Para los mexicanos todo relacionado con el petróleo es una epopeya. Provoca sentimientos encontrados y siempre en los extremos. Es pantanoso, espeso, complejo y muy pero muy apetecible para los que están esperando que les toque un buen trozo del pastel negro. Y el pastel ha sido tan bueno que durante años ha contribuido al desarrollo del país y ayudó, aún lo hace, a mantener también una buena cantidad de pillos vividores en donde se incluyen las administraciones panistas que llegaron ávidos y babeantes por hacer dinero fácil a costillas de Pemex, desde siempre.
Cuando el precio del petróleo estuvo en seis dólares por barril fue negocio, malo pero negocio al fin, y ahora que ronda los 135 es un negocio inmenso. Vea usted extraemos petróleo a 4 dólares y lo vendemos a 116, y subiendo. No olvidemos que el ingreso petrolero, hoy mismo, sigue contribuyendo con cuatro pesos de cada diez del presupuesto federal anual.
Confieso mi masoquismo. He leído algo sobre el tema porque me interesa y no es sencillo sacar una conclusión definitiva. Lo que sí pude obtener con facilidad, después de varias horas de lecturas petroleras, es una gran confusión.
Pero no se preocupe, crítico lector, no lo voy a abrumar con datos y cifras porque no se trata de apantallarlo o complicarlo. El propósito es intentar aclarar el asunto para que usted pueda tener un criterio más informado, pero suyo. Así que olvídese del hoyo de la dona, de los yacimientos transfronterizos y de las aguas ultra profundas. También olvídese de lo que es una refinería reconfigurada o qué es el combustóleo o la capacidad de destilación equivalente. Nada de eso importa, por ahora.
Por fortuna, han corrido ríos de información sobre el tema en todos los medios posibles, en unos con mayor objetividad y en otros con enfoques interesados pero claramente identificables. En los debates han participado personas expertas, respetables y conocedores de la industria. Y también han abierto la boca los bobos ignorantes rabiosos que piensan saber del asunto cuando ni siquiera han leído las iniciativas que envió el Presidente Calderón al Congreso. Y con toda certeza tampoco han leído las ponencias presentadas en los debates en curso en varios foros como el de la UNAM y el que organiza el Senado de la República.
Así que con algo de tiempo, paciencia e interés en el tema usted podrá encontrar información a pasto, estudiarla, procesarla, y si tiene algo de suerte, al final le quedará más o menos claro cuál es el problema. Claro, si usted es ingeniero en cualquiera de sus especialidades lo entenderá mejor; o ya de perdida si es licenciado en administración pública, contador, abogado o poeta pues tendrá que hacer un esfuerzo mayor, pero con tiempo y ganas, le podrá entender y logrará adoptar un criterio sobre las propuestas que están en la mesa. En realidad los abogados constitucionalistas sí tienen mucho que decir sobre el tema.
Por cierto no crea usted que son tantas propuestas, en el fondo es solamente una y está contenida en las reformas calderonistas: permitir la inversión privada en Pemex prohibida claramente por el artículo 27 constitucional y está a discusión en el Congreso. Esa es la cuestión. Me refiero claramente a ductos y transporte y refinerías.
Me parece que nadie estará en desacuerdo en que Pemex debe modernizarse, cualquier cosa que esto signifique. Ese no es el punto porque todos estamos de acuerdo en ello. La definición delicada, de fondo, consiste en decidir CÓMO vamos a llevar a cabo ese proceso modernizador, y para decidirlo existen varias ofertas, reduzcámoslas a tres: modernizar la industria petrolera mexicana con dinero y tecnología propia, es decir, de origen nacional, de los mexicanos; otra, recurrir al apoyo de empresas extranjeras expertas en estas materias, algunas son gubernamentales como Petrobras o Statoil y otras privadas como Shell y Exxon. Existe una tercera posibilidad más: mezclar ambas opciones en donde el país tenga siempre el control y desde luego la propiedad del petróleo.
La segunda opción para desarrollar Pemex es imposible en el marco legal existente si no se modifica la Constitución, cosa que nadie ha propuesto y no es previsible que alguien lo haga.
Y con la pena, la tercera también está cancelada por la Constitución al menos en los términos en que lo están planteando. Esta opción sería válida solamente bajo el esquema de “me construyes, te pago y te vas”.
Ah y otra decisión importante: no vamos a atacar con la intensidad que se nos pretende imponer, por ahora, las aguas ultra profundas.
No hay tres sopas. En el menú solamente quedó la de codito, y fría. Supongamos que ya decidimos y fue por la primera opción. Una vez determinados a trabajar, es necesario tener en cuenta el tiempo que nos llevará concretar la modernización petrolera.
Si fuera con capital y tecnología nacional, de los mexicanos, aceptemos que la modernización llevaría varios años porque habría que generar más tecnología y recursos humanos, principalmente; además, habrá que tomar en cuenta otro detalle esencial si queremos entrarle a todo: la capacidad de ejecución de Pemex es limitada, lo que podría retrasar la realización de varios proyectos grandes al mismo tiempo. La propia empresa reconoce que “tomó a Pemex prácticamente diez años ejercer el 100% de los recursos adicionales autorizados por concepto de Pidyregas”. Por el lado del dinero que se requiere, hay que decir la verdad: si hay dinero suficiente para entrarle a la modernización. ¿En dónde? Ahí le van unos cuantos lugares. Las Afores tienen más de un millón de millones de pesos; las reservas del Banco de México superan los 90 mil millones de dólares; los montos que anualmente destina la Secretaría de Hacienda a Pemex en el presupuesto de egresos; los ahorros propios de Pemex; fondos provenientes de un agresivo programa anticorrupción en Pemex; impedir el robo a la empresa de más de 50 mil millones de pesos anuales de diversos productos, inversión vía Pidyregas, fondos del Fideicomiso del Fondo de Estabilización de Ingresos Petroleros y muchas otras fuentes financieras más. Así que dinero hay. A puños. Más que suficiente para autoabastecernos de petrolíferos y dejar de importar; hay bastante para mantenimiento; construcción de nuevos ductos y para lo que se ofrezca. Se pueden reconfigurar las refinerías existentes y construir cuando menos tres nuevas. Un ejemplo, minúsculo pero significativo, hoy los politécnicos, con tecnología generada por ellos, le ahorran a Pemex, y al país, 1,200 millones de pesos por trabajos de detección y análisis de integridad de ductos.
Las administraciones de Pemex se han esmerado en destruirlo, por ahogamiento, para demostrar que debe venir a salvarnos el capital privado transnacional. Esa es la trampa que han venido construyendo con paciencia y casi lo logran. Buena parte de los problemas actuales de la empresa se resolverían con unos 350 mil millones de pesos de presupuesto anual, según afirma su Director.
Imagínese, petrolizado lector, el descomunal jalón que significaría una inversión nacionalista en Pemex con la obligación de desarrollar proveedores nacionales grandes y chicos. ¿Ejemplos de este tipo de política? Analice usted el caso noruego, es impresionante, digno de seguirse.
Hay 70 años acumulados de experiencia, tenemos científicos, técnicos, ingenieros y el personal necesario para que vuelva a renacer el orgullo nacional por Pemex.
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
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