Es un tipo de ignorancia. Por eso es el sexenio de los leales, de los que saben un 10% pero son 90% leales a su mesías.
El caso de amlo es el del típico tonto que piensa que lo sabe todo. Habla de cualquier tema como si supiera de qué se trata y afirma cosas a sabiendas de que está inventando, que lo que está diciendo es una vil mentira.
Pero como ya tiene el cuero bien curtido, después de cuarenta años en campaña, ha logrado perder, por completo, dos atributos básicos, los cuales, de contar con ellos, hubiera sido un tormento su futuro desarrollo político: la vergüenza y el cinismo.
Otra cualidad conquistada, que le ha sido muy útil a lo largo de su vida, y en especial para su carrera política, es que aprendió a decir cualquier cantidad de mentiras y promesas sin rubor alguno, una tras otra, hasta convertirse en un mentiroso patológico sin importarle que lo descubran. A tal grado que ya tiene un doctorado honoris causa en mentiras, ¡ya alcanza las 93 diarias! Es el mandatario más mentiroso del universo conocido.
Después de “adquirir” estos tres indispensables atributos para la sobrevivencia de cualquier político, y luego de años en la “lucha por los pobres”, se dio cuenta de que la gente le creía todas las ocurrencias que fantaseaba; además, repartía dinero a manos llenas (que no era de él, desde luego) o ponía a sus devotos en lugares donde podían hacerse de un patrimonio seguro y sin consecuencias, y así fue haciéndose de feligreses que confiaban ciega e interesadamente él. A sus fieles no les importaba que dijera ocurrencias simplonas o pendejadas fantásticas, su gente de todas formas le creía, y aún mas, se las festejaba. Y a través de los años, siguió ensayando con diferentes grupos, pero quienes más le creían eran los jodidos o pobres en quienes se enfocó para “sacrificarse” por ellos. A partir de ese momento, sumó otras dos características asociadas a su arsenal político, dos virtudes inconmensurables: la confianza y la credibilidad, que le permitirían viajar sin sobresaltos por el abnegado mundo de la lodosa política mexicana.
Con ese acervo en el morral se lanzó, por tercera vez, como candidato a la presidencia de México. Entró mejor equipado que ninguno de los candidatos en contienda. Si no vea usted su capital: cínico, mentiroso, desvergonzado, prometedor, con credibilidad y confianza de un grupo de fanáticos que rondaba entonces los quince millones, que pronto se convirtieron en treinta millones gracias a un entorno político podrido en la corrupción y el descrédito del gobierno en curso. La mayoría de estos quince millones adicionales fueron de la clase media “arribista y aspiracionista”. Los mismos que ya le retiraron su apoyo por el odio, el maltrato y los ataques que han recibido de amlo.
El potaje estaba listo para una candidatura como la suya.
Las otras “virtudes” que, ahora mismo, ya forman parte de su personalidad, le brotaron después gracias a que obtuvo un poder inmenso al ganar la elección presidencial y el congreso en 2018, lo que acabó por retorcerle la mente: megalómano, militarista, neoliberal, psicópata, abusivo, malandro, sabelotodo, mesías, predicador, mala leche, vengativo, amenazador, ocurrente, y muchas otras que usted amable lector, nos ilustrará y seguramente se acrecentarán de aquí a cuando termine su mandato… si es que termina.
Al no saber cómo gobernar y como sabe que no tiene tiempo suficiente, todo lo quiere hacer a huevo, a la fuerza (porque las cosas en palacio siempre van despacio y las obras más), pero con la ayuda de los militares y de la pandilla de insolentes sirvientes que tiene en el Congreso al que solo usa para aprobar sus ocurrencias destructivas, lo logrará. Todo lo que ha hecho es violentar las tareas de gobierno, convirtiéndose en el mayor violador de la ley, porque no sabe hacerlo de otra forma, mediante otros métodos, como la negociación y los grandes acuerdos con sectores productivos y de la población. No tiene ni la más remota idea de cómo hacer un gobierno eficaz, sólo más eficaz, ya no se diga exitoso o medianamente exitoso. Y en el colmo de su enfermedad mental y desvarío, asume que es el “pueblo” quien le dicta órdenes y en particular el grupo de los pobres (que por cierto ha aumentado) porque en su inconcebible chifladura asevera: “yo ya no me pertenezco, yo soy de ustedes, soy del pueblo de México”.
¡Tómala!
Y remató con esta vacilada que refleja el alcance infinito de sus delirios: en un mitin le pidió a la gente que no lo dejaran solo porque sin la gente “no soy nada, o casi nada”[1].
Está llevando las tareas de gobierno de acuerdo al librito de texto para tener un régimen populista-dictatorial.
La Titina[2] que ha escogido amlo como títere candidata no augura nada bueno.
Si no, vea usted.
Como no le gustó, así nomás, no le gustó, el tercer y último informe de la antes reputadísima, por ellos mismos, empresa noruega DNV encargada de la investigación del colapso de la línea 12 del metro de la Ciudad de México[3] (mejor dicho, del asesinato de 26 personas en lugar “del colapso”, y mas 100 lesionados), pues Titina los demandó, y simplemente, cínicamente, nulificó el informe inventando que había un conflicto de interés, que el informe era falso y que no respetaron la metodología comprometida en el contrato. Acto seguido escondió el informe que se pagó con dinero de todos.
Y todo el berrinche de doña Clau fue porque no la exoneraron, y porque, además, le señalaron, específicamente, que faltó mantenimiento a la línea 12 durante su administración como una de las causas concurrentes de la tragedia.
¡Vaya caradura!
Parece que la Titina sería peor que su mesías… si fuera presidente. Está ensayando, y ya hay actitudes y dichos que le salen igual a las que hace su mesías.
¡Ay nanita!
[1] https://twitter.com/politicomx/status/1069043509406154760?lang=es
[2] Personaje títere de Carlos, Neto y Titino. Un famoso ventilocuo de los sesentas y setentas que actuaba con dos títeres: Neto y Titino.
[3] https://www.eluniversal.com.mx/opinion/sandra-romandia/esto-contiene-el-informe-sobre-la-l12-que-claudia-censuro
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