Pues claro, resulta que a Omar García Harfuch lo mandaron a Sinaloa a intentar terminar con la guerra que apenas inició y con los capos elaboradores de fentanilo. Y todo debido al bocafloja de Trump y sus amenazas.
Y comenzaron los balazos en serio en Sinaloa y en todo el país. Todo el día. Y buena parte de la noche. Un regadero de muertos y desmembrados por aquí y por allá.
Y las familias culichis decidieron dejar de llevar a los niños a la escuela.
Y la gente de Culiacán se encerró en sus casas a piedra y lodo y dejaron de ir a los bares y restaurantes. Y algunos dejaron de ir hasta a sus jales.
No hay otra manera de acabar con el narco más que a balazos, es un lenguaje que entienden muy bien los malandros: a balazos y con mejores armas y personal entrenado como el ejército, los marinos y las policías estatales y municipales. Ya lo vimos a través de los años, no hay otra forma de terminar con los narcos mas que a balazos y con posiciones de fuerza pero desde el estado que es quien puede imponer la paz por la fuerza de sus propias instituciones, al menos de las que los morenistas nos han dejado con vida.
Ya vimos que los narcos no entendieron cuando alguien les dijo que los acusaría con su abuelita o su mamá. Siguieron matando y robando gente.
Y luego vino lo del Mayo Zambada y la secuela de la guerra interminable.
La única forma de terminar con los malosos y malandros es con la fuerza del estado. No hay de otra.
A balazos, porque no hay otra manera de que entiendan los narcos que los mexicanos requerimos paz y desarrollo, pero no una paz narca, al estilo del viejo PRI.
Claro que no.
Esa paz no era paz, era una simulación y una especie de permiso para actuar de determinada manera con la condición de no alborotarles a las autoridades el avispero nacional. Y desde los últimos seis años del anterior sexenio hubo el avieso propósito de que los gringos pusieran ahora a sus muertos aunque sean drogadictos. Durante los seis años de amlo nos crecieron los enanos. Y con el beneplácito y complicidad de amlo, y de sus leales autoridades, los narcos le entraron a todo tipo de negocios ilícitos en México: huachicol, extorsión, narco exportaciones al mundo, robo de vehículos, tráfico de personas, crecimiento desmesurado de cárteles, y lo que a usted se le ocurra.
El narcogobernador de Sinaloa no ha podido con el paquete. Ni el de Zacatecas, ni el de Chiapas ni el de Michoacán ni el de Chiapas y le dejo a usted lector que diga quienes más. Él gober de Sinaloa NO es parte de la solución y sí es, en buena medida, el origen del problema.
Fue un incondicional de amlo, lo que equivale a decir que cuenta con el 90% de lealtad y solamente un triste 10% de capacidades, pero su lealtad siempre fue a amlo no a Claudita.
Rocha Moya es un narcogobernador tal como amlo fue un narcopresidente.
El primero es nativo de Badiraguato y su mensajero; y el segundo, jaló como socio de los narcos, y según él, aprovechándose de ellos. Uno para el otro. Tal para cual.
Además es gobernador porque estuvieron de acuerdo los narcos con su elección, pues como lo dijo el propio gobernador: “no nos hagamos pendejos”. Así justamente se lo dijo a Salvador Garcia Soto, columnista del Universal quien nos lo contó en su colaboración diaria del 12 de agosto del 2021 (aquí dejo el enlace para quien quiera hacer la consulta): “Era agosto de 2021 en Culiacán. Rubén Rocha Moya, prestigiado exrector de la UAS, era gobernador electo de Sinaloa, después de haber ganado los comicios estatales en julio de aquel año. Tuve oportunidad de entrevistarlo en la cabina de la estación del Heraldo Radio en la capital sinaloense y al salir de la entrevista me propuso que fuéramos a comer. Terminado el noticiero abordé con él una camioneta Suburban que lo esperaba afuera de la estación.
“¿Cómo ves las cosas para la transición con Quirino?”, le pregunté: “A toda madre, el Quirino se ha portado a la altura y ya estamos avanzados en la entrega-recepción”, me respondió con su acento sinaloense y con la emoción evidente de estar a punto de convertirse en gobernador de su tierra. “Yo no soy tan político, pero el presidente me pidió que compitiera y no podía decirle que no”, comentó en el trayecto al restaurante donde comeríamos.
“¿Y cómo se gobierna un estado con un cártel tan poderoso?”, le solté. “Pues, mira Salvador, no nos hagamos pendejos. Aquí todo mundo sabe cómo está la cosa. Yo fui y hablé con ellos, los conozco porque soy de Badiraguato. Y yo fui a pedirles su apoyo. Quien te diga que quiere gobernar Sinaloa y no tiene el visto bueno de ellos, te miente. Así es la cosa aquí, para qué nos hacemos pendejos”, me contestó el gobernador electo en un ataque de sinceridad.
Ante la claridad de su comentario no hice más que asentir. Por primera vez escuchaba de un político sinaloense reconocer lo que todo mundo sabe en Culiacán y en todo Sinaloa. Rocha Moya no sólo aceptaba que tuvo que buscar el aval de los narcotraficantes para poder llegar al poder, sino que reconocía tener con ellos una relación de paisanaje y conocimiento mutuo…}.
Ahora resulta que el que “se hace pendejo” es otro. Porque ahora no quiere reconocer que dijo lo que dijo, cuando palabra por palabra se las dijo tal cual al columnista Garcia Soto.
En el colmo de la desvergüenza ni siquiera lo dejarán renunciar por lo que ya todo México sabe. Y los que dicen que no sabían nada se hacen como el gobernador de Sinaloa: pendejos.
La prensa nacional ha dado amplísimos testimonios sobre este agudo problema de las narcoelecciones del gobernador actual de Sinaloa y de cómo fueron secuestrados los operadores del PRI, y de otros partidos, durante la jornada electoral reciente para que no intervinieran en la elección.
O sea, que el triunfo de Claudita no solamente nos costó un dineral del presupuesto, o a amlo y a sus cómplices, sino que les pagamos, entre todos, su campañota, ilegal y a destiempo, sino que, además, contaron con el apoyo armado y la ayudita de los narcos de todo el país, quienes los auxiliaron para asegurarse de que los morenistas ganaran las elecciones en varios estados del país, no solamente en Sinaloa sino particularmente en todos los estados que colindan con el Océano Pacífico.
Qué curioso ¿no?
Así cualquiera.
Hasta yo hubiera ganado.
Reitero lo que ya he dicho, lo primero que pierden los políticos aún antes de llegar al poder es la vergüenza, se vuelven cínicos y les da por apropiarse de lo que no es suyo.
Hasta babean por el poder.
1 https://www.eluniversal.com.mx/opinion/salvador-garcia-soto/rocha-moya-no-nos-hagamos-pendejos/