11 enero 2024

CORRUPTOS DESVERGONZADOS

Una de las primeras cosas que se deben de perder cuando alguien se dedica a la política es la vergüenza y el honor. Y la decencia. Si no las pierde estará jodido para el resto de su vida política, en caso de que se dedique a esa actividad.

Aprenden a tener la piel bien curtida para soportar mentadas, todo tipo de insultos y regaños a pasto, sobre todo, cuando inician en la “ardua tarea” de la actividad política y comienzan a hacer sus grandes sacrificios “por el pueblo sabio y bueno”. 

Uno de los requisitos esenciales para sobrevivir en la política consiste en saber agachar bien la cabeza, con modo y de buenas, sonriendo, y aprender a comer de esa mierda especial que proviene de los lugares más insospechados, pero principalmente de la que viene de las otras personas que se dedican a la política y que es obligado tragarse.

Poco a poco quienes han decidido dedicar su alma y cuerpo a “luchar por el pueblo” comenzaron haciendo sus pininos desde los puestos más bajos y han ido escalando hacia posiciones mayores en términos de responsabilidad y desde luego, de salario y privilegios, por supuesto.

Sin olvidar el acceso al presupuesto anual, la inacabable ubre de la que succionarán.

Una vez que le encuentran el gusto y el modito para dedicarse con ahínco y desesperación a vivir del erario, dispuestos a “sacrificarse” por grandes ingresos o por salarios mayúsculos y por los respectivos moches que son consustanciales al cargo que se ocupa. Claro, si acaso tienes la suerte de que te ubiquen como responsable de algunos de los múltiples puestos que tiene la administración pública federal que son fuente segura de recursos, pero también de otro ingrediente indispensable: la impunidad. Por ejemplo, si el “servicio a la patria” te distingue en alguna de las instancias de las que sería tu responsabilidad como político y te hacen responsable total de las obras públicas o de las tesorerías o de las de las compras que hace el gobierno. 

¡Puta madre! ¡A mamar!

Entonces sí a hacerse rico o rica sin miramientos; siempre y cuando se den los moches correspondientes a los superiores, aunque sean varios o uno solo, pero no más de tres cómplices, según a quien le deban retribuir debido a que lo colocaron ahí mismo, en donde se hacen los ricos de cada sexenio. 

El corrupto solamente tiene que aprender a repartir un poquito, pero un poquito nada más, porque tampoco se trata de hacer sacrificios a lo pendejo y entregar todo el producto de su “esfuerzo” a los demás.

Algunos dirán que hablo porque conozco y he “disfrutado” del sistema corrupto que nos rige, pero no es así. Mis años de observador de la política y de los políticos me han enseñado de qué lado masca la iguana, como dicen en México. Y también el ver a los corruptos políticos cómo se convierten en ricos sexenales después de no tener ni para comprarse calzones antes de dedicarse a la quijotada que es la política. 

Esto en México y en cualquier parte del mundo es una verdadera tragedia. 

Y si no se ataca acabará por carcomer a la sociedad completa convirtiéndola en más corrupta cada vez y de la que no podrá salir en, no menos, de 50 años, si es que sale. En México llevamos el sello de corruptos desde la época Colonial (503 años) y no nos lo hemos podido sacar de encima. Con la corrupción de los políticos hemos aprendido a convivir. 

Para eso está el dicho muy usado en esta administración de que “el que no transa no avanza”, por ejemplo. 

Los políticos tienen que dominar el arte de decir mentiras con propiedad, creíbles.

También tienen que saber prometer con credibilidad.

Deben también aprender a hacerse pendejos ante una audiencia (haciéndose como que la virgen les habla), dialogar mucho, prometer mucho y mentirles mucho. En resumen, muchísima saliva.

Se trata de engañar a la audiencia de manera creíble, de verles la cara de pendejo a cualquiera que se les ponga enfrente. Se trata de esperanzarlos en que, con él o ella, las cosas van a cambiar, y gastar un chingo de saliva para darles ilusiones a los del pueblo bueno para que voten por ellos o ellas. Con eso la hacen.

¡Y lo logran!

Hoy somos muchísimo más corruptos que ayer.  Bueno, no ustedes sino las autoridades actuales. Por saliva no ha quedado.

A nuestros dirigentes políticos les brota la corrupción como si fuera un ojo de agua, de lo más recóndito, sola les sale. Y hablo de una buena parte de quienes se dedican a la política y de otra parte sustancial, también, los ciudadanos que han aprendido a vivir bajo este sistema corrupto que nos ahoga, porque una gran mayoría favorecen o toleran la corrupción. Creen que voltear para el otro lado desaparece la corrupción.

Y nadie hace nada. 

En realidad, todos nos hacemos pendejos, como que no pasa nada.

Bueno quienes se dedican a la política hacen como que hacen, prometen, mienten y dan esperanzas y acaban haciendo nada de nada. Bueno sí hacen, pero para su propia causa: hacerse más y más ricos en el menor tiempo posible.

También hacen muchos discursos acerca de que ellos no son corruptos, que ellos “no son como los de antes” que ellos sí ayudan al pueblo bueno, pero se les nota lo ricachones hasta en el modo de andar y papi lo sabe, pero como todos: se hace pendejo. No importa que sea autoridad.

Hay subterfugios conocidos, y otros no tanto, que le permiten al corrupto hacer de las suyas: contratos asignados en forma directa a sus cuates con el respectivo moche (o con el clásico “después nos arreglamos” o “luego me haces socio”), moches, sobreprecios de productos, contabilidad creativa, o usando empresas fantasmas creadas durante el sexenio que corresponda (incluso declaradas como fantasmas por el SAT), robo directo el erario (como en Segalmex), etc. Donde dice “etc.” Usted amable lector póngale lo que quiera o de aquello que tenga conocimiento directo o que sepa que ocurre en el ámbito político.

Es el caso de nuestros políticos actuales en el poder, declararon hasta el cansancio su “lucha ardua” contra la corrupción, regresar a los militares a los cuarteles, por ejemplo, y hoy los militares casi son los dueños de México. Y todo gracias al mayor corrupto en la historia de México.

Y como esos ejemplos decenas más y centenas más.

Cualquier político nos puede engañar como si nada, y sin consecuencias. Ya saben que el pueblo bueno no tiene memoria y aguanta todo. 

Y todo es TODO. 

Le hagan lo que les hagan a los mexicanos, lo que sea, será resistido por la sociedad a pie firme, estoicos. Como buenos machos y machas. Tenemos un aguante de siglos para ese tipo de corruptos, estamos curtidos en la corrupción.

Felicidades por sus fiestas y año nuevo y feliz corrupción para todos y todas.

Ojalá podamos ser un poquito menos corruptos este año que comienza…pero lo dudo.

Cómo dijo aquél “si no es gripa, amigo”.

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