23 septiembre 2005

A PEQUEÑAS FECHORÍAS IMPUNES SIGUEN LAS GRANDES

Cada vez que quiero sentirme bien por vivir en BCS, veo con deleite, casi orgásmico, los resultados de la Encuesta Nacional de Corrupción y Buen Gobierno 2001 y 2003, en la cual, aparecemos en primerísimo lugar en la más reciente. Y de verdad que me causa una satisfacción inmensa. Reconozco que este sentimiento puede ser medio estúpido y cursi y tal vez hasta patético dirían algunos. Pero en realidad lo disfruto, es más, ya copie el reporte de la encuesta además del que me enviaron de Transparencia. En una de esas hasta lo pongo en un cuadrito en la sala de mi casa. Poco provecho le han sacado a este valioso dato en el gobierno del estado. Lástima ¿Qué les costará ponerlo en su pagina web?
Le pedí a Transparencia Mexicana recientemente, que me proporcionaran la información disponible para usted, incorruptible lector, sobre la Encuesta del 2004 y me informaron que no existe porque no se hace anualmente, es bianual, de manera que solamente disponemos, por lo pronto, de las que se levantaron en el 2001 y en el 2003. Eso sí, me informaron puntual, oportuna y muy atentamente, cosa que desde aquí les agradezco. En este 2005 se llevará a cabo la nueva encuesta y podremos hacer comparaciones una vez conocidos los resultados por ahí de octubre o noviembre.
En el 2001 tuvimos un buen lugar, honroso también, agregaría, porque ocupamos el segundo y Colima se llevo las glorias del primer lugar.
La Encuesta se realiza obteniendo información sobre 38 servicios públicos en las 32 entidades del país.
Aún con el destacado lugar que ocupamos, cuando menos hasta que se realice la nueva encuesta, todavía existe corrupción en nuestro estado, pero es considerablemente menor a la que se registra, por ejemplo, en el estado de Puebla (el más corrupto de México) o en el Distrito Federal que es un grado menos corrupto que el más corrupto de México, porque ocupa el lugar numero 31, está al borde del precipicio, casi en el fondo del estercolero. El hecho importante, y que no hay que perder de vista, es el dato valioso de que no hemos desaparecido totalmente los fenómenos de corrupción en el estado, aún están presentes estos actos en nuestra vida cotidiana aunque cada vez en menor medida.
Conservar un buen lugar en el futuro tampoco será sencillo, porque, vea usted lo que les ocurrió a varios estados del país entre 2001 y 2003: Chihuahua pasó del lugar 5 al 15, Baja California pasó del lugar 8 al 17, Guanajuato se fue del lugar 9 al 25, San Luis Potosí estaba en el lugar 7 y se desbarrancó al 27. La honestidad sin principios es muy frágil y volátil. Pero hubo otros estados que sí hicieron su tarea como debe ser, y comenzaron a atacar este cáncer, como Quintana Roo que estaba en el lugar 10 y pasó al 2; Hidalgo dio un buen brinco y pasó del lugar 15 al 4; Chiapas del 16 al 6 y Michoacán con menos espectacularidad pasó del lugar 27 al 9.
Lo importante a destacar, es que si no cuidamos este bien público en beneficio de todos, porque perderlo costará no solamente dinero, podemos quedar en evidencia, primero, ante nosotros mismos, y luego, ante la opinión pública nacional e internacional como corruptos de media tabla o si somos descuidados, desbarrancarnos a los lugares más bajos de la clasificación. Además, lo trágico del asunto, es que siempre son los hogares más pobres los que acaban pagando más por la corrupción en relación con sus ingresos: el 29.5% para los que ganan el mínimo según calcula Transparencia. Si no nos preocupamos por conservar el lugar de privilegio que tenemos, y bajamos posiciones, las que sean, las primeras responsables serán las autoridades del estado porque de ellas depende. De nadie más. No tienen para donde hacerse. Así que tienen un buen reto y tarea para salvaguardar lo que ya conseguimos y atacar con dureza y constancia lo que nos falta.
Nuestras áreas de mejoramiento, en donde el índice mide el total de actos corruptos por cada cien trámites realizados, son éstas: Pasar sus cosas en alguna aduana, retén, garita o puerto fronterizo con 25 puntos; estacionar el automóvil en la vía pública en lugares controlados por personas que se apropian de ellos con 27.9 puntos (lavacoches y franeleros); evitar que un agente de tránsito se lleve su automóvil al corralón o sacar su automóvil del corralón con 28.6 puntos; y evitar ser infraccionado o detenido por un agente de tránsito en donde sacamos la más negra calificación 34.5 puntos. Éste ultimo es el más grave, significa que en 34 ocasiones de cada 100 existe mordida, y vemos que el Sr. Rufo y presidentes municipales tienen mucho que hacer con sus policías. Si logramos atacar con éxito estos tres conceptos, tengamos la certeza, honesto lector, que nos conservaremos durante dos años más en el primer lugar, hasta el 2007. Sin embargo, hay calificaciones menores en otros trámites, que nos señalan la existencia persistente de actos de corrupción que será más difícil disminuir porque son de menor puntaje, pero no es imposible. Contribuiremos en la parte que nos toca, denunciando públicamente dos hechos que son aparentemente mínimos si usted quiere, pero existen y molestan, a reserva de facilitarle más adelante información sobre atracadores escudados en las altas esferas una vez que comprobemos los datos que tenemos. Primero en Policía y Tránsito municipal de La Paz, en fotolicencias, ahí existen unas tres o cuatro ratitas que llevan años, lustros medrando, pidiendo 10 pesos por nada, a todos aquellos cumplidos ciudadanos que van a sacar su licencia o a renovarla. No hay recibo oficial, y si usted no acepta, entonces le piden que lleve una foto; ésta es una novedad, porque antes no le pedían foto, nomás los 10 pesos y como nadie va a gastar 30 pesos en fotos, cualquiera acaba dando lo que le piden para terminar con la monserga antes de que estos burócratas inventen más “requisitos”. El caso es que estos pequeños roedores concibieron un pretexto administrativo que raya en la estupidez para ejercitar la mordida por goteo. ¿No le parece, avezado lector, un pretexto idiota, que le pidan una foto cuando tienen la que le toman para la licencia que expiden y permanece registrada en su propio sistema sólo por embolsarse 10 míseros pesillos por víctima? Si usted pide un recibo oficial, gruñen que sí se lo darán, pero a la mera hora, no le dan ni las gracias por los 10 pesos. Este fenómeno tiene años, y me consta que son cuando menos tres porque acabo de renovar la de un familiar. Saque usted la cuenta: deben ser 120,000 licencias sólo en La Paz porque esa cantidad de vehículos existe, y entonces ya no suena tan malo el negocito. Multiplíquele. En éste trámite, según la Encuesta, cuatro veces de cada cien se pide mordida y estoy seguro de que no se considero el hecho relatado, porque en Fotolicencias la mordida es 100 veces de cada 100 licencias tramitadas. Después de todo ¿quién se va a quejar porque le estafen 10 miserables pesos si ya tiene, orgulloso y contento, su nueva licencia? Con esa ventaja operan.
En el proceso de revista vehicular en La Paz, usted podrá “arreglar” que su chatarra continúe circulando por la módica cantidad de 30 pesillos por carro. Hasta donde me informan, ellos no piden mordida pero si alguien se las ofrece no hacen gestos y se la embolsan, estos arreglos los hace personal de la misma dependencia. Nadie hará ruido si por 30 pesos de mordida le garantizan que usted podrá circular con su humeante y desvencijada chatarra sin luces, sin defensas, sin cofre y hasta sin parabrisas durante todo un año. Para que haya corrupción se necesitan dos, y cuando uno dice basta o simplemente dice ¡no!, entonces se acaba el negocio de inmediato. Y es la autoridad la que debe decir no, es quien tiene la obligación por ley.
Recordemos, que la impunidad multiplica los hechos de corrupción, así sea pequeña o grande, y sólo es cosa de tiempo para que se convierta en un monstruo inmanejable. Hay que actuar de inmediato porque algunos trámites pueden estar limpios todavía, hasta donde me consta, y alguien debe evitar que se contaminen los demás porque... suele pasar. Cuando suceden estas pequeñas raterías, y prevalece la impunidad, tenga usted la certeza casi absoluta, de que el resto de los tramites se contaminará de inmediato, puesto que los empleados observan que sí se puede porque nadie les dice nada. Y asumen que se vale porque suponen que los jefes están metidos en el ajo. Inclusive piensan que sus mismo jefes promueven éstos productivos negocios.Segundo caso, la céntrica calle de Arreola, en pleno corazón de la zona dorada, área de bancos, tiendas, paseos, bares y cafeterías, y son también, terrenos exclusivos de franeleros y lavacoches. Ahí se dan pequeñas raterías desvalijando vehículos, lo hicieron con un carro compacto nuevo arrancándole dos vistas laterales y rayando la pintura. ¿Quién va a denunciar un robo de este tipo que vale 300 o 400 pesos y perder todo un día o dos en el Ministerio Público, si sabe, además, que no van a hacer absolutamente nada? Pues nadie. Acuérdese, lector, que se denuncian solamente el 40% de los delitos que se cometen en el estado. ¿Porqué no se podrán levantar éste tipo de denuncias por teléfono? Y uno dice, pues ni modo, ya me jodieron y ni a quien echarle la culpa, porque no vi al raterillo. Así que decidimos reponer las vistas comprándolas. Y al ir a la agencia correspondiente para adquirir las originales, en la platica con el empleado, me indico ¡sorpresa! que le resultaba muy curioso el hecho, porque exactamente en ese lugar, habían ocurrido, cuando menos, otros cinco casos iguales, y lo sabía porque los clientes afectados se lo habían comentado al ir a comprar las mismas vistas que también les robaron en ese sitio. Con toda certeza ninguno de los afectados denunció el hecho ¿Para qué?

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