07 enero 2024

Junio 2 de 2024. Retrato de una elección

Son las 11 de la noche del mismísimo 2 de junio de 2024. 

Justo el día en que se celebran las elecciones nacionales más grandes de nuestra historia.

Algunas de las casillas electorales cerraron poco después de las seis de la tarde, porque había gente esperando votar. No hubo incidentes mayores, salvo los usuales en una elección de este tamaño.

Se tienen quejas documentadas de que los “extorsionadores de la nación” prácticamente sacaron de su casa a los beneficiarios de los programas sociales para que fueran a votar por… morena, desde luego.

Los narcoelectores, amigos y financiadores de amlo y su partido, participaron activamente en las elecciones controlando y secuestrando, según el caso, a los principales operadores electorales de los partidos en contienda para impedir su participación en las elecciones. Tal como ya lo habían hecho en el 21, año en el que adquirieron el know how para ganar elecciones locales.

Como a las nueve de la noche del mismo 2 de junio de 2024, los representantes de todos los partidos salieron a los medios nacionales para dar la noticia de que ganaron la elección. Y según los dichos de cada uno de los presidentes de todos los partidos participantes, todos ganaron.

Todos ganaron.

Antes inclusive que el INE dé oficialmente la noticia del ganador. 

Cuando esa misma noche el INE dio a conocer al ganador, la coalición de morena se encabritó porque no fueron ellos los ganadores, sino que fue la opositora Xóchitl Gálvez, representante de la otra coalición. Contra todo pronóstico.

A partir de ese momento todo se vino abajo para los morenistas y su líder, y se comenzaron a preocupar. De inmediato, se empiezan a sentir perseguidos por toda su infernal corrupción e incompetencia. Desde el presidente y su familia hasta sus funcionarios ladrones que robaron a placer para amlo, y desde luego, también destinaron algunos centavos para su movimiento. Hasta ahora sin ninguna consecuencia.

En lugar de llamar a su contrincante para aceptar su derrota, Claudita no lo hace de inmediato y decide esperar a ver que le manda su jefe o para ver qué dice su líder al respecto, aunque ya lo sabe, lo intuye.

Amlo llama inmediatamente después de escuchar la noticia de que no ganaron, a sus compas incondicionales a los que defendió y les dio todo: el secretario de la Defensa Nacional, y al secretario de la Marina Armada de México para que salgan a defender una elección que, según los datos del INE, ya perdió la coalición de Juntos Haremos Historia por alrededor de diez puntos de diferencia en su contra. Y sí la hicieron (me refiero a la historia) porque perdieron por varios puntos porcentuales contra los “resultados” de varias empresas encuestadoras, antes de las elecciones, que supuesta o realmente los favorecían.

¿Es sorpresa la muina de amlo por perder una elección? 

¡Claro que no!

Amlo nunca ha aceptado que perdió una elección. 

¡Nunca en su puta vida! 

Y tampoco nunca ha aportado, ¡jamás!, ninguna prueba del supuesto fraude que “alguien” le hizo, según él. Pura saliva y show. 

Él, amlo, no perdió esta elección del 24, dijo que se la robaron los conservadores, aunque nunca estuvo él en la boleta, sostuvo que hubo un “fraude” monumental y comenzará, a partir de esa noche, a tratar de desconocer la elección, ¡siendo él aún presidente de la república! ¡Y candidato a nada!

¿Y el Congreso? Pues también lo perdió. Pero sí obtuvo varios representantes en cantidades ridículas.

No se refiere para nada a Claudita. No. Él fue quien perdió, se refiere a sí mismo, casi como a Dios, el es el gran Tlatoani y quien representa al pueblo bueno. 

Pues resulta que este Tlatoani de pacotilla y su candidata preferida sacaron alrededor de 10 millones de votos menos que su contrincante. 

Él, que tuvo 30 millones en 2018. Pues tuvo 20 millones menos en las elecciones del 24. Él la cagó, no sus incompetentes funcionarios: desastres en salud, educación, energía, organismos autónomos, seguridad y súmele lo que quiera lector. 

Él fue el incompetente no sus huestes.

El pueblo les dio la oportunidad de gobernar a los de la coalición de morena y fracasaron rotundamente, gracias a su líder. Puras mentiras mañaneras, y proyectos faraónicos producto de sus narcisistas ocurrencias mañaneras. Fueron más ladrones, más incompetentes y vieron al país como un botín y al presupuesto como si fuera de su propiedad y no dinero de todos los contribuyentes.

Amlo hizo lo que quiso con el presupuesto, derrocho miles y miles de millones de pesos a su antojo, y sin consecuencias, para financiar sus caprichos y favoreció la corrupción a niveles nunca antes vistos. 

Llegó la hora de pagar pinche perro.

Y la gente, con su voto, tomo una decisión: impedir el avance en contra de nuestra incipiente democracia y al grito de “pues que venga otro que no sea tan pendejo, menos masturbado por la ideología” y que gobierne para todos.

Entre la fecha de la elección y la toma de protesta de la nueva presidenta amlo decide que ya es tiempo de morirse en las instalaciones de Palacio Nacional igualito que su súper héroe Benito Juárez. 

Y luego, a disfrutar la fiesta funeraria sin importar que ya esté muerto. Ya se había burlado lo suficiente de los mexicanos. Hace mucho tiempo que saboreaba ese tipo de “fiestas funerarias”.

Amlo tiene la certeza de que la huesuda le coquetea desde hace tiempo. Y tiene espacio de sobra para completar sus planes, aún le quedan 268 días para morirse y acceder a sus rituales funerarios que lo harán aún más grande para la historia, según él. 

Lo que no sabe amlo (y si lo sabe se hace pendejo) es que cualquier persona que se muera en Palacio Nacional, sin importar la razón, será noticia de primera plana, sea quien sea, y la nota solo será más destacada si el muerto es el presidente de la República. 

De inmediato comienza a elucubrar “puta madre, pero si yo no firmé nada, ni un solo papel ¿pues porqué estoy preocupado?”. ¿O sí?

Refunfuña… y piensa que con menos de la mitad de lo que él les hizo a sus críticos o a sus enemigos reales o imaginarios, lo van a tener en la lona y lo perseguirían por todo lo mucho o poco que le reste de vida. A él, a su pandilla de ladrones y a su familia.

En su soliloquio piensa que no habrá quien lo defienda. Lo dejaron solo, peor que un mueble viejo, arrumbado en un rincón. Si se defendiera lo tendría que hacer él solo y ya no tiene fuerzas para esa batalla, es un hombre débil al final de su vida y sabe que esta guerra, sin poder, no podrá ganarla. 

Todo lo ve perdido. 

A menos que sus seguidores lo apoyen y en particular sus compas secretarios de la Defensa y de la Marina a quienes les dio todo, a manos llenas. Y sus fanáticos seguidores agradecidos…

Pero ¿qué creen? Ambos secretarios se decantaron por respetar el mandato a que les obliga la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y así se lo hacen saber al pueblo de México, lo dicen, abiertamente y sin tapujos, en una conferencia de prensa.

A amlo ni lo ven ni lo oyen, como dijera uno de nuestros clásicos. Al término de su mandato, dejará de ser el jefe de las Fuerzas Armadas del país. 

Y los fanáticos seguidores de amlo no están dispuestos a defender lo indefendible, preguntándose “¿qué defenderían, la seguridad de los abrazos y no balazos, la salud, la energía o el campo?”. Fracaso total.

Y en ese preciso momento de la conferencia de prensa, al escuchar y ver lo que hacen sus dos compas, los secretarios de Defensa y Marina, amlo se caga.

Así que mejor opta por morirse (tal y como él ya lo había decidido desde que resolvió irse a vivir a Palacio Nacional) antes de que lo persigan por siempre sus enemigos, reales o inventados por él, y acabe en la cárcel.

Prefiere los beneficios de los rituales funerarios que se celebrarán en Palacio Nacional y varias calles céntricas de la Ciudad de México, a ser convertido en un criminal perseguido de por vida. Y prefiere dejarlo así nomás en criminal… su muerte le quitará lo de perseguido.

Él piensa que lo sepultarán como el gran monarca que fue, como el mejor presidente de México, según él. Pero gracias a sus acciones fallidas será sepultado como el mandatario más corrupto de la historia de México, el más opaco y el que militarizó a nuestro país.

Fue un auténtico saltapa’tras que quiso regresarnos a todo el país a los ¡setentas del siglo pasado!

En fin, morirá como lo que siempre fue: una rata de alcantarilla.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

TRUMP QUIERE QUE SÍ SE PRODUZCAN DROGAS… PERO EN EU

Es de sobra conocido el hecho de que uno de los postulados que llevaron a Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, consistió en ...