26 febrero 2009

LOS ENGENDROS DE CIUDAD JUÁREZ

El embarazoso y mal llamado tema de las muertas de Juárez, describe una serie de asesinatos impunes de mujeres, casi en masa, y es conocido por toda la población nacional, en buena parte por el trabajo de los medios, debido a la descomunal cifra negra y la perversidad de los crímenes.
Es y ha sido, porque continua, un feminicidio impune, un crimen de género que se multiplica todos los días gracias a la corrupción y a la incompetencia de las autoridades locales de Juárez, a las del estado de Chihuahua, y de manera destacada, a las federales.
La difusión sistemática de los crímenes cometidos en ciudad Juárez en contra de una infinidad de mujeres, anónimas para todos excepto para su familia y amigos, ha ocasionado que la sociedad de consumo no reaccione ni se enerve con estos datos y el fenómeno en sí mismo, el cual, para nuestra desgracia, se ha convertido en una parte del paisaje noticioso donde se describe un crimen tras otro hasta insensibilizar al receptor que ve pasar los cadáveres a través de su canal preferido de televisión o en la prensa misma.
El fenómeno es equivalente a los asesinatos relacionados con el crimen organizado, a fuerza de escuchar cómo se matan todos los días, pasan a un segundo plano y pierden impacto. El análisis, cuando lo hay, pasa por la comodidad de nuestras casas en donde pensamos, ingenuamente, que aún estamos a salvo y que esa pesadilla no nos puede ocurrir a nosotros. Pensamos que este tipo de crímenes están muy lejos y por ello nos preocupamos menos, si acaso nos alcanza el desasosiego.
Especulamos de manera absurda que el problema es de “otros”, mexicanos también pero “otros” al fin, pero no nuestro ni de nuestra realidad inmediata.
Pues ya hicieron una película sobre esta pesadilla infame.
La fui a ver en cuanto se estrenó y he de confesar que me causó una gran desazón, rabia, impotencia, incredulidad, molestia, inquietud por tratar de ayudar, afán por hacer algo, lo que fuera, para que los juarenses pudieran vivir su vida simple y su infierno laboral sin la pesadilla de ser asesinados con tal saña que supera cualquier fantasía hollywoodense. Durante y después de ver el filme, el estómago queda hecho pinole y el hígado inflamado por las escenas de alto impacto visual.
El tema es muy cinematográfico y la película logra su cometido de inquietar a los cinéfilos, de causarles un hondo malestar. Horror. Tiene de todo, excepto fantasía, porque no es ficción, no es un cuento, los cuerpos de esas mujeres mancilladas, asesinadas y destruidas existen por cientos.
Yo no puedo entender cómo los juarenses han aguantado tanto. Nno puedo concebir cómo se han tragado sus gritos, su coraje, su miedo y su iniciativa si es que alguna vez los tuvieron. Asumen, tal vez, estoicos, que “así es la vida” en Juárez y como ninguna de las mujeres asesinadas era o es su pariente, ni conocida, pues no les afecta. O tal vez los agobia el peso de la dura sobrevivencia diaria que les otorga a los juarenses una gran insensibilidad y esclerosis mermando su ánimo para, apenas, irla pasando hasta desligarlos de su propia condición de seres humanos solidarios. Autómatas, zombis, que ven pasar la vida y la muerte en los de la acera de enfrente aportando más del 60% de los muertos por la narcoviolencia en el país sin contar a sus propias mujeres exterminadas.
La situación es gravísima. Corren por la misma pendiente el narco, el terrorismo, la degradación social, la miseria, el desempleo y la crisis económica que golpean a Juárez; también la migración de paso y la rechazada que permanece, la corrupción, el crecimiento explosivo de las extorsiones de toda índole y la falta de ejercicio de la autoridad local y estatal y desde luego, de la federación. Hace muchos años que las autoridades municipales fueron anuladas, imposibilitadas para hacer algo como no sea ver lo que pasa. Y tengo la impresión de que la sociedad misma tolera esta situación humillante llegando al grado de que la base social del crimen organizado crece fatalmente dejando su secuela de muerte, terror y degradación. La población juarense está siendo intimidada y asesinada permanentemente por el crimen organizado y sus autoridades han sido sentenciadas a muerte por los narcos. Estos criminales han amenazado a todas las autoridades locales legalmente constituidas dando la impresión, errónea a mi juicio, de que van ganando la batalla.
Y exactamente del otro lado, en El Paso Texas, los juarenses coexisten y comparten su vida y economía con la segunda o tercera ciudad más segura de los Estados Unidos.
¿En dónde perdieron los juarenses la dignidad, el decoro y el respeto por sí mismos para no hacer lo que haga falta y terminar con este horror que ha durado años?
La inmensa mayoría de los juarenses tratan de sobrevivir. Su vida es precaria como el entorno que los rodea. Para desgracia mayor de los juarenses, las autoridades federales han sido sordas, mudas y omisas ante el problema, y las locales inexistentes.
Uno se pregunta ¿Dónde están ahora y dónde estuvieron las autoridades? ¿En dónde se perdió la función principal de los tres órdenes de gobierno para brindar protección y seguridad a sus ciudadanos?
La película que da puntual cuenta de este flagelo, tiene el poder de inquietar y angustiar, como pocas. La parte oscura de nuestra realidad. Se llama Backyard Traspatio. Es de muy buena factura, fotografía realista, sin el maquillaje dulzón del melodrama, buen guión y excelente dirección. Exhibe el problema y no pontifica sobre el fenómeno.
Cine mexicano de calidad por los cuatro costados.
A pesar de que, tramposamente, la cartelera en Internet del Cinepolis no anuncia la película, sí se encuentra en exhibición. Quiero pensar que, como es cine mexicano, esperan su fracaso, que nadie la vea, y por esa misma razón, la ubican, además, en su peor sala para alegar que hay poca asistencia y quitarla lo más pronto posible.
Usted véala, cinéfilo lector, le aseguro que no se va a arrepentir.

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