Tomar la decisión de ejercer el voto, presentarse en la casilla, y en ese acto consciente y razonado, votar anulando el voto con una gran cruz a lo largo y ancho de la boleta. Este hecho implicaría, claramente, que no estamos de acuerdo con las opciones presentadas en la boleta. Eso es abstención activa. No la otra, cuando ni siquiera se va a la casilla.
Abstenerse de votar lo único que garantiza es que el ganador con menos votos se alce con la victoria y se perciba como el gran triunfador en la contienda.
Nuestro sistema electoral no anula elecciones aún cuando se registre una votación del 5 o del 10% del padrón electoral. Tampoco se incluye en las boletas electorales alguna opción que diga, por ejemplo, “ninguna” en donde pudiéramos registrar nuestra protesta al no sentirnos representados por los candidatos o los partidos participantes en la elección.
Un argumento demoledor en contra de los abstencionistas simples, irracionales o conscientes, radica en que nadie sabrá nunca los motivos reales de su abstención: tal vez llovió, hacía mucho calor, o estaba crudo, hartazgo de los políticos, tuvo que trabajar, no encontró la casilla y miles de justificaciones o explicaciones adicionales, en donde cabe, por supuesto, el hecho de que no ir a votar fue el ejercicio de una forma de protesta que solamente el votante conoce. Todo mundo asume, sin muchos asideros, que la abstención es una forma consciente de protesta en contra de candidatos y partidos sin demostrar en qué basan sus razones, porque simplemente no existen, o mejor dicho, existen muchas y es imposible identificar con precisión esos motivos y enumerarlos para que se conviertan en un argumento político.
Lamentablemente los ganadores, a pesar de sus escasos votos, leerán el mensaje de que ellos vencieron porque les conviene y así venderán su triunfo después de las elecciones. Luego buscarán alcanzar la legitimidad real que los votos de la mayoría de los electores no les dieron.
Sin embargo, la temida ilegitimidad, aquella que ocurre cuando se obtiene el triunfo con una mínima votación, es completamente irrelevante. Que un gobierno, un diputado o un senador carezcan de ella no importa, en tanto las instituciones los provean de la misma al declararse la validez de las elecciones, con lo cual, pueden desempeñar sus funciones sin riesgo de caer en la ilegalidad. Se puede alegar, pelear, hacer berrinches sin límite, y paralizar (o al menos intentarlo) al gobierno, aduciendo que es ilegítimo, pero el entramado institucional seguirá funcionando sin mayores contratiempos.
Los argumentos que expongo a su juicio en esta columna, ortodoxo lector, no son de ninguna manera una invitación a no votar. Claro que no. Al contrario. Son una defensa acendrada del voto, pero con sentido, con alguna utilidad clara y contundente para que las fuerzas políticas al revisar la cantidad de votos nulos, caigan en cuenta que ya no representan a nadie, si ese fuera el caso. Es reconocer la validez de las instituciones con que contamos, pero significa, también, una afirmación inequívoca de que partidos y candidatos no nos representan en absoluto.
Esa sería la única forma de ejercer un voto de castigo activo, no pasivo.
Lo otro, abstenerse a lo tonto, y simplemente no ir a votar, carece de significado propio, es un desperdicio de la democracia porque nadie sabrá las razones por las cuales no se votó.
Decidir no votar es caer en el cinismo y en la irresponsabilidad cívica. Es aceptar que, independientemente del resultado, las cosas seguirán igual, o peor.
Por algo la tendencia abstencionista continúa en aumento durante los últimos 25 años.
No votar por algún partido o candidato, o no anular el voto si esa fuera la intención, es tirar a la basura un derecho y una obligación para permitir que las cosas no mejoren.
Bajo estos criterios, es conveniente separar los votos nulos típicos de aquellos otros emitidos con una genuina y clara intención de rechazo, al anular la boleta con una gran cruz por no estar de acuerdo con las opciones actuales. En el primer caso, es imposible saber el criterio del votante por el hecho de marcar dos casillas o tres en la boleta, o dejar su voto en blanco, así su voto se va al cajón de los errores, de los que no supieron votar, de los que no saben que hay que marcar una sola casilla con partido y candidato. Al bote de la basura.
Los jóvenes, y quienes no lo sepan, deben estar vivos para marcar una opción en alguno de los cuadros con partido y candidato, una. Puede ser una raya, un círculo, una cruz, un punto, lo que sea, siempre y cuando quede claramente expresado su deseo en el cuadro correspondiente. La otra opción es una gran cruz a lo largo y ancho de la boleta para manifestar nuestro rechazo, en caso de que lo hubiera.
A pesar de la innegable evolución democrática de México, que nos permite contar con la certidumbre necesaria para legitimar una elección, hoy es altísimo el porcentaje de los que no tienen confianza en las elecciones al sostener que no son limpias, tantos como el 66% de los ciudadanos; solamente el 16% de ellos creen en la limpieza de las elecciones (ENCUP 2008). Para llorar. Cesar Cansino considera una abstención probable del 62% en las próximas elecciones (El Universal 17/04/2008).
El 92% de los ciudadanos no pertenecen a ningún partido pero el 95.2% tiene credencial de elector, y ese plástico es, ahora mismo, un arma poderosísima. Todo es cosa de que nos decidamos a usarla con sentido. Para que las cosas no sigan igual.
En estas próximas elecciones el 67.4% de los electores está poco o nada interesado en participar, de manera que esperamos un incremento notable en la abstención. Y bien que así sea, siempre y cuando se manifiesten con claridad las razones de tal abstención. El 74.3% de los electores sostiene que diputados y senadores están más preocupados por legislar en función de los intereses de sus propios partidos y atendiendo a sus fines personales; por esa y otras razones se mantienen con el peor nivel de confianza entre todos los grupos poblacionales (Mitofsky 2008) y entre diversas instituciones: en el último lugar.
A pesar de estos datos la mitad de los ciudadanos piensa que vivimos en una democracia pero uno de cada tres está insatisfecho con los resultados.
Para fortuna de todos ya se acabaron aquellos tiempos en donde el gobernante en turno y el candidato oficial se daban el lujo de ordenarle a las autoridades responsables con cuántos votos querían ganar la elección, como sucedió, no hace mucho tiempo, en Baja California Sur. De verdad así ocurría, tal como usted lo acaba de leer.
Los protagonistas todavía andan por ahí.
El segundo paso sería exigir que en las boletas aparezca un campo que diga “ninguno” para que pueda ser correcta y concluyentemente contada como un rechazo.Por un voto con sentido, válido o anulado con propósito, pero hay que ir a votar.
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
22 abril 2009
15 abril 2009
¿Y TU NIEVE DE QUÉ LA QUIERES?
Apenas en el mes de marzo que terminó, tomaron protesta los nuevos integrantes del Sindicato Único de Trabajadores al Servicio de los Poderes del Estado, Municipios e Instituciones Descentralizadas del estado de BCS, el cual aglutina a todos los trabajadores de base, considerados servidores públicos por la Constitución Política del estado.
Atrás quedaron las campañas y las promesas en donde plantearon beneficios sin límite para los trabajadores agremiados al sindicato.
El nuevo secretario General de Comité Ejecutivo Estatal del Sindicato de Burócratas es Maximino Iglesias Caro, quien lleva años en las lides sindicales, y en ese acto hizo el compromiso de dar continuidad al trato de colaboración y cooperación que ha caracterizado la relación entre el patrón o patrones y el sindicato.
Y también reiteró, sin decirlo, el silencio acomodaticio que les caracteriza, agregaría yo, ante incumplimientos flagrante de las autoridades que eluden pagos al trabajador o no reportan el entero de sus cuotas que obligatoriamente deberían cumplir.
Pero ese no es el tema.
El tema de esta columna es la formulación de un prontuario del servidor público, en una veintena de juramentos para mejorar su desempeño. Lo propone un ciudadano común quien les exige a los nuevos dirigentes sindicales que sea implantado en el gremio; estas promesas deben quedar cinceladas en sus prosélitos en la parte más profunda de su memoria de largo plazo, para que se obliguen a asumir la majestad del servicio público cambiando su comportamiento y disposición para el trabajo productivo; además, les será útil para que se exijan a sí mismos, otorgar un mejor trato y asistencia a los usuarios de los servicios otorgados por los tres poderes.
El atento y respetuoso mensaje, como diría un clásico, es para el nuevo prócer, el Secretario General del Comité Ejecutivo Estatal, Maximino Iglesias Caro, quien ocupará este encargo durante el periodo 2009-2012, cuatro largos años, después de relevar a Gabino Ceseña Ojeda, quien fue premiado con una diputación local por su patrón. Un largo lapso en el cual, agremiados y dirigentes, no solamente deben extender la mano para exigir y recibir prebendas y privilegios insostenibles, sino también dar algo a cambio. Están obligados por la ética y la modernidad.
Estas son promesas y acciones a las que debería comprometerse un empleado público. Todas están orientadas, literalmente, a resucitar el espíritu de servicio del 85% de los servidores públicos agrupados en este sindicato. El 15% restante no lo necesita, porque asumen sus responsabilidades y funciones con el decoro y compromiso que el servicio público les requiere. Helas aquí.
1. Llegaré temprano, registraré mi asistencia y cumpliré, sin pretextos, mi horario de trabajo, aceptando los descuentos por retardos y faltas injustificadas que ocasione mi falta de responsabilidad.
2. No convertiré mi espacio de trabajo en una pestilente fonda. Ni volveré a comer tortas, vasos inmensos de frutas, fritangas, birrias, chatarra, tacos, ni frutas durante mi horario de trabajo, y menos sobre mi escritorio, ni frente a los usuarios de los servicios. Desayunaré en mi casa todos los días.
3. Juro respetar la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos del Estado y de los Municipios de Baja California Sur, actuar con ética y convencer a mis compañeros para que hagan lo mismo.
4. No venderé zapatos, ni ropa de catálogo, ni joyas, ni chácharas a mis compañeros aprovechando mis labores diarias; tampoco organizaré tandas, ni rifas o actividades lucrativas particulares durante mi horario de trabajo. Los aboneros me cobrarán en mi casa.
5. No abandonaré mi espacio de trabajo para dedicarme a la chorcha. Los cumpleaños y otros agasajos a mis compañeros los haré fuera de mi horario de trabajo y en instalaciones ubicadas fuera de las oficinas.
6. No defenderé a compañeros que son una lacra, a quienes las autoridades no pueden dar de baja por la influencia perversa del sindicato.
7. Trataré con cortesía, diligencia y rapidez a los ciudadanos a los cuales debo servir.
8. No le sacaré copias fotostáticas a los libros de mis hijos en las copiadoras de la oficina.
9. Repetiré mil veces, o hasta que logre entenderlo, que el municipio no es de mi propiedad, por ello, no heredaré ni venderé mi plaza de trabajo.
10. Seré más productivo cada día, y por el sueldo que me pagan, daré un servicio de calidad y produciré el doble de lo que ahora hago.
11. Durante mis horas laborales no iré por mis hijos a la escuela, ni al mercado, ni a las tortillas. No usaré los vehículos oficiales para asuntos personales ni utilizaré la gasolina del municipio para mi vehículo particular, ni para venderla.
12. No solicitaré licencia sindical para cobrar sin trabajar.
13. Trabajaré ocho horas tal como lo manda la Ley.
14. No sustraeré, ni usaré para mi provecho personal, materiales ni equipo y ningún artículo de mi lugar de trabajo, porque son bienes públicos a nuestro cuidado.
15. Renunciaremos al pago de terceros del 2.5% porque es una retención ilegal.
16. Implantaremos el servicio civil de carrera. Por ello nos someteremos a los principios de equidad e igualdad de oportunidades, y las plazas de base y confianza que se desocupen por cualquier causa, serán concursadas y otorgadas con base en el mérito, en convocatoria abierta y pública.
17. Asistiré a los cursos de capacitación que me indique la autoridad para mejorar mi desempeño.
18. Aceptaremos que el municipio liquide, conforme a la Ley, a los trabajadores que no sean necesarios.
19. Pagaré, sin excusas, todo aquello que destruya o dañe por causa de mi negligencia.
20. Predicaré con el ejemplo y pagaré, sin descuentos ni ventajas, y puntualmente, los servicios que otorga el municipio pagando los impuestos y servicios a mi cargo, sin privilegios, por ser un servidor público.
Sí Chucha ¿Y tu nieve de qué la quieres?
Atrás quedaron las campañas y las promesas en donde plantearon beneficios sin límite para los trabajadores agremiados al sindicato.
El nuevo secretario General de Comité Ejecutivo Estatal del Sindicato de Burócratas es Maximino Iglesias Caro, quien lleva años en las lides sindicales, y en ese acto hizo el compromiso de dar continuidad al trato de colaboración y cooperación que ha caracterizado la relación entre el patrón o patrones y el sindicato.
Y también reiteró, sin decirlo, el silencio acomodaticio que les caracteriza, agregaría yo, ante incumplimientos flagrante de las autoridades que eluden pagos al trabajador o no reportan el entero de sus cuotas que obligatoriamente deberían cumplir.
Pero ese no es el tema.
El tema de esta columna es la formulación de un prontuario del servidor público, en una veintena de juramentos para mejorar su desempeño. Lo propone un ciudadano común quien les exige a los nuevos dirigentes sindicales que sea implantado en el gremio; estas promesas deben quedar cinceladas en sus prosélitos en la parte más profunda de su memoria de largo plazo, para que se obliguen a asumir la majestad del servicio público cambiando su comportamiento y disposición para el trabajo productivo; además, les será útil para que se exijan a sí mismos, otorgar un mejor trato y asistencia a los usuarios de los servicios otorgados por los tres poderes.
El atento y respetuoso mensaje, como diría un clásico, es para el nuevo prócer, el Secretario General del Comité Ejecutivo Estatal, Maximino Iglesias Caro, quien ocupará este encargo durante el periodo 2009-2012, cuatro largos años, después de relevar a Gabino Ceseña Ojeda, quien fue premiado con una diputación local por su patrón. Un largo lapso en el cual, agremiados y dirigentes, no solamente deben extender la mano para exigir y recibir prebendas y privilegios insostenibles, sino también dar algo a cambio. Están obligados por la ética y la modernidad.
Estas son promesas y acciones a las que debería comprometerse un empleado público. Todas están orientadas, literalmente, a resucitar el espíritu de servicio del 85% de los servidores públicos agrupados en este sindicato. El 15% restante no lo necesita, porque asumen sus responsabilidades y funciones con el decoro y compromiso que el servicio público les requiere. Helas aquí.
1. Llegaré temprano, registraré mi asistencia y cumpliré, sin pretextos, mi horario de trabajo, aceptando los descuentos por retardos y faltas injustificadas que ocasione mi falta de responsabilidad.
2. No convertiré mi espacio de trabajo en una pestilente fonda. Ni volveré a comer tortas, vasos inmensos de frutas, fritangas, birrias, chatarra, tacos, ni frutas durante mi horario de trabajo, y menos sobre mi escritorio, ni frente a los usuarios de los servicios. Desayunaré en mi casa todos los días.
3. Juro respetar la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos del Estado y de los Municipios de Baja California Sur, actuar con ética y convencer a mis compañeros para que hagan lo mismo.
4. No venderé zapatos, ni ropa de catálogo, ni joyas, ni chácharas a mis compañeros aprovechando mis labores diarias; tampoco organizaré tandas, ni rifas o actividades lucrativas particulares durante mi horario de trabajo. Los aboneros me cobrarán en mi casa.
5. No abandonaré mi espacio de trabajo para dedicarme a la chorcha. Los cumpleaños y otros agasajos a mis compañeros los haré fuera de mi horario de trabajo y en instalaciones ubicadas fuera de las oficinas.
6. No defenderé a compañeros que son una lacra, a quienes las autoridades no pueden dar de baja por la influencia perversa del sindicato.
7. Trataré con cortesía, diligencia y rapidez a los ciudadanos a los cuales debo servir.
8. No le sacaré copias fotostáticas a los libros de mis hijos en las copiadoras de la oficina.
9. Repetiré mil veces, o hasta que logre entenderlo, que el municipio no es de mi propiedad, por ello, no heredaré ni venderé mi plaza de trabajo.
10. Seré más productivo cada día, y por el sueldo que me pagan, daré un servicio de calidad y produciré el doble de lo que ahora hago.
11. Durante mis horas laborales no iré por mis hijos a la escuela, ni al mercado, ni a las tortillas. No usaré los vehículos oficiales para asuntos personales ni utilizaré la gasolina del municipio para mi vehículo particular, ni para venderla.
12. No solicitaré licencia sindical para cobrar sin trabajar.
13. Trabajaré ocho horas tal como lo manda la Ley.
14. No sustraeré, ni usaré para mi provecho personal, materiales ni equipo y ningún artículo de mi lugar de trabajo, porque son bienes públicos a nuestro cuidado.
15. Renunciaremos al pago de terceros del 2.5% porque es una retención ilegal.
16. Implantaremos el servicio civil de carrera. Por ello nos someteremos a los principios de equidad e igualdad de oportunidades, y las plazas de base y confianza que se desocupen por cualquier causa, serán concursadas y otorgadas con base en el mérito, en convocatoria abierta y pública.
17. Asistiré a los cursos de capacitación que me indique la autoridad para mejorar mi desempeño.
18. Aceptaremos que el municipio liquide, conforme a la Ley, a los trabajadores que no sean necesarios.
19. Pagaré, sin excusas, todo aquello que destruya o dañe por causa de mi negligencia.
20. Predicaré con el ejemplo y pagaré, sin descuentos ni ventajas, y puntualmente, los servicios que otorga el municipio pagando los impuestos y servicios a mi cargo, sin privilegios, por ser un servidor público.
Sí Chucha ¿Y tu nieve de qué la quieres?
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