Pues yo creo que nadie mentalmente sano.
Aunque, tal vez, un día, pudiera ser el mismísimo pueblo.
Cuando despierte, claro.
Como dijo el clásico: nos la metieron doblada.
Cuando los miembros del Poder Judicial Federal les caía encima la aplanadora de Morena para aprobar las regresivas reformas que propuso amlo para su aprobación en el Congreso, yo me preguntaba:
“Y estos abogados del poder judicial federal ¿cuándo se defenderán a sí mismos? ¿en qué fecha comenzarán a defender su supuesto poder?”.
Si los integrantes del Poder Judicial no son capaces de defender sus derechos, o a sí mismos, ¿porqué tendría que hacerlo yo o cualquiera de los otros mexicanos aunque dichas reformas fueran irracionales y estúpidas?
Hasta ayer, domingo 8 de septiembre, hubo una marcha liderada por el personal del poder judicial federal en la que participaron varias organizaciones de la sociedad civil, lo que queda de la marea rosa, estudiantes de derecho, otras organizaciones y los propios trabajadores del poder judicial.
¡Al fin reaccionaron!
Desde el 5 de febrero anterior que mandó amlo su conjunto de reformas a la Constitución hasta el 8 de septiembre pasado, pasando por las elecciones del 2 de junio anterior, ¡siete meses después! de que se manifestó la voluntad de amlo de modificar la Constitución para satisfacer sus resentimientos y venganzas contra el poder judicial federal. Bueno, tomemos desde el 2 de junio, fecha en que todos supimos que Claudita ganó por un amplio margen. Y desde entonces los integrantes del poder judicial reaccionaron después de ¡tres meses!
Ninguno de los ciudadanos comunes y corrientes los iba a defender.
Nadie iba a meter un solo dedo para defender al poder judicial federal.
Y a los once ministros de la Suprema Corte, menos.
Nadie les tiene confianza, nadie los quiere, el nepotismo y la impunidad están a todo lo que da en ese poder judicial federal: de cada 100 delitos que se cometen en nuestro país solamente ¡dos! llegan a los tribunales y uno, ¡el 1% de cada 100 delitos! es condenado en un tribunal. O dicho de otra manera, en las cárceles están alrededor de la mitad de los presos actuales quienes se encuentran en prisión preventiva, sin juicio ni condena, sin haber sido declarados culpables producto de un juicio. Y las reformas propuestas y aprobadas no resuelven este gran problema, y menos el de la impunidad. Para nada. Ni siquiera rozan este gran problema.
Años y años en prisión, sin juicio, sin pruebas ni evidencia. Sin condena. Eso nos indicaría que el problema está en otro lado, no precisamente en la Corte o en el poder judicial federal.
El propio amlo los ha acusado (al poder judicial federal), sin ninguna prueba, de corruptos desde el día uno de su mandato, sin parar, día tras día. Mañana tras mañana.
Y eso ha calado hondo en la opinión pública. Lo queramos o no.
Cero investigaciones profesionales para declarar a los ahora presos, pero no condenados, culpables mediante un simple juicio, y a veces, en realidad en la mayoría de las ocasiones, solo están presos por el dicho de los agentes o policías que los detuvieron y los acusaron.
Y finalmente, después de siete meses, ocurrió lo que tenía que ocurrir, los integrantes del poder judicial federal ¡se fueron a un paro! cuando ya tenían encima a la aplanadora de morena que estaba a punto de aplastarlos.
De hecho, ya los habían aplastado, sólo que no se habían dado cuenta.
Aún cuando los diputados aprobaron, abyectamente, casi arrodillados, sin moverle una sola coma a la sustancia de la reforma del poder judicial federal que envió amlo; y después, según el protocolo, se la enviaron a los senadores para que la aprueben, faltándoles un solo senador para tener la mayoría calificada en el senado. Y al precio que sea lo conseguirían.
Pero hete aquí que un par de traidores desvergonzados, padre e hijo, les dieron su voto a favor y con eso pasaron con mayoría calificada en el senado, la reforma del poder judicial federal. El padre, Yunes Linares ha dicho pestes y sapos de amlo, no ahora, siempre. En cambio al hijo de este, Yunes Márquez, lo entiendo. Entiendo las clarísimas amenazas para él y su familia mediante la presentación que le hicieron de los expedientes en su contra y las carpetas en contra de su familia cercana. Difícil y terrible decisión, cárcel o voto a favor, con la promesa de la desaparición de los expedientes en su contra, y solo para quedar registrado por la historia como un cínico traidor sin escrúpulos.
De hecho los dos son un par de granujas y corruptos de siete suelas.
Como sea, la aprobación de la reforma al poder judicial federal es una gran tragedia para el pueblo de México.
Ya se verá.
Por cierto, en la cámara de los diputados hicieron funcionar las mayorías calificadas que les regalaron el INE y el TRIFE a los diputados de morena y aliados pero sin tocar en el reparto de los pluris, en la cámara de los senadores. Tal vez, digo, tal vez, les dio pena regalarles también la cámara de senadores.
Yo quiero decir, con toda claridad, que NO estoy de acuerdo con ESTA reforma de amlo. Sin embargo, sí estoy de acuerdo con que se requiere una reforma del poder judicial pero no solamente del federal o de la Corte, no con esa supuesta reforma que envió el desquiciado de amlo vengativa y resentidamente, con mala leche, para desaparecer hasta sus cimientos a la Suprema Corte y al poder judicial federal.
No podemos seguir haciéndonos pendejos mientras este loco de atar destruye lo poco que habíamos avanzado.
Amlo ha dicho que el poder judicial esta podrido. Pero no, no está podrido, esta lleno de nepotismo. El dato de que en el poder judicial federal hay un caso conocido que tiene hasta 26 parientes, cercanos y lejanos, pero todos de una misma familia trabajando en el poder judicial federal es aterrador. Estos adoradores del nepotismo han convertido a ese poder en SU poder.
Pero de ahí a estar de acuerdo con esta reforma que mandó amlo al Congreso, estoy en contra porque no corrige ninguno de los supuestos actos de corrupción del poder judicial federal y menos en lo que respecta a la justicia cotidiana.
¡Pues claro que de ninguna manera estaré de acuerdo con estas reformas!
El 98% de los delitos que se cometen en el país pertenecen al fuero común, es decir, se cometen en los estados de la república, y nada de eso se toca. Ni los tribunales locales de justicia, ni los ministerios públicos, ni las policías, ni la especialidad forense, nada de nada.
Las reformas de amlo son un producto de la pura venganza y mala leche.
Así no se hacen las cosas.
Y menos, en temas de esa trascendencia.
Es, ni más ni menos, que quitarle una de las tres patas que sostienen a la mesa de la democracia en nuestro país.
Una reforma de tal trascendencia requiere de la participación de todos los mexicanos involucrados, sencillamente porque nos correspondería a todos.
Y no ocurrió así.
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