Una de las primeras cosas que debe adquirir un político profesional, como amlo, es la de aprender a perder algunas características de su personalidad que le podrían estorbar en su altísima encomienda de “salvar al pueblo”. Desprenderse de algunas minucias, cualidades o virtudes que cualquier ser humano normal, que no se dedique a la política, tiene en gran estima, como la vergüenza, la dignidad y el honor, y tal vez la más importante: la verdad; al paso del tiempo, y con gran entrenamiento y abnegación, el político profesional adquiere otros atributos que le ayudarán a resistir los embates de sus enemigos reales o supuestos adversarios, entre ellas destaca, en primer término, el cinismo. Otra más de sus “virtudes” conquistadas es precisamente el no escuchar nada que no quiera oír, el dulce arte de hacerse pendejo ante demandas, reclamos o promesas incumplidas, sólo registra ruido de fondo que gracias a su arduo entrenamiento ya aprendió a no sentirse incómodo cuando se presenta.Falta una cualidad o virtud muy importante que le servirá al político profesional por siempre, tanto en su vida pública como en su entorno familiar y de amigos: aprende a proferir cualquier cantidad de mentiras sin hacer ningún gesto de desagrado o cargar con complejos de culpa por ser un mentiroso consuetudinario. Las dirá sin remordimientos, como si fuera la puritita verdad, ni se inmuta. Incluso cuando es descubierto en alguna mentira monumental hace uso de otra de sus cualidades adquiridas: el cinismo y con eso la hace, simplemente les revira a quien lo descubre: “eso no es cierto, son calumnias” y punto. Y así se la lleva, aunque haya videos o grabaciones de audio que le pudieran demostrar que en efecto dijo una mentira monumental, él mentiroso político dirá siempre “eso no es cierto, el video está trucado o alterado, mis adversarios están molestos por mis políticas” y punto. Es como cuando te agarra tu mujer en una mentira, si acaso le dices la verdad porque te sientes presionado, o simplemente porque te ataca el virus de la verdad, entonces estarás jodido para siempre.
Las nuevas “virtudes” adquiridas se van fortaleciendo conforme pasa el tiempo, dotándolo de una cáscara o concha, para que el político profesional se dedique sin sobresaltos molestos, sin vergüenza o malos ratos, precisamente, a hacer política “de la buena” para “ayudar a la gente”.
A través de años de durísimo adiestramiento han aprendido también a contestar lo que quieren, tenga o no relación con lo que les estás preguntando. A este entrenamiento han contribuido todos los medios y periodistas que preguntan y preguntan y vuelven a preguntar. Son quienes han contribuido a reforzar esta feroz preparación.
Falta una “virtud” muy importante sin la cual serían frágiles y sujetos de traumas importantes. Algunos le llaman tragar sapos, pero en realidad es perfeccionarse en el sumiso arte de tragar mierda, con entusiasmo y sin gestos, y las más de las veces, con una sonrisa franca y animosa.
Las excepciones de políticos profesionales que no adquieren estas “virtudes” iniciales serían dignas de mencionarse, sí las hubiera.
Con estas cualidades adquiridas el político profesional podrá ir por la vida pública, y a veces también en la privada, sin preocupaciones mayores. Podrá ya enfrentarse al mundo sin pena ni gloria. Con el cuero bien curtido. Imagínense cómo tendrá el cuero amlo quien acumula ya más de cuarenta años engrosándolo con su ambición, en campaña permanente, en busca del poder y la gloria, que a lo que se ha visto en estos tres años, jamás alcanzará. Hoy puede decirse que amlo tiene a su disposición estas”: el cinismo, miente como respira, ha perdido la vergüenza para siempre y ha aprendido a tragar sapos y a contestar lo que le da la gana.
Así, los políticos profesionales como él, podrán soportar desde mentadas de madre, gritándoselo directamente cuando lo ves a los ojos, hasta reclamos por incumplimientos o por las mentiras dichas repetidamente, todo será parte de su manda por dedicarse a la política profesional, y el sacrificio por “ayudar al pueblo”.
Y el cuero se les irá curtiendo más y más día a día, con cada reclamo, con cada mentada de madre, con cada mentira descubierta, con cada promesa incumplida, con cada mitin en su contra. Pero eso sí, contarán, incondicionalmente desde luego, con el apoyo de sus fanáticos. Sin ellos no serían nada. Y al paso del tiempo, con la paciencia y ambición necesarios, tendrán un revestimiento más y más abultado con una gruesa baqueta que los resguardará por siempre.
Los políticos profesionales, están bien armados, llevan incorporado en cuerpo y alma una especie de armadura que les hará inmunes e impunes a casi cualquier reclamo, señalamiento o acusación.
Después de años de sacrificio y arduo entrenamiento, al fin logran ese blindaje que los protegerá casi de cualquier cosa.
Los políticos profesionales están bien entrenados en el uso indebido del dinero público, la inmundicia de las protestas tripuladas, los acarreos pagados, las marchas con listas de asistencia y los mítines con torta y refresco. Resisten de todo con el único y loable propósito de “ayudar a la gente”, o “al pueblo”, que para el caso es lo mismo.
El siguiente paso, cuando ya se sienten iluminados, es transfigurarse en “voceros del pueblo”.
No hay cosa más detestable que contar con un político viejo que se aferre con sus ideas arcaicas a “ayudar a la gente”.
Y lo que es mucho peor aún, es tener un viejo político con viejas ideas, y aparentemente, con muchos fanáticos.
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