Hace unos días se fue para siempre Musachio (lo conocí siempre con ese nombre) nada de Beto o Humberto…
Fue uno de esos amigos de juventud, de la prepa, de la UNAM, de joven pues. Ambos lo éramos.
Yo al menos ya no lo frecuentaba. Lo dejé de ver físicamente hace años. Lo leía eso sí. Ya sea en Excélsior o en cualquier otro medio que me lo encontraba. Siempre sobre la cultura porque esos eran sus temas. Al igual que su hija Marusia quien escribe en el Reforma a veces a quien ya no conozco.
Sé que fue uno de los destripados (así se les llama a los que abandonan el salón de clases) de la UNAM, de economía para ser precisos. Alguien me dijo que sacaba puro 10 y que no aceptaba ninguna otra calificación menor, mientras estuvo en la Facultad de Economia. Creo que perdimos a un buen economista pero ganamos a alguien que dedicó su trabajo, y su vida, a la cultura.
Fue el gran maestro del Diccionario Enciclopédico de México, una obra monumental y que disfrutamos todos gracias a la maestría de Musachio.
Aun recuerdo cuando preparaba mi tesis profesional para culminar mi carrera profesional pues le saqueé por completo su biblioteca, bastante surtida, por cierto. Claro, eran puras cosas que me servían para mi trabajo. No protestó, ni dijo nada respecto al saqueo de que había sido víctima, tal vez, involuntaria, y yo algo le dije como: “Luego te los devuelvo” o “ te juro que te los regreso”. Lo que no sabía y que con el tiempo lo aprendi es que “gavilán que agarra y suelta no es buen gavilán” o aquello infaltable de que “yo sí devuelvo los libros”. O las revistas que, para el caso, es lo mismo.
Alguna vez me regañó hay que confesarlo y se lo agradezco. Era un asunto relacionado con los chinos que viven en China yo dije algo como “pinches chinos” y me dijo que no había que generalizar tan fácil y con una población tan grande, que había toda clase de chinos. O algo así. Todos mis amigos se han ido muriendo unos de viejos lo cual es lógico y otros prematuramente lo cual no es natural.
Así se han ido Agustin Granados. Alfonso Real, Felipe Madera, Lorenzo Martínez ,el maestro Ruiz Acosta, como agua entre los dedos, y varios otros cuyos nombres ya se me fueron de la memoria y el más reciente Humberto Musachio.
Va un recuerdo: No sé cómo acabamos en casa de mi madre doña Laura Somellera Zaragoza. Acabábamos de terminar alguna parranda, ya en la mañana. Y la luz del día nos sorprendió o mejor dicho nos dejamos sorprender. Maricela la esposa de Agustin se quedó en mi casa con mi madre. Por cierto Maricela estaba embarazada de Jimena. El caso es que andábamos en la calle los tres: Agustín, Musachio y yo. Recuerdo que mientras caminábamos platicando Musachio y yo. Algo pasó, no sé si Agustín pretendió llevarse la botella de leche o se la tomo, el caso es que cuando volteamos, Agustín se estaba peleando con un vecino de Villa Coapa en el momento en que este salió a recoger una botella de leche. Los separamos, o más bien, detuvimos a Agustín porque estaba furioso y luego nos fuimos tranquilamente a la casa.
Adiós Musachio muy pronto te alcanzaremos en donde quiera que te encuentres…