Lamento frustrar sus altas expectativas turísticas, esperanzado lector, pero el título de esta columna obedece a un viejo chiste. El chascarrillo estaba destinado a aquellas ciudades que en su afán de ser “modernas” comenzaron a invadir las calles con semáforos, topes y altos sin ton ni son, por toda la ciudad, entonces, algún ingenioso que nunca falta, sacó la frase que le da el nombre a la columna. “Esta ya es una ciudad de primera… porque nadie alcanza a meter la segunda”. Aceleradamente La Paz se convierte, cada vez más, en una ciudad “de primera” de la que no escaparán ni los carros automáticos. Las ciudades “de primera”, las reales, tratan de acortar los tiempos de trayecto y de aumentar las velocidades crucero para hacer más fluido el tráfico.
Pero a los paceños nos atacó desde hace un tiempo la fiebre de los altos simples, de los cuatro altos, de los topes y ya se inventaron las gruesas riatas de muelle para colocar topes temporales. Para acabarla de amolar, si a algún dadivoso empresario le da por apoyar a la ciudad lo primero que se le ocurre es donar un semáforo. Los términos “topelandia” y “topetown” son cada vez más frecuentes en las conversaciones de toda índole. Y en el colmo de la tontería hay topes y bordos al por mayor hasta en el estacionamiento del mismísimo Teatro de la Ciudad. De veras, que se pasan.
Los despavoridos ciudadanos de La Paz aquellos que ondean la bandera de “nativos y con arraigo” y muchos postizos, ven con preocupación que a pesar de bordos, topes y semáforos, los niveles de velocidad aumentan por toda la ciudad, en especial, cuando ven pasar un vehículo a 60 km/h, y piensan que va a la velocidad de la luz; y lo primero que hacen es quejarse ante las autoridades de Tránsito, con el Profe Víctor Castro, en el radio, y solicitan, exigen, por cientos, que se instale una barda (tope) o ya de perdida un cuatro altos porque los semáforos son muy caros. Como si no fueran suficientes los cientos de vados que construye el SAPA después de arreglar algún drenaje colapsado o cuando tapa las miles de fugas de agua potable que ocurren por toda la ciudad; no hay elección, imposible escaparse: o construyen un bordo cuando repavimentan o nos heredan un vado, el caso es que nunca le atinan, y aunque se esfuercen, nos han demostrado que jamás dejarán parejo el pavimento. Son muy diligentes para romper las calles y reparar las fugas pero a la hora de dejar las calles como estaban, o tal vez hasta mejor, algo les sucede y no lo hacen bien. Las razones son un misterio: porque no saben, no se les da, no quieren, no les importa, o sencillamente son indolentes en el cumplimiento de su trabajo. A estos esforzados trabajadores nadie les enseñó cómo pavimentar bien, con un mínimo de calidad, como la gente, con la técnica que se requiere para hacer las cosas bien. Los he observado aplanando carpeta caliente ¡¡ con los pies¡¡ En 20 años no les he visto un solo trabajo bien hecho y estoy seguro que usted tampoco, vigilante lector.
Los polis no tienen otra opción que medir la velocidad “a ojo”, ellos sabrán con precisión absoluta si va usted a 60, 80 o a 120 km/h, con sólo verlo, y nos detienen porque, según el chip medidor que traen en el cerebro, excedimos la velocidad permitida. Ni hablar de los radares. Los letreros que fijan la velocidad máxima de circulación en las calles de La Paz, se quedaron pasmados, como parte del paisaje citadino, en velocidades de 1980 cuando andábamos a 15 o a 20 km/h por las interminables calles de tierra. He visto un solo letrero por la Forjadores que dice “velocidad máxima 30 km”, en cambio en el malecón paceño permiten 40 km/h, con esas velocidades quieren convertirnos en un pueblo bicicletero. Hoy eso ya no es posible aunque traten de detener los vehículos en cada esquina. Polis les van a faltar.
Un indicio del desarrollo, nos guste o no, es el incremento de vehículos y de la velocidad de circulación pero este síntoma no va acompañado por un cambio en la mentalidad de los funcionarios, o más bien de los “técnicos”, que se encargan de fijar y vigilar los límites de velocidad, ni en el chip de los polis. Y la consecuencia es clara, no hay un señalamiento en toda la ciudad que respeten los automovilistas; así hay altos totales que no lo son tanto, y cuatro altos en los que nadie se detiene por completo o nomás tantito, ni siquiera los polis con su radar cerebral hacen alto total en los cruceros con disco, ellos son los primeros en infringir el Reglamento de Tránsito que están obligados a cumplir. Otros señalamientos ni se ven o no existen.
Es entonces que entran en acción nuestros “expertos en tráfico” y en automático piensan que debe bajarse la velocidad, a como dé lugar. Asumen que todo tiene que ver con la “gran velocidad” a la que circulamos por las calles de ciudad. Jamás pensarán en hacerla más fluida para acortar los tiempos de traslado sino en cómo detener mejor a los automovilistas. Aún existiendo señales, los policías no alcanzan a explicarse porqué los tercos automovilistas no se detienen y aprenden a ir más despacio (a velocidad de bípedos). En el colmo de la tontería hay vialidades principales que, en varios tramos, cuentan ya con un estúpido e inexplicable disco de alto o un tope en cada anodina esquina. O ambos.
Esa es la inequívoca señal de que ya entraron en acción los expertos en tráfico chollero. ¿Sabe usted cuántos especialistas de esos tenemos en Tránsito? Decenas. Pero ninguno de verdad. Las ciudades modernas han logrado resolver sus grandes problemas de tráfico mediante el uso de tecnología apropiada cuando se aplica por gente capaz, especializada y responsable. Según me informan solamente existen cuatro expertos en esta materia en el estado y no trabajan en Tránsito.
¿Sabe usted cómo definen nuestros expertos cholleros si un lugar debe o no tener un cuatro altos o un tope? Bueno, primero por algo muy relacionado con las mejores técnicas de tráfico: la presión vecinal. ¿El argumento principal? “Es que pasan muy rápido”. En otros casos determinan cuántos accidentes han ocurrido en ese lugar sin importar a qué se debieron aunque siempre asumen que fueron por exceso de velocidad y siempre el conductor es el culpable; después, cuentan los vehículos que circulan por la zona y supongo que si pasan de determinada cantidad establecida en un manual de la SCT pues deciden poner un obstáculo para que no vayan tan aprisa, según el librito y su criterio bicicletero, y así, como autómatas, deciden que un alto o varios impedirán la ocurrencia de accidentes. Determinan también que los flujos en ambos sentidos sean equilibrados pero no crea usted que cuentan los vehículos con un aparato, no, los cuenta una persona, uno a uno, durante las horas pico en lapsos de 15 minutos varios días o uno solo.
Un altísimo porcentaje de los 220 accidentes mensuales, en promedio, que ocurren en la ciudad, es atribuido por los otros expertos, los “peritos” cholleros, al exceso de velocidad cuando no necesariamente es la causa primera que provoca los accidentes. Los accidentes de tránsito son producidos por impericia y falta de concentración; en ambos casos el catalizador puede ser el alcohol y la estupidez. Así el conductor puede ser un pazguato para manejar y tener o provocar un accidente. El orden en el tráfico de las ciudades se confunde frecuentemente con el hecho de poner obstáculos para impedir que los autos circulen a mayor velocidad, suponen que de esa forma se impedirán los accidentes si todos circulamos a velocidad de bicicleta.
En las recientes “Jornadas sobre Tráfico Urbano”, organizadas por la Asociación de Sistemas de Transporte Inteligente ITS España y la Asociación de Ingenieros Municipales y Provinciales de España (Aimpe) insistieron en que “la falta de recursos humanos incide de forma directa en los problemas que genera el tráfico, ya que la mayoría de éstos -60 por ciento- procede de una planificación deficiente que podría mejorarse de forma sustantiva si aumentase la contratación de ingenieros especialistas en tráfico urbano. El resto de los problemas procede, en un 30 por ciento por una ordenación del tráfico inconveniente y el diez por ciento por una regulación semafórica inadecuada”. Estos profesionales de verdad no evidencian el problema de la velocidad “excesiva” como una de las causas principales de accidentes en las ciudades.
Pero ¿cuántos son “muchos” vehículos como para poner un cuatro altos? Este es el secreto mejor guardado en las computadoras de nuestros técnicos cholleros. También supongo que investigan si ha habido “muchos” accidentes o “pocos”. Nadie sabe si los 97 muertos por año son “muchos” o “pocos”. Pero ¿cuántos son “muchos” accidentes, 10 al mes o 50? Todas las ciudades tienen un porcentaje irreducible de accidentes, digamos normales, para sus niveles de tráfico, tamaño y número de automóviles. Estos expertos nunca piensan en que los pésimos diseños en la circulación o una señalización deplorable son una de las causas principales de los accidentes. Tampoco piensan que circulamos por calles que son verdaderos deslizaderos cuando frenamos, debido a un pequeño detalle que nadie toma en cuenta: la arena y tierra que contiene el pavimento provoca que la distancia de frenado total sea mucho más larga que en un pavimento limpio, se pierde fricción. ¿Quién y cómo resolverán este problema? El diseño de la circulación actual es básicamente el mismo que hace 20 años y es fundamental estudiar, diseñar y planear la circulación. El diseño de las vialidades de La Paz es de “pueblote” que funciona a la buena de Dios. Los pocos semáforos que existen en la ciudad no están sincronizados, nunca lo han estado, y como dijo Don Teofilito…
¿Hay algún ingeniero especialista en tráfico? No.
¿Hay un solo ingeniero especialista en transporte urbano o vialidades? Menos. ¿Lo habrá algún día? No.
Continuemos pues con el 5° lugar en lesionados por accidentes en el país, 526 cada año y contando. ¿Y dónde están los criminalistas que se forman cada año? Seguramente trabajando en algún supermercado, sus lugares los ocupan varios trabajadores carentes de formación profesional que escalaron posiciones burocráticas hasta convertirse en “peritos expertos”. Esa es la regla.
Diosa griega de la "redistribución" o del equilibrio. Su labor era castigar a aquellos que cometían crímenes y quedaban impunes, a la vez que recompensaba a los que sufrían injustamente. Bajo este nombre se publican todas las columnas que aparecieron en el periódico El Sudcaliforniano en La Paz, Baja California Sur. A partir del 7ene2017 solamente se publican comentarios y algunas columnas en este Blog.
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