27 octubre 2008

DE LA GLORIA POLÍTICA A LA ESQUIZOFRENIA PARANOIDE

El jueves 24 de octubre la Cámara de Senadores aprobó la reforma petrolera. Debo suponer que todos vimos o escuchamos los prolegómenos y nos enteramos por los medios de los resultados finales. Hay reforma de PEMEX, y hasta donde sé, contiene modificaciones de fondo y tendrá repercusiones importantes en la principal industria nacional.
La buena noticia es que finalmente se impidió el intento de privatizar algunas actividades de la empresa. Y no porque no lo hayan intentado, lo hicieron con esmero, y no les resultó simplemente porque el Presidente Calderón no tiene la mayoría en el Congreso.
Pero lo que a mí me interesa compartir con usted, petrolizado lector, es la catártica entrevista que le hizo Ciro Gómez Leyva a Carlos Navarrete (23-X-08), Coordinador de los senadores perredistas, realizada en la sede de las nuevas y relucientes instalaciones de Milenio televisión. Se juntaron para la charla en los estudios que acaban de estrenar para el arranque de sus trasmisiones.
En la entrevista que me importa comentar, se evidencia el catastrófico perfil del perturbado Andrés. Hay un momento en que Ciro le pregunta a Carlos Navarrete, palabras más palabras menos, si habían logrado impedir, exitosamente, la privatización de las actividades de PEMEX. La respuesta fue, sin dudarlo, sí. Señaló que estaba satisfecho con los resultados porque los expertos convocados por el PRD sostenían que el tamaño de la victoria fue del 85 o 90% porque de 13 propuestas que hicieron ganaron, contundentemente, ocho de ellas, dos a medias y tres más quedaron en el tintero. Es un triunfo político por donde se le vea debido a la complejidad de las negociaciones.
El problema aparente que generó la oposición de Andrés, por enésima ocasión, fue porque en una de las reformas aprobadas aparecía un breve texto en donde decía que PEMEX “podrá autorizar campos o bloques completos para explotar” y Andrés Manuel insistía que había un riesgo por la ambigüedad de esos términos, por lo cual, exigía que apareciera en su lugar la frase “no podrá autorizar”. Pero según Navarrete únicamente lograron quitar el término “autorizar”. Con esa acción, al desaparecer el término “autorizar” y no incluirse en la Ley, entonces los servidores públicos de PEMEX no podrían “autorizar” nada en ese sentido porque solo tienen permitido hacer lo que la propia ley les faculta, no otra cosa. En caso de que hicieran algo que no les está atribuido expresamente por la Ley, merecerían ser sujetos de responsabilidad.
Y Ciro insistía, ¿Y lo entendió Andrés Manuel, se lo explicaste bien? Sí, siete veces o más, y detalladamente se lo explicó también Pablo Gómez, le replicó Navarrete.
¿Y entonces, qué pasó? Preguntó azorado el entrevistador.
No lo sé, no lo sé, era lo único que respondía el senador Navarrete. Y ejemplificó: de manera que si alguien construye su casa, al precio de un gran esfuerzo, y al final le quedan mal unos vidrios y la puerta principal ¿hay que tirar toda la casa? No. Eso no es posible. Yo no lo creo, remato contundente el senador.
¿Qué pasa con la sicología de Andrés Manuel? Lo cuestionaba Ciro casi con angustia.
No lo sé, repetía Navarrete, no lo sé.
Ciro fustigaba, ¿entonces porqué Andrés Manuel asume que no se logró nada con las reformas? No lo sé, le respondió Carlos Navarrete, no lo sé.
Destacó Navarrete que todo estaba listo para festejar el triunfo por las reformas logradas, después de una ardua negociación con sus pares y de una presión social importante. Dijo que él propuso hacer una gira por todo el país, encabezada por Andrés Manuel, para celebrar el triunfo de las ideas y propuestas perredistas plasmadas en la reforma petrolera.
Y Andrés… no quiso, dijo que no había nada que festejar.
Para un líder es una tragedia no saber ganar y una vileza no saber perder con honor; y peor aún, cuando sin importar si gana o pierde, de cualquier forma induce a sus seguidores y a su propio partido al despeñadero.
“No logro entender cómo un movimiento tan enérgico, tan vigoroso cuando tiene el triunfo enfrente no lo toma y lo hace suyo. Eso no lo puedo entender”, se lamentó el senador.
Navarrete finalizó expresando que ellos eran patriotas, que habían ganado al lograr un triunfo legislativo incuestionable en beneficio de los mexicanos; enfatizó que no permitirían, de ninguna manera, que se eche por el caño el esfuerzo de meses y meses, no solo nuestro, dijo, sino de mucha gente en el país. Reiteró que los legisladores del PRD pertenecen a una izquierda congruente, de ideas y propuestas.
La frase final de Navarrete es un estímulo a sus seguidores, “queremos darle un triunfo a nuestra gente que tanto ha hecho por eso”.
Lo que hoy está haciendo Andrés y sus delirantes seguidores es una trifulca vacía y sin destino para satisfacer a esa turba desquiciada que increpó a Carlos Navarrete llamándolo traidor, para después insultarlo, amenazarlo y correrlo de un mitin convocado por un Andrés ya instalado en la esquizofrenia paranoide.
Me parece que los perredistas de cepa, la izquierda madura, y algunos bien nacidos y honorables, agradecerán esta trascendente victoria legislativa en donde se impuso la fuerza de las ideas defendidas con dignidad e inteligencia por sus senadores.
A la izquierda sensata de este país le hacía muchísima falta relamerse las heridas y el rencor con el sabor de la victoria que un conjunto de perturbados intentan aplastar basados en una votación grotesca, perversa y embustera. A los luchadores de la izquierda les hace falta reconocerse como ganadores en buena lid y lucir sus medallas con orgullo en el podio de los triunfadores.
No lo lograron porque merced al extravío de su deschavetado líder volvieron a botar a la basura el único triunfo, ese sí legítimo, que han obtenido después del 2006. Gracias a este líder ardido y chiflado, la izquierda ha perdido casi todo su capital político, imagen y electores por montones.
Y ahora que acariciaban una buena tajada de gloria y legitimidad política frente a la sociedad, el desquiciado Andrés prefirió, una vez más, conducirlos al pantano de la confusión y a la estupidez del suicidio político. El tiempo decantará aún más las posiciones dándole a cada quien los frutos de lo que ha sembrado. Por eso la izquierda realista y democrática todavía tiene oportunidad y esperanza.

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