Los paceños tenemos la memoria flaca. Nuestros recuerdos del pasado reciente se encuentran atrofiados. Y francamente no sé porqué me vienen a la mente algunas emblemáticas canciones de Paquita la del Barrio cuando comparo esta administración municipal de La Paz con otras de infausta nostalgia.
Los paceños estuvimos sumidos en un destino miserable al que ya casi nos tenían acostumbrados: a las penurias, a la pobreza intelectual, a la depredación administrativa como sistema de gobierno, a la falta de transparencia, a la desaparición de archivos, a la falta de registros contables sistemáticos y al orden en la finanzas públicas, a que no rindieran cuentas de sus actos, en suma, no merecíamos a esos políticos metidos a administradores para medrar, ni a mafias y pandillas políticas tribales.
Los paceños, postizos y naturales, somos parcos para el recuerdo. Somos adoradores de lo inmediato. Es una forma de ser, y tal vez, sea un mecanismo de autodefensa de la sociedad contra los malos políticos y frente a los desastres.
En el pasado reciente fuimos administrados por equipos cimentados en la complicidad y la corrupción para conducir el saqueo indiscriminado. Y recurrimos al olvido, como si no quisiéramos acordarnos o para intentar salir de una tormentosa pesadilla. Cada una de aquellas administraciones hacía lo imposible por superar a la anterior en sus niveles de pillaje y tragedia. Por eso, tal vez, nos cobijamos en el olvido y la indiferencia para hundirnos en un síndrome de inconsciencia y de incompetencia colectiva.
Se nos olvida también, que los políticos conocen a la perfección nuestra patológica vocación por la desmemoria, aún hoy la usan, juegan y jugarán siempre a su favor con el olvido de la gente.
Se nos olvidó que hoy, por segundo año consecutivo, cobran puntualmente su salario todos los empleados del Ayuntamiento y si hubiera algún infrecuente retraso, de apenas unos días, éste nunca ha afectado a los empleados de base; no hay demoras de cinco y ocho quincenas para cobrar su sueldo, ni vergonzosos rechazos en las ventanillas de los bancos. También se nos olvidó que los proveedores de bienes y servicios que surten al Ayuntamiento ahora sí están cobrando sus facturas con oportunidad dentro de los usos y costumbres que privan en el sistema comercial; hasta hoy no han recibido como pago cientos de cheques de hule. No hace mucho, vimos a decenas de pequeñas empresas quebradas por ese sistema de pago de 30, 60 y 90 vueltas al abismo y acabaron empujándolas al despeñadero. Eso también se nos olvidó.
Olvidamos que las administraciones municipales de los últimos diez años dejaron a las finanzas del Ayuntamiento de La Paz en la más espantosa ruina, se heredaban uno a otro una institución completamente quebrada por su pésima y depredadora gestión.
Se nos olvida que hoy existe información relevante del Ayuntamiento, al alcance de todos y sometida al escrutinio público. Que el presupuesto municipal se encuentra a la disposición de cualquiera en Internet. Que las cuentas públicas pueden ser consultadas por quien lo desee porque se publican en la página Web del Ayuntamiento.
También olvidamos que ahora existe un programa consistente de auditorias a las dependencias y entidades municipales. Hay vigilancia y control. Olvidamos también que se aplica, y funciona, un programa coherente y realista de austeridad para todos. Hay orden en el ejercicio de los escasos fondos captados por el Ayuntamiento.
Sumidos en la inmediatez, olvidamos rápidamente las filas interminables e indignas de cientos de menesterosos, más fingidos que reales, formados en las oficinas de aquellos presidentes municipales esperando su turno para recibir migajas o limosnas a cargo del erario sin ninguna justificación ni vergüenza.
Todo eso y mucho más dejamos en el olvido.
Hace muchos años que los paceños no escuchábamos a un alcalde informando logros consistentes, modestos avances y equilibrios financieros razonables, rindiendo cuentas y sometiéndose al escrutinio público informado. Parecen logros simples pero esa simpleza requirió de voluntad, principios, honestidad y compromiso. No hay quejas interminables sobre los servicios que otorga el Ayuntamiento y cuando las hay de peso, debemos buscar las razones de fondo en otros tiempos y no en el actual porque ninguno de aquellos bandoleros trabajó para el futuro. Se nos olvidó que hoy existe un sistema responsable de atención a quejas y denuncias ciudadanas, que no hay una sola queja formal sin atender.
El olvido y la indiferencia nos hacen injustos, nos vuelven ingratos y no permiten reconocer las diferencias, los modos, las formas, los progresos moderados pero constantes obtenidos con la participación de la comunidad. En el pasado informe de Víctor Castro atestiguamos, asombrados, y por primera vez en lustros, que no habíamos caminado para atrás. Desapareció la reversa.
Es una tragedia pensar que este XII Ayuntamiento paceño nació de la nada, sin historia ni principio, tal cual, cargado de miserias de toda índole, de problemas aparentemente insuperables porque así nos dijeron que era y así lo atestiguamos durante años. Y nos llevaron a pensar que así fue siempre el ayuntamiento: quebrado y en ruinas, polvoso y sin esperanza, carente de fondos para el pago de lo más indispensable, y lo más grave, lograron convencernos que esa era su naturaleza. Aceptamos con resignación un destino fatal. Estuvimos condenados a padecer por siempre la subadministración y el cinismo. Jodidos pero contentos abrazados al olvido.
Ahora mismo vemos que este fenómeno comenzó a morir, y espero que sea para siempre.
Por eso es importante no perder la memoria. Debemos tener presente quién es quién en la historia de las torpezas municipales, y también debemos saber, con claridad, a quién cargarle los aciertos cuando los hay, sin regateos ni egoísmos. No basta decirlo una vez, hay que repetirlo para exorcizar a los demonios del olvido y recuperar la memoria colectiva.
Hay quien reclama, debo suponer que de buena fe, la ausencia de cifras y datos en el informe, a la manera de aquellos larguísimos y aburridos discursos, en los que después de la danza de los millones y las mentiras descomunales nos vencían por cansancio y se atenían siempre a la amnesia y la indiferencia de los paceños. Ahora mismo el que quiera datos y cifras precisos, puede recurrir al apéndice estadístico que contiene el mismo informe. Pero no es válido recurrir al olvido como método de análisis o reclamar datos y cifras que, por una economía premeditada del acto mismo, ya no era posible sostener porque se convertía en un suplicio para aturdir a los invitados. Por cierto, así fue diseñado y decidido por el mismo Alcalde.
Algunos pensaron que en el acto mismo obtendrían información de fondo y datos duros para sus análisis, y en parte se equivocaron, esa información no esta contenida solamente en el informe que leyó el Alcalde, pero sí la encontrarán en el texto ampliado y en el anexo estadístico completo publicado en Internet el mismo día del informe.
Hoy tuvimos un evento más político, más reflexivo, más serio, más de reconocimiento a la comunidad toda: trabajadores, empresarios, sociedad civil, organizaciones ciudadanas y Cabildo. Más corto, sin espacio para el fastidio. Todo el informe duró alrededor de una hora y media. Sin listas ni acarreos, y estuvo presente quien quiso asistir.
Uno puede estar de acuerdo o no con el formato del informe. Eso es otra cosa. Lo que no va a desaparecer nunca es el acto político. Es parte del ritual indispensable que requieren de tiempo en tiempo la sociedad y el político, y forma parte de la pedagogía de lo público. Para bien o para mal. Para engañar o decir la verdad. Y también es probable, aunque muy discutible porque depende de estilos personales, que no se hayan mencionado asuntos públicos importantes para algunos, enfoques, ideas, énfasis, análisis y definiciones. No hubo triunfalismo y se destacaron puntualmente los problemas y retos que aún padecemos. Y tampoco hubo mentiras. Y como no hay informe perfecto, habrá tiempo para la crítica constructiva y las propuestas informadas. Ah, y Narciso Agúndez se comprometió públicamente a ayudar, para resolver en definitiva, las carencias en el abastecimiento de agua en la capital. Ya veremos.
Por estas y muchas otras razones que ya no caben aquí, quiero decirle al Alcalde de La Paz, a Víctor Castro Cosío, que lo felicito por su II informe y por su chamba comprometida. Sin regateos ni mezquindades porque los logros de los servidores públicos merecen un reconocimiento público.
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
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