31 mayo 2022

JUGARSE LA VIDA


 

He decidido no volver a viajar en avión después de saber de los incidentes que han ocurrido durante la operación conjunta de los aeropuertos de CDMX y Santa Lucía (que no es aeropuerto sino una central avionera del ejército). Hacerlo equivaldría a echarse un volado para saber si te mueres o te salvas. 

Luego pensé en irme en carro, aunque me tardara un mes en llegar a mi destino (en caso de tenerlo), pero me puse a pensar en los asaltos y desapariciones que ocurren todos los días en las carreteras mexicanas donde no te dan abrazos sino balazos si bien te va o te desaparecen los policías o los “bien portados” del crimen organizado (ahora ya son seres humanos a los que nuestro gobierno se ocupa de cuidar). 

Entonces, imagínese estimado lector, si me fuera en carro, tendría que atravesar parte de Sinaloa, parte de Jalisco, parte de Guanajuato, parte del Estado de México, tal vez una parte de Michoacán y… mejor ahí muere. No viajaré por carretera será peor que en un avión.

Así que ni modo de irme en burro, a caballo o a camanchi (subido en la espalda de alguien que se deje). O a pie como los antiguos y recios misioneros de la mítica California. O nadando, o en una panga llegar a Oaxaca, o a Acapulco y luego caminar o tomar un autobús a la CDMX para luego continuar con mi camino a dondequiera que vaya a ir jugándome la vida a cada paso en este México nuestro de cada día. Siempre atenido a que nuestros gobiernos federal y estatal, están dedicados con ahínco en hacer su trabajo, especialmente, en lo que se refiere a la seguridad pública. 

¿Y ahora cómo le hago para salir porque ya estoy hasta la madre de estar encerrado a causa de una pandemia que parece que termina pero que en realidad no se acaba?

Pues he decidido no salir de viaje en México. Punto.

Si llegara a salir, lo haría a cualquier país (siempre y cuando hubiera vuelo) excepto a los Estados Unidos iría a cualquier país del mundo. 

O tal vez vaya a Mérida donde casi no hay asesinatos ni desparecidos por el crimen organizado, ni feminicidas, ni asaltos en la calle o en el transporte público. Bueno, digo, al menos, no de manera tan atroz y abundante como ocurre en otros estados del país. Sin embargo, Mérida es y siempre será un lugar bellísimo al que siempre quisiera ir.

Y conste que todos los días me llegan por Internet promociones de vuelos a diferentes lugares del país y del extranjero. Algunos muy baratos, pero luego pienso ¿valdrá la pena jugarse la vida? Y me contesto que no. Digo, porque si volara, tengo que conectar otro vuelo en el aeropuerto de la CDMX ya que no hay vuelos directos casi a ningún lado desde donde estoy ubicado y si los hay, es a muy pocos lugares que, por ahora, no son de mi interés. O conectar en otro aeropuerto.

Por lo pronto mi viaje tendrá que esperar mejores días.

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