14 julio 2008

PETRÓLEO: EL APOCALIPSIS

Esta columna fue publicada en dos partes en el diario El Sudcaliforniano integrándose en una sola en la colaboración que sigue.
Cuando el banco de inversión Goldman and Sachs vaticinó hace unos tres años que el precio del petróleo podría alcanzar los 100 dólares por barril (dpb) los enterados propusieron mandarlos de regreso al manicomio por lo ridículo de su aseveración. En mayo pasado, el augurio de la empresa financiera fue que el barril llegará a los 200 dpb. El precio internacional del barril el día que escribí la columna iba en 145.08 dpb y el pronóstico de crecimiento era de 188.60 dpb en un año, datos que le paran los pelos de punta a cualquiera. Más a los países desarrollados, tengan o no petróleo. Los países que no lo tienen están a punto de un ataque cardiaco, tanto que la demanda de transporte público en Estados Unidos está aumentando de manera notable. No hay manera de que resuelvan, por ahora, el problema de altos precios y suministro de petróleo, más que con billetes verdes, es decir, pagando el barril en lo que cueste en el mercado. Lo que sea.
Goldman sostuvo que “los factores más importantes que han llevado el precio del petróleo a la alza siguen estando firmemente en su lugar, en particular la falta de crecimiento de la oferta. Los países productores del cártel de la OPEP están cerca de su capacidad, el crecimiento de la producción rusa se está alentando, y en México está cayendo. Mientras tanto, la demanda de los mercados emergentes sigue disparada”. Entre tanto, la demanda sigue creciendo, imparable. Dos países jalan al resto, China con crecimiento sostenido del 10% anual y la India con un potente 8% anual. Juntos estos dos países representan la tercera parte de la población mundial. No van a parar. Al contrario, sus pueblos tienen derecho al desarrollo y los nuestros también.
La mezcla mexicana llegó a los 127.85 dpb, y subiendo, al mismo tiempo que la producción nacional está declinando.
La inestabilidad continuará porque la producción mundial de petróleo ya se estabilizó y ha comenzado a decrecer, lenta e inexorablemente. Infinidad de expertos sostienen que en el mundo hay petróleo en abundancia. Y tienen razón. Pero hay que extraerlo, transportarlo, refinarlo y distribuirlo y eso significa varios años de esfuerzo continuado y financiamiento en grande, ingenieros de variadas ramas y personal especializado que no se crean de la noche a la mañana, además de reponer infraestructura y equipos obsoletos. El costo de extracción será más alto. Por eso ingresaron al mercado los especuladores comprando contratos a futuros de petróleo, huelen el riesgo y las carretadas de dinero que su apuesta les puede traer si sus expectativas de escasez se concretan, y hasta ahora, han duplicado sus ganancias en un año. En junio de 2007 el precio fue de 67 dpb y en junio de 2008 alcanzó los 135 dpb. En el corto plazo, los próximos dos o tres años, no hay manera de que la producción de crudo se incremente, porque no se puede abrir la llave, así nada más, como si fuera agua. Hay una serie de dificultades reales del lado de la oferta, entorpecida por guerras internas, sabotajes, campos declinantes, obsolescencia de instalaciones, falta de capacidad de refinación, demanda creciente y derroche absurdo y rapaz de los países ricos, acostumbrados al dispendio, porque tuvieron a la mano petróleo barato. No hay una sola gráfica de producción de los países abastecedores importantes en donde se pueda apreciar que la producción aumente, y costará varios años satisfacer la creciente demanda. Los inventarios bajan de manera consistente. No se trata de querer que haya más petróleo, todos lo deseamos, el punto es que los nuevos desarrollos tardarán entre tres y diez años en producir. La demanda mundial de crudo se estima en 86.8 millones de barriles diarios (mbd) y crecerá para el 2013 hasta 94.1 mbd a una tasa de crecimiento del 1.6%. En 2008 los países de la OCDE demandan 48.6 mbd y junto con China y el resto de Asia consumirán 66 mbd que equivalen al 76% de la demanda mundial de petróleo. El hambre de petróleo continúa creciendo. Pero no serán los países desarrollados los principales responsables. Según la Agencia Internacional de Energía el aumento estará a cargo de Asia, el Medio Oriente y América Latina y representarán casi el 90% de la demanda durante los próximos cinco años. Por lo pronto, el ataque de los altos precios del petróleo tendrá que venir, principalmente, por el lado de la reducción de la demanda pero nadie quiere entrarle por las implicaciones que tiene; entre otras cosas, porque este cambio significaría adoptar hábitos de vida distintos, principalmente los países ricos porque estarán obligados a terminar con su despilfarro energético. Proliferan en la prensa especializada noticias sobre las quiebras por venir. Falta de mercado para las SUV, (camionetas deportivas todo terreno) que ya nadie quiere por su alto consumo de gasolina, más de 100 dólares por tanque lleno. Se especula sobre la quiebra de General Motors; también la Ford enfrenta un problema severo por la caída de las ventas, ambos son dos gigantes de la economía mundial y los precios altos del petróleo los pueden desaparecer del mercado.
Aún así pagarán lo que se sea por un barril de petróleo.
Ahora mismo ya no hay plataformas disponibles en el mercado para los trabajos de exploración y perforación en aguas profundas y ultraprofundas, y hay varios países en fila, esperando turno para rentarlas. No importa que las plataformas tengan un costo diario de hasta 600 mil dólares, aún así no hay disponibles. Y no hay ni habrá oferta suficiente de estos equipos e infraestructura en los próximos cinco años. Petrobras acaba de lanzar un plan para contratar 40 barcos y plataformas perforadoras para operar en aguas profundas y ultra profundas para el año 2017. Antes de anunciar el descubrimiento de su campo gigante de petróleo, los habilidosos cariocas por conducto de Petrobras ya habían contratado el 80% de las plataformas existentes en el mundo para perforación en aguas profundas con tirantes superiores a los 1,800 metros.
¿Y en México? Pues aquí estamos todavía en la pendeja, dialogando.
Entre tanto los proyectos se difieren, los costos se incrementan y la oferta de crudo se vuelve más rígida.
El punto ya no es si va a subir el petróleo sino cuál será el precio que alcanzará y cuándo.
Analistas, académicos y observadores de la realidad económica nacional dan cuenta del subsidio que recibimos quienes tenemos un vehículo, y le reclaman al gobierno federal por el otorgamiento de este “insostenible” apoyo cada vez que llenamos el tanque, según afirman en tono desesperado y plañidero. Son 25,000 millones de dólares anuales de subsidio. Usted decida si es mucho o poco para mantener en sus carriles la economía y la tranquilidad social.
La desaparición del subsidio obedecería a una visión simplista, sin perspectiva. Si desaparece de golpe, nuestro destino será el caos durante años por los variados frentes políticos y de guerra que tiene abierto el país, agravado por la polarización de las fuerzas políticas.
Para comenzar la lista de nuestras desgracias, entre muchas otras, debemos saber que importamos alrededor del 70% de los productos petroquímicos que se consumen en México, 9,000 millones de dólares al año. Hay más de 40 cadenas productivas de la industria química que dependen de estos insumos y productos y ya resienten en forma descomunal ese creciente sometimiento a los precios internacionales por la falta de producción y previsión nacional.
No hay un solo producto que se venda, en México y en el mundo, que no use directa o indirectamente algún tipo de combustible: gasolina, gas, diesel o turbosina, ya sea para producirlos o distribuirlos. Alinear de golpe los precios de estos energéticos crearía un malestar social progresivo, y seguramente peligroso, en una economía en la que una gran mayoría de sus pobladores vive apenitas, con lo más indispensable; más de la mitad de los mexicanos que trabajan ganan igual o menos de cinco salarios mínimos al mes. Habría también, como es previsible, un incremento en la inflación que es el “impuesto” que todos pagamos por el aumento de precios y terminará pagando más, como siempre, la población más pobre.
No digo que nunca suban los precios, afirmo que no es el momento más conveniente para asumir los precios reales de los combustibles. Recordemos que los precios de la gasolina ya estaban subiendo dos centavos mensuales y nadie lo resentía ni protestaba, fue una manera inteligente de ir alineando los precios, pero no será posible terminar de tajo con un subsidio de alrededor de 3-4 pesos por litro. El costo sería demasiado alto: una economía fuera de control.
Información reciente publicada por La Jornada (06/07/2008) en una nota perdida, evidenció el aumento que la Secretaría de Hacienda autorizó ya, a la sorda y sin ninguna publicidad, a partir del mes de julio, no de dos sino seis centavos por litro para la gasolina magna, esta tenía un costo hasta junio de 7.17 pesos por litro y a partir del mes de julio costará 7.23 pesos por litro; en tanto que la Premium se venderá en 9.4 pesos por litro, un mayor aumentó de 27 centavos por litro. La noticia apareció en páginas interiores y en uno que otro periódico, para tratar de impedir reacciones negativas y para que la gente no se apanique. El ritmo de alineación era demasiado lento en comparación con el precio internacional alcanzado, que es el referente de los precios de los combustibles. Este camino ha sido explorado con éxito por el gobierno federal desde hace años. Veremos que ocurre con estos aumentos que, al menos en apariencia, no resultan significativos como para ocasionar una catástrofe de la economía aunque sí tendrán un impacto razonable. Al temido gasolinazo le aplicaron una dosis de chiquitolina.
En el Foro del Senado de la República sobre el tema Transición y Seguridad Energéticas del 27 de mayo de 2008, se indicó que Pemex disponía de una cifra cercana a los 384 mil millones de pesos al 31 de diciembre de 2007, y nadie desmintió el dato, por lo que sí existen abundantes disponibilidades para inversión. Lo que no tienen los directivos de la paraestatal es rumbo ni interés para enderezar al organismo y ponerlo al servicio de los mexicanos. La última refinería se construyó el 1979. Tengo la certeza de que el gobierno federal y Pemex nos están engañando respecto a la existencia de reservas probadas y su estrategia forma parte de la presión para aprobar las reformas del ejecutivo. Aún no lo puedo demostrar pero el tiempo es nuestro aliado y nos pondrá a cada quien en su lugar. El secreto sobre los datos de la disponibilidad de petróleo no podrán ser escondidos durante mucho tiempo, y en el juego de las vencidas tendrán que decir la verdad cuando la lumbre nos llegue a los aparejos y les resulte imposible sostener su invención por ahora difícil de confirmar.
Ya hemos dicho, junto con muchos otros, que existe un claro interés para desmantelar y quebrar a Pemex, arruinarlo, y que otros vengan a salvarlo, particularmente empresas transnacionales.
La gravedad de la situación amerita un cambio de enfoque que tome en cuenta el tema de los energéticos desde un punto de vista integral incorporando todas las fuentes posibles de energías renovables y no renovables.
Para ello también es necesario un cambio de dirigentes en Pemex, que no se rindan de antemano ni se declaren vencidos. El actual director de la empresa denota muy poca disposición para resolver el problema, en especial después de que a principios de año afirmara en su participación en el 24 Congreso de Ingeniería Civil: “Pemex tiene recursos económicos y hay la intención de fortalecerla, pero no tiene proyectos ni capacidad para desarrollarlos…”.
Lo que no hay es director para conducir estos cambios.
Y puede que tampoco presidente.

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