14 septiembre 2007

CHIAPAS, CLXXXIII ANIVERSARIO DE LA ADHESIÓN DEL ESTADO A LA FEDERACIÓN

Un día como hoy, 14 de septiembre, fue declarado día de fiesta nacional por el entonces Presidente de la República, General Abelardo L. Rodríguez, en un decreto expedido el 22 de diciembre de 1933, con el fin de conmemorar la federación de Chiapas a México, transcurrieron 109 años después de aquel histórico suceso.
La celebración de este aniversario contiene todos los elementos para ser un acto festivo de singular relevancia histórica porque son escasos los estados que libremente deciden unirse a otros por su propia elección.
Celebramos un cumpleaños muy importante que debemos recordar para siempre.
El hecho histórico que ahora conmemoramos tiene, desde luego, una alta significación política. Ponderemos, pues, la decisión de los chiapanecos porque resolvieron una parte importante de su destino: pertenecer al conjunto de estados federados que hoy es México.
Con ese acto soberano, los chiapanecos de ayer nos enriquecieron, y contribuyeron a hacer más grande esta patria mexicana nuestra, de todos.
Porque conviene subrayarlo, para no ser injustos por olvidos involuntarios o aviesos, es legítimo insistir en que los propios chiapanecos fueron quienes decidieron a principios del siglo 19 ser mexicanos de pleno derecho, lo que sea que esto haya significado en esa época. Lo decidieron así el 14 de septiembre de 1824 y dejaron constancia de su decisión en el documento que llamaron “Acta del Pronunciamiento Solemne de Federación del Estado Libre de Chiapas”.
Solamente los seres libres pueden decidir y los chiapanecos lo hicieron.
El dilema de su destino y pertenencia fue resuelto por los chiapanecos en una histórica votación plebiscitaria que arrojó los siguientes resultados: 96,829 chiapanecos se decidieron por la federación de Chiapas a México; 60,400 por la anexión a Guatemala; y 15,724 se declararon neutrales.
Eran los tiempos ya muy lejanos en que los mismísimos presidentes de la república y los gobernadores dirigían personalmente sus batallas por la patria y también las personales.
Eran los tiempos del imperio fallido de Agustín de Iturbide, de Antonio López de Santa Anna gobernador de Veracruz, y de Guadalupe Victoria primer presidente mexicano designado en 1824. Eran los tiempos de Nicolás bravo, de Vicente Guerrero, y de tantos héroes más que ayudaron a construir con su sangre, y el fuego apasionante de sus ideas, la nación mexicana. Todos actuando en un México que apenas nacía a la independencia, cuando la disputa de fondo por la nación se daba entre centralistas y federalistas.
Los chiapanecos decidieron unirse a la federación de los Estados Unidos Mexicanos. Se unificó formalmente lo que la geografía y la historia ya habían unido desde tiempos remotos.
Los chiapanecos se federaron.
Porque deben saber ustedes que el verbo federar sí existe y significa “unir por alianza, liga, unión o pacto entre varios”.
Tomar este tipo de decisiones, en cualquier tiempo, debe ser muy difícil, pero concede a quienes la asumen un hondo sentido de pertenencia, tal vez mayor si lo comparamos con quienes solamente nacieron en ese territorio sin decidir previamente pertenecer a él.
Y es más trascendente este hecho histórico porque los chiapanecos de entonces bien pudieron haber decidido convertirse en un estado independiente de tamaño medio parecido, más o menos, al promedio de superficie que hoy ocupal algunos países de Centroamérica.
Pero también tuvieron en sus manos la decisión de anexarse a Guatemala y no lo hicieron.
Por eso celebramos que en aquellos lejanos tiempos, hace 183 años, los chiapanecos de entonces hubieran decidido federarse a México.
No hubo grandes batallas ni guerras de conquista para ganar el territorio chiapaneco.
En ese tiempo, no hubo exterminio de pueblos indígenas ni de mestizos ni criollos, tampoco hubo ambición de oros y tesoros para apropiarse del territorio chiapaneco.
No se derramó sangre de ningún mexicano ni de ningún chiapaneco de entonces por la codicia de apropiarnos de un espacio habitado, patrimonio de etnias y pletórico de riquezas naturales.
En Chiapas, después de 183 años, existen 12 de las etnias mexicanas reconocidas, entre las que se encuentran los pueblos Tseltal, Tsotsil, Ch´ol, Tojol-ab´al, Zoque, Chuj, Kanjobal, Mam, Jacalteco, Mochó, Cakchiquel y Lacandón o Maya Caribe.
Si recordamos que Don Miguel Hidalgo y Costilla decretó la abolición de la esclavitud en 1810, que suprimió los tributos pagados por los indígenas a la corona y restituyó las tierras usurpadas a los indios por los hacendados, tendremos la certeza de que los habitantes indígenas originales de esa gran región no fueron consultados, ni mucho menos, participaron en la decisión de formar parte de México porque su condición de indios, casi esclavos, en aquellos lejanos tiempos, los marginó de la toma de las grandes decisiones en el estado, a pesar de que estos pueblos fueron los dueños oroginales de ese vasto territorio y nativos naturales del dilatado espacio que hoy ocupa el estado de Chiapas.
Aún antes de que existieran las fronteras, estos pueblos indígenas ya habitaban y explotaban la región, conviviendo con otras culturas que abarcaban desde los confines del imperio Azteca y Tolteca hasta la zona Olmeca del Golfo de México pasando por las regiones mayas de Yucatán y Guatemala. Todavía quedan restos maravillosos del esplendor de sus culturas.
Al paso de la historia y a la luz de indicadores recientes de bienestar y de desarrollo humano, habrá que preguntarnos hoy, si aquéllos frailes promotores de la unión y los notables mestizos y criollos que participaron en la federación del estado de Chiapas a México en 1824, decidieron correctamente.
Pensemos bien, objetivamente, ¿qué han recibido los chiapanecos a cambio de pertenecer a la federación de los Estados Unidos Mexicanos, a la que decidieron incorporarse por su propia convicción?
En esta polémica cada quien tendrá un punto de vista.
Apuntemos solo algunos datos.
En el Índice de Desarrollo Humano que publica el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la ONU, Chiapas está en el fondo del desarrollo nacional: ocupa el lugar número 32, el último sitio entre las 32 entidades federativas que forman hoy los Estados Unidos Mexicanos asociados en una federación.
Chiapas no es un estado pobre, nunca lo ha sido.
Al contrario, es y continua siendo, un estado olvidado por los políticos nacionales y locales aún cuando dispone de un potencial extraordinario de riquezas materiales, naturales y de capital humano.
Chiapas es ahora mismo el octavo estado más grande del país. Sin embargo, uno de sus indicadores básicos en materia de educación primaria en español, revela que ocupan la última posición tanto en primaria como en secundaria comparado con el resto de los estados del país; mientras que el nivel de conocimientos en matemáticas de primaria ocupan el lugar numero 30 y en secundaria ascienden al lugar numero 19, entre los 32 estados del país.
La grata sorpresa que nos dieron las evaluaciones educativas recientes es que en Chiapas se encuentra la mejor escuela primaria del país, la que obtuvo los mejores resultados entre 76,428 escuelas primarias. ¿Cómo fue que lograron esta hazaña con sólo dos maestros para impartir la primaria completa a un puñado de alumnos indígenas y en una escuela escondida en plena selva chiapaneca, en medio de la nada?
Dato insólito para la reflexión de los maestros.
Los chiapanecos han logrado alcanzar un honrosísimo segundo lugar como uno de los estados menos corruptos del país. Desde el 2001 han avanzado de manera sistemática para lograr este envidiable segundo lugar nacional (16º ,6 º y 2º).
También destaca su extraordinaria posición en el Índice de Transparencia Fiscal y Administrativa en donde han ocupado el primer lugar durante los últimos tres años, destacando como el estado con mayor transparencia fiscal y administrativa en relación con el resto de las entidades del país.
Estos avances no son cosa menor, pero no son suficientes para mejorar los niveles de vida de los chiapanecos.
Chiapas es un estado abundante y generoso en recursos humanos y productivos los cuales pueden apuntalar y garantizar su desarrollo. Y en contraste, es un estado habitado por gente que ronda, desde siempre, los peores niveles de bienestar y pobreza en el país.
Cuatro estados del sur y sureste mexicano comparten los más bajos niveles de desarrollo humano. Sin embargo, es Chiapas el estado que ocupa el último lugar.
El 30% del agua superficial de todo México se concentra en Chiapas. También generan alrededor del 54% de la energía hidroeléctrica del país. Aportan el 21% de la producción nacional de petróleo crudo y el 47% de la producción nacional de gas natural.
El estado de Chiapas aporta solamente el 1.7% del producto interno bruto nacional.
Entre las muchas contribuciones chiapanecas a lo mexicano destacan: sus 12 etnias reconocidas, el instrumento de maderas preciosas cuyos ejecutantes son capaces de producir melodías sorprendentes; la formación de la Brigada de Chiapas que luchó y ganó en la batalla de Puebla.
En su territorio construyeron las imponentes presas de Malpaso y Chicoasén. Son los dueños del Cañón del Sumidero y de la Reserva de Montes Azules, primera en su tipo, ubicada en la selva lacandona.
Los chiapanecos nos legaron, también, al poeta Jaime Sabines y a la voz fogosa de Amparo Montes; y también a don Belisario Domínguez; su suelo cobijó a Rosario Castellanos y a Fray Bartolomé de las Casas.
Y ahora mismo abriga, también, al Subcomandante Marcos.
En su suelo residen los sorprendentes murales de Bonampak que son, hoy por hoy, una de las más acabadas aportaciones indígenas a la cultura universal.
Chiapas también cuenta con la mayor cantidad de áreas protegidas del país (37) lo que representa una quinta parte de su territorio (20%) y están distribuidas en las diversas regiones (9) en que se han dividido sus 118 municipios: el Centro, los Altos, la región Fronteriza, la Frailesca, el Norte, la Selva, la Sierra, el Soconusco y el Istmo-Costa.
Ante la realidad actual de Chiapas y el historial de pobreza y explotación ancestral de los pueblos indios originales y recientes, quienes nunca fueron beneficiarios del aprovechamiento de sus grandes riquezas naturales, surgió el 1 de enero de 1994 un movimiento reivindicador de las causas indígenas chiapanecas. Y así, sin más, le declararon la guerra al estado mexicano. Nadie esperaba esta aparición, sorprendente e intempestiva, de una fuerza beligerante indígena, potente y generalizada en una buena parte del estado de Chiapas.
El súbito movimiento indigenista chiapaneco y su declaración de guerra, tuvieron efectos directos y colaterales de amplio espectro. La primera consecuencia fue de gran beneficio porque pusieron el foco de atención en los pueblos indios chiapanecos y nacionales, propiciando la inversión y el desarrollo en la entidad; y tuvieron otro efecto adicional: causaron una gran alarma en todo el país, que sumada a otros factores negativos estructurales y circunstanciales, produjeron una profunda crisis económica de la cual no nos hemos recuperado del todo.
El movimiento indígena chiapaneco se aglutinó en un conglomerado que llamaron Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, el EZLN, y buscaba, por medio de las armas, el desarrollo de los pueblos indios chiapanecos. Pero también buscaban que se atendiera su justo y ancestral reclamo de libertad, justicia, desarrollo y autonomía, para los más pobres y los más explotados.
El movimiento indígena chiapaneco cumple ya, este año, 13 de existencia pacífica. Aunque en realidad nunca hubo ninguna guerra en Chiapas, sí se generó un gran movimiento social nacional que reclamó la atención de todo los mexicanos.
Y ahí está.
También, en ultima instancia, la convulsión social originada en Chiapas perseguía aquello que Octavio Paz llamó “la reconciliación final con nuestros orígenes”.
El movimiento social indígena continúa desarrollándose hasta la fecha, pero hace tiempo que ya no transita por los cauces de la guerra fraticida entre mexicanos, sino por otros caminos que conducen más hacia la concordia y a la atención urgente de los problemas que aquejan a los pueblos indios chiapanecos.
Frente a esta panorámica del estado de Chiapas comparto la opinión del historiador Enrique Krauze cuando señala que “con la sublevación de Chiapas uno siente que la historia se le viene encima. La historia como sinónimo de atrasos terribles, ancestrales, de mentalidades antiguas, y hasta de mitos arraigados en el pueblo. Chiapas encarna toda esa historia latente, irresuelta y viva“.
La historia aún se está escribiendo.
Esos son hoy, 14 de septiembre de 2007, algunos claroscuros del estado de Chiapas, quien un día como hoy pero de 1824, hace 183 años, se federaron a la nación mexicana.
Fue un instante glorioso que hoy nos convoca para conmemorar la vigencia de esta unión.
Felicidades, pues, a los chiapanecos.
Y felicidades a México.

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