trae documentos y circula cometiendo cinco infracciones simultaneas (sin luz, sin defensas, sin cofre, sin licencia vigente, sin revista, sin tenencia, sin parabrisas, sin placas, sin tarjeta y echando más humo que una locomotora del viejo oeste)? ¿O porque le embarguen un terreno por no pagar el predial desde hace ¡quince años!? ¿Quién y con qué validez moral podrá acusar a las autoridades porque actúan, porque cumplen a cabalidad con su mandato, porque cumplen con la Ley? Sólo un loco.
En todo el país prevalece también una cultura del “no pago” del impuesto predial, y el primero que incumple es el gobierno federal, su mal ejemplo cunde, es un modelo de comportamiento nacional, acusa el director ejecutivo de la Asociación de Municipios de México, Alejandro Torres. ¿Usted cree que aquí los federales de todo tipo paguen el predial? Apuesto que ninguno. Al menos sé de un caso en el que no se ha pagado en 12 años. ¿Usted cree, cumplido lector, que no tienen presupuesto para realizar esos pagos? Pues sí, en realidad sí tienen presupuestado este tipo de compromisos. Lo que pasa es que simplemente unos se resisten a pagar, o asómbrese de nuevo lector, ¡nadie les ha cobrado nunca! Eso es todo. Así de fácil. ¿O alguien les habrá cobrado alguna vez? Si revisan sus archivos se van a llevar una gorda sorpresa.
¿Sabe usted cuánto puede representar en ingresos para los Ayuntamientos el cobro a propiedades federales? Yo no lo sé con certeza, pero le aseguro que es muchísimo dinero al año.
¡Ya chole!, quien no pague que la pague. Que se atenga a las consecuencias legales, todo mundo las conocemos, los que pagan y los que no. Y las autoridades a ejercer ya su función que para eso los contratamos. El primer año los odiaremos, el segundo les reconoceremos y el tercero los amaremos, esa es la receta. Y si no hacen nada, pues entonces que dejen de quejarse, porque de oír sus gimoteos estamos hasta la madre. Lo que queremos es que hagan algo. Ya.

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