Había un maestro en la universidad que nos daba clases de economía. No recuerdo su nombre pero era un buen maestro y muy ocurrente. En una ocasión cuando trataba de explicarnos ciertos temas relacionados con la inflación y la deflación tuvo un asalto de genialidad y nos proveyó de una definición inolvidable. Se la paso al costo.
Inflación es cuando un huevo cuesta un peso y deflación cuando un peso cuesta un huevo. En aquellos años había huevos que realmente costaban un peso, también peseros que costaban un peso y por esa razón adoptaron el nombre de peseros hasta que la inflación nos convirtió en víctimas a todos y jamás las cosas volvieron a costar un peso.
No queda ya nada que cueste un peso.
Todavía nos encontramos en la primera parte de la definición. Algunos productos básicos hoy cuestan una barbaridad y continuarán subiendo de precio.
En el mercado internacional este tipo de bienes son llamados “commodities” y se designa con ese nombre a un conjunto de materias primas o productos básicos de uso generalizado tales como el maíz, trigo, petróleo, cobre, especias, sal, harina, café, y muchos otros. Generalmente se venden en las bolsas de valores en lo que se conoce como mercado de futuros mediante contratos. Y estos son algunos de los productos que están incrementando su precio de manera considerable.
El entorno internacional no ayuda, el costo de los energéticos empuja al resto de los precios porque no existe casi nada que se pueda producir sin energía y en especial de aquella que se obtiene del petróleo. Pero según los indicadores a la mano, el incremento de los precios de los productos básicos no obedece totalmente al aumento de los precios de los energéticos, aunque es conveniente comentar que sí tienen un impacto, pero no fue determinante para provocar su encarecimiento. Dos de las razones principales del escalamiento de precios de los productos básicos son el incremento de la demanda combinada con una oferta escasa, una calca de lo que sucedió con el petróleo.
Hay efectos indeseables que hacen subir los precios de los productos básicos por todo el mundo, lo cual quiere decir que el trigo, la soya, el maíz y todas las oleaginosas que importamos seguirán remontando por un conjunto de razones objetivas, es decir, reales, y otras subjetivas, de percepción, que siguen empujando los precios a la alza. En el corto plazo México no podrá hacer nada más que comprar los productos que requiera al precio que los encuentre en el mercado internacional… si hubiera. Destinaremos alrededor de 25,000 millones de dólares al año para importar algunos de los principales productos básicos agropecuarios, y en especial agrícolas.
Otros hechos de relevancia que explican el fenómeno del incremento de los precios de los productos básicos, es la incorporación de nuevos jugadores al desarrollo, verdaderos pesos pesados, que están demandando mayor cantidad de alimentos todos los días, tales como China y la India. El problema es que los pueblos de estos países representan alrededor del 30% de la humanidad y eso tiene un impacto demoledor en la demanda y en los mercados mundiales, no solamente de alimentos sino de todo tipo de satisfactores que presionan la oferta. El consumo de estos países no es, según se ha demostrado, de manera directa, sino transformados en proteínas animales como carne de res de la cual se comen el 13% del consumo mundial, el 38%de los corderos, el 20% de las aves, el 62% de la carne de cerdo y más de la mitad de los huevos que se consumen en el mundo.
Sin embargo, según declaraciones del subdirector de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en China, Zhang Zhongjun, el incremento de precios será positivo para los agricultores chinos. En el mismo sentido abonó el director del Banco Mundial en China, David Dollar, quien indicó que "la subida de los costos beneficia al campo chino, que todavía no ha vivido el milagro económico de las zonas urbanas", en éstas se han visto incrementos de los precios en un 21% en el 2007, en cambio los ingresos de los campesinos lo hicieron en un 10%.
Para evitar daños mayores ocasionados por las protestas que pudiera generar la crisis alimentaria, el gobierno chino incluso prohibió la exportación de cereales como el arroz para frenar el impacto del alza de los precios en su mercado interno. El ministro de Agricultura de China, Sun Zhengcai, rechazó contundentemente las críticas que señalan a los chinos como los culpables a la situación actual: "No es cierto ni constructivo atribuir la demanda mundial de alimentos al crecimiento de los países en desarrollo o a las políticas específicas de algunos países”. Sun, indicó que un estudio de la FAO mostró que el alza de precios no se originó a causa de las economías emergentes y señaló: " …desde 1980 las importaciones de cereales en estos dos países han tenido una tendencia a la baja".
La misma situación ha ocurrido en México, hay un beneficio para los agricultores y un perjuicio para los consumidores, pero visto desde otro ángulo es conveniente que los productos básicos se paguen bien a los agricultores para que se produzca más. No hay mejor estímulo que un buen precio para aumentar la productividad; de hecho, hay menos disponibilidad nacional de granos y oleaginosas porque se han pagado precios de miseria a los productores mexicanos a partir de que los pusieron a competir con agricultores de otros países que son generosamente subsidiados por sus gobiernos con cantidades estratosféricas y en donde inclusive les pagan para no cultivar como en el caso de los gringos.
En México, somos compradores netos de estos alimentos desde hace ya muchos años, y por los volúmenes y el tipo de productos importados, dejar de comprarlos implicaría quedarnos sin comer y paralizar decenas de cadenas agroindustriales. Así, sin dramas ni exageraciones. Es real y dolorosa nuestra dependencia alimentaria. Por lo tanto habrá que destinar mayor cantidad de dólares cada día para satisfacer esta demanda porque los precios continúan aumentando en un mercado sumamente inestable detonados por un conjunto de factores que coincidieron en el tiempo: aumento de precio de los energéticos, cierre de fronteras de varios países productores y exportadores interesados en garantizar su consumo interno como en el caso del arroz en países asiáticos como Tailandia, el boom de las políticas para la producción de biocombustibles, demanda creciente de países en desarrollo, reducción de subsidios, climas no propicios, abandono de tierras productivas y la irrupción de grandes capitales especulativos y no especulativos en el mercado de los commodities. Si juntamos todos estos elementos tenemos suficientes ingredientes para un gran desmadre mundial.
Por ahora se acabó la abundancia de los productos básicos baratos y comienzan a escasear.
Los especuladores, ya se metieron en grande al mercado de futuros de los commodities agrícolas y los inversionistas de toda laya están aportando cantidades descomunales de dólares no solamente para especular en los mercados de valores en la compra de futuros de estos productos sino que invierten en algo que nunca había sucedido: en la adquisición de infraestructura física de verdad, como la compra de silos con capacidad de varios millones de toneladas; en transporte marítimo y terrestre; adquisición de tierras y bodegas gigantes para almacenar fertilizantes; compra de plantas de etanol e industrias para la producción de biocombustibles. Muchos de ellos piensan que van a resolver un problema severo. Podrán vender y comprar toneladas reales de productos, no solamente papel y expectativas en los contratos de futuros. Los precios alcanzados les permitirán obtener ganancias incalculables.
Estoy hablando de capitales de grandes inversionistas privados y ríos de dinero provenientes de fondos institucionales, de pensiones, compañías de seguros, fondos de donaciones y algunos fondos soberanos con recursos frescos en abundancia y fondos de riesgo típicamente especulativos.
Los que ya no encontraron negocio en las quebradas hipotecas gringas lo hallarán en el mercado de los commodities.
Hay quien ve la participación de los inversionistas y especuladores como una maldición, y muchos más, como la solución de un problema real. No cabe duda que tienen mala fama porque lo único que les interesa es hacer dinero pronto en mercados de alto riesgo pero con buenas expectativas de ganancia. El hecho real es que habrá fondos suficientes para promover la producción de básicos y eso podría convertir a los especuladores en un mal necesario.
Ahora vamos a aprender con sangre lo que significa la dependencia alimentaria y el altísimo costo de haber abandonado políticas públicas de autosuficiencia consistentes que existieron en los 80´s tal como el Sistema Alimentario Mexicano (SAM).
Hay fenómenos en los que no podemos incidir porque nos rebasan. Es el caso del cambio climático que afectará cada vez más a las zonas productoras de alimentos que abastecen el mercado mundial. Sin ir más lejos, ahí están las inundaciones recientes de las llanuras de Iowa en los Estados Unidos, granero mundial por su gran productividad, en donde todo se perdió.
Más huracanes, más fuertes y destructivos, que afectarán zonas altamente productoras de Tamaulipas, Veracruz, Sinaloa, Jalisco, Chiapas, entre otros, que aportan cantidades significativas de alimentos al abasto nacional. Mayores temperaturas. Inundaciones y sequías al por mayor. Heladas catastróficas.
El caso es que el panorama climático no es nada halagüeño.
En los Estados Unidos al amparo del programa conservacionista de la vida silvestre llamado Reserva para la Conservación, los agricultores tienen en descanso más de 34 millones de productivas hectáreas, cada agricultor inscribió sus tierras en el programa por una década y están sujetos a sanciones en caso de no cumplir. Esto quiere decir que no pueden cultivar nada. Y ya comenzó la presión para incorporar esas tierras a la producción.
Pero en la producción agropecuaria las cosas no son fáciles de resolver, requieren tiempo, inversión, tecnología y agricultores y ganaderos interesados en producir. La estabilización de los mercados alimentarios llevará cuando menos dos o tres años de incertidumbre y carestía, eso si las cosas se hacen a tiempo y con políticas públicas estables y consistentes, lapso apenas suficiente para que en México pudiéramos intentar resolver el problema de producción y disponibilidad de alimentos básicos, en niveles mínimos de seguridad alimentaria, o al menos, para intentar reducir drásticamente nuestra dependencia alimentaria.
Habrá que intentarlo a pesar del asno que tenemos en la Sagarpa.
La solución debemos encontrarla en nuestro país. Casi todo lo que producimos en el sector agropecuario en terrenos de gran productividad, con riego y alta tecnología, es para satisfacer la demanda del mercado del norte, no la nuestra. Esta situación debe terminar con un cambio radical de políticas a favor del sector agropecuario en donde lo importante sea atender, primero, las necesidades básicas de los mexicanos.
Estamos metidos en un embrollo preocupante y no veo pilotos avezados para capear el chubasco. Por lo pronto habrá agua y vientos huracanados para llenarse.
A ver hasta cuándo.
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
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