Pues ya tenemos nuevo Rector interino.
Caminata, mensajes, abrazos, prohombres felices, parabienes y sindicatos ganones porque les dieron todo lo que estaba en disputa.
Juego nuevo, baraja nueva. Nuevos talladores. Vaya que hay que hay materia para tallar.
En la euforia de la fiesta que todos celebramos, parece que se nos olvidó un pequeño detalle: el nuevo Rector, tendrá esa condición exclusivamente durante 180 días a partir de su designación. Nada más.
En las repetidísimas y abundantes declaraciones del nuevo funcionario se puede apreciar que, independientemente de su aparente buena fe y entusiasmo desbordante, ya tiene proyectos para la universidad, no solamente para los próximos seis meses sino para los próximos veinticinco años. Ojalá que pronto lo alcance la cordura.
Qué bueno que tenga esa visión, pero quiero decirle al Rector interino, con todo respeto, que no agarre monte como dicen los rancheros. Su función es de transición. Su trabajo es temporal y solamente durará 180 días en el cargo. No más. Tiene un trabajo específico que está definido en las reformas aprobadas a Ley Orgánica. No más.
Claro, a menos que ya alguien tenga pensado que el interino de hoy sea él próximo Rector de la UABCS, pero lamentablemente para unos y afortunadamente para otros, eso no será posible porque en las reformas aprobadas a Ley Orgánica no existe la reelección. Simplemente no se puede. El Rector de cuatro años será elegido por los universitarios “mediante voto universal, secreto y ponderado”, no será designado por el gobernador Agúndez. Quien ahora mismo sea Rector no podrá volver a serlo jamás según al artículo 13 de la reforma aprobada: “…durará en su cargo hasta cuatro años y no podrá ser reelecto para un periodo inmediato o futuro, asimismo, no podrá volver a ocupar dicho cargo como provisional, interino o sustituto”. Esas son las nuevas reglas del juego, así que a este Rector le abrieron la puerta seis meses y se la cerraron, al mismo tiempo, por los próximos cuatro años y toda la eternidad.
Este hecho convierte al Rector interino, a quien no tengo el gusto de conocer mas que por la prensa, el radio o la televisión, en un peón de sacrificio, pero que tendrá en sus manos la trascendental misión de quitarle las arrugas al conjunto de fuerzas que luchan dentro y fuera de la UABCS para dotar a la institución de un piso mínimo de orden, sensatez y estructuras nuevas que prevé la reforma.
Es más si lograra abatir la hueva inmensa que inunda a maestros, investigadores y autoridades ya sería un gran logro porque son los maestros y sus autoridades quienes pueden convertir a la universidad en una institución de a de veras, respetable. Son estos dos actores quienes han llevado a la universidad a ser lo que hoy es: casi nada. No son los padres de familia ni los alumnos, ni el gobierno del estado ni el federal. Los responsables están adentro.
De todas formas el nuevo Rector ya alcanzó un lugar en la historia, haga lo que haga, y podría concluir sus funciones de mejor manera si realmente se dedica a trabajar preparando el terreno para que la elección del Rector, dentro de seis meses, se lleve a cabo sin contratiempos mayores, en un ambiente democrático y limpio. Es todo. Nadie le pide más. Con que haga bien lo que la propia Ley Orgánica le manda es más que suficiente. Sobra.
Entiendo el ánimo festivo y el gusto que todos los sectores tienen por el término del conflicto. Pero de ahí a plantear que se van a certificar todas las carreras, que se va a evaluar a la UABCS con base en no sé que indicadores y otras complejas tareas que requieren de estabilidad, largo plazo y del concurso de todos los universitarios, es un sueño guajiro. Son buenos deseos producidos por la sorpresa del nombramiento y la calentura del término del conflicto. Es evidente que para llevar a cabo los colosales planes del Rector interino se requiere de mucho más tiempo que el determinado por la Ley al nuevo funcionario designado.
Los indicadores de calidad y eficiencia nadie los va a mejorar en seis meses. ¿Con qué? ¿De dónde? ¿Con quién? Se requieren cuando menos 25 años de trabajo constante para que esta universidad pinte en los primeros lugares del país. O tal vez más.
El Rector interino nombrado por el gobernador Agúndez tendrá 180 días, improrrogables, para convocar a elecciones y elegir al Rector que será votado por los universitarios en 165 días, y contando. Y tan tan. Adiós.
La estructura que está armando el Rector interino será efímera e inútil porque el artículo sexto de la reforma, que dispone cesar en sus funciones a todas las autoridades de la Universidad, entrará en vigor “una vez que sea electo el nuevo Rector”, y no ahora, porque así lo manda el artículo quinto, y solamente cuando asuma sus funciones el Rector elegido entrará en vigencia el artículo sexto en donde se establece claramente que “los funcionarios cesarán de inmediato en sus funciones”. Por esta razón, se tendrá que armar, otra vez, el Consejo General Universitario, la Junta Consultiva, la Junta Hacendaria, designar a los nuevos Jefes de Departamento y… lo que venga. De manera que los funcionarios ahora designados serán tan efímeros e interinos como el propio Rector.
Ojalá y alguien explique lo que está pasando.
Y también, a partir de ahora, la UABCS se tendrá que sujetar a lo que dispone el artículo 22 de la reforma que obliga a los universitarios a ceñirse a lo establecido en la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Estado.
Estabilidad, orden, transparencia y responsabilidades supervisadas de trabajadores y académicos, esa es la tarea inmediata y fatal. Por lo pronto, con eso bastará. Y es mucho si lo hace bien.
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
12 octubre 2007
05 octubre 2007
REQUIEM PARA UN RECTOR
Se va, se va, se va y… se fue.
Al señor Fidel Velásquez le pasó lo que al señor Pámanes: permaneció mucho tiempo en la dirigencia obrera sin darse cuenta de que en realidad ya no estaba; de hecho, cuando se murió, hacía tiempo que el país sabía que había fallecido cinco o seis años antes. Igual sucedió con este rector autoritario, incapaz y falto de transparencia, defensor a ultranza de impunidades propias y ajenas, que pasó a la historia negra de la Universidad como un pelele impuesto por Vale, que terminó como un rector que rompió el record de huelgas y que llevó a la UABCS a la ignominia de ocupar el ultimo o penúltimo lugar entre las universidades publicas nacionales, para revelarse, finalmente, como un rector absolutamente incompetente y mediocre para el cumplimiento de esa honrosísima función que le regalaron.
Para bien o para mal los diputados nos representan a todos los sudcalifornianos en el Congreso, por lo menos a quienes votamos, y estos próceres, gracias a una serie de milagrosas circunstancias, aprobaron la nueva Ley Orgánica de la UABCS. Excelente.
¿Por qué ahora sí tomaron la decisión de aprobarla? ¿En qué preciso instante la mayoría de los diputados mutaron cuando el único que estaba de acuerdo con el nuevo ordenamiento era el diputado Martínez Mora? ¿A quien le cargaremos los aciertos, los muertos y el tremendo golazo? Sin ninguna duda a éste último, a quien mantuvieron predicando en el desierto durante poco más de dos años.
Hoy he decidido iluminar a los sudcalifornianos con la cegadora luz del conocimiento.
La tragicomedia universitaria tuvo el desenlace conocido por todos, porque alguien juzgó los hechos en forma acertada, definitiva y contundente, en el momento justo en este tipo de escenarios. Ese juicio tiene que ver más con la identificación del momento preciso en el cual se debe de tomar una decisión eficaz, es un solo instante, irrepetible, y es indispensable distinguir el tiempo exacto en que los elementos se alinean dentro del caos al que llegó el conflicto. La identificación de los tiempos políticos idóneos es una virtud notable que solamente tienen algunos políticos para identificar la circunstancia exacta en que las ganancias sociales son máximas y las pérdidas despreciables. Pero solamente uno puede decidir. La gloria o el infierno en una sola jugada. Parece una jugada de pizarrón, pero no lo es. ¿Quién fue?
Narciso Agúndez dijo ¡ya basta! Pero lo hizo en el momento justo.
Y bastó, porque todos los diputados mutaron, perdón, quise decir votaron, alineaditos, con 18 votos a favor de un total de 18 asistentes a la sesión, y no precisamente porque estuvieran convencidos de pronto sobre las bondades de la nueva Ley Orgánica de la UABCS. La situación en la Universidad llegó a un punto de no retorno en el que todos los participantes en el conflicto se quedaron sin interlocutor, hablando solos y chiflando en la loma, cada quien montado en su macho, rotos los lazos de comunicación entre un fantasma que sostenía ser el rector y los dos sindicatos de trabajadores de la institución que lo desconocieron más la Junta y el gobierno del estado. ¿Y tú… quién eres, le dijeron al hoy ex rector? Y adiós al rector si es que alguna vez hubo uno. Baraja nueva para disputar un gran botín autónomo que al parecer, dependerá ahora sí, solamente de la mayoría de los universitarios.
No hace mucho tiempo el propio gobernador Agúndez les llamo la atención a sus colegas de partido en el Congreso, y al resto de sus integrantes, para que tomaran en cuenta las “propuestas” que de manera preocupada y responsable harían el ahora ex rector y sus corifeos. Sí jefe, le dijeron los tribunos. Fue evidente que esos fingidos deseos de los mafiosos de rectoría de hacer aportaciones geniales e inteligentes, únicas y enriquecedoras de la propuesta de Ley Orgánica jamás las quisieron presentar, jamás aportaron nada que no fuera saliva y obstáculos, simplemente porque no les dio la gana. Los miembros de esta pequeña pandilla se quisieron comer solos el pastelote. Les fallaron los tiempos. Pensaron, y aún lo piensan, que esa universidad de juguete en que han convertido a la UABCS era nomás de ellos y solamente su mafia podría meterle la mano a su antojo como lo han hecho desde hace 10 años.
El gobernador Agúndez dirá: ¿Yoooo? No señor, les juro que yo no fui, soy profundamente respetuoso de la autonomía de la universidad. ¿Pues que, no se fijaron? Fueron los señores diputados quienes en una histórica y responsable votación lograron ponerse de acuerdo y decidieron terminar con 30 años de legislación universitaria obsoleta y mafiosa Ellos fueron quienes levantaron el dedo para votar, yo no fui, ¡se los juro! Es más, ni siquiera me encontraba en el estado porque andaba en la ciudad de México junto con medio gabinete, gestionando, sin descanso, con lluvia y con granizo y malpasándome, recursos e inversiones para nuestro estado. Alguien solidario le murmurará al oído “ya no le siga mi gober porque se va a terminar la caja de Kleenex”.
Desgraciadamente esta genial jugada universitaria no le será adjudicada al gobernador Agúndez, al menos no en público, porque sería aceptar una intromisión en asuntos de la universidad y hay que guardar las formas.
Fue una carambola de varias bandas, en donde los ahora consecuentes diputados también les pasaron por encima a un conjunto de autoridades incompetentes que la posteridad conocerá como las viudas de Vale.
Deberíamos aprovechar ahora que el gobernador Agúndez se encuentra en la ciudad de México para que le proponga a Juan Ramón de la Fuente, todavía rector de la UNAM, que cuando termine su periodo nos pudiera venir a asesorar cómo hacer una universidad de excelencia.
Finalmente, también, salieron ganando otros dos olvidados sectores que en este desmadre parece que a nadie le importan: los estudiantes y los padres de familia. Sí, aunque usted no lo crea, existen y los han tenido comiendo basura por dos lustros.
Al señor Fidel Velásquez le pasó lo que al señor Pámanes: permaneció mucho tiempo en la dirigencia obrera sin darse cuenta de que en realidad ya no estaba; de hecho, cuando se murió, hacía tiempo que el país sabía que había fallecido cinco o seis años antes. Igual sucedió con este rector autoritario, incapaz y falto de transparencia, defensor a ultranza de impunidades propias y ajenas, que pasó a la historia negra de la Universidad como un pelele impuesto por Vale, que terminó como un rector que rompió el record de huelgas y que llevó a la UABCS a la ignominia de ocupar el ultimo o penúltimo lugar entre las universidades publicas nacionales, para revelarse, finalmente, como un rector absolutamente incompetente y mediocre para el cumplimiento de esa honrosísima función que le regalaron.
Para bien o para mal los diputados nos representan a todos los sudcalifornianos en el Congreso, por lo menos a quienes votamos, y estos próceres, gracias a una serie de milagrosas circunstancias, aprobaron la nueva Ley Orgánica de la UABCS. Excelente.
¿Por qué ahora sí tomaron la decisión de aprobarla? ¿En qué preciso instante la mayoría de los diputados mutaron cuando el único que estaba de acuerdo con el nuevo ordenamiento era el diputado Martínez Mora? ¿A quien le cargaremos los aciertos, los muertos y el tremendo golazo? Sin ninguna duda a éste último, a quien mantuvieron predicando en el desierto durante poco más de dos años.
Hoy he decidido iluminar a los sudcalifornianos con la cegadora luz del conocimiento.
La tragicomedia universitaria tuvo el desenlace conocido por todos, porque alguien juzgó los hechos en forma acertada, definitiva y contundente, en el momento justo en este tipo de escenarios. Ese juicio tiene que ver más con la identificación del momento preciso en el cual se debe de tomar una decisión eficaz, es un solo instante, irrepetible, y es indispensable distinguir el tiempo exacto en que los elementos se alinean dentro del caos al que llegó el conflicto. La identificación de los tiempos políticos idóneos es una virtud notable que solamente tienen algunos políticos para identificar la circunstancia exacta en que las ganancias sociales son máximas y las pérdidas despreciables. Pero solamente uno puede decidir. La gloria o el infierno en una sola jugada. Parece una jugada de pizarrón, pero no lo es. ¿Quién fue?
Narciso Agúndez dijo ¡ya basta! Pero lo hizo en el momento justo.
Y bastó, porque todos los diputados mutaron, perdón, quise decir votaron, alineaditos, con 18 votos a favor de un total de 18 asistentes a la sesión, y no precisamente porque estuvieran convencidos de pronto sobre las bondades de la nueva Ley Orgánica de la UABCS. La situación en la Universidad llegó a un punto de no retorno en el que todos los participantes en el conflicto se quedaron sin interlocutor, hablando solos y chiflando en la loma, cada quien montado en su macho, rotos los lazos de comunicación entre un fantasma que sostenía ser el rector y los dos sindicatos de trabajadores de la institución que lo desconocieron más la Junta y el gobierno del estado. ¿Y tú… quién eres, le dijeron al hoy ex rector? Y adiós al rector si es que alguna vez hubo uno. Baraja nueva para disputar un gran botín autónomo que al parecer, dependerá ahora sí, solamente de la mayoría de los universitarios.
No hace mucho tiempo el propio gobernador Agúndez les llamo la atención a sus colegas de partido en el Congreso, y al resto de sus integrantes, para que tomaran en cuenta las “propuestas” que de manera preocupada y responsable harían el ahora ex rector y sus corifeos. Sí jefe, le dijeron los tribunos. Fue evidente que esos fingidos deseos de los mafiosos de rectoría de hacer aportaciones geniales e inteligentes, únicas y enriquecedoras de la propuesta de Ley Orgánica jamás las quisieron presentar, jamás aportaron nada que no fuera saliva y obstáculos, simplemente porque no les dio la gana. Los miembros de esta pequeña pandilla se quisieron comer solos el pastelote. Les fallaron los tiempos. Pensaron, y aún lo piensan, que esa universidad de juguete en que han convertido a la UABCS era nomás de ellos y solamente su mafia podría meterle la mano a su antojo como lo han hecho desde hace 10 años.
El gobernador Agúndez dirá: ¿Yoooo? No señor, les juro que yo no fui, soy profundamente respetuoso de la autonomía de la universidad. ¿Pues que, no se fijaron? Fueron los señores diputados quienes en una histórica y responsable votación lograron ponerse de acuerdo y decidieron terminar con 30 años de legislación universitaria obsoleta y mafiosa Ellos fueron quienes levantaron el dedo para votar, yo no fui, ¡se los juro! Es más, ni siquiera me encontraba en el estado porque andaba en la ciudad de México junto con medio gabinete, gestionando, sin descanso, con lluvia y con granizo y malpasándome, recursos e inversiones para nuestro estado. Alguien solidario le murmurará al oído “ya no le siga mi gober porque se va a terminar la caja de Kleenex”.
Desgraciadamente esta genial jugada universitaria no le será adjudicada al gobernador Agúndez, al menos no en público, porque sería aceptar una intromisión en asuntos de la universidad y hay que guardar las formas.
Fue una carambola de varias bandas, en donde los ahora consecuentes diputados también les pasaron por encima a un conjunto de autoridades incompetentes que la posteridad conocerá como las viudas de Vale.
Deberíamos aprovechar ahora que el gobernador Agúndez se encuentra en la ciudad de México para que le proponga a Juan Ramón de la Fuente, todavía rector de la UNAM, que cuando termine su periodo nos pudiera venir a asesorar cómo hacer una universidad de excelencia.
Finalmente, también, salieron ganando otros dos olvidados sectores que en este desmadre parece que a nadie le importan: los estudiantes y los padres de familia. Sí, aunque usted no lo crea, existen y los han tenido comiendo basura por dos lustros.
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