12 marzo 2010

DEL FUNERAL AL FESTEJO POR LA CONSERVACIÓN

Hace poco tiempo, hacia fines de febrero, le pregunté a un alto funcionario de la Semarnat “Oye, si tenían todo para cancelar el proyecto de la minera Paredones Amarillos ¿porqué no le dieron palo, de una vez por todas, con la Ley en la mano, porqué no lo hicieron?”.

Y ante mi sorpresa respondió “pues sí, pero… es que nadie se anima”.

La única institución ambientalista gubernamental con los huevos del tamaño del problema fue la CONABIO, quien sin ambages, emitió su opinión negativa en contra del proyecto. Mis respetos.

Pero debemos señalar que la oposición a este proyecto no ha sido solamente de las autoridades ambientales y de las Áreas Naturales Protegidas. El gobernador del estado, Ing. Narciso Agúndez Montaño y la presidenta municipal de La Paz, Rosa Delia Cota Montaño, el Congreso del Estado, entre otras autoridades políticas locales, se opusieron de manera terminante a la autorización del proyecto minero por el daño que producirá en el medio ambiente en un lugar entrañable para la cultura ambiental de los habitantes del estado.

Es claro que la oposición del gobernador del estado y de otros actores políticos locales de primer orden, fue determinante para impedir que se arruinara la biodiversidad en la Sierra La Laguna. Si los dueños de la casa, los sudcalifornianos y sus autoridades, se oponen a este dañino desarrollo industrial ¿quién podría, aún si tuviera la ley de su lado, emprender una empresa con el más alto rechazo social de que se tenga memoria?

Adicionalmente, la máxima autoridad política del estado había señalado, enfáticamente, que sus votos en el Consejo Estatal Forestal serían en contra del proyecto aduciendo la gran importancia que tiene la conservación y la integridad de esta Área Natural Protegida. Entre otras razones, debido a su trascendencia en la captación de agua para gran parte de la población del estado; a la importancia de la biodiversidad que contiene, “es lo más valioso que tenemos”; y porque constituye un valor agregado en el que se basan las excelencias turísticas del estado porque se encuentra en un magnífico estado de conservación. Esa importancia de la Sierra La Laguna permitió que fuera adoptada por la UNESCO, bajo la categoría de Reserva de la Biósfera, lo que implica convertirla en un patrimonio natural para la humanidad entera.

La autoridad ambiental federal consideró innecesario esperar a la celebración de la reunión del Consejo Estatal Forestal para recabar la opinión técnica del órgano colegiado, ya que, previamente, la gran mayoría de sus miembros se habían pronunciado, por separado, en público y en privado, en contra del proyecto, antes aún de sostener la reunión formal para emitir una opinión sobre el proyecto minero.

Por su parte, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, quien sería invitada especial a la reunión del Consejo Estatal Forestal, ya había anunciado su oposición al desarrollo de la explotación de minas de oro a cielo abierto en Áreas Naturales Protegidas, y en particular, la que se pretende instalar en las inmediaciones de la zona de amortiguamiento de la Sierra La Laguna. De hecho, uno de los argumentos de la Semarnat para desechar la solicitud de Cambio de Uso del Suelo tramitada por la empresa, fue que no contaba, siquiera, con el visto bueno de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, lo cual es un requisito, insalvable, determinado por la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente y su Reglamento.

Otro de los argumentos clave manifestados por la empresa minera para sustentar su trámite final, previo al inicio de operaciones, consistió en exhibir el Permiso de Ocupación Temporal expedido por la Secretaría de Economía, al amparo de la Ley Minera, al cual no se le otorgó validez por parte de las autoridades ambientales. Y hay una razón de peso para esta negativa: la CONANP solicitó primero los terrenos nacionales en donde se asienta la empresa minera con el fin de destinarlos a la conservación y no ha tenido respuesta.

La oposición a este proyecto, que pretende producir oro en una mina a cielo abierto, ha tenido una destacadísima y creciente participación de todos los sectores sociales del estado. Así, hemos observado que la sociedad paceña y cabeña de manera individual y a través de diversas organizaciones sociales, se han manifestado de muy distintas formas en su rechazo a este proyecto porque consideran que producirá daños irreversibles al ambiente, cuyos efectos dañinos permanecerían en su entorno durante cientos de años.

Amerita destacar, en una mención especial, la intervención y el liderazgo asumido por las organizaciones ambientalistas no gubernamentales, representadas por Niparajá A.C. quien a nombre de todas ellas programó, y continúa haciéndolo, todo tipo de manifestaciones de rechazo informado al proyecto (marchas, firmas, foros, gestiones, etc.) y han recibido el respaldo más amplio de miles de ciudadanos sudcalifornianos que coinciden en su oposición a este proyecto minero.

Si usted se pregunta, ambientalista lector, cuándo terminará esta amenaza de la minera en contra de nuestro patrimonio ambiental, le diré que pasarán todavía largos años para quitárnoslos de encima. La única solución definitiva, que yo puedo ver, la darán los tribunales adonde recurrirá la empresa para tratar de ganar en la barandilla de un juzgado lo que ya perdió gracias a las decisiones técnicas, ambientales, administrativas y de rechazo social.

A pesar de la gran oposición generalizada de la sociedad sudcaliforniana, sumada a la de sus autoridades políticas, y del rechazo de otras entidades gubernamentales federales al proyecto minero, la empresa Paredones Amarillos anunció que insistirá en presentar de nuevo su solicitud haciendo uso de los recursos legales a su alcance porque, según los empresarios, los razonamientos de la autoridad ambiental carecen de “méritos jurídicos”. Al parecer, la empresa minera no ha aceptado la evidencia, pública y privada, de que su proyecto es inviable en la Reserva de la Biósfera Sierra La Laguna porque no cuenta, entre otras muchas cosas, con la “licencia social” ni el favor de actores políticos locales relevantes para su operación.

Como la mina ya no va, Paredones Amarillos irá, de la mano de su mamá Vista Gold, por el dinero del erario para reclamar la reparación de los supuestos daños ocasionados por las decisiones del gobierno, supongo que de los tres niveles, al impedirles, con razón o sin ella, la operación de su mina. Y si ganaran por disposición de un juez, pues habría que pagarles, y ya sabe usted que lo que se puede pagar con dinero, pues es barato; que se les pague lo que logren acreditar como daño y que les vaya bien.

Y a hacer agujeros en otro país o en otro estado. En donde se dejen.

Si para Enrique IV el trono de Francia bien valía una misa, la Reserva de la Biósfera Sierra La Laguna bien vale unos centavos para que no la destruyan.

Solamente así podrá darse el adiós definitivo a esta y a otras empresas depredadoras, vendedoras de empleos, desarrollos efímeros y daños para siempre.

Vamos bien pero no hay que bajar la guardia.

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